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#Doctrina Facebook: una herramienta de comunicación, ¿y de control y manipulación?

Autor: Chirizola, Ruben E.

Fecha: 17-dic-2021

Cita: MJ-DOC-16383-AR | MJD16383

Sumario:

I. Presentación. II. La necesaria conexión social. III. Los humanos ocultos. IV. Comunicación social virtual, ¿y manipulada? V. Reflexiones finales.

Doctrina:

Por Ruben E. Chirizola (*)

I. PRESENTACIÓN

A grandes rasgos, las redes sociales pueden conceptualizarse como un servicio que nos posibilita el contacto y la interacción social virtual. En ellas es posible crear y compartir diversos contenidos tales como fotos, videos, audios, comentarios y expresiones de todo tipo. En la actualidad, forman parte de nuestra vida cotidiana como herramientas diarias de comunicación interpersonal dentro del entorno digital.

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Una de ellas, «facebook», que será objeto de análisis en esta columna, cuenta con más de 2.700 millones de usuarios activos en todo el mundo (1). Este atractivo nos conduce a explorar una de sus facetas más intrincadas y que consideramos de fuerte impacto sobre el grueso de los usuarios que se hallan repartidos por todo el planeta, vinculada nada menos que con el «control de los estados de ánimo».

¿Puede esta red social modificar nuestros sentimientos o la manera de comportarnos dentro de ella? Con el auxilio de las neurociencias, veremos seguidamente que esto es posible.

II. LA NECESARIA CONEXIÓN DIGITAL

El neurocientífico Argentino Facundo Manes explica que: «Los seres humanos somos animales sociales, por lo que nuestras preferencias, expectativas y patrones de conductas se construyen dentro del conjunto de las interacciones sociales de las que somos parte» (2).

Ahora bien, esta comunicación social que se desenvuelve en el ecosistema de facebook, posee una característica esencial y poco advertida entre los usuarios: «la participación activa de la compañía propietaria de la plataforma que interviene de modo oculto», lo que no es poco decir. Veremos seguidamente por qué esto es así.

III. LOS HUMANOS OCULTOS

En el ideario general, los usuarios de facebook tendemos a creer que cuando se navega por la red social, esta se asemeja a un intermediario neutro en el que la participación humana no juega ningún rol de trascendencia. «Facebook es más como el mago de Oz:no vemos a los seres humanos implicados» (3). Empero, aquella creencia no se compadece con lo que acontece en el plano de la realidad.

La destacada matemática estadounidense Cathy O’ Neil, en su obra «Armas de Destrucción Matemática» (4) explica que la mayoría de la gente piensa así, no obstante, revela que en el año 2013 una investigadora de la universidad de Illinois llamada Karrie Karahalios, llevó a cabo una encuesta sobre el algoritmo de Facebook, y descubrió que el 62% de los encuestados no era consciente de que la compañía interviene en lo que aparece en el muro. De hecho, señala la autora citada: «Pensaban que el sistema compartía inmediatamente todo lo que publicaban con todos sus amigos» (5).

Ahora bien, como se desprende de la experiencia descripta por O’ Neil, a menudo no tomamos conciencia sobre el nivel de injerencia que la plataforma de facebook ejerce sobre nosotros, los usuarios del servicio, sin perjuicio de lo cual, esa inadvertencia no aplaca el potencial de control que verdaderamente aquella posee y que a todas luces se revela.

IV. COMUNICACIÓN SOCIAL VIRTUAL, ¿Y MANIPULADA?

A esta altura deviene preciso señalar algo que quizás parezca obvio: los usuarios de facebook no tenemos sobre la plataforma ningún tipo de control. Y decimos «ningún tipo de control», a tenor de lo que seguidamente se desarrolla.

La ya citada Cathy O’ Neil examina esta cuestión. Interesa aquí, puntualmente, indagar acerca de si facebook puede tener cierto grado de influencia en las personas usuarias de la red, al punto de, por ejemplo, moldear o cambiar nuestros sentimientos o estados de ánimo. Comprobamos con cierto grado de inquietud que esto es posible y existe evidencia de ello.

Veamos esta cuestión: «En 2012 unos investigadores experimentaron con 680.000 usuarios de facebook para ver si las publicaciones que aparecían en sus muros podían alterar su estado de ánimo. Por experimentos anteriores ya se sabía que el estado de ánimo es contagioso.Si estamos cerca de una persona gruñona, es probable que nos pongamos de mal humor, al menos durante un rato». Pero ¿Podría este contagio propagarse en línea?, se pregunta O’ Neil (6).

Pues bien, facebook realizó una clasificación entre publicaciones positivas y negativas con la ayuda de un software lingüístico y, acto seguido, se redujo el volumen de las publicaciones deprimentes en la mitad de los muros y el contenido alegre en la otra mitad. A la postre, cuando se investigó el posterior comportamiento de los usuarios en sus publicaciones, se hallaron pruebas de que, en efecto, los muros modificados habían alterado su estado de ánimo, de modo que, quienes habían recibido menos post alegres hicieron más publicaciones negativas, mientras que, en el grupo expuesto a mensajes positivos, apareció un patrón optimista.

O’ Neil describe esta experiencia de manera contundente e inquietante a la vez: «Los estados emocionales pueden transferirse a otras personas [.], y las conducen a sentir las mismas emociones sin ser conscientes de ello». En otras palabras -remata la autora-, «los algoritmos de Facebook pueden influir en los sentimientos de millones de personas sin que estas se den cuenta de lo que ocurre» (7).

V. REFLEXIONES FINALES

Conforme lo hemos desarrollado en los párrafos precedentes, dos cuestiones medulares aprontan evidentes: 1) los seres humanos somos ‘seres emocionales’ que necesitan de la constante interacción social y 2) facebook es la red social con mayor cantidad de usuarios en el mundo y, en sumario, la administración y el funcionamiento de la plataforma le proporciona a la compañía un absoluto poder de control sobre los contenidos que se vuelcan en su red.

Por tanto, pensamos que deviene conveniente comprender que facebook constituye una herramienta de comunicación poderosa que nos proporciona un espacio virtual para la libre expresión.Pero ese poder, puede extenderse hasta el control y la modelación de nuestros estados de ánimo, circunstancia que nos advierte que, dentro de la plataforma podemos interactuar libremente, pero ello no implica que seamos cien por ciento libres, al menos no si consideramos que sus administradores pueden modelar nada menos que nuestros propios estados de ánimo. Y esto es así porque, como lo destaca nuevamente Cathy O’ Neil: «aunque Facebook pueda parecer una moderna plaza del pueblo, la empresa decide, conforme a sus propios intereses, qué vemos y qué descubrimos en su red social» (8).

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(1) https://es.wikipedia.org/wiki/Facebook, «Facebook Reports Second Quarter 2020 Results», consultado el 28/08/2021.

(2) Ser Humanos, Facundo Manes, Planeta, 2021, p. 220

(3) Armas de Destrucción Matemática, Cathy O’ Neil, Traducción Violeta Arranz de la Torre, Capitan Swing, p.228.

(4) Cathy O’ Neil, Op. Cit., p. 228

(5) Cathy O’ Neil, Op. Cit., p. 228

(6) Cathy O’ Neil, Op. Cit., p. 228

(7) Cathy O’ Neil, Op. Cit., p. 229

(8) Cathy O’ Neil, Op. Cit., p. 223

(*) Abogado, UCALP, Director de la Oficina Municipal de Información al Consumidor de Lezama. Actualmente cursando Posgrado en Riesgos del Trabajo y Daños, Universidad Nacional de Mar del Plata.

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