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Rechazo de la demanda incoada por un ciclomotociclista embestido por un colectivo, ya que sobrepasó a un vehículo efectuando un mal cálculo del espacio.

shutterstock_41006779Partes: Martínez Eric Mauro c/ Feyen Walter Daniel y otros s/ daños y perjuicios

Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil

Sala/Juzgado: G

Fecha: 21-feb-2013

Cita: MJ-JU-M-77928-AR | MJJ77928 | MJJ77928

Se rechazó la demanda por la que el actor pretendió ser indemnizado por un accidente en el que un colectivo lo embistió mientras aquel circulaba en un ciclomotor, pues se demostró la imprudencia del accionante al sobrepasar al colectivo en una encrucijada realizando un mal cálculo del espacio para la maniobra.

Sumario:

1.-Corresponde rechazar la demanda incoada por un ciclomotociclista por un accidente en el que un colectivo lo embistió, pues quedó probada lo incorrecto de la conducta del actor quien en un avance por la encrucijada sobrepasó a un vehículo efectuando un mal cálculo del espacio.

2.-Si el daño deriva exclusivamente de la culpa del que lo ha sufrido, no se generará ninguna responsabilidad a cargo de la otra persona sindicada como responsable.

3.-Únicamente la víctima debe asumir las consecuencias derivadas de su obrar imprudente, pues en tal hipótesis se ha producido la quiebra del nexo causal entre el daño y el riesgo de la cosa.

4.-En el caso, adquiere especial relevancia el hecho de estar el micro detenido cuando fue impactado por el motociclista, lo que lo convierte en único y exclusivo elemento activo, por lo que es incuestionable concluir que los demandados han logrado revertir la presunción de responsabilidad que pesaba en su contra, al haberse probado que se ha producido la ruptura del nexo causal, por la interferencia de la conducta negligente de la propia víctima.

5.-De acuerdo con el art. 44, inc. f) de la ley 24449, en las vías de doble mano no se debe girar a la izquierda salvo señal que lo permita, se cita la ley nacional porque a la fecha del hecho ya no regía en el ámbito provincial la ley 11430 , sino el dec. 40/2007 .

6.-Los únicos que deben detenerse junto al carril correspondiente son los vehículos que esperan la habilitación de la flecha de giro, los demás que van a seguir por la misma arteria cuentan con luz verde para avanzar, como ocurre en el caso con el motociclista.

7.-No se puede dejar de poner de resalto que la moto había sido adquirida el mismo día del hecho, al extremo que al momento del impacto sólo había desarrollado 2 Km. de rodamiento: tal hecho podría determinar un indicio de desconocimiento del modo de desplazamiento o, en todo caso, de falta de práctica, lo que obligaba al actor a actuar con mayor precaución, sobre todo, porque era de noche y estaba circulando por una arteria de intenso tránsito, trasponiendo una intersección de iguales características y, lo que es más, estando instalado un semáforo de giro a la izquierda y con una modificación de manos del otro lado de la encrucijada.

8.-Es evidente que no es confesión lo que el declarante afirma en su favor, por ello, la absolución de posiciones sólo importa prueba confesional cuando el absolvente reconoce un hecho o acto que le es adverso y favorece a la parte contraria, mas carece de valor de convicción en favor del declarante cuando niega el hecho o acto que el ponente pretende acreditar o afirmar algo que le conviene..

9.-La confesión no prueba en favor del confesante sino en su contra, las afirmaciones del absolvente contrarias al hecho puesto por el ponente no configuran prueba de confesión, sino meras alegaciones que nada acreditan.

10.-Una pauta fundamental que el juez debe seguir consiste en la determinación del grado de convicción que le ofrece el testimonio en función de la mayor o menor verosimilitud de los hechos que expone, así como también a la mayor o menor facilidad con que pueden percibirse y recordarse.

11.-La valoración de la prueba testimonial constituye una facultad propia de los magistrados, quienes pueden inclinarse hacia aquellas declaraciones que les merecen mayor fe para iluminar los hechos de que se trate.

12.-En un juicio por daños y perjuicios es conveniente prestar especial importancia a los testigos que depusieron en sede penal, por ser los más próximos a la ocurrencia del accidente.

Fallo:

En la Ciudad de Buenos Aires, Capital de la República Argentina, a los 21 días del mes de Febrero de Dos Mil Trece, reunidos en Acuerdo los Señores Jueces de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, para conocer en el recurso de apelación interpuesto en los autos caratulados:» MARTÍNEZ, ERIC MAURO C/ FEYEN, WALTER DANIEL Y OTROS S/ DAÑOS Y PERJUICIOS», respecto de la sentencia de fs. 678/682, el Tribunal estableció la siguiente cuestión a resolver:

¿ES JUSTA LA SENTENCIA APELADA?

