Acerca de la «muerte digna». Gonem Machello, Graciela N.

Autor: Gonem Machello, Graciela N. – Ver más Artículos del autor

Fecha: 6-abr-2017

Cita: MJ-DOC-10678-AR | MJD10678

Sumario:

I. Introducción. II. Alcances de la definición de «eutanasia». Diferencia con la muerte digna. III. Hidratación y alimentación artificial: autoría de algunos conceptos y la mención de «interpretación equívoca» de ideas. IV. Relación de causalidad. V. Caso «Marcelo Diez». VI. Cosmovisiones sobre la calidad de vida y otras consideraciones. VII. Conclusión.
Doctrina:

Por Graciela N. Gonem Machello (*)

I. INTRODUCCIÓN

El 7 de septiembre de 2015, se publicó en el diario «La Ley», Año LXXIX N.º 167 (t. La Ley 2015-E), el trabajo de Ignacio Maglio y Sandra M. Wierzba titulado «El derecho en los finales de la vida. Muerte Digna». También se encuentra «on line» en «IntraMed».

El presente trabajo tiene por objetivos los siguientes:

a. Efectuar aclaraciones sobre el derecho personalísimo a una muerte digna, ya que en el mencionado artículo algunos párrafos generan confusión en relación con la posición doctrinaria a la que adhiero y que expuse en una ponencia titulada «Algunas consideraciones sobre Bioética y Bioderecho y las directivas anticipadas para tratamientos médicos», presentada en el «Primer Congreso Interdisciplinario sobre “Vulnerabilidad y Derecho”», realizado en la ciudad de Rosario, los días 8, 9 y 10 de mayo de 2014, organizado por el Colegio de Escribanos de la Provincia de Santa Fe, Segunda Circunscripción, publicada en el soporte electrónico del Congreso y en «Microjuris» (MC-DOC- 6749-AR), que es citada por los autores.

b. Poner de relieve que no todos los conceptos que transcriben son de mi autoría, como figura en forma correcta en mi ponencia. Defiendo una opinión y adhiero a un criterio que corresponde a otros autores que cité oportunamente, pero que no fueron mencionados por Maglio y Wierzba al transcribir párrafos de mi trabajo.

c. Precisar que no efectúo interpretación equívoca alguna del «pensamiento y doctrina de la Iglesia Católica», como manifiestan los autores.

d. Transcribir párrafos de mi trabajo que no fueron considerados por los autores mencionados y que son fundamentales en el tema abordado.

II.ALCANCES DE LA DEFINICIÓN DE «EUTANASIA». DIFERENCIA CON LA MUERTE DIGNA

Respecto de la definición de «eutanasia», Maglio y Wierzba manifiestan que debería quedar reducida a aquellos supuestos que consisten en provocar la muerte de un paciente portador de una enfermedad mortal, a su requerimiento y en su propio beneficio, por medio de la administración de un tóxico o veneno en dosis mortal» (1).

Los autores mencionados expresan en otro párrafo:

«Esta definición, ampliamente aceptada en la medicina, en especial en especialidades críticas, permite despejar cualquier duda sobre los alcances de la definición de la eutanasia, excluyéndose varias hipótesis, algunas mal denominadas “formas pasivas”, que se vinculan con la promoción de la dignidad en los finales de la vida, sobre todo aquellas que tienen que ver con la abstención o retiro del soporte vital» (2).

En la ponencia de mi autoría -también en otros trabajos- (3), adherí a la definición de «eutanasia» dada por la Sagrada Congregación de la Doctrina para la Fe: «. una acción o una omisión que por su naturaleza o en la intención causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor», y en la cita 32 colocada en ese párrafo mencioné, al pie, la fuente correspondiente (4).

Maglio y Wierzba, después de manifestar que «determinado sector de la doctrina nacional promueve otra aproximación a la eutanasia», transcriben la definición antes mencionada (5) y expresan lo siguiente:

«La insistencia inapropiada de incluir formas pasivas cierra la oportunidad de incluir prácticas que nada tienen que ver con intenciones de abreviar el curso vital, sino con asegurar una muerte digna, esto es:el control y alivio del dolor y del sufrimiento, el acompañamiento afectivo y espiritual, el respeto por la autonomía y la adecuación del esfuerzo terapéutico a las necesidades de cada persona» (6).

Los autores se refieren a incluir formas pasivas dentro del concepto de «eutanasia», lo cual impediría llevar a cabo prácticas que «nada tienen que ver con intenciones de abreviar el curso vital, sino con asegurar una muerte digna».

No considero «inapropiada» la insistencia en incluir formas pasivas en el concepto de «eutanasia», porque se defiende la vida y la dignidad de todo ser humano, derechos fundamentales de la persona, «pero la aclaración más importante se refiere a un aspecto de fondo esencial para la concepción que comparto y que responde a una bioética personalista; es decir, qué tipo de prácticas se comprenden y cuáles no».

Para esta concepción personalista, las prácticas a las que aluden los autores en ese párrafo -ellas son “prácticas que nada tienen que ver con intenciones de abreviar el curso vital, sino con asegurar una muerte digna, esto es: el control y alivio del dolor y del sufrimiento»- no se incluyen en formas pasivas de eutanasia, de acuerdo con las consideraciones que efectúo a continuación, que transcribo de mi ponencia citada.

En dicha ponencia, luego de la definición, aclaré, con cita de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe («Declaración sobre la Eutanasia»), que «la eutanasia se sitúa, por consiguiente, en el nivel de las intenciones o de los métodos empleados» (7). Esta oración no fue transcripta.

Asimismo, expresé que «suele clasificarse a la eutanasia, por los medios en activa (por comisión, positiva) y pasiva (por omisión, negativa) y por la intención, en directa e indirecta o lenitiva, que no es técnicamente eutanasia y su juicio moral es aceptable y positivo.En la eutanasia activa, la muerte se da por acción; en la eutanasia pasiva “el agente ‘deja’ de hacer algo que permite proseguir la vida, omite practicar o seguir practicando un tratamiento activo”. En la eutanasia directa, en la intención del agente, existe el deseo de ocasionar la muerte; en la indirecta, la muerte no es querida ni deseada en su intención, “sobreviene a causa de los efectos secundarios del tratamiento paliativo del dolor o de una complicación”» (8).

También en mi ponencia, consideré «de vital importancia la distinción entre la denominada eutanasia pasiva, negativa o por omisión y la ortotanasia porque comparto la opinión que reserva el término eutanasia para los casos en los que la muerte del paciente resulta ética o legalmente reprochable. En la ortotanasia, se suprimen medios extraordinarios o desproporcionados, en la eutanasia pasiva, medios ordinarios o proporcionados. La denominación de eutanasia pasiva, negativa o por omisión corresponde al homicidio piadoso, cometido por privación al enfermo de los cuidados ordinarios y proporcionados para preservar su vida» (9).

Escribí, al aludir a los medios, citando a la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, que «corresponde, en cada caso “valorar bien los medios poniendo en comparación el tipo de terapia, el grado de dificultad y de riesgo que comporta, los gastos necesarios y las posibilidades de aplicación con el resultado que se puede esperar de todo ello, teniendo en cuenta las condiciones del enfermo y sus fuerzas físicas y morales”» (10).

No ignoro la opinión de Sgreccia, quien sostiene que la palabra «pasiva» puede originar ambigüedad: «. la eutanasia es siempre en cierto sentido pasiva, considerada por parte del enfermo, y siempre activa por parte de quien la provoca» (11).

Tampoco desconozco la opinión de Requena Meana, quien sostiene que «una de las mayores confusiones que se encuentra en las presentaciones sobre la eutanasia hace referencia a los adjetivos «activa» y «pasiva» (12) y que «… se puede hablar de eutanasia pasiva, o eutanasia por omisión, pero que es necesario hacerlo de modo más preciso.Se debe tratar siempre de la omisión de un acto que se considera obligatorio, y que provoca la muerte del paciente» (13).

Resalto que, en el documento del Pontificio Consejo «Cor Unum», titulado «Algunas cuestiones de ética relativas a los enfermos graves y a los moribundos», del 27 de junio de 1981, se incluyó entre los actos y decisiones que nada tienen que ver con la eutanasia, lo siguiente: «… los cuidados terminales destinados a hacer más soportable la fase final de la enfermedad (rehidratación, cuidados de enfermería, intervenciones médicas paliativas, acompañamiento del moribundo); (…) la decisión de renunciar a ciertas intervenciones médicas que no parecerían apropiadas a la situación de enfermo (en el lenguaje tradicional, “decisión de renunciar a los medios extraordinarios”. No se trata entonces de una decisión de hacer morir, pero sí de “ser moderado” en los recursos técnicos y de no obrar “irracionalmente”, sino “prudentemente”; (…) el acto de aliviar al enfermo de su sufrimiento, quizás con el riesgo de abreviar su vida» (14).

