#Doctrina Imputabilidad, perfiles criminales y psicopatologías. Primera Parte

Autor: Desimoni, Luis M.

Fecha: 2020-09-22 00:00:00

Colección: Doctrina

Cita: MJ-DOC-15537-AR||MJD15537

Sumario:
I. Antecedentes historiográficos del tema. II. Psicopatía homicida y su problemática ante los Tribunales. III. La Psicopatía en los injustos en general, mas allá del homicidio. IV. Resultados de un estudio de campo en Finlandia sobre estos perfiles. V. Conclusiones. VI. Bibliografía.

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Doctrina:
Por Luis María Desimoni (*)

I. ANTECEDENTES HISTORIOGRÁFICOS DEL TEMA.

Los códigos penales de origen europeo, a partir del siglo XVIII, en general eximieron de culpa a la persona que hubiera cometido un injusto tipificado como delito si ésta no hubiese podido en el momento del hecho, ya sea por insuficiencia de sus facultades o por alteraciones morbosas de las mismas, comprender la criminalidad del acto o dirigir sus acciones. Se disponía que, en caso de enajenación comprobada, el Tribunal podría ordenar la reclusión del agente en un manicomio, del que no saldría sino por resolución judicial, con audiencia del ministerio público y previo dictamen de peritos médicos que declarasen desaparecido el peligro de que el insano representara un peligro de daño a sí mismo o a los demás.

En los casos en que se absolviese a un procesado por las causales referidas precedentemente el Tribunal podía ordenar la reclusión del mismo en un establecimiento adecuado hasta que se comprobase la desaparición de las condiciones que le hicieron peligroso. Los antecedentes historiográficos más antiguos pueden ubicarse en el derecho romano y posteriormente en el derecho español antiguo, a saber: 1) Derecho Romano: Digesto, Lib. XXI, Tít. I, Ley IX. 2) Derecho Español Antiguo: Partida I, Tít. I, Ley XXI, Partida VII, Tít. I, Ley IX; Partida VII, Tít. VIII, Ley IV

Hubo que recorrer un largo camino para que se pudiese escindir el tema de la enfermedad mental, de la construcción inquisitorial en que se condenaba a los enajenados por herejías de todo tipo ya que la demencia era una suerte de embrujamiento, y más recientemente construir sobre injustos previamente tipificados el problema de la comprensión o incomprensión de los hechos actuados por los seres que presentaban perfiles antisociales.

En la actualidad y fruto de trabajos interdisciplinarios, es dable destacar que la solución del tema no es simple ni pacífica entre los juristas y los estudiosos de la mente.Aún hoy vemos, en la Maestría de Criminología Internacional en Ciencias Criminológicas y Forenses que coordino, que los psicólogos se enfrentan al positivismo, en tanto que los juristas pretenden aplicar penas más severas, los unos acotando el marco excusatorio, en tanto que otros buscan una minimización en la cual todo tipo de explicaciones defensistas psicológicas y sociológicas tienen cabida.

Lo expresado me ha llevado a tomar la pluma y emprender estas reflexiones exploratorias desde el marco jurídico cruzándolas con opiniones fundadas en investigaciones de eminentes psiquiatras forenses y psicólogos criminales que nos evidencia que el tema enfocado desde las referidas aristas no es de sencillo tratamiento y merece ser profundizado.

A ello sumaremos en una segunda entrega el tema de la marginalidad violenta y las subculturas, tema más relacionado con la antropología que con la sociología para mi paladar.

Retomando el discurso inicial y desde el punto de vista jurídico, recordemos que algunos autores clásicos han hecho una critica «ab initio» de este título de IMPUTABILIDAD que contenían los códigos. Así, después de denominar «Imputabilidad» los títulos pertinentes los textos de los articulados de muchas legislaciones expresan: «No son punibles. . . quienes al momento del hecho.» etc. Entienden quienes sostienen esa postura que el título debió denominarse «Inimputabilidad» a secas, pero los que se han detenido en tal menudencia bizantina propia de siglos pasados han dejado de tener en cuenta que el título trata la imputabilidad y las circunstancias que eximen de responsabilidad a los delincuentes en determinadas situaciones no son sino:- Un grado de la inimputabilidad, del grado extremo inferior que establece que no habrá responsabilidad cuando se procede en cualquiera de las circunstancias referidas precedentemente

– La imputabilidad cobra grado de responsabilidad y la ley equipara la situación jurídico-penal del autor de un delito a la del autor del mismo delito pero por culpa o imprudencia, y después de estudiar diversas situaciones de imputabilidad relacionada con los menores, su reincidencia, guarda, etc., llega a determinar las circunstancias que atenúan o agravan la responsabilidad criminal en general.

