Hacia un imaginario de solidaridad desde una perspectiva relacional en bioética

Autor: Páez Moreno, Ricardo

Fecha: 29-nov-2018

Cita: MJ-DOC-13783-AR | MJD13783

Sumario:

I. Introducción. I.a) Pérdida del sentido de la solidaridad, la justicia y la vulnerabilidad en la sociedad contemporánea. I.b) Algunas dificultades en la fundamentación y/o uso de los términos solidaridad, justicia y vulnerabilidad. I.c) Imaginar la solidaridad desde el trasfondo de lo social. II. Conclusión.

Doctrina:

Por Ricardo Páez Moreno (*)

Resumen

La solidaridad ha sido ampliamente discutida en la literatura reciente, lo cual ha ayudado a disminuir su confusión semántica y a recuperar, entre otras comprensiones, una de tipo relacional. Ésta está en profunda relación con la justicia y la vulnerabilidad comprendidas desde lo contextual, es decir, que parten de situaciones concretas de falta a los derechos humanos o de dominación y/o dependencia. Tales falencias suelen presentarse en la sociedad contemporánea de cooperación instrumental y de grandes desigualdades en la distribución de bienes, marcada por el individualismo y la indiferencia, sobre todo en países de mediano o bajo ingreso. Imaginar la solidaridad relacional desde situaciones diversas de injusticia y vulnerabilidad en bioética, ayudaría a enriquecer el contenido de aquella y por lo tanto su impacto concreto.

Palabras clave: solidaridad, justicia, vulnerabilidad, bioética, imaginación bioética

Abstract

Solidarity has been widely discussed in recent literature, which has helped to reduce its semantic confusion and to recover, among other understandings, a relational one. A relational understanding of solidarity is in deep relation with justice and vulnerability understood from a contextual perspective, that is to say, that it starts from concrete situations of lack of human rights or of domination and / or dependency. Such situations tend to occurin contemporary societies of instrumental cooperation and large inequality in the distribution of goods, marked by individualism and indifference, especially in medium or low-income countries. A new sense of relational solidarity from diverse situations of injustice and vulnerability in bioethics would help to enrich its content and, therefore, its concrete impact.

Key words: solidarity,justice, vulnerability, bioethics, bioethical imagination

Resumo

A solidariedade tem sido amplamente discutida na literatura recente, o que ajudou a reduzir sua confusão semántica e a recuperar, entre outros entendimentos, um relacionamento relacional. Isto está em profunda relação com a justiça e a vulnerabilidade entendidas a partir do contexto, isto é, que partem de situações concretas de falta de direitos humanos ou de dominação e / ou dependência.Tais deficiências tendem a ocorrer na sociedade contemporânea de cooperação instrumental e grandes desigualdades na distribuição de bens, marcadas pelo individualismo e pela indiferença, especialmente em países de renda média ou baixa. Imagine solidariedade relacional a partir de diversas situações de injustiça e vulnerabilidade em bioética ajudaria a enriquecer seu conteúdo e, portanto, seu impacto concreto.

Palavras-chave: solidariedade, justiça, vulnerabilidade, bioética, imaginação bioética

I. INTRODUCCIÓN

La solidaridad y la vulnerabilidad son dos conceptos de difícil fundamentación bioética. El primero porque se ha confundido con otros términos, tales como altruismo, benevolencia, ayuda o empatía, con la dificultad de saber bien de qué se está hablando; y además, por la distancia entre los momentos normativo y descriptivo del término, sin saber bajo qué acepción se utiliza para distintas realidades, ocasionando una tensión dialéctica que afecta al significado central de la solidaridad

(Prainsak & Buyx 2011; Pensky 2008). En el caso del segundo concepto la dificultad consiste en la serie de definiciones existentes cuya amplitud ha urgido una taxonomía de la vulnerabilidad, necesaria del todo para saber a qué se está refiriendo el término en cada caso (Solbakk 2011; Mackenzie et al.2014). El caso de la justicia es distinto, dado que es un claro concepto con abundante fundamentación filosófica, pero cuyo uso en bioética en muchas ocasiones dice poco ante realidades sociales complejas que rebasan el ámbito sanitario (Powers & Faden 2006; Venkatapuram 2011). Dichas dificultades no se reducen al ámbito académico, sino que repercuten en una significatividad disminuida de estos conceptos en la bioética, especialmente ante situaciones de índole pública o social marcadas por el predominio del individualismo e indiferencia y la disolución de la cohesión social propias de la sociedad de cooperación instrumental contemporánea (Jennings & Dawson 2015), y por una gran desigualdad en la distribución de bienes, sobre todo en países de mediano o bajo ingreso, y en regiones como

Latinoamérica.

