Responsabilidad ambiental. Primera parte

Autor: Morel, Juan Claudio

Fecha: 30-sep-2009

Cita: MJ-DOC-4402-AR | MJD4402

Sumario:

I. Resultados del conflicto ambiental. 1. Remediación. Recomposición.

Doctrina:

Por Juan Claudio Morel (*)

INTRODUCCIÓN

Iniciaremos con este artículo una serie de cuatro, que implican un breve abordaje al siempre vigente tema de la RESPONSABILIDAD AMBIENTAL. El enfoque tiene una perspectiva que pretende observar el objeto en estudio desde el conflicto mismo que implica en una sociedad, la discusión por los bienes ambientales. En este punto estudiaremos rápidamente tan solo cuatro aspectos de los conflictos ambientales y la responsabilidad que se genera a partir de la misma: 1) recomposición del ambiente, 2) indemnizaciones, 3) sanciones y 4) otras alternativas a la sanción tales como las “astreintes” o la “probation”. Naturalmente no tenemos la pretensión de ofrecer un marco acabado a un tema interminable pero sí, de poner en evidencia algunos aspectos que siguen ofreciendo dudas, pese a la certeza con que se los explica desde algunas fuentes. Asumiendo que este primer trabajo tiene un carácter claramente expositivo, no ofreceremos conclusiones porque sería alegar sobre nuestras convicciones. En los siguientes tres trabajos ofreceremos breves conclusiones que intentarán controlar el análisis efectuado.

I. RESULTADOS DEL CONFLICTO AMBIENTAL

Estudiaremos en este trabajo los efectos o resultados del conflicto ambiental, esto es, las consecuencias jurídicas de las acciones de los sujetos contrarias a “aquella rama del derecho que regula las actividades humanas productoras de un impacto ambiental significativo con la finalidad de proteger el ambiente o naturaleza”: el derecho ambiental (1). Desde este punto de vista tenemos tres efectos principales, lo que implica estudiar el concepto de daño ambiental desde un triple enfoque: reparar (remediar/recomponer), indemnizar y sancionar. Al final mostraremos alternativas complementarias a estos resultados sub-examen.

1. REMEDIACIÓN. RECOMPOSICIÓN

a. Concepto

En Derecho Ambiental, la reparación del daño importa “recomponer” y “remediar”, vocablos estos últimos que son como dos caras de una misma moneda destinada a pagar el daño realizado al entorno.Una cara pretende recomponer, volver las cosas “ex ante” o “statu quo ante”; la otra, remediar o mitigar los efectos negativos a sabiendas de que nunca ese entorno dañado volverá a ser el de antes, pero que vale el intento de recomponerlo en la máxima expresión posible o al menos impedir los eventuales y probables efectos nocivos de tal daño traducido en un impacto negativo en el ambiente.

El derecho de cada habitante de la Argentina a un ambiente sano y equilibrado implica correlativamente un deber, que es el de PRESERVACIÓN. Este derecho-deber surge del plexo jurídico ambiental de la Argentina, principalmente del art. 41 de la Constitución Nacional (2), art. 28 -1º párr.- de la CPBUE y de la Ley General del Ambiente 25.675 (art. 2 , aunque en este ordenamiento sea un cometido estatal) y la Ley 11.723 del Medio Ambiente en la Provincia de Buenos Aires (arts. 2 y 3 ). Tanto la defensa como la restauración corresponden al Estado y a los ciudadanos.

Queremos enfatizar entonces, que la obligación de remediar se encuentra primordialmente en la Constitución cuando en el art. 41 leemos que “el daño ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer, según lo establezca la ley”.

El concepto de daño ambiental, dicen LAMBERTI y NOVAK (3), plantea una diferencia sustancial respecto a la noción de daño que se maneja habitualmente a través del Código Civil y el principio establecido por el art. 1083 (Ley 17.711) que textualmente expresa que “el resarcimiento de daños consistirá en la recomposición de las cosas a su estado anterior, excepto si fuera imposible, en cuyo caso la indemnización se fijará en dinero. También podrá el damnificado optar por la indemnización en dinero”. Cuando el art. 41 menciona la palabra “prioritariamente” es precisa en el sentido de señalar una prioridad:RECOMPONER el daño in natura retornando el estado de las cosas al momento anterior a su producción y de ser ello imposible mitigar o REMEDIAR los efectos negativos causados al ambiente con una indemnización en dinero que desde 2002 con la sanción de la Ley 25.675 es parte del Fondo de Compensación Ambiental. Veremos más adelante que estos fines se pueden conseguir también mediante la ejecución forzada (en una clausura o quite de habilitación, por ejemplo) o por demolición (art. 632 CCiv.).