El doctor Moreno -importante autor argentino de principios del siglo pasado- en su obra «El Código Penal y sus antecedentes», da las razones por las cuales el Código, que ha aceptado las instituciones del derecho penal, más modernas para su época, no ha incluido en esta materia lo referente a otro tema muy debatido como el de la «semirresponsabilidad» y que si era contenido expresamente en la legislación italiana.

Se trata de una legislación sobre responsabilidad atenuada, y que según el maestro Garófalo, «tal disposición debería aplicarse absolutamente en todos los casos, pues siempre se encontraría en todo sujeto delincuente, cualesquiera fueren las circunstancias, alguno de los elementos de la semirresponsabilidad»; es más, deberían encontrarse y buscarse en cada sujeto, pues no hacerlo importaría una injusticia manifiesta según su análisis.

Tal punto de vista, aunque humanísticamente muy correcto, hiere de muerte el derecho sustancial ya que hacer intervenir la doctrina de la semirresponsabilidad en la forma como lo pretendía el eminente profesor italiano, podría dejar sin ningún valor las penas prescriptas para los delitos ya que debería aplicarse un derecho penal personalizado y la semirresponsabilidad así concebida reemplazaría a todas aquellas disposiciones del derecho penal positivo que fijan penas para los delitos, bastando que hubiera una disposición que fijara la pena máxima de la ley para un injusto determinado para que funcionase la semirresponsabilidad y se lograra graduar la pena con relación a dicho sujeto y al hecho por él cometido.De hecho hoy han pasado los años y en pleno siglo XXI, muchos tribunales latinoamericanos se encuentran en dificultades frente a las consideraciones de los dictámenes de los expertos forenses que, en alguna medida, condicionan a los magistrados en el momento de sentenciar a un acusado.

El derecho penal moderno se orienta a la consideración y el análisis, en principio, del hecho delictuoso en sí y «a posteriori» profundizar sobre las condiciones internas de la conciencia del encartado que lo impulsaron al acto.

Desde este punto de vista, la histórica pretensión de la semirresponsabilidad colmaba las aspiraciones de las corrientes psicoanalíticas que se «enfrentaban al positivismo y al control social represivo». Entendemos que puede sustentarse la doctrina de la semirresponsabilidad para algunos casos muy específicos. Sin embargo, en lo general, no puede introducirse aisladamente en un cuerpo normativo como un pivote central. En todo caso, y para que su aplicación tenga visos de buenos resultados prácticos sería necesario que todas las instituciones de la ley se estructuren en forma firme puesto que, de lo contrario, el caos será el resultado inmediato.

Parafraseando a Freud «sin el imperio de normas aunque provoquen malestar, no hay civilización posible». Es decir señores lectores, que debemos soportar el malestar de la cultura.

Esas fueron las causas históricas que, al menos en argentina, motivaron la no inclusión en el Código Penal de un artículo que tratara la semirresponsabilidad aplicable a casos psiquiátricos en los cuales se advierte que «los delincuentes comprenden la criminalidad de sus actos pero impulsos interiores psicopatológicos los impelen a cometerlos igualmente».

A modo de ejemplo comentamos que en el 2008 se juzgó en Buenos Aires el primer caso que se ha presentado de un «mass murdered» -tirador o asesino de masa- hecho hasta entonces desconocido en nuestro medio, que fue llevado a juicio por atacar a personas que le eran desconocidas en un shopping con un arma de guerra, causando una víctima de homicidio y otras lesiones y daños graves.El Tribunal lo declaró inimputable por presentar un diagnostico de esquizofrenia. El tema no fue pacífico porque en otra causa incoada contra el mismo sujeto el diagnostico no era coincidente y la defensa estimo que podría presentarse el peligro de enfrentar un «strepitus fori» de pronunciamientos contradictorios en cuanto al grado de la responsabilidad de un mismo encartado.