Transcribo a continuación partes del punto 3 del trabajo de mi autoría, que titulé «Muerte digna y cuidados paliativos», para que se comprenda por qué expreso que el párrafo transcripto de Maglio y Wierzba genera confusión y encierra un error de estos, involuntario a mi parecer, en relación con la concepción de la bioética personalista a la que adhiero.

En mi ponencia, expresé lo siguiente: «. el derecho a la existencia -derecho personalísimo- tiene un derecho correlativo, el derecho a una muerte digna, derecho innato, vitalicio, necesario y absoluto» (15).

Asimismo, destaqué que «adhiero a la posición que sostiene que el derecho a una auténtica muerte digna comprende:el derecho del enfermo a no sufrir inútilmente; a que se respete la libertad de la conciencia, el derecho a conocer la verdad de la situación en que se encuentra, el derecho a decidir sobre sí mismo y sobre las intervenciones a que se le haya de someter; el derecho a mantener un diálogo confiado con los médicos, familiares, amigos y sucesores en el trabajo; el derecho a recibir asistencia espiritual» (16).

Además, manifesté que «la expresión “derecho a morir” no designa al “derecho de procurarse o hacerse procurar la muerte como se quiere, sino el derecho de morir con toda serenidad, con dignidad humana y cristiana”. La fórmula “derecho a morir con dignidad” no significa que sea indigna del hombre cada muerte que esté precedida y acompañada por sufrimientos, por un creciente deterioro físico y psíquico que a menudo se produce en el anciano enfermo y en casos de enfermedad grave incurable» (17). Y a continu ación expresé: «. sino que “la sociedad y el cuerpo médico reconozcan que no hay que encarnizarse con la muerte”» (18).

Asimismo, y respecto al control y alivio del dolor y del sufrimiento, sostuve en mi ponencia que «. en relación con la supresión del dolor y de la conciencia por medio de narcóticos, está permitida por la religión y la moral, incluso cuando la muerte se aproxima o se prevé que el uso de narcóticos abreviará la vida “si no hay otros medios y si, en tales circunstancias, ello no impide el cumplimiento de otros deberes religiosos y morales”» (19). Y agregué esto: «. si bien no es lícito privar al moribundo de la conciencia propia sin grave motivo» (20).

Puse de relieve que «adhiero a la posición que sostiene que corresponde aplicar el principio de la causa del doble efecto, “la cual supone la condición de no intentar el mal, sino solo tolerarlo, no existiendo otra posibilidad y siendo absolutamente necesario intervenir”; la muerte no se intenta ni directa ni indirectamente por eso no se considera conveniente hablar de eutanasia indirecta.Si existen otros medios y métodos para eliminar el dolor que hagan innecesario inducir la inconciencia o el estado comatoso o no expongan al riesgo de abreviar la vida debe recurrirse a ellos y, por consiguiente, el empleo de fármacos que sumerjan en la inconciencia y acorten la vida se convertirá en ilícita» (21).

Asimismo, expresé que «comparto la opinión que sostiene que en nuestro Derecho, la acción de mitigar el dolor con los medios al alcance, aunque abrevien la vida, no será antijurídica y, por consiguiente, delictiva, porque se responde al cumplimento del deber de aliviar de manera responsable el sufrimiento, conforme a la voluntad del paciente y a los mandatos de la profesión (art. 34, inc. 4 del CP)» (22).

n relación con la autonomía del paciente, pongo de relieve, como lo hice también en mi ponencia, que «la Bioética de raíz anglosajona se basa en los principios fundamentales de beneficencia (no maleficencia), de autonomía y de justicia» (23).

A continuación resalto, como también lo efectué en mi ponencia, que «comparto la opinión que sostiene que es en medicina, precisamente, donde resulta más difícil la aplicación del principio de autonomía, porque la persona, cuando consulta al médico ya tiene disminuida su autonomía, pues se encuentra bajo el impacto emocional que la enfermedad ocasiona y, por consiguiente, está coaccionada internamente» (24).

«Es decir, que existe un problema fundamental referido a la libertad en la toma de la decisión, ya que un enfermo debilitado por su enfermedad terminal, puede no encontrarse de hecho con capacidad para valorar su propia situación, con mente sana y recta, y, por otra parte, pueden existir presiones de distinta índole por intereses financieros, familiares o sociales» (25).

Expresé que «para la bioética realista el principio de libertad y responsabilidad establece el deber moral del paciente de colaborar con los cuidados ordinarios y salvaguardar su vida y la de los demás» (26).

En cuanto a «la adecuación del esfuerzo terapéutico a las necesidades de cadapersona», adhiero a la opinión que sostiene que la misma constituye una práctica correcta si se tiene en cuenta el juicio moral de «proporcionalidad terapéutica» (27). Además de este principio, para proteger la dimensión ética del morir, comparto lo sostenido por Taboada que afirma que deben considerarse: el principio de veracidad, del doble efecto en el manejo del dolor y la supresión de la conciencia, de prevención y de «no abandono» (28).

Maglio y Wierzba afirman, luego de haber transcripto un párrafo del artículo de Lafferrière y Viar, «La Corte Suprema y la cuestión del retiro de la alimentación y la hidratación. Comentario al fallo “D. M A”» y del fallo de Primera Instancia que se dictó en ese caso:

«La doctrina y jurisprudencia nacional señalada navegan a contracorriente de una adecuada interpretación de la normativa aplicable, incluso parecen ignorar el reconocimiento en el derecho comparado del rechazo de tratamientos médicos, la aceptación de las directivas anticipadas y la regulación de la “muerte digna”» (29). Y continúan el párrafo: «. en donde se aceptan con claridad prácticas vinculadas a la adecuación del esfuerzo terapéutico y se prohíbe en cambio “la eutanasia activa”, aunque suavizándose su castigo penal, en ciertos países» (30).

No comparto lo sostenido respecto a que efectuamos una interpretación de las normas de nuestro Derecho que no es «adecuada», y es evidente que la afirmación de que «parecen ignorar» el Derecho comparado carece de fundamento alguno (31).

Destaco que reconozco la trascendencia de la investigación de orientación comparatista como lo expresé en las XXIV Jornadas Nacionales de Derecho Civil realizadas en Buenos Aires, del 26 al 28 de septiembre de 2013 (32). No obstante, no vacilo en dejar a un lado, el Derecho comparado, luego de analizarlo, si violenta los valores y principios que fundamentan nuestro ordenamiento jurídico y no condice con el respeto a la vida, la dignidad y los derechos de las personas.En mi ponencia, puse de relieve que «el 25 de enero de 2012 la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa aprobó la Resolución 1859, titulada «Protección de los derechos humanos y la dignidad mediante la consideración de los deseos previamente expresados de los pacientes», referida a directivas anticipadas. En dicha resolución, se estableció el principio que dispone que «la eutanasia, en el sentido del asesinato intencional por acción u omisión de un ser humano dependiente por su alegado beneficio, debe siempre ser prohibida» (33).

También recordé «la opinión del Director del European Centre for Law and Justice (ECLJ), Grégor Puppinck, en relación con la resolución antes mencionada: “los muchos abusos que ocurren en países permitiendo la eutanasia son alarmantes y constituyen violaciones de verdaderos derechos humanos. Es convincente que la eutanasia siempre debe ser prohibida”» (34).

Agrego, en el presente trabajo, que el Parlamento europeo no aprobó una declaración escrita («written declaration») referida a la dignidad en el final de la vida, que disponía en el punto 2 que «el derecho a la vida digna requiere el derecho a la muerte digna» y en el punto 3 que «todos los ciudadanos europeos, sin importar su nacionalidad, que están en una fase avanzada o terminal de una enfermedad terminal, que provoca insoportables sufrimientos mentales o psíquicos que no pueden ser aliviados, deben poder acceder a los beneficios de asistencia médica para poner fin a su vida con dignidad» (35). Esta declaración proyectada obtuvo el apoyo solo de noventa y cinco de los setecientos cincuenta y un miembros del Parlamento, según surge del informe del 6 de enero de 2016 del sitio web del Europarlamento (36).

