Si bien el superior jerárquico que causó daño por malos tratos a la trabajadora no fue demandado, queda comprometida la empresa

Partes: J. S. A. c/ International Health Service Arg. S.A. y otro s/ despido

Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo

Sala/Juzgado: IV

Fecha: 27-sep-2012

Cita: MJ-JU-M-75534-AR | MJJ75534 | MJJ75534

Si bien el daño psíquico que padece la trabajadora fue causado por una persona en especial que no ha sido demandada en autos, las acciones de ésta como personal jerárquico de la accionada comprometen a la empresa cuando han sido llevadas a cabo por el hecho o en ocasión del trabajo (art. 1113, primer párr. del CCiv.).

Sumario:

1.-Corresponde confirmar la procedencia del daño moral, pues se ha acreditado que el supervisor de la demandada, -jefe de la actora-, formulaba habitualmente comentarios groseros y faltos de respeto hacia su persona delante de otros dependientes compañeros de trabajo de la actora, y en especial teniendo en cuenta que provinieron de un superior jerárquico que, evidentemente, tenía injerencia sobre la trabajadora accionante tanto en lo que respecta al establecimiento de sus horarios como a su propia permanencia en la empresa.

2.-La circunstancia de que el superior jerárquico de la trabajadora accionante maltratara, descalificara, amenazara y se expresase groseramente a sus subordinados, -incluida la actora-, y que formulara comentarios respecto de su aspecto físico, así como que la contactara físicamente en ocasión de trabajo, se tradujo en un lamentable y reprochable comportamiento por parte del mencionado quien, evidentemente, sólo podía satisfacer sus carencias aprovechándose de su posición jerárquica; y en tal sentido, es verosímil que aquél haya afectado especialmente a la actora, máxime cuando, al parecer, existía una particular y nociva preferencia de esta persona por ella.

3.-Los maltratos proferidos por el superior jerárquico hacia la actora fueron idóneos para infligir a ésta un sufrimiento espiritual con incidencia en su psiquis, su autoestima y personalidad que ha generado un daño moral que debe ser resarcido con fundamento en los arts. 1109 , 1083 , 1078 , 902 , 903  y concordantes del CCiv.; y si bien el daño fue causado por una persona en especial, -no demandado en autos-, las acciones de éste como personal jerárquico de la accionada, comprometen a la empresa cuando han sido llevadas a cabo por el hecho o en ocasión del trabajo (cfr. art. 1113, primer párr.  del CCiv.).

4.-Corresponde confirmar la legitimidad del despido indirecto en que se colocó la trabajadora puesto que ha quedado acreditado que la actora no solo prestaba servicios en jornada completa, -estando registrada en jornada reducida-, sino que además, lo hacía en tiempo suplementario.

5.-Toda vez que la trabajadora tenía derecho a percibir su salario de acuerdo a una jornada completa, -es decir, a que su remuneración sea liquidada de acuerdo el monto del básico en forma íntegra-, las diferencias salariales reclamadas resultan procedentes, pues derivan de la comparación entre el básico proporcional abonado durante la totalidad del vínculo por la empleadora, y el íntegro que en la realidad le correspondía por jornada completa.

Fallo:

En la ciudad de Buenos Aires, capital de la República Argentina, a los 27 DE SEPTIEMBRE DE 2012, reunidos en la Sala de Acuerdos los señores miembros integrantes de este Tribunal, a fin de considerar el recurso interpuesto contra la sentencia apelada, se procede a oír las opiniones de los presentes en el orden de sorteo practicado al efecto, resultando así la siguiente exposición de fundamentos y votación:

El doctor Héctor C. Guisado dijo:

I.- Llegan las presentes actuaciones a conocimiento de este Tribunal con motivo de los agravios que, contra la sentencia definitiva de fs. 360/369, deduce INTERNATIONAL HEALTH SERVICES ARGENTINA S.A. de conformidad con el escrito de fs. 376/380, y que merecieron réplica de su contraparte a tenor de la presentación obrante a fs. 386/387.

Asimismo, la parte demandada cuestiona los honorarios regulados a la representación y el patrocinio letrado de la parte actora, así como los correspondientes a los peritos contador y médica psiquiátrica por considerarlos elevados (v. punto «C» de fs. 379vta.). Por su lado, la perito médico psiquiatra (a fs. 374) y el perito contador (a fs. 375) se alzan en defensa de sus estipendios, por estimarlos reducidos.

