Se determinó que las marcas de vinos “TIERRA LOS ANDES” y “TIERRAS DEL ANDE” no son confundibles con “TIERRA DE ANTES”, registrada por una reconocida bodega

marca-registradaPartes: Finca Flichman S.A. c/ Otero Ramos Manuel s/ cese de oposición al registro de marca

Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil y Comercial Federal

Sala/Juzgado: II

Fecha: 9-ago-2016

Cita: MJ-JU-M-101354-AR | MJJ101354 | MJJ101354
Sumario:

1.-Corresponde declarar infundada la oposición al registro de marca respecto del nombre de un vino de una reconocida bodega, ya que no parece posible que el selecto público consumidor de vinos de alta gama pueda confundir el producto perteneciente a una bodega con el elaborado en otra, y ello es así por cuanto este público consumidor en particular le otorga especial importancia a las principales bodegas, aún más allá del nombre que posean sus vinos, prefiriendo consumir en forma habitual sus productos por la confianza que deposita en el resultado final de su elaboración.

2.-Es infundada la oposición al registro de marca por no mediar confundibilidad, lo que lleva a concluir en que los productos comercializados por la demandada no sufrirán la menor mengua por la irrupción en el mercado de la marca pretendida por la parte actora.

3.-Es menester recordar que la confusión ideológica deriva del significado común de las palabras, fuente del mismo contenido conceptual, y que sólo en ese caso habrá consumidores capaces de incurrir en confusión, extremo que no acontece en la especie.

4.-La parte relevante o mot vedette es Finca Flichman , pues la presencia de esta denominación comercial y marca registrada de sumo prestigio actúa como elemento diferenciador, provocando que el público consumidor reconozca ab initio que el vino que tiene en sus manos es uno de los tantos buenos productos que tienen origen en dicha bodega.

Fallo:

En Buenos Aires, a los 9 días del mes de agosto de 2016, se reúnen en Acuerdo los señores jueces de la Sala II de esta Cámara para dictar sentencia en los autos del epígrafe. Conforme con el orden de sorteo efectuado, el doctor Ricardo Víctor Guarinoni dijo:

I.- Finca Flichman S.A. promovió demanda ordinaria contra Manuel Otero Ramos a fin de que se declare improcedente la oposición que interpusiera a la solicitud de registro de la marca “TIERRA DE ANTES FF FINCA FLICHMAN (& DISEÑO)”, Acta n° 2.877.745, para distinguir servicios de la clase 33.

Especificó que el ahora demandado se opuso a su solicitud de registro con fundamento en sus marcas “TIERRA LOS ANDES” y “TIERRAS DEL ANDE” que dice tener registradas en la clase 33 bajo los números de registro 2.321.654 y 2.107.613, respectivamente.

Expresó que dado que las tratativas llevadas a cabo para obtener el retiro de la oposición señalada no arrojaron resultados satisfactorios se vio compelida a iniciar la presente demanda a fin de evitar la declaración de abandono de su solicitud.

Relató que Finca Flichman S.A. es una empresa dedicada a la producción y comercio de vinos y afines cuyo origen en la Argentina data del año 1873, constituyéndose en uno de los productores más importantes de la Argentina, ganadora de diversos premios nacionales e internacionales y reconocida tanto en nuestro país como en el exterior.

Destacó que las marcas en pugna son claramente distinguibles, por lo que a su entender la oposición deducida carece de sustento.

En su escrito de ampliación de la demanda de fs. 59/69 vta. relató que su empresa ya es titular de las marcas “FINCA FLICHMAN”, “BODEGA DE ANTES” Y “TIERRA BUENA”, ésta última renovada bajo el n° 2.364.750 en abril de 2010.

Efectuó el cotejo entre ambas marcas enfrentadas:

vs.”TIERRA LOS ANDES” y “TIERRAS DEL ANDE”, poniendo de relieve que existe una cantidad significativa de registros que comparten los términos “tierra”, “antes” y “andes” en la clase 33, circunstancia que dejó reflejada en una lista que agregó a continuación de sus dichos (conf. fs. 61 vta./63), puntualizando, asimismo, que no existe otro titular de marcas en la clase 33 que incluya el término “antes”, resultando, según su parecer, un término sumamente original en dicha clase y claramente diferenciador por su exclusividad en el registro.

Hizo mención a sendas oposiciones que enfrentó la marca “TIERRAS DEL ANDE” por parte del señor Luis Alberto D’Asconio, quien la consideró confundible con su marca “Delante”, refiriéndose también a la oposición deducida por Cervecería y Maltería Quilmes, quien la consideró confundible con “Los Andes” y “Andes”.

Asimismo agregó que la marca “TIERRA LOS ANDES” tuvo tres oposiciones, una de ellas formulada por Quilmes, y las otras dos presentadas por “Eco de los Andes” y por Bodegas Chandon S.A., que la consideró confundible con su marca “Terrazas de los Andes”.

