Mala praxis en el servicio de salud: Su análisis metodológico. Ghersi, Carlos A.

Título: Mala praxis en el servicio de salud: Su análisis metodológico

Autor: Ghersi, Carlos A. – Ver más Artículos del autor

Fecha: 20-sep-2017

Cita: MJ-DOC-12001-AR | MJD12001
Sumario:

I. Introducción. II. El antecedente, los componentes de la estructura. III. El consecuente o la derivada de la estructura. IV. Conclusión.

Doctrina:

Por Carlos A. Ghersi (*)

I. INTRODUCCIÓNEl análisis de la «mala praxis en el servicio de salud» ha asumido una gran complejidad y simultáneamente una solución simple -aun cuando parezca contradictorio, efectivamente, desde la atribución de la responsabilidad el «servicio» de salud constituye una sola estructura (hospitalaria; clínica, obra social, medicina prepaga, etc.) para con el paciente (1).

En cambio, cuando queremos realizar un análisis «metodológico de la causalidad», debemos apartarnos de la teoría de la causalidad adecuada y centrarnos en la «causalidad compleja» y entonces la respuesta es otra.

Es nuestra intención acotar este artículo y analizar la cuestión de la causalidad compleja porque pretendemos introducirla desde la lógica metodológica y configurar así adecuadamente el antecedente, los elementos de su estructura, para determinar con mayor precisión las consecuencias que derivan o las derivadas.

II. EL ANTECEDENTE, LOS COMPONENTES DE LA ESTRUCTURA

El antecedente, lo consideramos como una «estructura», que se integra con varios elementos, de tal forma que cada uno de ellos es «una condición o condicionante» del funcionamiento de la causalidad.

Entonces, trataremos de integrar los elementos de esa estructura del siguiente modo:

1. El paciente requirente

El primer elemento de la estructura antecedente es «el paciente requirente».

El paciente arriba al requerimiento médico (consulta, urgencia, emergencia, etc.), como «causa» en el interior de la estructura y que posee en sí mismo, «causa o causas múltiples» que deben ser consideradas como «condicionantes» del siguiente elemento de la estructura.

Así, por ejemplo, presenta una «patología» que como tal, asume al menos tres momentos secuenciales: el inicio, el desarrollo y su finalización.Por ende, el requerimiento debe evaluarse de diferente forma en cada una de esas etapas y en cada apología en particular.

La prestación de salud como derivada de la ciencia y la tecnología, lo que trata es de interferir en esa causa (patología), pero probablemente su resultado no sea el mismo en cada una de las etapas de la patología (mejor, mayor, menor o ineficiencia), pues conforme a la evolución temporal de la patología, crece el riesgo y alea, de la «intervención causal beneficiosa» de la prestación de salud.

Otro supuesto es el denominado «estado de salud general del paciente» como causa en sí misma, frente a la agresión o contención de la patología instalada, pareciera que en determinadas circunstancias, el mal estado de salud opera negativamente, no solo en la patología, sino en la terapéutica por aplicar (2).

Podemos decir o señalar la misma influencia -causa- en lo que respecta al tipo de «trabajo y / o domicilio» del paciente, así en el primer caso, si trabaja con demasiada fuerza física (deterioro muscular) o mental (estrés) o con químicos, etc., de igual forma su vivienda, lugar geográfico (urbano, semiurbano, rural, etc.) e incluso las condiciones de su vivienda en particular (agua potable, cloacas, etcétera). Es decir, estos y otros factores influyen como causa en el paciente, porque también aumentan el riesgo (3).

Se trata de «circunstancias condicionantes» de los pacientes, que operan como «causa en el paciente» (ya que se trata de supuestos en donde no puede operar la culpa) y poseen su «influencia total o porcentual- en la conexidad» con los demás elementos de la estructura.

2.Efector o institución requerida

Podemos dividir los efectores en públicos y privados, y nada nos indica a priori que uno sea mejor que otro o más eficiente, pues si bien el ámbito público se ha deteriorado por falta de inversión, posee los mejores profesionales y los efectores privados, si bien han progresado en infraestructura, muchas veces opera con costo o tasa de satisfacción, y esto es negativo para el paciente (el médico tratante solicita un tipo de prótesis, y la empresa pretende otro tipo de prótesis en función no de la terapéutica, sino del costo) (4).