b. Recomposición o reparación in natura

La recomposición o reparación “in natura” tendiente a suprimir o borrar el daño causado (facere) en este caso la alteración de la normal situación del ambiente objeto (por ejemplo una contaminación), constituye como contrapartida desde el punto de vista del derecho civil la forma de reparación en especie correspondiente a los deberes incumplidos -arts. 532 , 634 y 1071 bis CCiv.- (4). En un caso de construcción clandestina se decidió como recomposición in natura que tal construcción excedía el uso regular de la propiedad y que pese al carácter no acumulativo del segundo párrafo del art. 2618 del CCiv. procedía el cese de molestias y la indemnización pecuniaria por perjuicios ya producidos y hasta su cesación. (5).

Sin embargo, desde el punto de vista estricto del derecho civil (arts. 1083 , 1113 y 2618 ), la procedencia de este marco jurídico también depende a una pauta determinada en el art. 2618 CCiv.y es que la degradación del ambiente no exceda de la “normal tolerancia”. La obra de Guillermo CANO (6) nos sigue enseñando que la vecindad impone la tolerancia de ciertas molestias o incomodidades ordinarias, además la sola existencia del ser humano contaminante per se determina que no pueda pensarse en una supresión total de la degradación del ambiente, a lo sumo en niveles compatibles con la vida (ahora se habla de “calidad de vida”, v., por ejemplo, Ppio. 8 Río 92, art. 45 inc. 2 de la Constitución española, Ley 11.723 en la Provincia de Buenos Aires, art. 5 inc. e, art 29 in fine Ley 25.618, etc.). Entonces dentro de estos límites los seres humanos deben soportar exhibir una “normal tolerancia” a la contaminación porque es imposible de erradicar totalmente y dentro de los límites de afección a los valores jurídicamente protegidos.

c. Remediación

La condena también puede ser como dice BUSTAMANTE ALSINA (7) una condena a “hacer”, a realizar determinadas obras, o a perfeccionar un procedimiento productivo mediante la eliminación de determinados elementos en el proceso (eliminar los agroquímicos o fertilizantes de un cultivo) o mediante la instalación de dispositivos que disminuyan sensiblemente los vertidos atmosféricos para mitigar los efectos dañinos de una determinada industria en el ambiente. STIGLITZ (8) comenta un fallo del Tribunal Supremo Español de 1980 en que frente al reclamo de una asociación de propietarios perjudicados por los humos industriales de una central termoeléctrica, se ordenó como medida reparativa o mitigadora montar una instalación de re-acondicionamiento del anhídrido sulfúrico para mejorar el filtrado de las chimeneas y así prevenir inmisiones nocivas para el ambiente y por ende, la salud humana (9). Es la misma situación que con otro marco jurídico se daría para el decisivo fallo “López Ostra c/ España” (sentencia del 09/12/1994, Dem. N° 16.798/1990) del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que consideran al ambiente como un derecho humano.Hay otros casos como “Guerra y otros c/ España” (sentencia del 19/02/1998, Dem. N° 14.967/1996) o “Hatton y otro c/ Reino Unido” (sentencia del 01/10/2001, Dem. N° 36.022/1997). En la Argentina, se condenó a una empresa a insonorizar su establecimiento industrial, instalar un sistema de purificación de aire y neutralización de olores además del pago de una indemnización pecuniaria (10) está claro que el daño no desaparece, pero se minimizan sus efectos: se los mitiga.

d. Reparación

El uso de palabras tales como “recomponer” o “remediar” puede dar lugar a confusiones, de manera que vale la pena agregar este título para despejar dudas. Lo dicho porque en la Argentina estamos acostumbrados al vocablo “reparación”. Es más, aludir los otros dos vocablos entrecomillados no sustituye ni elimina la “reparación”. La recomposición o reparación “in natura” tiende a suprimir o borrar el daño causado (facere), o sea, la alteración de la normal situación del ambiente. Además si recomponer es componer nuevamente lo que se des-compuso, tal composición no es posible en todos los casos y entonces se busca un remedio, se remedia el daño intentando disminuir sus efectos nocivos o mitigando los mismos. Pero cuando esta recomposición es posible, es necesario, y hasta obligatorio volver las cosas a su estado anterior, “ex ante”, y esta situación no excluye la reparación del daño causado aun en el caso de ausencia de normativa que lo disponga, porque el art. 41 CN es operativo (11).