Retornando los orígenes de aplicación del Instituto, los juristas de nuestro medio consideraron la institución del derecho penal italiano respondiendo a doctrinas poco ensayadas o basadas en principios menos experimentados ya que la normativa dejaba amplios márgenes al empleo de penas paralelas y alternativas y con límites extensos para la apreciación de las atenuantes y agravantes. El magistrado podía apreciar los factores del delito y fijar pena, teniendo en cuenta todas las circunstancias fácticas analizadas a la luz de todo el plexo probatorio dentro del cual, el dictamen del experto, era un indicio más a sopesar en la balanza.

Creemos hoy, en nuestros días, con escaso margen de duda, que cualquiera sea la escuela cuyos principios se sigan, clásica o positiva, con los postulados del libre albedrío determinante de la responsabilidad moral, o responsabilidad legal o social, respectivamente, debe llegar a punirse y/o eximirse de pena solamente al sujeto activo que comete un delito en circunstancias determinadas, tales como las que explicamos precedentemente, de falta absoluta de conciencia sobre la criminalidad.

Y va de suyo que también las distintas escuelas han coincidido en que el sujeto en esos casos es inimputable.

El tema de la inimputabilidad como un instituto nace junto con la codificación debida a las reformas posteriores a la Revolución Francesa que conducen al derecho sustancial y formal para que el Estado garantice una administración judicial imparcial a los ciudadanos.Por ejemplo, en la Francia de los siglos XVII y XVIII no existía y el encierro en nosocomios se aplicaba no con el sentido de salud o enfermedad mental tal como hoy la entendemos, sin o como castigo a inconductas e indisciplinas que el poder religioso o secular determinaba sin un debido proceso.

Así se ejercía el control social para todos aquellos sujetos que no respondían a los parámetros de comportamiento exigidos en aquellos tiempos por quienes ejercían el poder.

II. PSICOPATÍA HOMICIDA Y SU PROBLEMÁTICA ANTE LOS TRIBUNALES.

Hare- y Hakkanen Nylom, investigan, en este trabajo, los efectos de la psicopatía en el comportamiento del homicida posterior al crimen. Se trata en la generalidad de casos en donde el sujeto niega los cargos en la corte y su «habilidad de manipulación» les permite seguir apelando ya que es muy difícil obtener un reconocimiento confesorio. Es preocupante la facilidad con que los psicópatas acusados de crímenes violentos pueden de este modo manipular y eludir el sistema de justicia criminal.

Dicho muy lisa y llano y para que se entienda se disfrazan de inimputables, cuando en realidad eso es un mero «acting» bien presentado. El tema está ligado con la «Impression Management Theory» (Teoría del manejo de la impresión personal). Este es un proceso en el cual una persona trata de controlar las impresiones que otras personas se forman de él o ella, para obtener reacciones favorables. Mucho de la conducta humana está guiada por el deseo de obtener una reacción o impresión favorable en los otros.

En un contexto forense donde la apuesta es alta, esta gente está fuertemente motivada para dar una buena impresión. Tomando en cuenta su habilidad para «la mentira y la manipulación», podemos esperar que los psicópatas, sospechosos o acusados de un crimen, tengan éxito en manipular todos los aspectos del sistema judicial en su favor.El correcto manejo de la impresión o impacto al que nos referimos es relevante en la investigación y procesamiento del crimen, y dicho fenómeno incluye a los interrogatorios policiales y los procedimientos en la corte. Sin embargo, este concepto no ha sido aun suficientemente explorado en la psicología forense.

