Frente a una condena por abuso sexual, la retractación de la menor no puede tratarse como si fuera un adulto.

Partes: C. /C G.D. M. s/ recurso de casación

Tribunal: Corte de Justicia de la Provincia de Salta

Fecha: 20-mar-2012

Cita: MJ-JU-M-73191-AR | MJJ73191 | MJJ73191

Se rechazó la casación provincial contra la condena por abuso sexual de una menor de edad, decisión que se fundó, entre otras razones, en que la retractación de la niña no podía recibir el mismo tratamiento como si se tratara de un adulto.

Sumario:

 

1.-Es improcedente el recurso de casación provincial deducido por la defensa del condenado por el delito de abuso sexual con acceso carnal agravado por la convivencia (art. 119, 3er. y 4to. párr., inc. f del CPen.), pues la retractación de la menor víctima no puede recibir el mismo tratamiento como si se tratara de un adulto y debiendo valorarse de manera conjunta con el resto del material probatorio, y la situación familiar de la niña, labor que cumpliera el tribunal de juicio. A más, la retractación aparece aún más infundada dado que cuando la víctima declaró en cámara Gesell ya no vivía con su abuela, e igualmente ratificó las violaciones sufridas; nunca contestó cuando se le pidieron explicaciones acerca de por qué habría inventado tales cosas; y lloró cuando se le preguntó si alguien la inducía a desdecirse. A ello se añade que su prima tampoco contestó numerosas preguntas del tribunal al respecto e igualmente cabe considerar un factor de enorme presión viene dado en razón sido criada por su abuela y convivir con el imputado, hijo de ésta, y sufrir las previsibles consecuencias familiares luego de la denuncia, entre ellas, tener que retirarse con su padre de la vivienda donde moraban, lo que fue descripto en audiencia de debate.

2.-Es correcto el encuadramiento jurídico de abuso sexual con acceso carnal agravado por la convivencia (art. 119, 3er. y 4to. párr., inc. f del CPen.) toda vez que el imputado compartía el ámbito de cohabitación y una vida familiar en común con la menor víctima en un mismo inmueble -con lo que su vulnerabilidad se veía potenciada, y la posibilidad de cometer estos hechos era mayor para el imputado cuando se encontraban solos en la casa mientras todos trabajaban o concurrían a la escuela-, situación fáctica que emerge de los testimonios brindados en el debate, y corroborada por el propio acusado.

Fallo:

 

Salta, 20 de marzo de 2012.

 

Y VISTOS: Estos autos caratulados “C/C G., D. M. – RECURSO DE CASACIÓN” (Expte. Nº CJS 34.428/11), y

 

CONSIDERANDO:

 

Los Dres. Guillermo Alberto Catalano, Gustavo Adolfo Ferraris, Guillermo Alberto Posadas, Sergio Fabián Vittar y Guillermo Félix Díaz, dijeron:

 

1º) Que a fs. 549/552, el Dr. Félix Omar Torres, en ejercicio de la defensa técnica de D. M. G. (art. 476 del C.P.P.), interpone recurso de casación contra la sentencia de la Cámara Cuarta en lo Criminal, del Distrito Judicial del Centro, de fs. 483, cuyos fundamentos obran a fs. 528/538 vta., que condena al nombrado por el delito de abuso sexual con acceso carnal agravado por la convivencia (art. 119, 3er. y 4to. párr., inc. f) del C.P.) a la pena de ocho años de prisión, accesorias legales y costas.

 

2º) Que a fs. 565/567 vta., esta Corte ha concedido el recurso (art. 473 del C.P.P.). No obstante, incumbe a esta Corte en la presente instancia efectuar un nuevo examen acerca de los recaudos de orden formal a los que la ley subordina su admisibilidad (art. 474 del C.P.P.).

 

3º) Que en cuanto a sus motivos (arts. 448 y 455 del C.P.P.), los sustenta en el supuesto del art. 466 inc. 3º del C.P.P., y expone que para el dictado del fallo condenatorio resulta viciado por la ilegitimidad de la motivación, toda vez que se han analizado y ponderado solamente las pruebas testimoniales y pericias realizadas, de una forma superlativa al entendimiento de la defensa, y sin darle valor alguno a la retractación efectuada por la supuesta víctima en audiencia de debate, rodeada de todas las garantías procesales correspondientes, ni tampoco otorgó valor alguno a la declaración vertida por el padre de la menor ante el tribunal sentenciante. Hace notar el supuesto cambio de la declaración de la testigo Srta.Miriam Milagro Gómez, que expresó en audiencia que se enteró por otra preceptora que la niña le contó a una compañera de curso que su tío abusaba de ella, sin especificar qué tipo de abuso; y que en instrucción, a fs. 259 dijo que escuchó que su tío la tocaba, manoseaba, es decir, nada que ver con lo que sorpresivamente dijo en la audiencia de debate. Señala que en su declaración también dijo que era inquieta y otras veces estaba callada y durmiendo en el curso, lo que tiene una indefectible relación con lo expresado por el testigo Sr. Marín A. Martínez cuando dijo en la instrucción y ante la Cámara que vio algunas veces a la menor que regresaba a su casa a la madrugada, casi al amanecer, cuando él se iba a trabajar en el ejército. Dice que regresaba saltando una tapia vecina para entrar a su casa, y que si se dormía era por haber tenido una larga noche de encuentros sexuales con su novio, lo que también fue reconocido por éste en audiencia.