Este trabajo tiene como fin, ante la poca claridad o significancia de la solidaridad, la justicia y la vulnerabilidad, señalar algunos elementos propios de un imaginario bioético de solidaridad en clave relacional, en vínculo con la justicia y la vulnerabilidad. Para ello se seguirán tres pasos. En primer lugar se presenta una reflexión sobre la pérdida del sentido de los conceptos de solidaridad, justicia y vulnerabilidad en la sociedad de cooperación instrumental contemporánea y de grandes desigualdades. En seguida se ofrecen algunas líneas para la fundamentación de estos términos en clave relacional o contextual. Finalmente, se proponen algunos elementos para un imaginario de solidaridad marcado por lo contextual, a la luz de las clarificaciones hechas a los conceptos.

A) PÉRDIDA DEL SENTIDO DE LA SOLIDARIDAD, LA JUSTICIA Y LA VULNERABILIDAD EN LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA

Para comprender este fenómeno, es necesario imaginar una sociedad en la que los intereses de cada persona son vistos como sui generis y fundamentalmente distintos de los intereses de los/las demás. Puede llamársele sociedad de cooperación instrumental o incidental, marcada por la desigual distribución de bienes, en la que pululan frases como estas.«Si mis intereses son satisfechos pero los tuyos no, si yo gano y tu pierdes, si yo soy afortunada y tu desafortunada o desafortunado, si soy hábil y exitosa o exitoso y tú no… me es indiferente». «Si yo puedo hacerlo sin tu cooperación, mejor… debes hacer todo para estar segura o seguro, autosuficiente e independiente». «Mientras a mí no me pase, que todo siga su curso».

O más cercano al ámbito de la salud: «si yo estoy sana o sano, soy rica o rico y tengo acceso al bienestar o las biotecnologías… y tu estas enferma o enfermo, pobre, sin servicios de atención sanitaria… eso no me afecta porque somos seres esencialmente separadas y separados». «Puede afectarme tu situación en cuanto estorbes con tu ineficacia o tus reclamos, pero nada tiene que ver conmigo, son sólo conexiones externas entre tu situación y la mía. Tu condición no es un elemento constitutivo de la mía».

Frases como éstas son parte de los discursos que circulan en amplios sectores de la sociedad contemporánea. Los factores causantes de pobreza, enfermedad y exclusión son juzgados para cada persona de manera separada. «Si tienes determinada salud o situación es porque tú te la has labrado». Además son factores juzgados normativamente: en la biografía de cada individuo se encuentran conductas saludables o riesgosas, responsables o irresponsables, cooperadoras con pautas preventivas o elecciones tontas y autoindulgentes.

La sociedad de cooperación instrumental está basada en consideraciones de interés propio, centrada en los derechos individuales, o la de cálculo de riesgo-beneficio (Segall 2010). El concepto de justicia que subyace es de tipo liberal o utilitarista. Pueden obedecerse las leyes o normas, pero en beneficio de la persona auto interesada y auto protegida. Se trata de personas juntas actuando de manera interesada. Se subordinan los intereses inmediatos a los de largo plazo, pero no en función de estar relacionadas o relacionados por un reconocimiento mutuo, sino por simple interés propio.O se busca la mayor utilidad para el mayor número, asunto en sí imprescindible en el andamiaje ético, pero que no basta para hacer justicia universal (Jennings & Dawson 2015).