III. LA PSICOPATÍA EN LOS INJUSTOS EN GENERAL, MÁS ALLÁ DEL HOMICIDIO.

El psicópata, para Hare, es un constructor clínico definido por una conjunción de características afectivas, interpersonales y de conducta, que incluye una fuerte irresponsabilidad (con emociones frívolas, falta de empatía, ausencia de culpa o remordimiento), mentira patológica, carisma superficial y la violación constante y persistente de la norma social. La psicopatía se ha definido como el constructo sicológico más importante en el sistema de justicia criminal. La psicopatía está asociada con variables que están influenciadas presumiblemente por las estrategias del manejo del impacto personal. La habilidad que tienen los psicópatas de influenciar a quienes tienen la responsabilidad de tomar decisiones, es perturbadora. El psicópata es sinónimo de reincidencia y violencia en un contexto poblacional con ciertas características: entran en contacto con la justicia criminal a menor edad, cometen más crímenes y de mayor variedad, y tienen una inclinación a una violencia predadora e instrumental.

La psicopatía es un prototipo de mentira patológica, engaño y manipulación. Dichas características son relevantes en el sistema forense, ya que el intento es engañar al sistema, desafiarlo y vencerlo. Como consecuencia de este fenómeno es dable advertir que la mayoría de los encartados consigue su libertad condicional gracias a su habilidad en impresionar a su favor a las autoridades que deben decidir, por ejemplo, sobre su libertad condicional.

La obtienen fácilmente y normalmente reinciden en razón de su constructo psíquico que es repetitivo. Por otra parte la policía, los abogados y jueces deben enfrentar un desafío enorme al entrevistar e interrogar a los psicópatas, evaluando sus narraciones, relatos y explicaciones de los hechos.Deben lidiar con individuos de falsa labia, pomposos y egocéntricos, adeptos a disimular, a ofuscarse en forma real o fingida y con firme tendencia a atribuir la culpa a fuerzas externas.

No se sienten avergonzados al ser descubiertas sus mentiras. Parecen desconocer las consecuencias de sus actos y estar desconectados de la realidad. Para obtener sentencias menores usan una serie de estrategias y mentiras que los tribunales parecen desconocer como proceso de presentación psicopática y la aparente habilidad para disponer en su favor al sistema judicial se pone en evidencia con lo exitosos que son estos personajes a la hora de obtener la libertad condicional a pesar de la gravedad de su historial.

IV. RESULTADOS DE UN ESTUDIO DE CAMPO EN FINLANDIA SOBRE ESTOS PERFILES.

Se tomó un grupo de 546 criminales que habían dado muerte a 565 personas. La mayoría eran hombres y estaban bajo la influencia de drogas o alcohol. La mayoría de los crímenes fueron cometidos por un hombre solo y en ninguno de los casos informaron a nadie del crimen al dejar la escena. La negación de los cargos se dio cuando el asesinato era realizado en conjunto. Un 18,4% fue condenado con una sentencia por un crimen menos grave del que cometieron. La mayoría invocó defensa propia como la razón primaria del crimen, de este modo mueven la culpa a fuerzas externas y en orden a «salvar su propio pellejo». El negar los cargos y alegar inocencia es una estrategia dirigida a controlar las impresiones que los miembros del tribunal forman de él o ella. Son una mezcla maquiavélica de psicopatía y narcisismo. Así obtienen sentencias reducidas que aún apelan a una Corte Superior.

Por ello es fundamental que los encargados de hacer cumplir la ley entiendan acerca de la naturaleza y el comportamiento de los psicópatas porque al saber cómo piensan y actúan, tendrán la llave tanto para manejar difíciles situaciones de calle o para resolver un caso y presentarlo adecuadamente ante la Fiscalía o los estrados judiciales según los diferentes esquemas procesales.Y en sentido pragmático y cotidiano también podría salvar la vida de más de un policía.

En la sociedad actual algunas características psicopáticas son toleradas e incluso valoradas, por ejemplo, el egocentrismo, la falta de interés por el otro, la superficialidad, el estilo por sobre lo sustancial, ser «piola» o manipular al otro para obtener una ganancia personal.

Al haber leído estas líneas cuantas situaciones actuales pasaran por la mente del lector, ¿cuantos personajes? y muchos que ocupan lugares importantes en la sociedad. ¿Verdad?

