La justicia cercana y sus desafíos éticos

Autor: Oliva de Blaser, Ileana

Fecha: 13-nov-2017

Cita: MJ-DOC-12291-AR | MJD12291

Sumario:

I. El icono de la Justicia de Proximidad: La Justicia de Paz. II. Garantía de Proximidad. III. Desafíos Éticos. IV. Bibliografía.

Doctrina:

Por Ileana Oliva de Blaser (*)

Resumen de la Propuesta: En el presente trabajo abordamos la justicia cercana como modelo de paradigma, y como icono del mismo, a la Justicia de Paz, como ejemplo y como propuesta acabada de lo que la sociedad reclama en lo que respecta a los servicios de justicia de proximidad. Nos referimos al activismo judicial como uno de los desafíos éticos modernos por los que atraviesa la magistratura latinoamericana.

I. EL ICONO DE LA JUSTICIA DE PROXIMIDAD: LA JUSTICIA DE PAZ

«Es el juez que está más cerca de la gente y más lejos del TSJ… Porque ellos están donde nosotros no llegamos y hacen lo que ninguno de nosotros hace». (Palabras del Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Córdoba Dr. Carlos F. Garcia Allocco Discurso Apertura Año Judicial 2013.)

Si deseamos hablar de una justicia próxima a la ciudadanía como meta, como desafío y como paradigma de justicia de este siglo, no podemos eludir abordar el modelo que por excelencia representa la Justicia de Paz como una justicia cercana.

Decimos esto porque entendemos que la Justicia de Paz «fue y es llave que abre el Portal del Acceso hacia una Justicia eficaz, cercana, rápida, efectiva, desformalizada, y que garantiza la manda constitucional argentina del afianzamiento de la justicia», lo cual la convierte en una herramienta calificada de los Poderes Judiciales para dar respuesta al reclamo social que brega por una justicia que cumpla y se brinde coincidentemente con aquellas características.

Si bien en este último tiempo, los Poderes Judiciales a veces acompañados con algunas reformas legislativas, se han hecho eco de estos reclamos sociales, emprendiendo ciertas reformas judiciales y procesales con el afán de descomprimir y agilizar los procesos y las resoluciones de conflictos de los ciudadanos, solo algunos sectores de los Gobiernos Judiciales han avizorado tímidamente a la Justicia de Paz como la herramienta de oro en materia de acceso a justicia y como el sinónimo por antonomasia de «la justicia de la proximidad».

Cuando se discute sobre la inmediación que debe tener la Justicia en estostiempos, se ha habla de acercar los palacios de justicia a las periferias, se propone modificar el lenguaje forense para hacerlo más comprensible al ciudadano, se ha reclamado por más recursos humanos calificados en áreas como derechos humanos para garantizar el derecho de acceso de las personas en condiciones de vulnerabilidad, pero en las mesas de debate se han olvidado de recordar la génesis de la justicia próxima, es decir se han olvidado de recordar a la justicia de paz, justicia a la que muchos creen extinguida, y aquellos más benévolos creen que es una justicia de escasa importancia por lo que es digna de ignorarse.

Queremos poner en este ámbito de reflexión el tema de la Justicia de Paz como el prototipo de proximidad, haciendo foco en la versión moderna de este tipo de justicia para los modelos que se proponen instaurar.

Si decimos que necesitamos una Justicia cercana, debemos referirnos al concepto de Acceso a Justicia, como aquella noción superadora del concepto de Acceso a la Justicia, por entenderse que aquella noción es la que abre el abanico de soluciones a los conflictos, abarcando respuestas incluso no judiciales.

El acceso a justicia tiene que ver con la ampliación del concepto de administración de justicia, concepto que por cierto abarca a otros servicios de tutela, superando la idea que asocia el acceso a justicia con el sistema estatal y dentro de este el judicial, de allí comprende otros mecanismos de resolución de conflictos. Este horizonte se ha debido ampliar, debido al fracaso que han demostrado de los sistemas judiciales tradicionales (1), conllevando ello a la puesta en crisis del derecho humano al acceso.

De tal manera que, no puede hablarse de garantía del acceso a justicia si se habla solo de la formalidad de la jurisdicción, sino que por el contrario, este acceso debe abarcar vías que den por resultado una tutela eficiente, sea esta jurisdiccional o no.

