Igualdad, diferencias y desigualdad dentro del pensamiento de los derechos humanos aplicado en bioética. Guerra González, María del Rosario

Autor: Guerra González, María del Rosario – Ver más Artículos del autor

Fecha: 11-ago-2017

Cita: MJ-DOC-11958-AR | MJD11958

Doctrina:

Por María del Rosario Guerra González (*)

Resumen

Se presenta un análisis sobre tres conceptos: igualdad, diferencia y desigualdad, primero en su aspecto teórico, luego se reflexiona sobre su inclusión en los derechos humanos relacionados con la bioética. Es un enfoque filosófico. Se señala el lugar que el dinero tiene dentro de la sociedad actual, cómo, siguiendo a Walzer, ha rebasado su esfera y ha generado desigualdades que afectan el goce de los derechos humanos, se destaca su importancia dentro de la república de acuerdo con Dworkin. Se defiende el respeto a las diferencias; actitud que se justifica de acuerdo con Alexy: tratar de manera diferente a quienes son diferentes: por tener una discapacidad, o por pertenecer a una cultura diferente a la dominante; el enfoque se centra en los derechos relacionados con la salud. En la sección siguiente se describe la desigualdad creciente y se muestra cómo en el futuro inmediato aumentará. Finalmente se hacen breves reflexiones. Palabras clave igualdad, diferencia, desigualdad, derechos humanos, bioética

Abstract

An analysis is presented on three concepts: equality, difference and inequality, first in its theoretical aspect, then a reflection on their inclusion in human rights related to bioethics. It is a philosophical approach. the place that the money is in today’s society its approach, that, according to Walzer, has exceeded its sphere and generated inequalities that affect the enjoyment of human rights, and its importance within the republic according to Dworkin stands notes. Respect for differences is defended; attitude justified according to Alexy: by treat differently those who are different: forn having a disability or belong to a different dominant culture; sthe focus is on health-related rights. The following section describes the growing inequality and shows how in the immediate future will increase. Finally brief reflections are made. Keywords: equality, difference, inequality, human rights, bioethics

Resumo

Apresenta-se uma análise sobre três conceitos: igualdade, diferença e desigualdade, primeiramente em seu aspecto teórico, logo se faz uma reflexão sobre sua inclusão nos direitos humanos relacionados com a bioética.Adota-se um enfoque filosófico. Demonstra-se o lugar que o dinheiro tem dentro da sociedade atual, como, segundo Walzer, ultrapassa sua esfera e gera desigualdades que afetam o gozo de direitos humanos, destaca-se sua importância dentro da República de Dworkin. Defende-se o respeito às diferenças; atitude que se justifica de acordo com Alexy: tratar de maneira diferente aos diferentes: por terem uma incapacidade, ou por pertencerem a uma cultura diferente à dominante; o enfoque se centra nos direitos relacionados com a saúde. Na seção seguinte se descreve a desigualdade crescente e se demonstra como essa desigualdade se incrementará em um futuro imediato. Finalmente se fazem breves reflexões. Palavras-chave: igualdade, diferença, desigualdade, direitos humanos, bioética.

PRESENTACIÓN

Si bien es por todos conocido que la desigualdad se ha incrementado en las últimas décadas, esto no es suficiente para entender la gravedad de la situación y cómo la misma afecta el disfrute de los derechos humanos.

Tres términos del título es preciso aclarar: igualdad, desigualdad y diferencia, los mismos corresponden con las partes en que está dividida esta reflexión. En primer lugar aparece la idea de igualdad. Desde el siglo XVIII la noción es reclamada ante diversos privilegios, entre ellos los de nobles y miembros de la iglesia. La palabra ha sido definida en los siglos siguientes, y en la actualidad también es objeto de análisis, como se muestra en este texto. Los términos opuestos, los que indican que algo no es igual, son diferencia y desigualdad. Las personas son iguales, desde un punto de vista, por ejemplo en sus derechos fundamentales, mientras, simultáneamente, es necesario defender las diferencias, tal como se plantea en los documentos sobre derechos culturales. Las diferencias son biológicas, psicológicas, económicas, sociales y culturales, entre otras; forman parte de la condición humana.

El concepto opuesto a igualdad, producto de arbitrariedades del sistema, es desigualdad, presente cada día en más áreas y con mayor grado, como resultado de injusticias estructurales; ha sustituido a la equidad que debería existir.En este texto hay un análisis sobre los tres conceptos, primero en su aspecto teórico, y luego sobre su inclusión en los derechos humanos relacionados con la bioética. Es un enfoque filosófico coincidente con las palabras del prefacio de la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos (DUBDH) cuando dice: Por el hecho de inscribir la bioética en los derechos humanos internacionales y de garantizar el respeto por la vida de las personas, la Declaración reconoce la interrelación existente entre la ética y los derechos humanos en el terreno concreto de la bioética.

Una aclaración es indispensable desde el punto de vista metodológico, se refiere al debate entre los filósofos liberales y comunitaristas. Estas dos corrientes se han opuesto, argumentado y contra argumentando durante las últimas décadas, porque parten de la defensa de principios diferentes, por lo tanto, sus ideas no pueden ser mezcladas de manera arbitraria. Sin embargo, hay propuestas de orden republicano que los autores comparten, una de ellas es la necesidad de disminuir la desigualdad, por ello es posible estructurar un discurso coherente donde se citen razones de unos y otros. Si el tema fuera migración o asilo esta integración sería imposible, contradictoria, pero sobre la ausencia de equidad hay compatibilidad entre los filósofos citados en este análisis.

En este texto se trata el concepto de derechos humanos, antes de referirse a la igualdad, la desigualdad y la diferencia, porque estos tres conceptos, ejes del análisis, están insertos dentro de esas prerrogativas de las personas.

