Pena de muerte ¿Solución o violación de derechos? Primera parte. Gómez Haiss, Dante D.

Autor: Gómez Haiss, Dante D. – Ver más Artículos del autor

Fecha: 14-jul-2017

Cita: MJ-DOC-11915-AR | MJD11915

Sumario:
I. Introducción II. Breve reseña sobre la implementación de la pena de muerte en la Argentina III. Código de Justicia Militar. IV. Formas de implementación y ejecución de la pena capital. V. Bibliografía.

Doctrina:

Por Dante D. Gómez Haiss (*)

I. INTRODUCCIÓN

Se intentará abordar la no menos amplia cuestión relativa a la pena de muerte desde diferentes enfoques poniendo énfasis en la legislación nacional, en las leyes especiales, así como también en la normativa supranacional en forma breve.

Desde hace tiempo, la sociedad argentina se ha preguntado si es conveniente la restauración de la pena capital en nuestro país. Así, se han escuchado voces en contra, como también aquellos quienes esbozan una expresión positiva respecto de la aplicación de la pena de muerte para casos específicos o para delitos gravísimos. La cuestión no es tan sencilla como parece, y creo que necesita abordarse con seriedad, transparencia y debida fundamentación.

Lo cierto es, que en pleno siglo XXI, aún hay países en los que perdura en sus legislaciones internas la pena máxima o capital, ante delitos considerados «aberrantes o de extrema gravedad» y aun para delitos que para nuestra legislación serian «comunes».

Desde épocas remotas e incluso antes de Cristo, ya se aplicaba este castigo máximo a la persona humana y, aún hoy, en pleno siglo XXI, se mantiene esta práctica de supresión de la vida por actos ilícitos penalmente estipulados, ya sea como sanción penal propiamente dicha o por cuestiones también que tienen que ver con transgresiones a las costumbres, al orden moral y religioso -y hasta político- de una determinada comunidad.

Cada vez que acontece un hecho aberrante que tiene como víctimas a seres completamente inocentes, las propias víctimas o sus herederos, reclaman a viva voz por que se aplique la pena de muerte para sus autores; en una suerte de acogida favorable del clásico: «ojo por ojo»; pues, ante el dolor e impotencia que el hecho acarrea y la sensación de inseguridad, las personas sienten que debe ajusticiarse de esa manera y no quieren esperar la lenta reacción del Estado, que en estos casos siempre llega tarde.Las sociedades van cambiando con el devenir de los tiempos, es cierto, a veces en forma vertiginosa; y existen épocas o etapas de la comunidad organizada de un país en las que se afrontan sucesivos casos de actuación de delincuencia criminal organizada y nuevas formas de actuación o implementación del delito que ponen en «jaque» al sistema de seguridad instaurado por el Estado, ocurriendo inclusive casos de «justicia por mano propia», «suicidios en masa», «homicidios calamitosos y deliberados». Todas estas cuestiones son de permanente estudio por parte de los gobiernos y de sus políticas criminales locales e internacionales, así como también por parte de maestros del derecho abocados al mundo académico y científico, que han tratado de encontrar el camino o la solución que aparezca como más justa o acertada.

En definitiva, creo que debemos preguntarnos si la pena de muerte como pena máxima es, en el último de los casos, la mejor respuesta ante un acto ilícito, que cae dentro de la órbita de lo reprochable y encuadrable perfectamente como «delito aberrante» o con el tilde o la calificación que la normativa penal más extremista pudiera darle, y, si la pena puede ser «sustituida» por otra clase de sanción penal que no tenga que ver con la supresión de la vida del autor. Y si como seres humanos, en un mundo globalizado, tecnológico y espacial, podríamos proponer otro tipo de solución para el futuro de nuestras generaciones que no sea justamente, la ejecución directa o indirecta de seres humanos.

Todas estas preguntas, todas estas consideraciones, se irán desmenuzando a medida que se vayan tratando las implicancias específicas, de este noble y humilde aporte, que por otra parte, no intenta ser sino una guía de consulta para los interesados que busquen llenar aquellos espacios vacíos o dudas que puedan generar temas tan arduos y polémicos como el que se analiza.Sin pretender ser una obra total o abarcadora de todas las aristas o de todas las cuestiones que indudablemente surgen sobre el tema de la pena de muerte.

Como en todos los temas, la cuestión de la pena de muerte, también puede avizorarse y narrarse desde distintos enfoques y / o puntos de vista; según el lugar donde se coloque el escritor o el lector critico; pues es indudable que puede verse y analizarse desde diferentes posiciones que conlleven cierta e innegable parcialidad; y quizás -¿por qué no?- «apasionamiento» conjugado con lo «ideológico» o bien con el «prejuzgamiento»; ya sea de tipo moral, religioso; político. Sea que uno se posicione dentro del área del Estado, como «operador del sistema penal y / o funcionario»; o bien se ubique en el área de la política criminal nacional o internacional; o desde un ángulo imparcial y alejado del Estado o del sistema, quizás más independiente.

Se revelará entonces indudable de todos modos esa especial mirada en torno de la cuestión, según el prisma que usemos, para analizar someramente, la cuestión que hoy ponemos en el tapete: «la pena de muerte».

En consonancia con lo expresado, resulta indudable que a todo escritor le resultará difícil colocarse en un ámbito imparcial; esa «pelea interna» que todo narrador tiene que vencer para tratar de seguir la línea que él mismo se propone respetar, una misma directriz, para no salirse del camino; estarse lejos de cualquier incidencia política o ideológica; tratando de ser objetivo más allá de opiniones personales o de juicios de valor sobre cuestiones específicas.

Lo más importante será entonces, arribar al cauce lógico de la congruencia, y al mismo tiempo, brindar el arropaje de consideraciones generales y particulares, como herramientas mín

imas, aunque suficientes, a fin de ayudar al amable lector a sacar sus propios pareceres, a formar o formular sus más íntimas convicciones promoviendo el pensamiento crítico.

II. BREVE RESEÑA SOBRE LA IMPLEMENTACIÓN DE LA PENA DE MUERTE EN LA ARGENTINA

1.¿Ha existido la pena de muerte en nuestro país?

Para dar respuesta a esta pregunta y para efectuar una breve reseña sobre la cuestión planteada, debemos remontarnos en el tiempo en forma inexorable. Ello a efectos de tener una somera idea acerca de algunos de los hechos más relevantes que sacudieron la historia de nuestro país, en cuanto a la aplicación de la normativa penal referida a la condena a muerte; inclusive, a tiempos anteriores al año 1810, hasta llegar incluso a la iniciación del proceso codificador, contenedora de sanciones de tipo penal como el «Proyecto Tejedor», la normativa represiva vigente por aquella época, en el largo territorio que componían las Provincias Unidas del Río de la Plata, constituían esas primigenias normativas dispositivas: las leyes penales españolas anteriores al Código Penal de 1822. «La nueva Recopilación», las leyes de Indias. Las partidas. El fuero Juzgo. Las Leyes de Toro y la «Novísima Recopilación», entre otras; que obviamente reflejaban directa o indirectamente la influencia inevitable del derecho romano y, sobre todo, también del derecho canónico. Sin dejar de tener en cuenta que, en el orden local, existían leyes especiales dispersas en algunas provincias que -como sabemos- fueron preexistentes a la nación.

En la Argentina, lamentablemente, hemos tenido variadas experiencias con respecto a la aplicación de la pena de muerte a lo largo de la historia y los Gobiernos de turno. Así las autoridades ejecutores o responsables han tratado de fundamentar o justificar la implementación y ejecución, de distintas formas.

Tiempos anteriores a la denominada «Organización Nacional»: Una vez efectivizada la independencia con el reino de España, las primeras organizaciones nacionales debían asegurar, de algún modo, esa independencia de «la madre patria», buscaban así un sistema que fortaleciera y ofreciera estabilidad económica, comercial y, sobre todo, político-militar, puesto que esa «estabilidad» se mostraba muy sutil; muy débil. Sucede que nuestros compatriotas siempre se vieron amenazados por el fantasma de la anarquía.En dicho momento de transición, obviamente, seguían rigiendo las leyes españolas del momento. Recordemos que las leyes de entonces -más aún las europeas- tenían el tinte de ser «duras» y hasta podríamos decir «excesivas y crueles» en lo que versa sobre su aplicación y los métodos con que se han llevado a cabo, pues llevaban consigo el afán de la «disuasión» y de ser «ejemplificativa»; además de «por demás retributiva» con todo lo que ello entrañaba.

Luego de producida la Revolución de Mayo; la Primera Junta de 1810 había decretado ya en ese entonces, la «pena de muerte» para casos específicos, imprimiéndoles calificaciones jurídicas ambiguas y otorgándoles -además- a las autoridades competentes u operadores de aquel antiguo sistema un poder casi ilimitado, para su implementación y / o ejecución.