La visión de posibles compromisos y motivaciones para la acción individual y colectiva propia del neoliberalismo y del estado mínimo, deja fuera algo que es fundamental para la empresa exitosa de lo público en las sociedades modernas: la solidaridad entendida como condición de la mutualidad: de la interdependencia, el cuidado, y la preocupación por los/las demás y su florecimiento humano relacional. Se olvidan conceptos y ricos sentidos de ciertas dimensiones de la condición humana, tales como la imperiosa necesidad social de la naturaleza humana o del animal político a favor del bien común (Aristóteles 2004) y la referencia al otro o la otra -o condición de rehén- como base de toda solidaridad posible (Lévinas 1987). Estas tienen un gran significado en lo social: la importancia de ayudar o cuidar de otros, especialmente a quienes están en gran necesidad; la urgencia de atender las necesidades de quienes están en condiciones de extrema pobreza; la necesidad de ver por la condición de las personas sometidas a los dinamismos de exclusión y dominación propios de la sociedad de consumo.

La «solidaridad» en algunos ámbitos académicos ha sido considerada como algo superfluo, con un contenido captado por otros principios o valores y por lo tanto se afirma que no necesita ser tratada de manera aparte.Además, en ciertos lugares como los Estados Unidos, la solidaridad tiende a ser rechazada por ser considerada como un valor propio del colectivismo, opuesto al individualismo norteamericano y a la comprensión de la autonomía que considera a la gente como individuos independientes (Prainsack 2018). Puede no dársele importancia porque se presupone existe de varias formas en las precondiciones del capital moral de una sociedad, de manera sutil o indirecta; sólo hay necesidad de pensar en ella cuando el capital moral en una cultura, que está a la base de prácticas sociales de mutualidad, empatía y benevolencia, se ha agotado (Jennings-Dawson 2015).

Por otra parte, tanto en la práctica de transformación social como en la reflexión bioética, no se ha sabido cómo concretizar el concepto, ni cómo medirlo. Se ha llamado solidaridad a muchísimas cosas: sentim ientos, actitudes, acciones, metas, etc. y se ha aplicado a multiplicidad de campos: comunitario, social, global, etc. En el terreno conceptual el término ha sufrido ambigüedad, prestándose a confusión con términos tales como reciprocidad, responsabilidad, beneficencia o confianza (Prainsak & Buyx 2011; Ter Meulen 2015).

Desde Latinoamérica, se ha criticado a la solidaridad como principio aplicado a las políticas públicas para resolver los complejos problemas de salud existentes, dado que obliga a ser solidario con otras y otros en situaciones de profunda diversidad de necesidades y aunque existan discrepancias profundas de valores que quedan opacadas y negadas frente a la argumentación

(Schramm y Kottow 2001).

Sin embargo, no todo es confusión o ambigüedad. Recientemente se ha realizado una valiosa clarificación conceptual de la solidaridad, de los modos en que es usada y sus implicaciones morales (Bellefleur & Keeling 2015). Tiene que ver con las uniones y obligaciones que existen entre individuos o entre grupos, y entre individuos y grupos (Scholz 2008). Además, la solidaridad es un concepto basado en la similaridad entre individuos o grupos a raíz de una característica compartida que define su alcance potencial:situación social, destino, práctica, territorio, vulnerabilidad, etc; o en la interdependencia generada por lazos relevantes que dan la membresía a algún grupo: la causa común.

A nivel académico la solidaridad ha sido utilizada a nivel descriptivo para hacer referencia a prácticas sociales y relaciones e identifica el grado de cohesión social entre ciertos grupos; o a nivel normativo para hablar de las obligaciones morales de los individuos o grupos de asistir a otros

(Pensky 2008; Prainsak & Buyx 2011; Páez 2016). En este segundo caso la solidaridad se enfoca en obligaciones positivas, o de hacer algo por otros y otras, llamando la atención de la importancia de los grupos, los lazos sociales y las prácticas colectivas y los bienes comunes, es decir, cercana a una perspectiva social (Bellefleur & Keeling 2015).

La solidaridad propuesta en este trabajo tiene que ver con un valor intrínseco, diferente pero mutuamente complementario a la justicia, que comporta la dedicación desinteresada a favor de otro compañero que está en necesidad, sea por alguna situación personal o social ajena a su voluntad. A este tipo de solidaridad, también se le ha llamado solidaridad humanitaria puesto que se hace por la identificación con los valores de humanidad y responsabilidad con otro y otra. Es distinta de la solidaridad interesada, propia del contexto de la sociedad de cooperación instrumental basada en el proceso de individuación y relaciones contractuales (Ter Meulen 2015). Aunque la visión predominante de la solidaridad sea esta última, hoy se reconoce que la solidaridad es un concepto relacional, es decir un sentido de cooperación no basado en el cálculo sino en la identificación con una causa común (Ter Meulen & Wright 2012; Ter Meulen 2016).