Practicado el sorteo resultó que la votación debía realizarse en el siguiente orden: Señores Jueces de Cámara Doctores BEATRIZ AREÁN – CARLOS ALFREDO BELLUCCI- CARLOS CARRANZA CASARES –

A la cuestión planteada la Señora Juez de Cámara Doctora Areán dijo:

I. La sentencia de fs. 678/682 rechazó la demanda interpuesta por Eric Mauro Martínez, con costas. Reguló los honorarios de los profesionales intervinientes.

Contra dicho pronunciamiento se alzó el actor a fs. 683, siendo concedido el recurso a fs. 684.

Expresó agravios a fs. 718/729, los que fueron respondidos a fs. 735/736. Se queja porque la juez de grado restó valor al resultado de lo actuado en la causa penal, desestimó la declaración que el accionante prestara en la misma, no evaluó que no fue tachada la idoneidad del testigo Flores Sequeiro, no analizó el riesgo o vicio de la cosa ni el rol del conductor del micro. En síntesis, la sentencia es arbitraria por carecer de razonamiento lógico y vulnerar la sana crítica impuesta a los jueces.

II.Según se relata en el escrito de demanda, el 18 de marzo de 2008, siendo aproximadamente las 20 horas, el motociclista luego de haber traspuesto casi la totalidad de la avenida Santa Fe, a la altura de su intersección con la avenida Galicia, de la localidad de Pineyro, Provincia de Buenos Aires, fue embestido en el lateral izquierdo y ángulo delantero izquierdo de la moto por el interno 69 de la línea 247, al emprender su conductor una maniobra de giro hacia la izquierda, adelantándose a la luz que lo habilitaba.

Surge de la causa penal agregada en autos en versión fotocopiada y que citaré conforme a la foliatura de estos últimos, que el personal policial que se constituyó en el lugar del hecho, poco después de sucedido, verificó la presencia del micro detenido sobre la avenida Galicia, casi esquina avenida Santa Fe y pegada a la parte delantera izquierda una moto de baja cilindrada sin patentes y a su lado un joven con signos de estar lesionado. En el sitio fue identificada la Sra. Nancy Gnesutta, quien refirió que estaba viajando en el micro, el que colisionó con una moto en su parte delantera. Ambas avenidas tienen doble sentido de circulación, pero la segunda arteria nombrada se torna de mano única a partir de ese cruce. Los semáforos funcionaban correctamente, existiendo una flecha para habilitar el giro de los vehículos que se desplazan por Galicia para ingresar en Santa Fe.

A fs. 387 -como ya dije, de la foliatura de autos-, prestó declaración en la seccional local a las 21 y 40 horas del mismo 18 de marzo de 2008, el testigo Flores Sequeira, quien dijo que, siendo las 20 y 20 horas, mientras caminaba por la calle Galicia con destino a su domicilio, al llegar al cruce con avenida Santa Fe, observó a un joven, el que luego de haber traspuesto totalmente Santa Fe a baja velocidad fue colisionado por un micro de la línea 247 que se hallaba sobre la avenida Galicia en sentido contrario, posicionado para efectuar el giro hacia la izquierda.No puede precisar si su conductor violó la luz roja pero está totalmente seguro que el joven pasó con luz verde. El micro estaba invadiendo la mano contraria, pero no puede detallar la distancia por no existir demarcaciones.

Al declarar a fs. 251/252 de estos autos, en fecha muy posterior a la anterior a pesar lo contrario que indicaría la foliatura, dicho testigo da una versión del hecho sustancialmente corregida, aumentada y especialmente «condimentada»: ya no estaba caminando simplemente por la avenida Galicia y presenció supuestamente el accidente a una distancia de cinco metros, sino que estaba cruzando el semáforo, o sea que debo suponer que marchaba por la senda peatonal allí existente, de acuerdo a lo informado por la municipalidad de Avellaneda. Sin embargo, apenas dos renglones después, sostiene que no estaba cruzando sino que iba a cruzar. Vio cuando el colectivo «justo tiene giro para doblar para el lado de Santa Fe». El testigo también aclara que «justo» vio el semáforo porque estaba por cruzar en el mismo sentido del colectivo pero de la mano contraria.