Así, en un principio, se aplicaba un proceso que era sumarísimo (rápido). El método empleado para la ejecución de la pena capital fue el «fusilamiento».

A escasos tres meses aproximadamente de producida la Revolución de Mayo, se produjo lo que sería quizás la primera condena a muerte; en efecto, en el mes de agosto de 1810, en la localidad de Cabeza de Tigre, Córdoba. Se había ejecutado al virrey Santiago de Liniers (nació el 25 de julio de 1753 y murió el 26 de agosto de 1810). Se decía que Liniers había sido condenado a muerte por el delito de «sedición», tal como lo podríamos calificar hoy en día.

Cuenta la historia que el Primer Triunvirato, formado por Chiclana, Sarratea y Paso, adoptó otra línea jurídica o quizás otra interpretación respecto a la aplicación de la pena de muerte, redactando en el año 1811 una disposición mediante la cual se pretendió minimizar el sufrimiento que entrañaba la pena de muerte con “la horca” como modo de ejecutarla.Así, la horca, pasó ser aplicada a una variada gama de ilícitos que hoy inclusive podrían tildarse de “insignificantes”: por ejemplo, entre otros “el hurto simple”.

La Asamblea de 1813 reprimió a los desertores del Ejército, disponía diciendo que ellos «serán pasados por las armas».

El 8 de abril de 1818, después de que se conoció en Mendoza la noticia de la victoria patriota en la batalla de Maipú, fueron fusilados en la Plaza de Armas de la ciudad, los militares chilenos, adversarios de O’Higgins: Luis y Juan José Carrera.

La primera Constitución del año 1819 -de corte unitario- establecía taxativamente que «todo aquel que atentare o prestare medios para atentar contra la presente Constitución será reputa¬do enemigo del Estado y castigado con todo el rigor de las penas hasta la de muerte o expatriado, según la gravedad de su crimen».

La ejecución era inmediata, y luego su cuerpo debía ser colgado para que todos lo vieran; es decir, estamos ante la presencia de una ejecución con fines de «disuasión» y de tipo «ejemplificadora».

Durante la tiranía de Juan Manuel de Rosas, la pena de muerte quedó acotada, y aparecieron, a partir de 1830, «los azotes y el presidio». Rosas prefirió el «terror» a la aplicación de la ley, sobre todo cuando se trató de sus temibles enemigos políticos.

Se ha suprimido la vida de compatriotas también apoyados en «nombre de las buenas costumbres» y la ofensa a la «moral pública». Así el 18 de agosto de 1848, se efectivizó el fusilamiento en Santos Lugares, Provincia de Buenos Aires, de la Señora Camila O’Gorman y del cura Uladislao Gutiérrez; puesto que estos se habían convertido en «amantes» y, con ello, irritaban a la Iglesia católica y a Rosas.

Se ha mandado matar «por haber luchado o haberse levantado en armas en el bando contrario», así en febrero de 1852, al día siguiente de la batalla de Caseros, en la que Rosas fue derrotado, Urquiza ordenó fusilar al coronel del Ejército FederalMartiniano Chilavert.

La Argentina abolió la pena máxima por causas políticas después de la batalla de Caseros; así en el año 1852, Urquiza estableció mediante un decreto la orden de «abolir la pena de muerte por causas exclusivamente políticas».

Llegado el año 1864, el Poder Ejecutivo Nacional, encargó al jurisconsulto y futuro gobernador de la provincia de Buenos Aires, Carlos Tejedor, quien fue profesor en la Universidad de Buenos Aires para que presentara un «Proyecto de Código Penal», el cual también contenía ciertas disposiciones sobre la pena de muerte. Este proyecto fue presentado al Congreso, aunque no logró que fuera sancionado.

La pena de muerte -entonces- se encontraba estipulada para dos tipos de delitos que revestían suficiente gravedad: uno era el parricidio y el otro el homicidio agravado. Aunque se establecieron ciertas «excepciones legales», por ejemplo; en ningún caso, se podía ejecutar a las mujeres, contra las que la pena capital era suplida por la de «prisión por tiempo indeterminado». Tampoco se podía ejecutar a los menores de entre 14 y 18 años, tampoco se ejecutaba a los ancianos.

Durante el establecimiento de este cuerpo normativo, se ejecutó en el mes de septiembre de 1894 a José Meardi, «habiendo sido encontrado culpable de haber degollado a su esposa y a varios de sus hijos». En abril de 1900, a Cayetano Grossi, por el delito de «infanticidio», y en junio de 1916, a Juan Bautista Lauro y Francisco Salvatto, quienes habían asesinado a Frank Carlos Livingston, por encargo de su propia mujer. Lauro y Salvatto fueron fusilados en la Penitenciaría Nacional (que se encontraba situada en Las Heras y Coronel Díaz, en el barrio de Palermo, de la ciudad de Buenos Aires); con la ejecución de estos dos personajes, se podría sostener que son los últimos «fusilamientos legales» en la Capital Federal.La mujer de la víctima, que había encargado el asesinato, se vio favorecida con la aplicación de una «pena alternativa» (la de reclusión perpetua) por ser de «sexo débil», esta fue expre¬sión usada por la Cámara Penal que intervino.

En 1921, mes de agosto, el senador Leopoldo Melo, propuso la incorporación al sistema penal argentino de «la pena de muerte» para el delito de homicidio (art. 80), dando como fundamento que las naciones más adelantadas la tenían en su cuerpo legal (por ejemplo, en Ingla-terra y en la mayoría de los estados de la Unión Americana). Y que, por lo tanto, la legislación penal argentina quedaría en un nivel de «inferioridad» respecto a esas naciones.

Dicha propuesta fue receptada e incor¬porada, aunque en forma provisoria en el Proyecto, pero al volver a la Cámara de Diputados, para su nuevo tratamiento, la Comisión de Legislación Penal y Carcelaria decidió, rechazar las reformas introducidas en el Senado, en especial las que se referían a la «pena de muerte». La Cámara de Diputados lo aprobó; luego pasó nuevamente al Senado, que ratificó su postura con dos tercios de sus votos, pero en la Cámara de Diputados, por igual número de votos, volvió a triunfar el rechazo a la pena de muerte y el Proyecto fue sancionado el 30 de se¬ptiembre de 1921 y se promulgó como Ley 11.179 y entró en vigencia en 1922, de modo que este Código Penal de 1922 no contenía la pena de muerte.

Pero no hay que creer que la historia quedó allí, pues las ejecuciones se seguirían practicando no ya como antes «encubiertas o legitimadas por la propia ley», sino en forma «de facto», ya que el fantasma de la pena capital, siguió de manera «ilegal» o «clandestina», como también siguió rondando en los pensamientos políticos y cívico-militares en cuanto a su conveniencia o no de reinstaurarla formalmente.

En la ciudad de Rosario, sucedió el trágico suceso en el que fueejecutado (fusilado) el «canillita» Joaquín Penina. Podría considerarse a Penina como la primera víctima del primer golpe de Estado sucedido en el siglo XX.

Se aplicó también en nuestro país, lo que se conocería luego como «Ley marcial» (1956).

«Todo individuo que sea sorprendido “in fraganti” en delitos contra la autori¬dad y bienes de los habitantes, o que atentare contra los servicios y seguridad pública, “será pasado por las armas sin forma alguna de proceso”».

En 1956, se dio el conocido caso de los fusilamientos en la ciudad de La Plata, José León Suárez y Avellaneda, provincia de Buenos Aires.

Recordemos el libro escrito por Rodolfo Walsh «Operación Masacre»; allí el autor expuso su investigación particular sobre la masacre de once obreros en el basural de José León Suárez, ocurrido en el mes de junio de 1956; acontecimientos que han perdurado en la memoria de los argentinos como una de las historias más nefasta de nuestro país, pues dichos trabajadores habrían sido fusilados por la policía del lugar bajo el gobierno de entonces dictador Pedro Aramburu.

Otro hecho resonante fue el ocurrido en el año 1970, hecho que sacudió al país, se trata del secuestro y posterior asesinato (por parte de dirigentes montoneros) del general Pedro Eugenio Aramburu.

Durante el Gobierno de facto del general Levingston, se estableció que la pena capital se aplicara en forma de «alternancia» con la pena de «reclusión perpetua», incorporando la pena de muerte y ordenando que se ejecutara «por fusilamiento» dentro de las 48 horas de hallarse firme la sentencia condenatoria.

Posteriormente, un nuevo Presidente de facto, el general Alejandro A.Lanusse, ordenó «la abolición de todas aquellas disposiciones establecidas en el Código Penal, referentes a la pena de muerte»; de esta manera, la pena máxima al menos en forma legal, estaría fuera de toda aplicación, inclusive en los dos subsiguientes períodos presidenciales.