En el caso de la justicia, la fundamentación filosófica es abundante y de larga historia.Su sentido más elemental es la corrección de algo con su modelo, de donde viene el principio definido por la jurisprudencia romana, «dar a cada uno lo suyo» o por la filosofía clásica griega «los iguales deben ser tratados igualmente, los desiguales de manera desigual» (Aristoteles 2004:82). En la época moderna, la justicia se centró sobre todo en la libertad participada y compatibilizada con otras y otros, apelando a la regla universal kantiana o la imposibilidad de cosificar a alguien como medio

(Kant 2009). En el caso del utilitarismo, la justicia tuvo que ver con la búsqueda de la mayor utilidad para el mayor número a través de la búsqueda de los intereses colectivos (Mill 2014). Y desde una perspectiva contemporánea contractualista, la justicia como equidad se encuentra a partir de una situación ideal tras el velo de la ignorancia, en la que las y los hipotéticos contratantes se encuentran en la posición idónea para elegir los principios de justicia, que son: 1. Las libertades civiles se rigen por el principio de igual libertad de ciudadanía; y 2. Los cargos y posiciones deben estar abiertos a todas y todos, conforme al principio de justa igualdad de oportunidades (Rawls

2006).

Sin embargo, la dificultad en el uso de la justicia estriba en la distancia existente entre su definición conceptual y la realidad desigual que predomina en la mayoría del mundo. Es imposible hacer progresos en la comprensión de las demandas de justicia sin mirar aquello que sucede en los distintos contextos: las relaciones establecidas, la distribución de poder, la capacidad real para ejercer la libertad y las distintas posibilidades, la cuestión de género, la raza, la condición social, las relaciones internacionales, etc.En otras palabras, hace falta pasar de una justicia distributiva, de carácter universal y normativo, a una justicia concreta, contextual, de tipo descriptivo.

Dada la gran complejidad organizativa de las sociedades contemporáneas, el estado de bienestar de las personas ya no depende sólo de las situaciones del mercado o las decisiones del gobierno, sino con la forma en que son distribuidos los bienes escasos y cómo son repartidas o evitadas las cargas que son necesarias. Por ello más que un concepto normativo de justicia distributiva, dictado a nivel global, hace falta una justicia local, descriptiva para situaciones concretas frente a las posibilidades concretas -un qué y un para quién- dadas a las personas por instituciones locales relativamente autónomas (Elster 1994). La justicia social ha de tener en cuenta estos elementos en orden a evitar quedarse como discurso vacío, meramente normativo frente a grandes desigualdades.

El enfoque de justicia que aquí interesa es aquella que da cuenta de las condiciones que existen en determinado contexto, partiendo de indicadores concretos de ausencia de bienestar individual y colectivo, integrando ambas dimensiones. Además, busca responder ante la complejidad de contextos donde la totalidad de instituciones sociales, económicas y políticas, independientes o en combinación, tienen el potencial de impactar sobre el bienestar humano en todos sus aspectos esenciales de manera profunda y dominante, incluida la salud.Finalmente, es propio de esta justicia, que también puede llamársele justicia social, abarcar asuntos que rebasan los principios distributivos o el ámbito estrictamente sanitario, tal como se ha categorizado en los determinantes sociales de la salud, por ejemplo, las cuestiones relacionadas a la subordinación social y al estigma, a la falta de respeto, a la falta de instituciones y prácticas sociales que sustenten adecuadamente capacidades para hacer vínculos y para desarrollar la autodeterminación (Venkatapuram 2011).

Cuando las desigualdades en salud existen entre grupos social y dominantemente desaventajados, éstas son más importantes porque ocurren en conjunto con otras disparidades en el bienestar y se refuerzan entre sí. Los patrones de desventaja asociados a la pertenencia a ciertos grupos que se da de manera persistente y profunda, son profundamente injustos, afectando todas las dimensiones del bienestar, incluyendo la salud. El diferencial dramático en recursos materiales, influencia social y estatus que caracterizan a la pobreza, generan patrones sistemáticos de desventaja de los cuales es muy difícil escapar, y son experimentados por las grandes mayorías (Faden 2016; Powers & Faden 2006).

