Medio ambiente y salud. Los efectos del calentamiento global en la salud

Autor: Katz, Ignacio

Fecha: 25-oct-2019

Cita: MJ-DOC-15102-AR | MJD15102

Sumario:

I. Consecuencias sobre la salud. II. La generación de una esperanza.

Doctrina:

Por Ignacio Katz (*)

«Nuestro vínculo común más básico es que todos habitamos este planeta.

Todos respiramos el mismo aire. Todos valoramos el futuro de nuestros hijos.

Y todos somos mortales»

John F. Kennedy

La salud humana es la resultante compleja de múltiples factores que se conjugan de manera dinámica. Entre ellos, el medio ambiente incide en aproximadamente un 20% y, actualmente, el calentamiento global influye en los determinantes económico-sociales y medioambientales de la salud, como un aire limpio, agua potable, alimentos suficientes y una vivienda segura.

Podemos distinguir algunos ejes, aunque en verdad se hallen entrelazados y retroalimentados. Nos referimos al calentamiento global propiamente dicho, a la deforestación (o desmonte), a la contaminación acuática y terrestre (especialmente vinculada a los residuos cloacales como los residuos sólidos urbanos y los que provienen de las industrias), y a fenómenos climáticos puntuales, como terremotos, olas de calor, inundaciones, entre otros. Pero el calentamiento global concentra varios de los problemas puntuales, y es sin dudas el más preocupante debido a sus múltiples (y en parte inciertos) efectos.

CONSECUENCIAS SOBRE LA SALUD

El calentamiento climático global genera trastornos en el clima y en el planeta que van desde terremotos hasta tsunamis, pasando por el deshielo de los glaciares, lo cual hace subir el nivel del mar, generando inundaciones en zonas costeras y catástrofes en islas. El cultivo y las viviendas se ven afectadas. Recordemos que más de la mitad de la población mundial vive a menos de 60 kilómetros del mar. El aumento del nivel oceánico destruirá hogares, servicios médicos y otros esenciales.

Las temperaturas extremas contribuyen a las muertes por enfermedades cardiovasculares y respiratorias, sobre todo en la población de edad avanzada. En la ola de calor de Europa se registraron 70.000 defunciones adicionales a la media.También aumenta la cantidad de ozono del aire, que agrava las enfermedades de este género.

Se calcula que entre 2030 y 2050 el cambio climático causará unas 250.000 defunciones por año, debido a la malnutrición, el paludismo, la diarrea y el estrés calórico. Y el coste de los daños directos para la salud se sitúa entre los 2.000 y 4.000 millones de dólares. Se estima también que aumenten las sequías, generando hambrunas y falta de agua potable. Al mismo tiempo, aumentan las precipitaciones extremas, generando inundaciones y alterando las fuentes de agua dulce que generan criaderos de insectos portadores de enfermedades, como los mosquitos.

Mientras la emisión de gases de efecto invernadero, sobre todo el dióxido de carbono (CO2) asociado a la combustión de derivados del petróleo, aumenta en vez de disminuir año tras año (1), la deforestación empeora el problema al disminuir la cantidad de «succionadores» naturales de dicho gas (los árboles). El propio CO2, además, junto a otros gases y partículas, generan contaminación que afecta a las personas vía la respiración. Es cierto que no todo desmonte es igualmente negativo, y constituye una práctica necesaria para el cultivo, pero, por caso, la progresiva desaparición de Amazonia, «el pulmón del planeta», significa una pérdida tan irresponsable como irreversible.

Además, la deforestación de bosques tropicales genera condiciones óptimas para la difusión de las plagas transmitidas por mosquitos, como la malaria y el dengue. Asimismo, los primates y otros animales transmiten enfermedades a las personas desde los bosques diezmados. Un estudio de Geoffrey Donovan mostró comparativamente que existe una correlación entre la menor cantidad de árboles y la mayor mortalidad humana. Asimismo, el aumento de los viajes y traslados de personas esparcen estas enfermedades geolocalizadas por todo el mundo. Para ello se aplican los controles de viajantes y las vacunas, cuando existen.Doblemente preocupante, entonces, es el actual movimiento mundial antivacunas.

Existen otras cuestiones y enfermedades nuevas, recurrentes o ya consolidadas, que deben llamarnos la atención, como ser:

• La pandemia global de influenza.

• La resistencia antimicrobiana.

