Teorías criminológicas: La teoría estructural funcionalista y el modelo explicativo de la conducta desviada de Robert K. Merton

Título: Teorías criminológicas: La teoría estructural funcionalista y el modelo explicativo de la conducta desviada de Robert K. Merton

Fecha: 3-oct-2017

Cita: MJ-DOC-12026-AR | MJD12026

Sumario:

I. Introducción. II. El modelo explicativo de la conducta desviada de Robert K. Merton. Consideraciones Finales.

Doctrina:

Por Paulo Ignacio Suárez (*)

«La negación del carácter patológico de la criminalidad y un modelo explicativo de los delitos contra la propiedad privada».

I. INTRODUCCIÓN

En el ámbito de la sociología criminal, y en virtud de la importancia del giro de orientación sociológica acontecido en la criminología con los aportes teóricos de Émile Durkheim y Robert K. Merton, en particular considerando que constituyeron la primera alternativa a la concepción patológica de la criminalidad hasta ese momento dominante (1), haciendo una historia de dicha disciplina, no podemos dejar de referirnos, aunque sea someramente, a la denominada «teoría estructural – funcionalista de la desviación y de la anomia».

Teniendo su origen en las elaboraciones de los sociólogos Émile Durkheim (Les régles de la méthode sociologique, 1895) y Robert K. Merton (Social Structure and Anomie, 1938; Social Theory and Social Structure, 1957) la denominada teoría estructural funcionalista de la desviación y de la anomia sostiene y fundamenta, en clara oposición a la ideología del positivismo criminológico, que la criminalidad, lejos de constituir un hecho patológico, se revela más bien, y por el contrario, como un fenómeno normal de toda estructura social.

En este sentido, esta concepción de la criminalidad sostenía que esta última es un fenómeno normal de toda sociedad. Durkheim controvierte así, con este postulado, la concepción por entonces dominante de la delincuencia como fenómeno patológico y entiende que la desviación criminal es un fenómeno normal de toda organización social o comunidad. En esta inteligencia, decía lo siguiente:

«Si hay un hecho cuyo carácter patológico parece incuestionable, es el crimen.Todos los criminólogos están de acuerdo con este punto». Sin embargo, encontramos el fenómeno de la criminalidad en todo tipo de sociedad, «no hay una sola en que no exista criminalidad», como afirmaba acertadamente Durkheim.

Consecuentemente con ello, y en función de los aportes de la sociología criminal, desde entonces no se ve ya en el delincuente un ser radicalmente antisocial, una especie de cuerpo extraño e inasimilable. Por el contrario, cuestionando fundadamente aquellos discursos criminológicos que identificaban pretendidas causas de la criminalidad en factores de tipo biológico, psicológicos, en la raza, en las condiciones económicas, etc., el autor citado pone el acento en factores intrínsecos al modo capitalista de producción, basado en una división del trabajo tanto más diferenciada y constrictiva, y en las crisis económicas y sociales que aquel apareja.

Se produce así no solo la negación de la ideología de la Escuela Positiva de la Criminalidad, sino también, en palabras de Eugenio Raúl Zaffaroni, una ampliación del horizonte de proyección u objeto de estudio de la criminología.

II. EL MODELO EXPLICATIVO DE LA CONDUCTA DESVIADA DE ROBERT K. MERTON

Continuando con las elaboraciones teóricas de Émile Durkheim, Robert Merton también sostiene una clara y fundamentada oposición a la noción patológica de la criminalidad y del delincuente, afirmando que el comportamiento desviado es un producto de la estructura social, tan normal como el comportamiento conforme a las normas.

Aparece aquí por primera vez un aspecto central que hace al «contenido de la criminología», cual es la referencia al contexto social y político-económico dentro del cual surge o acontece el denominado comportamiento «criminal». Juan Bustos Ramírez lo sintetizaba acertadamente al sostener que, en lo que respecta al contenido de la criminología, si bien prácticamente cada autor da una definición propia de ella, todas tienen rasgos comunes en torno a los cuales giran los restantes elementos conceptuales, a saber:el hombre (delincuente), la conducta social (delictiva) y la organización social concreta en que se dan (2).

El modelo explicativo de Merton tiene especialmente en cuenta la organización y contexto social en el que surge y se desarrolla la conducta desviada, «atribuyendo el surgimiento de esta última a una contradicción entre la estructura social y la cultura, a una divergencia esencial entre los fines culturalmente propuestos y la posibilidad limitada y desigual para los integrantes de la sociedad de acceder a aquellos por los medios institucionalizados legítimos».

Así, sostiene el autor citado que la cultura propone al individuo determinadas metas que se constituyen en las motivaciones fundamentales de su comportamiento; asimismo, indica los modelos de conducta institucionalizados que se refieren a las modalidades y medios legítimos para alcanzar las mencionadas metas sociales.