 

Cuestiona que la Lic. María G. Domínguez haya expresado que el imputado tiene algún problema sexual que no exterioriza y que puede ser de impotencia sexual, porque si tiene este problema no podría -dice- haber sometido sexualmente a una persona. Resalta que la Lic. Sonia L. Juri informó que se trata de una menor que se crió con la abuela y no con la madre, y que tiene agradecimiento hacia su abuelo y su tío porque se ocuparon de ella, y que la menor recurre a mentiras para evitarse un castigo o recuperar un cariño.

 

Opina que la declaración de la Sra. Emilia A.Arrendó resulta un escaso aporte ya que dijo que la menor le había contado a ella en el año 2009 y a otras amigas que su tío abusaba de ella, pero que era de salir mucho y estaba de novia con un tal Mauricio Aguirre y se veían en la casa de éste y tenían relaciones sexuales. Dice que de esto surge claramente una nueva muestra de lo falaz que es la menor, puesto que contó esto y ante el juzgado de instrucción negó rotundamente tener novio, conocer su casa y menos tener relaciones sexuales.

 

Expone además que el Sr. Mauricio Aguirre, si bien expresó que la menor le contó que su tío abusaba de ella, afirmó que al poco tiempo de empezar a salir con ella tuvieron relaciones sexuales tanto vaginales como anales y orales, y que la notó experimentada, lo que, a su modo de ver, no hace más que indicar que la menor tenía un conocimiento bastante amplio, a sus trece años, de lo que son las relaciones sexuales, y que de lo contrario difícilmente hubiera aceptado tener relaciones de todo tipo, y a su vez seguramente esa experiencia fue adquirida en relaciones consentidas y no como consecuencia de ser víctima de un abuso.

 

Expresa que la menor A.F.G. expresó que mintió porque estaba de novia y su abuela se oponía a esa relación, y que todo lo que dijo era para poder irse a vivir con su padre a otra casa, y tener libertad para salir y ver cuando quisiera a su novio. Expone que, si bien en la cámara Gesell se mantuvo en sus dichos pese a que ya no estaba viviendo en la casa de su abuela, al preguntarle por qué hizo eso si ya no vivía con su abuela se quedó callada, por lo que, en su opinión, no sabía cómo salir del terrible problema que había ocasionado con su mentira.

 

Destaca que el Sr.Claudio Alejandro G., padre de la menor, expresó que, si bien realizó la denuncia policial al enterarse que su hija era abusada sexualmente por su hermano, cuando concurrió al colegio de su hija al ser citado por la dirección, luego afirmó que su hija es “mentirosita”, y que además, transcurrido un tiempo, cuando ya vivían en la casa de su pareja, su hija le comentó que todo era mentira, y que lo único que quería era irse a vivir con él a la casa de su pareja en ese tiempo, una tal “Sole”, ya que su abuela era muy estricta y no la dejaba salir a ninguna parte. Asimismo, que el padre sabe perfectamente de los cortes que tenía la menor en su muñeca porque se los vio.

 

Estima que, ante los hechos y los testimonios, se han valorado errónea y parcialmente las pruebas, y que el tribunal sentenciante no tuvo la certeza necesaria para condenar, puesto que se limitó a darle un valor que no correspondía a las declaraciones de terceros que nada saben del hecho sino por comentarios de la menor, la que desmintió luego todos sus dichos en forma categórica y contundente.

 

Argumenta que no debe llamar la atención que la menor esperara tanto tiempo para rectificarse, y que luego de que ratificare dos veces en instrucción, recién el día 18/12/2009 fue al juzgado de instrucción a contar toda la verdad de lo que había inventado para poder salir de su casa, puesto que al tener la edad de quince años, evidentemente no tomó conciencia en ningún momento antes del grave daño que había causado, y recién lo hizo cuando se enteró que el imputado estaba detenido desde hace mucho tiempo.

 

Arguye que no se debe dejar de tener muy presente que la denuncia en contra de su defendido fue realizada en el mes de agosto de 2009, se lo detuvo en septiembre y recién se realizó el examen médico de la menor el día 02/12/2009 (fs.158), o sea, cuatro meses después de realizada la denuncia y mucho después que había comenzado la relación sentimental con Mauricio Aguirre, que fue en julio de 2009, y al poco tiempo tuvieron relaciones sexuales de distinto tipo, como lo afirmaron ambos; y que en el informe se expresa que la menor tenía desfloración de larga data tanto vaginal como anal, lo que es totalmente coincidente con la fecha en que la menor y su novio habían comenzado a mantener furtivas relaciones sexuales.

