De la ley y la libertad

Las leyes, como marcos reguladores del libre albedrío de las personas dentro de la sociedad, idealmente tienen el objetivo de beneficiar a la sociedad en su conjunto, estableciendo normas que rigen la conducta social. Como fuente del derecho, la ley es un mandato emanado del órgano competente del Estado, el cual está constitucionalmente facultado para dictarlas.

Su beneficio, tiene una doble cara. Por un lado busca resolver un problema actual mientras que por el otro se anticipa para que futuras generaciones no tengan que siquiera pensar en dicho problema. En realidad, la forma de anticiparse de las leyes se da para generaciones futuras gracias a reclamos sociales que persisten en el momento y sanción de la Ley. Ésta en sí, no suele buscar regular cuestiones que vienen al azar en cabeza de los legisladores, sino que a partir del contacto social surge la necesidad de reglamentar una situación que se encuentra desrregularizada. La ley, es un reflejo de una realidad que existe, que requiere determinado marco normativo que la misma viene a subsanar. La realidad no está marcada por la ley, sino la ley por la realidad. Las cosas no suceden porque la ley lo permita o no, las cosas suceden de antemano y la ley, por detrás de la realidad siempre, regula esa situación.

A veces, la realidad es ocultada y callada, porque va en contra de los “valores” que se consideran necesarios para vivir en una sociedad justa, ordenada. Pero este tipo de sociedad no es más que un ideal. Problemas hubo y siempre los va a haber, y es que el instinto y la naturaleza humana supera el molde ideal de una sociedad que en teoría apunta para un lado, pero que sólo esconde una realidad que se practica día a día y que muchos eligen no ver.

En Argentina tenemos muchos ejemplos que ilustran la situación. Podemos empezar hablando por la ley de divorcio en 1987. No comenzaron las separaciones de los matrimonios a partir de ese año por la sanción de la ley. Existe la ley de divorcio porque la gente se separaba y se separa. O como es el caso de la Ley de Matrimonio Igualitario en 2010. No hay parejas homosexuales porque hay matrimonio igualitario. Hay matrimonio igualitario porque hay parejas homosexuales. Porque el instinto de libertad siempre es superior a la ley.

Lo mismo podemos decir en cuanto al consumo recreativo de la planta de cannabis. La sociedad toda sabe que se consume a plena luz del día, en todo momento y lugar. El consumo de cannabis recreativo es extremadamente común en Argentina, pese al hecho de que continúa siendo una sustancia ilegal. La gente fuma públicamente al aire libre, especialmente en parques, locales nocturnos e incluso en la calle. También es habitual que la gente cultive plantas de cannabis en su casa. Y es que, la decisión de consumir, es y será individual. Y la jurisprudencia le ha dado lugar a esta postura con el fallo Arriola, cuando la Corte declaró que era “inconstitucional” la aplicación de parte de la ley 23.737 para castigar la tenencia de drogas para consumo personal, argumentando que la misma va en contra del Artículo 19 de la constitución Nacional.

Sin ánimos de polemizar al respecto, ni mucho menos ofender las creencias de nadie, lo mismo sucede con el aborto. No habrá abortos porque la ley lo permita (en el caso de aprobarse), habrá ley de aborto porque el aborto existe y es necesario un marco regulador que garantice la salud de las mujeres que toman tal decisión. Decisión que con o sin ley será realizada. Porque como se mencionó, el instinto de libertad de nuestra naturaleza siempre puede más. La libertad, es propia y es individual. Aunque sea cierto que la libertad de uno termina donde empieza la del otro, el aborto se transforma en la excepción que confirma tal regla, ya que la mujer que tomo la decisión de abortar lo hace sosteniendo con total seguridad de que sobre su cuerpo ella y sólo ella decidirá.

Ese es el desafío legislativo, el de atender a una sociedad que con sus reclamos de derechos, totalmente diversificados, lucha por regular cuestiones del pasado que en la actualidad persisten para constituir el momento bisagra en el que una realidad que ya existía pasó a estar fuera de la ley a estar dentro. Porque la realidad, es la misma. Aquí el ideal de la ley, no el de limitar la libertad, sino el de regularla.

Federico Rogers