II.- International Health Services Argentina S.A. se agravia, en lo central, porque el Sr. Juez a quo consideró legítima la decisión de la Srta. J. de colocarse en situación de despido en los términos de los arts. 242  y 246  de la LCT, ya que, a criterio de quien apela, su contraria no logró acreditar incumplimiento alguno de los adjudicados a su parte y sobre los cuales sustentó dicha medida extintiva.

Arguye la recurrente que en autos se estimó probada la realización de horas extras a través de las declaraciones testificales propuestas por la parte actora cuya inidoneidad fue oportunamente alegada por su parte, sin que el sentenciante hubiera analizado los argumentos expuestos en tal sentido en sus respectivas presentaciones de impugnación.Afirma, sobre esas bases, que la accionante no se encontraba registrada como empleada en jornada completa simplemente porque no prestaba tareas en carácter de tal. En cuanto a las diferencias salariales, argumenta que fue el propio Juez quien resolvió la improcedencia del reclamo en ellas fundado ya que concluyó que la accionante se encontraba correctamente registrada conforme la categoría V-142hs. del CCT N° 459/06 . Concluye así que las diferencias salariales no resultarían admisibles en razón de la categoría ni de la jornada invocadas por la actora. Respecto del acoso laboral y el acoso sexual, reitera el recurrente que el sentenciante desconsideró las impugnaciones a los testigos sobre cuyos dichos los estimó acreditados. Finalmente, tilda de parcial el análisis probatorio efectuado por el Magistrado en torno a la desconsideración de las manifestaciones de la testigo Esteve ofrecido por su parte quien, sobre los puntos en cuestión -jornada y ambiente de trabajo- coincidió con su postura.

III.- Ante todo, cabe señalar que la Srta. J. se consideró despedida mediante telegrama del 15/05/2007 que, en lo relevante, rezó: «. Sus negativas a cada uno de mis reclamos configuran injuria grave que no admite la prosecución del vínculo su culpa. En especial, han negado rubros como la diferencia salarial, el acoso sexual y laboral de que de sido objeto causándome grave daño moral y todos los rubros que en definitiva reclamé y Ud. maliciosamente niega. En consecuencia, me considero gravemente injuriada y despedida su culpa por diferencias salariales, deudas salariales, horas extras, acoso sexual y laboral, falta de pago de aportes, deudas de convenio y de comisiones y todo otro reclamo ya impetrado. «. (v. instrumento «C» de fs. 4, fs. 111, fs. 160 y fs. 161).

Pues bien, frente a los términos en los que se estructuró el intercambio postal (v. intimación del 08/05/2007: instrumento «A» de fs. 4, fs. 105, fs. 157 y fs. 161; y la respuesta del 12/05/2007: instrumento «B» de fs. 4, fs. 107, fs. 158 y fs.161) y de conformidad con el modo en que acaeció la extinción del vínculo, pesaba sobre la demandante la carga probatoria de los hechos y episodios descriptos en la referida pieza postal (cfr. art. 377 , CPCCN). Ello es así, pues, como principio general aplicable a los procesos de conocimiento, es la parte que afirma un hecho controvertido invocado como presupuesto de su pretensión, defensa o excepción quien carga con la prueba de ello (cfr. Carlos Eduardo Fenochietto, «Código Procesal Civil y Comercial de la Nación comentado», pág. 377, Edit. Astrea, Bs. As. 2000).

Formuladas tales precisiones, anticipo que a mi juicio, la parte actora ha logrado probar las causales referidas que oportunamente invocó para adoptar la decisión rescisoria. Digo esto, por cuanto, en contraste a lo alegado por la recurrente, la prueba testifical producida a instancias de la demandante, resultó eficiente a esos fines, sin que los motivos que aquélla expuso en sus distintas impugnaciones le hubieran quitado validez probatoria a las manifestaciones provenientes de esos testigos.