No obstante las «penas de muerte de facto o extrajudicial» seguían azotando al país sobre todo por razones de «política y poder»; exteriorizándose una especie de abuso de poder, que inclusive dio nacimiento con posterioridad a la llamada «Triple A” (Alianza Anticomunista Argentina).

Luego, en el año 1976, asumieron los militares, quienes pusieron en marcha el denominado «Proceso de Reorga¬nización Nacional», al mando de Jorge Rafael Videla; fue una dictadura militar violenta y sin escrúpulo alguno, responsable de la desaparición y muerte de más de 30.000 conciudadanos. Así, en el mes de junio de ese mismo año, se reinstaló la pena de muerte por Decr. Ley 21.338 (art. 5 del Código Penal), en forma alternativa con la de reclusión o de prisión perpetua; esto es, se había incorporado nuevamente la máxima condena como «castigo».

Aunque en realidad esta ley o mejor aún, la ejecución de la pena capital, nunca llegó a ser aplicada por parte de autoridad jurisdiccional (magistrados), más bien los militares prefirieron esconderse y, quizás también, ampararse en la ambigüedad de la incógnita y en las penumbras de las lamentables «desapariciones forzadas de personas», puesto que, jamás en esos años, se ha llevado a cabo ni un solo juicio que llevara a la condena capital a una persona y que la misma fuera ejecutada por orden judicial. Aunque estuvo a punto de acontecer, sí, en el año 1978, un Juez intentó su aplicación; ante un hecho horrendo que tuvo por víctima a un niño de 10 años de edad (Néstor Alberto Evaristo) quien vivía con sus padres en la localidad de San Fernando; provincia de Buenos Aires.Se cuenta que como su mamá trabajaba en el hospital y no tenía papá, el niño debía despertarse solo y preocuparse para ir al colegio. y un día no regresó… Lamentablemente a la salida del colegio, fue interceptado por tres vagabundos quienes lo condujeron a una casilla en la localidad de Béccar (provincia de Buenos Aires) donde lo violaron y lo asesinaron. El juez penal de la localidad de San Isidro, Antonio Merguin, condenó a los tres asesinos a la pena de muerte: «No creo que haya nunca un acuerdo entre los que están en contra y a favor de la pena de muerte. La ley está vigente y encontramos una situación concreta en la que la pena está en proporción al daño causado»; sostuvo el juez en el año 1981. Pero la Cámara de Apelaciones de La Plata revocó esa sentencia y mandó a que los acusados fueran condenados a «reclusión perpetua».

En 1983, con el regreso a la democracia y a la institucionalización del país, la «pena de muerte legal» fue derogada por la Ley 23.077, en 1984. Aunque siguió establecida «virtualmente» en el Código de Justicia Militar.

III. CÓDIGO DE JUSTICIA MILITAR

Sin perjuicio de la sintética reseña histórica efectuada; la pena máxima en épocas más cercanas se encontraba también regulada en el Código de Justicia Militar (Ley 14.029 ) que ha regido hasta su derogación, operada mediante la Ley 26.394(ref_ÑEG16421), sancionada el 6 de agosto de 2008 y promulgada el 26 de agosto de ese mismo año. Dicha normativa fue reemplazada por un régimen «sin pena de muerte» y que permite juzgar a los miembros o efectivos de las FF. AA.en el fuero federal, en concordancia con los dos códigos -Código Penal y Código Procesal Penal de la Nación- y ya no «por sus pares», como lo establecía el Código de Justicia Militar, aprobado en 1951; aunque este cuerpo normativo, desde entonces, sufrió varias modificaciones, durante el primer Gobierno de Juan Domingo Perón.

Este acto constituyó un hecho histórico, ya que implicó la eliminación del último surco que quedaba en el ordenamiento jurídico vigente en nuestro país que contemplaba la pena de muerte, en virtud del contraste irrazonable que surgía respecto a la Convención Americana de Derechos Humanos, que se encuentra incorporado a la Constitución Nacional desde la reforma del año 1994 (provincia de Santa Fe).

No resulta difícil entonces concluir a la luz de lo expuesto, que la legislación militar -hoy derogada-, resultaba absolutamente incompatible con nuestro sistema jurídico constitucional y que, pues, la extinción del mentado Código resultaba razonable y coherente con las demás normas legales y constitucionales vigentes en nuestra nación.

Con la eliminación del Código de Justicia Militar, la Argentina se convirtió en un país totalmente abolicionista en materia de pena de muerte, que constituye, en todas las circunstancias, la máxima violación al derecho a la vida; y ello va acorde a las normas internacionales de derechos humanos hoy vigentes en nuestro ordenamiento constitucional.

Nuestro país se ha colocado así entre los países que han eliminado esta práctica en su totalidad, y se verifica que el mundo entero de algún modo está dando la espalda a los «homicidios judiciales» o legales -por así llamarlo-, ordenados por el Estado. Desde 1979, más de 70 países han abolido la pena de muerte para todos los delitos o para delitos comunes.Más de 130 países han abandonado la pena capital, por ley (legal) o en la práctica (de facto) y solo unos pocos Gobiernos siguen llevando a cabo ejecuciones de seres humanos año tras año.

Respecto del tema en cuestión, el Dr. Eugenio Zaffaroni (exjuez de la CSJN), al llevarse a cabo la jornada de cierre del «Congreso sobre la Abolición Universal de la Pena de Muerte», realizado en la Facultad de Derecho de la UBA, ha manifestado su defensa y posición respecto del modelo de «Estado providente», en el sostener fervientemente que en la Argentina la pena de muerte es inconstitucional; afirmando además que «desde que se incorporó la Convención Americana de los Derechos Humanos a la Constitución Nacional, nos rige el principio de abolición progresiva». Dijo que nosotros «no podemos tener pena de muerte, y cada político que habla de ella miente, porque sabe que habría que hacer una reforma constitucional para contemplarla». Además consideró, que «este proceso culminó en 2007 cuando se consideró inconstitucional el Código de Justicia Militar y, finalmente, en 2008, cuando se abolió en el Congreso de la Nación el único texto legal que la tenía».

Hizo mención también el Dr. Zaffaroni que, en los Estados Unidos, en 1972, se declaró «inconstitucional» la pena de muerte, por ser discriminatoria, pues se reconoció que en los últimos 50 años, «el castigo se había aplicado a negros, débiles mentales y a personas que no tenían más de una cantidad mínima de dólares de renta anual»; reestableciéndose la pena de muerte con las administraciones republicanas, desde entonces continúan las ejecuciones, que va de la mano de la política criminal vindicativa de los Estados Unidos, el único país del continente que tiene pena de muerte y la ejecuta con olímpica frecuencia. Es una política vindicativa que se orienta hacia un «Estado gendarme» por oposición al modelo de «Estado providente».

IV.FORMAS DE IMPLEMENTACIÓN Y EJECUCIÓN DE LA PENA CAPITAL

En realidad, debemos también tener presente que la pena de muerte en los distintos países en cuanto a su implementación se ha bifurcado básicamente en dos vertientes: una vertiente que tiene que ver con tratar de revestirla de un formalismo legal, buscando de esa manera legitimarla (legal) para luego dar paso al abuso. En tanto que otra vertiente tiene que ver con su implementación anárquica o de hecho (de facto) o lo que se ha dado en llamar «ejecuciones clandestinas»; dando paso también a la justicia por mano propia; o bien suprimiendo cualquier norma que verse sobre el derecho a defensa del imputado, como así también en regiones donde impera la barbarie de la guerra o de continuos atentados, que se mantienen hasta nuestros días.

Convengamos en que la pena capital -ya sea implementada en forma legal o de facto- ha ido acompañando la evolución y el desarrollo de la humanidad y de los distintos gobiernos, durante mucho tiempo y hasta el momento actual, pues sabemos que todavía en muchos países se la implementa y se ejecutan dando muerte así a ciudadanos, seres humanos, ya sea por razones políticas o por delitos comunes, inclusive por cuestiones religiosas, entre otras causales, por la que se intenta justificar, no solo precisamente a individuos condenados por delincuencia, sino también a gente inocente.

Desde tiempos remotos, se ha implementado la pena de muerte y se ha mandado a ejecutar de las más distintas o variadas maneras y formas, pretendiendo de algún modo establecer una cierta firmeza y seriedad de la ley dura en un país o territorio determinado, o en defensa de sus tradiciones, sea para castigo, sufrimiento, dolor, venganza, odio, resentimiento, traición, poder; o como modo ejemplificativo, disuasivo, represivo, proporcional, retributivo y de escarmiento; o bien como efecto directo del fanatismo, etcétera.