Los derechos humanos son pensados, en primer lugar, junto al rol que ocupan la racionalidad y la afectividad en la promoción y vigencia de los mismos. Luego se habla de la igualdad como la lucha teórica por abolir privilegios; posteriormente se señala el lugar que el dinero tiene dentro de la sociedad actual: cómo, siguiendo a Walzer, ha rebasado su esfera y ha generado desigualdades que afectan el goce de los derechos humanos.Además se destaca su importancia dentro de la república de acuerdo con Dworkin. A continuación se habla del respeto a los diferencias; se justifica de acuerdo con Alexy: tratar de manera diferente a quienes son diferentes, ya sea por situación física o mental, por tener una discapacidad, o por pertenecer a una cultura diferente a la dominante; el enfoque se centra en los derechos relacionados con la salud.

En la sección siguiente se describe la desigualdad creciente y se muestra cómo, en el futuro inmediato aumentará, por ejemplo las personas más pobres perderán cosechas por la salinización de los mantos acuíferos, entre otras situaciones. Finalmente se hacen breves reflexiones.

PENSAR DESDE LOS DERECHOS HUMANOS

El concepto de derechos humanos ha evolucionado a lo largo de la historia; en este texto se usa el término para indicar el pensamiento y la acción realizados desde la Declaración Americana de Derechos y Deberes Humanos , del 2 de mayo de 1948 y la Declaración Universal de Derechos Humanos del 10 de diciembre del mismo año, junto con los documentos emanados como resultados de las mismas: Pactos y Convenciones siguientes.

Rabossi (1991) que ha sintetizado la evolución histórica de los mismos, indica cómo han pasado de ser derechos subjetivos individuales a derechos de personas colectivas, como los pueblos; sus estudiosos los enumeraban y en la actualidad se habla de las condiciones necesarias para hacerlos efectivos, tal como se muestra en este texto; su implementación universal fue seguida por sistemas regionales como la Comisión y Corte Interamericanas. Sus temas han variado a lo largo del tiempo, como sucede en este caso donde se relacionan con la bioética.

Si se parte del proceso anterior, en la actualidad los derechos humanos pueden ser caracterizados como:

prerrogativas propias de las personas y de los pueblos ante el poder de la autoridad, en primer lugar del Estado y también de particulares cuando están en situación de privilegio, reclamables mediante procesos jurisdiccionales y también no jurisdiccionales (ombudsman) (Guerra 2015:52).

Además, el cuidado de las personas, propio del pensamiento de los derechos humanos, no es incompatible con otras preocupaciones como tener presente que otras especies también sienten y que la Tierra tiene sus derechos, tal como lo indica el proyecto de Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra.

Los documentos internacionales son básicos en el análisis, porque los derechos humanos serán señalados dentro de un sistema económico y social donde reina la desigualdad injusta y donde, también, se prescinde no sólo de la dignidad de millones de humanos, sino que existe la explotación insensible de las otras especies y del planeta.

La estructura actual es un tejido único, tal como lo señala el pensamiento complejo. Aunque se clasifiquen en ellos aspectos civiles, políticos, sociales, culturales y religiosos, los derechos humanos son indivisibles, interdependientes e interrelacionados. Así lo dice la Declaración y Programa de Acción de Viena del 25 de junio de 1993. Actitud similar tiene la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos: destaca la diversidad, se refiere a los avances de la medicina, las ciencias de la vida, las tecnologías y también las necesidades específicas de las comunidades indígenas, además toma en cuenta las «dimensiones biológicas, psicológicas, sociales, culturales y espirituales» de las personas (DUBDH 2005).

Independiente de clasificaciones, es evidente la necesidad actual, indicada por lo s estudios disciplinares y por diversos saberes, incluidas las tradiciones ancestrales, de por lo menos disminuir la pobreza, el analfabetismo, y la desigualdad injusta de personas y pueblos, para lograr que los derechos humanos sean eficaces.

Fiel a su filosofía pragmática, Rorty deja a un lado las fundamentaciones y propone que se realice una educación sentimental que familiarice a personas diferentes para que dejen de mirar a los otros como cuasihumanos. Defiende que se eduque a las generaciones jóvenes en el respeto y la tolerancia; para ello es necesario formar esas cualidades desde un trabajo de los sentimientos, para que duela el dolor ajeno, y la injusticia sea insoportable.La literatura tiene su rol en esta tarea, el cine documental y el periodismo de investigación son básicos. Trabajo esencial sería señalar más las semejanzas humanas ante el dolor o el placer y la repugnancia hacia la tortura. Esta actitud, para llevar a la realidad los derechos humanos, es importante en bioética; si no nos conmueve que en 2016 hay miles de niños que mueren por deshidratación, todas las palabras sobran.

Nussbaum tiene una actitud similar, ha trabajado ampliamente el lugar de las emociones en la aplicación del derecho (2006) y ha respondido a la pregunta ¿por qué el amor es importante para la justicia? (2014).

En esta reflexión se coincide con los dos últimos autores: no es suficiente la argumentación racional, aunque es importante, necesita estar completada con educación emocional, para que las personas encaucen lo vivido y lo observado, y que la indiferencia ante el dolor del otro se aleje.

Se verá más adelante cómo el gran problema del presente es el valor desmedido que tiene el dinero, porque se ha creado un sistema donde sin capital no se accede a los derechos básicos. El estado ha delegado sus funciones en particulares, quienes se preocupan, básicamente, por obtener más fortuna.

DEFENSA DE LA IGUALDAD

Ya no se está ante la actitud igualitarista que pretendió abolir privilegios: aristocráticos, de poder, de riqueza, de gracia divina, de educación, raciales y sexuales. Walzer lo explica de manera clara: «Lo que genera la política igualitaria no es el hecho de que haya ricos y pobres, sino la posibilidad de que el rico “exprima al pobre”, de que le imponga la pobreza, de que determine su comportamiento sumiso» (Walzer 2004:10-11).