Tal como lo dijo el sentenciante, la testigo Ricci (a fs. 204/206) -quien fue compañera de trabajo de la reclamante- coincidió en que la jornada laboral de la Srta. J. se extendía los días de semana entre las 11 y las 20:45 horas y los días sábados de 9 a 14 horas. Respecto de la situación de acoso laboral y sexual que denunció la actora, la deponente declaró que el jefe de equipo (a quien se refirió como Marcelo Pugliese) se dirigía a ellas con frases del estilo:»qué pasa, no cogieron hoy?» o «qué están con esa cara de culo para vender?, mírenme a mí como sonrío porque cojo todos los días», o «el que no llega al número se va por la puerta» . y «vayan buscando otro trabajo». También explicó que esta persona se paraba detrás de los empleados efectuando chasquidos con los dedos y expresando la frase «¡vendé!» con un tono arbitrario cuando ellos se encontraban en plena comunicación telefónica con potenciales prospectos de clientes. Específicamente con relación al comportamiento de esta persona con la accionante, explicó la declarante que aquél le daba besos en la nuca mientras trabajaba, le tiraba del precinto del corpiño y se dirigía a ella con frases del estilo: «rubia, si te agarro te parto al medio»; todo ello delante del resto del personal.

La tacha que efectuó la apelante a esta declaración (v. escrito de fs. 216/217) sobre la base de que la testigo y su parte fueron partes en un proceso judicial en su contra y que su objeto era similar al de esta causa (despido y diferencias de salarios) no resulta suficiente para desconsiderar sus dichos, pues, en primer lugar, la circunstancia alegada no ha sido de ningún modo acreditada, y aún de así haber sido, según surge del acta, al momento de declarar, Ricci ya no tenía juicio pendiente con la impugnante. De todos modos, el hecho de que un testigo tenga juicio pendiente con la demandada en el proceso en el que declara no invalida per se sus dichos sino que obliga al juzgador a valorarlos con mayor estrictez. En el caso, las cuestiones de controversia bajo examen -jornada y acosos- fueron expresados en idénticos términos a los utilizados por otros declarantes de la causa que no se encuentran alcanzados por la tacha que el recurrente pretendió adjudicarle a ésta.

En efecto, la testigo Payer (a fs. 211/212) -también ex compañera de trabajo de la accionante y que renunció a su trabajo- explicó que J. ingresaba a las 11 hs.y se retiraba a las 21 hs., y que ello lo sabe porque la testigo también cumplía ese horario, sin perjuicio de que formalmente éste estaba establecido entre las 15 y las 20:45 ya que se les exigía más tiempo de trabajo para alcanzar el objetivo de ventas. En cuanto a las situaciones denunciadas esta testigo manifestó que «la actora [.] se sentía mal en el trabajo, por parte de Pugliese, por la presión y cree que por eso dejó de trabajar [.] el acoso laboral lo vivían todos los días [.] era por parte de Pugliese hacia ellas [.] tenía mal trato [.] tenía la costumbre de reunir a los empleados , a todos los que estaban a cargo de él, en un lugar que le llamaban la pecera que era una oficina grande y ahí empezaba con todos improperios que se pueda ocurrir [.]». En forma coincidente con la deponente anterior, relató que «el más grave en relación al trabajo, que fue a partir de ahí que la mayoría decidió irse, fue un día que no llegaron al número que pidió y [.] y les dijo que ‘el cogía todas las noches y que si ellas no lo hacían era problemas de ellas y que si no vendían era por eso’ y después todos los días las palabrotas que decía [.] era común». Explicó también que era constante que este señor se acercara a quienes tenía a su cargo y les dijera al oído mientras trabajaban «te conviene renunciar, no servís para nada». En cuanto a la actora, declaró esta testigo que el Sr. Pugliese la acosaba más que a los demás: le pedía que le hiciera masajes y le preparara mate, que se acercaba y le hablaba en el oído o le daba besos en el cuello, y la actora lo separaba.Sobre estos episodios, refirió la declarante que los demás veían como le cambiaba la cara a la actora, se ponía tensa, nerviosa por la situación, y que esto lo sabe porque trabajaba sentada al lado de ella. Explicó también que cuando la accionante «no le dio cabida» al Sr. Pugliese (refiriéndose a la actitud de rechazo frente a sus comportamientos), éste le empezó a decir todo el tiempo que «no servía», que eso lo sabe porque lo escuchaba.