Hay doctrina (12) que ve el significado del verbo “recomponer” en el sentido de tomar medidas de reconstrucción o restauración. Así, recomponer es sinónimo de sanear, restaurar, “to clean up” (13). En la ingeniería se lo identifica con la remediación porque cuando hay daño ambiental es preciso recomponer, remediar o restaurar. Pero jamás debemos perder de vista que la verdadera tutela al ambiente es la aplicación enérgica del principio preventivo y del principio precautorio.Ambas máximas surgen no del ordenamiento civil que quizás por milenios tuvo la tarea de tutelar al ambiente sin diseño específico para ello, sino de la doctrina jus-ambientalista, de ordenamientos internacionales como Estocolmo 1972 y de Río 92. Siempre se debe seguir con carácter primigenio la reparación en especie, únicamente en forma subsidiaria quien pretende tutelar el ambiente deberá perseguir la indemnización. Es interesante a estos efectos traer a colación la s entencia de primera instancia dictada por el titular del Juzgado Civil y Comercial Nº1 de Tandil Dr. Víctor García, en Autos Nº 16.817/1993 y en CA CyC Azul Nº 36.032/1994 “Municipalidad de Tandil c/ Transportes La Estrella SA y otro s/ Daños y Perjuicios” en donde se obligó al actor victorioso a “afectar presupuestariamente” los fondos ingresados producto del juicio para la reparación, sin que pudiera darse ningún otro uso. Tal criterio sería confirmado por la Alzada, coincidimos con Antonio José SÁNCHEZ SÁENZ (14) en que el término más apropiado para denominar a este tipo de reparación es “restitutio in pristinum” pues este último vocablo, no solo abarca la restitución de las cosas a su estado anterior, sino que engloba la prevención de futuros daños, gracias a la adopción de medidas correctoras.

Si bien es cierto que la reparación es la forma más idónea para reparar el daño ambiental, la misma acarrea una serie de dificultades tanto en su planeamiento como en su ejecución.Entre ellas encontramos el margen de discrecionalidad con que se cuenta a la hora de realizar las obras que recomponen el ambiente, o bien, la de encontrar y armonizar los diferentes criterios técnicos y científicos sobre la forma de llevar a cabo la reparación, y por último porque recomponer o remediar no es sencillo, máxime en un país como la Argentina sin historiografía ambiental lo que dificulta sobremanera volver las cosas ex ante, porque comúnmente no hay conocimientos científicos acerca de cómo era el entorno antes del daño ambiental. Es así como, en determinadas circunstancias si el daño no es importante, es mejor dejar que la naturaleza se encargue de su regeneración y efectuar otras remediaciones.

Ahora bien, vale la pena detenerse en el Principio Nº 16 de Río 92 denominado “contaminador pagador” o “quien contamina paga”. El obligado a reparar es aquel por cuya conducta aconteció el daño. De esta forma, debe afrontar las sanciones impuestas, pagar multas en su caso (v. gr. Ley General de Ambiente 11.723 en la Provincia de Buenos Aires), cesar en su conducta lesiva para con el entorno y pagar la reparación de lo que ha dañado ambientalmente. Claro que es posible que el productor del daño no pueda efectuar la reparación per se por varias razones, ya sea porque no tiene los elementos técnicos o porque está en quiebra (en este último caso vemos paradójico que la multa o la sentencia definitiva de daño vayan a la masa como quirografarios. . . bonita tutela si se trata de la deuda de una tasa ambiental como las del art. 16 de la Ley 24.051 pensamos que goza de privilegio) pero la consecuencia es la misma no se puede regresar al ambiente a la situación ex ante.