II.GARANTÍA DE PROXIMIDAD

Decimos que los Juzgados de Paz son parte mayoritaria de la garantía del Acceso a Justicia y a la Justicia, por ser los más cercanos a la población, y por ende a los conflictos de los ciudadanos. Aunque si bien, dijimos que son el órgano más inmediato, representan la cara visible de la justicia, el brazo largo de la justicia, los jueces más próximos, los que están empapados y embarrados (por inmiscuidos) de los conflictos, compenetrados, simbolizando una real herramienta de solución de conflictos -mediante la Mediación, la Conciliación, Amigable Composición, la Facilitación-, son además los que cumplen el rol de guías y agentes de orientación jurídica, y social. Esto se explica porque, a los Juzgados de paz a diario, acuden personas que si bien puede aquejarlos algún problema jurídico, también concurren en busca de un asesoramiento y una orientación administrativa y social, lo que se complementa con la figura resaltada que poseen los Jueces de Paz como Referentes Sociales y Comunitarios dentro de sus poblaciones. En este punto son las Reglas de Brasilia las que nos exigen que la «proximidad» de justicia sea garantizada mediante la adopción de instrumentos de acercamiento de los servicios del sistema de justicia hacia aquellos grupos de población que, debido a las circunstancias propias de su situación de vulnerabilidad, se encuentran en lugares geográficamente lejanos o con especiales dificultades de comunicación.Por eso debemos tener presentes que es el sistema de Justicia de Paz, el que está organizado con experticia para proveer de un servicio de justicia a aquellas poblaciones del interior de las Provincias, en donde no hay Tribunales Ordinarios, convirtiéndose la figura del Juez de Paz en un instrumento de vital importancia para los poblados, dado que este, por las funciones y competencias que desempeña, resulta «un agente pacificador» de las relaciones dentro de la comunidad.

En consonancia con lo que venimos planteando, simbolizamos la garantía de proximidad y de acceso a Justicia, mediante el concepto de Highton de Nolasco al decir que «los ciudadanos deben tener la posibilidad de obtener una solución justa y adecuada de sus conflictos, la cual no siempre se obtiene de una sentencia judicial, sino que aquella solución puede, y debe provenir de una respuesta inmediata y justa» (2), la cual se puede alcanzar quizás con la simple función de guía que ejercen los Jueces de Paz. Queremos desglosar estos conceptos que parecen unidos, como sinónimos, para darle un significado y una posición diferenciada a cada uno. Nos referimos a la Garantía de Proximidad y a la Garantía de Acceso a Justicia. Ya dijimos que este último, tiene un alcance conceptual amplio, que engloba no solo el acceso a un estrado judicial, sino a una solución justa al conflicto, que puede partir desde un órgano administrativo, o de un acuerdo de mediación.Ahora, las teorías modernas han puesto la mirada no solo en la garantía de acceso, sino en la garantía de Proximidad, y esto quiere significar que no solo el ciudadano debe poder contar con un órgano que se encargue de facilitarle la solución a su conflicto, sino que además esa solución debe serle próxima en varios sentidos, próxima en el sentido de comprensible, en un lenguaje entendible, sin tecnicismos, elaborados en lengua madre, con una actuación empática con las costumbres y cultura de los justiciables, proximidad entendida como una actuación inclusiva y no discriminatoria, una actuación holística que solucione de manera integral el conflicto o al menos facilite soluciones completas.

Porque la palabra proximidad, es más que la idea de «estar cerca de», aquí el ideario de proximidad es amplio, y contiene el concepto de afinidad, integralidad, vecindad, semejanza, del ciudadano como un par, como nuestro vecino, nuestro semejante, no debiendo existir esa figura del Juez inalcanzable, inaccesible, sin relación con la ciudadanía, y hasta nada asemejado con ella, la figura de los jueces de «Palacios» se va derrumbando para dar paso a un juez de ciudadanos.