Es tal la confusión que emana de este testimonio que me animo a afirmar que, como precisó que la moto se acercaba de frente, todo lo que dijo haber visto habría ocurrido a sus espaldas. Además, dotado de una enorme facilidad para «ver» simultáneamente en distintas direcciones, sostiene de inmediato que «vio» los dos sentidos y además sabe que había otro colectivo detrás del interno 69.

Introduciendo una nueva variante en la relación «testigo-cruce de la intersección-semáforo», completa su peculiar panorama fáctico, afirmando que cuando estaba en la esquina miró el semáforo teniendo tanto él como el motociclista luz para cruzar. «Vio» también que el colectivo metió la trompa para doblar y ahí, volvió a mirar el semáforo para asegurarse que podía cruzar, estaba verde y podía cruzar.Culmina el cúmulo de desatinos expresando que el semáforo choca a la moto -es difícil imaginarse a un cuerpo estático chocando a otro móvil-, el semáforo no lo habilitaba para girar -¿a quién no habilitaba?, «por eso el semáforo de la moto también cruza, porque él sí tiene luz para cruzar la esquina» -más difícil aún es lograr componer la imagen de una moto con semáforo que cruza la esquina.

Interesante es resaltar que en esta oportunidad ubica el accidente entre las 7 y 15 y 7 y 20 horas, criticando al conductor del colectivo porque buscaba testigos y nadie se ofreció como tal. Recuerdo que al deponer el día del hecho a las 22 y 40 horas dijo que el siniestro ocurrió a las 20 y 20 horas y no mencionó para nada la preocupación de Feyen y el nulo éxito de su intento de muñirse de testigos.

Vuelvo a la causa penal. A fs. 391 declaró la testigo Gnesutta, quien sin ninguna duda se encontraba en el lugar por haber sido identificada por la policía hacia las 20 y 30 horas. Expresó que había ascendido al colectivo en Galicia y Santiago del Estero, una cuadra después se detuvo en Santa Fe porque el semáforo estaba en rojo. De pronto observó que una moto roja nueva conducida por un muchacho se desplazaba por Galicia en sentido contrario, así como otro auto sobre el que no puede precisar datos porque siguió la marcha. El motociclista quiso pasarlo por la izquierda embistiendo de frente al micro en la trompa con su parte delantera. La testigo estaba de pie detrás del conductor.

A fs. 162 de estos autos dicha testigo precisa que el colectivo estaba parado, el semáforo estaba en rojo, por la mano contraria circulaban una moto y un automóvil.Al querer pasar el motociclista, como no tenía espacio, la pierna pegó contra el paragolpes delantero, quedando la moto debajo de la rueda y el miembro inferior de Martínez debajo de la moto.

Nada tiene de peculiar que haya acompañado una fotocopia del boleto adquirido por la testigo al ascender al interno y que después de haber declarado en sede policial, sabiendo el proceso de borrado que sufren estos documentos, lo haya fotocopiado apuntando a la posibilidad de tener que adjuntarlo algún día.

Frente a los ataques virulentos que la parte actora ha dirigido a la señora Gnesutta, bueno es poner de resalto que se trata de una mujer profesional, es contadora, de modo que conoce reglas elementales de procedimiento. Prueba de su desarrollo intelectual es la claridad de sus dichos cuando fue intensamente repreguntada en la audiencia respectiva.

En el croquis de fs. 385 se ubica al interno 69 sobre el carril vecino a la divisoria de manos de avenida Galicia en el cruce con avenida Santa Fe, paralelo a esta última, frente al semáforo portador de la flecha de giro y a la moto tirada sobre el pavimento al lado del frente delantero izquierdo del micro y sobre el carril central pero de la otra mano.

A fs. 404 un perito policial describe que el interno presentaba destrucción en el paragolpes delantero lado izquierdo, al tiempo que el funcionamiento del sistema mecánico, eléctrico y frenos era bueno.

A fs. 654 se decreta el archivo de la causa por haberse extinguido la acción por prescripción.

A todo esto, a fs. 423 Martínez expuso que al llegar a la intersección la cruzó con la luz verde cuando fue embestido por el micro que estaba detenido sobre la avenida Galicia pero en sentido contrario, a la espera de la habilitación de la flecha para el giro.Agrega sin embargo que sin advertir su paso ni respetar el semáforo, comenzó el ingreso invadiendo la mano contraria, golpeándolo con la punta del paragolpes delantero del lado izquierdo.

Hay una notoria contradicción en esta exposición porque si el colectivo estaba detenido esperando la indicación del semáforo, ello no se compadece con que haya iniciado el giro invadiendo la contramano y violando la luz de la señal lumínica.

