La conducta de la víctima provoca la ruptura total del nexo causal si circula por un lugar vedado al tránsito peatonal que convierte el accidente en una circunstancia irresistible.

Prohibido pasoPartes: Soto Claudia Fabiana c/ Bacigalupo Pedro Orlando y otro s/ daños y perjuicios

Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil

Sala/Juzgado: B

Fecha: 25-feb-2013

Cita: MJ-JU-M-78394-AR | MJJ78394 | MJJ78394

Circular por un lugar vedado al tránsito peatonal configura un accionar de una imprevisibilidad tal que convierte el accidente en una circunstancia irresistible, provocando la conducta de la víctima la ruptura total del nexo causal.

Sumario:

1.-Corresponde confirmar la sentencia apelada en cuanto rechazó la demanda entablada por los familiares de quien falleciera tras ser atropellado, en tanto en autos ha quedado acreditado que la víctima circulaba por un lugar vedado al tránsito peatonal lo cual configura un accionar de una imprevisibilidad tal que convierte el accidente en una circunstancia irresistible, es decir, imposible de evitar, provocando la conducta de la víctima la ruptura total del nexo causal.

2.-El accionar de un peatón que, violando la normativa que indica que debe transitar alejado de la calzada, o, en su defecto, por la banquina en sentido contrario al tránsito del carril adyacente, y portando brazaletes u otros elementos retrorreflectivos para facilitar su detección; se lanza a cruzar una ruta provincial, de noche, bajo la llovizna, sin contar con los elementos que faciliten su visibilidad y, habiendo consumido sustancias que alteraban sus facultades psicomotrices, conduce a asegurar que el occiso actuó de forma arriesgada y harto imprudente; y que dicha conducta tuvo virtualidad suficiente para interrumpir el nexo de causalidad y constituirse en causa del hecho.

Fallo:

Buenos Aires, Capital de la República Argentina, a los 25 días del mes de Febrero de dos mil trece, reunidos en Acuerdo los Señores Jueces de la Excma. Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, Sala B, para conocer en los recursos interpuestos en los autos caratulados: “Soto, Claudia Fabiana c/Bacigalupo, Pedro Orlando y otro s/ daños y perjuicios” respecto de la sentencia de fs. 401/413vta. el Tribunal estableció la siguiente cuestión a resolver:

¿Es ajustada a derecho la sentencia apelada?

Practicado el sorteo resultó que la votación debía efectuarse en el siguiente orden Señores Jueces Doctores: MAURICIO LUIS MIZRAHI.-CLAUDIO RAMOS FEIJOO.- OMAR LUIS DIAZ SOLIMINE

A la cuestión planteada el Dr. Mizrahi, dijo:

I. Antecedentes

La sentencia de primera instancia, obrante a fs. 401/413vta., resolvió rechazar -con costas- la acción promovida por Claudia Fabiana Soto -quien lo hizo por su propio derecho y en representación de sus hijos menores Johana Melisa Monzón, Walkiria Jackeline Monzón, Ethel Tiziana Naiara Monzón, Axel Alexander Henry Monzón y Williams Ricardo Monzón- contra Pedro Orlando Bacigalupo, y en la cual resultó citada en garantía “Productores de Frutas Argentina Cooperativa de Seguros Limitada”.

Destácase que la presente litis tuvo su origen en la demanda que luce agregada a fs. 49/61. En esa oportunidad, los accionantes relataron que con fecha 5 de abril de 2007, y al encontrarse Ricardo Monzón caminando por la banquina de la ruta nacional 14, a la altura del km. 321 en cercanías de la ciudad de Chajarí, Pcia. de Entre Ríos, el demandado Bacigalupo -al comando de la camioneta Ford F-100 XLT dominio DTA-048- lo embistió desde atrás, causándole la muerte. Tal evento, precisamente, habría provocado a los pretensores -en su calidad de familiares del occiso- los diversos daños y perjuicios que reclaman en estos actuados.

II. Los agravios

Contra el referido pronunciamiento se alzó la parte actora, expresando agravios a fs.441/451 -pieza que mereció la réplica del demandado juntamente con la citada en garantía a fs. 453/462- y de la Defensora de Menores a fs. 463/465; quejas éstas últimas que fueron contestadas a fs. 468/470 por el emplazado también con su compañía aseguradora.

Los accionantes se agraviaron de que el juez de grado haya tenido por acreditado el quiebre causal de la responsabilidad objetiva en función de la culpa de la víctima, pues señalan que fue la excesiva velocidad desplegada por el conductor de la pick up lo que se constituyó en causa de la muerte del peatón Monzón.