Por estas razones es que el desarrollo teórico derivado de la legislación civil por sí solo es poco potente para reparar el ambiente.Por ello, no debe olvidarse que el derecho ambiental es un nuevo instituto que cuenta con elementos no convencionales y que es preciso conocer y usar, porque el dinero cuando se lo consigue, siempre llega tarde. Por esta razón es importante la participación ciudadana en la reparación del ambiente a través de sus muchas variantes, ya sea con información ambiental, con participación en forma de audiencias públicas, evaluaciones de impacto, etc. El ambiente es cosa de todos y por lo tanto todos debemos coadyuvar al mantenimiento de su estado ideal. Y si el productor del daño ambiental no tiene capacidad técnica para recomponer, se le debe cobrar el dinero que cueste la recomposición del mismo, llamando a realizar la labor a científicos, técnicos y vecinos del lugar donde aconteció el menoscabo ambiental. Así los ciudadanos, Estado y ONGs se convierten en los actores sociales inmejorables para asesorar y enseñar para la recomposición de los daños ambientales tanto ante la insuficiencia del condenado como por imposibilidad de identificar al delincuente. El dinero necesario en la Argentina surge del fondo del art. 34 de la Ley 25.675, pues consideramos que será difícil lograr la participación de aseguradoras en negocios de tan alto riesgo en eventuales siniestros ambientales de envergadura (art. 22 de la Ley 25.675).

Se entiende entonces por qué es tan necesaria una adecuación en la gestión de justicia ambiental de manera que en el entorno se persiga la búsqueda de la verdad real de los hechos investigados y la restauración y recomposición ambiental, en la medida de lo posible en la misma fuente o recurso degradado o contaminado.

i. Reparación a daños de incidencia colectiva

El sistema jus-ambiental argentino tiene algunas peculiaridades entre las que se encuentra una metodología normativa consistente en tratar discriminadamente un caso especial de daño ambiental cuando tiene incidencia colectiva. Es el caso que trata la Ley General del Ambiente. Particularmente nos interesa destacar el art. 27:”El presente capítulo establece las normas que regirán los hechos o actos jurídicos, lícitos o ilícitos que, por acción u omisión, causen daño ambiental de incidencia colectiva. Se define el daño ambiental como toda alteración relevante que modifique negativamente el ambiente, sus recursos, el equilibrio de los ecosistemas, o los bienes o valores colectivos”. No es claro el texto de la norma en estudio, en el sentido de determinar si pretende establecer un régimen dual en la materia (15) o si se trata de una afinación complementaria tratándose de temas puramente ambientales. Sin entrar a analizar cuestiones que no son propias de este estudio, prima facie, pareciera ser insostenible el marco normativo de la Ley 25.675 sin el soporte del Código Civil, porque un tratamiento tan laxo del tema como la efectuada por la norma transcrita no le permite acceder al status de autónoma. Para ello, debieran agregarse aspectos centrales que tipifican acabadamente la figura, tales como: “nexo de causalidad”, “reparación diferencial” (de existir) en lo cuantitativo y fundamentalmente en lo cualitativo según veremos más adelante y desarrollar acabadamente el instituto, sin necesidad de la remisión que se efectúa en el último párrafo del art. 20 Ley 25.675 cuando deja a salvo “. . . otras acciones judiciales que pudieran corresponder”.

Asimismo, y como bien lo señala BESALÚ PARKINSON, el vocablo “relevante” del art. 28 Ley 25.675, da la idea de considerar dentro del concepto tan solo a algún tipo de daños que tienen estos ribetes. Los daños de incidencia individual del Código Civil (confesamos dudas con el art. 2618 CCiv.) parecieran no requerir este punto, pero cuando retornamos a lo ambiental, por ejemplo el caso de la Ley 25.612, vemos que nuevamente aparece esta obligación de mínima tolerancia en el art.29 cuando dice “que no pongan en riesgo la calidad de vida de la población en forma significativa”. Cierto grado de contaminación es “inevitable, la degradación del ambiente se enrola en la categoría de daño intolerable, por ello el límite de la normal tolerancia, según la fórmula del art. 2618 del CCiv., no es aplicable en los casos de degradación del medio ambiente susceptible de afectar la salud” (16).