Además de esta circunstancia, no menor, por ejemplo, es vital la localización geográfica, pues en cada poblado, pueblo, ciudad o urbanidad, las condiciones de acceso al efector no son las mismas, ni su capacidad de reacción preterapéutica (tecnología, etc.) son las adecuadas o hay renuencia terapéutica y, en consecuencia, estas circunstancias y esta condición también aumentan el riesgo.

Entonces el efector es una «nueva causa» en la función y un condicionamiento, en la prestación de salud, ni atribuible al paciente o a los profesionales de la salud. Es exclusivamente del Estrado o de las empresas privadas (5).

3.Los profesionales de la salud

La consideración del elemento de la estructura, de los profesionales de la salud, ha mutado a un análisis, no solo más profundo, sino más puntual y circunstancial o con «particularidades causales».

Abstracta y dogmáticamente, se colocaba a ese elemento en los «médicos», sin embargo hoy hay otra concepción.

En principio, el espectro de profesionales se ha ampliado; están los especialistas, por área o sector o patología e incluso de investigación farmacológica, los médicos con roles administrativos, con direcciones, jefaturas, etc., los médicos de planta y de cartilla, los enfermeros (universitarios) y los auxiliares de enfermería, las mucamas o las empresas de limpieza (evitando contaminaciones y factores de riesgo, etc.) radiólogos, tecnólogos, etcétera (6).

El lector posiblemente no pondrá el acento en las mucamas, como se hacía tradicionalmente, pero resulta que anotó en la historia clínica que no poseía elementos de limpieza y, al día siguiente, como ha pasado en la realidad, se desata una infección hospitalaria o el enfermero que no suministró adecuadamente la medicación o el auxiliar de enfermería que no rotó al paciente (decúbito), etcétera.

Es evidente que más allá de la responsabilidad de los dependientes, estos roles y funciones profesionales poseen una «causa o condición» dentro de la estructura que debe analizarse.

4. El paciente:la obligación de colaboración

Los pacientes sin duda poseen derechos -Ley 26.529 -, pero también obligaciones.

Esas obligaciones deben considerarse, especialmente en el inicio del requerimiento (facilitando información vital, signos y síntomas, para determinar el diagnóstico) (7) durante el desarrollo de la terapéutica, asumiendo no solo información, de efectos terapéuticos (beneficiosos o maliciosos), sino la obligación de colaboración, por ejemplo, en pacientes ambulatorios en la ingesta de medicamentos en las horas y conforme a las indicaciones medicales, etcétera.

En la misma línea de colaboración, concurriendo a controles, asumiendo determinadas dietas o ejercicios, etcétera.

En suma, si posee obligaciones de información, conducta, etc., es posible que también, haya una causa o condición que interfiere en la obtención de diagnóstico o desarrollo de la terapéutica y a diferencia de su participación como primer elemento de la estructura, ahora podrá ser atribuida su responsabilidad subjetiva, al menos en término de culpabilidad, por culpa, sin duda influyente internamente en la estructura y con función externa.

III.EL CONSECUENTE O LA DERIVADA DE LA ESTRUCTURA

 

La estructura, como antecedente, genera un consecuente, y podemos ejemplificarlo como, atenuación del desarrollo de la patología; interferencia definitiva de la patología; agravación de la patología (como daño y consecuencia) y nuevo daño (infección o dejar un oblito en el cuerpo del paciente); es decir, el «daño probablemente reparable» (8).

El consecuente es aquel en el cual la «relación de causalidad compleja» asume un rol y una función trascendente, así por ejemplo, que el paciente haya concurrido con un tiempo acentuado de su patología o en un mal estado general de salud, que «porcentaje causal» es atribuible o qué incidencia causal posee en el desarrollo del riesgo terapéutico (ineficiencia de su aplicación), etcétera.