La Defensora de Menores, por su parte, adhirió a la versión de los hechos planteada por los pretensores, sosteniendo que fue la imprudencia del aquí demandado la que ocasionó la muerte del padre de los niños, por lo cual aquél debe reparar los perjuicios a ellos ocasionados.

III. Cuestiones a dilucidar. Límites en su análisis

El thema decidendum de esta Alzada quedó circunscripto a determinar la atribución de responsabilidad por el evento acaecido y, si correspondiere, la procedencia y cuantía de los diversos rubros indemnizatorios solicitados en el escrito inaugural.

Antes de ingresar a la cuestión de fondo es menester efectuar una advertencia preliminar: en el estudio y análisis de los agravios he de seguir el rumbo de la Corte Federal y de la buena doctrina interpretativa. En efecto, claro está que los jueces no están obligados a analizar todas y cada una de las argumentaciones de las partes, sino tan sólo aquéllas que sean conducentes y posean relevancia para decidir el caso (ver CSJN, “Fallos”: 258:304; 262:222; 265:301; 272:225; Fassi Yañez, “Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, Comentado, Anotado y Concordado”, Tº I, pág. 825; Fenocchieto Arazi. “Código Procesal Civil y Comercial de la Nación. Comentado y Anotado”, T 1, pág.620). Asimismo, en sentido análogo, tampoco es obligación del juzgador ponderar todas las pruebas agregadas, sino únicamente las que estime apropiadas para resolver el conflicto (art. 386, in fine , del ritual; CSJN, “Fallos”: 274:113; 280:3201; 144:611).

Es en este marco, pues, que ahondaremos en la cuestión de fondo del caso sub examine.

IV. La atribución de la responsabilidad. Dudosa suficiencia recursiva de los agravios.

IV.a. He de señalar que sólo realizando un particular esfuerzo se puede sostener que los agravios de la actora recurrente cumplen con los requisitos exigidos por el art. 265 del ritual; pues resulta harto dudoso que el escrito en cuestión esté revestido de la necesaria suficiencia recursiva; esto es, la impugnación cabal y punto por punto de las motivaciones del fallo apelado. Sin embargo, no he de proponer que se declare desierto el recurso de marras en atención a la necesidad de salvaguardar el principio de defensa en juicio (art. 18 de la C.N.). Es este precepto, precisamente, el que para mi concepto impone utilizar la facultad que acuerda el art. 266 del C.P.C.C.N. con un criterio restrictivo; vale decir, acudir a ella cuando de una manera clara y acabada se opera una transgresión a la citada preceptiva legal; circunstancia que no se presenta en supuestos dudosos como los de autos. En tal sentido, este Tribunal viene declarando de modo concordante que en la sustanciación del recurso de apelación el cumplimiento de sus requisitos debe ponderarse con tolerancia, mediante una interpretación amplia que los tenga por cumplidos aun ante la precariedad de la crítica al fallo apelado. En otras palabras, si la fundamentación cumple en cierta medida con las exigencias del art. 265 del C.P.C.C.N., según un criterio de amplia flexibilidad, cabe estimar que se ha satisfecho la mentada carga procesal (ver al respecto mis votos in re “Hinckelmann c/ Gutiérrez Guido Spano s/ liq. de soc.conyugal” del 28/10/2005, ED 217-327, JA 2006-I-845, LA LEY, 2006-A, 679; íd., en autos “Menéndez c/ Alberto Sargo S.R.L. s/ ds. y ps.” del 23/11/2005; íd., in re “Berguer y otro c/ Periodismo Universitario S.A. s/ ds. y ps.”, del 31/3/2006, RcyS 2007-II-109. Ver, también, CNCiv sala E, del 24/9/74, LA LEY, 1975-A, 573; íd., Sala G, del 10/4/85, LA LEY, 1985-C, 267; íd., Sala H, del 15/6/2005, JA 2005, III, Fascículo 12, del 21-9-2005, p.58; entre muchos otros).

IV.b. Debe destacarse que no se encuentra controvertido en este proceso que el día 5/4/2007, a las 6hs. aproximadamente, se produjo un accidente a la altura del kilómetro 321 de la ruta 14, Pcia. de Entre Ríos. Sin embargo, sí se encuentra debatida la mecánica de dicho evento dañoso; pues mientras los accionantes sostienen que el fallecido Sr. Monzón se encontraba caminando por la banquina -de la mano de la ruta que se dirige hacia el norte-, el demandado refiere que la colisión se produjo cuando el occiso se encontraba en medio de la calzada de la autovía. Para dilucidar, entonces, el modo en que acontecieron los hechos debemos acudir a las pruebas rendidas en autos.

