Así era el ejercicio de la Abogacía en la época romana

En la antigua Grecia el acusado se defendía así mismo, o lo hacía algún amigo o vecino que testificara a su favor para disculpar al imputado del supuesto delito cometido.

En Roma ese vecino o amigo se fue profesionalizando y acabó intermediando en numerosos pleitos que le daban presencia social y prestigio.

Ser abogado era el camino más directo para llegar al poder político, a pesar de que se tuviera un origen plebeyo, porque en una sociedad esclavista y tan vertical como la romana era muy complicado sentarse en la bancada senatorial si no pertenecías a la clase patricia que era la más privilegiada.

Si eras plebeyo podrías medrar e incluso hacerte un rico comerciante, pero si se quería lucir la toga de senador, ya era otro cantar.

El único camino para llegar a senador, o cónsul, si no pertenecías a una buena familia era la profesión de «advocatus», de abogado.

Marco Tulio Cicerón (106 a 43, antes de nuestra era), el gran orador, en sus comienzos adquirió gran fama en el foro como defensor en muchos pleitos.

Sin embargo, su origen era plebeyo, hecho que no le impidió llegar al consulado, la más alta magistratura romana.

En tiempos de la República los abogados no cobraban por su trabajo.

Lo prohibía expresamente la Lex Cincia promulgada en el año 204 antes de nuestra era.

Se consideraba un deber cívico servir al Estado, y era un honor para aquel «advocatus» que lo ejercía.

Por eso todavía, hoy en día, se le llama “honorarios” al estipendio que recibe el abogado por los servicios profesionales prestados.

Esa Lex Cincia inducía a que solo pudieran ser abogados los que tenían dinero y patrimonio, privilegio solo reservado a los patricios y a contados plebeyos comerciantes.

EL EMPERADOR CLAUDIO PERMITIÓ QUE LOS ABOGADOS COBRARAN POR SUS SERVICIOS
Todo se normalizó y se democratizo mucho más en tiempos del emperador Claudio (41-54 de nuestra era), que autorizó el pago de honorarios y estipuló a un montante máximo de 10.000 sestercios por asunto.

Según un estudio reciente, la correspondencia de sestercios a euros sería que 1 sestercio equivaldría en la actualidad a 1 euro y 33 céntimos.

Para tener una idea del poder adquisitivo que tenían aquellos primeros defensores pondremos como ejemplo que un litro de aceite de la provincia de Hispania costaba en la capital del imperio 3 sestercios y una casa de 300 m2, 12.000 sestercios.

En tiempos de la república la oratoria era un importante instrumento de poder.

Quien hablaba bien y convencía a su público tenía un lugar en el foro como abogado, y si se dominaba el arte de la retórica se terminaba en el senado.

EN LA REPÚBLICA LA EXPRESIÓN ORAL OBTUVO SU GRAN APOGEO
En la etapa republicana se dio rienda suelta a la expresión oral con total libertad. Se podía criticar en el foro a los senadores y hasta los mismos cónsules.

Todos eran puestos en tela de juicio, hasta que llegó Julio Cesar, y sus herederos políticos, como Augusto o Tiberio, donde el arte de convencer se volvió más plomizo y mediocre porque sólo tenía como fin y objetivo, hacer la pelota a los que se autoproclamaban emperadores por la fuerza de sus legiones.

La libertad política fue sustituida por la exaltación al líder o al Dios porque muchos de ellos acababan deificados.

Para ser abogado en la parte occidental del imperio sólo se exigía dominar la retórica.

Sin embargo, para ser «advocatus» en el imperio de oriente había que estudiar cuatro años Derecho en conocidas escuelas como las de Constantinopla y Alejandría.

En estas antiguas universidades el plan de estudios era de 5 años y culminaba con un examen final.

SE AGRUPAN EN COLEGIOS DE ABOGADOS
En el 524 después de nuestra era ya estaban asociados los letrados en colegios profesionales y tenían que residir en la zona donde se estaba adscrito al colegio local.

En caso de infracción un abogado podría ser expulsado hasta 3 años, o definitivamente.

Las normas deontológicas que se tenían que cumplir para ejercer eran la honorabilidad, debían ser personas con una imagen intachable de rectitud.

Estaban prohibidos los atajos y trucos legales: el emperador Valente, en el 366 de nuestra era, castigó a aquellos abogados que alargaban los pleitos con artimañas legales.

En el llamado juramento «calumniae» el «advocatus» se comprometía a no traicionar y dedicarse en exclusiva a defender los intereses de su cliente.

En la misma época antes con el emperador Valentiniano y, después, con su hermano Valente, se exigía la igualdad entre letrados.

Estaba prohibido que un abogado primerizo se enfrentara a otro con años de experiencia.

También estaban sujetos a la Lex Cornelia de Falsis, es decir a actuar de mala fe y asegurar la fidelidad en la defensa jurídica de su cliente.

PROHIBIDA LA INJURIA
Se penaba duramente a los abogados que utilizaban la injuria y por esa falta incluso se les arrojaba desde cierta altura con el consiguiente descalabro profesional y físico del farsante.

De todas maneras, había otras salidas menos arriesgadas para conseguir que el reo se librara por la puerta de atrás de su condena.

Por ejemplo, cuando un condenado a pena de muerte se cruzaba camino de su ejecución con una virgen vestal era perdonado y amnistiado.

Fuente: https://confilegal.com/20200413-asi-era-el-ejercicio-de-la-abogacia-en-la-epoca-romana/

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