Los «derechos económicos»: Titularidad del propio futbolista. Hacia un rumbo definitivo

Autor: Barbieri, Pablo C.

Fecha: 3-ago-2018

Cita: MJ-DOC-13624-AR | MJD13624

Sumario:

I. Planteo del tema. II. ¿Qué son los «derechos económicos»? III. Reconocimiento de los derechos económicos. IV. Reforma reglamentaria FIFA 2015. El reconocimiento con límites. V. La situación del jugador de fútbol.

Doctrina:

Por Pablo C. Barbieri (*)

I. PLANTEO DEL TEMA

La reforma impuesta al Reglamento del Estatuto de Transferencia de Jugadores de la FIFA, vigente desde el 1 de mayo de 2015, cambió diametralmente el escenario de las operaciones de traspasos de futbolistas; y generó importantes consecuencias y, a la vez, numerosas polémicas.

En efecto, la introducción del art. 18 ter a dicho reglamento, determinó, textualmente, lo siguiente:

«1. Ningún club o jugador podrá firmar un contrato con un tercero que conceda a dicho tercero el derecho de participar parcial o totalmente, del valor de un futuro traspaso de un jugador de un club a otro, o que le otorgue derechos relacionados con futuros fichajes o con el valor de futuros fichajes». A ello debe añadirse que, en las «definiciones» contenidas en el RETJ, se preceptúa lo siguiente: «Tercero (es la) parte ajena a los dos clubes entre los cuales se traspasa a un jugador, o a cualquiera de los clubes anteriores en los que el jugador estuvo inscripto previamente» (punto 14).

Ello implicó, en resumidas cuentas, la prohibición de la cesión de los beneficios económicos derivados de la transferencia de un futbolista a «terceros», considerados estos conforme a la definición anteriormente transcripta.

Oportunamente, estas disposiciones nos permitieron efectuar dos reflexiones:

1.º: Que no se habían prohibido «los “derechos o beneficios económicos”; está vedada su cesión a terceros ajenos a un club o futbolista, conforme al concepto vertido en el punto 14 de las “Definiciones” contenidas en el RETJ de la FIFA» (1).

2.°: Encontrábamos, pues, cesiones de derechos económicos admitidas reglamentariamente:«al club cedente o transmitente de los derechos federativos del jugador, a cualquiera de los clubes donde el futbolista estuvo anteriormente inscripto y al propio jugador» (2).

Este último supuesto -el de la titularidad de este tipo de derechos en cabeza del propio futbolista- aparecía, en cierto modo, como el supuesto más controvertido, dado que no se desprendía literalmente de las disposiciones reglamentarias vigentes, a pesar de no encontrarse expresamente vedado, dado que el jugador no ingresaba dentro del concepto de «tercero» impuesto reglamentariamente.

Sin embargo, recientes decisiones adoptadas por el Comité Disciplinario de FIFA, en casos que involucraban a clubes como el Panathinaikos de Grecia, Colo Colo de Chile, Werder Bremen de Alemania y Universitario de Deportes del Perú, admitieron esta posibilidad, dictaminando expresamente que «los jugadores no deben ser considerados como “terceros” en los términos de la definición 14 y del art. 18 ter del Reglamento del Estatuto de Transferencia de Jugadores» (3).

En consecuencia, al parecer, el debate iría concluyendo. Sin embargo, es necesario discurrir por algunos necesarios antecedentes, para luego recaer en esta decisión de fundamental trascendencia en el mundo jurídico-deportivo.

II. ¿QUÉ SON LOS «DERECHOS ECONÓMICOS»?

Acaso este ha sido uno de los conceptos más debatidos dentro del ámbito del Derecho Deportivo, en especial en el fútbol. Y su evolución ha sido sinuosa, tanto en el ámbito reglamentario-federativo, como desde los pronunciamientos jurisprudenciales.

Si bien pueden diferenciarse claramente, los conceptos de «derechos federativos» y «derechos económicos» se encuentran estrechamente vinculados.Y ambos aparecen como institutos propios del derecho deportivo.

Han sido muchas las definiciones intentadas, todas ellas con valor técnico de importancia.

