Preguntando, preguntando, se llega a Roma.

Autor: Mariona, Fernando G.

Fecha: 12-sep-2018

Cita: MJ-DOC-13658-AR | MJD13658

 

Doctrina:

Por Fernando G. Mariona (*)

En noviembre de 2017, en el Nº 101 de esta Revista, reseñábamos la actuación de las aseguradoras del riesgo de RC Médica Individual e Institucional, desde 1980 describiendo creo con minuciosidad, las tareas, que cada una de ellas desarrolla en la Argentina. Proponíamos también, tener todas una participación un poco más activa y conjunta en y con la Comunidad Médica, en el apoyo y promoción de políticas de mejora de la calidad y eficiencia de la prestación, utilizando para ello, entre otras cosas, la voluminosa base de datos que sobre motivos de reclamos y análisis de técnicas y conductas humanas las aseguradoras de mala práctica médica venimos acumulando desde fines de los años ochenta del siglo pasado hasta la actualidad.

Mientras aguardamos expectantes -técnica que aprendimos de los médicos- y optimistas una respuesta, se nos ocurre preguntarnos ahora, si pese a los esfuerzos comunes tanto de la Comunidad Médica cuanto de la Aseguradora, y la actual existencia de leyes nacionales dictadas en el mencionado lapso, en consecuencia, de los actos médicos, y sobre los derechos y obligaciones de médicos, establecimientos asistenciales y pacientes, los reclamos por Responsabilidad Civil Médica, ¿han decrecido?

Infelizmente deberemos decir que no.

No quiero ponerme ni demasiado técnico -con mucho lenguaje jurídico- ni machacón, marcando defectos.

Muy por el contrario, pero, pese a los esfuerzos, la frecuencia de los reclamos y la severidad de los montos de las demandas y de las condenas, se han incrementado.

¿Por qué? En primer lugar, persiste una mala comunicación entre los médicos y en general todas las personas involucradas en el cuidado de la salud, y los pacientes.

Sabido es que la carga de información que reciben las personas a través de los medios de comunicación no sólo es profusa, sino además excesivamente optimista. La muerte se ha transformado en una enfermedad de la que parece que todos podemos ser curados con facilidad.Los resultados inesperados y mal informados previamente como posibles continúan siendo una fuente inagotable de reclamos, independientemente de que dichos reclamos sean tanto desde el punto de vista médico, cuanto desde el jurídico, verdaderamente fundados o infundados.

Actualmente, la percepción del riesgo en el Cuidado de la Salud se caracteriza a la vez por una sensibilidad exacerbada y por una aparente irracionalidad frente a un resultado inesperado. Esta cuestión que ocurre entre la gente continúa no siendo bien entendida por los médicos.

Es así como un riesgo es más aceptable cuando es elegido voluntariamente -por haber sido informada la posibilidad de la ocurrencia- y no simplemente soportado, sobre todo cuando el individuo tiene el sentimiento de que pudo haber sido evitado, aplicando un mecanismo que tal vez se base en una afirmación voluntarista, o inducida sin demasiado fundamento, en la existencia de una capacidad individual para controlar ese riesgo.

Cabe señalar entonces que, aunque la morbimortalidad relacionada con los riesgos ya experimentados nunca ha sido baja, la sociedad contemporánea es percibida como más peligrosa que las anteriores. Esa percepción se debe traducir en una demanda de esfuerzos suplementarios para reducir los riesgos, que continúa siendo poco entendida por los médicos. Los profesionales en general debemos poner un «plus» en nuestra actuación. Es lo que la gente espera de nosotros. Tanto de los médicos cuanto de los abogados, y de los arquitectos, y de los contadores. En general de todos aquellos en los que nuestra obligación es mayor, porque supuestamente más sabemos de una determinada cuestión.También hay que puntualizar que, aunque todavía el nivel de riesgo del sistema de salud sea visto como elevado en lo que se refiere a ciertos temas, la aceptabilidad de la población es particularmente reducida y la presión del público y de los medios, muy fuerte (sangre contaminada, infecciones hospitalarias, daños cerebrales irreversibles por déficit de atención en el momento del parto, errores de diagnóstico, errores de medicación, emergencias domiciliarias, cirugías plásticas embellecedoras, entre otros). Esa presión provoca consecuentemente una reacción de los actores políticos que inician acciones legales, técnicas y a nivel de la organización.

