Diferentes perspectivas de análisis de la violencia obstétrica

Autor: Barrios Colman, Noelia A.

Fecha: 2-feb-2018

Cita: MJ-DOC-12353-AR | MJD12353

Sumario:

  1. Introducción. II. Historia. III. La violencia obstétrica y su naturalización. IV. Conceptos básicos. V. Marco legal de la violencia obstétrica. VI. Experiencias comparadas. VII. La violencia obstétrica y su relación con la violencia de género. VIII. La violencia obstétrica y su relación con los derechos humanos. IX. Conclusión.

Doctrina:

Por Noelia A. Barrios Colman (*)

  1. INTRODUCCIÓN

 

El objeto del siguiente ensayo es comprender y cuestionar la naturalizada actitud y sumisión que existe en relación con el trato que recibe una mujer que va a tener un niño o una niña a un establecimiento de salud y todo lo que vive y padece en las etapas de preparto hasta el posparto. ¿Por qué? Porque la violencia obstétrica es un hecho, y que se empiece a combatir y se tome conciencia de ella depende de que, en primer lugar, se reconozca y salga a la luz como lo que es: una forma de violencia hacia las mujeres.

 

Haremos un breve recorrido sobre los antecedentes históricos de la temática, que nos llevan a comprender las relaciones de poder que existen en torno a la mujer y al sistema de salud público o privado; analizaremos el marco legal, veremos experiencias comparadas; descifraremos el vínculo con la violencia doméstica y los derechos humanos, entre otras cuestiones.

 

No se pretende a través del presente agotar las perspectivas de análisis de la temática ni generalizar en relación con el trato dispensado en las instituciones de salud; lo que sí se pretende es visibilizar la problemática que en estos tiempos está casi enmudecida.

 

  1. HISTORIA

 

La experiencia del momento de parto desde el siglo XIX ha dado un giro difícil de ignorar. Esto gracias a que los procesos de tecnificación de la medicina corrieron del eje a la parturienta, para ubicarla en un lugar de subordinación en relación con los que de ahí en más son los encargados de dirigir ese momento: los médicos y médicas. También hubo un corrimiento en el «espacio-territorio», poco a poco las mujeres dejaron de tener a sus hijos e hijas en sus hogares para darlos a luz en centros de salud, lo que de ahí llevó a que se comenzara a vincular al embarazo y todo el proceso de parto como algo patológico que necesita ser controlado y medicalizado en estas instituciones.Esta situación se ha afianzado en el siglo XX, cuando la Argentina y gran parte de nuestro continente, se caracterizó por la obligatoriedad de parir en establecimientos de salud. De manera simultánea al inicio del colonialismo en América, se producen los primeros intentos de constitución colonial de los saberes y poderes, movimientos regidos por la búsqueda de establecer una gran narrativa universal que se sostiene sobre la idea de lo «normal». Todo lo que no puede encuadrarse bajo esta definición, todas las otras formas de hacer y saber, son caracterizadas no solo como diferentes, sino como equivocadas y primitivas (haciendo especial énfasis en su carácter de inferiores) e incluso relegadas o ignoradas por completo (1). Hay una situación que representa muy bien lo expuesto: la posición de la mujer al momento de parir. Casi todas las mujeres son obligadas a parir de forma supina con las piernas levantadas, como consecuencia de esto la mujer pierde la noción intuitiva sobre qué tipo de posiciones la beneficiarían más en el trabajo de preparto y parto. Y en muchos centros de salud son cuestionadas sobre la posibilidad de cambiar de posición, por lo que no se consideran sus derechos, ni su historia, ni sus preferencias y necesidades.

 

Por supuesto que la medicina no fue ajena a este proceso y poco a poco fue afianzando su poder hegemónico. ¿Cuál es la situación en la actualidad? La naturalización de la inequidad de poder. Y la naturalización de hechos y prácticas, que realizadas de manera indiscriminada configuran violencia obstétrica, ejemplo de esto es la práctica indiscriminada de la episiotomía (incisión quirúrgica de la vagina y el periné en el período de expulsión del feto) que es practicada en más del 80% de las mujeres que paren por primera vez.Existen innumerables cantidades de testimonios de mujeres que al parir no fueron siquiera consultadas o preavisadas de la realización de esta práctica, y otras tantas que fueron realizadas solo por comodidad para los efectores de salud sin pensar en las lesiones y el cuerpo de las madres. Hoy, en la mayoría de los casos, la mujer no se considera como sujeto de derecho, más bien se considera objeto de intervención.