Sobre los «derechos federativos», se ha sostenido, por ejemplo, que se trata del «derecho de titularidad registral condicional y especial que posee una entidad deportiva (club de fútbol) frente a una asociación (AFA) respecto de un deportista, para que este participe en determinada competición oficial en nombre y representación de la entidad deportiva» (4); en similar dirección, se ha dicho que «los derechos federativos pueden ser definidos como aquellos que emergen de la inscripción del contrato de trabajo celebrado entre el club y el jugador ante la asociación o federación a la cual pertenece aquel, mediante el cual el jugador se considerará habilitado para desempeñar y desarrollar su actividad deportiva oficial solo para el club que la inscribió» (5).

Se desprende de ello con claridad que su titularidad debe estar en cabeza de un club de fútbol, aunque, en el supuesto del jugador en libertad de acción, es este quien la ostenta, con la posibilidad de cederla al club en el supuesto de suscribir con este un contrato de trabajo (6).

El traspaso de un futbolista entre clubes importará, pues, la cesión de estos derechos federativos; sostuve oportunamente que «la “transferencia” como negocio jurídico, se instrumenta en una cesión de derechos derivados de ese contrato de trabajo registrado y aun vigente, transmisión que puede realizarse de manera temporaria o definitiva» (7).

Sin perjuicio de ello, reconocemos que cierta doctrina niega la existencia de este negocio jurídico, manifestando que «hoy no existe un “negocio transferencia” por el cual un club cede y transfiere a otro club, los derechos de un jugador a cambio de un precio», añadiéndose que «el acto jurídico más relevante es la rescisión del contrato de trabajo con el club anterior a cambio de una indemnización» (8).

¿Cómo se insertan en esta realidad los llamados «derechos o beneficios económicos»?

En líneas generales, pueden considerarse como la valuación económicade los derechos federativos; se han vertido variados conceptos al respecto, aunque, empero, los mismos pueden resumirse en la afirmación formulada (9).

En verdad, este instituto fue utilizado por muchos clubes para -mediante la cesión de porcentajes de estos derechos económicos-, obtener recursos de terceros ajenos a las instituciones. Fue una práctica bastante común que, en Europa, generó la creación de los TPO, verdaderos fondos de inversión ideados para estas operaciones.

Producido el traspaso del futbolista, el titular de los derechos económicos percibía el porcentual correspondiente de los montos percibidos por el club. Sin mayores tecnicismos ni complejidades, era ese el mecanismo utilizado.

Empero, el reconocimiento de esta figura tuvo un camino sinuoso, a lo cual se añadió la reglamentación FIFA a la que se aludió en el punto 1 de este trabajo.

III. RECONOCIMIENTO DE LOS DERECHOS ECONÓMICOS

Si bien la figura y la operativa descripta tuvieron un desarrollo ingente durante los noventa y de allí en adelante, no existió reglamentariamente un reconocimiento específico, sobre todo desde la FIFA, organismo rector en la materia desde la órbita jurídico-federativa.

La validez y oponibilidad de los contratos de la cesión de derechos económicos a personas físicas o jurídicas ajenas a los clubes no fue simple. Amén de determinadas opiniones doctrinarias que así lo sostuvieron (10), la jurisprudencia argentina registró precedentes en la postura negativa, declarando, incluso, la nulidad de dichos acuerdos (11).

Sin embargo, esta posición fue cediendo. La mayoría de la doctrina comenzó a inclinarse a favor del reconocimiento. De hecho, la propia Asociación del Fútbol Argentino emitió, en 2005, un reglamento que creó el «Régimen de Anotación y Archivo de cesión de beneficios económicos por transferencia de contratos», con una requisitoria expresa en relación con el contenido de los mismos. Del mismo modo, la Res.General AFIP 3432/13, estableció mecanismos de funcionamiento de esa operatoria -a los fines fiscales, claro está-, donde se lleva a cabo una expresa admisión de la figura; podemos leer en sus fundamentos que «simultáneamente -a los derechos federativos- existen los denominados derechos económicos, vale decir, aquellos que habilitan a su titular a percibir una participación en el monto de una futura transferencia y / o cesión -total o parcial, temporaria o definitiva- de los derechos federativos, incluyéndose los convenios que reconozcan un resultado futuro, eventual o no, ya sea que se encuentre establecido como un monto fijo o como un porcentaje del valor de dicha transferencia y / o cesión».