Respecto de esta situación destacó que aunque todas estas oposiciones fueron resueltas en forma amistosa, pues se obtuvo el retiro voluntario por parte de los oponentes, los hechos demuestran que mientras el señor Otero se oponía al registro de su marca se encontraba negociando con otros cuatro titulares que entendían que su signo marcario era confundible con los de ellos.Sostuvo que las marcas que se componen de más de una palabra o signo tienen algún elemento que es relevante, que se destaca sobre los demás, y que cuando esto sucede el público consumidor retiene y utiliza esa parte notable o “mot vedette” cuando tiene que localizar la marca, cuando compra un producto por ella distinguido o bien la recomienda a un tercero.

Prosiguió este análisis destacando que en el presente caso la parte relevante o “mot vedette” es “Finca Flichman”, pues la presencia de esta denominación comercial y marca registrada de sumo prestigio actúa como elemento diferenciador, provocando que el público consumidor reconozca “ab initio” que el vino que tiene en sus manos es uno de los tantos buenos productos que tienen origen en dicha bodega.

Efectuó el cotejo marcario resaltando que en el plano gráfico puede advertirse que el signo solicitado resulta extenso, pues está constituido por una etiqueta dividida en dos secciones de gran contraste, ya que en la parte superior se observa el vocablo “TIERRA” y por debajo la palabra “ANTES”, agregando que en el segundo recuadro aparece el logo de Finca Flichman compuesto por dos letras “F” espejadas por el lado izquierdo, las que forman en el medio una botella característica de vino y debajo de dicho logo el nombre de su bodega.

Respecto de las marcas de la oponente destacó que se trata de marcas denominativas: “TIERRA LOS ANDES” y “TIERRAS DEL ANDE”, las cuales están compuestas del término “tierra”, vocablo de uso generalizado y propio de la actividad vitivinícola.

En punto a la comparación fonética arribó a idénticas conclusiones, insistiendo en que el nombre “Finca Flichman” hace la gran diferencia, y respecto de la comparación en el plano conceptual aseveró que la marca solicitada se refiere a la tierra en un sentido temporal con el aditamento de la palabra “ANTES”, en tanto la del oponente lo hace en un sentido geográfico: “ANDES”, recalcando una vez más el uso generalizado de ambos vocablos.

II.- A fs.197/210 contestó la demanda Manuel Otero Ramos, negando los hechos y desconociendo los documentos que no fueren expresamente reconocidos.

Describió que es titular de la bodega Otero Ramos y de la Finca y Bodega Tierras del Ande, como así también presidente de Tierra del Ande S.A., empresa a través de la cual comercializa sus productos.

Efectuó un breve relato en torno a sus orígenes y a los objetivos que lo impulsaron a concretar su ambicioso proyecto vitivinícola (conf. dichos de fs. 199 y vta.), recordando que a fines de los ’90 adquirió una importante parcela de ricas tierras en Luján de Cuyo, la primera zona vitivinícola de Mendoza, cuna de los más grandes vinos argentinos.

Prosiguió su relato diciendo que con el nuevo siglo, junto a su mujer e hijos, continuó con la concreción de este proyecto, para cuyo desarrollo comercial solicitó el 29 de septiembre de 2003, ante el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial, los registros de las marcas “TIERRAS DEL ANDE” y “Tradición Varietal”, las cuales ya se encuentran debidamente registradas y que, además, el 7 de octubre de 2003 constituyó la sociedad Tierras del Ande S.A, la que tiene por objeto la explotación directa por sí o por terceros, en establecimientos rurales, ganaderos, agrícolas, de floricultura, frutícolas y forestales, la cría de ganado, reproducción, engorde, invernada, faenamiento, fabricación de chacinados, embutidos y su comercialización, compraventa y consignación, acopio y distribución de flores ornamentales, semillas, fertilizantes, herbicidas, plaguicidas, agroquímicos, cereales, frutas, hortalizas, vides, oleaginosas, forrajes, pasturas, alimentos balanceados, preparación de suelos, siembra y recolección de frutos y flores; bodegas, elaboración de vinos, licores, champagne, alcoholes, mostos y otros relacionados con la actividad vitivinícola, entre otras de sus múltiples actividades.

Señaló que a medida que su emprendimiento comercial fue creciendo amplió los registros marcarios con los que identifica sus productos tanto en el mercado interno como en el internacional:”Altura 900″, “Club de Vides”, “Dolmen”, “Familia Otero Ramos”, “Kavanagh”, “Lumen”, “Provatus”, “Sapidum”, “Suipacha”, “Tradición Familiar Varietal”, “Tierra los Andes”, “Tierra del Ande” y “Andestierra”, todas en la clase 33 del Nomenclador Internacional, agregando que además solicitó el registro de numerosas marcas en el exterior tales como: “Andestierra”, “Cafetín”, “Gritos” y “Testamento” en Estados Unidos de América, también para toda la clase 33 y “Suipacha” en las clases 29, 30 y 33 en la Comunidad Europea.