 

III. LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA Y SU NATURALIZACIÓN

 

Dentro de la órbita de los diferentes tipos de violencia que la mujer ha sufrido, la que trataremos en este caso, la obstétrica, ha sido la que más tiempo consumió hasta su reconocimiento. Es difícil encontrar un motivo unidimensional, esto por la marcada naturalización que existe en torno a ella, pero sin dudas podemos afirmar que la naturalización, enemiga ya conocida, fue una de las principales razones para que este problema acuciante se visibilice recién entrado el siglo XXI. Lamentablemente, muchos de los actos que la constituyen no son ni siquiera pensados como reprochables, sino más bien son tolerados porque, como resuena en muchos pasillos de hospitales y clínicas, «la maternidad duele».

 

Si preguntamos por las causas de la invisibilización de este tipo de violencia podemos relacionarlas con la normalidad con que son vistos estos comportamientos por las mujeres, especialmente por aquellas que acuden a servicios de salud gratuitos y consideran que someterse a tratos poco amables es parte inherente de hacer uso de dicha atención. En nuestra sociedad, así como en la mayor parte de los países de Latinoamérica, estos comportamientos se hallan naturalizados, lo que dificulta el reclamo de las mujeres violentadas quienes temen exigir por sus derechos o, lo que es peor aún, no los conocen.Los mismos argumentos se pueden argüir en relación con gran parte del personal de salud, quienes a menudo no se cuestionan la legitimidad de sus prácticas (INSGENAR, 2003:67). En este sentido, suponiendo que ninguno de los agentes del servicio de salud, al menos de manera consciente, quiere realizar prácticas violentas hacia una paciente, creemos que el nudo gordiano por resolver se encuentra en la falta de formación de los equipos médicos desde una óptica progresiva de los derechos de las mujeres. Y los efectores/as de salud que quieren ejercer su profesión desde el modelo de humanización, se sienten, en su gran mayoría, atacados/as por el sistema y hasta, en ocasiones, rechazados/as. Esto podría explicarse porque hoy predomina la concepción de que una mujer embarazada es un cuerpo enfermo, por lo que será tratada conforme los mandatos de la ciencia y la institución a la que asiste: esto no es ni más ni menos que una construcción social.

 

  1. CONCEPTOS BÁSICOS

 

Para proporcionar claridad conceptual al lector, es pertinente comprender qué se entiende, en primer lugar, por violencia. Según lo explica el art. 1 de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra la Mujer (más conocida como «Convención de Belem do Pará»), ratificada por nuestro país, surge que: «. debe entenderse por violencia contra la mujer cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado». En el marco de la interpretación de este instrumento internacional, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha afirmado que la violencia obstétrica abarca todas las situaciones de tratamiento irrespetuoso, abusivo, negligente, o de denegación de tratamiento, durante el embarazo y la etapa previa, y durante el parto o posparto, en centros de salud públicos o privados.Esta violencia se puede manifestar en cualquier momento durante la prestación de servicios de salud materna de una mujer, mediante diversas acciones, como la denegación de información completa sobre su salud y los tratamientos aplicables; la indiferencia al dolor; humillaciones verbales; intervenciones médicas forzadas o coaccionadas; formas de violencia física, psicológica y sexual; prácticas invasivas, y el uso innecesario de medicamentos, entre otras manifestaciones (2).

 

La violencia obstétrica está definida por Ley 26.485 de «Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales», que fue promulgada en abril del año 2009. En su art. 6, inc. e, establece que es aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, de conformidad con la Ley 25.929 .

 

En la definición de la aludida Ley 26.485 , en su inc. e, cuando se hace referencia a «aquella que ejerce el personal de salud», incluye a los trabajadores/as de los servicios públicos y privados. Asimismo, debe considerarse incluido en este concepto a todo el personal que trabaja en un servicio de asistencia sanitaria, a saber: médicos y médicas, trabajadores y trabajadoras sociales, psicólogos y psicólogas, personal administrativo, camilleros y camilleras, enfermeros y enfermeras, no agotando la denominación este listado. Los expuestos precedentemente se consideran «legitimados activos».

