Condenan al arrendatario del predio lindante a resarcir al propietario de un colmenar, por los daños derivados de la muerte de las abejas luego de una fumigación.


03ec5c022b81d10b440063ecb6ea3201697952b3-679x350Partes:
Zengaro Juan José c/ Monsanto Argentina S.A.I.C. y otros s/ daños y perjuicios

Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil

Sala/Juzgado: H

Fecha: 3-mar-2016

Cita: MJ-JU-M-97767-AR | MJJ97767 | MJJ97767

Condenan al arrendatario del predio lindante -que contrató el servicio de fumigación aérea con glifosato- a resarcir al propietario de un colmenar, por los daños y perjuicios derivados de la muerte de las abejas y la consecuente pérdida de producción de miel. Cuadro de rubros indemnizatorios.

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Sumario:

1.-Corresponde atribuir responsabilidad objetiva de la empresa codemandada, arrendataria del predio lindante, que contrató de la codemandada el servicio de fumigación aérea de glisofato, por los daños y perjuicios causados al propietario de un colmenar para la producción de miel en un campo vecino, derivados de la muerte de las abejas de ochenta de sus colmenares como así también de las pérdidas de producción de miel, a causa del incorrecto uso del producto utilizado para la fumigación.

2.-Cuando se invoca el hecho de un tercero por el que no debe responder, como refleja el texto del nuevo Código Civil y Comercial, debe ser cabalmente probado por quien lo invoca y además de ser causa única, debe reunir los caracteres propios de la fuerza mayor, lo que no puede predicarse respecto del hecho que motivó esta litis, por haber sido contratado ese tercero -empresa fumigadora- por la responsable condenada en autos -arrendataria del predio-.

3.-La responsabilidad objetiva de la empresa demandada que causó el daño, emerge del régimen instaurado por el art. 2618 del Código Civil, en tanto el damnificado no tiene necesidad de probar la culpa del vecino, ni éste puede eximirse de responsabilidad acreditando que observó la máxima diligencia requerida por las circunstancias.

4.-El daño que se infiere in re ipsa, es aquel que no tiene otra explicación. Si se produjo la fumigación aérea, y a posteriori aparecieron las abejas muertas es correcto el razonamiento del sentenciante de grado de acudir a indicios y presunciones.

5.-Debe confirmarse la excepción de falta de legitimación activa opuesta por la empresa descubridora del glisofato -codemandada en autos- cuya patente expiró hace años, si la actora no demostró fehacientemente que el producto fabricado por dicha empresa haya sido el utilizado en la fumigación que causó el daño, máxime cuando hay muchas otras empresas que lo fabrican y de las pruebas periciales surge que la causa de la muerte de las abejas fue el mal uso del producto.

6.-Para que funciones la presunción del art. 1113 del CCiv. y recaiga sobre la empresa fumigadora codemandada la carga probatoria para eximirse de responsabilidad, corresponde a la víctima -propietaria de las abejas muertas- demostrar de alguna manera una relación de causalidad entre la supuesta acción nociva del producto y los daños y perjuicios que dice haber padecido. En consecuencia, aunque la norma referida invierta la carga de la prueba respecto de la culpa, el nexo de causalidad debe ser demostrado por quien invoca la existencia del hecho y la participación del accionado.

7.-Corresponde admitir el lucro cesante si de las pruebas colectadas (registro como productor agrícola) se puede colegir la existencia de un beneficio económico futuro (producción de miel) que el actor hubiese alcanzado de no haber mediado el suceso poco valioso (muerte de las abejas).

8.-Para cuantificar dicho resarcimiento debe medirse el daño en función de un tiempo razonable, que es el que hubiera demandado al actor reponer las abejas perdidas.

Fallo:

En Buenos Aires, a los 3 días del mes de marzo de 2016, hallándose reunidos los señores Jueces integrantes de la Sala H de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil de la Capital Federal, a los efectos de dictar sentencia en los autos: “Zengaro, Juan José c/ Monsanto Argentina S.A.I.C. y otros s/ Daños y perjuicios”, y habiendo acordado seguir en la deliberación y voto el orden de sorteo de estudio, el Dr. Kiper dijo:

Contra la sentencia dictada en primera instancia (fs. 1457/66), que hizo lugar a la demanda por la cual la actora reclamaba los daños y perjuicios derivados de la muerte de las abejas que habitaban 80 de sus colmenares, e hizo lugar a la excepción de falta de legitimación pasiva opuesta por la codemandada Monsanto Argentina SAIC, expresan agravios esta última a fs. 1505/7, la demandada Las Petuñas Semillas SA a fs. 1509/11, y el actor a fs. 1515/25. Este último contestó el traslado a fs. 1528/9 y a fs. 1530/2. A su vez, Monsanto SAIC contestó el traslado a fs. 1534/9.