Una muestra acabada de ello lo da la visión del PNUD al decir que la Justicia de Paz es «una justicia de proximidad, cercana a los ciudadanos, que interviene en determinados conflictos (por lo general, menores) a través de técnicas de conciliación, mediación y recomposición de la relación entre las partes.Esta instancia es parte de la estructura estatal de cortes y tribunales pese a las diferencias orgánico funcionales que presenten respecto del conjunto de la estructura judicial(…) La justicia de paz, de equidad o de concordia, consiste en el segmento del sistema judicial directamente vinculado a la resolución de los conflictos inmediatos de los ciudadanos sobre la base de jueces cercanos a los vecinos, que actúan mediante audiencias orales y públicas, muy simples y desformalizadas, y utilizando criterios de composición del conflicto o equidad…. lo central es el modo en que resuelven conflictos y no tanto su procedencia o su carácter lego o profesional. Por lo general, tiene asiento en áreas rurales o en zonas alejadas de las capitales o ciudades importantes. Tiene por objeto brindar un servicio de justicia al ciudadano más accesible, cercano, con conocimiento de su contexto y sus problemas, administran justicia en materias diversas, lo que transforma al Juez de Paz en una persona con competencia para resolver diferentes tipos de conflictos» (3). La «ciencia del derecho ha demostrado que es necesario contar con una justicia que sea rápida, eficaz y a bajo costo, y con la cual la comunidad se sienta identificada, siendo muestra de ello la Justicia de paz (como justicia comunitaria). Coincidentemente con esta idea, el hoy Ministro de Justicia de la Nación Argentina, el Dr. Germán Garavano, sostiene que «el que más necesita justicia es el que menos accede a ella y por eso hay que darles una respuesta oportuna, ya que se tarda años en dicta r sentencias…» (4).

Este tipo de justica, la de paz, no solo contiene las características antes reseñadas, sino que ha sido propuesta, como en el caso de Colombia, como un remedio a la congestión judicial, concibiéndola como una justicia participativa y de resolución de los conflictos de los sectores comunitarios.(5)

Tras reconocer a la Justicia de Paz como una herramienta judicial, se introduce la idea de aceptar el paradigma del «Pluralismo jurídico, la Multiculturalidad y la Justicia Holística», admitiendo que la solución a los conflictos no solo debe provenir de los tribunales ordinarios, sino que se da crédito y se asume que dentro de las soluciones no hay unicidad sino pluralidad, con lo que reemplazaríamos gráficamente la vara de la justicia, por un abanico, dado que no todos los conflictos jurídicos encuentran su cauce dentro de los procesos adversariales o por los canales procesales ordinarios de la justicia, sino que en ciertas ocasiones la población más vulnerable, posee conflictos que necesitan ser abordados mediante otras técnicas como pueden ser las audiencias de escucha activa, comprensiva, informal, y rápida, o bien con reuniones de autocomposición. No visualizar esto, es darle paso a la aparición de lo que se denomina «necesidades jurídicas insatisfechas de la población», toda vez que existen penurias de los ciudadanos que no son aptas para ser encaminadas por derroteros procesales.

Por ello, la garantía de acceso a justicia, no se circunscribe solo a la posibilidad de «poder litigar», sino que el acceso a justicia debe ser aquel que brinde soluciones basales a los conflictos, y que le otorgue el disfrute amplio de derechos, hoy ya debemos estar convencidos que el proceso es uno de los medios, pero nunca el fin del conflicto en todos los casos, dado que rara vez las resoluciones sentenciales de la justicia ordinaria dan por finiquitado los orígenes de los intereses controversiales.Abonamos lo dicho con el pensamiento del profesor Chileno Lazaeta, citado por Berrocal Duran (6) , al decir que «la comunidad, principalmente los sectores populares, percibe la justicia como ajena, y lejana, lo cual pone en crisis los procesos de legitimación y la propia legitimidad de la función de la justicia, dándose una relación no correspondida entre aplicación de justicia y la percepción que de ella tiene la comunidad, sumado a la imagen formal que tienen los jueces tanto en sus discursos como en sus sentencias, imagen que alejan tanto a los jueces y como consecuencia a la justicia de la sociedad».

Por ello, sugerimos, que al momento de diseñarse las políticas públicas, se ponga la mirada en el receptor de la solución del conflicto y no solo en el decidor judicial. Hoy ya no se puede pensar que los Poderes Judiciales garantizan el Acceso a Justicia por contar tan solo con patrocinio gratuito mediante asesores letrados pertenecientes a los Ministerios de la Defensa Pública, sostener esto es no ver que hay muchos ciudadanos que no llegan a las grandes urbes en donde se ubican estos asesores, y que si así llegasen, el acceso a los palacios de Justicia se torna engorroso, por la falta de medios económicos para viajar, por el costo que esto implica, las barreras culturales y sociales que debe vencer, la logística y la organización familiar que requiere abandonar los poblados y ausentarse por varias horas del hogar, o del trabajo. En medio de todo este panorama, aparece siempre un Juzgado de Paz en las pequeñas o a veces no tan pequeñas poblaciones del interior, allanando todas aquellas dificultades a las que se debe enfrentar un ciudadano que se ve obligado a trasladarse a las ciudades para recién allí experimentar la posibilidad de ser atendido, si tiene esa suerte, en los Palacios de Justicia de las urbes.