Como puede observarse detrás de las palabras del filósofo norteamericano está la negación de subordinación y dominación, ya sean personales o grupales.

Las personas son diferentes:unos son ágiles, otros torpes, unos ostentan fuerza física, otros requieren ayuda hasta para sobrevivir, agréguese a esto las diferencias en las cualidades intelectuales y artísticas, entre otras. ¿Dónde está la igualdad? La primera respuesta, dada por el sentido común, radica en que todos somos miembros de la misma especie, pero el tema exige un análisis más profundo, para ello se recurrirá al pensamiento de Dworkin y Walzer.

El lugar de la igualdad dentro de la sociedad actual ha sido ubicado enfáticamente por Dworkin al decir:

La igualdad de consideración es la virtud soberana de la comunidad política -sin ella el gobierno es sólo una tiranía-, y cuando la riqueza de una nación está distribuida muy desigualmente, como sucede hoy en día con la riqueza incluso de las naciones más prósperas, cabe sospechar de su igualdad de consideración (Dworkin 2003:11).

El estado es responsable de la desigualdad económica, porque aprueba leyes que perjudican o benefician a sectores de la población. Tanto para Dworkin como para Walzer igualdad no significa reparto idéntico sin considerar otros factores, no es quitarles constantemente a las hormigas para dárselo a las cigarras, de acuerdo con la fábula.

Es importante lo que Dworkin defiende como «igualdad de recursos», idea elaborada a través de tres ejes: los valores están interconectados, la vida humana es primordial y la responsabilidad individual tiene su parte, ideas básicas en la atención a la salud. Se opone a Isaiah Berlin quien entiende que los valores políticos más importantes, -la igualdad y la libertad- se hallan en conflicto; por el contrario, Dworkin los integra. También piensa diferente a Rawls, porque en la teoría del autor de Teoría de la justicia quedan fuera la moralidad política y las discusiones éticas sobre la vida buena, temas que preocupan a Dworkin. Él une la responsabilidad colectiva con la individual para que cada vida humana tenga éxito, logre objetivos, no sea «desperdiciada».

Su teoría se sostiene en dos principios:«igual importancia» y «responsabilidad especial». El primero indica que toda vida humana tiene importancia, esto es básico al elaborar la legislación, implica la no discriminación en cualquiera de sus formas, aunque esta noción no rige en las consideraciones familiares o de enemistad, donde hay prioridades. El segundo eje se refiere a que, si bien toda vida es valiosa, quien tiene responsabilidad especial es quien vive esa vida. Este puede elegir una existencia tradicional o ultramoderna y no debería ser forzado por la opinión de otros. En este aspecto el estado debe crear normas para que cada persona realice su plan de vida, no se debe influir en las personas sobre asuntos de interés individual. Este pilar interesa en el inciso siguiente de este análisis: cada vida necesita ser garantizada, pero dentro de libertad de elección y con responsabilidad individual para desarrollarla.

La igualdad ideal consiste en las circunstancias que hacen que las personas sean iguales, no en su bienestar, sino en los recursos para lograrlo; por lo tanto, Dworkin mantiene unidas la igualdad con la libertad (Dworkin 2003:133).

Por su parte, Walzer también rechaza la igualdad resultado de una sociedad donde todos tuvieran idénticos recursos, ésta sería la «igualdad simple», él pretende llegar a una noción de igualdad a la que llama «igualdad compleja», su propósito es describir una sociedad donde ningún bien sea medio de dominación. No privilegia bienes sociales comunes sino que, por el contrario, muestra áreas de vida de las personas -esferas-: en cada una hay un bien que la rige, no transferible a otra esfera (1). En Walzer la igualdad es el resultado del arte de diferenciar y distribuir.

La novedad del autor radica en pensar de manera opuesta a toda la historia de la filosofía, donde cada teórico ha diferenciado un sistema de distribución, mientras él muestra que los principios de la justicia son plurales, propios de cada bien social, distribuidos de manera peculiar en cada esfera:bienes sociales distintos deberían ser distribuidos por razones distintas, en arreglo a diferentes procedimientos y por distintos agentes; y que todas estas diferencias derivan de la comprensión de los bienes sociales mismos, lo cual es producto inevitable del particularismo histórico y cultural (Walzer 2004:19).

Un conjunto de bienes sociales constituye una esfera distributiva dentro de la cual hay criterios específicos de distribución, diferentes a los de las otras esferas. Así, el dinero corresponde a la esfera del mercado, pero es pecado la simonía, porque los cargos que acercan a Dios y a la espiritualidad no deberían estar a la venta.

La autonomía de cada esfera es relativa, porque recibe la influencia de otras, aunque esto no significa que dicha influencia sea determinante. La igualdad termina, en primer lugar, cuando un bien es dominante y tiene valor en todas las esferas y, en segundo término, cuando este bien es monopolizado por un grupo. El bien es dominante porque con él se adquieren otras ramas de bienes, así ha sido con el poder militar, el cargo político o religioso y la riqueza económica, entre otros.

El grupo de personas que monopolizan el bien dominante, constituyen la clase monopolizadora y el resto de personas está más o menos alejado de la posesión de otros bienes, es evidente la desigualdad.

La salud como bien (X) no ha de ser distribuida simplemente por la posesión del dinero (Y) prescindiendo del significado de la misma. En este punto es oportuno recordar los trabajos de Sandel con respecto a la clásica frase «hay cosas que el dinero no puede comprar»; no es lícito entregar dinero para perder peso o dejar de fumar, son éticamente incorrectos los permisos de procreación comercializables, la venta de sangre, entre otras situaciones (Sandel 2013). Hay bienes que el dinero puede comprar: objetos, mercancías, productos, servicios que no son suministrados comunitariamente, lujos, materias primas, entre otros. Cada cultura tiene sus mercancías típicas con su forma especial de producirlas, cambiarlas y conservarlas o destruirlas.La evolución del intercambio llegó al empleo del dinero como una medida de equivalencia e instrumento de transacciones.

