El uso indebido de cámaras de video en el lugar de trabajo

camarasAutor: Karpiuk, Héctor H.

Fecha: 29-dic-2014

Cita: MJ-DOC-7035-AR | MJD7035

Sumario:

I. Introducción. II. ¿Una pesadilla orwelliana o la realidad de todos los días? III. Abuso de esta tecnología por parte del empleador. IV. Conclusiones.

Doctrina:

Por Héctor H. Karpiuk (*)

I. INTRODUCCIÓN

La SD 47.079 del 30 de setiembre de 2014, dictada en autos “V. M. O. B. c/ Electromecánica SCAR S. A. y otro s/ despido”, de la Sala VII de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo, nos pone otra vez frente al devenir histórico de hallarnos inmersos en una sociedad terriblemente tecnificada y controlada por tecnologías cada vez más sofisticadas que se encuentran al alcance de las manos de cualquier particular que puede invocar razones de “seguridad” para obtenerlas y aplicarlas y la tensión que ello genera respecto de la obligación de los empleadores de respetar la intimidad (y hasta el pudor) de los trabajadores, cualquiera sea su sexo.

II. ¿UNA PESADILLA ORWELLIANA O LA REALIDAD DE TODOS LOS DÍAS?

Señala Naomí Klein(1) que: “Uno de los primeros grandes éxitos de la industria de la seguridad nacional fueron las cámaras de vigilancia:en Gran Bretaña se han instalado 4,2 millones, una por cada catorce personas; en Estados Unidos, 30 millones de cámaras graban alrededor de 4.000 millones de horas de película al año”.

Nosotros, en un libro anterior (2) señalábamos que en España, el empleo de las videocámaras apareció más con motivo de prevención de las algaradas realizadas por miembros de organizaciones independentistas del País Vasco y se enmarcó dentro de la política antiterrorista, en tanto que en los casos francés e italiano (como pareciera ser también en el argentino) pareciera responder más a la sensación de seguridad que su uso transmite a una población bombardeada constantemente con la idea de que sobrevive en un profundo grado de “inseguridad” y que su uso puede ser útil en la lucha contra la delincuencia común, pero esta utilización de dicha tecnología tiene (como todo en la vida) su reverso y cada sociedad debe escoger el grado de control al que está dispuesto a someter a sus ciudadanos en aras de buscar un punto de equilibrio entre el empleo de medios tecnológicamente avanzados en sociedades altamente tecnificadas y la garantía y tutela de los derechos fundamentales.

Esta tensión entre la utilización por los Estados y aun por los particulares de mayores controles tecnológicos en búsqueda de una mayor sensación de seguridad para la población y el derecho al respeto de nuestra intimidad y libre albedrío fue lo que me motivó a escribir estas líneas.

En el fallo en comentario se configuró uno de aquellos supuestos que, alguna vez, me llevó a dar una voz de alerta contra aquella tendencia que luce como un uso aberrante de este tipo de elementos en detrimento de los derechos humanos y aun del pudor de los trabajadores.

En dicho libro indicamos que, donde este fenómeno más se ha profundizado -y todo hace prever que seguirá siendo así- es en el campo laboral.La información que tenemos del extranjero es que por las mismas razones que dan los Estados para controlar a sus habitantes, los empresarios se sienten con permiso para vigilar a sus dependientes y surgen de la jurisprudencia tanto nacional como extranjera casos como el que aquí estamos comentando. Empleadores que se consideran con derecho a intervenir los teléfonos que utilizan sus empleados, sus correos electrónicos y las pantallas de sus computadoras.

Mediante dichas tecnologías pueden escuchar sus conversaciones, analizar el comportamiento del ordenador y del teclado, utilizar tecnología de seguimiento para controlar sus movimientos personales o incluso analizar su orina sin que el dependiente se entere, para detectar la existencia de drogas u otras enfermedades o revelar sus secretos más íntimos.