 

Discrepa con la aplicación de la agravante de la convivencia al condenar a su asistido, ya que se probó absolutamente que la menor con sus hermanos y su padre vivían en tres habitaciones ubicadas al fondo de la casa de su abuela, mientras que su tío, con su pareja y su hermana vivían en la parte delantera de la casa, o sea, que simplemente ocupaban el mismo lote o terreno pero no convivían. Pide por todo ello, que se revoque la sentencia en crisis.

 

4º) Que en su dictamen de fs. 579/580 vta. (art. 477 del C.P.P.), el Sr. Fiscal ante la Corte Nº 1 sostiene que se observa que el caudal probatorio existente permitió a los jueces arribar a una decisión condenatoria en estricto respeto de las directrices de la sana crítica racional, ya que el fallo no presenta yerros o vacíos en su fundamentación; por lo que se pronuncia por el rechazo del recurso en examen.

 

Asimismo, oportunamente la Sra. Asesora General de Incapaces, en virtud de las facultades previstas en los arts. 59 del C.C. y 7º y cc. de la ley 7328 Orgánica del Ministerio Público, emite dictamen, que rola a fs. 572/575 vta., en el que solicita no se haga lugar al recurso interpuesto.

 

5º) Que el tribunal de juicio tuvo por acreditado que D. M. G. abusó sexualmente, con penetración, de su sobrina A.F.G.durante el transcurso del tiempo en que convivieron en un inmueble con otros miembros de la familia, hasta agosto de 2009.

 

6º) Que la sentencia es plenamente válida porque en sus fundamentos se ha cumplido con una ponderación completa de los hechos, estableciéndose, de acuerdo a las circunstancias de persona, tiempo, modo y lugar, el accionar del acusado tal cual ha ocurrido. Cuenta con un análisis razonado de las constancias de la causa por el que arriba a la existencia de esa certeza, y es así que de la motivación relativa a la determinación de su responsabilidad, no caben dudas de que la sentencia delimita con precisión la significación que cabe asignar a los hechos, sus circunstancias, y su autoría.

 

7º) Que el bien jurídico protegido por la figura del abuso sexual con acceso carnal -violación- es la libertad sexual, entendida como el derecho de las personas a tener voluntario y consentido trato erótico, a determinar libremente sus conductas íntimas y a que no se ataque su reserva sexual (Cám. Nac. de Casación Penal, Sala III, “Ifran, Carlos A. s/recurso de casación”, 28/08/2002, JPBA 121-45, Lexis Nº 30002943), entendida como la libre disposición del cuerpo, y abarca el pudor individual de las personas que sufren ta les abusos, quienes ven afectadas su integridad sexual o su pudicia individual. En este tipo de delitos es casi imposible conseguir testigos directos del hecho, debiendo basarse el magistrado en las declaraciones de la víctima, de las personas que tomaron conocimiento de lo acontecido a través de sus dichos y en las conclusiones a las que arriban los expertos en las respectivas pericias, debiendo reconstruirse el hecho a través de todo resto, vestigio o indicio (esta Corte, Tomo 141:465).

 

En ese orden, la Sra. Silvia Noemí Strizich, vicedirectora del colegio al que concurría la víctima, observó lesiones sangrantes en la muñeca de la menor, en razón de problemas familiares y que el tío le hacía cosas en su cuerpo (fs.6 y 258). La Srta. Miriam Milagro Gómez declaró que el mismo día se encontraba dentro de la vicedirección y vio a la menor llorar y contar lo que sucedía con su tío (fs. 259). La Srta. Emilia Agustina Arnedo -no “Arrendó” como lo consigna el recurrente- relató que siendo compañera de la víctima, ésta contaba que era abusada por su tío y que se cortó el brazo porque su abuela no le creía (fs. 471 y vta.).

 

8º) Que el informe psicológico de la niña (fs. 443/444), de gran ayuda a la hora de esclarecer esta clase especial de delitos, que dejan profundas secuelas, producto de una batería de tests sobre ella practicados, arroja comportamientos impulsivos y autodestructivos, y que su falta de concentración escolar era ocasionada por los recuerdos recurrentes de vivencias sexuales tempranas, que irrumpían en su pensamiento, lo que es compatible con el bajo rendimiento intelectual por factores emocionales como el abuso sexual. En la proyección que hizo de la sexualidad, lo femenino aparece desvitalizado, paralizado y significado como un objeto, en tanto lo masculino como agresivo, intrusivo y dañoso.

 

El informe de lo declarado por la menor en cámara Gesell (fs. 156 y vta.) da cuenta de que declaró que su tío la manoseaba, le sacaba la ropa, que también le hacía otra cosa, que le dolía todo, que le daba vergüenza contar. Esto ocurría en la casa de la abuela desde los ocho o nueve años y lo siguió haciendo hasta contárselo a la preceptora del establecimiento educativo al que concurre. Refirió una primera relación anal a los nueve años, y que su hermano vio su ropa manchada de sangre.