• El ébola, el dengue, el HIV.

• Nuevas ETS (enfermedades de transmisión sexual).

• Enfermedades tecnológicas (o tecnopatías).

• Contaminación del aire y otras alteraciones en el uso de las tierras.

• Incremento de enfermedades no transmisibles: obesidad, diabetes.

La situación actual amerita, como lo indica la OMS (Organización Mundial de la Salud), crear una agenda de investigación mundial que genere un seguimiento de éstas y otras tendencias. A nivel local, en particular, preocupa la falta de un sistema de salud que conozca la evolución de estas variables en nuestro país y tenga capacidad efectiva de asistirla. Es imprescindible desarrollar programas que permitan tomar acciones preventivas y procesos de restauración para determinar y evaluar políticas ópticas de control (2).

LA GENERACIÓN DE UNA ESPERANZA

Desde la Cumbre de Río de Janeiro de 1992, pasando por Kioto (1997) y París (2015), la historia de las acciones mundiales para disminuir el aumento de la temperatura media global, acumulan más frustraciones que otra cosa (3). Discursos y objetivos loables pero resultados magros son la regla, con un aumento del nivel de conciencia del peligro, pero falta de determinación política que sea acompañada y empujada por la opinión pública para torcer el brazo a los lobbies económicos que impiden el cambio.

Con su usual ímpetu, son los jóvenes, incluso los adolescentes, quienes más se están haciendo oír. El 15 de marzo de este año casi un millón y medio de jóvenes salieron a las calles de 125 países para pedir que los políticos escuchen las advertencias de los científicos e implementen medidas concretas y vinculantes para luchar contra el cambio climático.No esperan que los gobiernos generen las respuestas, las demandan a gritos, sabiendo que su futuro depende de ello.

Lo cierto es que iniciativas de índole individual a esta altura resultan insuficientes. Podemos separar los residuos plásticos, pero ya es hora de producir con materiales alternativos. Podemos usar bicicleta en vez de un automóvil, pero ya es hora de producir exclusivamente autos electrónicos. Podemos viajar en tren en lugar de hacerlo en avión (4), pero debe estar acompañado de una política de transporte sustentable. La clave pasa por la regulación estatal, con parámetros que prioricen la preservación del medio ambiente y de la salud humana por sobre la maximización de la ganancia. En el área de la salud, igualmente, debemos consolidar una estrategia comprehensiva que aborde este grave problema y su impacto en la salud de las personas.

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(1) Lo que constituye el principal «forzante antropogénico» del calentamiento global, es decir, generado por la acción humana, en oposición a los «forzantes naturales» que también inciden en las variaciones de la temperatura terrestre.

(2) Nuestro país cuenta con el Laboratorio Gulich, que pertenece a la CONAE (Comisión Nacional de Actividades espaciales) y la UNC (Universidad Nacional de Córdoba). Su principal actividad es realizar un diagnóstico temprano de los graves eventos climáticos como las inundaciones, los incendios forestales, los tsunamis, mediante la teledetección de la tierra, los océanos y la atmósfera, realizando captura, y almacenamiento de información espacial con fines pacíficos.

(3) La Cumbre de Río o de la Tierra de 1992 aprobó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que afirma la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que condujo a la firma en 1997 del Protocolo de Kioto (que recién entró en vigencia en 2005, y nunca fue ratificado por EE. UU.). La Cumbre de París de 2015 fue enmarcada con un entendimiento entre los dos principales emisores de gases de efecto invernadero, EE.UU. y China, pero la administración de Donald Trump en 2017 retiró a su país del acuerdo.

(4) La llamada «huella de carbono» es particularmente alta, a nivel individual, por cada traslado en avión, lo cual generó un rechazo a este medio de transporte por parte de poblaciones altamente concientizadas sobre el peligro ambiental, como ser los países nórdicos.

(*) Doctor en Medicina – UBA. Director Académico de la Especialización en «Gestión Estratégica de Organizaciones de Salud» Universidad Nacional del Centro – UNICEN. Autor de: «La Fórmula Sanitaria» Eudeba (2003). «Claves Jurídicas y Asistenciales para la Conformación de un Sistema Federal Integrado de Salud» – Editorial Eudeba (2012). «Argentina hospital. El rostro oscuro de la salud» – Visión Jurídica Ediciones (2018)

Revista médicos Edición Nº 112. Septiembre 2019