Además, no alcanzo a entender cómo pudo haberlo embestido si el colectivo estaba detenido.

Ante el tenor del agravio vinculado con la posición adoptada por la sentenciante anterior en cuanto a no dar relevancia a la declaración de Martínez, cabe recordar a la parte actora que ésa es la posición correcta, pues se trata de meras manifestaciones unilaterales, prestadas en otro proceso, sin contralor de la contraria, más aún, acordarles valor probatorio como se pretende, importaría tanto como tener por probado todo lo dicho en la demanda por el solo hecho de su exposición. Es obvio que la parte interesada va a intentar colocarse en una posición favorable a sus intereses.

Se ha definido la confesión como la declaración emitida por cualquiera de las part es respecto de la verdad de hechos pasados, relativos a su actuación personal, desfavorables para ella y favorables para la otra parte, de modo que queda descartada la figura de la confesión cuando el hecho beneficia a la parte que lo declara (Conf. Palacio, Lino E., Derecho Procesal Civil, 1999, LexisNexis – Abeledo-Perrot, Lexis Nº 2507/003541).

Es evidente que no es confesión lo que el declarante afirma en su favor (Conf. Colombo, Carlos J., Código Procesal…, 1969, Tomo III, p.483). Por ello, se ha dicho acertadamente que la absolución de posiciones sólo importa prueba confesional cuando el absolvente reconoce un hecho o acto que le es adverso y favorece a la parte contraria, mas carece de valor de convicción en favor del declarante cuando niega el hecho o acto que el ponente pretende acreditar o afirmar algo que le conviene (Conf. CNCiv., sala C, 20/03/1990, LL, 1990-D, 184 – DJ 1991-1, 13).

La confesión no prueba en favor del confesante sino en su contra (Conf. C.Apel. Civ. Com. Rosario, sala I, 12/05/2000, LL, 2001-A, 646, (43.295-S) – LLLitoral, 2000-1264); Las afirmaciones del absolvente contrarias al hecho puesto por el ponente no configuran prueba de confesión, sino meras alegaciones que nada acreditan (Conf. C. Apel. Civ. Com. Trelew, Sala I, 28/02/1995, Lexis Nº 15/4492). En definitiva, «la confesión es la «probatio probattissima» en contra del absolvente, no a su favor» (Conf. C. Apel. Civ. Com. Minas Paz y Trib. Mendoza,4ª,25/06/1985, Lexis Nº 33/12244).

Como puede fácilmente concluirse de la mera lectura de estos textos, aplicables por analogía, debe desecharse de plano el agravio del actor en tal sentido (Conf. L. 594.440, 8 de agosto de 2012, voto preopinante de la suscripta).

Asimismo, el art. 456 del Cód. Procesal dispone que «el juez apreciará, según las reglas de la sana crítica. las circunstancias y motivos que corroboren o disminuyan la fuerza de las declaraciones».

Queda en claro, en consecuencia, que en concordancia con, el principio general emanado del art. 386 , se subordina la apreciación de la prueba testimonial a las reglas de la sana crítica.

En tal sentido el magistrado goza de amplias facultades: admite o rechaza la que su justo criterio le indique como acreedora de mayor fe, en concordancia con los demás elementos de mérito obrantes en el expediente (Conf. Fenochietto-Arazi, Código Procesal Comentado, Tomo 2, pág.446).

Una pauta fundamental que el juez debe seguir consiste en la determinación del grado de convicción que le ofrece el testimonio en función de la mayor o menor verosimilitud de los hechos que expone, así como también a la mayor o menor facilidad con que pueden percibirse y recordarse (Conf. Palacio, Derecho Procesal Civil, Lexis Nº 2507/004573).

En definitiva, la valoración de la prueba testimonial constituye una facultad propia de los magistrados, quienes pueden inclinarse hacia aquellas declaraciones que les merecen mayor fe para iluminar los hechos de que se trate. La concordancia que puede descubrirse entre el mayor número, y en definitiva, las reglas de la sana crítica, han de señalar caminos de interpretación del juzgador (Conf. Falcón, Enrique, «Código Procesal Civil y Comercial .», T.III, pág.365 y sus citas).

En general se entiende que en un juicio por daños y perjuicios es conveniente prestar especial importancia a los testigos que depusieron en sede penal, por ser los más próximos a la ocurrencia del accidente.