Monsanto Argentina SAIC se agravia de que se hayan impuesto las costas por su orden a pesar de que se hizo lugar a la excepción de falta de legitimación. Señala que no realizó ninguna actividad ilícita, que no es la única empresa productora de glifosato, ni que haya comercializado el producto que causó el daño. Agrega que hay otras 63 empresas registradas para la producción de glifosato y que nada justifica la eximición de costas del actor.

La demandada Las Petuñas Semillas SA se agravia de que se le haya atribuido la responsabilidad del evento. Afirma que no se ha demostrado que la muerte de las abejas se deba a la fumigación realizada en su campo, ya que pudo haber otros motivos, tales como una enfermedad o un acto de vandalismo.Cuestiona el informe del bioquímico contratado por la actora, y agrega que el glifosato es inocuo para las abejas, y que la perito ingeniera agrónoma no es concluyente sobre la causa de la muerte. En segundo lugar, sostiene que, por aplicación del art. 1113 del Código Civil, el hecho se debe imputar a un tercero por el que no debe responder, en el caso la empresa De Diego Aeroaplicaciones, que tuvo a su cargo la fumigación aérea del campo.

Por su parte, el actor se agravia de que se haya eximido de responsabilidad a la demandada Monsanto. Realiza extensas consideraciones sobre la actividad que desarrolla esta empresa vinculada al cultivo de soja, transcribe argumentos expuestos en otros escritos, remite a informes de diversos investigadores y/u organismos, para sostener que se trata de una actividad sumamente nociva y peligrosa para la salud. También se expande sobre el herbicida y la semilla transgénica. Así, relata que el glifosato es un herbicida no selectivo de amplio espectro, desarrollado para eliminación de hierbas y de arbustos, en especial los perennes. Es un herbicida total. La aplicación de glifosato mata los vegetales en crecimiento que no poseen una variedad modificada de la enzima EPSP sintetasa debido a que suprime su capacidad de generar aminoácidos aromáticos. El glifosato es el principio activo del herbicida Roundup (nombre comercial producido por Monsanto, cuya patente expiró en 2000). Monsanto patentó en algunos países la soja transgénica resistente a glifosato, conocida como soja RR (RoundupReady), tecnología que permite la aplicación del herbicida en cobertura total sin afectar el cultivo. El uso masivo del herbicida ha sido objeto de controversia desde el punto de vista toxicológico y ambiental. En segundo lugar, considera insuficiente el monto fijado para resarcir los daños materiales, y cuestiona el rechazo de su reclamo por lucro cesante.

Cabe recordar que el actor, Juan José Zengaro, promovió esta demanda contra Monsanto SAIC, De Diego Aeroaplicaciones, y Las Petuñas S.A.por los daños y perjuicios sufridos por el hecho de haber muerto las abejas de 80 de sus colmenares.

Relató que era propietario de un colmenar para producción de miel en un campo sito a la altura del Km. 196 ½ de la Ruta Nacional 226. Que dicho campo es de propiedad de los Sres. Aldaz, quienes dieron en arrendamiento una parte del predio a la firma “Las Petuñas S.A.”, la que sembró un lote de soja en la temporada 2003/2004 lindante al colmenar. Expuso que Las Petuñas S.A. con fecha 27-1-04, contrató a la empresa “De Diego Aeroaplicaciones” para que mediante aplicación aérea de glifosato controlara las malezas del lote de soja sembrado. Que a raíz de ello y sin haber dado aviso a los vecinos, lo que hubiera permitido tomar alguna precaución sobre los colmenares y otros bienes, se roció con gran cantidad del producto la propiedad lindera ocasionando severos daños. Manifiesta que la fumigación trajo aparejada la muerte de 80 colmenares, la población de abejas ha muerto en su mayor parte y el efecto residual del producto hizo que la mortandad se extendiera durante los días siguientes al de la aplicación. Que la producción de miel de dichos colmenares se ha perdido totalmente, y reclama la pertinente indemnización.