La causa / condición del efector, puede ser determinante en un paciente de muy buen estado de salud, con una patología grave, para la eficiencia en la interferencia causal de la terapéutica o altamente ineficiente, de igual forma, con un paciente de mal estado de salud generalizado y un patología de menor envergadura y también resultar ineficiente a pesar de que las circunstancias de previsibilidad eran muy altas en la interferencia causal o terapéutica, etcétera.

Con la misma envergadura operará en lo interno de la estructura y en la función externa, el incumplimiento de la obligación de colaboración del paciente en la «causación» (consecuente) del daño, que podrá incluso ser no reparable, pues la ausencia de la colaboración o el abandono del tratamiento, era determinante o porcentuable al determinar la incidencia causal, etcétera.

IV. CONCLUSIÓN

La complicación de la prestación de salud (al igual que otras como accidentes de tránsito, etcétera), necesitan un análisis mayor que el de la causalidad adecuada, y pasar el estadio de análisis metodológico de la «causalidad compleja», eso es lo que intentamos mostrar con este humilde artículo.

El filósofo Rolando García lo dice del siguiente modo:«. un sistema complejo es una representación de un recorte de la realidad conceptualizado como una totalidad organizada (de allí lo de sistema) en la cual, los elementos producen interferencias entre sí y que operan de esa forma en el consecuente» (9).

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(1) Consultar. WEINGARTEN- GHERSI (dir.es): Tratado de derecho a la salud. Buenos Aires, La Ley, 2014.

(2) LUHMANN, Niklas: Sociología del riesgo, p. 45. «Es posible que también tenga que considerarse que el umbral de riesgo puede fijarse de manera muy diversa, según sea el caso de que uno participe en el riesgo (nosotros diríamos el propio paciente) como portador de decisiones o como afectado por las decisiones (nosotros diríamos, efector y profesionales). Pero eso no es todo. En la actualidad, el probl ema del riesgo ha sido descubierto también por las ciencias sociales, pero para decirlo de algún modo, no en el jardín propio, sino porque el jardín del vecino, no se había cuidado y regado suficientemente». México, Universidad Iberoamericana, 1992.

(3) ARENDT, Hannah: La condición humana, p. 78 (El lugar de las actividades humanas). Buenos Aires, Paidós, 2003.

(4) Véase el siguiente texto: WEINGARTEN, IPPÓLITO, GHERSI: Tratado de Medicina prepaga. Buenos Aires, La Ley, 2015.

(5) Consúltese el siguiente texto: AGUILAR IBÁÑEZ, María José, y ANDER EGG, Ezequiel: Evaluación de servicios y programas de salud. Buenos Aires, Lumen, 1994.

(6) Garay, Oscar: Ejercicio de la enfermería, p. 43 (Los deberes del personal de enfermería). Buenos Aires, Ad Hoc, 2005.

(7) Consúltese el siguiente texto: FERNÁNDEZ ÁRELA, Manuel: Introducción al derecho a la información. Barcelona, A. T. E., 1977.

(8) Consúltese el siguiente texto: WEINGARTEN y GHERSI: Tratado de daños reparables. Código Civil y Comercial. Buenos Aires, La ley, 2016.

(9) GARCÍA, Rolando: Sistemas complejos, p. 21 y ss. Barcelona, Gedisa, 2006.

(*) Doctor en Jurisprudencia (USAL). Especialista en Historia de la Economía y Políticas Económicas (UBA, Ciencias Económicas). Exfiscal de Estado de la provincia de Buenos Aires. Director del Doctorado en Ciencias Jurídicas (USAL). Codirector de la Maestría en Derecho Económico (USAL). Director de la Especialización en Derecho de Daños (UNLZ). Codirector del Programa de Actualización en Derecho Médico (UBA). Codirector del Programa de Actualización en Derecho de Seguros y Daños (UBA). Profesor titular por concurso. Derecho Civil Parte General, Obligaciones Civiles y Comerciales, Contratos Civiles y Comerciales (UBA). Profesor titular de Economía (UCES). Profesor permanente en Brasil y profesor invitado en Colombia, en Perú y en Uruguay.