El dinero está ubicado dentro de la esfera del mercado (Walzer 2004:116), el problema radica en que escapa a esta esfera: para pertenecer a la sociedad global actual hay que tener dinero e intercambiar. Éste incluso tiene un poder psicológico sobre la imagen propia y ajena de las personas. La psicología de la propaganda ha sabido manejar esta situación. El problema no está en el carácter simbólico que se le ha dado al dinero, sino en que se ha llegado a un estilo de vida generalizado donde rebasa su esfera.

La injusticia se presenta cuando los empresarios exitosos llegan al monopolio y así perjudican la libre competencia o que cualquier agente con dinero compre a huelguistas o que el capital domine dentro del poder político o que se paguen salarios que impidan vivir. Este es el presente: desigualdad en la posesión del dinero que impide el acceso a otros bienes y aleja la igualdad proclamada teóricamente.

¿Cómo se insertan las ideas anteriores dentro de la bioética? Dworkin, refiriéndose a la igualdad, toma un ideal de justicia en medicina al que llama «principio de rescate». El mismo tiene dos partes: la primera entiende que la vida y la salud son los bienes primeros y lo demás tiene que ser sacrificado por ellos; la segunda defiende que:

la atención médica debe distribuirse según una pauta de igualdad:incluso en una sociedad en la cual la riqueza es profundamente desigual y la igualdad es menos preciada en otros aspectos, no se debe negar la atención médica a nadie, aunque se trate de alguien demasiado pobre para afrontar el gasto (Dworkin 2003:335).

Aparentemente es un principio al que es fácil adherir, incluso podría proporcionar un criterio adecuado frente al racionamiento, pero Dworkin entiende que ni los grupos sociales, ni las personas pueden tenerlo como guía, porque no indica un límite al gasto, implicaría gastar todo lo que se pueda, hasta que sea imposible tener más ganancia en salud o expectativa de vida.

Esta imposibilidad se hace evidente en la actualidad: como la tecnología ha creado herramientas costosas para atender la salud y prolongar la vida, el gasto sería interminable. Pero, el principio de rescate es provechoso para responder a cómo se debe distribuir la atención médica, establece que si es necesario el racionamiento, éste no debe basarse en el dinero. Según el principio hay que tomar en cuenta el impulso igualitario, lo que significa que la atención médica debe ser distribuida conforme a la necesidad. El problema ahora se deriva en determinar qué es y cómo se mide la necesidad. En esta tarea hay factores a considerar: la posibilidad de éxito en una cirugía costosa, la calidad de vida obtenida, la edad del paciente, balancear aliviar el dolor de muchos o permitir tratamientos vitales de unos pocos, entre otras situaciones.

No todos los autores usan el vocabulario empleado a lo largo del texto, Rousseau distingue la desigualdad natural o física frente a la moral y política (Rousseau 2014). La primera es establecida por la edad, la salud, la fuerza corporal y las cualidades del espíritu. La segunda, depende de convenciones y está establecida por los hombres, a través de privilegios.A continuación, en el siguiente apartado, se hablará de la ausencia de igualdad natural a la que se llamará diferencia.

RESPETO POR LAS DIFERENCIAS

Las personas son iguales y simultáneamente son diferentes; hay aspectos en los cuales prima la semejanza, mientras que en otros destaca la desigualdad. Es célebre la frase aristotélica: «parece que la justicia es igualdad, y lo es, pero no para todos, sino para los iguales. Y la desigualdad parece ser justa, y lo es en efecto, pero no para todos, sino para los desiguales» (Política, III:1289; Ética nicomaquea V:6131a). La primera interpretación de las palabras anteriores, realizada por Alexy, consiste en pensar a las normas jurídicas como universales condicionadas: «para todo x vale que si x tiene las propiedades P1 , P2,…, Pn, entonces debe ser que para x valga la consecuencia jurídica C» (Alexy 1993:385).

Se respeta la igualdad de todas las x, si tienen una serie de características. Lo que aparentemente parece claro no lo es. Si se aplicara a casos donde el legislador quisiera perjudicar o beneficiar, bastaría con elegir condiciones similares. Por lo tanto, la igualdad formal es insuficiente y hay que recurrir a la igualdad material; porque nunca dos personas o dos situaciones son iguales en todos los aspectos, por ello Alexy expresa:

«Juicios de desigualdad que constatan la igualdad con respecto a determinadas propiedades, son juicios sobre relaciones tríadicas: a es igual a b con respecto a la propiedad P (propiedades P1 , P2, … Pn). Este tipo de juicios son juicios sobre igualdad parcial, es decir, una igualdad fáctica referida sólo a algunas y no a todas las propiedades del par de comparación. Son verdaderos si tanto a como b poseen la propiedad P (las propiedades P1 , P2, … Pn ). Lo mismo vale para los juicios de desigualdad» (Alexy 1993:387).

No existe una igualdad ni una desigualdad en todos los aspectos, por lo tanto el principio aristotélico remite a la igualdad y a la desigualdad valorativa, relativizada de tres maneras:primero, relativa a igualdades o desigualdades fácticas parciales; segundo, es relativa a determinados tratamientos, y, tercero, la relativización es con respecto a un criterio de valorización, el cual indica qué es igual y desigual.

El problema radica en responder quién tiene la competencia para formar un juicio de valor que se reflejará en la norma, si es el legislador, o el Tribunal Constitucional (o quien lo sustituya según el sistema jurídico).