Reafirmo mi ponencia en la que consideré conveniente destacar lo siguiente: «1.La formación en Bioética personalista y en Bioderecho de escribanos, abogados y operadores jurídicos en general, es importante, en la actualidad, a fin de contribuir eficazmente a la defensa de la dignidad y de los derechos personalísimos de las personas vulnerables, del derecho a la vida, a la salud, a la libertad, a la intimidad y a una muerte digna -que no se logra con eutanasia activa ni pasiva, sino recurriendo a la ortotanasia y a cuidados paliativos-. / 2. Las directivas anticipadas para tratamientos médicos pueden constituir un instrumento eficaz para el respeto de la dignidad y de los derechos personalísimos de las personas vulnerables siempre que tengan en cuenta los principios de la Bioética personalista, especialmente los principios de defensa de la vida física y de libertad y responsabilidad y por consiguiente el deber moral del paciente de colaborar con los cuidados ordinarios y proporcionados para preservar su vida, que incluyen la alimentación e hidratación. A través de las directivas anticipadas, podrá requerirse la supresión de medios extraordinarios o desproporcionados de terapia final y solicitarse cuidados paliativos» (37).

III. HIDRATACIÓN Y ALIMENTACIÓN ARTIFICIAL: AUTORÍA DE ALGUNOS CONCEPTOS Y LA MENCIÓN DE «INTERPRETACIÓN EQUÍVOCA» DE IDEAS

Los autores del trabajo que motivó el presente destacaron, en relación con la hidratación y alimentación artificial, lo siguiente:

«A pesar de la expresa recepción de la posibilidad de su rechazo en la normativa nacional aplicable a la materia, cierta legislación provincial y un sector de la doctrina se oponen a su efectiva implementación» (38).

En este párrafo, al aludir a la normativa nacional aplicable a la materia, Maglio y Wierzba incluyen la cita 60 e indican al pie lo siguiente: «Conf. L. 26.529 , texto actualizado conf. L.26.742/12 , art. 5 inc. g , y art. 59, inc. g nuevo CCyCN».

Al referirse a la legislación provincial, figura la cita 61 y aclaran al pie: «Ver por ej., L.10.058/14 de Córdoba, donde la hidratación y la alimentación son “Medidas mínimas ordinarias”, conf. art. 5, inc. g, que deben ser provistas para asegurar la dignidad y la calidad de vida del enfermo, conf. art. 4».

Al final del párrafo los autores insertan la cita 62 y mencionan al pie: «GONEM MACHELLO, Graciela N.: “Algunas consideraciones sobre bioética y bioderecho y las directivas anticipadas para tratamientos médicos”, 12-jun-2014, MJ-DOC-6749-AR, afirman que “las disposiciones mencionadas no permiten una muerte digna, ya que no se debe dejar morir a ninguna persona por falta de hidratación y alimentación, aunque se encuentre en estado terminal e irreversible. Se configurarán, a mi parecer, supuestos de eutanasia pasiva, por omisión, negativa. Defiendo la opinión que afirma que existe obligación de proveer siempre y no suspender la hidratación y la alimentación, ya que constituyen medios ordinarios de cuidado, no se encuadran en el rechazo del encarnizamiento terapéutico. El criterio é tico general indica que suministrar agua y alimento, incluso por vías artificiales, constituye siempre un medio natural de conservación de la vida y no un tratamiento terapéutico, hay que considerarlo un medio ordinario y proporcionado, aun cuando el “estado vegetativo se prolongue”» (39).

Se me atribuye, al pie del trabajo de Maglio y Wierzba, en la cita 62 (40) que transcribí «ut supra», afirmar conceptos (que en verdad comparto), pero que «no son de mi autoría y al advertir la omisión de las citas por parte de Maglio y Wierzba (que estimo involuntaria), por honestidad intelectual, considero que debo ponerlas de manifiesto».

El párr. 1.° transcripto por Maglio y Wierzba: «Las disposiciones mencionadas no permiten una muerte digna, ya que no se debe dejar morir a ninguna persona por falta de hidratación y alimentación, aunque se encuentre en estado terminal e irreversible» es de mi autoría. (Aludí en mi ponencia, en párrafos anteriores, a los arts. 1 y 2 de la Ley 26.742/12 y al Decr.1089/12 y, después de este párrafo transcripto, me referí al art. 11 de la Ley 26.529/09) (41).

La oración: «Se configurarán, a mi parecer, supuestos de eutanasia pasiva, por omisión negativa» también me pertenece.

El párrafo siguiente de mi ponencia, transcripto por Maglio y Wierzba, en el cual defendí «la opinión que afirma que existe obligación de proveer siempre y no suspender la hidratación y la alimentación, ya que constituyen medios ordinarios de cuidado, no se encuadran en el rechazo del encarnizamiento terapéutico» lleva en mi trabajo la cita 60 y consta al pie: »LAFFERRIÈRE, op.cit». La cita fue omitida, involuntaria e inadvertidamente, a mi parecer, por Maglio y Wierzba. La obra citada de Lafferrière es «Análisis del Proyecto de Ley sobre muerte digna», en http://www.centrodebioetica.org. (42).

Asimismo, el párrafo de mi ponencia, también transcripto al pie, en la cita 62 del trabajo de Maglio y Wierzba, en el que manifiesté «el criterio ético general indica que suministrar agua y alimento, incluso por vías artificiales, constituye siempre un medio natural de conservación de la vida y no un tratamiento terapéutico, hay que considerarlo un medio ordinario y proporcionado, aún cuando el “estado vegetativo” se prolongue», corresponde a la Congregación para la Doctrina de la Fe, que expresó esos conceptos en el «Comentario a las respuestas sobre la alimentación e hidratación artificiales», como consta en la cita 62 de mi ponencia, y en esta figura al pie:«Congregación para la Doctrina de la Fe, Comentario… cit.», cita que también fue omitida, inadvertidamente, reitero, en mi opinión, por los autores del artículo que dio lugar al presente comentario (43).

No obstante lo expuesto, la aclaración más importante está referida a la «supresión de la parte del texto de mi ponencia», que sigue a continuación del párrafo anterior, en la que aludí a un párrafo del documento “ut supra” citado “Comentario a las respuestas sobre la alimentación e hidratación artificiales de la Congregación para la Doctrina de la Fe” en el que puse de relieve que «existen algunos casos excepcionales, en los que se deja a un lado el principio de que es moralmente obligatorio suministrar agua y alimento: a. cuando en alguna región muy aislada o extremadamente pobre no pueda brindarse la alimentación e hidratación artificiales, aunque subsiste la obligación de ofrecer los cuidados mínimos disponibles y de buscar, si es posible, los medios necesarios para un adecuado mantenimiento vital; b. si resulta totalmente inútil proporcionar alimentos y líquidos porque el paciente no pueda asimilarnos por complicaciones sobrevenidas; c. cuando, en alguna situación rara, la alimentación e hidratación ar

ificiales pueda implicar para el paciente una carga excesiva o una notable molestia física vinculada, por ejemplo, a complicaciones en el uso del instrumental empleado» (44).

En mi trabajo, se puede distinguir el criterio general y, luego, tener en cuenta las circunstancias especiales que permiten excepciones al mismo para encuadrar el caso concreto que se debe resolver.

A continuación del párrafo transcripto del trabajo de Maglio y Wierzba, estos destacaron lo siguiente:

«Estas apreciaciones parecerían estar influenciadas por el pensamiento y doctrina de la Iglesia Católica, pero a partir de una interpretación equívoca de esas ideas.Pensamos que ello es así, ya que la consideración sobre el carácter ordinario y extraordinario de la hidratación y la alimentación artificial debe realizarse de modo contextual, en cada caso en particular y no “a priori”, ya que cualquier procedimiento o elemento carece de atributos morales; en consecuencia la reflexión ética o evaluación jurídica debe realizarse sobre las acciones en cada caso particular» (45).

Maglio y Wierzba me han incluido correctamente en el sector de la doctrina que se opone a la suspensión de la hidratación y alimentación pero «no transcribieron los casos excepcionales» en los que comparto que no es moralmente obligatorio proporcionar agua y alimento, que figuran en mi ponencia, tal como lo indiqué anteriormente.

No desconocí en mi ponencia que deben tenerse en cuenta los casos particulares, ya que mencioné los supuestos excepcionales en que se prescinde del principio de que es moralmente obligatorio suministrar agua y alimento.

Como surge de lo manifestado no efectué ninguna interpretación de los textos de la Iglesia Católica, solo transcribí en mi ponencia escritos de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, con las citas pertinentes y en cuanto al calificativo de «errónea» no lo considero correcto. No se encuentra fundamentado en el trabajo.

Los párrafos que transcriben Maglio y Wierzba de los Pontífices Benedicto XVI, Juan Pablo II y del Catecismo de la Iglesia Católica no pueden ser invocados para atribuirme una interpretación errónea. Adhiero plenamente a su contenido, y no se contradicen con los textos reproducidos en mi ponencia.