No comparto las observaciones de descalificación que formuló el recurrente (v. punto II del escrito de fs. 221vta./222) en torno a la imprecisión de las manifestaciones de la declarante respecto de algunas cuestiones no relevantes para el caso, y la «asombrosa precisión» de otras relativas a él. En tal sentido, y en mi opinión, no creo que el relato de la tensa e incómoda situación laboral que formuló la testigo estu viera aleccionado por quien la propuso, ya que ésta también ha sido víctima de la lamentable situación sobre la que declara que, dadas sus penosas características, resultaría de difícil olvido para cualquier trabajadora. Tampoco creo que el hecho de que esta testigo no manifestara con seguridad la altura de la calle donde se encontraban las oficinas de la demandada («cree que era Rivadavia 717») o que dudara acerca de cuántos días exactos antes que ella dejó de trabajar la actora sean factores indicadores de la parcialidad y subjetividad alegadas. Por el contrario, en mi criterio, ello da cuenta de que, justamente, sus dichos responden exclusivamente a su experiencia como trabajadora dependiente de la demandada -vínculo que esta declarante finalizó dos años antes de su declaración- y no a «un libreto que alguien le ha impartido» como aduce la recurrente.

A su turno, la testigo SALINAS (a fs. 242/244) declaró que la actora trabajaba de lunes a viernes de 11 a 21 horas y los sábados de 9 a 14 horas.La objeción de la demandada relativa a que la testigo cumplía un horario distinto al de la actora (v. escrito de fs. 246/247) no descalifica sus dichos sobre este punto, pues, la declarante dijo que durante una época se desempeñaba de 10 a 18 horas y en otra de 14 a 21 horas, con lo cual, aunque sea en distintas épocas a lo largo del vínculo, trabajó junto a la Srta. J. en su horario de 11 a 21 horas y puede dar cuenta de ello. Sobre las restantes cuestiones de controversia, la declarante calificó al ambiente laboral de «muy malo» caracterizado por gritos, «palabrotas» y constantes presiones para vender; todo ello por parte de Marcelo Pugliese. Asimismo reprodujo las frases idénticas a las transcriptas más arriba a través de las cuales esta persona se dirigía al personal y añadió que siempre estaba encima de la accionante, que «le pedía que le haga masajes, que le haga mate, que muchas veces escuchó que le decía a la actora que la esperara para irse juntos [.] la actora era como que se lo quería sacar de encima, ella necesitaba vender. Que lo que veía con la actora es que él estaba muy encima, por ej. ella estaba sentada en su box y él iba le hablaba en el oído, después la llamaba a su escritorio para que le hiciera masajes, que le cebara mate [.] y ella le decía no, no puedo y él insistía [.] le decía ‘rubia qué linda que estás, estás para darte’ [.] también lo que le decía él era que lo esperara para irse juntos».

Por otra parte, y en forma coincidente con las anteriores, la testigo ARDIZ (a fs. 213/214) -también ex compañera de la accionante que trabajaba a dos metros de distancia con respecto a ella- manifestó que el horario que cumplían era de 15 a 21 hs. aunque en la realidad las hacían trabajar desde mucho antes, es decir, a partir de las 11 u 11:30 horas.En cambio, manifestó que la jornada correspondiente a los días sábados se extendía de 9 a 13:30 horas. En relación con el acoso denunciado, la declarante explicó que el supervisor de ambas, el ya mencionado Pugliese, dispensaba malos tratos a todos en forma continua, que siempre los acosaba y amenazaba con desvincularlos y que hasta un día llegó a llamarlas «mal cogidas» porque no vendían. Refirió que a la accionante en particular le decía cosas al oído que, aunque no llegaba a escuchar, se daba cuenta de su tenor, y le decía cosas como «rubia, si te agarro te parto al medio». Asimismo declaró que «supone . que [Pugliese] querría tener algo con la actora , porque le tiraba del bretel del corpiño.».

La única tacha que formuló la apelante en relación con este testimonio se sustenta en el hecho de que tiene un juicio pendiente con ella (v. punto II-I de fs. 220/vta.), por lo que le caben idénticos razonamientos a los expresados ut supra en relación con la testigo Ricci. Reitero, la circunstancia apuntada por la demandada no afecta la credibilidad de sus dichos ya que, tal como lo tiene dicho esta Sala, aquélla sólo conduce a apreciar con mayor rigor su declaración pero no a prescindir de ella, máxime cuando, como se vio que sucede en el caso de autos, aparece corroborada por las de otros declarantes.

Así las cosas, la queja relativa a la ilegitimidad del despido sustentada en la falta de prueba acerca de la jornada denunciada al inicio debería ser desestimada. Es que cabe concluir, a través de los testimonios analizados precedentemente, no sólo que la accionante prestaba servicios en una jornada completa a favor de la demandada, sino que lo hacía en tiempo suplementario (art. 90  de la LO y 386  CPCCN).