 

De lo expuesto podemos comprender dos tipos de violencia obstétrica: una física y otra psíquica. La primera se configura cuando se realizan a la mujer prácticas invasivas y suministro de medicación que no estén justificados por el estado de salud de la parturienta o de la persona por nacer, o cuando no se respetan los tiempos ni las posibilidades del parto biológico.La segunda, incluye el trato deshumanizado, grosero, discriminación, humillación, cuando la mujer va a pedir asesoramiento, o requiere atención, o en el transcurso de una práctica obstétrica. Comprende también la omisión de información sobre la evolución de su parto, el estado de su hijo o hija y, en general, a que se le haga partícipe de las diferentes actuaciones de los profesionales (3).

 

  1. MARCO LEGAL DE LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA

 

En nuestro país, está vigente desde el año 2004 la Ley 25.929 «Protección del embarazo y del recién nacido» o más conocida como la ley de «Parto Humaniza do». Este cuerpo normativo es aplicable tanto al ámbito público como al privado, establece que las prestaciones que dispone el mismo son obligatorias y deben ser incorporadas al Programa Médico Obligatorio (4).

 

Delimita, entre otras cuestiones, los derechos de la madre, de la persona recién nacida y de los padres. Veamos:

 

El art. 2 establece que la madre tiene los siguientes derechos:

 

  1. A ser informada sobre las distintas intervenciones médicas que pudieren tener lugar durante esos procesos, de manera que pueda optar libremente cuando existieren diferentes alternativas.

 

  1. A ser tratada con respeto, y de modo individual y personalizado que le garantice la intimidad durante todo el proceso asistencial y tenga en consideración sus pautas culturales.

 

  1. A ser considerada, en su situación respecto del proceso de nacimiento, como persona sana, de modo que se facilite su participación como protagonista de su propio parto.

 

  1. Al parto natural, respetuoso de los tiempos biológico y psicológico, evitando prácticas invasivas y suministro de medicación que no estén justificados por el estado de salud de la parturienta o de la persona por nacer.

 

  1. A ser informada sobre la evolución de su parto, el estado de su hijo o hija y, en general, a que se la haga partícipe de las diferentes actuaciones de los profesionales.

 

f.A no ser sometida a ningún examen o intervención cuyo propósito sea de investigación, salvo consentimiento manifestado por escrito bajo protocolo aprobado por el Comité de Bioética.

 

  1. A estar acompañada, por una persona de su confianza y elección durante el trabajo de preparto, parto y posparto.

 

  1. A tener a su lado a su hijo o hija durante la permanencia en el establecimiento sanitario, siempre que el recién nacido no requiera de cuidados especiales.

 

  1. A ser informada, desde el embarazo, sobre los beneficios de la lactancia materna y recibir apoyo para amamantar.

 

  1. A recibir asesoramiento e información sobre los cuidados de sí misma y del niño o niña.

 

  1. A ser informada específicamente sobre los efectos adversos del tabaco, el alcohol y las drogas sobre el niño o niña y ella misma.

 

El art. 3 hace lo equivalente, pero con la persona recién nacida:

 

  1. A ser tratada en forma respetuosa y digna.

 

  1. A su inequívoca identificación.

 

  1. A no ser sometida a ningún examen o intervención cuyo propósito sea de investigación o docencia, salvo consentimiento, manifestado por escrito de sus representantes legales, bajo protocolo aprobado por el Comité de Bioética.

 

  1. A la internación conjunta con su madre en sala, y a que dicha internación sea lo más breve posible, teniendo en consideración su estado de salud y el de aquella.

 

  1. A que sus padres reciban adecuado asesoramiento e información sobre los cuidados para su crecimiento y desarrollo, así como de su plan de vacunación.

 

A su turno, el art. 4 lo hace con respecto a los padres. El padre y la madre de la persona recién nacida en situación de riesgo tienen los siguientes derechos (observemos el lenguaje no necesariamente hay padre-madre, puede ser madre-madre, madre sola. etcétera):

 

a.A recibir información comprensible, suficiente y continuada, en un ambiente adecuado, sobre el proceso o evolución de la salud de su hijo o hija, incluyendo diagnóstico, pronóstico y tratamiento.