Para el máximo órgano de justicia alemán hay dos posibilidades prohibidas al legislador: «Lo esencialmente igual no debe ser tratado arbitrariamente en forma desigual […] Lo esencialmente igual no debe ser tratado en forma desigual» (Alexy, 1993: 394). Esto último ocurre cuando no es posible encontrar un motivo razonable que surja de la naturaleza de la cosa, por lo tanto se está ante un problema de valoración ontológica. Luego de este análisis Alexy toma la idea del Tribunal que expresa:

si no hay razón suficiente para la permisión de un tratamiento desigual entonces está ordenado un tratamiento igual…y si no hay ninguna razón suficiente para la permisión de un tratamiento igual, entonces está ordenado un tratamiento desigual (1993:395/396).

En ambas fórmulas se exige argumentar, no hay prioridad del principio de igualdad; se exigiría en cada situación su fundamentación. Por ello Alexy propone que siempre exista un tratamiento igual como principio general y «si hay una razón suficiente para ordenar un tratamiento desigual, entonces está ordenado un tratamiento desigual» (1993:397). Queda así salvada la prioridad de la igualdad.

En este texto se defiende que el análisis será en cada uno de los casos o circunstancias, pensando qué es más determinante para mantener, fomentar o propiciar la calidad de vida: la igualdad o la diferencia. Se obtendrán respuestas temporales y espaciales por ejemplo, en el acceso a un edificio por personas con discapacidad, donde hay que privilegiar la diferencia. Pero, en el caso de votar, es prioritaria la igualdad.Las diferencias que interesan en este análisis son las vividas por personas con discapacidad y las establecidas por criterios culturales diferentes a los de la sociedad dominante: son los dos casos con los que continua este texto.

La situación de discapacidad es un claro ejemplo de las diferencias defendibles, además tiene relación directa con los temas de salud, por ello se la ha elegido para continuar con la reflexión.

La discapacidad está en relación con el entorno: se es incompetente de acuerdo con las estructuras que presenta la sociedad, pero estas pueden modificarse. Simultáneamente, tal condición cambia a través de la vida de cada persona: alguien calificado como capacitado puede dejar de serlo y a su vez se puede producir el proceso a la inversa. A medida que aumenta la expectativa de vida, la independencia de las personas se asocia a una situación temporal. El envejecimiento de la población da mayor relevancia al tema, los adultos mayores tienen límites, la discapacidad está muy cerca.

La Convención de las Naciones Unidas sobre los derechos de las personas con discapacidad establece en el artículo primero:

Las personas con discapacidad incluyen a aquellas que tengan deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales a largo plazo que, al interactuar con diversas barreras, puedan impedir su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con los demás.

El mismo documento aclara que el objetivo de enfocar el tema es reconocer y permitir la contribución al bienestar general que realizan o pueden realizar estas personas.

Si bien es cierto que los pactos y convenciones – como el Pacto Internacional de Derechos y Políticos, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y la Convención Americana sobre Derechos Humanos- establecen derechos para cualquier ser humano, por diversas razones, son insuficientes para permitir la inclusión de las personas discapacitadas dentro del grupo social. De hecho, este sector de la sociedad ha sido ignorado, a veces estigmatizado y en otras ha recibido la lástima general que ha conducido a medidas de asistencia social.Las formas de acceso a los lugares que permiten la inclusión social -como el trabajo o espacios de recreación- han sido diseñadas de tal manera que impiden o hacen difícil la presencia de discapacitados. Así, aunque los derechos son reconocidos de manera universal, en la realidad no los pueden disfrutar las personas con discapacidad.

El rechazo a un cuerpo diferente crea una desigualdad resultado de la «discriminación por motivos de discapacidad». La persona con discapacidad tiene derecho al reconocimiento de su personalidad jurídica.

Por la misma Convención, los estados se comprometen a proporcionarles acceso al apoyo que puedan necesitar en el ejercicio de su capacidad jurídica. El objetivo es que se respeten los derechos, voluntad y preferencias de la persona y que no haya conflicto de intereses ni influencia indebida.

La situación legal de persona capaz queda garantizada en el artículo 5:

los Estados Parte tomarán todas las medidas que sean pertinentes y efectivas para garantizar el derecho de las personas con discapacidad, en igualdad de condiciones con los demás, a ser propietarias y a heredar bienes, controlar sus propios asuntos económicos y tener acceso en igualdad de condiciones a préstamos bancarios, hipotecas y otras modalidades de crédito financiero y velarán por que las personas con discapacidad no sean privadas de sus bienes en forma arbitraria.

Con respecto a la atención de la salud del discapacitado, la DUBDH en su artículo 7 habla del consentimiento otorgado por las personas carentes de capacidad; el texto subraya que la autorización debe «obtenerse conforme a los intereses de la persona interesada», tanto para lograr el consentimiento como para revocarlo. Asimismo establece que las actividades de investigación deben redundar directamente en provecho de la salud de la persona interesada. Agrega que:Las actividades de investigación que no entrañen un posible beneficio directo para la salud se deberían llevar a cabo únicamente de modo excepcional, con las mayores restricciones, exponiendo a la persona únicamente a un riesgo y una coerción mínimos y, si se espera que la investigación redunde en provecho de la salud de otras personas de la misma categoría, a reserva de las condiciones prescritas por la ley y de forma compatible con la protección de los derechos humanos de la persona. Se debería respetar la negativa de esas personas a tomar parte en actividades de investigación.

En el modelo de contrato social, al presentar a los contratantes como adultos racionales, iguales e independientes, se subraya el valor de cada persona y se anulan las diferencias creadas por clase, riqueza, estatus o cualquier otra jerarquía creada por el poder. Para los clásicos, los agentes del contrato social son hombres con capacidad similar, con posibilidades de desarrollar una actividad económica productiva. Entre quienes realizan el contrato social no están las mujeres, los niños y los adultos mayores.