En efecto, tal como lo refiere el sentenciante (v. considerando III de fs.365), si la jornada sub examine se extendía de lunes a viernes de 11 a 20:45 horas y los días sábados de 9 a 14 horas, entonces la accionante trabajaba semanalmente 53 horas (5 de ellas correspondientes a los días sábados) y 45 minutos y, por ende, la demandada debía abonarle mensualmente 23 horas extras (19 de ellas calculadas con el recargo del 50% y 4 de ellas con el del 100%).

Sin perjuicio de ello, y en este punto es donde pareciera confundirse la apelante (v. primer párrafo de fs. 377vta.), la actora también tenía derecho a percibir su salario de acuerdo a una jornada completa (es decir, a que su remuneración sea liquidada de acuerdo el monto del básico en forma íntegra), razón por la cual las diferencias salariales admitidas en primera instancia (ver puntos 12 y 13 de la liquidación practicada en el considerando V del fallo) derivan de la comparación entre el básico proporcional abonado durante la totalidad del vínculo por la empleadora (v. los recibos de sueldo identificados del «1» al «12» a fs. 4 -no desconocidos por la demandada- y lo informado por el experto contable a fs. 329 en respuesta al punto 6 solicitado por la parte actora), y el íntegro que en la realidad le correspondía por jornada completa (que ascendió, de acuerdo a su categoría, a $ 910 hasta el mes de noviembre de 2006, a $1.001 en el mes de diciembre de 2006 y de $ 1.083 desde enero de 2007 y hasta la extinción del vínculo; ver puntos 7 y 9 del segundo peritaje contable a fs. 325/vta.). Vale decir, creo conveniente aclarar, que dichas diferencias admitidas lo fueron en razón de la incorrecta disminución del salario en torno a una supuesta jornada reducida, no así a raíz de la pretensión inicial en torno a la incorrecta categorización que, como bien refiere la recurrente, fue desestimada por el a quo y así permanece en esta instancia (art.116 de la LO).

De tal modo, no existen dudas en cuanto a que la decisión rescisoria fue justificada, pues la expresa negativa de la empleadora a la intimación ya citada, mediante la que se reclamaba, además del cese del acoso laboral y sexual, el pago de las sumas indebidamente descontadas de la remuneración, el pago de horas extras y otros rubros salariales correspondientes a toda la relación, configuró una injuria cuya gravedad no consentía la prosecución del vínculo (art. 242 LCT).

Por otra parte, el agravio expresado contra la procedencia del daño moral también debe ser desestimado, pues se ha acreditado que el supervisor de la demandada (Marcelo Pugliese), jefe de la actora, formulaba habitualmente comentarios groseros y faltos de respeto hacia su persona delante de otros dependientes (compañeras de trabajo de J.).

Es evidente que tales comentarios, formulados en ocasión del trabajo y frente a compañeros de la accionante resultaron inapropiados, en especial teniendo en cuenta que provinieron de un superior jerárquico que, evidentemente, tenía injerencia sobre la actora tanto en lo que respecta al establecimiento de sus horarios como -es de suponer- a su propia permanencia en la empresa, ya que se deduce de los testimonios de la causa que Pugliese era la máxima autoridad del equipo de telecobradores de la demandada.

La circunstancia de que el mencionado Pugliese maltratara, descalificara, amenazara y se expresase groseramente a sus subordinados -incluida la actora (así surge claramente de los dichos de las manifestaciones de los testigos ya citados)- y de que formulara comentarios a la actora respecto de su aspecto físico, así como que se acerca a ella y la contactara físicamente en ocasión de trabajo, se tradujo en un lamentable y reprochable comportamiento por parte del mencionado quien, evidentemente, sólo podía satisfacer sus carencias aprovechándose de su posición jerárquica.En tal sentido, es verosímil que aquél haya afectado especialmente a la actora, máxime cuando, al parecer, existía una particular y nociva preferencia de Pugliese por ella (así lo expresaron sus compañeras de trabajo).

Estimo que los sucesos precedentemente indicados fueron idóneos para infligir a la actora un sufrimiento espiritual con incidencia en su psiquis, su autoestima y personalidad que ha generado un daño moral que debe ser resarcido con fundamento en los artículos 1109 , 1083 , 1078 , 902 , 903  y concordantes del Código Civil. Y si bien el daño fue causado por Marcelo Pugliese -no demandado en autos- las acciones de éste como personal jerárquico de la accionada, comprometen a ésta cuando -como en el caso- han sido llevadas a cabo por el hecho o en ocasión del trabajo (cfr. art. 1113, primer párrafo  del Código Civil).

