Ambiente y coronavirus

Autor: Aliciardi, M. Belén

Fecha: 19-mar-2020

Cita: MJ-DOC-15243-AR | MJD15243

Doctrina:

Por M. Belén Aliciardi (*)

Desde hace varias semanas, el coronavirus ha acaparado los titulares de los medios de comunicación, está en boca de todos, en las conversaciones, en las lecturas, etc. El impacto generado es colectivo y mundial, tal como el cambio climático.

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El llamado Covid-19, el cual fue declarado el 11 de marzo de este año por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una pandemia (1), con más de 200.000 casos en más de 140 países y lamentablemente con más de 8.000 personas fallecidas (2), ha obligado a la varios de los países a detener sus actividades en la mayor medida posible y Argentina no está exenta de ello.

Esto ha llevado a la población mundial a ir cambiado sus comportamientos y patrones cotidianos para contener y evitar el virus. En algunos países el aislamiento es total y en otros se están tomando algunas medidas sin llegar a ello. Este cambio de comportamiento mundial ante la situación de parálisis, afecta positivamente al ambiente debido a la reducción de la actividad industrial y comercial y a la disminución del transporte terrestre, marítimo y aéreo.

Durante los últimos días se han dado a conocer estudios e imágenes satelitales que demuestran que debido a la crisis por el coronavirus hay una disminución de la contaminación del aire.

La NASA informo cómo las disminuciones en la actividad industrial, comercial y del transporte desde el brote de coronavirus, han reducido los niveles de dióxido de nitrógeno atmosférico (NO2) en China (uno de los países que puso en cuarentena la población y suspendió todas las actividades). Cabe recordar que China es uno de los países que más contaminación genera a nivel mundial y por ello es que ver que se «redujera en un 25% las emisiones de CO2 de China» (3) llama poderosamente la atención.

Por su parte, la Agencia Espacial Europea (ESA) ha difundido imágenes satelitales que muestran también una disminución significativa en Italia de la concentración de contaminantes como el dióxido de nitrógeno. Según explican, la contaminación en el aire de este país, sobre todo en el norte, ha bajado de manera drástica luego de que allí se decretara la cuarentena (4).

Como vemos no solo en China, que fue el país en donde se comenzó a propagar el virus, sino también en Italia se han visto las emisiones de GEI reducidas, y los expertos explican que lo mismo está sucediendo en lugares como Madrid y Barcelona, luego de decretarse la cuarentena.

Hablar de un aspecto beneficioso de esta cuestión es totalmente irresponsable y desconsiderado en medio de personas enfermas y fallecidas. Pero, hay otro elemento muchas veces olvidado: «el cambio climático también se cobra víctimas fatales» y su mortalidad, según enunció Naciones Unidas, se estima mucho mayor a la del coronavirus con el correr del tiempo. Además, todos estos registros son efectos temporales ante las medidas de desaceleración económica y suspensión de actividades (como el transporte e industrias), pero no son el resultado de políticas climáticas. Como dijo el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, en conferencia de prensa: «. No vamos a combatir el cambio climático con un virus» «. Una cosa es una enfermedad que esperamos sea temporal con impactos temporales. Otra cosa es el cambio climático que ha estado allí por muchos años y se mantendrá por muchas décadas, y requiere de acción constante».

Lo que el coronavirus nos está enseñando. O, más bien, reconfirmando. La suspensión de actividades y sus efectos temporales en el ambiente vuelven a evidenciar cuáles son las áreas que requieren de cambios drásticos para responder a la actual crisis climática, como la energía y el transporte; y cuán urgente es desarrollar nuestras actividades en armonía con el planeta.Sólo si, a partir de esto, se toman medidas contundentes y prolongadas en el tiempo, se le dará al planeta el respiro necesario. Mientras tanto, no hay que olvidar que la acción climática debe ser constante y creciente.

«¿Por qué no actuamos ante el cambio climático de la misma forma que ante el coronavirus?» Esto me ha dado vuelta en la cabeza estos días. Llegué a pensar qué medidas se tomarían si la crisis climática fuera considerada una pandemia. ¿Por qué dejamos de subirnos a un avión ante un virus y no por las emisiones que generamos en ese tipo de traslado? «Hemos naturalizado escuchar hablar del problema». «No habrá una vacuna contra el cambio climático». «Solucionarlo lleva décadas de acción». «No se lo trata aún como una emergencia». Son algunas de las respuestas que se esbozan al interrogante inicial en este artículo de Grist (5) y que invitan a reflexionar (6).

Otra cuestión ambiental que ha salido a la luz con el virus, es que según un informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) de Italia, el coronavirus es parte de las llamadas «enfermedades emergentes», como el ébola, sida, sars, gripe aviar, gripe porcina y, en su mayoría, se han generado como «consecuencia del comportamiento erróneo del hombre, por la práctica ilegal o no controlada del comercio de animales salvajes» (7). «De hecho, el 75 por ciento de las enfermedades humanas conocidas hasta la fecha derivan de animales, al igual que el 60 por ciento de las enfermedades emergentes son transmitidas por especies salvajes», asegura el informe.