Los discapacitados nunca fueron considerados parte de la esfera pública. Para Nussbaum el hecho de que las personas con discapacidades -pero plenamente capacitadas para realizar una elección política- hayan sido excluidas, es una carencia en las teorías de la justicia (2007:109).

Una sociedad justa, además de promover la vida del discapacitado, necesita incluir las cargas que llevan los cuidadores de estas personas. En las teorías usuales sobre justicia se ubican las cargas económicas, en el caso de los cuidadores hay que reconocer el trabajo, el salario merecido y las oportunidades para encontrar un empleo satisfactorio. El trabajo de asistencia necesita ser reconocido y pagado y, además, hay que evitar la explotación del cuidador. Hace unas décadas esta actividad la desempeñaban las mujeres que no trabajaban fuera del hogar.En la actualidad las mujeres tienen derecho a realizar cualquier trabajo y es deseable que tengan la opción de aceptar o rechazar cumplir con una actividad difícil y desgastante. Tener un hijo discapacitado es una exigencia de cuidado para ambos progenitores, no sólo para la madre.

Otros aspectos que interesa pensar, con respecto a las diferencias entre las personas, son los vividos por quienes pertenecen a culturas minoritarias.

En bioética la protección a los derechos de los indígenas y a su cosmovisión se encuentra en documentos internacionales. Así La Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas establece en el artículo 24: «1. Los pueblos indígenas tienen derecho a sus propias medicinas tradicionales y a mantener sus prácticas de salud, incluida la conservación de sus plantas medicinales, animales y minerales de interés vital.»

Contenido paralelo a las ideas anteriores aparece en el artículo 31:

1. Los pueblos indígenas tienen derecho a mantener, controlar, proteger y desarrollar su patrimonio cultural, sus conocimientos tradicionales, sus expresiones culturales tradicionales y las manifestaciones de sus ciencias, tecnologías y culturas, comprendidos los recursos humanos y genéticos, las semillas, las medicinas, el conocimiento de las propiedades de la fauna y la flora, las tradiciones orales, las literaturas, los diseños, los deportes y juegos tradicionales, y las artes visuales e interpretativas. También tienen derecho a mantener, controlar, proteger y desarrollar su propiedad intelectual de dicho patrimonio cultural, sus conocimientos tradicionales y sus expresiones culturales tradicionales.

Sin embargo, en la realidad cotidiana, estos principios y normas, nacionales e internacionales, no se cumplen.

Cada ser humano tiene diferente manera de vivir, permitir la heterogeneidad conduce a evitar exclusiones, con ello se obtiene un sentido de pertenencia al grupo, necesario para un desarrollo económico, social y humano que conduzca a una disminución de la pobreza. Reducirla es tarea vigente para los que impiden el ejercicio de los derechos.

No sólo es agravante ser pobre, también lo es ser mujer, o ser indígena, entre otras.La DUBDH tiene una visión similar, establece sus artículos: reconociendo que una manera importante de evaluar las realidades sociales y lograr la equidad es prestando atención a la situación de la mujer…destacando la necesidad de reforzar la cooperación internacional en el ámbito de la bioética, teniendo en cuenta en particular las necesidades específicas de los países en desarrollo, las comunidades indígenas y las poblaciones vulnerables.

Compleja y frecuente trama de desigualdades. Pero una aclaración es necesaria: una práctica cultural es indefendible si viola los principios básicos de los derechos humanos. En las culturas tradicionales la mujer suele ocupar un lugar inferior al del hombre y esto es inaceptable. En este análisis se discrepa con algunas posturas teóricas que dan superioridad a los derechos colectivos frente a los derechos individuales; se defiende lo opuesto: cada persona tiene la legítima opción de oponerse a las costumbres de su grupo y éstos nunca son legítimos si lesionan derechos básicos. Idea similar defiende la DUDH, en el artículo 12 establece:

Se debería tener debidamente en cuenta la importancia de la diversidad cultural y del pluralismo. No obstante, estas consideraciones no habrán de invocarse para atentar contra la dignidad humana, los derechos humanos y las libertades fundamentales o los principios enunciados en la presente Declaración, ni tampoco para limitar su alcance.

Se han analizado diferencias a respetar, resta hablar de situaciones injustas, antagónicas con respecto a la igualdad entre las personas: las desigualdades económicas y sociales.

INJUSTICIA DE LA DESIGUALDAD

La desigualdad aumenta e impide el goce de los derechos. Para Stiglitz, a pesar de las diferencias políticas entre los países, hay consenso, tanto en Oriente como en Occidente, con respecto a que los sistemas económico y político han fracasado y son injustos (2012: 23). En numerosas naciones a los dos actores señalados se puede agregar la administración de justicia.La población está preocupada por el desempleo creciente, mientras que la canasta básica sube de precio y la codicia de unos pocos no tiene límites.

La hipótesis del contrato social concibe la unión de las personas por las ventajas así obtenidas: entre ellas, mayor seguridad y bienestar frente a una vida individual y aislada. Uno de los aspectos de la seguridad es la salud pública y la previsión en general, en una época donde el aumento de la duración de la vida humana está asociado con mujeres y hombres incapaces de sostenerse totalmente por sí mismos, en una edad avanzada, dadas situaciones físicas, psíquicas o económicas.