Amén de ello, no solo la jurisprudencia nacional se enderezó hacia la validez de estos acuerdos. También algunos pronunciamientos del Tribunal Arbitral del Deporte (TAS/CAS) se mostraron proclives a esa postura (12).

Persistía, sin embargo, una regulación reglamentaria exhaustiva, sobre todo a nivel internacional. Los debates en distintos encuentros académicos presagiaban el reconocimiento explícito a estas cesiones de derechos económicos a terceros ajenos a los clubes. Empero, la FIFA se inclinó en otra dirección, al menos parcialmente.

IV. REFORMA REGLAMENTARIA FIFA 2015. EL RECONOCIMIENTO CON LÍMITES

La modificación reglamentaria de FIFA a la que se hace mención en el punto 1 anterior provocó numerosas polémicas. Sin perjuicio de los análisis más extensos que ya he realizado (13), la introducción del art. 18 ter al Reglamento del Estatuto de Transferencia de Jugadores arroja las siguientes conclusiones:

– Se ha reconocido la existencia de los «derechos o beneficios económicos», eliminando cualquier discusión sobre el particular. El texto del art. 18 ter no los prohíbe, sino que, por el contrario, menciona expresamente las posibilidades de desarrollo de dicho negocio jurídico.

– Se limitó la posibilidad de negociación de tales derechos o beneficios.Están vedados aquellos que los cedan a «terceros», tomando en cuenta el concepto que, de estos, se vierten en las «Definiciones» del Reglamento «sub examine» (punto 14).

– Fuera de ello, puede hablarse de «cesiones permitidas» de estos derechos o beneficios, esto es, admitidas dentro del marco reglamentario expuesto. Así ocurre en los casos en que los cesionarios sean el club mencionado como «vendedor» en la operación de traspaso del futbolista (14), o «cualquiera de los clubes anteriores en los que el jugador estuvo inscripto previamente a esa transferencia (interpretación a contrario sensu de la definición de “tercero” a la que se aludió supra)» (15).

Todo ello sin perjuicio de la fijación de pautas para la ejecución de los contratos hasta ese entonces suscriptos que involucraban a estos «terceros».

Los debates acerca del acierto -o no- de esta regulación aún todavía resuenan, inclusive con planteos ante distintas jurisdicciones internacionales. El objetivo fue claro: tratar de impedir la influencia de estos «terceros» en «asuntos laborales y sobre transferencias relacionados con la independencia, la política o la actuación de los equipos del club» (cfr. art. 18 bis, apdo. 1.º del RETJ). A más de tres años de esta reforma, dichas finalidades parecen comenzar a cumplirse, quedando todavía mucho camino por recorrer.

V. LA SITUACIÓN DEL JUGADOR DE FÚTBOL

El silencio de la reforma reglamentaria analizada permitió plantear dudas acerca de si el propio jugador podía ser titular de derechos o beneficios económicos que involucraran su traspaso entre clubes. Es decir que, al incorporarse un futbolista a un club, se pacte que, ante un eventual traspaso a otra institución deportiva, el jugador perciba un determinado porcentual del precio que se abona por dicho traspaso (o por la indemnización fijada por ruptura unilateral del contrato al jugador, conocida comúnmente como «cláusula de rescisión»).

Oportunamente me manifesté en aceptar esta posibilidad.En primer lugar, porque no existía prohibición alguna en la reglamentación de FIFA; y, en segundo término, en virtud de que el futbolista no ingresaba en el concepto de «tercero» al que aludían las «Definiciones» del RETJ de dicha asociación internacional (16).

Las resoluciones de la Comisión Disciplinaria FIFA a las que se alude en el punto 1 confirman esta tendencia.