El informe mencionado destaca los vínculos ocultos entre las acciones humanas y ciertas enfermedades y subraya que la salud humana puede protegerse precisamente defendiendo la naturaleza. «La destrucción de los hábitats y la biodiversidad causada por el hombre rompe equilibrios ecológicos que pueden contrarrestar los microorganismos responsables de ciertas enfermedades y crear condiciones favorables para su propagación», dicen los expertos en el mismo.Por ejemplo, los bosques juegan un papel fundamental en la prevención de enfermedades, a punto de WWF los llaman «nuestro antivirus» y dice que su destrucción puede «exponer a los humanos a nuevas formas de contacto con los microbios y las especies silvestres que los albergan». Adicionalmente, la creación de hábitats artificiales o ambientes con una alta densidad humana puede facilitar aún más la propagación de agentes patógenos. Los virus mutan naturalmente y pueden recombinarse, compartiendo diferentes componentes para crear nuevos virus. Por lo tanto, el comercio de vida silvestre y los mercados de carne, donde varias especies vivas se mantienen juntas y se sacrifican en las mismas superficies, demuestran ser un caldo de cultivo perfecto para nuevos patógenos (8).

El informe de WWF indica que entre los reservorios más probables del coronavirus hay algunas especies de murciélagos, pero la hipótesis de que los pangolines han facilitado su propagación está sobre la mesa (9). «Estos pequeños mamíferos insectívoros son los animales más contrabandeados del mundo debido a las creencias sobre los poderes curativos de sus escamas, pero también para su carne».

«Otra cosa que el coronavirus nos está enseñando». O, más bien, reconfirmando. Es que dados los claros riesgos tanto para la biodiversidad como para la salud humana, los científicos de Wildlife Conservation Society (WCS) y Global Wildlife Conservation (GWC) están pidiendo una prohibición permanente del tráfico de vida silvestre y los mercados de animales vivos.

La epidemia de COVID-19 puede marcar la línea divisoria para estimular la acción sobre el tráfico de vida silvestre en el sudeste asiático. China ha anunciado una prohibición del consumo de animales salvajes (10) ; Vietnam siguió con una prohibición tanto del comercio como del consumo de vida silvestre.Camboya, Laos e Indonesia aún no han hecho una declaración formal sobre prohibiciones, pero estos países han indicado que están buscando regular el comercio de vida silvestre e investigar lo que hay que hacer.

«Finalmente, la última dura enseñanza del coronavirus», es que si no cambiamos nuestro modo de comportarnos con las otras especies animales -tráfico ilegal de animales salvajes, destrucción de sus hábitat- , con el planeta -cambio climático – y con los otros seres humanos -no respetar la cuarentena-, quedara demostrado que nosotros mismos somos nuestra pandemia.

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(1) Ver: https://www.who.int/es/dg/speeches/detail/who-director-general-s-opening-remarks-at-the-media-briefing-on-cov
d-19—11-march-2020

(2) Estas cifras pertenecen al 18 de marzo del 2020.

(3) Ver: https://www.carbonbrief.org/analysis-coronavirus-has-temporarily-reduced-chinas-co2-emissions-by-a-quarter y https://earthobservatory.nasa.gov/images/146362/airborne-nitrogen-dioxide-plummets-over-china?utm_source=TWIT
ER&utm_medium=NASA&utm_campaign=NASASocial&linkId=83339381

(4) Ver: https://www.youtube.com/watch?v=ARpxtAKsORw&feature=youtu.be

(5) Ver: https://grist.org/climate/why-dont-we-treat-climate-change-like-an-infectious-disease/

(6) Recomiendo la lectura del articulo Coronavirus y cambio climático: las grandes crisis de nuestra era se cruzan De Tais Gadea Lara Ver:https://www.redaccion.com.ar/coronavirus-y-cambio-climatico:-una-edicion-especial-sobre-las-grandes-crisi
-de-nuestra-era/?utm_source=RedAcci%C3%B3n&utm_campaign=9822b9cf56-EMAIL_CAMPAIGN_2019_02_08_12_48_CO
Y_15&utm_medium=email&utm_term=0_4a3e7f9768-9822b9cf56-236013345

(7) Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) – Italia. Informe: «Pandemias, el efecto boomerang de la destrucción de los ecosistemas: proteger la salud humana preservando la biodiversidad». También se recomienda la lectura de https://www.nytimes.com/2012/07/15/sunday-review/the-ecology-of-disease.html

(8) Ver: https://es.mongabay.com/2020/03/trafico-de-vida-silvestre-covid-19-coronavirus-pandemia/

(9) Ver: https://www.nature.com/articles/d41586-020-00548-w

(10) Ver: https://www.nationalgeographicla.com/ciencia/2020/01/mas-chinos-presionan-para-terminar-con-los-mercados-de-v
da-silvestre-mientras-que

(*) Abogada, notaria y mediadora (UNC). Especialista en Derecho Ambiental (UBA). Magister en Gestión Ambiental (UNSAM)

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