El a quo tuvo por probado el hecho y la relación causal, lo que es controvertido en esta instancia por la codemandada Las Petuñas SA. No cuestiona la ocurrencia del hecho sino la causa de la muerte de las abejas, que considerando le es imputable al ser inocuo el producto utilizado. Esto se constató mediante la intervención del Escribano Jorge Marcelo D Alessandro el 13 de febrero de 2004(fs. ? 1359), quien dejó constancia que cerca de las colmenas había una gran cantidad de abejas muertas y otras en muy mal estado. Observó además que se había empezado a secar cardos y partes del pasto, agregando 12 fotos a fs.1370/1382 y el 17 de febrero de 2004 el aquí actor tomó muestras de abejas muertas y vivas, y de cera, para su análisis, las que fueron colocadas en cinco frascos de plástico lacrados con una cinta de papel con el sello y firma del notario, para su presentación en el laboratorio.

A lo expuesto se suma que: a) la declaración del testigo Marcelo Daniel Aldaz, prestada a fs.1007/1008, quien explicó que es el propietario junto con su hermano del campo en el que se encontraban las colmenas que murieron a raíz de una fumigación realizada por un avión; b) lo declarado por Gastón Alejandro Berterame a fs1009/1010, quien luego de explicar que era empleado del actor en apicultura, refiere que un día encontraron abejas muertas, y adentro de las colmenas, adentro del colmenar pasto seco, y se levantan los cajones y había un colchón de abejas muertas en el piso, y las que estaban vivas caminaban pero no levantaban vuelo.

En lo que respecta a la responsabilidad de la apelante, el juez tuvo en cuenta que: a) el caso debe resolverse por el factor objetivo emergente de la última parte del segundo párrafo del art. 1113 del Código Civil; b) existen indicios que permiten llegar a la presunción de que tal mortandad fue causada por la fumigación efectuada por los codemandados; c) La Licenciada en Ciencias Biológicas Viviana Beatríz Couste informó a fs. 1194 que: “la exposición de la totalidad de las colmenas a un producto que podría ser altamente tóxico y que fue aplicado probablemente en dosis superiores a la LD50 correspondientes para abejas, habría provocado un efecto agudo, de corto plazo (daño directo) generando la muerte de casi todas las abejas de las 80colmenas.Las condiciones meteorológicas registradas al momento de la fumigación (lluvias a las 5 de la mañana y humedad registrada) podrían haber incrementado el tiempo de exposición al producto y la época del año y momento del día en que se fumigó (época de calor, de floración, época de mucha actividad por parte de las abejas). Existió exposición al glifosato y absorción de glifosato; esto queda demostrado por la presencia de glifosato en tejidos y cera de las abejas analizadas”; d) La Ingeniera agrónoma designada de oficio informó que el glifosato “se puede aplicar pulverizando con equipos con mochila. La persona que lo aplica debe estar correctamente protegida. Lo aplica a pie, con la mochila a la espalda y pulverizando planta por planta”(fs. 1211).En el punto 6. F) indicó que “de acuerdo a la categoría que le corresponde en el Registro de Terapéutica Vegetal del SENASA el glifosato es considerado virtualmente no tóxico para abejas” (fs. 1215); e) el informe de la Dirección Nacional de Agroquímicos, Productos Veterinarios y Alimentos a fs. 990, según el cual todos los productos de uso agrícola, deben ser usados para el control de plagas en los cultivos para los que se encuentran autorizados, respetando las recomendaciones de uso que figuran en su etiqueta, tomando las medidas precautorias que en ella se indican y con el asesoramiento de un Ingeniero Agrónomo); f) en el punto 6 de fs. 1219, ante la pregunta sobre el análisis de laboratorio realizado sobre abejas muertas y restos de panal, que solo determina la existencia de glifosato cuyo resultado es 1,14 ppb, la perito concluyó que esta es la causa de mortandad de abejas en un colmenar.

La apelante Las Petuñas SA insiste en que el daño pudo haber sido causado por un acto de vandalismo o por enfermedad de los insectos, pero no hay ninguna prueba al respecto.

Por otro lado, afirma que las muestras fueron llevadas a un laboratorio particular y que se vio privada del control.Este argumento es insuficiente, pues no por ello cabe presumir la parcialidad del resultado. Tampoco ofreció una contraprueba sobre dicha muestra.