III.DESAFÍOS ÉTICOS Y SUS PROPUESTAS

Pensemos que durante siglos el derecho, fue utilizado como una herramienta de ejercicio del poder a través de los modelos inquisitoriales, en los cuales el juez era un mero ejecutor de las voluntades políticas de turno, alejados de la independencia y la imparcialidad propias de la función, en estos tiempos, ya no podemos asemejar el trabajo, la función y el rol del juez con aquella imagen.

Por ello es que nos referimos al Activismo como un desafío ético profesional, entendiendo que el activismo no es solo el que debe estar presente en el juez en su rol judicial dentro de las cuatro paredes de su estrado, sino también como un activista social, inmiscuido y comprometido con las distintas realidades sociales, por ello es que pensamos que uno de sus desafíos deontológicos debe transcurrir dentro de una actuación comprometida con las variadas situaciones de vulnerabilidad, y con un ejercicio funcional que se identifique con una Judicatura moderna impregnada de una cultura de respeto y obediencia a los mandatos legales, constitucionales y convencionales que implique el desempeño concienzudo del rol social que les ha tocado desempeñar en la difícil tarea de tomar decisiones justas aunque que a veces resulten impopulares, pero con la onda convicción de que su actuar es lo que corresponde hacer conforme a derecho. (7)

Sobre este aspecto, la Judicatura de Paz como icono de la proximidad, se enclava ante un doble desafío ético, dado que en muchas ocasiones, por la cercanía que el Magistrado tiene con los ciudadanos, se le va exigir agudizar su sentido de justicia, y además equilibrarlo como un perfecto funambulista, con el sentido social de su servicio judicial, aun cuando sus decisiones tengan un impacto tal que puedan llegar a ser criticadas o tener apariencia de antipáticas.

IV. BIBLIOGRAFÍA

– BARRIOS, Víctor S.: Justicia de Paz y Acceso a Justicia. Capitulo III. Acceso a Justicia. La crisis de la Justicia, pág. 58. Ed. Moglia SRL, Corrientes, Argentina, julio 2014.

– BERROCAL DURAN, Juan C.http://revistas.curnvirtual.edu.co/index.php/ergaomnes/article/view/236/194

– GARAVANO, German. http://www.germangaravano.com/

– GARCÍA MELGAREJO, Flavia: Activismo Judicial y garantismo Procesal. Los Poderes Jurisdiccionales a la luz del debido proceso. http://www.academiadederecho.org/upload/biblio/contenidos/Activismo_judicial_y_ Garantismo_Procesal_FLAVIA_GARCIA_MEL.pdf

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(1) Barrios, Víctor S.: Justicia de Paz y Acceso a Justicia. Capitulo III. Acceso a Justicia. La crisis de la Justicia, pág. 58. Ed. Moglia SRL, Corrientes, Argentina, julio 2014.

(2) Ídem, pág. 61.

(3) Ídem.

(4) http://www.germangaravano.com/

(5) Ley 497 de 1999 que permite la implementación de los jueces de paz.

(6) http://revistas.curnvirtual.edu.co/index.php/ergaomnes/article/view/236/194

(7) GARCÍA MELGAREJO, Flavia: Activismo Judicial y garantismo Procesal. Los Poderes Jurisdiccionales a la luz del debido proceso. http://www.academiadederecho.org/upload/biblio/contenidos/Activismo_judicial_y_Garantismo_Procesal_ FLAVIA_GARCIA_MEL.pdf

(*) Abogada. Diplomada en Ética Judicial, UNC. Juez de Paz por concurso Poder Judicial de la Provincia de Córdoba.

N. de la R.: Ponencia presentada en el marco del 1° Encuentro Nacional de ética «La ética como pilar en la formación y práctica de las profesiones del

derecho». Los días 16 y 17 de marzo de 2017. Ciudad de Córdoba – Argentina.