La cita de Benedicto XVI que los autores del artículo transcriben, expresa lo siguiente:«Más en concreto, se trata de asegurar a toda persona que lo necesite el apoyo necesario por medio de terapias e intervenciones médicas adecuadas, administradas según los criterios de la proporcionalidad médica, siempre teniendo en cuenta el deber moral de suministrar (por parte del médico) y de acoger (por parte del paciente) aquellos medios de preservación de la vida que, en la situación concreta, resulten “ordinarios”» (46).

El párrafo no puede ser invocado para demostrar algún error en lo expresado en mi ponencia, ya que si bien los autores lo han transcripto para poner de manifiesto que se debe tener en cuenta la situación concreta, esto, en relación con la hidratación y alimentación se deduce de mi trabajo, como consecuencia lógica de los casos excepcionales enumerados.

Mencioné «ut supra» (punto I) que en la ponencia, me referí expresamente (citando a la «Declaración sobre la Eutanasia de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe) que, en cuanto a la calificación de los medios, «corresponde, en cada caso» (47).

Advierto, por otro lado, que «los autores no transcribieron una parte del Discurso de Benedicto XVI» que sigue a continuación de los párrafos que incorporaron a su trabajo. En esa parte, el entonces Pontífice expresaba lo siguiente: «Además, es necesario asegurar siempre a cada persona los cuidados necesarios y debidos, además del apoyo a las familias más probadas por la enfermedad de uno de sus miembros, sobre todo si es grave o se prolonga» (48).

La cita de Juan Pablo II pone de relieve lo siguiente:

«La decisión de no emprender o interrumpir una terapia será éticamente correcta cuando esta resulte ineficaz o claramente desproporcionada para sostener la vida o recuperar la salud. Por lo tanto, el rechazo del ensañamiento terapéutico es expresión del respeto que en todo momento se debe al paciente» (49).

El entonces Pontífice alude a «terapia (…) ineficaz o claramente desproporcionada para sostener la vida o recuperar la salud». No está refiriéndose al agua y al alimento.Es evidente que la alimentación y / o hidratación, sean brindadas en forma artificial o no, no son ineficaces ni desproporcionadas para sostener la vida, precisamente permiten que se mantenga la misma y, por otra parte, no tienen poder curativo para incluirlas dentro de las terapias que permitan recuperar la salud si esta se vio afectada por una enfermedad.

Transcribiré otros textos de Juan Pablo II y de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, que pueden o no ser compartidos, pero que son claros y confirman lo expresado en mi ponencia. En ninguno de ellos, se alude a la alimentación y / o hidratación, incluidas las proporcionadas por medios artificiales como «terapias».

Juan Pablo II, en el Discurso a los participantes en un «Congreso sobre Tratamientos de mantenimiento vital y estado vegetativo», se expresó así: «…la administración de agua y alimento, aunque se lleve a cabo por vías artificiales, representa siempre un medio natural de conservación de la vida, no un acto médico. Por tanto, su uso se debe considerar, en principio, ordinario y proporcionado, y como tal moralmente obligatorio, en la medida y hasta que demuestre alcanzar su finalidad propia, en este caso consiste en proporcionar alimento al paciente y alivio a sus sufrimientos (…). La valoración de las probabilidades, fundada en las escasas esperanzas de recuperación cuando el estado vegetativo se prolonga más de una año, no puede justificar, éticamente el abandono o la interrupción de los cuidados mínimos al paciente, incluidas la alimentación y la hidratación. En efecto, el único resultado posible de su suspensión es la muerte por hambre y sed. En ese sentido, si se efectúa consciente y deliberadamente, termina siendo una verdadera eutanasia por omisión» (50).

La alimentación y la hidratación, aun por medios artificiales, son consideradas cui dados ordinarios. Transcribo un párrafo del documento «Respetar la dignidad del moribundo. Consideraciones éticas sobre la eutanasia», de la Academia Pontificia para la Vida (Vial Correal, Juan de Dios, presidente; Sgreccia, Elio, vicepresidente) que establece lo siguiente:«. la línea de comportamiento con el enfermo grave y el moribundo deberá inspirarse en el respeto a la vida y a la dignidad de la persona; deberá perseguir como finalidad hacer disponibles las terapias proporcionadas, sin utilizar ninguna forma de “ensañamiento terapéutico”; deberá acatar la voluntad del paciente cuando se trate de terapias extraordinarias o peligrosas -que no se tiene obligación moral de utilizar-; deberá asegurar siempre los cuidados ordinarios (que incluyen alimentación y la hidratación, aunque sean artificiales) y comprometerse en los cuidados paliativos, sobre todo en la adecuada terapia del dolor, favoreciendo siempre el diálogo y la información del paciente mismo» (51).

El apdo. 2278 del Catecismo dispone lo siguiente:

«La interrupción de tratamientos médicos onerosos, peligrosos, extraordinarios o desproporcionados a los resultados puede ser legítima. Interrumpir estos tratamientos es rechazar el “encarnizamiento terapéutico”. Con esto no se pretende provocar la muerte; se acepta no poder impedirla».

Ningún párrafo de mi ponencia contradice lo afirmado en esta disposición del Catecismo. Por el contrario, coinciden con lo dispuesto en el apartado 2279 de dicho Catecismo que transcribo a continuación:

«Aunque la muerte se considere inminente, los cuidados ordinarios debidos a una persona enferma no pueden ser legítimamente interrumpidos. El uso de analgésicos para aliviar los sufrimientos del moribundo, incluso con riesgo de abreviar sus días, puede ser moralmente conforme a la dignidad humana si la muerte no es pretendida, ni como fin ni como medio, sino solamente prevista y tolerada como inevitable. Los cuidados paliativos constituyen una forma privilegiada de la caridad desinteresada. Por esta razón, deben ser alentados».

IV.RELACIÓN DE CAUSALIDAD

En otro párrafo del trabajo que dio lugar a este artículo, se afirma lo siguiente:

«En término de relación de causalidad adecuada, el retiro de la hidratación y la alimentación artificial no provoca la muerte, ya que no se trata de “dejar o hacer morir”, se trata de “permitir morir”. El soporte vital está encaminado a prolongar la agonía; en consecuencia su retiro lo que permite es evitar ese presupuesto distanásico. También aquí aplica un claro precepto cristiano: «La Iglesia enseña que Dios es quien determina el momento de la muerte de toda persona, y que por lo tanto es tan ilícito el intentar extender dicho momento como abreviarlo» (52).

.Respecto de la relación de causalidad, destaco el estudio realizado por Zambrano, «Omisión y suspensión de cuidados vitales: ¿matar o dejar morir? Una aproximación desde los criterios morales y jurídicos de tipificación de la acción» (53), en el que efectúa un profundo análisis del tema.

Zambrano considera la posición de Rachels quien redescribió la omisión como una acción positiva y «sostuvo que a. cada vez que omitimos permitimos que algo suceda; b. permitir es un tipo de acción y c., por lo mismo, omitir / permitir es un fenómeno del cual puede derivarse causalmente otro» (54). En el tema que abordamos, Rachels sostendría que «la causa de la muerte es la “acción de permitir” que uno mismo, u otra persona, muera desnutrido y / o deshidratado» (55).

«La solución de Rachels intenta ubicar a las omisiones en la categoría de “acciones”; esto es, eventos que se originan en la elección de un agente. Si permitimos un efecto, entonces lo elegimos, y si lo elegimos, somos responsables por ello» (56). Es decir, que «se preocupa por ubicar a las omisiones dentro de la categoría de las acciones.Su redescripción como “permisiones”, en efecto, conecta la omisión con una elección anterior y, con ello, la distingue de un mero acontecer natural» (57).

Zambrano cita también a McGee quien redescribe el concepto de «causa», y distingue entre la causa física y la causa explicativa de un fenómeno; la primera, causa física, «designaría un fenómeno que antecede a otro fenómeno de forma necesaria (…). Una causa explicativa designa, en cambio, una razón que torna inteligible una secuencia de fenómenos para -y dentro de- un determinado contexto normativo. La omisión de una acción no es la causa física de la muerte, sino su causa explicativa en (y solo en) los contextos normativos en que existe la expectativa de que un agente actúe, previniéndola» (58). Zambrano destaca que la desnutrición sería la causa fisicobiológica de la muerte, mientras que «la omisión de nutrir sería su causa explicativa en -y solo en- aquellos contextos en los que existe la expectativa de que un determinado agente -el médico, la enfermera, los cuidadores, etc.-provea (o se provea) la alimentación e hidratación» (59).

Zambrano concluye argumentando que, si se conectan estas líneas de análisis, «”matar por omisión” es la elección de omitir o suspender un curso de acción que aporta un factor determinante para el desarrollo de una función vital (factor vital) y que, en esta misma medida, es adecuado (o eficaz) para detener o para evitar que se desenlace un proceso mortal» (60) y como explica posteriormente, la acción es «proporcionada o eficiente» (61).