La creciente precariedad de la fuerza de trabajo no puede sino permitir el progreso de este tipo de controles. Así la existencia de software que permite analizar los números de las llamadas que los empleados realizan o reciben se nos hizo habitual y en las actividades que requieren un uso intensivo de computadores o teléfonos incluso se tornó obsoleta la utilización de supervisores para controlar a los trabajadores de las empresas que se dedican a ello. Los administradores de la red pueden observar las pantallas de los empleados en tiempo real, escuchar sus conversaciones, explorar sus archivos de datos y aun su correo electrónico, saltando sus contraseñas.

Todos estamos en realidad bajo el control de ese “Gran Hermano tecnológico” sobre el que nos advirtió hace mucho ya Orwell.

III. ABUSO DE ESTA TECNOLOGÍA POR PARTE DEL EMPLEADOR

En el caso en estudio es evidente que se configuró un mal uso de este tipo de tecnología por parte del empleador, en lo que podemos calificar de un verdadero abuso del derecho (art. 1071 del actual Código Civil). Al respecto no puedo menos que reflexionar que la naturaleza humana es proclive a tentarse a desconocer leyes y preceptos, y que desde muy antiguo ello fue inherente a nuestro comportamiento.Ya desde la Biblia refleja esta vocación por la transgresión de nuestra naturaleza: “¿Quis enim indicativ tivi quod nudus ese, nisi quod ex ligno de quo praeteceperam tivi no comederes, comidisti?”, (3) preguntó Dios a Adán y esta misma vocación la hemos conservado hasta nuestros días. Somos proclives a desobedecer las normas que se nos imponen y a no limitarnos en el ejercicio de las potestades que nos sean concedidas. Este riesgo de abuso existe siempre, como refleja el caso en comentario.

Esto puede muy fácilmente ocurrir en el campo laboral, en el que, como señalaba Supiot: (4) “Caracterizado por la subordinación jurídica, el contrato de trabajo somete al asalariado al poder del empleador. Hasta una época reciente, este poder no conocía otros límites que aquellos de la ley penal. Al franquear las puertas de la empresa el trabajador abdicaba de toda libertad y penetraba dentro de un orden normativo privado, completamente dependiente de la voluntad patronal. Esta es una de las razones que condujera a ciertos juristas a defender la idea de que la empresa era una institución con sus leyes propias…”.

IV. CONCLUSIONES

Aunque a primera vista tal situación se podría considerar superada, actualmente se manifiesta de maneras más sutiles, pues la pulsión humana sigue existiendo debajo de la pátina de respeto a su trabajador que pudiera lucir el empleador, quien puede verse arrastrado por ella -cegado por sus pasiones y alguna fantasía de omnipotencia e impunidad- a cometer actos como aquellos que se acreditaron en el caso en comentario.

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(1) Klein, Naomi, La doctrina del shock, el auge del capitalismo del desastre, Paidós, Buenos Aires, 2014.

(2) Karpiuk, Héctor H., El derecho del empleador frente al secreto de las comunicaciones, Omar Favale Ediciones Jurídicas, Buenos Aires, 2011.

(3) Génesis, 3-11.

(4) Supiot, Alain, Derecho del trabajo, 2008.

(*) Abogado, UB. Doctor en Leyes, UMSA. Profesor de Derecho, UBA. Profesor Asociado al Dto. de Derecho de la Universidad Kennedy. Prosecretario Letrado Sala VII (CNAT). Autor de numerosos artículos en la materia. Integrante de la Sociedad Argentina de Derecho Laboral y del Equipo Federal de Trabajo. Integrante de la Comi sión de Jurisprudencia de la CNAT.

  1. Yo trabajo en el hipódromo de Palermo y esta lLeno de cámaras por todos lados desde el vestuario haya en los lugares de descanso del personal, yo trabajo en la cocina que debe medir 3 x 4 de grande y tengo tres cámaras vigilando todo el tiempo, de más está decir que me siento perseguido y observado todo el tiempo desde que entró hasta que salgo y a veces me siento así hasta en la calle, que puedo hacer al respecto?

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