Las apreciaciones referidas a percepciones tomadas en el mismo lugar del hecho, a poco de haber sucedido, cobran mayor valor probatorio, dada la inmediatez y en especial a la espontaneidad de su exposición.

Cuando transcurre cierto tiempo, en cambio, se torna necesario apreciar con mayor severidad la prueba, pues el recuerdo que se tiene de los hechos es inestable y susceptible de cambios y deformaciones, involuntarios o inducidos.

Ha sostenido la Sala que el juez debe meritar los dichos de los testigos que le merecen mayor poder de convicción, entre los cuales se encuentran los de los testigos presenciales del hecho (Conf.esta Sala, 12/05/1999, LL, 1999-F, 64).

En síntesis, corresponderá al juez valorar esos testimonios de acuerdo con las reglas de la sana crítica, juzgando los dichos con estrictez, máxime teniendo en cuenta el lugar del hecho, la hora en que ha ocurrido, la intervención policial inmediata, la distancia a la que se hallaba el testigo con respecto a las circunstancias que relata, al igual que la ubicación, la excesiva minuciosidad del relato, si compareció a la audiencia sin haber sido citado por cédula, etcétera.

Por ello, aun cuando el testigo Flores Sequeira haya declarado en la dependencia policial el mismo día del hecho, su sinceridad no aparece nítida por ningún lado desde el que se la trate de valorar.

Por empezar, a las 22 y 40 horas del día del hecho ubica el accidente a las 20 y 20 horas, mientras que al deponer en estos autos habló de las 19,15 a 19,20 horas.

El boleto acompañado por la Sra. Gnesutta aparece emitido a las 19 y 32 horas, una cuadra antes de ocurrir aquél. Como nada me hace suponer que ese documento sea falso y aun cuando no haya sucedido el siniestro a las 18 y 30 horas como se consigna erróneamente en la causa penal, la realidad impone aceptar un horario de ocurrencia entre las 19 y 35 y las 19 y 40 horas aproximadamente. Más aún, el propio actor a fs. 423, en la causa penal menciona las 19 y 45 horas. Por último, en la constancia del Hospital Pedro Fiorito de fs.390 se consigna como hora de la denuncia las 20 y 10 horas, lo que hace suponer que para entonces ya había sido ingresada la víctima por la ambulancia de Bomberos y revisada por personal médico con descripción de las lesiones sufridas.

Todo ello demuestra que debe darse pleno valor probatorio al horario de expedición del boleto agregado por la testigo y, con ello, a su presencia en la intersección.

Así como hipotéticamente la empresa codemandada habría tenido tiempo de convocar al lugar del hecho a la Sra. Gnesutta como infundadamente se afirma a fs. 214, siguiendo el mismo hilo argumental, también Martínez podría haberlo hecho con respecto a Flores Sequeira, quien se domicilia a apenas cinco cuadras.

Finalmente, la policía no lo mencionó como presente en el lugar y las graves acusaciones contenidas en el citado escrito de fs. 212/216 corren por cuenta y riesgo de sus autores.

Ahora bien, la contadora Gnesutta que era pasajera del interno, fue bien clara al afirmar que el vehículo estaba detenido a la espera de la habilitación de la flecha para giro a la izquierda, cuando el motociclista avanzó indebidamente sobre la encrucijada, provocando la colisión.

De ese dato se deduce que Martínez intentó trasponerla con luz verde en su totalidad, lo que es perfectamente compatible con la detención del colectivo en el tercer carril de la avenida Galicia hasta que la señal lumínica le permitiera el giro.

Lo incorrecto de la conducta del nombrado radicó, no en una cuestión de semáforos, tan caros a los sentimientos de Flores Sequeira, sino en un avance por la encrucijada sobrepasando a un vehículo y efectuando un mal cálculo del espacio.

De acuerdo con el art. 44, inc. f) de la ley 24.449, en las vías de doble mano no se debe girar a la izquierda salvo señal que lo permita.Aclaro que cito la ley nacional porque a la fecha del hecho ya no regía en el ámbito provincial la ley 11.430 , sino el decreto 40/2008 .

El Decr. 779/1995 al tratar de las flechas direccionales, dice que deben apuntar en el sentido de la circulación permitida. La flecha vertical, apuntando hacia arriba, indica circulación de frente, la horizontal indica giro, aproximadamente en ángulo recto hacia el lado apuntado. Cuando la cara del semáforo contenga una o varias flechas direccionales con luz verde, al encenderse alguna de ellas, significa que los vehículos sólo pueden tomar las direcciones por ella indicada.