Lo que tenemos aquí es un viejo sistema de responsabilidad que como vaso comunicante va buscando el nivel del daño ambiental a fin de ejercer su tutela. El Código Civil y la Ley 25.675 en su complementariedad no le dan mayor especificidad al daño ambiental que aquel que pueda brindar la tibia referencia a la incidencia colectiva que hemos descripto. Todavía los sistemas legislativos no han avanzado en un sentido de autonomía total del daño ambiental y buscan su reparación con el mecanismo clásico de la responsabilidad civil no siempre fácilmente adaptable al daño ambiental específico. Si se medita sobre el particular, fácilmente se concluye que: 1- la evolución a un régimen de total autonomía puede ser lenta, en muchos casos matizado por el carácter conservador de nuestra disciplina tan poco propensa a los cambios notables; 2- como el daño se tutela en la medida de la pérdida de utilidad, la primera reacción del sistema es tutelar solo ese detalle, es decir, el aprovechamiento; 3- la otra tutela se da a la amenaza a la salud, v. gr. contaminación. Esta dificultad por ver que el daño al ambiente se justifica no tanto por los motivos de una visión tan antropocéntrica sino porque los seres humanos dependemos de la naturaleza; se termina la vida sin ella y tan solo por eso debemos cuidarla. Si esta visión pudiera ser instalada, probablemente los sistemas legales traerían como plus una nueva teoría del daño.Mientras tanto observamos que los cambios son muy lentos pero no tanto como para identificar el daño ambiental con el daño moral, según veremos en el próximo apartado, con lo cual adelantamos nuestra opinión.

ii. Daño ambiental como daño moral

Algunos autores (17) entienden que siendo el daño moral una lesión producida a un derecho extra-patrimonial y siendo el ambiente asimilable a alguna de las tipologías extra-patrimoniales, debe proceder la indemnización por daño moral cuando se trata de afecciones dañosas al ambiente. Pensamos que sigue este autor alguna jurisprudencia que citamos en este trabajo pero en su voto de Primera Instancia (Municipalidad de Tandil c/ Transportes la Estrella). Esto es así porque la postura expuesta en Segunda Instancia concede la existencia de daño moral colectivo. Es más, en aquella época (hace de esto más de una década) nosotros también acompañábamos esta idea, pero hoy encontramos elementos para cambiar nuestra opinión.

Como sea, los seguidores de esta forma de pensar entienden, y no sin argumentos, que el Derecho “no puede reducir su esfera de protección a los intereses patrimoniales, teniendo un carácter de universalidad”. De esta manera, se desprende que la protección jurídica del ambiente no se reduce al ámbito de la reparación (in natura) o a su indemnización , sino que es integrativa también de los daños causados al hombre, entendiendo esto como comprensivo de los daños que afectan su patrimonio, su integridad física, su integralidad, etc. (18).

Si bien consideramos que el autor en análisis y la jurisprudencia citada ofrecen sólidos argumentos, reiteramos reparos a esta interpretación. Otros autores consideran que el daño ambiental es autónomo y que no debe confundirse ni asimilarse al daño moral (19). Es más, ciertos reclamos pueden acumular en nuestro juicio las dos especies, justamente porque deben diferenciarse. Otros autores como la jurista española Lucía GOMÍS CATALÁ interpretan que este daño puede afectar de dos maneras:a la naturaleza o a un recurso natural de manera directa a la esfera de derechos patrimoniales o personales de un sujeto ya sea porque los recursos son de su propiedad (o tiene un derecho sobre ellos afectado por el daño que sufre el recurso) o bien el daño ambiental afecta la vida o la salud. En cambio, los daños ambientales puros son los que sufre la naturaleza como un todo sistémico, pero sin tener una afección directa e inmediata sobre los derechos de una persona determinada (20). Andrés BETANCOR RODRÍGUEZ participa de esta visión (21).

A nuestro juicio, y continuando el análisis de Lucía GOMIS, hay más diferencias entre daño moral y ambiental que impiden su asimilación o tratamiento conjunto. Veremos diez notas más:

1- El daño puramente ambiental lo es en la naturaleza misma: en los acuíferos, la nervadura de las hojas, los sarmientos de las parras, en el cuerpo de la vaca, en su leche y en su carne. El dinero de reparación debe ir directamente allí para volver las cosas al estado anterior. Lo importante aquí es restaurar el hábitat, el lugar donde vive la especie. Es la protección misma del derecho a la vida antes que de las afecciones espirituales, el caso del daño ambiental. No es así con el daño moral, en donde este daño debe ser acreditado en el daño moral causado. Por así decirlo, y exagerando la nota para graficar nuestra idea, hay que agregar en autos las facturas de psicólogo.