En efecto, cabe entender que el ilícito proceder de Pugliese causó a la demandante una lesión en sus sentimientos por el sufrimiento o el dolor que ha debido soportar (consecuencia directa de dicho proceder), y la indemnización cuestionada tiene por objeto reparar el quebranto que supone la privación o disminución de aquellos bienes que tienen el valor fundamental en la vida del hombre y que son la paz, la tranquilidad del espíritu, la libertad individual, la integridad física, el honor y los más caros sentimientos (Llambías, «Tratado de Derecho Civil, Obligaciones», T. 4).

En consecuencia, considerando la gravedad de la conducta reprochable de Pugliese y la importancia de los perjuicios que ella ha generado en el plano de los sentimientos de la actora, entiendo adecuada la suma de $ 50.000 establecida en primera instancia por daño moral, con los intereses a la tasa y forma de computarlos allí establecida, aspectos estos no cuestionados ante esta instancia.

Finalmente, entiendo que las manifestaciones de la testigo Esteve (a fs.207/208) en el sentido de que el horario cumplido por la accionante era el alegado en la contestación de demanda y que el trato del Sr. Pugliese con el personal era muy bueno, no oscurecen los pareceres expuestos precedentemente ya que al momento de declarar, éste se encontraba vinculado laboralmente con la demandada y entiendo que dicha circunstancia pudo orientar la dirección de sus manifestaciones sobre las cuestiones de controversia, máxime cuando no existe ningún otro testigo en la causa que coincida con éstas.

En definitiva, y por todos los motivos expuestos, propongo mantener el decisorio de la instancia anterior en cuanto admite las indemnizaciones por despido -y las respectivas multas cuya procedencia no han sido objeto de agravio- los montos en concepto de diferencias salariales, horas extras y daño moral.

IV.- Finalmente, en atención al resultado del pleito, a la calidad y extensión de las tareas desempeñadas y a lo dispuesto en el art. 38  de la ley 18.345, arts. 6, 7, 8 , 9  y conc. de la ley 21.839, art. 3°  del decreto 16.638/57 y demás normas arancelarias vigentes, estimo que los honorarios regulados al patrocinio y representación letrada de la parte actora no lucen elevados, por lo que propongo mantenerlos. En cambio, los estipendios regulados a los peritos contador (Ricardo Colombres) y médica psiquiatra se aprecian bajos y sugiero, en consecuencia, elevarlos al 6% y 5%, respectivamente, del monto de condena (con intereses).

Las costas de la Alzada deberán ser soportadas por la parte demandada vencida (art. 68 CPCCN).

Por otro lado, regulo los honorarios de los profesionales y representación letrada intervinientes en esta etapa en el 25% de lo que les corresponde percibir por su actuación en la instancia anterior (art. 14 , ley 21.839).

V.- En síntesis, de prosperar mi voto, correspondería:1) Confirmar la sentencia apelada en todo cuanto ha sido motivo de agravio, a excepción de los honorarios regulados a los peritos contador (Ricardo Colombres) y médica psiquiatra, que propongo elevarlos al 6% y 5%, respectivamente, del monto de condena (con intereses). 2) Imponer las costas de la Alzada a cargo de la parte demandada vencida. 3) Regular los honorarios de los profesionales y representación letrada intervinientes en la Alzada en el 25% de lo que les corresponde percibir por su actuación en la instancia anterior.

La doctora Silvia E. Pinto Varela dijo:

Por análogos fundamentos adhiero al voto que antecede.

Por ello, el Tribunal RESUELVE: 1) Confirmar la sentencia apelada en todo cuanto ha sido motivo de agravio, a excepción de los honorarios regulados a los peritos contador (Ricardo Colombres) y médica psiquiatra, que propongo elevarlos al 6% y 5%, respectivamente, del monto de condena (con intereses). 2) Imponer las costas de la Alzada a cargo de la parte demandada vencida. 3) Regular los honorarios de los profesionales y representación letrada intervinientes en la Alzada en el 25% de lo que les corresponde percibir por su actuación en la instancia anterior.

Cópiese, regístrese, notifíquese y oportunamente devuélvase.

SILVIA E. PINTO VARELA

Juez de Cámara

HÈCTOR C. GUISADO

Juez de Cámara

ANTE MI:

SILVIA SUSANA SANTOS

Secretaria

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