 

  1. A tener acceso continuado a su hijo o hija mientras la situación clínica lo permita, así como a participar en su atención y en la toma de decisiones relacionadas con su asistencia.

 

  1. A prestar su consentimiento manifestado por escrito para cuantos exámenes o intervenciones se quiera someter al niño o niña con fines de investigación, bajo protocolo aprobado por el Comité de Bioética.

 

  1. A que se facilite la lactancia materna de la persona recién nacida siempre que no incida desfavorablemente en su salud.

 

  1. A recibir asesoramiento e información sobre los cuidados especiales del niño o niña.

 

La provincia de Santa Fe, en 2005, sancionó la Ley Provincial 12.443 que, en su cuerpo de siete artículos, regula el derecho de toda mujer embarazada a recibir acompañamiento (de algún afecto o persona de su confianza) durante el tiempo que dure su trabajo de parto, considerando que el incumplimiento de esta obligación por parte de los profesionales del arte de curar o del servicio de salud constituiría una falta grave. A su turno, la Ley Provincial 13.348 , adhiere a la Ley Nacional 26.485 («Ley de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los ámbitos en que se desarrollen sus relaciones interpersonales»), en su Decr. Reglamentario 4028/13 , adhiere también a la definición de «violencia obstétrica» propuesta por la Ley Nacional (5).

 

Recién en el mes de julio de 2017 a través de la Ley 13.634 adhirió a la Ley Nacional de «Parto Respetado».

 

Veamos a continuación un ejemplo claro de violencia obstétrica, extraído del texto «Derechos sexuales y reproductivos en tensión:intervencionismo y violencia obstétrica», de Natalia Magnone Alemán, quien se encargó de realizar una investigación entrevistando a integrantes de equipos de salud y a mujeres puérperas en Montevideo (Uruguay):

 

«Una vez había una mujer en trabajo de parto que estaba sumamente dolorida. Entonces le dijimos que se pusiera como quisiera. Y la mujer no sabía que quería. Están acostumbradas desde toda su vida a que las ponen horizontal (…), entonces te quedan mirando: ¿de qué me estás hablando? Entonces vos le podes decir cuáles son las posibles posiciones “libres”. Entonces le dijimos que se agarrara a una baranda y balanceara sus caderas. Lo hizo y le fue muy bien. Entonces la compañera se puso a hacer lo mismo, entonces estaban las dos meta balancear sus caderas y entró un médico (…) y dijo: ¿Qué están haciendo? Estamos moviéndonos porque nos duele mucho. Entonces les dijo: qué posición más bizarra. Entonces yo pensaba más allá de la expresión de ese médico, esas posiciones son las que elegían las mujeres en la prehistoria, es instinto total y absoluto. Entonces capaz él considera bizarro al instinto». (E. 17, psicóloga, enfermera y estudiante de partería).

 

Recientemente, en el portal web de Cosecha Roja, se publicó una noticia en la que se relataba un testimonio de una mujer argentina de 21 años que tenía un embarazo doble y en el contexto del trabajo de parto en un hospital de La Matanza sufrió múltiples violaciones a sus derechos: maltrato físico y psicológico hacia ella y sus bebés (uno de ellos falleció a los dos días). Dicho portal explica lo siguiente: «Según el primer informe del Observatorio de Violencia Obstétrica de la agrupación Las Casildas -para el que se encuestó a casi cinco mil mujeres de todo el país- el maltrato verbal y las prácticas invasivas sobre los cuerpos de las gestantes es constante.Al 33% de las mujeres encuestadas les hicieron sentir que ellas o sus bebés corrían peligro, el 54 por ciento no se sintió contenida ni pudo expresar sus miedos durante el parto, el 40 por ciento no pudo ejercer su derecho a estar acompañada mientras paría y al 70 por ciento le rompieron artificialmente la bolsa» (6).

 

  1. EXPERIENCIAS COMPARADAS

 

Uruguay -en un intento prematuro de adentrarse en esta temática- en el año 2001 sancionó la Ley 17.386, que establece el derecho de la mujer a estar acompañada de una persona de su confianza o en su defecto, a su libre elección, de una especialmente entrenada para darle apoyo emocional durante el tiempo que dure el trabajo de parto.

