Fiebre electoral y fatiga ciudadana

Ante un fastidioso calendario electoral…

Según un provisorio e incompleto cronograma electoral, ya más de una docena de provincias (Neuquén, Rio Negro, Córdoba, San Luis, La Pampa, San Juan, Chubut, Mendoza, Entre Ríos, Santa Fe, La Rioja, Corrientes, Jujuy, etc.), especulativa y mezquinamente «anticiparon» su fecha de comicios.

Debemos añadir la fecha del 11 de agosto de las P.A.S.O. para ungir candidatos partidarios a presidente y a legisladores nacionales; la
del 27 de octubre para la elección definitiva de estos últimos, y, eventualmente, la del 24 de noviembre de ser necesaria segunda vuelta
para definir presidente (o presidenta); sin perjuicio de todas las otras contiendas electorales provinciales y municipales a convocarse
todavía, como por estos días, las controvertidas P.A.S.O. en la «franquicia electoralista Cambiemos» de la provincia de Córdoba.

Constitucionalmente las elecciones generales (nacionales, provinciales, comunales y municipales) en términos de «carga pública e interés general», deberían realizarse el mismo y único día en todo el territorio nacional. En todo caso que todas las demás sean «voluntarias» para los ciudadanos electores.

De modo tal, resulta fastidioso la caprichosa y carísima multiplicidad de un fatigoso calendario electoral que nos exige -obligatoriamente- sacrificar demasiados días de descanso dominical y de albedrio, esto según convenga a corporaciones políticas, «alianzas ad-hoc» o ´caciques regionales´, desdoblar, anticipar, traccionar (o ser traccionados electoralmente), subestimando la paciencia, el tiempo libre y la libertad personal de los argentinos.

Pareciera ignorarse el agobio insoportable que vienen provocando recurrentes abusos electorales «obligatorios» los cuales han naturalizado el cercenamiento del albedrio natural en la vida de cada ciudadano y su familia, limitando sin justicia ni razón, muchos días de descanso,
recreación, cohesión familiar y/o suprimiendo la propia intangible libertad de circular libremente, de comprar, usar, consumir o pasear
en tales días en que aún -absurdamente- se obliga al cierre de todos los establecimientos de negocios o servicios.

Los cinismos de nuestra «casta política», provocan, explican y predicen la pérdida de confianza y el descafeinamiento del entusiasmo electoral ciudadano de millones de argentinos que apenas si pueden presentir -desde un colectivo sentimiento de orfandad e incertidumbre
colectiva-, el propio fracaso como el de sus hijos y de los hijos de sus hijos ante tamaño déficit ético, democrático y republicano, según
dan cuenta nuestro roto contrato social y la saga de generaciones de ciudadanos damnificados.

No otra cosa que estos cinismos fundamentan tanto malogrados planes, programas y proyectos sociales (salud, nutrición, educación, trabajo y vivienda digna, infraestructura resistente, cultura, seguridad, justicia, bienestar general y más), cuanto el enriquecimiento cómplice
y vil de políticos, empresarios, sindicalistas como de algunos periodistas.

Cómo no recordar entonces a Don Ernesto Sábato cuando afirma: «Quienes se quedan con los sueldos de los maestros, quienes roban a las mutuales o se ponen en el bolsillo el dinero de las licitaciones no pueden ser saludados. No debemos ser asesores de la corrupción. No se
puede llevar a la televisión a sujetos que han contribuido a la miseria de sus semejantes y tratarlos como señores delante de los niños. ¡Ésta es la gran obscenidad! ¿Cómo vamos a poder educar si en esta confusión ya no se sabe si la gente es conocida por héroe o por criminal?»

Por último, ante «recidivas electorales» traducidas en descaradas e «incansables» repostulaciones irresponsables de tantos ineptos precandidatos, de funcionarios inventados o reinventados desde 1983; se continuará desacreditando y debilitando -temerariamente- nuestra joven democracia actual.

Finalmente, si a lo dicho añadimos que convivimos en un país dotado de recursos, de riquezas y de talentos incomparables -atónitamente atrapado por burocracias y cleptocracias-, un país que endeudado e hipotecado por generaciones vive de campaña; un país donde pocos
trabajan y donde últimamente casi todo es especulación financiera (porque conviene y asegura mejores «dividendos y beneficios» que invertir y producir), resulta bochornoso y muy cuesta arriba sobrevivir dignamente en el laberinto de una argentinidad devaluada, singularmente cuando muchas de nuestras honestas familias argentinas no tienen qué comer, nada en la mesa, nada en su heladera.
Bueno bueno, si a todo esto añadimos que, oficialmente, se les bombardea hablándoles de 70 años atrás y de los 30 por venir, sin un sólo anuncio concreto sobre el pan nuestro de cada día, simple y sencillamente los cinismos gubernamentales continúan «escupiendo para arriba», con el alto riesgo que tal torpeza implica y significa.

Roberto Fermín Bertossi
Investigador Cijs / UNC

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