Para comenzar, resulta trascendental analizar las constancias de la causa penal Nº 6848/07 rotulada “Bacigalupo, Pedro Orlando s/homicidio culposo” que fuera traída ad effectum videndi et probandi para estos actuados y que en este acto tengo a la vista. En primer lugar, de la investigación efectuada en sede represiva surge que las condiciones de visibilidad el día de la colisión no eran buenas, pues lloviznaba (ver fs. 40) y era de madrugada.

También se recabó en el proceso penal la declaración del único testigo presencial del hecho; a la sazón, la hermana del aquí emplazado, quien viajaba en la pick up protagonista del choque.Según su relato “recuerda que estaba oscuro, era de noche todavía, el tiempo estaba feo, lloviznaba apenas una garúa, en el carril contrario circulaba un camión con las luces bajas, notando la declarante los pies de una persona que estaba parada en las dobles línes amarillas, es decir, en el centro de la ruta….su hermano…volantea como esquivando hacia su derecha sintiendo la declarante un impacto, luego su hermano salió hacia la banquina derrapando unos metros” (ver fs. 51 vta. de la referida causa penal).

Al respecto, es sabido que cuando nos hallamos -como en el caso- ante declaraciones de testigos que resultan ser familiares y/o amigos de las partes se impone que sus dichos deban ser analizados con la máxima rigurosidad y, en todo caso, necesitarán de otros elementos ratificatorios (ver CNCiv, Sala M, in re “Rentero, Baltasar G c/ Empresa de Transportes Teniente General Roca S.A.s/ daños y perjuicios”, del 11/12/1995; íd., Sala K, in re “Compañía Microómnibus La Colorada SACI c/ Calderón Soto, José s/ daños y perjuicios”, del 27/8/1997). Y bien, se observará que de las experticias accidentológicas producidas -tanto en el marco de la causa penal como del proceso civil- se confirma la versión de los hechos brindada por la declarante. Repárese que el perito convocado en la investigación penal aclaró que “surge como cadena de acontecimientos más probable que en circunstancias en que la camioneta F-100 circulaba de norte a sur por el carril oeste de la Ruta Nacional Nº14, al llegar a la altura del ingreso a la empresa LIMBA, colisiona a un peatón que estaba en la calzada en la zona centro de la misma” (ver fs. 114 de la causa penal).

Así las cosas, se impone desechar la mecánica del hecho relatada en el escrito inicial, y tener por acreditado en autos que el Sr.Monzón se encontraba al momento de la colisión detenido en la ruta sobre la línea divisoria central.

A su vez, un dato relevante a destacar es que de las constancias de autos surge que, conforme al análisis realizado al fallecido, dio positivo el examen de alcoholemia; en el cual se halló 2,48 g de alcohol etílico por litro de sangre (ver informe técnico químico nro. 57/08 obrante a fs. 80 de las actuaciones represivas). Es sabido que el alcohol es un depresor del sistema nervioso central que afecta los centros superiores, inhibiéndolos; por lo que su ingestión produce un aumento en el tiempo de reacción del individuo y en su capacidad de respuesta y adecuación; sin perjuicio de alterar la visión, la coordinación motriz, la atención y la concentración; y, en determinados grados de intoxicación, hasta puede comprometer la orientación temporo-espacial. Tal como señala el sub-comisario Jorge Rodolfo Giunti (bioquímico), de 1,50 a 2,50 gramos del alcohol por litro en sangre la persona se halla en el segundo período de intoxicación, en el cual se puede encontrar ataxia (marcha tambaleante) debido a su acción sobre el cerebelo, visión borrosa o doble, incoordinación muscular, disartria, hipotensión arterial y taquicardia, hipoglucemia, acidosis láctica e hipotermia. En este período se produce también la depresión del Sistema Nervioso Central, con alteraciones en los movimientos reflejos rápidos (ver fs. 82 del expediente penal).

La información referida, pues, se revela crucial a la hora de evaluar la conducta del occiso, que a la luz de los antecedentes recabados no puede sino calificarse de temeraria. Es que no cabe otro adjetivo para describir el accionar de un peatón que, violando la normativa que indica que debe transitar alejado de la calzada, o, en su defecto, por la banquina en sentido contrario al tránsito del carril adyacente, y portando brazaletes u otros elementos retrorreflectivos para facilitar su detección (ley 24449 art.28 b ) adoptada por la ley provincial 13.927 ); se lanza a cruzar una ruta provincial, de noche, bajo la llovizna, sin contar con los elementos que faciliten su visibilidad y -para colmo- habiendo consumido sustancias que alteraban sus facultades psicomotrices.