Sabemos a esta altura que la pena de muerte en la Argentina se ha ejecutado por medio del acto de fusilamiento; sin embargo, en el mundo, la pena de muertese ha ejecutado de las más variadas maneras. Seguidamente, se tratará en forma breve de consignar algunas formas de implementación y ejecución más famosas o más conocidas a lo largo de la historia y la evolución de la humanidad en cuanto a la pena máxima: la supresión de la vida humana.

1. Lapidación: matar con piedras

En primer término, se ha optado por narrar en forma general esta forma de ejecución histórica, la «lapidación», que se lleva a cabo encontrándose el condenado enterrado en el suelo o la arena hasta el borde de su cuello o bien atado contra un árbol o poste que imposibilite el movimiento de defensa con las manos u otra partes de su cuerpo. De esta manera, el condenado encuentra la muerte causada por las lesiones cerebrales que recibe a raíz del impacto con el objeto contundente (piedra); sin embargo, esta forma de ejecución a veces resulta lenta, puesto que algunas personas pueden llegar a soportar fuertes golpes en la cabeza sin perder el conocimiento; pero también puede encontrar la muerte por la asfixia, ya que al estar enterrado casi todo su cuerpo, se dificulta la respiración, debido al constreñimiento de la caja torácica. Indudablemente esta pena ha sido impuesta como castigo para hacer sufrir a la persona; y por ello, también conlleva el mensaje de disuasión y ejemplificativo, puesto que el acto era llevado a cabo públicamente; es más, la gente podía participar activamente en «el apedreamiento» cuando la persona era encontrada culpable de algún acto de «notoria inmoralidad», que tuviera que ver con infringir alguna costumbre o tradición ética, moral o religiosa de una comunidad determinada (p. ej.: prostitución, adulterio, incesto.). Por el machismo reinante desde épocas anteriores, la mujer ha sido objeto común de esta clase de ejecución.El «escarmiento» para el resto de la sociedad era evidente; propagándose una evidente violencia contra la mujer y una apología de la pena de muerte (aun hoy contemplada).

La lapidación se constituyó en uno de los métodos quizás más salvajes o bárbaros que puede haber existido y que aún existe para ejecutar a un ser humano. En algunos países, se enterraba al reo hasta los codos envuelto en una sábana o mantel de color blanco. Para la ejecución, se elegían las piedras de tal manera de que no fueran ni muy grandes ni tampoco muy pequeñas; la primera piedra en algunos estados la arrojaba «el Juez» o verdugo, luego las personas que lo secundaban y luego el gran cúmulo de gente que se congregaba para el evento.

Según el artículo de Amnistía Internacional del año 2014, no se tuvo noticia de ejecuciones judiciales llevadas a cabo por lapidación. Sin embargo, Emiratos Árabes Unidos condenó a morir lapidada por «adulterio» a una mujer. En Irán, durante todo el proceso de revisión del Código Penal, se discutió si la lapidación quedaba o no en el texto final. En el borrador que debía aprobar el presidente, la lapidación quedaba en «suspenso»; es decir, quedaba en manos de «consejos de sabios», que, basándose en su conocimiento del Islam, etc., podían recurrir a la lapidación.Finalmente, la reforma del Código Penal Islámico mantuvo la pena de muerte por lapidación para el delito de «adulterio durante el matrimonio». Según informes, en 2014, se impuso al menos una condena de lapidación en Ghaemshahr, provincia de Mazandarán, pero no se ha tenido conocimiento de ninguna ejecución por este método, aplicada en forma legal o luego de una condena judicial, lógicamente las ejecuciones por medio de la lapidación en forma ilegal o de hecho siguen ocurriendo en algunos países de Oriente medio.

En la historia bíblica (tanto en e l nuevo testamento como en el viejo), también nos relatan algunas que otras veces, este método antiquísimo de condenar al ser humano y ejecutarlo por medio de la lapidación; sin querer adentrarnos de lleno todavía al tema de la participación de la religión y el punto de vista teológico y moral sobre la materia bajo análisis. Por ahora, simplemente decir que «el libro sagrado» ha dado cuenta en diversos pasajes acerca de la efectiva concreción de esta pena; inclusive aceptada explícita e implícitamente con cierta connotación de licitud para ciertos y determinados delitos, como el asesinato, la homosexualidad, el adulterio y la prostitución, la profanación de los sábados, la blasfemia, la idolatría, el incesto, la magia, los crímenes contra los padres, entre otros. Según los historiadores, en el sistema judicial hebreo, existen seis clases de penas: «1. Pena capital (hiyyub mitah); 2. Destierro (galut); 3. Flagelación (malqut); 4. Ley del Talión (ayin tahat ayin); 5. Multas; VI. Esclavitud (abdut)». Existía un sistema judicial «sumamente religioso» en la época. Los judíos, por ejemplo, consideraban que existían ciertos y determinados fines para la aceptación y justificación de la pena capital como son los siguientes: «1. Eliminar del pueblo a “elementos perniciosos irrecuperables o incorregibles” (Dt 17:12); 2. Escarmientos ejemplificativos para evitar que esos crímenes o delitos no se repitiesen en la sociedad y 3.Expiar para conseguir el perdón divino del Señor». Es con esos fines que se implementaron cuatro formas de ejecución de la pena de muerte (al menos las más conocidas): la cremación, la decapitación, la estrangulación y -por supuesto- la lapidación.

Tanto habla la Biblia de la pena de muerte en el Antiguo Testamento que la repite aproximadamente cuarenta y cinco -45- veces.

Pero ¿por qué los judíos y los hebreos aplicaban la pena de muerte en sus diferentes forma de ejecución cuando la propia Biblia establecía en su quinto mandamiento «No matarás»? No sería ello una contradicción? Parece difícil de explicar aunque en realidad resulta sencillo y practico. Es que la pena capital en aquel tiempo -y sin querer contradecir a especialistas historiadores del tema- se aplicaba “para ayudar a cumplir el pacto con Dios»; y en consecuencia, no se podía pensar en ser «creyente» sin parecerse a Dios, o sin tener «temor de Dios».

Los hebreos por ejemplo, distinguían la pena de muerte hacia aquellos que transgredían las leyes divinas, religiosas, morales y de la tradición; de un asesinato cometido por un delincuente a un ciudadano indefenso; quizás allí también está la clave esencial para entender esta cuestión, ya que en su propia terminología utilizada, se avizora la diferencia arriba indicada.

Nótese que, en hebreo, la pena de muerte utiliza el término «qatal»; en cambio para designar las palabras «no matarás» se utiliza un término diferente: «Ratsaj»). Podríamos traducir aproximadamente el quinto mandamiento de la siguiente manera: «no asesinarás» esto es: «no matar en forma ilícita, o en forma deliberada».

Por lo tanto, la pena de muerte se traducía como «matar lícitamente». En definitiva, la muerte por lapidación -en su caso- no resultaba contraria a la orden de Dios en sentido del quinto mandamiento, sino que, en realidad, se trataba de un acto condenatorio que resultaba lícito para la época, ya que purgaba el mal espíritu, errático y desencaminado.Esa pareciera haber sido la finalidad que perseguía la imposición de la muerte, pues, al estar debidamente acreditado el pecado ante Dios.

2. La horca

Resulta otro método de ejecución directa que acompañó al ser humano y su evolución. Básicamente, consistía en el empleo de una soga o piolín que rodeaba el cuello de la persona humana, con un nudo bastante prominente. Esa soga era sujetada a su vez a una especie de tarima que configuraba una altura considerable con respecto al suelo (en un principio, esta soga era directamente pasada por un brazo, gajo o tronco de cualquier árbol grande), de modo que al momento de caer el cuerpo con su propio peso, se produjera la muerte del reo ya sea por desnucamiento (muerte casi instantánea) o lentamente por la asfixia que le causaba el estrangulamiento (muerte con agonía). El que iba a ser ejecutado debía estar generalmente atado de pies y manos y, algunas veces, también se le colocaba una capucha o una especie de bolsa en la cabeza.

Todavía hoy, en pleno siglo XXI, se practica este método de ejecución en diversos países, como Jordania, Pakistán, Irán, Japón, Singapur y en algunos estados de Norteamérica, entre otros países.

Recordamos que en un pasaje de «El Quijote», Miguel de Cervantes escribió lo siguiente:«Si alguno pasare por este puente de una parte a otra, ha de jurar primero adónde y a qué va; y si jurare verdad, déjenle pasar; y si dijere mentira, muera por ello ahorcado en la horca que allí se muestra, sin remisión alguna».

Con la horca, en realidad, se generaba un «estrangulamiento» y resultó ser una de las formas más utilizadas desde épocas antiguas y hasta en la actualidad en algunos países; utilizada no solo como método de castigo ante un delito cometido, sino también, «como medio de provocarse el suicidio» (a esta última forma han acudido cientos de personas a lo largo de la historia).