Considerando las categorías de Rachels y McGee, Zambrano destaca «que la relación de causalidad entre la omisión y el resultado muerte es lógicamente admisible, si y solo si: // a. Aquello que se omite es la acción de aportar factores vitales adecuados para prevenir o revertir un proceso mortal (análisis fisico-biológico del concepto de causa).// b.Es razonable exigir esta acción de un agente porque, además de verificarse «a», el agente está en condiciones fácticas y morales de proporcionar los factores vitales al enfermo y, aun así, elige no hacerlo (análisis explicativo del concepto de causa).// Con estas condiciones, le es imputable al agente la “acción de permitir” la muerte subsiguiente a la omisión (Rachels)» (62).

En relación con la elegibilidad, Zambrano pone de relieve que la condición más básica para elegir un curso de acción es su factibilidad y que en el juicio de factibilidad se juzgan «en particular, las dimensiones económica, técnica, y física» (63). «Un cuidado es económicamente factible cuando su valor monetario no compromete de forma seria la capacidad de consumo y / o endeudamiento del paciente o de quien deba pagarlo; es técnicamente factible cuando están disponibles los instrumentos y las personas -profesionales o no- capaces de aplicarlo; y es físicamente factible cuando su aplicación no conlleva sino molestias pasajeras, ni genera riesgos o efectos secundarios distintos o más graves que los riegos asociados a la enfermedad subyacente» (64).

Este juicio de factibilidad «es esencialmente un juicio de proporción que compara, de una parte, los riesgos, los efectos persistentes sobre la salud y el costo económico y físico de un cuidado. De otra, su adecuación o eficacia para asegurar la continuidad de la vida humana» (65).

Destaca Zambrano que «los costos físicos que se evalúan no son los costos de la enfermedad subyacente, sino los de los cuidados en sí mismos, en relación con el beneficio que se espera que produzcan para la salud del paciente» (66). Si no fuera así, y se evaluaran los costos de la enfermedad subyacente, el juicio sobre la proporcionalidad se confundiría con un juicio sobre la calidad de vida presente o futura del paciente, y esto supondría establecer distinciones entre vidas más y menos merecedoras de conservarse (67).

La autora mencionada recapitula que «matar por omisión es “elegir” omitir una acción que se juzga:a. adecuada (o eficaz) para aportar factores vitales y detener o prevenir un proceso mortal; b. elegible en las circunstancias, atendiendo a: b.1. su licitud moral; y b.2. la proporción entre su adecuación, de una parte, y sus riesgos, su costo económico y su costo físico, de otra parte» (68).

Comparto que «existe gran diferencia ética entre “provocar la muerte” y “permitir la muerte”: la primera actitud rechaza y niega la vida; la segunda, en cambio, acepta su fin natural» (69).

V. CASO «MARCELO DIEZ»

En relación con el caso «D., M. A. s/ Declaración de Incapacidad” (Expte. N.º 178, año 2011), comparto las opiniones de Lafferrière y Viar, transcriptas en el artículo de Maglio y Wierzba, en cuanto ellos consideran la alimentación y la hidratación cuidados ordinarios y proporcionados que se deben a todo ser humano por el solo hecho de ser tal, que el cese de las mismas se efectúa como acción ordenada a provocar la muerte; no constituye un supuesto de renuncia al encarnizamiento terapéutico; se evidencia una contradicción con el art. 11 de la Ley 26.529 que prohíbe las prácticas eutanásicas y, además, afirman que el caso es una forma de eutanasia o muerte provocada por omisión (70).

Estoy en desacuerdo con Maglio y Wierzba respecto a que «los equívocos e imprecisiones también estuvieron presentes en el fallo de primera instancia» (71), del cual transcriben el párrafo siguiente «el no brindar medicación antiinfecciosa impediría a su vez continuar con la hidratación / alimentación, lo que provocaría el deceso aun cuando fuere indirectamente, irrumpiéndose así, franca y flagrantemente, en el campo eutanásico repudiado por nuestro ordenamiento».

Adhiero a las conclusiones a las que arriban Lafferrière y Zabaleta; entre ellas, respecto al tema que nos ocupa: «c. retirar la alimentación y la hidratación es una acción que lleva a la muerte como consecuencia necesaria. Por eso, consideramos que no es admisible tal acción y afecta el derecho a la vida (.) //d.en el caso no había una situación terminal (…) // e. La sentencia aplica la Ley 26.742 y el artículo 21 de la Ley 24.193 reconstruyendo la voluntad del paciente por una mera declaración jurada de las hermanas, soslayando otros posibles aportes, dando una muy endeble base jurídica a la trascendente decisión adoptada (…) //(…) reafirmar siempre el principio de precaución que nos señala el deber de abstenerse de tomar decisiones que puedan significar una acción u omisión que provoque la muerte» (72).

VI. COSMOVISIONES SOBRE LA CALIDAD DE VIDA Y OTRAS CONSIDERACIONES

Coincido con los autores del trabajo en que deben respetarse «las distintas cosmovisiones sobre la noción de calidad de vida» (73). No obstante, el análisis del tema “calidad de vida” excede los alcances de este trabajo.

Reitero la opinión de Arias de Ronchietto transcripta en mi ponencia respecto a que «el derecho a morir de modo digno consiste, también, en la necesidad de ser salvado de sí mismo cuando el ser humano, sitiado por sufrimientos incoercibles quiera huir suicidándose» (74).

Además, considero fundamental fomentar, especialmente en niños y adolescentes que no están recibiendo una sólida formación en valores, el respeto por la vida que nos ha sido dada y por la dignidad de toda persona, cualquiera sea el estado en que se encuentre por la enfermedad o discapacidad que padezca; reconocer que la enfermedad «a pesar de su esencia negativa, puede convertirse en un instrumento positivo de crecimiento» (75), promover la esperanza por la cura de las enfermedades invalidantes, la fe en el progreso de la medicina y en Dios creador de todo ser viviente.Adhiero a lo expresado por Maglio y Wierzba en relación con que debe evitarse la medicalización de los procesos del morir y de la muerte, y que no se debe agravar innecesariamente el sufrimiento de las personas (76).

Recalco que no debemos claudicar en el esfuerzo por defender a los más débiles y vulnerables, entre ellos los pacientes en estado crítico y pacientes terminales, si deseamos que nuestra sociedad se precie de ser humana y justa (77).

VII. CONCLUSIÓN

Adhiero a la opinión de Taboada en relación con que deben respetarse cinco principios para proteger la dimensión ética del morir: el principio de veracidad, de proporcionalidad terapéutica, del doble efecto, de prevención y de no abandono.

Considero que, en el concepto de eutanasia, deben comprenderse formas pasivas que están referidas a la omisión de medios ordinarios o proporcionados y en relación a los medios, como lo afirma la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe en la «Declaración sobre Eutanasia», «en cada caso, se podrán valorar bien los medios poniendo en comparación el tipo de terapia, el grado de dificultad y de riesgo que comporta, los gastos necesarios y las posibilidades de aplicación con el resultado que se puede esperar de todo ello, teniendo en cuenta las condiciones del enfermo y sus fuerzas físicas y morales».

Comparto la opinión de Bergoglio de Brouwer y Bertoldo de Fourcade respecto a reservar el término eutanasia para los casos en los que la muerte del paciente resulta ética o legalmente reprochable.

Destaco la importancia de la distinción entre la denominada eutanasia pasiva, negativa o por omisión y la ortotanasia.En la eutanasia pasiva, como mencioné, se suprimen medios ordinarios o proporcionados, en la ortotanasia, medios extraordinarios o desproporcionados.

Adhiero a la opinión de Basso que sostiene que la denominación de eutanasia pasiva, negativa o por omisión corresponde al homicidio piadoso, cometido por privación al paciente de los cuidados ordinarios y proporcionados para preservar su vida.

Para que se configure eutanasia pasiva, la omisión debe ser de un acto que se considera obligatorio y que provoca la muerte del enfermo, como lo resalta Requena Meana.

Considero que la hidratación y la alimentación deben proporcionarse aún por vías artificiales, salvo los casos excepcionales a los que se refiere el Documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe: a. cuando en alguna región muy aislada o extremadamente pobre no pueda brindarse la alimentación e hidratación artificiales, aunque subsiste la obligación de ofrecer los cuidados mínimos disponibles y de buscar, si es posible, los medios necesarios para un adecuado mantenimiento vital; b. si resulta totalmente inútil proporcionar alimentos y líquidos porque el paciente no pueda asimilarnos por complicaciones sobrevenidas; c. cuando, en alguna situación rara, la alimentación e hidratación artificiales pueda implicar para el paciente una carga excesiva o una notable molestia física vinculada, por ejemplo, a complicaciones en el uso del instrumental empleado.