Pero, lo que teóricamente puede escribirse fácilmente, es de complicada ejecución. Los alimentos y el ambiente, entre otros, necesitan ser controlados por el poder político para proteger la salud, mientras tanto, quienes se dedican a suministrar estos bienes generalmente se oponen a dichos controles, porque suelen buscar, primordialmente, el beneficio económico. Frente a estos últimos es necesario recordar el contrato como un esfuerzo redistributivo. Walzer expresa:

He aquí entonces una concepción más exacta del contrato social: un acuerdo para redistribuir los recursos de los miembros en arreglo a una noción compartida de sus necesidades, y sujeto a continua determinación política de sus detalles. El contrato es un vínculo moral. Relaciona a los fuertes con los débiles, a los afortunados con los desafortunados, a los ricos con los pobres, creando una unión que trasciende toda diferencia de intereses, tomando su fuerza de la historia, la cultura, la religión, el lenguaje, y así sucesivamente (Walzer 2004:93)

Los impuestos recabados tendrían como finalidad satisfacer las necesidades comunes: salud, educación e infraestructura, con porcentajes graduados proporcionales a los ingresos, para, de esta manera, realizar cierta redistribución cercana a la justicia.En la realidad esto no sucede, porque los más ricos tienen diversas formas de descontar gastos, crear fundaciones a su nombre que les dan prestigio, acreditar egresos que pueden restar de lo que deben pagar de impuestos, dentro de muchos otros procedimientos. Además, en abril de 2016 se conoció, a través de los llamados «papeles de Panamá», cómo políticos, empresarios, artistas y deportistas célebres ocultan sus fortunas en paraísos fiscales, lo que pone en evidencia, una vez más, que los llamados «contribuyentes cautivos» son quienes realmente pagan impuestos y son, además, quienes reciben menos ingresos. Mientras esto sucede, la población mayoritaria, la que trabaja para cubrir sus necesidades básicas, compra bienes y servicios pagando el «impuesto sobre el valor agregado» con una tasa no sólo independiente del ingreso recibido sino inevitable.

Desde la crisis de 2008-2009 quedaron claras algunas ideas: los mercados no estaban funcionando como los economistas decían, amparados en la «mano invisible» de Smith, no eran eficientes ni estables, el sistema político lo había permitido y había aumentado la desigualdad.

A la enumeración anterior pueden agregarse los sistemas políticos y de administración de justicia que también son responsables de la situación, porque, si lo desearan, crearían normas jurídicas para impedir lo que sucede y aplicarían las leyes al caso, teniendo presentes convenios y tratados internacionales.

El futuro se visualiza peor, con la llamada cuarta revolución industrial, donde la automatización, mediante el empleo de robots, sustituirá a las personas. Así peligran el 47% de empleos de los Estados Unidos de acuerdo con Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne (Blanco 2016).

Otro peligro se anuncia: la impresión en tercera dimensión fortalecerá a quienes posean capital y tecnología, tendrá n la posibilidad de producir cualquier objeto, incluso órganos.En el foro de Davos 2016, su fundador, Klaus Schwab expresó que la revolución tecnológica alterará la forma de vivir, trabajar y relacionarse, aunque no se sepa de qué manera lo hará y pidió, ante la emergencia, acción coadjunta de los sectores público, privado, de la academia y de la sociedad civil (Blanco 2016).

Entretanto las desigualdades sociales siguen creciendo. El economista Vincenç Navarro ha escrito el lado complementario de la investigación de Piketty, pues es imposible entender la evolución de las rentas del capital sin entender la evolución de las rentas del trabajo. Las dos están íntimamente relacionadas, ya que el crecimiento desmesurado de las rentas del capital en los últimos años se ha llevado a cabo a costa del descenso de las rentas del trabajo» (Blanco 2016).

Para Stiglitz la desigualdad actual fomenta una economía menos eficiente y menos productiva, además de crear inestabilidad. Este sistema se funda en tres ideas: primero, la reducción de las inversiones públicas en sectores como la salud: se deja casi todo en manos de la empresa privada; segundo, una economía distorsionada porque su motor básico es el aumento de las renta: se pospone la regulación jurídica; y, tercero, la indiferencia ante la situación emotiva, desilusionada, de los trabajadores (2012:114).

La situación anterior se aprecia en la industria farmacéutica donde los precios de las medicinas son tan superiores a sus costes de producción que las empresas del ramo gastan enormes cantidades en convencer a médicos y a pacientes de que los utilicen. Se emplea más dinero en mercadotecnia que en investigación y ésta tiene como objetivo aumentar las rentas. La preocupación menor es solucionar la situación de los pacientes. Además, las investigaciones sobre economía ecológica indican que el cambio climático tendrá efectos sobre la sociedad.Barkin estima que en Centro y Sudamérica, en las costas de los dos océanos, la población de escasos recursos tendrá que abandonar sus comunidades porque la tierra de cultivo será inutilizable a causa de las filtraciones salinas en los mantos acuíferos. El problema no aquejará a quienes tengan recursos económicos y puedan poseer plantas desalinizadoras o tengan la opción de sembrar cultivos resistentes a la salinidad, pero si afectará la seguridad alimentaria en las regiones pobres costeras (Barkin 2016).

No sólo estarán en peligro los alimentos, también el acceso a los medicamentos, incluso los genéricos, más baratos, para la población de las doce naciones que negociaron el Acuerdo de Asociación Transpacífico (ATP). El ATP extenderá el monopolio de las compañías farmacéuticas, porque les permitirá continuar con el mismo, más allá de los veinte años establecidos anteriormente. El tratado forzará a los países firmantes a cambiar las leyes locales que protegen el derecho a la salud y permitirá la jurisdicción de tribunales supranacionales, si las ganancias de las empresas son afectadas, bajo el pretexto de proteger la propiedad intelectual y la investigación (González 2016).

La desigualdad es consecuencia de políticas gubernamentales que admiten o prohíben la acción de la tecnología, los mercados y la sociedad. Esta realidad permite pensar que el equilibrio injusto y frágil que hoy se vive, puede ser modificado si existe voluntad para ello.