Como cualquier otra pena capital, también se usó para ejecutar «lícita o legalmente» una pena impuesta por un tribunal; pero también en forma extrajudicial, ilegítima o clandestina; ello debido a su popularidad y al escaso instrumental para llevarla a cabo (una soga).

Esta forma de aniquilar la vida de una persona fue también perfeccionándose con el devenir de los tiempos; se buscaba que el sufrimiento fuera el menor posible, de tal forma que el «condenado» no tuviera que esperar a morir por la asfixia que le causaba el estrangulamiento; entonces, la ejecución se vio mejorada a los fines de la consecución de una muerte más segura y lo más rápida posible.Para ello, se recurrió a la búsqueda de una soga más adecuada para rodear el cuello, la que debía tener una cierta consistencia o espesor; como así también el tipo de nudo que se hacía, el uso de «trampillas»; que usualmente se trataba de dos compuertas que simulaban ser el piso, pero que eran abiertas de repente; así, con la caída de todo el peso del cuerpo del condenado, se conseguía el objeto del «desnucamiento» mucho más rápido.

En realidad, esta agonía o sufrimiento que causaba el estrangulamiento, era muchas veces «buscada» por lo que -lejos de verse como un obstáculo por superar- resultaba bienvenido para dar un escarmiento y ejemplo de lo que no debía hacerse. Sin embargo, en algunas regiones se consideraba que el «reo» debía sufrir lo menos posible. Para que ello no sucediera, el mismo verdugo se colgaba de los pies del ahorcado que estaba agonizando, debido al estrangulamiento y no moría, para dar unas cuantas sacudidas hacia abajo con el peso de su cuerpo acelerando así, la muerte.

Los anglosajones serán los que más pusieron en práctica este método de ejecución; recordemos que al espectáculo también acudían todas las personas de la comunidad. Es por ello por lo que resulta común observar en distintas imágenes, cuadros y pinturas, obras teatrales y cinematográficas del «Lejano Oeste» con posterioridad, sobre ejecuciones por medio de este método.Pero los anglosajones, desde el año 1886, comenzaron a utilizar una especie de «tabla», en la cual se detallaba antes de la ejecución además de los datos personales de la persona que inminentemente sería ejecutada, un detalle específico sobre su cuerpo, que consistía en saber «su peso». De modo que si una persona pesaba por ejemplo 88 kg, la tabla arrojaba con resultado técnico que la persona debía caer desde una altura aproximada de 1 metro y 95 centímetros; de esa manera, se calculaba también el largo de la soga produciéndose una muerte «más humanitaria» y casi instantánea; puesto que con el peso y la altura del que se dejaba caer el cuerpo y el seco estirón, se fracturaba los huesos del cuello del ahorcado (segunda y tercera vértebra del cáliz), y al fracturarla, se daña la médula espinal separándola por lo tanto del tallo central; al dañar el tallo femural, se afecta directamente la respiración y el latido del corazón.

En tanto que, en España, sería hasta el siglo XVII también uno de los métodos más utilizados. «No tienes de qué tener miedo, porque estos pies y piernas que tientas y no ves sin duda son de algunos forajidos y bandoleros que en estos árboles están ahorcados; que por aquí los suele ahorcar la justicia cuando los coge, de veinte en veinte y de treinta en treinta; por donde me doy a entender que debo de estar cerca de Barcelona». Cervantes, así nos señala, en su libro, lo popular que era en aquellos tiempos la utilización de la pena de muerte mediante la horca; en la época, la pena clásica también alcanzaba a la brujería. Recordemos por ejemplo el famoso caso de «Las brujas de Salem», en 1692. Salem era una pequeña aldea de Massachussets, Estados Unidos.Así como también el caso denominado «Los Mártires de Chicago»; cuando el 11 de noviembre de 1886, fueron ejecutados en la horca cuatro personas consideradas líderes sindicales; a las que se les atribuía el delito de haber hecho explotar una bomba y que, a raíz de la explosión, había fallecido un empleado policial.

En la Biblia, también tenemos alusiones específicas respecto de la aplicación de este método de ejecución. Por ejemplo, en Ester 5, 14: «Su mujer Zeres y todos sus amigos le dijeron: “Haz que se prepare una horca de cincuenta codos de alto, y por la mañana pide al rey que ahorquen a Mardoqueo en ella; entonces ve gozoso con el rey al banquete”. Y el consejo agradó a Amán, e hizo preparar la horca». Debemos hacer mención también a la «muerte de Judas».

Judas, el que había entregado a Jesús, al ver que este era condenado, sintió remordimiento y devolvió las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: «Yo he pecado entregando sangre inocente»; pero ellos dijeron: «¿Qué nos importa a nosotros? ¡Es asunto tuyo!» Entonces él, arrojando las piezas de plata dentro del santuario, se apartó, se fue y se ahorcó. Los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: «No es lícito ponerlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre». Y habiendo tomado acuerdo, compraron con ellas el campo del Alfarero, para sepultura de los extranjeros. Por eso aquel campo se llama «Campo de Sangre», hasta el día de hoy.

3. Crucifixión

La crucifixión en realidad, consistió en un método antiguo a través del cual se quitaba la vida a seres humanos, que acompañó al hombre en los albores del siglo XII; y durante años posteriores.En particular, este método consistía en que la persona fuera atada o amarrada con una cuerda en sus extremidades superiores (brazos y manos) e inferiores (ambos pies) y / o clavado en una cruz de madera, y dejado abandonado allí hasta que encontrara su muerte.

Fue utilizado en la época del gran imperio grecorromano y tomado también por pueblos contiguos como una forma de aplicar la pena de muerte por distintos delitos. Se cree que, con posterioridad a la legalización de la religión cristiana, en Roma, apoyada por el emperador Constantino, fue la época en que tuvo mayor auge esta forma de tormento. En realidad, tuvo este método de extinción de la vida, amplia vigencia en el mundo bárbaro y romano. De hecho, la Biblia también nos habla de la aplicación de este tormento; es más, al propio hijo de Dios, Jesús, lo han ejecutado por medio de la cruz, que muchas veces consistía en hacer sufrir al ser humano hasta el límite de lo insoportable.

La aplicación de este método consistía muchas veces en hacer cargar al reo la pesada madera a plena luz del día por los caminos del pueblo para que todos los integrantes de la comunidad observaran lo que le esperaría si se atrevieran a desafiar al rey, al monarca o tirano de entonces; así como también, aquellos que cometían el error de cruzar el fino umbral de la moral conjugada con la ética y las costumbres sagradas, aquellos bárbaros o anarquistas o peregrinos que argumentaban o vociferaban en contra de los dioses o de la religión; seguramente encontrarían la muerte por este medio. Así, la crucifixión tuvo connotaciones netamente políticas y religiosas, no tan solo era aplicada para los crímenes comunes sirviendo como método disuasivo y ejemplificativo.

De esta manera, se sometía a la persona humana a una muerte lenta; agónica, horrible.Básicamente se implantaba esa cruz de madera al suelo y se levantaba a lo alto con la persona en ella para que todas las personas lo vieran; consistiendo en un método de ejecución público, ya que el martirio provocado horas antes y por el que debía pasar el reo, era «gozado» por la muchedumbre y a la vez «sufrido» por sus familiares. Así, los pobladores del lugar acompañaban al sentenciado en su camino hacia el lugar donde sería finalmente ejecutado (crucificado); aunque a veces también la comunidad participaba directamente con abucheos; burlas, golpes, y latigazos, de modo que también pasaba por un instante previo donde la gente expresaba o reafirmaba esa condena; a esto la Biblia lo llama: «vía crucis» (camino del crucificado). El condenado a crucifixión generalmente iba semidesnudo o desnudo; para generar vergüenza; cargando así, la propia cruz en la que al final del camino sería postrado.

En cuanto al material utilizado podía ser una madera tipo poste levantada en forma vertical sobre el interior de un hoyo donde la persona era sujetada de sus extremidades con cuerdas o lazos quedando allí sujeta hasta encontrar su final. La cruz en definitiva también podía tener la forma de una «T»; es decir, al palo o poste, se le colocaba otra madera cruzada quedando como una suerte de «travesaño»; esta era una de las más utilizadas; también podía llegar a tener una suerte de letra «X». La persona así colgada, clavada en lo alto sobre una cruz, podía pasar algunas horas hasta quizás uno o dos días hasta finalmente desfallecer, encontrar la muerte.

4. Decapitación

Resulta otro método de aplicación de la pena de muerte que consiste en separar la cabeza del tronco del cuerpo humano. Para ello, se han utilizado las más variadas formas en la utilización de elementos que iban de menor o mayor precisión o efectividad con el transcurso del tiempo.Se trata de un método antiguo que también ha ido acompañando las penas legales e ilegales y clandestinas a lo largo de la evolución del ser humano, incluso en la época actual; sea por cuestiones de discriminación; venganza; fanatismo religioso y / o políticos o actos de guerra y atentados.