Se debe evitar el encarnizamiento terapéutico, y corresponde promover los cuidados paliativos.

Surge de mi ponencia y he aclarado en el presente trabajo que no efectué interpretación errónea alguna de la Doctrina de la Iglesia Católica. Transcribí una definición y me referí a conceptos que corresponden al Magisterio de esta Institución y además, aludí a opiniones de autores que están de acuerdo con los mismos.Pondero los esfuerzos que se realicen para reconocer la dignidad de todo ser humano, con independencia de la condición en que se encuentre, para humanizar el morir y desarrollar la capacidad de brindar comprensión y ayuda a quienes se encuentren próximos a la muerte y para que tanto la Medicina como el Derecho contribuyan a una mayor personalización del hombre.

La Medicina avanza continuamente, y los nuevos descubrimientos y posibilidades permitirán afrontar de manera más eficaz -y tal vez evitar- situaciones que hoy en día son irreversibles.

Promuevo el estudio constante y el diálogo permanente sobre los temas abordados.

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(1) MAGLIO, Ignacio, y WIERZBA, Sandra M.: El derecho en los finales de la vida. Muerte digna, en La Ley, Año LXXIX, N.º 167, 7/9/2015, op. cit., p. 2. Este párrafo lleva la cita 33 y se menciona al pie: «GHERARDI, Carlos, “Vida y Muerte en Terapia Intensiva”, Buenos Aires, Biblos, año 2007, p. 152».

(2) Ibídem, p. 3.

(3) Véase GONEM MACHELLO, Graciela N.: «Algunas consideraciones sobre los ancianos enfermos en estado grave, crítico y una muerte digna», en Revista de la Facultad de Derecho. Universidad Nacional de Rosario, N.º 16, 2001-2002, pp. 163 y ss.; transcripto parcialmente en El derecho a la vida y a una muerte digna, en la obra dirigida por DABOVE CARAMUTO, María Isolina, y PRUNOTTO LABORDE, Adolfo: Derecho de la Ancianidad. Perspectiva Interdisciplinaria, Rosario, Juris, 2006, pp. 108 y ss.; «Reflexiones sobre la importancia de los cuidados paliativos y la protección de los pacientes y sus derechos» (resumen), en el Anuario del SAGI 2006, III Simposium Argentino de Gerontología Institucional, «Vejez Frágil: Un desafío para la Gerontología Institucional», Mar del Plata, Suárez, 2006, p. 21; «Algunas consideraciones sobre las directivas anticipadas para tratamientos médicos» (resumen), en CIURO CALDANI, Miguel Ángel; HOOFT, Pedro E. y SALVADOR, Horacio (coords.): El hombre y su medio en la bioética de nuestro tiempo. Mar del Plata, Suárez, 2006, p. 38.Consideraciones sobre la familia, los derechos personalísimos, los derechos subjetivos familiares y los geriátricos, en DABOVE, María Isolina (coord.): El Derecho en los Geriátricos, Jurisprudencia Argentina, Número Especial, 2011-III, pp. 63 y 64.

(4) GONEM MACHELLO: «Algunas consideraciones sobre Bioética y Bioderecho y las directivas anticipadas para tratamientos médicos», en Microjuris, MC-DOC- 6749-AR, 12/06/2014. Como se expresó, este párrafo lleva la cita 32 y se indica al pie: «Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración sobre la Eutanasia, 2.ª ed., Buenos Aires, Paulinas, 1992, p. 7. Véase, asimismo, JUAN PABLO II: Carta Encíclica Evangelium Vitae, Buenos Aires, San Pablo, 1995, p. 118, 65».

(5) Los autores no aclaran en la cita que la definición corresponde a la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe y solo mencionan mi apellido y nombre, el título de mi trabajo, la fecha y el lugar de publicación. (MAGLIO y WIERZBA: op. cit., p. 3, cita 35).

(6) MAGLIO y WIERZBA: op. cit., p. 3.

(7) GONEM MACHELLO: «Algunas consideraciones sobre Bioética y Bioderecho…», op. cit. Esta oración lleva la cita 45 y se indica al pie: «Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, op. cit., p. 7».

(8) GONEM MACHELLO: «Algunas consideraciones sobre Bioética y Bioderecho…», op. cit. La segunda oración de este párrafo lleva la cita 46 y se indica al pie la fuente: «RAVAIOLI, Luis Aldo: Valoración ética de la eutanasia, Buenos Aires, Serviam, s/f, p. 52» y la última parte la cita 47: «Ibídem, p. 54».

(9) GONEM MACHELLO: Algunas consideraciones sobre Bioética y Bioderecho., op. cit. La primera parte de este párrafo tiene la cita 48 y figura al pie: «BERGOGLIO de BROUWER y BERTOLDI de FOURCADE: op. cit., p. 785» y la última oración la cita 49 y consta al pie: «BASSO, op. cit., p. 463».

(10) GONEM MACHELLO: Algunas consideraciones sobre Bioética y Bioderecho…: op. cit Este párrafo lleva la cita 50 y se menciona al pie:«Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe: op. cit, p. 11».

(11) SGRECCIA, Elio: Manual de Bioética, trad. V. M.Fernández. México, Diana, 1996, p. 606.

Se puede aludir a eutanasia activa u omisiva, si se trata de una intervención para anticipar la muerte (una intención letal) o de la privación de una asistencia todavía válida y debida. (SGRECCIA: «Aspectos éticos de la Asistencia al Paciente Moribundo», en Revista Humanistas cl., en

https://www.aciprensa.com/eutanasia/moribundo.htm, 13 de mayo de 2015.

(12) REQUENA MEANA, Pablo: Eutanasia, en la obra dirigida por GARCÍA, José Juan: Enciclopedia de Bioética, URL, http://enciclopediadebioetica.com/index.php/todas-las-voces/146-limitacion-de-esfuerzo-terapeutico, 8 de diciembre de 2015.

(13) Ibídem.

(14) El Documento puede v. en http:// archimadri…500/corunum.html, 13 de junio de 2015.

(15) GONEM MACHELLO: «Algunas consideraciones sobre Bioética y Bioderecho…», op. cit. Esta oración lleva la cita 65 y se indica al pie: «NICOLAU, Noemí Lidia: El derecho de morir en dignida d: un derecho personalísimo, en Boletín del Centro de Investigaciones de Filosofía Jurídica y Filosofía Social, N.º 9, Rosario, Fundación para las Investigaciones Jurídicas, 1987, pp. 45 y ss.».

(16) GONEM MACHELLO: «Algunas consideraciones sobre Bioética y Bioderecho…», op. cit. Este párrafo lleva la cita 66 y consta al pie: «Comité Episcopal para la Defensa de la Vida: La eutanasia, en la obra de JUBANY ARNAU, Narciso; HIGUERA UDÍAS, Gonzalo; REIG PLÁ, Juan A. y BENLLOCH POVEDA, Antonio: En la vida y en la muerte somos del Señor, Valencia (España), Edicep, 1993, pp. 32 y 33. Puede verse, asimismo, BLANCO, L., Muerte. cit., pp. 49 y ss.».

(17) GONEM MACHELLO: «Algunas consideraciones sobre Bioética y Bioderecho…», op. cit. La primera parte de este párrafo lleva la cita 67 y consta al pie: «Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe», op. cit., p. 11», la segunda parte tiene la cita 68 y figura al pie: «CICCONE, Lino:Eutanasia ¿Problema católico o problema de todos?, trad. M. E. P., Buenos Aires, Ciudad Nueva, 1994, p. 13».

(18) GONEM MACHELLO: «Algunas consideraciones sobre Bioética y Bioderecho…», op. cit. Esta oración final tiene la cita 69 y se indica al pie: «BRAUN, Rafael: El valor de la vida, en la obra colectiva de FERRETTI, José Luis; TOZZINI; Roberto Ítalo; PADRÓN, Héctor J. y otros, ¿Qué es la vida?, Rosario, Fundación Fraternitas, 1991, p. 143».

(19) GONEM MACHELLO: «Algunas consideraciones sobre Bioética y Bioderecho…», op. cit. Lo expresado lleva la cita 51 y se menciona al pie: «PÍO XII, Discurso del 24 de febrero de 1957 (AAS 49-1957- p.147), cit. por Sagrada Congregación para la Doctrina de la FE, Declaración sobre la Eutanasia., op. cit., p. 10».