Yendo al tema en litigio recalcó que la solicitud de registro de la marca “TIERA DE ANTES (y diseño) no presenta suficiente cantidad de elementos distintivos como para tornar posible su coexistencia pacífica con las marcas “TIERRAS DEL ANDE” Y “TIERRA LOS ANDES” de su titularidad, como así tampoco con el nombre comercial “TIERRAS DEL ANDE”, ello así por cuanto sostuvo que la marca pretendida por la actora comienza con los vocablos “TIERRA DE ANTES”, términos que son sumamente similares a los que componen sus marcas.

Insistió en que contrariamente a lo que sostiene la actora el elemento protagónico no es “Finca Flichman” sino el conjunto conformado por los vocablos “TIERRA DE ANTES”, por lo que, según su entender, es este elemento fuerte el que deberá confrontarse.

Aseveró que las marcas en pugna presentan semejanzas en, al menos, dos de los campos, pues entiende que existe confusión visual y auditiva, además de poseer la misma cantidad de palabras, la misma raíz, idéntica cantidad de sílabas y la misma cantidad y secuencia de vocales y consonantes, como similar longitud y terminación.

Hizo especial hincapié en la confusión auditiva, afirmando que la pronunciación del signo “TIERRA DE ANTES” posee una fonética casi idéntica a la de sus marcas.

Remarcó que no debe perderse de vista que los signos confrontados están destinados a identificar los mismos productos de consumo masivo y que serán adquiridos por toda clase de público, lo que exige efectuar un cotejo más estricto.

Respecto del hecho de que sus marcas contienen elementos de uso común tales como “Tierra”y “Andes”, lo cual impide su apropiación exclusiva, expresó que dicha circunstancia tiene un límite: la confusión de un signo cuyo registro se pretende con otras marcas ya registradas, como acontece en el caso bajo examen.

Concluyó en que la inclusión del nombre “Finca Flichman” en la etiqueta de la marca pretendida lejos de constituir un elemento diferenciador resulta un elemento que debilita el signo.

III.- El señor Juez de primera instancia, en su pronunciamiento de fs. 319/322 vta., hizo lugar a la demanda, declarando infundada la oposición deducida por Manuel Otero Ramos al registro de la marca “TIERRA DE ANTES FF FINCA FLICHMAN”, solicitada bajo Acta N°2.877.745 para distinguir productos de la clase 33 del Nomenclador Internacional, imponiendo las costas del juicio a la demandada.

IV.- La referida sentencia suscitó el recurso de la accionada (fs. 331 y vta.), cuyos agravios lucen a fs. 347/50 vta., los que fueran contestados a fs. 352/54. Median, además, recursos que se vinculan con la regulación de honorarios (fs. 324 y vta. y 329 y vta.) los que serán tratados por el Tribunal en conjunto a la finalización del presente Acuerdo.

V.- El agravio central puede resumirse en lo siguiente: el Magistrado le confiere mayor jerarquía al plano conceptual en el cotejo para concluir que la ausencia de toda posibilidad de confusión ideológica le otorga suficiente matiz diferenciador a las marcas en conflicto, omitiendo el principio general en la materia que afirma que basta la confundibilidad en uno de los planos del cotejo marcario -gráfico, fonético e ideológico- para que se justifique cohibir la coexistencia de marcas.VI.- Hallo conveniente advertir, con carácter previo, que para definir bien y legalmente la controversia de autos no habré de seguir a las partes en todos y cada uno de sus planteamientos, ni he de ceñir mis razones a considerar lo que ha sido articulado en aspectos jurídicos -ciertamente con el límite de no alterar los extremos de hecho-. En cuanto a que examinaré sólo lo “conducente” para la justa composición del diferendo, me atengo a la jurisprudencia de la Corte Suprema Nacional, que ha admitido como razonable esa metodología de fundamentación de las sentencias judiciales (confr. Fallos: 265:301; 278:271; 287:230; 294:466, entre muchos otros). Y con referencia a los argumentos en que sustentaré mi voto -sin considerarme constreñido por las exposiciones jurídicas de las partes-, sólo tengo que recordar que es deber de los jueces decidir de modo expreso y preciso las pretensiones deducidas en el juicio “calificadas según correspondiere por ley” (art. 163, inc. 6°, del Código Procesal).

VII.- Advierto que en la especie no existe lo que se denomina “similitud conceptual” entre las frases marcarias enfrentadas. La confusión ideológica deriva del mismo o parecido contenido conceptual de las marcas, consistente en la representación o evocación de una misma cosa, característica o idea, la que impide al consumidor distinguir una de otra (conf. OTAMENDI, J., “Derecho de Marcas”, cuarta edición actualizada, p. 154).