 

El informe médico forense (fs. 158) da cuenta de una escotadura en himen no complaciente, compatible con una desfloración de larga data, y en el ano una cicatriz lineal de larga data.

 

9º) Que la pericia psiquiátrica del imputado (fs.239) arrojó una personalidad impulsiva, infantil, inmadura, con mecanismos de acción psicopática. Su informe psicológico (fs. 317 y vta.) dio cuenta de que evade las preguntas directas respecto de las acusaciones que se le han formulado, diciendo que no tiene nada más para agregar, también arrojó rasgos psicopáticos de personalidad, primitivismo y conflicto sexual. En audiencia, la Lic. María Gabriela Domínguez exhibió un dibujo (rolante a fs. 476) en el que el imputado remarcó los genitales en la figura humana, lo que es un indicador del problema sexual (fs. 474 vta./475).

 

10) Que el comienzo de los hechos de índole sexual por parte del imputado en perjuicio de la menor víctima se dio muchos años antes -cuando contaba con tan sólo seis años de edad (declaración informativa de la víctima de fs. 139 y vta.) u ocho años de edad (acta de cámara Gesell de fs. 49)- de que mantuviera una relación de noviazgo con el Sr. Luis Mauricio Aguirre, con lo que el argumento defensivo, por simples razones cronológicas, de que éste sería el autor de la desfloración de la menor, o que la menor denunciara un presunto hecho de índole abusivo a los fines de poder reunirse con mayor libertad con el nombrado, al serle familiarmente prohibida la relación sentimental con el muchacho, deviene totalmente inefectivo. El padre de la menor expresó en la denuncia que tuvo conocimientos de una posible violación cuando la niña tenía siete años de edad (fs. 2). La Srta. Pamela Gisella Navarro expresó que la víctima le contó, por lo menos en dos oportunidades, de los abusos sufridos, antes de que ambas tuvieran diez años (fs. 306).

 

En tal sentido, el mencionado testigo Aguirre dio cuenta de diversas crisis emocionales sufridas por la menor, su experiencia sexual previa, como de diversas conversaciones que mantuviera con ella sobre los hechos ocurridos. En su declaración informativa (fs.171 y vta.), refirió que la primera vez que iban a mantener relaciones sexuales, la víctima le manifestó sentirse incómoda y extraña; y que le llamó la atención que la joven siempre tenía las muñecas tapadas con un pañuelo, y preguntada sobre esto, relató los abusos sexuales de su tío desde hacía mucho tiempo por vía anal y vaginal. En audiencia de debate ratificó lo dicho y aclaró que los abusos seguían produciéndose concomitantemente con la relación que mantenía con la víctima, que ésta no era virgen la primera vez que mantuvieron relaciones sexuales, y que en una ocasión en que estaban teniendo relaciones sexuales, la víctima se puso a llorar y contó acerca del abuso (fs. 478/479).

 

11) Que el retracto de una menor no debe recibir el mismo tratamiento como si se tratara de la retractación de un adulto y debe ser valorada de manera conjunta con el resto del material probatorio, y la situación familiar de la menor, labor que cumpliera el tribunal de juicio. A más, la retractación (fs. 464 vta.) aparece aun más infundada dado que cuando la menor declaró en cámara Gesell ya no vivía con su abuela, e igualmente ratificó las violaciones sufridas; nunca contestó cuando se le pidieron explicaciones acerca de por qué habría inventado tales cosas; y lloró cuando se le preguntó si alguien la inducía a desdecirse (fs. 464 vta. y 465). Su prima R.D.G. tampoco contestó numerosas preguntas del tribunal al respecto (fs. 472 y vta.). Igualmente, un factor de enorme presión para la menor es el hecho de haber sido criada por su abuela y convivir con el imputado, hijo de ésta, y sufrir las previsibles consecuencias familiares luego de la denuncia, entre ellas, tener que salir con su padre de la vivienda donde moraban, lo que fue perfectamente descripto por la Lic. Sonia Liliana Elizabeth Juri en audiencia de debate (fs.473 vta./474).

 

El referido informe psicológico de la víctima da cuenta además de que la reacción expulsiva de la abuela desmembró aún más la familia, y reforzó en la joven la culpa por denunciar a un familiar querido por su entorno, el temor a quedarse sola, la inminente pérdida de suministros afectivos, pesadillas, y la intensa vivencia de privación emocional la llevó a desdecirse con el objeto de recuperar la familia y evitar la presión de su abuela y el conflicto legal a su tío (fs. 444). La menor dijo no querer que su tío esté detenido (fs. 198), y refirió al joven Aguirre que si contaba lo que sucedía iba a causar muchos problemas (fs. 171 vta.).