El estado tiene un papel importante en aliviar las desventajas, tarea que tiene que ver con la bioética de la protección: esta reconoce la obligación del estado de cautelar la integridad física y patrimonial de sus ciudadanos, siendo por ende también el fundamento moral del estado de bienestar contemporáneo (Schramm y Kottow 2001).

Con relación a la vulnerabilidad, a pesar de la importancia que ha adquirido en las directrices y documentos normativos contemporáneos aplicables a la investigación biomédica, la asistencia sanitaria o la bioética (UNESCO 2005: art.8), la bibliografía académica que la aborda refleja una visión contradictoria y cambiante (Solbakk 2011, Mackenzie et al.2014), la cual por su extensión no puede ser abordada aquí.

Para los efectos de este trabajo, es importante recordar la distinción entre la descripción de vulnerabilidad que atañe a todas y todos al ser una nota antropológica esencial o universal del ser humano (Kottow 2011), enarbolada como principio de la bioética europea (Rendtorff & Kemp

2000), y la vulnerabilidad en términos normativos que aquí interesa, y que tiene que ver con la susceptibilidad a vulnerarse o vulneración que depende de las condiciones sociales y reclama el derecho legítimo a reclamar protección (Kottow 2004) o el deber de ayudar a poblaciones desmedradas (Kottow 2011). Implica violaciones diversas a los derechos humanos (Mackenzie et al. 2014), sea por omisión del estado ante garantías elementales necesarias de atender para evitar el daño o hacer a las personas menos vulnerables, tales como el derecho a la salud de toda y todo ciudadano, o el descuido ante deberes sociales necesarios de proporcionar, como el derecho a la asistencia sanitaria (Kottow 2011). Se trata de dos niveles diferentes de protección: el primero basado en los derechos humanos que apunta a la protección de la vulnerabilidad permanente o universal, y requiere de una acción negativa del estado propiciando un orden social justo que otorgue protección equitativa a la vulnerabilidad de cada ciudadano y ciudadana (Kottow 2003); el segundo es complementario al primero a través de medidas de acción afirmativa, protectiva y reparadora ante situaciones de personas y poblaciones indigentes (minorías) que no están en posesión de sus derechos humanos fundamentales (Kottow 2004).

La vulnerabilidad se enfoca en la forma en que las distintas desigualdades (de poder, de dependencia, de capacidad o de necesidad) hacen a unas personas vulnerables ante el daño o la dominación, y por lo tanto está relacionada con la justicia (Mackenzie et al.2014). «Son aquellas vulnerabilidades o dependencias que no deberían de existir y han de ser eliminadas» (Goodin 1985:203). O también, de manera general, la vulnerabilidad indica que una persona o un grupo tienen un estatus particular que puede impactar adversamente sobre su bienestar, y esto conlleva la obligación ética de resguardarlos, porque la persona o grupo son incapaces de hacerlo adecuadamente por sí mismas (Wrigley & Dawson 2016).

Dentro de la taxonomía de la vulnerabilidad, las situaciones aquí referidas entrarían dentro de las vulnerabilidades patogénicas que son debidas a muchas fuentes, entre ellas las relaciones moralmente disfuncionales o relaciones interpersonales o sociales de abuso, a la opresión sociopolítica y a la injusticia estructural. Tienen que ver con una concepción relacional del ser humano, un ser instalado en y relacionado con el mundo, lo que significa que todo proyecto existencial se realiza a través de conexiones específicas con otros seres humanos que pueden ser de dependencia o de dominación. «… llegamos a ser más profunda, variable y selectivamente vulnerables a la acción de otros y las instituciones de quienes dependemos por temas específicos y a veces inevitables» (O,Neill 1996:192).