Sin embargo, la estructura socioeconómica ofrece en diversa medida a los individuos la posibilidad de acceder a dichos medios legítimos, especialmente en función de la pertenencia del sujeto a determinado estrato social. En dicha incongruencia entre los fines propuestos por la cultura -motivación fundamental de la conducta- y los medios institucionalizados para alcanzarlos, se encuentra la base y el origen del comportamiento desviado.

En este sentido, el comportamiento «criminal» típico correspondería, entonces, al modelo de reacción individual denominado por Merton como «innovación», el cual correspondería a la «adhesión a los fines culturalmente propuestos sin el respeto por los medios legítimos para acceder a ellos».

Explicaba Merton en este sentido lo siguiente:

«…el acceso a los canales legítimos para enriquecerse se ha tornado angosto en virtud de una estructura estratificada que no está del todo abierta en todo nivel a los individuos de buenas capacidades (…). La cultura pone, pues, a los miembros de los estratos inferiores exigencias entre sí irreconciliables.Por una parte son ellos solicitados en el sentido de orientar su conducta hacia la perspectiva de un alto bienestar; (…) por la otra, las posibilida

des de hacerlo con medios institucionalmente legítimos les son negadas en una amplia medida».

En dicha contradicción se encontraría el origen de los comportamientos «delictivos»: el individuo actuaría en búsqueda del logro de las metas socialmente propuestas por medio de modelos de conducta que no constituyen los canales legítimos para obtenerlas -según la misma cultura-, ello como consecuencia de la imposibilidad de acceder a los medios institucionalmente establecidos en virtud de la pertenencia a los estratos sociales marginales (innovación).

III. CONSIDERACIONES FINALES

Corresponde realizar ahora una serie de consideraciones finales de importancia para el autor, ello, por un lado, a fin de resaltar los aportes efectuados desde esta corriente del pensamiento criminológico como también, por el otro, con el objeto de apuntar sus deficiencias y limitaciones.

1. En esta inteligencia, en primer lugar, corresponde destacar el considerable aporte realizado por esta teoría a la ciencia criminológica, ello no solo por romper con el prejuicio relativo al carácter patológico de la «criminalidad», sino fundamentalmente en virtud de que es la primera vez en la que el contexto social y político-económico, como asimismo las contradicciones y características de la sociedad capitalista, son tenidas en consideración en la explicación del comportamiento desviado.

Ello reviste particular importancia, pues tanto el proceso de criminalización primaria -creación de la ley penal- y secundaria -criminalización de una persona por parte de las agencias policial y judicial del sistema penal- no puede explicarse sino dentro del contexto más amplio que conforma la organización social y política determinada en el marco del cual se desarrolla dicho proceso.

También merece rescatarse la idea de la particular exposición de las clases sociales inferiores a la realización de conductas desviadas como consecuencia directa de las dificultades estructurales que la sociedad capitalista les impone para acceder a las metas culturalmente impuestas.En este sentido, es un dato objetivo que aquellas personas pertenecientes a las clases pobres encuentran considerables obstáculos para cubrir sus necesidades prioritarias (alimento, vestido, vivienda digna) a raíz de la limitada posibilidad de incorporarse a un mercado laboral cada vez más constrictivo. Las mayores exigencias en lo que hace a la formación y capacitación de la mano de obra y los requerimientos crecientes de personal calificado, resultan incompatibles con la situación de las clases subalternas de la sociedad capitalista. Todos ellos son factores que, unidos a la disminución de la demanda laboral, provocan que las personas pertenecientes a los sectores sociales marginales se encuentren prácticamente excluidas del mercado de trabajo.

De este modo, se genera una situación de conflictividad individual que los coloca en una situación de vulnerabilidad extrema en relación con la realización de conductas desviadas, las que encuentran su origen en el surgimiento y participación en subculturas que se rigen por valoraciones y modelos de comportamiento en muchos aspectos diferentes de los predominantes.

2. Sin embargo, no obstante ello, vale efectuar una crítica a dicha teoría pues, la formulación mertoniana y su modelo explicativo de la desviación innovadora resulta insuficiente como «teoría general de la criminalidad» desde que, en principio, solo podría servir para dar cuenta de una limitada clase de delitos; en especial, los delitos contra la propiedad, mas no para ese otro amplio espectro de la criminalidad investigado por Edwin Sutherland, y los -por él denominados- «delitos de cuello blanco», entre otros.

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(1) En este sentido, en su libro «Estudios sobre estructura social y cultural», Robert K. Merton, en referencia a los por él denominados «tipos de adaptación individual», entre los cuales el modo de la innovación adquiere especial relevancia a los efectos de la explicación del comportamiento criminal, sostiene lo siguiente: «Estas categorías se refieren a la conducta que corresponde al papel social en tipos específicos de situaciones, no a la personalidad. Son tipos de reacciones más o menos duraderas, no tipos de organización de la personalidad».

(2) BUSTOS RAMÍREZ, Juan: El Pensamiento Criminológico I, vol. 1. Bogotá, Temis, 1983, p. 19 y ss.

(*) Abogado, UBA. Especialización en derecho penal y criminología, UBA.