 

12) Que finalmente, deviene correcto el encuadramiento jurídico de abuso sexual con acceso carnal agravado por la convivencia (art. 119, 3er. y 4to. párr., inc. f) del C.P.) toda vez que el imputado compartía el ámbito de cohabitación y una vida familiar en común con la menor víctima en un mismo inmueble -con lo que su vulnerabilidad se veía potenciada, y la posibilidad de cometer estos hechos era mayor para el imputado cuando se encontraban solos en la casa mientras todos trabajaban o concurrían a la escuela-, situación fáctica que emerge de los testimonios brindados, y corroborada por el propio imputado en su declaración indagatoria (fs. 41 y vta.).

 

Por todo lo expuesto, cumplida la revisión integral de la sentencia que se confirma, la que es ajustada a derecho, toda vez que ha subsumido los hechos probados en la figura penal correspondiente, sin rebasar los dictados de la sana crítica, y ha satisfecho las exigencias de toda decisión jurisdiccional producida dentro del marco de legalidad y razonabilidad de sus fundamentos al contar con una debida motivación, cabe desestimar el recurso de casación deducido por la defensa técnica, y confirmar la condena impuesta.

 

El Dr.Abel Cornejo, dijo:

 

1º) Que por razones de brevedad doy por reproducida la reseña de los hechos efectuada en lo considerandos 1º, 2º, 3º, 4º y 5º del voto de los distinguidos Sres. Jueces preopinantes, como así también comparto la solución jurídica a la que se arribó no obstante lo cual estimo oportuno esgrimir mis propios fundamentos.

 

2º) Que antes que nada debe señalarse que, en los delitos contra la integridad sexual, cuando la víctima es un menor de edad, normalmente existen serias dificultades para desentrañar lo verdaderamente ocurrido, pues es una característica de los ofensores actuar con sigilo y sibilinamente, dado que tal es la desproporción y el desborde de sus conductas que prefieren actuar a hurtadillas precisamente para no ser descubiertos. Este rasgo de la personalidad de los infractores a la integridad sexual no debe perderse nunca de vista, porque los abusadores, los violadores o los ultrajadores tienen en común dos características: operar sobre la víctima desprevenida y elegir el momento del ataque, cuando nadie puede percatarse de su abyecto cometido.

 

En la especie, no se advierten motivos para una absolución que desincrimine libremente de culpa y cargo al encartado, sino por el contrario, es fácil advertir que los conceptos vertidos párrafos arriba se reiteran en el “sub judice” por lo que no debe circunscribirse, sin antes exculpar formalmente al causante, es pretender acotar su conducta en la libido, dado que la integridad sexual de un menor no se tutela sólo desde dicha óptica, que por estricta puede generar mayores disturbios, sino en la falta absoluta de libertad de la víctima, que por su propia condición, no sólo no tenía el discernimiento indispensable, sino que las consecuencias sobre su personalidad y equilibrio psíquico pueden ser determinantes para el resto de su vida, dejándole secuelas ind elebles.

 

Ahora bien, enseña Donna, que si bien la doctrina ha tratado de enfocar el bien jurídico con distintas palabras, analizando el contenido del art.119, 3er párrafo del C.P., puede afirmarse que la ley tiene en cuenta, en primer lugar, la libertad individual, en cuanto hace a la integridad sexual de las personas. Esta libertad puede ser entendida desde un doble aspecto, positivo-dinámico, por un lado, como la capacidad de libre disposición del propio cuerpo a los efectos sexuales, es decir el consentimiento de la víctima de mantener trato sexual con terceros con arreglo a su querer libre y consciente. Por otro, negativo-pasivo, esto es, la capacidad del sujeto para no ejecutar actos de naturaleza sexual que no desee.

 

Esta noción de libertad sexual se puede utilizar cuando la violación se comete mediante el empleo de fuerza o intimidación, habida cuenta de que no es necesario ningún requisito esencial de la víctima, en la cual se presume su capacidad de conocer y de valorar el alcance del acto que se pretende ejecutar. En síntesis de lo que se trata es de la violación de la autonomía de la voluntad del sujeto que es la base de todos los bienes jurídicos, en este especial caso, cuando se avanza en contra del ámbito de lo sexual.

 

La misma idea es la que guía el problema de los menores de 13 años, en este caso la protección es el ámbito de libertad, a lo que se agrega el problema de la inmadurez sexual de la víctima. Por eso en segundo lugar, además de la violación a la autonomía de la libertad, especializada en el ámbito sexual, se puede afirmar que también está en juego la intangibilidad sexual o de indemnidad sexual. La doctrina ha afirmado que se trata de una invasión o el ataque de tal derecho mediante acciones violentas o abusivas que avasallan la libre e íntima decisión por parte del autor.Ello significa que el violador abusa o aprovecha la circunstancia o calidades de la víctima que le impiden prestar válidamente su consentimiento, o bien que con violencia lo elimina, reemplazado así la voluntad de la víctima -efectiva o presumida por ley- por la suya (Donna, Edgardo A., “Derecho Penal, Parte Especial”, Rubinzal Culzoni, Santa Fe, 2007, Tomo I, págs. 567/569).