La vulnerabilidad contextualizada reenfoca el concepto de responsabilidad del estado. El papel de las instituciones del estado es proveer protección de las vicisitudes y la mala suerte, formando sistemas colectivos que juegan un papel importante en disminuir, mejorar y compensar a la persona vulnerable. Dichos sistemas no hacen invulnerable a la población, pero proveen con recursos para promover la resiliencia. Un análisis de la vulnerabilidad desde lo social debería poner su atención en las inequidades en la distribución de aquellos recursos que hacen a ciertas ciudadanas y ciudadanos más que a otros y otras, vulnerables a las vicisitudes de la fortuna, y señalar mecanismos redistributivos y regulatorios que disminuyan la desventaja y promuevan la equidad democrática (Mackenzie 2014).

Dentro del ámbito biomédico, la vulnerabilidad pocas veces se asocia a un sistema socioeconómico excluyente que mantiene a muchos y muchas bajo mínimos de dignidad.La situación de vulnerabilidad asociada a factores sociales, o también llamada vulnerabilidad social, es producto de condiciones de especial fragilidad en que ciertos ambientes o situaciones socioeconómicas, colocan a las personas que los sufren (Feito 2007). La perspectiva social que permite apreciar los problemas y la estratificación social, es una asignatura pendiente en los médicos e investigadores, en quienes predomina la perspectiva biomédica (Venkatapuram & Marmot 2009). Por ejemplo, se limita el consentimiento informado a un acuerdo o incluso un proceso entre dos personas, sin tomar en cuenta los factores estructurales que limitan la libertad de los voluntarios para aceptar o rechazar participar en una investigación, tales como la diferencia de poder que da la educación y la clase social (Fisher 2013). Pero además, la vulnerabilidad social impide a las personas afectadas el darse cuenta de su situación y por lo mismo hacer algo por salir de ella.

Por último, la vulnerabilidad social es una situación muy presente en grandes sectores de la población de países de mediano o bajo ingreso, pero pocas veces detectada. La vulnerabilidad tradicionalmente ha sido limitada a determinados grupos, desligada de los determinantes sociales de la salud y por lo mismo puede decirse que es un «concepto escondido». Esto puede deberse a que en bioética la vulnerabilidad se ha centrado en el tópico de la atención de la salud o la investigación, pero no ha abordado formalmente la salud en un sentido más amplio o social. Así por ejemplo, se argumenta que puedan reclamar sus derechos quienes están en vulnerabilidad, pero no se toma en cuenta que en muchas ocasiones estas personas no tienen la capacidad para hacerlos valer (Rogers 2014).

C) IMAGINAR LA SOLIDARIDAD DESDE EL TRASFONDO DE LO SOCIAL

Ante la falta de sentido de la solidaridad, la justicia y la vulnerabilidad en bioética, es necesario echar a andar la imaginación en orden a reelaborarlo.O por decirlo de otra manera, hace falta justificar por qué vale la pena ser personas solidarias o justas, o argumentar por qué no deben desentenderse unas y otros de la vulnerabilidad social y por las que todos y todas somos responsables de alguna manera de la injusta situación de vulnerabilidad de grandes sectores de la sociedad o del mundo. Así mismo, dar razones por las cuales conviene, e imaginar modos posibles en que el estado ha de atender su obligación de proteger a la población en sus necesidades esenciales, tales como la salud (Schramm y Kottow 2001). Se trata de un modelo afin al stewardship model señalado por la OMS para los estados ante necesidades individuales o colectivas (OMS 2000), y que requiere que estos velen por condiciones necesarias para procurar y garantizar la salud de la población y en particular tomar medidas para reducir las desigualdades en salud. Un bien primordial de una nación es la salud, la cual está relacionada con el bienestar y la productividad (Nuffield Council on Bioethics 2007).

La imaginación bioética es la capacidad de tomar distancia crítica de lo dado para pensar la realidad de otra manera. Capacita para ver conexiones entre fuerzas en acción en la historia, en las estructuras sociales y comunitarias, y en la conformación de la propia vida, las actitudes, los pensamientos y los sentimientos. También supone la capacidad de recuperar la sensibilidad ante la suerte del otro y la otra, la cual nos incumbe si no en función del prójimo, aunque sea por interés o beneficio propio (Gauthier 1986), por ejemplo, en función de la subsistencia del planeta y sus habitantes.