Por otra parte, no puedo soslayar la circunstancia, significativa por cierto, de que las frases enfrentadas están compuestas por vocablos de uso común.

Ello así, la Jurisprudencia ha señalado que la calidad de uso común en una clase puede derivar de la existencia de otras marcas registradas en esa clase que lleven la misma raíz o terminación, como también del hecho de que las radicales o desinencias sean evocativas de productos o de algunas de sus propiedades o de sus componentes o de su finalidad (conf.esta Sala, causas 8695/94 del 10.3.98; en el mismo sentido Sala I, causa 819 del 24.8.71; Sala III, causa 553/96 del 11.10.02); criterio que es enseñado también por caracterizada doctrina, como lo revela el siguiente párrafo: “son así denominadas (alude a las partículas de uso común) por una de dos razones, o por estar contenidas en varias marcas o bien por ser evocativas de producto o de alguna de sus características. Esto la hace del uso común porque cualquiera podría incluirla en una marca, siempre que fuera inconfundible de otras anteriores (confr. OTAMENDI, J., “Derecho de marcas”, 2ª. ed., p. 67, parágrafo 2.1.23).

No creo posible que el selecto público consumidor de vinos de alta gama pueda confundir el producto perteneciente a una bodega con el elaborado en otra bodega, y ello es así por cuanto este público consumidor en particular le otorga especial importancia a las principales bodegas, aún más allá del nombre que posean sus vinos, prefiriendo consumir en forma habitual sus productos por la confianza que deposita en el resultado final de su elaboración.

Asimismo me atrevo a afirmar que aún un neófito en esta materia no confundiría jamás el signo “TIERRA DE ANTES” con “TIERRA LOS ANDES” y “TIERRAS DEL ANDE”, pues la frase “TIERRA DE ANTES” posee, a mi entender, una gran potencia en su significado, lo cual provoca que ostente, aun tratándose de vocablos de uso común, una distinción singular por el uso de la palabra “ANTES”, la que le ofrece una remisión al pasado, a lo añejo y por ello no confundible con la cordillera o cualquier otro vocablo evocativo de la cadena de montañas, máxime cuando esta frase va acompañada de un diseño particular y del logo y nombre de la bodega:”FF FINCA FLICHMAN”.

Es menester recordar que la confusión ideológica deriva del significado común de las palabras, fuente del mismo contenido conceptual, y que sólo en ese caso habrá consumidores capaces de incurrir en confusión, extremo que no acontece en la especie.

Por no mediar confundibilidad, ninguno de los aspectos enunciados por el recurrente en su memorial de agravios merece favorable acogida, lo que me lleva a concluir en que sus productos no sufrirán la menor mengua por la irrupción en el mercado de la marca pretendida por la parte actora.

El criterio expuesto responde, en definitiva, a la necesidad de evitar la dispensa de una protección antifuncional y excesiva de una marca, usada para trabar las actividades de empresarios y comerciantes sin una finalidad digna de tutela judicial (confr. esta Sala, doctr. de las causas 2109 del 8.7.83 y 2078/96 del 27.8.96; Sala III, exp. nº 1835 del 7.3.2000).

VIII.- Por los fundamentos expuestos voto porque se confirme la sentencia apelada, con costas de ambas instancias a cargo del demandado, que ha resultado vencido (art. 68 del Código Procesal).

Los doctores Graciela Medina y Alfredo Silverio Gusman, por razones análogas a las expuestas por el doctor Ricardo Víctor Guarinoni, adhieren a su voto.

En virtud del resultado que instruye el Acuerdo que antecede, esta Sala RESUELVE: confirmar la sentencia de fs. 319/322 vta., con costas de ambas instancias a cargo del demandado (art. 68 del Código Procesal).

Teniendo en cuenta la naturaleza del asunto, y la extensión, calidad e importancia de los trabajos realizados, así como las etapas cumplidas por los profesionales intervinientes por la parte actora, elévase a la suma de ($.) los honorarios del doctor Héctor D. Palacio (h.) y confírmase los del doctor Diego F. Palacio, desde que sólo fueron apelados por altos (arts. 6, 7, 9, 19, 37 y 38 de la Ley 21.839, modificada por la Ley 24.432).

Por las tareas de Alzada, meritando el resultado del recurso, regúlase los honorarios del doctor Héctor D. Palacio (h.) en la suma de ($.). Y fíjase los de la doctora Natalia Montes en la suma de ($.), en su doble carácter de letrada y apoderada de la parte demandada (art. 14 del arancel vigente).

Regístrese, notifíquese y devuélvase.-

RICARDO VÍCTOR GUARINONI

ALFREDO SILVERIO GUSMAN

GRACIELA MEDINA