 

Conforme a ello, se ha dicho con acierto que: en el supuesto contemplado por el art. 119, párrafo 3º del Código Penal, el acceso carnal, que significa la introducción del órgano genital masculino en el cuerpo de la otra persona, implícitamente se refiere a penetraciones capaces de posibilitar una cópula sexual o un equivalente de ella, comprendiendo como modalidad comisiva otras formas de penetración diferentes de la vaginal (Cám. Casación Penal de Bs. As., Sala II, 25-10-05, “F.,C.A., 15-3-06, J.A. 2006-I-433).

 

Sobre el particular, no debe pasarse por alto, que en los últimos tiempos se reclama con insistencia, incluso en proyectos legislativos, la rebaja de imputabilidad en la edad de los menores, conforme la madurez que se observa desde la edad temprana, lo cual se contrapone con el criterio de subirla en los delitos con-tra la integridad sexual, como si al mismo tiempo alcanzara la madurez para comprender y dirigir a edad más temprana, y se llevara a una edad más alta el reconocimiento de la capacidad para decidir con comprensión acerca de la disposición sexual del cuerpo.

 

Por ello es que no existe agravio constitucional suficiente, si según las constancias de la causa, la sentencia se funda en los principios de la sana crítica y en la libertad de apreciación de las pruebas del juzgador, la que deja de ser absoluta, cuando la conclusión a la que arriba se aparta definitivamente del hecho que se probó, lo que no ocurre en el caso.

 

Como lo enseña Florián:en verdad, la prueba física y material del resultado delictivo, en el cual consiste el delito, será preferible y tal vez la única que tranquiliza plenamente; más las exigencias prácticas de la justicia no permiten ir tan adelante, ni pretender establecerla siempre, inclusive porque a veces es imposible, razón por la cual debe aceptarse, como, por otra parte, se acepta ordinariamente, que el cuerpo del delito puede probarse también por medios indirectos (“De las pruebas penales”, Temis, Bogotá, 1982, Tomo 1, pág. 422, traducción de Jorge Guerrero, tercera edición).

 

Con arreglo a ello, hace muchos años, Mittermaier señaló que, la sentencia criminal no es más que el corolario del juicio sobre el punto de hecho, suponiendo de antemano el legislador, que este juicio emana de la convicción íntima del Juez, y de la certeza que ha adquirido sobre la verdad de los hechos cuya existencia sirve de base a la acusación (“Tratado de la prueba”, Imprenta de la revista de legislación, Madrid, 1877, pág. 64, tercera edición de la traducción castellana).

 

A su vez, Cafferata Nores, dice que: en el sistema de la íntima convicción, la ley no establece regla alguna para la apreciación de las pruebas. El juez es libre de convencerse, según su íntimo parecer, de la existencia o inexistencia de los hechos de la causa, valorando aquellas según su leal saber y entender. A esta característica debe agregársele otra, cual es la inexistencia de la obligación de fundamentar las decisiones judiciales; pero ello no significa en modo alguno la autorización para sustituir la prueba por el arbitrio, ni para producir veredictos irracionales, sino un acto de confianza en el buen sentido de racionalidad, connatural a todos los hombres (“La prueba en el proceso penal”, Depalma, Bs. As., 1998, pág. 45).

 

En la evaluación de los hechos que fueron objeto de examen por el juzgador, no se desvirtuó la conducta que se le atribuye al causante: abusar sexualmente mediante acceso carnal de la menor.Las conclusiones a las que se arriba en la sentencia recurrida en casación son sólidas, dado que en el caso como el que se dirimió la cuestión era inexorable no sólo un examen psicológico profundo sobre la personalidad del agresor sexual y de la menor, sino también un examen médico, lo que sí ocurrió en el caso conforme las constancias obrantes en autos; de allí que se comprende que se haya arribado a una conclusión categórica, cuando la investigación quedó concluida por un veredicto que posee congruencia en la decisión final, en el análisis entre el hecho denunciado y sus pruebas; en especial de las distintas declaraciones de la menor efectuadas en la comisaría, en la etapa de instrucción, en el informe psicológico psiquiátrico, en el informe médico y en la audiencia de debate, las cuales fueron coincidentes y contundentes, donde admitió haber sido víctima de la conducta depravada. Tratándose de un menor, lo esencial para no vulnerar el art. 19 de la Convención sobre los Derechos del Niño; es no adoptar criterios ceñidos en conceptos estancos, porque lo esencial es tutelar la integridad física y moral de un menor, no evaluar si el proceder depravado del que fue objeto tendía a satisfacer o no la libido del agresor sexual.