En dichos pronunciamientos, se hace referencia a cuestiones remuneratorias. Y se concluye de manera terminante que «el Comité Disciplinario consideró que los jugadores no podían considerarse terceros con respecto a sus propias transferencias futuras y, por lo tanto, el hecho de que pueden recibir una compensación específica, independientemente de que se trate de una suma global o un porcentaje, en relación con su futura transferencia a un nuevo club no se considera una violación de las reglas de la FIFA sobre la propiedad de terceros sobre los derechos económicos de los jugadores» (17).

El vacío que, aparentemente, se presentaba en la reforma reglamentaria FIFA del 2015, es completado por vía de interpretación del Comité Disciplinario de la entidad. En mi modo de ver, con el texto reglamentario vigente, la dirección asumida es la correcta desde lo estrictamente jurídico.

Lo expuesto no implica que las discusiones sobre las temáticas involucradas se extingan definitivamente. Pero coadyuva en brindar un marco de certidumbre jurídica que, en una realidad contractual del fútbol tan dinámica, es imprescindible.

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(1) BARBIERI, Pablo C.: Fútbol Profesional. Buenos Aires, 20XII Grupo Editorial, 2015, p. 101.

(2) BARBIERI, Pablo C.: op. cit., p. 102.

(3) Véase http://www.fifa.com, 26/6/2018, Latest decisions of the FIFA Disciplinary Committee in relation to third-party rules.

(4) TREVISÁN, Rafael: El contrato de cesiòn de beneficios económicos provenientes de la transferencia de un jugador de fútbol, publicado en http://www.elDial.com, Biblioteca Jurídica Online.

(5) BEBEKIAN, Eduardo: Validez o no de la cesión de los beneficios económicos de los deportistas en Uruguay, especialmente de los jugadores de fútbol.Referencia a los derechos federativos, en Cuadernos de Derecho Deportivo, N.° 13/14. Buenos Aires, Ad Hoc, 2014, p. 180 y doctrina allí citada.

(6) BARBIERI, Pablo C.: Futbolistas Profesionales en la Argentina. Buenos Aires, Ad Hoc, 2011, p. 119.

(7) BARBIERI, Pablo C.: ídem nota anterior, p. 132.

(8) GONZÁLEZ MULLÍN, Horacio: «La transferencia del futbolista profesional bajo el actual reglamento FIFA», en Cuadernos de Derecho Deportivo, N.° 8/9. Buenos Aires, Ad Hoc, 2007, p. 173.

(9) El análisis de cada una de las definiciones excede notoriamente el límite impuesto a este trabajo. Puede verse con mayor profundidad en BARBIERI, Pablo C.: Fútbol Profesional…, op. cit., pp. 77-80.

(10) Por todos, OUTERELO, Norberto O.: citado en BARBIERI, Pablo C.: Fútbol Profesional…, op. cit., p. 72.

(11) Así, por ejemplo, CNCiv., Sala I, 18/3/2004, «Otero, Javier Fernando c/ Club Atlético Colón s/ Cumplimiento de Contrato»; véase su transcripción completa en Cuadernos…, op. cit., N.° 4/5, 2005, pp. 322-335.

(12) Véase una breve reseña de estos decisorios en BARBIERI, Pablo C.: Fútbol Profesional…, op. cit., pp. 82-89. Pueden encontrarse allí fallos de la Justicia Argentina en distintas jurisdicciones.

(13) BARBIERI, Pablo C.: op. cit., en nota anterior, pp. 93 y ss.

(14) Situación que resulta bastante frecuente en la práctica, no solo en transferencias internacionales, sino también en las llevadas a cabo entre clubes de la República Argentina.

(15) BARBIERI, Pablo C.: Fútbol Profesional, op. cit., p. 102.

(16) BARBIERI, Pablo C.: op. cit. en nota anterior, pp. 129-130.

(17) Véase el siguiente enlace web: https://www.fifa.com/governance/news/y=2018/m=6/news=latest-decisions-of-the-fifa-disciplinary-committee-in-r
lation-to-third-party-r.html.

(*) Abogado. Profesor titular de Derecho Comercial III y Concursos, Quiebras y Títulos Circulatorios, UNLZ. Profesor adjunto de Derecho Comercial III, UMSA. Autor de numerosos artículos y obras en materia de derecho comercial y derecho deportivo. Conferencista en dichas temáticas.