La salud es un ejemplo práctico necesitado de ampliar y enriquecer la imaginación bioética (Marc-Reich 2002). Se trata de alejarse del modelo impuesto por la sociedad de cooperación instrumental para migrar hacia otro donde se reinvente la solidaridad y la interdependencia, donde el beneficio y riesgo mutuos se perciban y valoren más claramente.Parte de ello pedirá mirar críticamente desde la salud pública y otros determinantes sociales de la salud, y por lo tanto, situar el análisis de lo que debería ser justo en un contexto social y político más amplio (Powers-Faden 2006).

La solidaridad puede contribuir a la imaginación bioética para dar razones por las cuales habría que obedecer normas y reglas de beneficio común en una sociedad. Ante decisiones concretas, se trata de convencerse y convencer de la imperiosa necesidad de tener en cuenta a la otra y al otro así como a quienes están en mayor necesidad o vulnerabilidad. Sin el recurso a la solidaridad como mirada crítica, pensamiento alternativo, y llamada a la razonabilidad, las políticas de innovación en el ámbito sanitario o de cambio social serán más de lo mismo, es decir, medidas populistas sin efecto duradero.

La solidaridad es necesario construirla a partir de lo que sucede en los contextos y las relaciones concretas. Sin embargo, hay que tener en cuenta referentes conceptuales en orden a evitar las confusiones terminológicas antes expuestas y poder hacer de la solidaridad un término transformador. Uno de ellos puede ser la definición de solidaridad lograda en el estudio «Solidarity, an emerging concept in bioethics», del Nuffield Council on Bioethics: «prácticas compartidas que reflejan un compromiso colectivo para llevar los costos (financieros, sociales, emocionales u otros) de asistir a otros» (Prainsak &Buyx 2011:46). Esta señala que la solidaridad tiene tres niveles de concreción: el interpersonal, el colectivo o grupal, y el que alcanza a modificar las políticas o leyes.

Otro referente puede ser la solidaridad política: se trata de una solidaridad crítica, en cuanto no está de acuerdo con las estructuras opresivas injustas, que toma en cuenta los factores emocionales que son los que llevan a dejarse interpelar ante la desdicha ajena, y que teje vínculos asociativos a favor de asistir a otros y otras.Supone una serie de sentimientos, conocimientos y acciones en torno a la identificación colectiva, el respeto mutuo, la confianza recíproca, la lealtad y el apoyo mutuo (Krishnamurthy 2013). Se trata, en definitiva, que la solidaridad tenga contenidos normativos puestos en contexto, acorde a las relaciones concretas establecidas de poder o dependencia y las situaciones específicas de vulnerabilidad (Dawson & Verweij 2012). La solidaridad así entendida es puerta para acceder a la consecución de diversas necesidades de justicia.

Tomando en cuenta ambos referentes, y a manera de un esbozo de imaginario bioético, se podría decir que el primer nivel de solidaridad interpersonal en el ámbito sanitario tiene que ver con la toma de conciencia intelectual y emocional, a través de la capacitación bioética, de que la poca salud de muchos -sobre todo en la medicina pública- afecta en el bajo rendimiento laboral, y repercute en el empobrecimiento del entorno familiar de los pacientes; por lo mismo, darse cuenta de la importancia de contribuir a implementar medidas preventivas o curativas esenciales para recuperar la salud, y de ayudar a recuperar su responsabilidad a los pacientes a través de la escucha empática.

El segundo nivel se daría cuando se propicia la solidaridad al hacer ver la conveniencia de asociarse en algún colectivo que busque reestablecer algún bien al que se tiene derecho, por ejemplo, algún reclamo ante una negligencia médica, u obtener algún beneficio debido por haber participado en una investigación. Se requiere ayudar a recuperar la capacidad de autonomía de la persona a partir de pequeñas acciones grupales que devuelvan la confianza y la reciprocidad, y hagan percibir que es posible lograr por vías legales aquello a l o que en justicia se tiene derecho (Páez 2015b).

El tercer nivel de solidaridad es el más difícil de lograr, pero es el más duradero. Tiene que ver con hacerse solidario por hacer que se respeten las reglas y los acuerdos, rehaciendo así una cultura de la legalidad.Tal es el caso de las instituciones públicas de salud donde puede implementarse medidas de transparencia para evitar los privilegios y hacer cumplir, por ejemplo, las listas de espera para cirugía o trasplante. En esta labor, el papel de los medios electrónicos de comunicación es cada vez más importante, como factor de toma de conciencia y presión social.