2- El daño ambiental puede llegar a ser de incidencia colectiva. No es tan sencillo para un daño moral acreditar los ribetes necesarios como para ser considerado tal. No parece posible aceptar indeterminación en el sujeto, en el daño y en la cantidad de espíritus disminuidos por el daño moral. Los que sí lo acreditaren tendrán derecho a ser indemnizados, pero van por prueba separada.Con lo cual en un mismo expediente podría aceptarse el reclamo de un colectivo que invoque un daño ambiental y rechazarse total o parcialmente el daño moral por no haber sido probada tal alteración espiritual invocada.

3- La reparación al daño indeterminado en el ambiente que causa una afección espiritual tal que puede privar el goce (en la jurisprudencia que abre el camino a esta interpretación) se llama daño paisajístico y ya es una especie bien diferenciada del daño al ambiente. Porque una cuestión es el sufrimiento que produce ver la desolación de un paisaje y otra bien diferente el barro del paisaje que piso; esto es: estar dentro del cuadro o mirar el cuadro. Por ello es que no es lo mismo el paisaje (que representa un gusto actual como las playas, hasta una moda y pertenece al hombre en cuanto ser cultural), que el ambiente (que es permanente y pertenece al entorno mismo) del paisaje; en un caso admiro una postal en el otro juegan todos mis sentidos porque también veo, pero toco, huelo, pruebo y siento. Hoy día el “paisaje”, después de la Convención de Florencia de 2000 (PRIEUR, Michel, “La convención europea del paisaje”, Revista Andaluza de Administración Pública Nº 50, Sevilla, 2003, p. 19) y en la Argentina, después de la sanción de las Leyes 7343 y 8300 en la Provincia de Córdoba o la Ley 12704 en la Provincia de Buenos Aires que protegen al “paisaje” como categoría autónoma de área protegida, a diferencia de la metodología seguida por la Ley 22.351 que consideraba al “paisaje como un mero elemento de las categorías declaradas protegidas: parque nacional, reserva nacional, monumento natural, continuando con la metodología de la Convención para la protección de la flora, fauna y bellezas escénicas naturales de los países de América de 1940.

4- Pensamos que siguiendo el art.38 de la Ley 11.723 que se hace cosa juzgada en términos probatorios en el caso del reclamo rechazado por daño moral, no así en el reclamo ambiental.

5- Imposibilidad de determinar el umbral de tolerancia dispuesto por el art. 27 de la Ley 25.675, y aun en el supuesto de determinarse la inexistencia de herramientas ambientales para dicha determinación, tales como los estándares de calidad.

6- Pérdida de eficacia del mecanismo de responsabilidad civil al considerar un tamaño desmedido del concepto de daño al ambiente (22).

7- La tendencia en general marcada por la legislación convencional internacional y la de la Unión Europea que consiste en legislar en forma separada el daño a las personas y los bienes del “daño puramente ecológico”. V. gr. “Convenios en materia nuclear de París y Viena que contempla responsabilidad por daños a las personas y a los bienes y el Proyecto de Convenio elaborado por Standing Comité de la AIEA que recoge expresamente los daños por contaminación del medio ambiente y los costes de las medidas preventivas. El Convenio sobre el transporte de mercancías peligrosas que define daño como 1) toda muerte o lesión corporal a bordo (. . .) 2) Toda pérdida o daño sufrida en los bienes que se encuentran al exterior del vehículo. 3) Toda pérdida o daño por contaminación al ambiente causada por mercancías peligrosas (. . .) 4) Coste de las medidas preventivas y pérdidas o daños causados por aplicación de tales medidas.Por último, el Convenio del Consejo de Europa indica que la responsabilidad está sujeta a la existencia de un daño que resulte de actividades peligrosas no para el hombre ni sus bienes, sino directamente para el medio ambiente, al tiempo que especifica que, en todo caso, el daño resultante de un deterioro del medio ambiente será considerado como tal en la medida en que no constituya un daño personal o patrimonial” (23).

8- La teoría del daño moral se aplica a afección de bienes propios (daños y perjuicios) que no es el caso en la generalidad de daños ambientales porque trata de bienes que no son de nadie en particular (restitutio in integrum).