 

Venezuela fue pionera en reconocer y plasmar legalmente este tipo de violencia. Lo hizo en la «Ley orgánica sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia».

 

Respecto a la violencia obstétrica, la legislación venezolana, la define en el art. 13 de la siguiente manera: «Se entiende por “violencia obstétrica” la apropiación del cuerpo y procesos reproductivos de las mujeres por personal de salud, que se expresa en un trato deshumanizador, en un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, trayendo consigo pérdida de autonomía y capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad, impactando negativamente en la calidad de vida de las mujeres» (7). Esta ley incorporó algo novedoso, que está ausente en la legislación argentina, y consiste en la referencia a la «pérdida de la autonomía y la capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad».

 

En el art. 51, enumera los que se conocen como actos constitutivos de violencia obstétrica ejecutados por el personal de salud (y sus respectivas consecuencias), consistentes en lo siguiente:

 

«1. No atender oportuna y eficazmente las emergencias obstétricas».

 

»2. Obligar a la mujer a parir en posición supina y con las piernas levantadas, existiendo los medios necesarios para la realización del parto vertical».

 

»3.Obstaculizar el apego precoz del niño o niña con su madre, sin causa médica justificada, negándole la posibilidad de cargarlo o cargarla y amamantarlo o amamantarla inmediatamente al nacer».

 

»4. Alterar el proceso natural del parto de bajo riesgo, mediante el uso de técnicas de aceleración, sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer».

 

»5. Practicar el parto por vía de cesárea, existiendo condiciones para el parto natural, sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer. En tales supuestos, el tribunal impondrá al responsable o la responsable, una multa de doscientas cincuenta (250 U. T.) a quinientas unidades tributarias (500 U. T.), debiendo remitir copia certificada de la sentencia condenatoria definitivamente firme al respectivo colegio profesional o institución gremial, a los fines del procedimiento disciplinario que corresponda».

 

Ecuador, a su turno, ha desarrollado una «Guía técnica para la atención del parto culturalmente adecuado», en el año 2008. En el marco del reconocimiento de la condición multicultural, multiétnica y plur inacional del país ha dado lugar a incorporar técnicas que son inclusivas para las madres pertenecientes a otras comunidades.

 

En la sección del «Protocolo de manejo de la primera etapa de la labor de parto: dilatación y borramiento», en el apartado de adecuación del área física para atención del parto establece lo siguiente:- «. el espacio físico debe ser adecuado a la realidad y necesidades culturales y ambientales de la localidad (estera, silla, colchonetas)».

 

– «El área física para realizar un Parto Culturalmente Adecuado debe evitar el color blanco o muy claro en sus paredes (en algunas culturas andinas el color blanco representa la muerte, además muchas pacientes se incomodan al pensar que van a ensuciar o manchar los entornos de colores claros)».

 

– «. debe permitir el libre movimiento de la embarazada, debe disponer de un área para calentar aguas medicinales, debe disponer de ropa cómoda y caliente para la embarazada (faldón y camisón evitar ropas con grandes aberturas en su área anterior o posterior)».

 

– «.debe disponer de ropa cómoda para los familiares, partera o partero y equipo médico que asistirá en la atención, que incluyan botas de tela (debe evitarse el uso de ropa identificada como de uso hospitalario).

 

– «. debe existir colchoneta y paños estériles de diferentes colores para ser usada de requerirse en la fase activa de la dilatación».

 

Seguidamente establece una serie de medidas (tareas / pasos) para observar en la referida etapa, tales como las siguientes:

 

– «. recibir con calidez a la mujer en la unidad operativa y explicarle (también a la persona que le apoya, sea esta su familiar o su partera) de manera clara y con términos no técnicos, lo que se va a realizar».

 

– «Considerar y respetar las prácticas habituales de la comunidad a la que pertenecen en lo relacionado a la atención del parto, escuchar y responder atentamente sus preguntas e inquietudes usando términos fáciles de comprender».

 

– «Brindar tranquilidad y apoyo emocional continuo. Adaptar el ambiente en lo posible a los requerimientos de la gestante.