(20) GONEM MACHELLO: «Algunas consideraciones sobre Bioética y Bioderecho…», op. cit. La frase lleva la cita 52 y al pie se indica: «Ibídem, p. 145. Sobre el “principio del segundo efecto” y el tema que tratamos puede v. MANZINI, Eutanasia vs. Cuidados paliativos, en Quirón, Vol. 26, Nº 3,1995, pág.10 y en general sobre el voluntario “en causa” o indirecto BASSO, Domingo M.: Ética, Buenos Aires, Abeledo-Perrot, 1998, pp. 63-64».

(21) GONEM MACHELLO: «Algunas consideraciones sobre Bioética y Bioderecho…», op. cit. La primera parte de este párrafo lleva la cita 53 y se menciona al pie: «BASSO: Nacer y morir…, op. cit., p. 467» y la segunda parte la cita 54 y consta al pie: «Ibídem, p. 471».

(22) GONEM MACHELLO: «Algunas consideraciones sobre Bioética y Bioderecho…», op. cit. El párrafo lleva la cita 55 y figura la fuente al pie: «REINALDI, Víctor Félix: Dejar morir sin delinquir, en Revista de la Facultad, Universidad Nacional de Córdoba, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, vol. 4, N.º 1, 1996, Nueva Serie, p. 201».

(23) GONEM MACHELLO: «Algunas consideraciones sobre Bioética y Bioderecho…», op. cit. El párrafo lleva la cita 73 y se aclara al pie:«Estos principios son insuficientes según la opinión de CENTENO CORTÉS, Carlos, VEGA GUTIÉRREZ, Javier y MARTÍNEZ BAZA, Pelegrin, “Bioética de la Situación Terminal de Enfermedad”, en Cuadernos de Bioética. cit., pp. 38-39, opinión que comparto. Puede verse también MORELLI, Mariano G.: Los Principios de la Bioética. Análisis crítico, en el Libro de Comunicaciones de las VII Jornadas Argentinas de Bioética y VII Jornadas Latinoamericanas de Bioética, 2001, Mar del Plata, Suárez, 2001, pp. 319 y ss.».

(24) GONEM MACHELLO: «Algunas consideraciones sobre Bioética y Bioderecho…», op. cit. El párrafo lleva la cita 74 y se indica al pie: «Puede verse MANZINI, Jorge Luis y SALVADOR, Horacio: La autonomía del paciente y el consentimiento informado. Elemental análisis histórico y conceptual. Estado actual y perspectivas en la República Argentina, en “Quirón”, cit., vol. 24, N.° 3, 1993, p. 42. El autor sostiene que la decisión tomada por una persona es autónoma cuando proviene de sus propios valores y creencias, es intencional, se funda en un conocimiento y entendimiento adecuados y no media coerción interna ni externa».

(25) GONEM MACHELLO: «Algunas consideraciones sobre Bioética y Bioderecho…», op. cit. El párrafo lleva la cita 75 y se menciona al pie: «VARGA, Andrew C.: Bioética. Principales Problemas, 2.ª ed., trad. Alfonso Llano Escobar. Bogotá, Paulinas 1990, pp. 274-275. Puede v., asimismo, MAZZINGHI, Jorge Adolfo, La vida en su dimensión jurídica, en FERRETTI, TOZZINI, PADRÓN, y otros, op. cit., p. 161».

(26) GONEM MACHELLO: «Algunas consideraciones sobre Bioética y Bioderecho…», op. cit. El párrafo tiene la cita 76 y se indica al pie: «SERRANO RUIZ-CALDERÓN, José Miguel: “Los Principios de la Bioética”, en Cuadernos de Bioética… cit., pp. 31 y ss., quien sigue, básicamente, en su exposición a Elio Sgreccia.Puede verse asimismo, Academia Pontificia Para La Vida (VIAL CORREA, Juan de Dios -presidente-, SCRECCIA, Elio -vicepresidente-), Respetar la dignidad del moribundo, Biblioteca Electrónica Cristiana, en http://www.multimedios.org/docs/d001039/indec.html, 9 de diciembre de 2000, en donde se destaca que el principio de autonomía no puede justificar la supresión de la vida propia o ajena, ya que la autonomía personal tiene como primer presupuesto el hecho de estar vivos y exige la responsabilidad de la persona la que solo llegará a afirmarse a sí misma reconociendo (también en una perspectiva racional) que ha recibido como don su vida, de la que por consiguiente no es “amo absoluto”, y que suprimiéndola destruirá las raíces mismas de la libertad y de la autonomía».

(27) Sobre el tema, véase TABOADA, Paulina: «Limitación de esfuerzo terapéutico y principio ético de proporcionalidad terapéutica», en la obra dirigida por GARCÍA, José Juan: Enciclopedia de…, op.cit., 4 de octubre de 2015. Según la autora, «este juicio es mucho más que un mero cálculo costo / beneficio. Algunos de los elementos que siempre se deberían tomar en cuenta a la hora de juzgar la proporcionalidad de una intervención médica son: 1. La certeza del diagnóstico. // 2. La utilidad o inutilidad de la medida (basada en evidencias).// 3. Los potenciales riesgos y / o efectos adversos que la intervención puede llevar aparejados. //4. Las alternativas de acción, con sus respectivos beneficios y riesgos. // 5. El pronóstico del paciente con y sin la implementación de la medida // 6. Los costos, entendidos en el sentido amplio del término, es decir, las cargas físicas, psicológicas, morales, familiares, sociales, económicas, etc.; // 7. Las circunstancias concretas de la persona enferma. // 8. La voluntad, la jerarquía de valores y / o las preferencias del paciente» (Ibídem).

(28) TABOADA R., Paulina: «El derecho a morir con dignidad», en Acta Bioética 2000, año VI, N.º 1, pp. 97-100.

(29) MAGLIO y WIERZBA: op. cit., p. 3.Esta primera parte del párrafo tiene la cita 38 y se indica al pie: «Sobre el particular resulta de interés consultar la Ley General de Sanidad 14/1986 y la Ley 41/2002, de España y el Convenio del Consejo de Europa para la protección de los derechos humanos del 4/4/77, cit., entre variadas normas».

(30) MAGLIO y WIERZBA: op. cit., p. 3. Esta segunda parte del párrafo lleva la cita 39 y al pie se expresa: «Ver DÍAZ y GARCÍA CONLLEDO, Miguel – BARBER BURUSCO, Soledad; “El problema de la eutanasia y la participación en el suicidio: el caso español. Una aproximación”, pp. 73-110 y NIÑO, Luis, “Eutanasia, muerte asistida y retiro del soporte vital. Tratamiento del tema en el derecho comparado y en el ordenamiento jurídico argentino”, pp. 155-185, ambos trabajos publicados en Derecho Penal, año 1, número 2, Infojus, 2012 cit., disponible al 16-8-15 en http://www.infojus.gob.ar/doctrina/doc/120125-nino-eutanasia_muerte_asistida_retiro.htm».

(31) El hecho de que no haya mencionado el derecho comparado no permite aseverar que parece desconocerse el mismo.

Es de público conocimiento que suelen fijarse requisitos para la aceptación de los trabajos presentados a Jornadas y Congresos, entre ellos, la cantidad de carillas. En el caso de la ponencia citada, se podían presentar veinte carillas, incluida la carátula, las notas y la bibliografía, con interlineado y márgenes preestablecidos. La argumentación en favor de la postura que defiendo y la inclusión de los puntos siguientes sobre los que versó mi ponencia: 1. Consideraciones sobre Bioética y Bioderecho; II. Las directivas anticipadas para tratamientos médicos: 1. Validez de las directivas anticipadas antes de la sanción de la ley 26.529/09 . Críticas doctrinarias y 3. Muerte digna y cuidados paliativos, me obligaron a sintetizar aspectos fundamentales del tema y me impidieron incluir otros.La exposición en los trabajos responde a una lógica que los conduce y ordena y el que no haya abordado el derecho comparado no constituye argumento para afirmar la supuesta ignorancia respecto de él.

En la ponencia, cité un fallo -cita 64- que recayó en el caso «S., M. de C.», SC Bs. As., 9/2/2005 con su correspondiente referencia («La Ley, t. 2005-B, p. 267») y los jueces en sus votos mencionan al derecho comparado, por lo cual la suposición juega en favor del conocimiento de dicho derecho y no de su ignorancia.

(32) GONEM MACHELLO: «La importancia de la investigación jurídica. La monografía y la enseñanza del Derecho» (ponencia), en XXIV Jornadas Nacionales de Derecho Civil. Buenos Aires, del 26 al 28 de septiembre de 2013.

(33) GONEM MACHELLO: «Algunas consideraciones sobre Bioética y Bioderecho…», op. cit. La primera parte de este párrafo lleva la cita 80 y se indica al pie: «Centro de Bioética, Persona y Familia, La eutanasia siempre debe ser prohibida, sostiene Asamblea Parlamentaria de Europa», en http://www.centrodebioética.org, 13 de junio de 2012» y la segunda la cita 81: «Ibídem».