En cuanto a las flechas para giro a izquierda o derecha, indican que se debe girar en la dirección indicada. Son flechas en codo, con la punta orientada hacia la izquierda o hacia la derecha. Cuando corresponda indicar hacia la izquierda, y como único caso, la barra de prohibición estará orientada en el sentido NESO. Prohíben girar hacia el lado que indica la flecha. Se ubican sobre la encrucijada, con frente a los vehículos que circulan por la mano para la que se prohíbe el giro.

O sea que los únicos que deben detenerse junto al carril correspondiente son los vehículos que esperan la habilitación de la flecha de giro, los demás que van a seguir por la misma arteria cuentan con luz verde para avanzar, como ocurre en el caso con el motociclista.

Además, la teoría expuesta por el perito ingeniero es en buena parte fruto de su imaginación.

En efecto, a fs. 181 vta. sostiene que el interno 69 se desplazaba por avenida Galicia desde Hipólito Yrigoyen, mientras que la moto lo hacia esta arteria, o sea en dirección contraria.

Hasta ahí estamos totalmente de acuerdo.

A fs. 182 destaca que en la causa penal el único detalle que se hace constar es la destrucción de la punta izquierda del paragolpes, siendo evidente que intenta sembrar dudas sobre la veracidad de esa afirmación.Sin embargo, nada tiene de censurable, sencillamente porque los firmantes del acta dicen que el micro no presentaba otros deterioros, agregando que el estado general del rodado era bueno, al igual que el funcionamiento mecánico, eléctrico y del sistema de frenos.

A fs. 183 el experto da por sentado que la moto fue el vehículo embestido porque en la causa penal no se indican deformaciones en el aro de la rueda delantera. Sin embargo, en el examen practicado en sede policial se dice que presenta destrucción de su parte frontal, detallando múltiples sectores allí afectados, lo que es demostrativo de haber sufrido un impacto frontal con un elemento duro.

Ahora bien, el croquis de fs. 177 prolijamente con feccionado por el perito, no responde a la realidad ni remotamente si se lo compara con el elaborado por la policía que sí estuvo presente en el lugar y momento del hecho: el micro no aparece invadiendo la divisoria de manos ni está apuntando hacia la izquierda, como pretende hacer creer el perito. En cuanto a la moto, es verdaderamente llamativo que no la dibuje caída en el pavimento, en realidad, ni en el pavimento ni en ningún otro lado, cual si fuera un objeto invisible.

Infiero que esa omisión era absolutamente necesaria para hacer creer que el micro la impactó al iniciar la maniobra de giro, mientras marchaba en una línea supuesta e impecablemente recta, tal como está dibujada en el croquis.

En el colmo de la osadía, a fs. 237 y vta., al responder las impugnaciones formuladas por los demandados, pretende cuestionar la idoneidad de los dos oficiales de la policía provincial, intentando hacer prevalecer su opinión que no estuvo en el sitio ni inspeccionó a los rodados, porque no acreditaron ser peritos, técnicos en accidentología vial, etc., etc.

Los demás argumentos no merecen comentario alguno por integrar el mismo proceso defensivo sustentado en bases desechables.

Por último, no puedo dejar de poner de resalto que la moto había sido adquirida el mismo día del hecho, conforme constancia de fs.3, al extremo que al momento del impacto sólo había desarrollado 2 Km. de rodamiento. Tal hecho podría determinar un indicio de desconocimiento del modo de desplazamiento o, en todo caso, de falta de práctica, lo que obligaba a Martínez a actuar con mayor precaución, sobre todo, porque era de noche y estaba circulando por una arteria de intenso tránsito, trasponiendo una intersección de iguales características y, lo que es más, estando instalado un semáforo de giro a la izquierda y con una modificación de manos del otro lado de la encrucijada.

III. Los ciclomotores y motocicletas, al igual que la bicicleta, son vehículos de dos ruedas. Se diferencian en que, mientras la bicicleta está propulsada por la fuerza del hombre, aquéllos lo hacen por medio de un motor. Se infiere entonces que la distinción entre ciclomotor y motocicleta radica en los centímetros cúbicos de cilindrada y en la velocidad que son susceptibles de desarrollar. En otras palabras, el ciclomotor es también una motocicleta con menor cilindrada y posibilidad de desplazarse a una velocidad inferior.