 

No hace falta que el agresor sexual avance sobre zonas pudendas o alcance la impudicia, lo que debe ser relevante es si ese comportamiento puede dejarle secuelas o invalidar la inmunología psíquica de una menor, si esa conducta puede causarle una inversión en su sistema axiológico en formación, para según ello, tener por acreditado el delito.Sin duda, no habiéndose desvirtuado que el imputado abusó sexualmente de la menor, parecería hasta pueril absolverlo en virtud del principio “in dubio pro reo”.

 

En otro orden de cosas, debe recordarse, según lo sostuvo la psiquiatría forense, que las pasiones son estados afectivos intelectualizados e impregnados de sentimientos, de gran potencial afectivo, caracterizados por una persistencia que puede llegar a constituirse en permanencia. Ello trae aparejado que el individuo en tal estado le conceda una predominancia en su actividad psíquica dejando de lado toda cuestión ajena a su pasión, con lo cual la amplitud de su conciencia se verá focalizada únicamente en ella, limitándose por consiguiente su actividad, y quedando su conducta condicionada en concordancia con su estado pasional.

 

Dentro de ese orden de ideas Riu y Tavella sostienen que: desde ya se producirá una canalización existencial unilateral del individuo con desatención a toda otra actividad ajena. Estos estados que no significan patología y que pueden ser experimentados por cualquier persona en determinados momentos de su vida, lo cual es bastante común, pueden llevar al individuo a un estado patológico cuando su pasión llega a la producción de ideas sobrevaloradoras de connotación anormal. Sobre todo que, generalmente, en esos casos, dichas ideas presentan una extraordinaria firmeza y una muy difícil reductibilidad. A renglón seguido, los autores acotan: si bien en esos casos no puede hablarse de una sensible desviación del juicio, se hace evidente una marcada propensión conductal acorde al profundo convencimiento que dichas ideas llevan implícito, y la persona focalizará su existencia alrededor de ella con una reducción de las demás expectativas evolutivas psíquicas, pues toda su actividad mental se hallará impregnada del tono típico de la pasión subyugante (“Psiquiatría forense”, Ledener Editores Asociados, Bs. As., 1987, pág.285 y sgtes.).

 

En efecto, cuando existe un predominio de las denominadas tendencias egoístas, los estados pasionales se polarizarán hacia el odio, el orgullo, la avaricia, la venganza, deseos sexuales abyectos, estados éstos conocidos genéricamente con la denominación de bajas pasiones; mientras que cuando el predominio sea ejercido por tendencias altruistas, los estados pasionales se expresarán por acciones filantrópicas, caritativas, piadosas o religiosas; cuando no, en los casos en los que predominen las pasiones impersonales se manifestarán como expresiones de la pasión científica o artística (Riu y Tavella, ibidem, pág. 286).

 

Quiere decir, entonces, que en la especie se ahondó en la investigación necesaria para descubrir la verdad de lo realmente acontecido respec to de la menor; se profundizó en un examen físico, informe psico-social sobre sus condiciones de vida, ámbitos socio cultural, costumbres y prácticas comunes; condiciones en las que mora y grupo sobre el que recibe una interactuación valorativa tanto en relación al imputado como de la menor.

 

3º) Que finalmente es del caso señalar, que la Convención de los Derechos del Niño consagra expresamente el principio del interés superior del niño, al que define como la máxima satisfacción integral, simultanea de los derechos y garantías reconocidos en el mencionado instrumento, disponiendo, además, que cuando exista conflicto entre los derechos e interés del niño frente a otro derecho e interés igualmente legítimo prevalecerán los primeros.Asimismo, a través, de numerosos artículos declara, en primer lugar, la condición del niño como sujeto de derecho, su derecho a ser oído y que su opinión sea tenida en cuenta, su derecho a la dignidad y a la integridad personal, como así también coloca en cabeza del Estado una serie de obligaciones consistentes en adoptar las medidas que fuesen necesarias para proteger a los niños del abuso sexual, entre otros.

 

4º) Que es del caso destacar que sobre el particular, ésta Corte tiene dicho en numerosos precedentes (Tomo 119:269, 120:1, 133) que en nuestro sistema procesal rigen la libertad probatoria y la sana crítica racional. Ello implica, por un lado, que el juez no debe atenerse o limitarse a los elementos probatorios descriptos por la ley y que, sean cuales fueren los que se arrimasen a la causa para demostrar o desvirtuar la existencia del hecho, conserva la facultad de valorarlos conforme a las reglas del recto entendimiento humano, sin sujeción a directivas o tasación alguna. En consecuencia, le es dable al tribunal fundar su certeza a partir de aquellos elementos conducentes para el esclarecimiento de la verdad y nada impide que un pronunciamiento condenatorio se sustente con el testimonio de la víctima, siempre y cuando, ésta sea objeto de un riguroso análisis y se expongan los aspectos que determinarán que le sea asignada credibilidad.