9- El daño moral tiene como esencia a aquellos que afectan al hombre en su salud, propiedad y bienestar, pero no puede comprender los daños ecológicos puros, es decir, aquellos daños causados a la naturaleza salvaje sin repercusión inmediata y aparente sobre las actividades humanas (24). Es que el daño ambiental es un tipo que exige deberes del hombre quien no solamente tiene deberes para sí (su moral) sino para con la naturaleza que es el sostén de la vida porque tarde o temprano afectará sus derechos todo lo que se haga a la naturaleza.

10- De todo lo observado se desprende que mientras el daño ambiental es una categoría específica, el daño moral a nuestro juicio es meramente accesorio.

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(1) BETANCOR RODRÍGUEZ, Andrés, Instituciones de Derecho Ambiental, Ed. La Ley, Madrid, 2001, p. 1241.

(2) GELLI, María Angélica, Constitución de la Nación Argentina, La Ley, Buenos Aires, 2001, p. 322.

(3) MORALES LAMBERTI, Alicia – NOVAK, Aldo, Instituciones de Derecho Ambiental, Lerner, Córdoba, 2005, p. 234.

(4) TRIGO REPRESAS, Félix A. – LÓPEZ MESA, Marcelo J., Tratado de la Responsabilidad Civil, Ed. La Ley, FeDYE, Buenos Aires, 2004, t. III, p. 670.

(5) C 1º CC La Plata S 1. “Sarti c/ Ravagnan JA 1986-IV-139.

(6) CANO, Guillermo J., Derecho, política y administración ambientales, Ed.Depalma, Buenos Aires, 1978, p. 289 y ss.

(7) BUSTAMANTE ALSINA, Jorge, Derecho Ambiental; ed. Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1996, p. 159.

(8) STIGLITZ, Gabriel, Tutela del ambiente y del consumidor, dos recientes soluciones en el derecho español”, La Ley 1983-D-159.

(9) TRIGO REPRESAS – LÓPEZ MESA, Ob. cit., p. 671.

(10) “Vinci c/ Schwartz, Santiago y Cía. SRL” en LLBa, 1995, p. 529 citado por TRIGO REPRESAS – LÓPEZ MESA, Ob. cit., p. 672.

(11) BIDART CAMPOS, Germán, Tratado de Derecho Constitucional, Ediar, Buenos Aires, t. II, 1998, p. 87.

(12) TRIGO REPRESAS – LÓPEZ MESA, Ob. cit., p. 674.

(13) HUTCHINSON, Tomás, “Responsabilidad pública ambiental”, t. II, 1999, p. 144, en Daño ambiental, Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 1999.

(14) SÁNCHEZ SÁENZ, Antonio José, “La ‘restitutio in pristinum’ como mecanismo deseable para la reparación de los daños causados al medio ambiente”, Medioambiente y Derecho, Revista Electrónica de la Universidad de Sevilla, 2002.

(15) BESALÚ PARKINSON, Aurora V. S., Responsabilidad por daño ambiental, Hammurabi, Buenos Aires, 2005, p. 2011.

(16) GOLDENBERG, Isidoro – CAFERATTA, Néstor, Daño ambientao, problemática de su determinación causal, Abeledo Perrot, Buenos Aires, 2001, p. 12.

(17) CATTÁNEO, José Luis, Daño Ambiental, en obra colectiva “Reparación Ambiental” de la Serie Servicios Públicos, Editorial Ciudad Argentina, Buenos Aires – Madrid, 2002, p. 103.

(18) CATTÁNEO, op. cit.

(19) MOSSET ITURRASPE, Jorge, Cómo contratar en una economía de mercado, Rubinzal Culzoni, Santa Fe, 1996, p. 144.

(20) GOMÍS CATALÁ, Lucía, Responsabilidad por daños al medio ambiente, Aranzadi, Pamplona, 1998, p. 64.

(21) BETANCOR RODRÍGUEZ, Andrés, Instituciones de Derecho Ambiental, Ed. La Ley, Madrid, 2001, p. 1252.

(22) GOMÍS CATALÁ, ob. cit., p. 63.

(23) GOMÍS CATALÁ, ob. cit., p. 66.

(24) GOMÍS CATALÁ, ob. cit., p. 68.

(*) Profesor de Derecho Ambiental, UNICEN sede Tandil, Argentina. Doctorando Programa de Derecho Ambiental, Universidad de Alicante.

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