Todas las circunstancias mencionadas me hacen concluir, sin hesitación alguna, que el occiso actuó de forma arriesgada y harto imprudente; y que dicha conducta tuvo virtualidad suficiente para interrumpir el nexo de causalidad y constituirse en causa del hecho. Bien se ha observado que es un deber del peatón tener conciencia de su vulnerabilidad física; por lo que corresponde que adopte una adecuada precaución al ingresar a la zona que comparte con los automotores, motocicletas o biciclos, y tal obligación proviene no sólo de las normas de tránsito sino también del sentido común, y de una actitud que tienda a la conservación de la propia integridad (conf. CNCiv, Sala L, “Tarantola, Marta C. y otros c. Ribero, Mario A. y otros”, del 16/02/2006, DJ 04/10/2006, 378).

Acreditada entonces la culpa grave del reclamante queda, en el segundo tramo de nuestro estudio, resolver –como ya lo anticipé– si ese obrar ha interrumpido totalmente el nexo de causalidad, como ha sentenciado el juez de grado o si, de manera diferente, cabe atribuirle al encartado algún grado de responsabilidad por el accidente. En otros términos, corresponde dilucidar si el emplazado, obrando diligentemente y con prudencia, y en cumplimiento de las normas de tránsito, pudo de algún modo evitar la colisión.

En el particular, debe tenerse en cuenta -al merituar la conducta del emplazado- la existencia de una evidente prioridad de paso para los vehículos que transitan por la ruta, y la absoluta imprevisibilidad para el conductor de la presencia de un peatón detenido en el medio de aquélla.En ese sentido, es clara la jurisprudencia al decir que la existencia de un transeúnte que circula por un lugar vedado al tránsito peatonal configura un accionar de una imprevisibilidad tal que convierte el accidente en una circunstancia irresistible, es decir, imposible de evitar (conf. CNCiv, Sala F, 12/11/2003, “Gauna, María L. c. Castro, Carlos A. y otro” , LA LEY 2004-D, 1028; íd., Sala A, 19/05/2008, “Araujo, Angel Ramón c. Alonso, Gustavo César y otros” La Ley Online; AR/JUR/4391/2008; íd., Sala K, 03/09/2010, “Cáceres, Pedro Leonardo y otros c. Autopistas del Sol S.A.” AR/JUR/69088/2010). Esta situación también ha sido prevista por el legislador; pues le exige al peatón, en proximidades a una ruta en zona rural, extremar las medidas de precaución; esto es, caminar en sentido contrario al tránsito para ver los autos que se aproximan y contar con vestimenta que facilite su visión a la distancia (ley 24449 art. 28 b) adoptada por la ley 13.927).

Es que, como se ha sostenido acertadamente, los conductores son hombres, no dioses; y sólo quien conduce habitualmente un automóvil u otro vehículo análogo, sabe que la presencia intempestiva de un peatón en su línea de marcha, no siempre le permite frenar a tiempo o realizar una maniobra de esquive; de modo que la cuestión tiene que ser ponderada en cada caso, según las circunstancias y particularidades del hecho (ver CNCiv, sala G, del 20/10/2008, “Cárdenas, Marta María c. Negro, Alberto Carlos y otros”, LL 2008-F, 554).

En la causa se verifica que la visibilidad y posibilidad de reacción del emplazado era harto escasa, dado que la colisión se produjo de noche, lloviznaba, y -reitero- al tratarse de una ruta provincial la presencia de un peatón en medio de la calzada era una cuestión imprevisible.Ello me conduce a concluir que el conductor no tuvo oportunidad alguna de advertir a tiempo la presencia de la víctima, a pesar de obrar con la prudencia que la situación exigía, transitando por un lugar habilitado a tal fin.