 

Por ello es que, cabe considerar debidamente aplicado el método de la sana crítica racional, si la atribución certera del hecho se efectúa a partir del análisis del testimonio de la víctima, cuyos dichos fueron pormenorizadamente evaluados.En tal sentido, ésta Corte tiene dicho que las reglas de la sana crítica reclaman que las manifestaciones contradictorias de un testigo sean analizadas para determinar cuáles de ellas son relevantes para el esclarecimiento de la verdad, ya que tales contradicciones no permiten sin más, que la declaración de la víctima, prueba de capital importancia, sea dejada de lado (Tomo 121:351).

 

Las reglas de la experiencia común que deben gobernar la apreciación de la prueba, indican que de ordinario la comparecencia ante la justicia para exponer un ataque a la libertad sexual, supone de parte de la víctima una situación traumática que, en principio, puede ser vencida a partir del impulso de que se haga justicia, de allí que quien pretenda que son otras las motivaciones con que se conduce quien se dice afectado por el hecho, debe ponerlas de manifiesto.

 

En el presente caso, el modo en que ocurrieron los hechos fue derivado principalmente del aporte testimonial de la víctima fs. 49, 139 y vta., 156 y vta. quien declaró haber sido abusada sexualmente por el imputado señalado que los hechos tuvieron lugar en el domicilio de ambos en oportunidad en que todos salían, describiendo las prácticas sexuales a las que fue sometida mediante uso de la fuerza y amenaza, desde los 6 u 8 años de edad aproximadamente y resultando sus dichos, los cuales fueron coincidentes y mantenidos a lo largo de proceso, corroborados con los informes médico de fs. 158, psicológico de la menor fs. 443/444, psiquiátrico y psicológico del imputado (fs. 239 y 474) socio-ambiental fs. 245/248, con las declaraciones del progenitor de fs. 2 y vta,.49,y 462 vta, de las Lic. Juri de fs 473/474 y Domínguez de fs. 473 y del Dr. Flores fs. 473 y vta., de las testigos Strizich (fs. 6 y 258), Gómez (fs.259 y 465/466), Arnedo (fs. 471 y vta., Navarro (fs. 306), Aguirre (fs. 171 y vta.y 478/479) porque en el caso de autos quedó debidamente acreditado con el grado de certeza necesario las circunstancias de tiempo, lugar y modo en que se llevaron a cabo los ilícitos por parte del imputado.

 

5º) Que de tal modo basándose en pruebas pertinentes y aptas, congruentes entre sí y producidas en la audiencia de debate en presencia del juzgador y de las partes, quienes contaban con amplias facultades para cuestionarlas, indagarlas, controlarlas y argumentar sobre ellas, resultando de allí que los dichos de la víctima fueron debidamente corroborados por los informes médicos y psicológicos incorporados, cabe concluir que el “a quo” formó su convencimiento conforme la sana crítica racional al encontrar penalmente responsable al acusado por los hechos de abuso sexual con acceso carnal.

 

Así planteadas las cosas, no puede perderse de vista que la sentencia es la decisión del juez que agota la relación procesal o una fase de ella, que por lo demás debe ser autosuficiente, y bastarse a sí misma mediante su lógica interna, de modo que si se arriba a un pronunciamiento condenatorio en el cual se ha motivado la sanción a imponer, no debe prosperar la casación interpuesta, debido a que evidentemente hubo una inobservancia normativa; conforme a ello Clariá Olmedo dice que: la sentencia estará afectada por falta de motivación en grado de nulidad cuando los fundamentos sean insuficientes o contradictorios, de manera tal que no alcancen el mínimo necesario como para justificar la decisión (“Derecho Procesal”, Depalma. Bs. As., 1983, Tomo II, pág. 236), lo que no ocurre en el caso.

 

6º) Que de lo expuesto, puede concluirse que la sentencia contiene una fundamentación adecuada respecto de los hechos atribuidos al acusado, sin que se advierta una valoración errónea de la prueba alegada por el recurrente.Nada hay en los fundamentos expuestos en el fallo que permitan establecer que se hubiesen transgredido los límites de las atribuciones discrecionales de apreciación de prueba propias del tribunal de juicio, o para llegar al estado de certeza sobre los hechos en los que se basa la acusación se haya procedido de manera arbitraria, por lo que corresponde desestimar el recurso de casación interpuesto por la defensa de D. M. G. y, en su mérito, confirmar la sentencia de fs. 483, 528/535 vta.

 

Por lo que resulta de la votación que antecede,

 

LA CORTE DE JUSTICIA,

 

RESUELVE:

 

I. NO HACER LUGAR al recurso de casación interpuesto a fs. 549/552.

 

II. MANDAR que se registre, notifique y, oportunamente, bajen los autos.

 

(Fdo.: Dres. Guillermo A. Posadas -Presidente-, Guillermo A. Catalano, Guillermo Félix Díaz, Abel Cornejo, Gustavo A. Ferraris y Sergio Fabián Vittar -Jueces d Corte-. Ante mí: Dra. Mónica Vasile de Alonso -Secretaria de Corte de Actuación-).

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