Los derechos humanos, la deontología y la bioética están íntimamente relacionados; no es correcto aislar los temas de bioética dedicados a la conducta personal de los de la salud en hospitales, actividades farmacéuticas o de investigación: el sistema político-económico es uno, es un entramado.

Así también lo entiende la DUBDH cuando dice que los progresos de la ciencia y la tecnología deberían fomentar

a.el acceso a una atención médica de calidad y a los medicamentos esenciales, especialmente para la salud de las mujeres y los niños, ya que la salud es esencial para la vida misma y debe considerarse un bien social y humano;

b. el acceso a una alimentación y un agua adecuadas;

c. la mejora de las condiciones de vida y del medio ambiente;

d. la supresión de la marginación y exclusión de personas por cualquier motivo; y

e. la reduccción de la pobreza y el analfabetismo”

REFLEXIONES FINALES

La secuencia del texto indica el argumento que se desea mostrar. Una vez establecido un concepto de derechos humanos y la necesidad de conocerlos no sólo con la razón, sino también con la afectividad, se aborda el tema de la igualdad. Ésta no significa idéntica cantidad de recursos económicos o de otra índole, porque cada persona tiene intereses y posibilidades diferentes y la buscada igualdad se perdería en unas horas.

La igualdad hoy no gira en torno a abolir privilegios a nobles, clérigos o militares, a pesar de que estos últimos todavía tienen prerrogativas especiales, sino a mostrar cómo se agrava la ausencia de igualdad por el valor que el dinero tiene en la sociedad actual. Dado que son pocos quienes poseen grandes capitales y los bienes comprables son demasiados -incluyen educación y salud-, poseer cuantiosos ingresos ha rebasado «su esfera» de acuerdo con el vocabulario de Walzer. Esta desigualdad económica es la que impide disfrutar los derechos humanos, porque hoy casi todo se compra, aunque desde el punto de vista ético esto no debería suceder. El dinero permite una alimentación sana, descanso, educación, se ha vuelto condición necesaria para la salud, aunque no suficiente, pues numerosas personas ricas enferman por diversos motivos, pero sus males disminuyen porque pueden pagar paliativos.El estado brinda atención sanitaria, pero con frecuencia ésta no está presente cuando se tiene el problema, se pospone para citas acordadas meses después, por esto se pagan las consultas médicas, los medicamentos, la atención hospitalaria, al personal de enfermería para que cubra horarios que los familiares, al trabajar, no pueden abarcar, y por otros servicios menos usuales como renta de vientres, entre otros.

Quienes poseen escasos recursos tienen serias dificultades en acceder a los avances de la medicina, las ciencias de la vida, las tecnologías conexas, para que se respete la dignidad de la persona, los derechos humanos y las libertades fundamentales, parafraseando la DUBDH.

El problema está en la distribución del ingreso y en las políticas actuales donde el estado deja de ser el sostén básico en materia de salud y delega su función en la empresa privada, preocupada ésta por sus ganancias y muy poco comprometida con los pacientes. La investigación sigue el mismo camino.

Se trata de un problema estructural, no se soluciona atacando un área. Dentro de este tejido hay diferencias que es necesario tomar en cuenta, son las ocasionadas por situaciones físicas, mentales o culturales. Ejercer la justicia: cómo tratar «a los diferentes de manera diferente», se ha justificado en este artículo de acuerdo con el razonamiento de Alexy.

Las personas con discapacidad son protegidas por una convención, pero hay múltiples obstáculos para su cumplimiento, tal como se ha señalado en el texto. Es básico pensar que no es un problema de los afectados, sino de la sociedad, poco incluyente. Hay un modelo de vida, con sus escuelas, oficinas, viviendas, entretenimientos, donde están ausentes los intereses de esas personas.En materia de salud también es importante respetar las diferencias culturales, en este caso la declaración sobre los derechos de los indígenas protege las medicinas tradicionales, las plantas medicinales, animales y minerales, pero en la realidad cotidiana todavía estos recursos son vistos con desprecio, como propios de pueblos primitivos.

Las personas con discapacidad y los indígenas, si no tienen ingresos relevantes, como suele suceder, están lejos de disfrutar de sus derechos.

La desigualdad económica aumenta año tras año, por lo tanto la situación se agrava.

¿Quién tiene la responsabilidad de revertir el proceso? En primer lugar el Estado, en un sistema jurídico las normas permiten o prohíben, y la sociedad está regida por ellas, incluso los sistemas financieros.

Si casi todo se puede comprar es porque los gobiernos lo permiten, tienen en sus manos mantener o modificar la situación.

Otro motor básico de la actualidad es la sociedad civil, a través de diversas organizaciones; la eficacia de los derechos humanos, en numerosas ocasiones, ha sido real por la acción de ONGs.

Hay que agregar además, la responsabilidad individual en la toma de decisiones con respecto a situaciones individuales y sociales.

La arbitrariedad del presente llega al hastío, es posible concebir un cambio de época con otro estilo de vida donde el dinero no pueda comprarlo casi todo, porque las personas no venden todo lo que hacen: donde se respeten las diferencias físicas, mentales o culturales.

El cambio es posible, pero no se vislumbra que las personas lo quieran conseguir en las condiciones actuales. Probablemente se busque una sociedad con menos desigualdad cuando las consecuencias de la misma hayan llegado a límites insostenibles

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(1)Las esferas básicas son: pertenencia, seguridad y bienestar, dinero y mercancía, cargo, trabajo duro, tiempo libre, educación, parentesco y amor, gracia divina, reconocimiento, poder político.

(*) Dra. en Filosofía. Profesora-Investigadora del Instituto de Estudios sobre la Universidad, de la Universidad Autónoma del Estado de México.

N. de la R.: Trabajo publicado en la Revista Redbioética/UNESCO, Año 7, Vol. 1 No. 13, enero – junio de 2016