(34) GONEM MACHELLO: «Algunas consideraciones sobre Bioética y Bioderecho…», op. cit. Este párrafo lleva la cita 82 y figura al pie: «Ibídem».

(35) Declaración citada por LAFFERRIÈRE: «Parlamento Europeo rechaza declaración a favor de la eutanasia», en http://www.centrodebi oetica.org, 26 de enero de 2016.

(36) LAFFERRIÈRE: «Parlamento Europeo rechaza…», op. cit.

(37) GONEM MACHELLO: «Algunas consideraciones sobre Bioética y Bioderecho…», op. cit.

(38) MAGLIO y WIERZBA: op. cit., p. 4.

(39) Ibídem. En la cita, los autores utilizaron el verbo «afirman» en plural, pero mi ponencia no fue redactada en coautoría.

(40) Los autores tomaron partes de diferentes párrafos de mi trabajo, por lo cual se debieron colocar puntos suspensivos para indicar las partes suprimidas y el signo de barras para señalar los puntos apartes y omitieron las citas.

(41) GONEM MACHELLO: «Algunas consideraciones sobre Bioética y Bioderecho…», op.cit.

(42) En mi ponencia, los datos del trabajo de LAFFERRIÈRE figuran en la cita 56 de la misma porque ya había mencionado a este autor y a ese artículo con anterioridad.

(43) El trabajo se encuentra citado por primera vez en mi ponencia en la cita 61: «Congregación para la Doctrina de la Fe: Comentario a las respuestas sobre la alimentación e hidratación artificiales», en http://es.catholic.net/imprimir/index.phtml?ts=13&ca=147&te=727&id=33128, 4/10/12″. Puede verse, asimismo, «Artículo de Comentario, en http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20070801_nota-comentario_sp.html, 15 de agosto de 2016.

(44) GONEM MACHELLO: «Algunas consideraciones sobre Bioética y Bioderecho…», op. cit. Este párrafo lleva la cita 63 y se indica al pie: «Ibídem».

(45) MAGLIO y WIERZBA: op. cit., p. 4.

(46) MAGLIO y WIERZBA, op. cit., pág. 4, cita 63.

(47) Véase el párrafo que lleva la cita 50 de mi ponencia «Algunas consideraciones sobre Bioética y Bioderecho…», op. cit. En el presente trabajo, ese párrafo con la cita 50 correspondiente están transcritos en la cita 10.

(48) BENDICTO XVI: «Discurso del Santo Padre Benedicto XVI a los participantes en el Congreso sobre el tema “junto al enfermo incurable y al moribundo: orientaciones éticas y operativas”», convocado por la Academia Pontificia por la Vida, en http://es. zenit.org/articles/benedicto-xvi-la-iglesia-y-la-sociedad-junto-a-los-enfermos-terminales/, 13 de mayo de 2016.

(49) JUAN PABLO II: «Discurso en la Conferencia Internacional sobre Cuidados paliativos», citado en el texto por MAGLIO y WIERZBA, op. cit. El párrafo lleva la cita 64 y consta al pie: «http://w2. vatican.va/content/john-paul-ii/es/speeches/2004/november/documents/hf_jp-ii_spe_20041112_pc-hlthwork.htm,dis
onible al 23/8/15».

(50) JUAN PABLO II:«Discurso del Santo Padre Juan Pablo II a los participantes en un Congreso sobre “Tratamientos de mantenimiento vital y estado vegetativo», 20 de marzo de 2004, en https://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/speeches/2004march/documents/hf_jp-ii_spe_20040320_congress_fia
c.html, 4 de octubre de 2012.

(51) Academia Pontificia para la Vida (VIAL CORREA, Juan de Dios -presidente- ; SGRECCIA, Elio -vicepresidente-): «Respetar la dignidad…» op. cit. Véase, asimismo, en http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_academies/acdlife/ documents/rc_pa_acdlife_doc_20001209_eutanasia_sp.html, 13 de junio de 2001.

(52) MAGLIO y WIERZBA: op. cit., p. 4. El párrafo lleva la cita 66 y se indica al pie: «CLOWES, Brian: “The Facts of Life”, Front Royal, Virginia, EE. UU., Human Life International,1997».

(53) «Cuadernos de Bioética», XXVII, 2016/1.º, p. 53 y ss. Agradezco al Dr. Rafael Pineda haberse comunicado con la autora -Pilar Zambrano- para obtener el trabajo y hacérmelo llegar.

(54) RACHELS, J.: «Euthanasia, Killing, and Letting Die», en LADD, J. (ed.): Ethical Issues Relating to Life and Death. New York-Oxford, Oxford University Press, 1979, 146-163, 153 cit. por ZAMBRANO, op. cit., p. 57, cita 20.

(55) ZAMBRANO, op. cit., p. 57.

(56) Ibídem, p. 58.

(57) Ibídem.

(58) MCGEE, A., Ending the Life of the Act/Omissión Dispute: Causation in Withholding and Withdrawing Life-sustaining Measures, Legal Studies 31, (2011), 467-491, 476, cit. por ZAMBRANO, op. cit., pp. 57-58, cita 21.

(59) ZAMBRANO, op. cit., p. 58.

(60) Ibídem.

(61) Ibídem, p .62.

(62) Ibídem, p. 60.

(63) Ibídem.

(64) Ibídem.

(65) Ibídem, p. 62.

(66) Ibídem. Zambrano destaca que la insistencia en ubicar el análisis en la proporcionalidad de los medios en sí mismos y no en la calidad de vida que los medios tienden a prolongar corresponde a MAY, William; BARRY, Robert, et al.: Feeding and Hydrating the Permanently Unconscious and Other Vulnerable Persons, Issues in Law and Medicine 3, (1987), 208. (ZAMBRANO, op. cit., p. 62, cita 31).

(67) ZAMBRANO, op. cit., p.62.

(68) Ibídem. La autora destaca que «desde un punto de vista moral, matar por omisión consiste en omitir o suspender un curso de acción que se juzga adecuado para detener o prevenir un proceso mortal, moralmente lícito, y factible o realizable a un costo que es proporcionado a su eficacia. // El tipo jurídico “matar por omisión” añade a la definición moral el requisito de eficacia y factibilidad real y externamente verificable de la acción omitida. En otras palabras, “matar por omisión” en el plano jurídico es elegir omitir una acción que el agente juzga eficaz y factible, y que es eficaz y factible desde una perspectiva externa al agente». (Ibídem, p. 66).

(69) ACADEMIA PONTIFICIA PARA LA VIDA (VIAL CORREA, Juan de Dios -presidente- ; SGRECCIA, Elio -vicepresidente-), «Respetar la dignidad…», op. cit.

(70) LAFFERRIÈRE, Jorge N.; VIAR, Ludmila A.: «La Corte Suprema y la cuestión del retiro de la alimentación y la hidratación. Comentario al fallo “D. M. A.”», 14-jul- 2015, MJ-DOC-7320- AR, citados por MAGLIO y WIERZBA, op. cit., p. 3, cita 37.

(71) MAGLIO y WERZBA, op. cit., p. 3.

(72) LAFFERRIÈRE y ZABALETA, Daniela B.: Decisiones sobre el fin de la vida en una sentencia de la Corte Suprema, en el diario La Ley, del 15 de julio de 2015, p. 9.

(73) MAGLIO y WIERZBA, op. cit., p. 5.

(74) ARIAS de RONCHIETTO, Catalina E.: «Consideración bioética-jurídica actual sobre el morir humano, ¿morir, un derecho?», en ED, t. 175, p. 949, cita 70 de mi ponencia «Algunas consideraciones sobre Bioética y Bioderecho…», op. cit.

(75) PANGRAZZI, Arnaldo: Creatividad pastoral al servicio del enfermo. Buenos Aires, San Pablo, 2009, p. 96.

(76) MAGLIO y WIERZBA: op. cit., p. 5.

(77) CHOMALÍ GARIB, Fernando: «Morir con dignidad: El Magisterio de la Iglesia» en Ars Médica en http://www.arsmedica.cl/index.php/MED/article/viewFile/352/283, 4 de abril de 2016, destaca que «una sociedad que no es capaz de hacerse cargo de los enfermos, de dar lo mejor de sí para hacer más humana su precaria existencia, es una sociedad que ha perdido el norte. Y frutos de esa desorientación es la exacerbación de la libertad individual, la falta de solidaridad hacia los enfermos, y como corolario, la incapacidad de hacerse cargo de ellos».

(*) Abogada, Investigadora CIUNR, categ. «C», docente de la Facultad de Derecho (UNR).