V. CONCLUSIONES.

De momento ya hemos alertado la dificultad de los infractores a las normas jurídicas que son atrapados por las redes de la Justicia, para poder burlarla, siempre dentro de un perfil social estereotipado, tema en el cual parcialmente le asiste razón a Baratta. Pero el tema no se agota en semejante simplificación, el tema es la inimputabilidad y los perfiles en general, y la necesidad de la sociedad de poder protegerse de esas personas con comprobada agresividad.

Y con agresividad queremos expresar, capacidad de daño, a modo de predadores que atacan a sus víctimas, en accionares que afectan la vida, la libertad sexual, la dignidad humana, la propiedad, la seguridad y la paz social, para no extendernos más.

El problema del psicópata -llámeselo daltónico moral o predador humano- y estas calificaciones no me pertenecen, tomándolas prestadas, es que afectan gravemente nuestra dignidad humana convirtiéndonos en víctimas de sus accionares primitivos o refinadamente perversos.Y el derecho como ficción cultural civilizatoria, procura evitar que los perfiles más agresivos destruyan a una comunidad que damos por cierto que es inofensiva en alguna medida aunque laberíntica.

El gran problema es que algunos distinguidos profesores» expresan muy sueltos de cuerpo que los «psicópatas no son tantos», se referirá imagino a los tipo «Hannibal Lecter» o los de series Netflix, y ahí probablemente tendrá razón porque Hare expresa que están en la cúpula de su checklist, pero también dice que muchos otros roles sociales cuantan con sus dosis de psicópatas desde los más humildes a los más encumbrados, pero de ese tema nadie habla.

¿Qué curioso no? ¿será ignorancia académica o solapada conveniencia?

Más grave aún en el tema que esbozamos, es que con el tema de la estigmatización es muy difícil expresar que tal o cual personaje es un psicópata criminal peligroso mas allá del rol social que ocupe, porque se estaría violentando su principio de inocencia, y su imagen social al presentarlo como un perfil peligroso para la comunidad, y automáticamente se ligarían dichos conceptos al positivismo clásico, y ya sabemos que Lombroso ha quedado en un limbo, con sus estudios sobre delincuentes. Con la limitación de haber tomado perfiles como el prototipo de Vilella, y algo semejante y en menor medida le podría suceder en el presente a Hare, porqué sus estudios de campo fueron en prisiones.

Para colmo de males Hare sostiene que los empresarios y los políticos «se manejan con su perfil actitudinal como peces en el agua».

Medite el lector sobre el tema y saque sus conclusiones y seguiremos trabajando juntos en futuras entregas.

VI. BIBLIOGRAFÍA.

– BARBOZA SILVA. A.: Mentes peligrosas Fontanar. 2010.

– CARRARA, F.: Programa de Derecho Criminal. Piza. 1920.

– DESIMONI LM, FITENCO O.: El Nuevo Hombre Delincuente. La Ley. 2003.

– FOUCAULT Michel, La verdad y las formas jurídica; p. 127; Gedisa; Barcelona; 1995.

– GAROFALO R.: Criminologia, Torino,1891

– HAKKANEN, Nylom y HARE, Robert: Psychopathy, Homicide ante the courts- Working the system- Criminal Justice and behaviour; Vol XX; Asociation for correctional and forensinc Pshicology; 2009.

– HARE, R. and LOGAN, Matt: «CRIMINAL PSYCHOPATHY: AN INTRODUCTION FOR THE POLICE» to appear in Psychology of Criminal Investigation. Page 2

– HARE Robert: «Without Consciente»; Guilford Press; London; 1993

– MASTRONARDI V. y DE LUCA R.: I Serial Killer; Newton Compton Editori; Roma: 2005

– PALERMO George B. y MASTRONARDI Vincenzo: «Il Profilo Criminologico» Dal la Scena del crimine ai profilo socio-psicologici»; p 3; Giuffre; Milano 2005.

– STONE, M.: A cura da mente antiguedad ate o presente. Artmed.1999.

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(*) Docente. Investigador y Publicista. Director del Master en Criminología y Ciencias Forenses de la Universidad UCES.Bs. As. Argentina en convenio con La Sapienz de Roma.

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