 

– «Si la paciente no se realizó controles prenatales previos, explicarle cómo será el proceso del parto para disminuir el temor a lo desconocido sobre todo en pacientes nulíparas.En lo posible, hacerle conocer las instalaciones físicas en donde será atendida y al personal que le prestará asistencia».

 

– «No rasurar el vello púbico solo si la paciente o la partera lo solicita por las características de la práctica comunitaria de atención (no rasurar rutinariamente el área genital)».

 

– «Permitir la libertad de movimientos. La paciente puede asumir cualquier posición cómoda para ella y cambiar de posición cuantas veces lo desee. (precaución: por prolapso de cordón en presentación móvil y membranas rotas, se debe mantener la posición supina), entre otros» (8).

 

La Organización Mundial de la Salud (en adelante, OMS) desde hace tiempo viene haciendo recomendaciones relacionadas con la temática, que son aplicables a todos los servicios perinatales del mundo. Por ejemplo: los principios de la OMS acerca del cuidado perinatal: «Guía esencial para el cuidado antenatal, perinatal y posparto», que establece entre otras cosas que el cuidado del embarazo y del parto debe reunir las siguientes características:debe ser no medicalizado, basado en el uso de tecnología apropiada, multidisciplinario, integral (teniendo en cuenta las necesidades intelectuales, emocionales, sociales y culturales de las mujeres, sus niños y niñas y sus familias y no solamente un cuidado biológico), tener en cuenta las pautas culturales, las decisiones tomadas por las mujeres, respetar su privacidad, dignidad y confidencialidad (9).

 

En relación con el parto humanizado, este mismo organismo también ha emitido una serie de recomendaciones; entre ellas, se encuentran las relacionadas con la posición, estableciendo que las embarazadas «no» deben ser colocadas en posición de litotomía (acostadas boca arriba) durante el trabajo de parto ni en el parto; deben ser libres de caminar durante el trabajo de parto y libres de elegir la posición que desea durante este; no deben inducirse los partos por conveniencia (la inducción del parto debe limitarse a determinadas indicaciones médicas; ninguna región geográfica debería tener un porcentaje de partos inducidos mayor al 10%); no se justifica la episiotomía (incisión realizada para ampliar la abertura vaginal) como procedimiento rutinario; el recién nacido sano debe permanecer con la madre cuando así lo permite el estado de salud de ambos (ningún procedimiento de observación del bebé justifica la separación de su madre), etcétera.

 

VII. LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA Y SU RELACIÓN CON LA VIOLENCIA DE GÉNERO

 

Existe una vinculación importante entre la violencia doméstica y la violencia obstétrica, ya que si la primera forma parte de la vida cotidiana de las mujeres, como correlato de ello se naturaliza y tolera más un sistema violento de atención, al punto tal de ni siquiera reconocerlo como violencia. Tal como señala la autora Natalia Magnone Alemán en su trabajo «Derechos sexuales y reproductivos en tensión: intervencionismo y violencia obstétrica», tanto la violencia de género como la violencia institucional son posibles porque las sostienen sistemas de poder jerárquicos de género y salud, respectiva e interconectadamente.La violencia obstétrica en tanto violencia de género pone de manifiesto la asimetría que existe entre hombres y mujeres en las relaciones de saber / poder y que regula el conjunto de las prácticas concretas en los procesos reproductivos de las mujeres. La vulnerabilidad de las embarazadas, parece acrecentarse por su condición de tales (10).

 

VIII. LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA Y SU RELACIÓN CON LOS DERECHOS HUMANOS

 

La violencia obstétrica constituye también una violación a los Derechos Humanos, tanto como manifestación de la violencia de género contra las mujeres como desde el enfoque del derecho a la salud como un derecho humano (11).

 

Hay que tener en cuenta lo siguiente: todos los derechos humanos son indivisibles, interdependientes y universales. Rigen para todos las personas del mundo. No existen derechos más importantes que otros, todos están en un mismo nivel. Tampoco puede afectarse un derecho y esperar que no se afecte a otros; de esto se trata la interdependencia, todos los derechos están interrelacionados.

 

¿Cuáles son algunos de los derechos que se vulneran al cometer actos que constituyan violencia obstétrica? A la salud, trato digno, vida, dignidad, integridad personal, privacidad e intimidad, información, no recibir tratos crueles, inhumanos y degradantes, a estar libre de discriminación, entre otros.