A partir de la Nueva Constitución Nacional, 1994, y de las modificaciones que el actual Derecho de Daños ha sufrido, la responsabilidad profesional, y en particular la de los médicos y las Instituciones médicas se ven impactadas por ese fenómeno, que no sé si quienes integran la comunidad médica lo han advertido.

En consecuencia, nuevas situaciones de origen netamente legal, tales como la Ley de Derechos de los Pacientes, Historia Clínica, Consentimiento Informado y Voluntades Anticipadas, la Ley de Habeas Data, la Ley de Defensa de los Derechos del Consumidor y varias más, son hoy en día fuente permanente de reclamos o bien utilizadas por los jueces en sus sentencias cuando llega el momento de las condenas. Los jueces a veces lo hacen, aunque quien demande no lo haya pedido.

También se nos ocurre preguntarnos si dentro de la Comunidad Médica existirán otros interrogantes tales como: ¿los montos de los reclamos ahora son menores a los de hace unos años?

Y otra inquietud que tenemos es: ¿sabrán los médicos cuánto dura un juicio civil, un proceso penal, y como consecuencia de ello cómo deberían proceder al contratar las sumas aseguradas de sus pólizas, para verdaderamente tratar de mantener indemne su patrimonio?Y las Compañías de Seguros, ¿deberían negarse a brindar cobertura asegurativa cuando las sumas aseguradas solicitadas por sus asegurados, médicos o instituciones médicas están muy por debajo de la media de condena más sus intereses, atento recientes fallos donde se les achaca a los aseguradores insuficiencia de asesoramiento?

¿Cuáles son las principales razones por las que se llega a una demanda contra un médico? Siempre es «la Industria del Juicio», o la «Litigiosidad Indebida» o hay razones valederas.

¿Cuáles son las zonas geográficas donde la frecuencia y la severidad de las demandas es mayor?

¿Hay abogados que se dedican a demandar sólo por determinados hechos médicos que pueden ser reprochados? ¿Es decir, ya existen abogados especializados para reclamos específicos?

¿Los médicos legistas asesoran sólo a médicos, sólo a pacientes o a cualquiera que les pida sus servicios?

¿Hay Camaristas que se basan más en la Medicina que en el derecho para fallar o viceversa?

¿Son más demandantes los hombres que las mujeres?

¿Los médicos saben diferenciar una Mediación de un Juicio?

¿Qué les preocupa más, la causa penal o el proceso civil?

¿Cuáles son los servicios que espera un médico de un Asegurador?

¿Por qué las Obras Sociales no tienen seguro?

¿Puede haber fraude en los reclamos de mala praxis?

Las sumas aseguradas que los médicos y las Instituciones contratan alcanzan en caso de ser condenados y después de 10 años de juicio, para pagar la sentencia, ¿o deben poner dinero de su bolsillo?

¿Los médicos saben lo que tienen que hacer para no ser demandados?

¿Las pólizas de seguros de praxis médica, tienen limitaciones en la cobertura?

¿Sabrán los médicos que según como estén organizados para trabajar, los pueden demandar por la Ley de Defensa del Consumidor?

Cuenta la leyenda que llegó un momento en el Viejo Mundo, que el Imperio romano era tan grande, que todos los caminos conducían a Roma. La gente sólo tenía que preguntar cuál de ellos los llevaba.

Se me ocurre pensar en que si tuviéramos la oportunidad de darles algunas respuestas a todos los interrogantes -caminos- que imaginamos deberían tener los médicos, podría tratar de alcanzarse con mayor celeridad una reducción de los reclamos por mala práctica médica, comúnmente denominada «mala praxis».

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(*) Abogado. Director de TPC Compañía de Seguros.

N. de la R.: Artículo publicado en la revista Médicos Nº 105 (Julio 2018).