Si bien se ha sostenido que el ciclomotor, por sus características no debe ser considerado un vehículo menor, sino que debe equipararse a los automóviles, asimilándolo a las motocicletas por su accionar a motor, en oposición a la bicicleta que circula por medio de pedales que avanzan mediante el impulso físico del conductor, o que no corresponde equiparar al ciclomotor con una bicicleta, pues esta última carece de motor y se activa por medio de pedales por la impulsión física del conductor (Conf. Belluscio-Zannoni, «Código Civil.», t. 5, p. 511), en muchos fallos -tal como lo hizo la juez de grado-, frente a una colisión entre un ciclomotor y, por ejemplo, un automóvil, lisa y llanamente se invocan los principios que emanan de la doctrina legal del fuero establecida en el plenario in re: «Valdez, E.c./ El Puente SAT» del 10/11/1994, según el cual la responsabilidad del dueño o guardián emergente de accidentes de tránsito producidos como consecuencia de una colisión plural de automotores en movimiento, no debe encuadrarse en la órbita del art. 1109) del Cód. Civil.

En realidad, aunque se obvie la cita del plenario, cuando se debe resolver un caso de esta naturaleza, como se debe aplicar en definitiva el régimen de responsabilidad objetiva consagrado por el art. 1113, 2 párr., 2ª parte del Cód. Civil, si los dos vehículos son considerados como cosas riesgosas, en virtud de la teoría del riesgo recíproco, las presunciones de responsabilidad recaen sobre cada uno de los dueños o guardianes y cada uno de ellos debe reparar los daños causados al otro, pesando sobre ambos la carga de probar la concurrencia de alguna eximente con aptitud suficiente para quebrar, total o parcialmente, el nexo causal, esto es, la culpa de la víctima o la de un tercero por el que no deben responder.

En la hipótesis normal del juicio promovido por el conductor del ciclomotor, por ejemplo, contra el dueño o el conductor de un camión o de un colectivo con el que ha colisionado o contra ambos, el actor deberá limitarse a probar la existencia del hecho, el contacto entre ambos vehículos y la relación de causalidad con el daño sufrido. No tendrá que acreditar, en cambio, la culpa de su contendiente, el que a su vez, tendrá a su cargo la afirmación y prueba de algunas de las eximentes previstas el art. 1113, 2º párr., 2ª parte del Cód. Civil, entre las que no se cuenta la de su falta de culpa porque este factor es extraño a la imputación objetiva.

Consiguientemente, si el o los demandados no han reconvenido o iniciado otro proceso, está en juego una única presunción de responsabilidad respecto a los daños sufridos por el otro: la que recae sobre aquéllos.Por lo tanto, el encuadre jurídico no va a variar. Se trate de un ciclomotor, de un peatón, de un automóvil o de un camión, el actor siempre se va a beneficiar con la presunción de responsabilidad del demandado y sobre éste pesará la carga de demostrar que se ha producido la ruptura del nexo causal, probando la culpa de la víctima o la de un tercero por quien no debe responder.

Atento el tenor de los agravios, recordaré que, bien se ha dicho, que resulta indiferente a los fines de verificar si concurrió o no culpa de la víctima que conducía una motocicleta, la mayor peligrosidad que el sentenciante le otorgó al automotor manejado por el demandado, toda vez que dicha causal de eximición de responsabilidad apunta a la autoría del hecho lesivo y no al riesgo que ínsitamente puedan tener los vehículos involucrados en el mismo (Conf. TSJ Córdoba, sala civil y comercial, 24/11/2003, LLC 2004 (abril), 260).

También se ha sostenido que, intentar desconocer la calidad riesgosa de los automotores en general, importa ignorar una profusa literatura jurídica que uniformemente así los señala y que ha servido, precisamente, para imponer la reforma del art. 1113 del Código Civil, incorporando al mismo el principio de la responsabilidad objetiva. Por ello, si se acepta sin discusión que los automotores de cuatro ruedas son cosas por sí riesgosas, no vemos cómo puede sostenerse que no lo sean los de sólo dos ruedas, como es el caso de las motocicletas. Razones vinculadas a factores de equilibrio y estabilidad hacen de éstas no sólo cosas peligrosas para terceros, sino también para quienes las usan y conducen, situación que es de notoria evidencia (Conf. SC Mendoza, Sala II, 1985/02/14, elDial – MZ2223).

Ahora bien, como la culpa es la omisión de la conducta debida para prever o evitar un daño, ingresa en el ámbito de la responsabilidad objetiva, no como factor de responsabilidad sino como eximente de ella.En consecuencia, presumida la responsabilidad del demandado, éste asume el «onus probandi» de la demostración de la culpa del actor, ya que conforme lo establece el art. 1111 del Cód. Civil, «El hecho que no cause daño a la persona que lo sufre, sino por una falta imputable a ella, no impone responsabilidad alguna».