La legislación de la República Árabe del Yemen y de los Emiratos Árabes Unidos ha previsto, para el caso de aplicarse esta pena, que la cabeza debe separarse del tronco mediante un golpe de sable. La finalidad es que el afilado de la espada sea tan agudo que sea capaz de cortar rápidamente la médula espinal y, con ello, la muerte casi instantánea o a los pocos segundos de producirse el impacto; aunque ello dependerá también de la fuerza y la destreza del verdugo. Claro que para producir el cercenamiento de la cabeza del cuerpo del ser humano, se han utilizado elementos específicos y variados, como son el cuchillo, el hacha, la espada, la guillotina, etcétera.

«Este suplicio atroz de estar expuesto a recibir varias muertes en vez de una -como diría el verdugo francés Sansón- se repite centenares de veces con caracteres terroríficos, en unos y otros países, en unas y otras épocas. Puesto que la muerte por decapitación es mucho más terrible si la realiza una mano torpe, hemos de creer a las crónicas cuando aseguran que en ocasiones se ha puesto la espada o el hacha en las manos más inhábiles o más débiles al objeto de hacer más penosa la muerte de aquellos a los que se condena». (Daniel Sueiro. La pena de muerte.Madrid, Alianza Alfaguara, 1974).

Uno de los inconvenientes era la gran salida de sangre del cuerpo decapitado, razón por la que luego de las primeras prácticas rápidamente se mejoró esta técnica poniendo una especie de sábana o tela de un determinado espesor para que absorbiera el gran cúmulo de sangre que generalmente quedaba desparramada en el suelo; luego también se ha usado un recipiente donde caía la cabeza y gran parte de la sangre vertida por el cuerpo.

Volviendo al libro sagrado, este nos da cuenta también, acerca de ciertas y famosas «decapitaciones»; por ejemplo la de «Juan el Bautista» (personaje bíblico que fue decapitado por orden del rey Herodes), San Pablo (apóstol de Jesús). Santiago el Mayor (apóstol de Jesús).

En Roma, también se ha utilizado este método para dar muerte a los ciudadanos romanos, ya que se consideraba que, con esta forma de ejecución, no se generaba mayor sufrimiento. Es por ello por lo que se empleaba sobre aquellas personas que poseían el título de «nobleza». Los arqueólogos han efectuado el hallazgo en el año 2006 de treinta cuerpos decapitados en un antiguo cementerio romano de la ciudad de York en Gran Bretaña.

En los tiempos actuales o modernos, también han ocurrido varias ejecuciones mediante el método atroz de la decapitación; por ejemplo, en países como Afganistán, Irak, Siria, Arabia Saudí, cometidos por grupos islámicos; allí han ejecutado a periodistas, a simples turistas, por el solo hecho de pertenecer a otra nacionalidad o por ser cristianos o bien por pertenecer a un ejército extranjero, o bien, al ser acusados de espionaje.

Incluso ya desde la antigüedad, al estar separada la cabeza del cuerpo se exhibía la misma ante la gran congregación de la población portándola en las propias manos del verdugo, o bien depositada en la extremidad superior de un «palo»; para que todos vean lo que les pasa a «los insurrectos», convirtiéndose así en un espectáculo macabro.Con la Revolución Francesa y a finales del siglo XVIII, se estableció «la guillotina» como forma más humanitaria de ejecutar a un condenado, puesto que la muerte por decapitación al convertirse realmente en un espectáculo macabro el Gobierno tomó cartas en el asunto para tratar de algún modo de perfeccionar el método de la ejecución; a los fines de que el mismo resultara más fiable o más seguro. Con ese objeto, en un principio, se han construido diversas máquinas con cuchillas pesadas para realizar el corte, hasta que los doctores Joseph Ignace Guillotin y Antoine Louis, junto con el artesano y mecánico de origen alemán Tobías Schmidt, crearon la famosa «guillotina» en Francia. Guillotin propuso el empleo de un primer prototipo en 1789, y se sostiene que, en el año 1792, Louis modificó la cuchilla horizontal por otra de forma «oblicua», de mayor efectividad en el corte. En ese mismo año (1792), fue condenado y ejecutado Jaques Pelletier, por el delito de robo con violencia. Otro de los sucesos más importantes data de 1793, año en que fueron guillotinados Luis XVI y su esposa María Antonieta, y se denominaba a esta época «el período del terror revolucionario», en el que fueron ejecutadas 40.000 personas. El mismo Robespierre murió guillotinado el 28 de julio de 1794. En esa época, la guillotina alcanzó una enorme popularidad.

Se cree que la última ejecución por medio de la «guillotina» data de 1977, ya que en 1981 se abolió la pena de muerte en Francia. En distintas épocas, se ha usado la guillotina en Suecia, Alemania, Rusia, Grecia, Madagascar, Vietnam, Laos, Camerún y la Guayana Francesa.

5. El garrote

En un principio, este método consistía en implantar un palo («garrote») de madera o poste bien firme al suelo y sobre el mismo, amarrado de pies y manos el condenado y, luego, pasaban una cuerda bastante consistente sobre el cuello de la víctima y se presionaba hasta ocasionar el sofocamiento y el posterior ahogamiento.Pero, luego, este método fue erradicado y pasó a reflotar con otro medio más sofisticado, pues las cuerdas fueron suplid as por una especie de collar de metal (hierro) que, a través de un tornillo, con una bola al final, retrocedía produciendo la muerte al reo por la dislocación de la apófisis de la vértebra axis sobre el atlas en la columna cervical; en otras palabras: «a la persona condenada se le rompía el cuello», produciéndose la muerte casi instantánea o bien en contados segundos.

Se cree que fue España el país donde tuvo su origen el garrote como método de ejecución de pena de muerte. Este método fue legitimado instaurándose en las disposiciones de la normativa penal del año 1822. Según la Real Cédula del 28 de abril de 1828, en la cual Fernando VII abolió la pena de muerte en la horca, disponiendo que, en adelante, se ejecutasen en «garrote ordinario» los reos pertenecientes al estado llano; en «garrote vil», los castigados por delitos infamantes, y en «garrote noble» los hijos hidalgo efectuándose así diferencias entre personas, según que estas pertenecieran a una o a otra clase social.

Algunos historiadores dicen que este método de ejecución de la pena capital estuvo en España desde 1820 hasta la abolición de la pena de muerte en la Constitución de 1978.

El Código Penal de 1870 prescribía la pena de muerte y mandaba a que se ejecutara «en garrote», sobre un tablado, preferiblemente de día y con publicidad suficiente, y salvo excepciones, el reo debía vestir ropa negra.

Al emperador Atahualpa, lo ejecutaron de esta manera en 1533; este habría sido condenado inicialmente a morir en «la hoguera», pero antes de ser ejecutado fue convencido para que «se convierta.», así es que logró bajo suplicio para que le fuera «conmutada la pena» por el garrote.

En el año 1831, ocurrió la ejecución mediante el empleo del método del garrote, una simpatizante de la causa liberal -se llamabaMariana Pineda- en la localidad de Granada; siendo ejecutada en «los campos del triunfo». La mujer tenía tan solo 25 años de edad; y fue arrestada y luego ejecutada tan solo por hallársele en su hogar unas banderas en las que se hacía mención de un lema o frase que decía «Igualdad; Libertad y Ley»; siendo interpretado ello como una conspiración contra el Gobierno.

Pero el garrote no solo ha sido usado para dar muerte rápidamente, sino que también ha servido a «mentes nefastas» como un idóneo método de «tortura», con lo cual se utilizaba para dar sufrimiento y para obtener ciertas confesiones e información determinada; sobre todo en la época de la Guerra Civil Española, siendo empleado este método tenebroso hasta el año 1974.

6. La hoguera

Sin dudas, esta es otra forma de exterminio individual o masivo de seres humanos que nos informa la historia; en los que los condenados a la pena capital eran amarrados de pies y manos sobre un garrote de madera o hierro y una base de maderas apiladas en forma de ladrillos en una pared (para que el fuego ardiera entre ellos de una manera constante y segura por el tiempo necesario para provocar con las quemaduras o el humo, una muerte lenta). Es por ello que la hoguera fue utilizada para ejecutar (quemar) a personas vivas con la clara intencionalidad de provocarles un sufrimiento terrorífico y que la muerte llegara luego de una agonía pronunciada.Consistió en un método doloroso que estaba relacionado con penas que se fundaban en motivos religiosos y morales; es por ello que se consideraba que el fuego ayudaba de algún modo a «purificar el alma» del individuo delincuente o de la persona común que simplemente había trasgredido ciertos principios o «parámetros morales, éticos o religiosos». Recordemos que la llamada «Santa Inquisición» utilizó este método de ejecución como forma de condenar la «brujería o la herejía». Así podemos recordar una famosa ejecución llevada a cabo con este método; la de «Juana de Arco”. Aunque en varias ocasiones la víctima no fallecía por el contacto directo que le provocaba el fuego, sino de asfixia al inhalar el humo intenso; en otras ocasiones, la víctima moría por paro cardíaco provocado por el terror que infundía este método catalogado como francamente inhumano.