Como se ve en los ejemplos anteriores, la solidaridad genera obligaciones morales de justicia. Lo hace en tanto tiene que ver con el daño generado o la necesidad no atendida en relaciones interpersonales o sociales concretas. Se trata de típicas obligaciones morales con una mayor exigibilidad que las de solidaridad, puesto que tienen que ver con la maleficencia generada, la autonomía conculcada o asuntos públicos no atendidos debidamente. Así por ejemplo, los abusos de experimentación donde la legislación es laxa e inoperante; la ausencia de un auténtico consentimiento informado en investigación bajo condiciones de presión como la pobreza o la desesperación por carecer de acceso a la salud; o la falta de medidas preventivas o curativas de primer nivel para atender las necesidades de salud mental de una población.

El imaginario de solidaridad también restaña la vulnerabilidad, al concitar la obligación de generar compromisos colectivos para aliviar las carencias que afectan a las y los demás.En un imaginario bioético construido desde las capacidades y no sólo desde los recursos a distribuir, tendrá que ver con aquellas inherentes, dadas por el entrenamiento del carácter, de las habilidades, de la capacidad de internalizar la lectura, de lograr la estabilidad emocional, etc., aunadas a las posibilidades reales de ejercerlas dadas las condiciones sociales, económicas, políticas y culturales del entorno (Venkatapuram 2011; Mackenzie 2014). En contextos de dominación masculina implicará una acción solidaria paciente e implicativa con las mujeres para ir logrando, por ejemplo, la paridad de género en el uso de medios de control natal.

Finalmente, respecto a quién ha de responder ante la vulnerabilidad social, las personas con autoridad o poder para evitar el daño o atender la necesidad, en el ámbito privado y público, son las primeras que han de hacerlo, por motivos de justicia. El primer garante de justicia no puede dejar de ser el estado y sus instituciones. Desde la bioética de protección han de imaginarse acciones, intervenciones o estrategias protectoras del estado a favor de necesidades públicas de salud colectiva, las cuales una vez aceptadas prevalecen ante la autonomía individual (Schramm y Kottow 2001). Lo cual no niega que todas y todos tenemos la obligación de responder solidariamente ante las demandas de justicia y vulnerabilidad social.

II. CONCLUSIÓN

La solidaridad requiere una clarificación conceptual, como se ha hecho en la literatura, y partir de un contexto determinado, en orden a recuperar su significancia. En el caso de la sociedad de cooperación instrumental contemporánea, marcada por un fuerte individualismo y una gran desigualdad sobre todo en países de mediano o bajo ingreso, la solidaridad de tipo relacional puede guiar caminos de apoyo o ayuda entre individuos o grupos en diversas necesidades, e indicar al estado deberes concretos para con sus ciudadanos.La justicia y la vulnerabilidad de tipo contextual o social, es decir a partir de situaciones particulares, sobre todo las que afectan a colectivos o poblaciones sometidas o en dependencia, son complementarias a la solidaridad, al indicar en qué situación se pretende ejercer la solidaridad, de quién es la responsabilidad, qué se pretende, etc… Todo ello puede ir delineando elementos para un imaginario bioético de solidaridad, que tenga como trasfondo la justicia y la vulnerabilidad. Dicho imaginario ha de responder a determinados aspectos de la realidad en la que se pretende ejercer la solidaridad, tales como el abuso en la investigación en pacientes vulnerables o la falta de atención del derecho a la asistencia sanitaria por parte del estado ante determinado individuo o colectivo enfermo de alguna dolencia. Y ha de ofrecer guías específicas para ejercer una solidaridad en clave relacional que evite la dominación o la dependencia.

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(*) Doctor en ciencias. Profesor y tutor del Programa de Maestría y Doctorado en Bioética, Universidad Nacional Autónoma de México. ricardomsps@gmail.com.

N. de la R.: Trabajo publicado en la Revista Redbioética, de la UNESCO, Año 8, Vol. 2, No. 16, julio – diciembre de 2017.