Por ello, si el daño deriva exclusivamente de la culpa del que lo ha sufrido, no se generará ninguna responsabilidad a cargo de la otra persona sindicada como responsable. Únicamente la víctima debe asumir las consecuencias derivadas de su obrar imprudente, pues en tal hipótesis se ha producido la quiebra del nexo causal entre el daño y el riesgo de la cosa.

En el caso, además, adquiere especial relevancia el hecho de estar el micro detenido cuando fue impactado por el motociclista, lo que lo convierte en único y exclusivo elemento activo, por lo que es incuestionable concluir que los demandados han logrado revertir la presunción de responsabilidad que pesaba en su contra, al haberse probado que se ha producido la ruptura del nexo causal, por la interferencia de la conducta negligente de la propia víctima.

Por todo ello, propongo confirmar la sentencia apelada y, consiguientemente, rechazar la demanda en todas sus partes, con costas de alzada al actor (art. 68 del Cód. Procesal).

Los Señores Jueces de Cámara Doctores Bellucci y Carranza Casares votaron en igual sentido por análogas razones a las expresadas en su voto por la Dra. Areán. Con lo que terminó el acto.

BEATRIZ AREÁN.

CARLOS ALFREDO BELLUCCI.

CARLOS CARRANZA CASARES.

Buenos Aires, de Febrero de 2013.-

Y VISTOS:

Por lo que resulta de la votación de que instruye el acuerdo que antecede, se resuelve: I. Confirmar la sentencia apelada y, en consecuencia, rechazar la demanda en todas sus partes. II. Costas de alzada a cargo de la parte vencida. Se deja constancia de que la publicación de esta sentencia se encuentra sujeta a lo establecido por el art.164, segundo párrafo del Código Procesal. III). a) Dada la renuncia de fs. 713 nada cabe decidir respecto de los letrados allí firmantes. b) En atención a la calidad, extensión y mérito de la labor profesional desarrollada, al monto del proceso que surge de la suma reclamada, y a lo establecido por los arts. 6, 7 , 9 , 37, 38 y conc. de la ley 21.839 y la ley 24.432 , se reducen los honorarios regulados en favor de la letrada y apoderada de los vencedores -sin que se haya presentado alegato-, DRA. MARÍA PATRICIA CASTILLA SASTRE, a la suma de ($.) y por las labores de alzada se fija su retribución en ($.). En virtud de la calidad de la labor pericial desarrollada, su mérito, naturaleza y eficacia; la adecuada proporción que deben guardar los honorarios de los expertos con los de los letrados intervinientes (Fallos: 314:1873; 320:2349 ; 325:2119(ref:MJJ1502 1), entre otros) y considerando lo normado por los arts. 10 y conc. de la ley 24.432, se reducen las retribuciones del médico NÉSTOR FONTANA y del ingeniero ADRIÁN HÉCTOR FUMARONI a ($.) y ($.), respectivamente. Asimismo, se reducen los honorarios fijados a los consultores técnicos: se fija la suma de ($.) al ingeniero NÉSTOR RAUL CAMINOS; los honorarios de los médicos LEONARDO ISAAC BIRMAN y JAIME ISRAEL ROSENBERG se establecen en ($.), para cada uno de ellos, y los del ingeniero ALEJANDRO SERGIO ANTONOW en la suma de ($.). c) Este tribunal ha señalado en reiteradas oportunidades que -tal como lo ha hecho la Corte Suprema de Justicia de la Nación, «ni el legislador ni el juez podrían, en virtud de una ley nueva o de su interpretación, arrebatar o alterar un derecho patrimonial adquirido al amparo de la legislación anterior.» (cf. Fallos: 319:1915 ). Al referirse a los trabajos profesionales el supremo tribunal ha decidido, que el derecho se constituye en la oportunidad en que se los realiza más allá de la época en que se practique la regulación (cf. esta sala, L. 568.383, del 1/3/11). Por ello, en atención a la fecha de la sentencia -anterior a la sanción de la ley 26.589 -, de acuerdo a lo establecido por el art. 4° del decreto 1465/07, vigente en el momento de la mediación, se reducen los honorarios fijados en favor del DR. CARLOS GUILLERMO RENIS a la suma de ($.). Notifíquese, regístrese y devuélvase.-

BEATRIZ AREAN.

CARLOS ALFREDO BELLUCCI.

CARLOS CARRANZA CASARES.

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