7. El fusilamiento

El método de la ejecución de la pena capital por fusilamiento básicamente consiste en «fusilar» con la utilización de arma de fuego a la persona humana generalmente por un grupo armado de hombres (antes se los denominaba: «pelotón») que se colocan a una cierta distancia del condenado; por lo general se les vendaba los ojos con una tela. Al abrir fuego, la persona recibe los impactos en su cuerpo falleciendo en el instante o luego de escasos segundos, debido a la hemorragia y a la posibilidad cierta de la afección de órganos vitales como el corazón, la cabeza, el rostro etcétera. No cabe duda alguna de que el «fusilamiento» tiene características netamente militares o paramilitares, al menos en un principio; luego también se ha usado esta técnica o método por grupos extremistas; rebeldes o anárquicos.Es decir el fusilamiento si bien es un método bastante moderno -por así decirlo- también ha acompañado a la evolución y crecimiento del hombre desde la existencia del arma de fuego, aunque así como en otros métodos de ejecución, no siempre fue usado este modo de exterminio de la vida en forma «legal», sino que también se la aplicó de manera «ilegal» o «clandestina» por motivos raciales, políticos, religiosos, etcétera. Esta forma de llevarse a cabo la condena capital tiene la característica de que puede perfectamente ejecutarse contra una o varias personas a la vez, y cuando la descarga de los fusileros no ha logrado el objetivo «muerte instantánea», en algunos países se utilizó también el denominado «tiro de gracia», contra el individuo que yacía en el suelo moribundo, pero que se encontraba sufriendo, agonizando.

Este método de aplicación de la pena capital se ha usado en la Argentina -como antes se dijo- y sobre todo en épocas del Virreinato; de la reconquista o independencia de España; encontrándose legislado en el proyecto tejedor, así como también en el Código de Justicia Militar argentino hasta hace muy poco.

El fusilamiento pasó a ser una de las prácticas de ejecución más común en los Códigos de Justicia Militar de países latinoamericanos, y se la utilizo no solo para ejecutar a «traidores a la patria» o adversarios o enemigos, sino también como medio de castigo y exterminio de la población civil a manos de genocidas tiranos que irrumpían el orden democrático con golpes militares. Aunque también se la practicó por sobre todas las cosas en la primera y segunda guerra mundial en diversos países de Europa, como Alemania, Italia, España (guerra civil española); esto es durante la guerra suscitada en aquellos tiempos.

8.Electrocución

Este método -más moderno aún que el resto de los que hasta ahora hemos analizado someramente- apareció en los Estados Unidos en el siglo XIX, aproximadamente en el año 1885, con el pretexto de que sería un modo más eficaz «para no generar sufrimientos vanos» a los reos que fueran condenados; incluso decían o prometían que sería más humano que la horca, aunque la experiencia luego, demostraría lo contrario. Se trataba de un procedimiento que básicamente consistía en sujetar al preso o al reo a una silla especial fabricada para el fin perseguido (causar la muerte a la persona); se colocaba una especie de vincha metálica con electrodos de cobre en la cabeza con un paño bien húmedo, así como también en las manos y piernas del condenado; generalmente en el punto donde serían colocados estos electrodos de metal, no solo se humedecía, sino que también «se rasuraba o afeitaba» la zona a los efectos de que estos pudieran tener un contacto pleno con la piel y ser de este modo más eficaz o efectiva la ejecución.Luego se procedía a generar una descarga eléctrica fulminante; a veces, se reiteraba durante un período breve de tiempo hasta causar el efectivo deceso de la persona que moría en la mayoría de las oportunidades por «paro cardiorrespiratorio». Este método se cree que solo fue utilizado por Norteamérica hasta hace pocos años.

Se trata de un forma de ejecución de la pena máxima catalogada como sanguinaria y terrorífica implementada -indudablemente- para generar miedo; por lo que no se descarta su fin ejemplificatorio y de disuasión; pese a ello, se cree que la pena de muerte por medio de este método (la silla eléctrica) solo fue aplicado a personas «condenadas por la justicia»; es decir, que se aplicó en orden a la obediencia de una norma previa que así lo establecía o bien como producto de la ejecución de una condena impuesta por un tribunal penal.

Al llevarse a cabo la ejecución no solo se encontraba el verdugo; el comisario o autoridad policial pertinente; los custodios del reo, sino también algunos personajes de la justicia, un sacerdote y un puñado de personas -público- que presenciaban el temible espectáculo. Realmente fue y es una de las formas más horrendas de provocar la muerte de un ser humano de que se pueda tener noticia hasta la actualidad.

9. Inyección letal

Mediante este método de ejecución de la pena de muerte, el verdugo ejecutor procede a inyectar en la venas del reo una cantidad más que suficiente de un barbitúrico de acción rápida combinado con un producto químico paralizante. Se trata de un procedimiento médico muy parecido al que generalmente se conoce para suministrar anestesia en los hospitales. Los productos químicos que se introducen en el organismo del reo condenado serían los siguientes: midazolam y / o tiopentat sódico, bromuro de pancuronio y cloruro potásico.El método de ejecución analizado es utilizado en los Estados Unidos de Norteamérica (en Texas), pero también es empleado este método por otros países como Guatemala, Filipinas y China entre otros. A veces, en la práctica se ha tenido la dificultad de que algunas personas condenadas a morir mediante este método de ejecución no presentaban una vena lo suficientemente pronunciada para permitir la ejecución con seguridad, y es por ello por lo que algunas veces proc edían a practicar una pequeña intervención quirúrgica para proceder con más seguridad. El 1.° de octubre de 2015; se conoció la noticia de que en los Estados Unidos de Norteamérica en nueve días, cinco Estados planeaban ejecutar a seis condenados a la pena capital en lo que se supone un estallido de actividad en los corredores de la muerte de los Estados Unidos que no había sucedido en más de dos años.

Hay autores que critican este método, ya que aseguran que existen graves problemas que rodean a la pena de muerte, por lo absurdo del sistema y la inmoralidad del acto. Otro ejemplo de pena de muerte por inyección letal se dio en 2015, en el Estado de Georgia, cuando fue ejecutada Kelly Renee Gissendaner, la primera mujer en morir a manos de ese Estado en 70 años. Gissendaner fue condenada a muerte por conspirar con su amante para matar a su marido. El amante, que fue quien cometió el crimen, se encuentra hoy cumpliendo una sentencia de cadena perpetua.

Debido a que Gregory Owen, el amante de Gissendaner, se declaró culpable primero y testificó contra ella, se garantizó que la fiscalía no pediría la pena de muerte para él. Gissendaner fue a juicio y fue condenada a la máxima pena. Esta mujer de 47 años había agotado su último recurso, pero de nada valió la misiva enviada en el último momento por el arzobispo Carlo María Vigano de parte del papa Francisco rogando clemencia.Gissendaner moría ejecutada menos de una semana después de que el Papa pidiese en el Congreso de los Estados Unidos el fin de la pena de muerte.

Otro condenado, Richard Glossip, había agotado sus últimos recursos jurídicos en la ciudad estadounidense de Oklahoma, y su caso llegó a la Corte Suprema de ese país y puso en duda el uso de la inyección letal y generó polémica. La máxima Corte de los Estados Unidos respaldaba el uso de la inyección letal después de que Glossip y otros dos condenados en el mismo corredor de la muerte, denunciaron su uso ante la posibilidad de que fuera inconstitucional, ya que otros tres reos habían mostrado «signos de dolor» tras inyectarles midazolam, el fármaco que debe sedar a los condenados, y tardaron más tiempo del deseado en morir.

La pena de muerte se reinstauró por el Tribunal Supremo en 1976, y se calcula que cerca de 3000 personas esperan su turno en «el corredor de la muerte», con una media de poco más de 40 reos ejecutados cada año en los Estados Unidos.

De los 50 Estados que componen la Unión, 19 han abolido la pena de muerte (el dato incluye a Nebraska, aunque debía ser sometido a una última votación en 2016), y muchos otros tienen la máxima pena en sus ordenamientos jurídicos, aunque poco la usan.Por ejemplo, New Hampshire tiene un solo condenado en el corredor de la muerte y no ha ejecutado a nadie desde la Segunda Guerra Mundial.