Tampoco se acreditó en la causa que el conductor del automotor se desplazaba a una velocidad excesiva. Como lo señala el experto de autos, la pick up conducida por el demandado iba a aproximadamente 85 km./h, es decir, por debajo del límite máximo de 110 km/h vigente (ley 24.449) (ver fs.111). Es verdad que el perito hace saber que evidentemente la posibilidad de evitación del accidente era mayor a medida que reducimos la velocidad del rodado (ver fs. 112); mas esa aclaración -de por sí obvia- lejos está de alcanzar para responsabilizar al emplazado, en tanto éste no se hallaba incurso en ninguna infracción, de manera que en nada afecta la conclusión acerca de su accionar diligente. Téngase presente que en rutas no sólo deben respetarse las velocidades máximas, sino también las mínimas; lo cual constituye una medida de seguridad para el tránsito vehicular.

En definitiva, como se ha señalado de modo reiterado, no cabe duda que para que acontezca un hecho -en el presente caso, el lamentable accidente que costó la vida al Sr. Monzón- deben verificarse una serie de circunstancias que, sin embargo, no son todas ellas la causa jurídica del desenlace. Es que, a tenor de la directiva del art. 906 del Código Civil, no todas las condiciones necesarias de un resultado son equivalentes. Causa de un daño es solo aquella que según el curso natural y ordinario de las cosas es idónea para producir el resultado. Las demás condiciones, que no producen normal y regularmente ese efecto, serán sólo condiciones antecedentes o factores concurrentes (ver Bustamante Alsina, Jorge, “Teoría general de la responsabilidad civil”, novena edición, p. 270, Nº 590; Orgaz, Alfredo, “El daño resarcible”, ed. Marcos Lerner, p.43; esta Sala, 5-4-1999, “Tarrio Cabanas de Ludovico, Mercedes c/ Cabanne, Ana María s/ Daños y Perjuicios”, Expte. libre Nº 255.011; íd., íd., 23-11-2005, “Ayam, Alicia Mónica c/ Fernández Humble, Raúl s/ Daños y Perjuicios”, Expte. libre Nº 390.230, “La Ley Online”, Gaceta de Paz, Año LXXI, nº 3406, 27/4/2006, p. 1 y ss.; Infobae.com, del 13/2/2006; elDial.com AA3133; Uol Noticias, del 13/2/2006). De ahí que no cabe ninguna duda que el obrar del desafortunado Monzón ha sido la única causa eficiente del evento de autos.

Más allá de comprender el profundo dolor de los actores por la pérdida de un ser querido, no es posible trasladar a otro los daños ocasionados sin justificación jurídica atendible. Adviértase que, por un lado, estamos ante un peatón (la víctima) que se conduce temerariamente y, por el otro, con un conductor prudente (el demandado) que adopta todos los recaudos que la situación requería. Es que, de lo contrario, si se decidiera de otra manera, en los hechos se suprimiría el análisis de la responsabilidad; pues bastaría con la ocurrencia de un accidente en el que han intervenido un vehículo y un peatón para automáticamente responsabilizar al primero; lo cual no se condice con la normativa legal aplicable a la materia (ver CNCiv, Sala H, “Galacho, Alejandro R. c/ Chávez, Carlos R. s/ daños y perjuicios”, del 14/10/1998).

Cierro mi ponencia, entonces, afirmando que en el caso la conducta del Sr. Monzón ha provocado la ruptura total del nexo causal; situación que conlleva a concluir que ha mediado exclusiva culpa de la víctima en la producción del evento dañoso (art. 1111 del Cód. Civil). En tal virtud, he de proponer a mis colegas que se rechacen los agravios introducidos por los actores y se confirme la sentencia de primera instancia.

V.Conclusión

A tenor de las consideraciones fácticas y jurídicas desplegadas a lo largo del presente voto, propongo al Acuerdo confirmar la sentencia de primera instancia en todo cuanto ha sido materia de agravio. Las costas de Alzada se imponen a la parte actora vencida (68, 1era. parte , del CPCCN).

Los Dres. Díaz Solimine y Ramos Feijóo, por análogas razones a las aducidas por el Dr. Mizrahi, votaron en el mismo sentido a la cuestión propuesta.

Con lo que terminó el acto:

MAURICIO LUIS MIZRAHI.-

OMAR LUIS DIAZ SOLIMINE -.

CLAUDIO RAMOS FEIJOO -.

Es copia fiel del Acuerdo que obra en la Pág. nº a nº del Libro de Acuerdos de esta Sala B de la Excma. Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil.

Buenos Aires, 25 de Febrero de 2013.-

Y VISTOS: Por lo que resulta de la votación que instruye el Acuerdo que antecede, se resuelve: confirmar la sentencia de primera instancia en todo cuanto ha sido materia de agravio. Las costas de Alzada se imponen a la parte actora vencida (68, 1era. parte, del CPCCN).

Notifíquese y devuélvase.

 

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