 

Todos estos derechos son vulnerados la mayoría de las veces en el momento del parto, a través de muestras de insensibilidad frente al dolor de la mujer, manteniendo silencio frente a sus preguntas, a través de la infantilización de la parturienta, los insultos y los comentarios humillantes del tipo: «Si te gustó, aguantátela» (haciendo referencia a los dolores de parto que aparentemente la mujer debería soportar por haber sentido placer al momento del acto sexual) (INSGENAR, 2003: 19).

 

  1. CONCLUSIÓN

 

En función de todo lo expuesto, podemos concluir que recién ahora se vislumbra un comienzo de andar al camino que tiene por inicio visibilizar esta terrible realidad que constituye claramente una violación a los derechos humanos de las mujeres, para poder hacer algo para cambiarla.Las mujeres o familias que atraviesen por este tipo de situaciones tienen que animarse a exponerlas, denunciarlas ante los organismos correspondientes. ¿Por qué digo «recién ahora»? Observemos la fecha de sanción de la Ley Provincial Santafesina (como un ejemplo más). Las palabras sobran. Este silencio legislativo ha intentado ser suplido con grandes esfuerzos de organizaciones y grupos que se dedican a ayudar y capacitar a mujeres que van a ser madres proporcionándoles todo tipo de herramientas (inclusive capacitaciones legales). En muchos casos, estas organizaciones han logrado marcar la maternidad de muchas.

 

Como se aclaró al principio del presente, no se pretende agotar todas las perspectivas de análisis que rodean la temática, ni englobar a todas las instituciones y prestadores/as de salud, lo que sí se pretende es generar conciencia para que todos estos, desde el lugar que ocupan, puedan tomar el camino de la humanización y respeto a los derechos humanos y que el Estado refuerce los mecanismos de capacitación, control, protección y visibilización relacionados con el asunto en estudio.

 

Es muy importante desnaturalizar esta clase de actos, aplicar la sororidad entre las compañeras, para que las desgracias por las que han atravesado la mayoría sirvan para comenzar a ponerle fin a esta triste realidad que opaca uno de los momentos más importantes en la vida de mujeres y familias, que es el momento de traer al mundo a un niño/a.

 

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(1) BELLI, Laura F.: «La violencia obstétrica: otra forma de violación a los derechos humanos», en Revista Redbioética, Unesco, año 4, 1 (7), 2013, pp. 25-34.

 

(2) «Mujeres Indígenas: las mujeres indígenas y sus derechos humanos en las Américas», p. 60. Comisión Interamericana de Derechos Humanos, abril de 2017.

 

(3) MEDINA, Graciela: «Violencia Obstétrica», p. 4, disponible en http://www.gracielamedina.com/articulos-publicados/.

 

(4) El Programa Médico Obligatorio (PMO) es una canasta básica de prestaciones a través de la cual los beneficiarios tienen derecho a recibir prestaciones de tipo médico y asistencial.La obra social debe brindar las prestaciones del Programa Médico Obligatorio (PMO) y otras coberturas obligatorias, sin carencias, preexistencias o exámenes de admisión. Disponible en el siguiente sitio web: http://www.sssalud.gov.ar.

 

(5) Decr. 4028/13, art. 6, inc. e: «Violencia obstétrica: aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, ex presada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, de conformidad con la Ley 25.929».

 

(6) Noticia disponible en http://cosecharoja.org/violencia-obstetrica-no-nos-callamos-mas/.

 

(7) Art. 13 de la «Ley orgánica sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia», de la República Bolivariana de Venezuela.

 

(8) «Guía técnica para la atención del parto culturalmente adecuado». Ecuador, s. e., 2008, pp. 45-49.

 

(9) QUEVEDO, Paula: «Violencia obstétrica: una manifestación oculta de la desigualdad de género», Trabajo de Tesis, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional de Cuyo, 2012, p. 14.

 

(10) AMORÓS, C.: Hacia una crítica de la razón patriarcal. Buenos Aires, Del hombre – Anthropos, 1990, pp. 39-53.

 

(11) VILLAVERDE, M.: Salud sexual y procreación responsable. Jurisprudencia Argentina. Buenos Aires, pp. 31 y 32.

 

(*) Abogada. Universidad Nacional del Litoral.