La idea primigenia de la utilización de este método de ejecución tenía como objeto evitar algunos efectos que aparecían en el resto de los métodos utilizados, puesto que ellos eran desagradables y de poca o imposible tolerancia para los propios ejecutores y funcionarios que presenciaban la ejecución, tales como gestos, quejidos, hemorragias, movimientos desesperantes de último momento, y necesidades fisiológicas involuntarias como orina o heces.

Una de las críticas en la implementación de este sistema de ejecución de la pena capital estriba en la cuestión netamente médica; al respecto debe formularse la pregunta acerca de si la presencia o intervención de un galeno en la ejecución de un ser humano, va en contra o se vulneran los principios y normas de ética en el ejercicio de la profesión de la ciencia médica; al respecto, las legislaciones internas de los estados que tienen regulada la pena capital han hecho silencio.

10. Cámara de gas

Este método de ejecución resulta ser el más costoso por su mantenimiento y por las condiciones de seguridad que deben imperar a los efectos de no causar daños a terceras personas; pues el gas no discrimina a quien mata por lo que este es el método más peligroso en cuanto al manejo cuidadoso que se requiere en su implementación. El gas empleado resulta ser «cianuro de hidrógeno», y estos productos resultan ser sumamente venenosos y combustibles; por lo que deben efectuarse los ajustes y sellos herméticos de las cámaras de gas, para evitar posibles filtraciones o escapes del gas mortal.El valor aproximado del mantenimiento en cuanto al sellado es de, aproximadamente, unos veinticinco mil dólares, lo que lo convierte sin dudas en el método de ejecución más caro en los Estados Unidos, país en el cual se han diseñado cámara de gas letal para poder ejecutar hasta dos reos en forma simultánea.

Hasta aquí, hemos visto y recorrido sintéticamente algunos métodos de ejecución de la pena de muerte, en el mundo, si bien existen otros tantas formas de llevar a cabo la ejecución directa de seres humanos, ya sea por parte del Estado o diferentes Gobiernos y grupos armados. Hemos querido imprimir un pantallazo somero sobre las principales formas en que, a lo largo de la historia, se ha ejecutado la pena capital; ya fuera en forma legal o ilegal e, incluso, haciendo referencia a nuestro país con algunas ilustraciones que de algún modo sirven para ubicar al lector en el tiempo y el espacio y, también -¿por qué no?-, acompañar su imaginación, respecto de la implementación y ejecución de aquellas condenas que -merecidas o no- significan una forma directa de imponer un castigo fatal y dramático acerca de una disposición sobre el cuerpo y la vida de otros, cuestiones que hoy perduran a pesar del tiempo. Los interrogantes serían los siguientes: ¿Hemos fracasado los seres humanos en torno a esta cuestión…? ¿Cómo es que, a pesar de los siglos pasados, no hemos podido encontrar otro sistema que no sea la supresión de la vida humana?

V. BIBLIOGRAFÍA

ANITUA, Gabriel I.: «Los límites temporales al poder penal del Estado», en ANITUA, Gabriel I.: Ensayos sobre enjuiciamiento penal. Buenos Aires, Del Puerto, 2010, pp. 53-87.Véase PASTOR, Daniel R.: «Acerca del derecho fundamental al plazo razonable de duración del proceso penal», en Revista de Estudios de la Justicia, N.° 4, 2004, Chile, Universidad de Chile, pp. 51-76, disponible en http://www.derecho.uchile.

BOVINO, Alberto:«La víctima como preocupación del abolicionismo penal», en MAIER, Julio B.: De los delitos y de las víctimas, Buenos Aires. Ad-Hoc, 1992, p. 275. CHRISTIE, Nils: «Los conflictos como pertenencia», en IOSA, Juan F.: Vida social, un lenguaje para interpretar. Buenos Aires, Del Puerto, 2014, p. 17. Ibíd., p. 20.

CHRISTIE, Nils: «Los conflictos como pertenencia», en Iosa, Juan F.: Vida social, un lenguaje para interpretar. Buenos Aires, Del Puerto, 2014, p. 17. 21 Ibíd., p. 20.

CHRISTIE, supra nota 21, p. 26, en Christie, Nils, Los límites del dolor, México D. F., Fondo de Cultura Económica, 1988, p. 128. En esta dirección, véase el trabajo de Martín, Lucas G.: «Regímenes criminales, refundaciones democráticas y formas de justicia (Argentina, Sudáfrica, Uruguay)», en HILB, Claudia; SALAZAR, Philippe-Joseph; MARTÍN, Lucas G. (eds.): Lesa humanidad. Buenos Aires, Katz, 2014, donde analizan las distintas formas de justicias transicional / fundacional adoptadas para responder a violaciones masivas de derechos humanos. El contraste más interesante es el que se da entre una justicia retributiva, método adoptado por la Argentina, y una justicia reparadora, método adoptado por Sudáfrica.

En el primer caso, lo que se puede observar es el respeto por los derechos y garantías constitucionales como cualquier otro juicio, pero que además de ser un proceso judicial al igual que el resto, a su vez constituyó «la institución de un nuevo régimen político» y «la certificación de una nueva forma de convivencia» (p. 105). En el segundo caso, observamos un modelo que apunta a la reparación de las víctimas, a «restituir su dignidad» (p. 106), donde se pensaba en la mejor manera para fundar las bases de esa nueva democracia que acababa de nacer considerando indispensables la reconciliación y la fraternidad.

CIORAN E. M.: «Breviario de podredumbre», Gallimard 1949, en castellano, Alianza Editorial Madrid. Traducción de Fernando Savater.

De GOMARA, F. L., & LACROIX, J. G. (1979): Historia general de las Indias y Vida de Hernán Cortés: Historia de la conquista de México (vol.2). Fundación Biblioteca Ayacucho.

Véase en http://www.amnistia internacional.com.

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HULSMAN, Louk, y BERNAT de CELIS, Jacqueline: Sistema penal y seguridad ciudadana: Hacia una alternativa. Ariel, Barcelona, 1984, p. 82.

LLORENTE, J. A.: Anales de la inquisición desde que fue instituido aquel tribunal hasta su total extinción en el año de 1834, pp. 212 y 213. Citado por ARCEO, Francisco (médico del Santo Oficio de la inquisición de Llerena Francisco de Arceo, a doctor of the spanish inquisition in llerena José Miguel Cobos. José Ramón Vallejo Facultad de Medicina Universidad de Extremadura Badajo.

La Pena de Muerte en Colombia. Página web http://www.abpnoticias.com.

GARCÍA, Gerardo N. (comps.): Abolicionismo de la prisión sin condena: una corriente latinoamericana en el siglo XXI. Buenos Aires, Del Puerto, 2011. Aunque la abolición de la prisión preventiva no sea presentada dentro del marco del abolicionismo penal, esta medida no deja de ser abolicionista si la consideramos como una reducción del sistema.

LARRAUDI, Elena: «Abolicionismo del Derecho Penal: las propuestas del movimiento abolicionista», en Poder y Control, 1987, p. 104 y ss.

MATHIESEN, Thomas: Juicio a la prisión. Buenos Aires, Ediar, 2003 y «Diez razones para no construir más cárceles», en R evista Panóptico, N.° 7. Barcelona, Virus, 2005, pp. 19-34.

MATHIESEN, Thomas: «La política del abolicionismo», en Abolicionismo. Buenos Aires, Ediar, 1989.

MATHIESEN, Thomas: La política del abolicionismo. Abolicionismo. Buenos Aires: Ediar, 1989.

Mathiesen sostiene que la mejora de las condiciones carcelarias, por ejemplo, debe entenderse como una política negativa.¿Por qué? En primer lugar, porque las condiciones infrahumanas de las cárceles no nos acercan a la abolición del sistema penal, y yo agrego que no podemos olvidarnos del sufrimiento de las personas condenadas porque consideramos que tenemos un objetivo final más grande, más importante. En segundo lugar, porque mejorar las condiciones carcelarias permite resaltar lo inhumano y cruel de estas instituciones.

MATHIESEN, Thomas: supra nota 4, p. 118. 7 Véase VITALE, Gustavo L.: Encarcelamiento de presuntos inocentes. Hacia la abolición de una barbarie. Buenos Aires, Hammurabi, 2007. VITALE, Gustavo L., y

PICHÉ, Justin, y LARSEN, Mike: «The moving targets of penal abolitionism: ICOPA, past, present and future», en Contemporary Justice Review: Issues in Criminal, Social, and Restorative Justice, vol. 13, N.° 4, 2010, pp. 391-410.

SIERRA Julio: Fusilados. S. l., Sudamericana, marzo de 2008.

TORRES, Almeida Jesús: C. Murillo Toro, Bogotá, El Tiempo, 1984, p. 179.

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(*) Abogado UNLZ. Diplomatura Universitaria en Derecho Laboral. Universidad Nacional del Chaco Austral. Abogado en ejercicio de la profesión en forma independiente. Autor de publicaciones sobre temas de su especialidad.