Puertas abiertas a la integración de los divorciados vueltos a casar en nueva exhortación del papa Francisco

divorcioAmoris Laetitia (La Alegría del amor) es la nueva exhortación apostólica que escribió el sumo pontífice después de los dos sínodos de obispos en el Vaticano sobre la familia.

ROMA.- No hay ningún cambio de doctrina en Amoris Laetitia -La alegría del amor-, la esperadísima exhortación apostólica que escribió el papa Francisco después de los dos sínodos de obispos que hubo en el Vaticano sobre los desafíos de la familia, publicada hoy.

No obstante, tal como se esperaba y en línea con el documento final aprobado a fines de octubre pasado por la mayoría de obispos de todo el mundo después de semanas de encendidos debates, el nuevo texto magisterial de Francisco sí deja todas las puertas abiertas a una mayor integración de los divorciados vueltos a casar, así como de todos aquellos que participan de la vida de la Iglesia «de modo incompleto».

«Nadie puede ser condenado para siempre, porque esa no es la lógica del Evangelio. No me refiero sólo a los divorciados en nueva unión sino a todos, en cualquier situación en que se encuentren», afirma el Papa en el capítulo 8 del documento, el más novedoso, titulado «Acompañar, discernir e integrar», tres palabras clave para entender el nuevo enfoque pastoral al que es llamada la Iglesia de Francisco.

De 262 páginas en su versión en español, Amoris Laetitia, sobre el amor en la familia, recuerda que «el camino de la Iglesia es el de no condenar a nadie para siempre y difundir la misericordia de Dios a todas las personas que la piden con corazón sincero». Dividida en nueve capítulos y un total de 325 párrafos, la exhortación apostólica, que no caerá bien en sectores conservadores, llama a evitar «creer que todo es blanco o negro», y, significativamente, afirma que «ya no es posible decir que todos los que se encuentran en alguna situación así llamada «irregular» viven en una situación de pecado mortal».

En un lenguaje simple y directo, y de a tramos, también poético -cita a Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Mario Benedetti, Martin Luther King, Erich Fromm y la película La fiesta de Babette-, el Papa habla como un pastor que escuchó durante sus más de 50 años de sacerdote y obispo en Buenos Aires historias reales de todo tipo. Reflexiona sobre el amor y, también, sobre sus sombras, y sobre las dificultades concretas de las familias del mundo de hoy, marcado por la «cultura de los provisorio», el narcismo, el ritmo frenético, las dificultades económicas, la falta de trabajo, las guerras, las migraciones, la violencia, la explotación.

Y, con inmensa humanidad, da consejos prácticos y concretos para que las familias, gracias al amor de Dios, puedan superar los innumerables desafíos y crisis que viven.

En el documento, en el cual también hace autocrítica y admite que la Iglesia no supo transmitir la belleza del amor de la familia y llama a una mejor preparación de los sacerdotes en cuanto a estos temas, reafirma la indisolubilidad del matrimonio, que solamente es tal si formado por un hombre y una mujer. Y reitera que las uniones entre personas del mismo sexo no se pueden equiparar «simplísticamente» al matrimonio.

Las situaciones «irregulares», según el Papa

En el capítulo 8, que es el que más atención acaparó, trata las denominadas «situaciones irregulares», el tema que más dividió en los dos sínodos que hubo en el Vaticano, en octubre de 2014 y 2015. Allí, si bien el Papa no da el via libre general a que todos los divorciados vueltos a casar puedan tomar la comunión -algo que hasta ahora sólo podían hacer si viven como hermana y hermano, es decir, sin tener relaciones sexuales-, ni dictamina una nueva norma, tampoco cierra esa posibilidad. Al contrario, deja todas las puertas abiertas. De hecho, asegura que después de recorrer un camino de «discernimiento» personal y pastoral y de un análisis de cada caso particular, la exclusión de los divorciados vueltos a casar puede superarse. Los divorciados vueltos a casar no sólo no pueden comulgar, sino que tampoco pueden ser padrinos de bautismo o confirmación, ni leer lecturas en misa, entre otras prohibiciones, como el propio Papa destacó en una entrevista con LA NACION, en diciembre de 2014.

En el texto, no obstante, Francisco no menciona esto. Consciente de que sectores conservadores están obsesionados con la prohibición de la comunión a los divorciados vueltos a casar, tal como había ocurrido en el documento final del sínodo pasado, en Amoris Laetitia no aparece la palabra «comunión».

 

fuente: http://www.lanacion.com

 

 

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