Es cierto que la perito afirma que el glifosato no es tóxico para las abejas. Si bien es un tema polémico (hay estudios contradictorios sobre el tema, muchos de ellos en Internet), también señaló la experta que no lo es si se usa en las cantidades adecuadas y siguiendo determinadas instrucciones, que en el caso pudieron no haber sido respetadas.

A mi modo de ver, se trata de un daño que se infiere in re ipsa, que no tiene otra explicación. Se produjo la fumigación aérea, y a posteriori aparecieron las abejas muertas. De ahí que es correcto el razonamiento del a quo de acudir a i ndicios y presunciones.

A mayor abundamiento, agrego que hay precedentes jurisprudenciales que han resuelto de la misma forma casos similares (Cámara Civil y Comercial Mar del Plata, sala 3ª, Errobidart, Juan Pablo v. Tirso Bilbao – Bilbao César Sociedad de Hecho, 16/03/2012;Juzgado de 1a Instancia en lo Civil, Comercial, Laboral, y de Minería de la V Circunscripción Judicial, Chos Malal, Rolny, Eleodoro D. c. Provincia del Neuquén, 20/02/2006,LLPatagonia 2006-349).

En su defensa, sostiene la demandada, invocando el referido art. 1113 del Código Civil, que ella contrató a un tercero para realizar la fumigación, por el que no debe responder. Eso es inaceptable pues cuando se invoca el hecho de un tercero como refleja ahora a texto expreso el nuevo Código Civil y Comercial, debe ser cabalmente probado por quien lo invoca y además de ser causa única, debe reunir los caracteres propios de la fuerza mayor, lo que no puede predicarse respecto del hecho que motiva esta litis, justamente por haber sido contratado dicho tercero por la responsable. Ello, sin perjuicio de las acciones de regreso que pudieren corresponderle.

No obstante, aunque ello no modifica la solución, discrepo con el encuadre jurídico realizado por el a quo.Coincido en que se trata de un supuesto de responsabilidad objetiva, pero entiendo que la responsabilidad emerge del régimen instaurado por el art. 2618 del Código Civil (ver mi voto en CNCiv, sala H, Pérez, Eduardo V. c. Lavadero Los Vascos, 16/11/1995, LA LEY 1996-C-719, con nota de Néstor Amílcar Cipriano, DJ 1996-2-440). Se trata de un supuesto de responsabilidad objetiva, en tanto el damnificado no tiene necesidad de probar la culpa del vecino, ni éste puede eximirse de responsabilidad acreditando que observó la máxima diligencia requerida por las circunstancias.

En suma, por los argumentos expuestos, propongo que se confirme la atribución de responsabilidad a Las Petuñas SA.

Debo examinar a continuación los extensos agravios del actor vinculados a la eximición de responsabilidad de la empresa Monsanto, descubridora del glifosato, cuya patente expiró en el año 2000.

La apelación no puede ser admitida. El actor transcribe investigaciones y denuncias sobre la actividad nociva que despliega dicha empresa, así como la existencia de causas judiciales y normas administrativas.

Lo cierto es que en el presente caso no se ha demostrado que un producto fabricado por dicha empresa (hay muchas otras que lo fabrican) haya sido utilizado en la fumigación que motiva esta Litis. Y, aún así, se ha informado por los peritos que la causa de la muerte es el mal uso del producto, lo que excede este pleito.

Es como si en una demanda por los daños resultantes de un homicidio, se demandara también al fabricante de la pistola utilizada.

Es de remarcar que la prueba de la relación de causalidad, esto es, la conexión entre el hecho y un cierto resultado, incumbe a la víctima que sostiene la pretensión, sin que quepa presumirla, ya que la acreditación del daño y la relación causal, cuando menos en su fase primaria, puramente material, incumbe a su pretensor (conf. art. 377 del Código Procesal). Es que para que funcione la presunción emergente del art.1113 del Código Civil y recaiga sobre la empresa demandada la carga de la prueba para eximirse de responsabilidad, debe la víctima de alguna manera demostrar una relación de causalidad entre la supuesta acción nociva del producto y los daños y perjuicios que dice haber padecido. Y ello así pues, aunque la mencionada norma invierta la carga de la prueba respecto de la culpa, el nexo de causalidad debe ser demostrado por quien invoca la existencia de hecho y la participación del accionado.

El actor debió probar un “vicio”, defecto de fabricación o funcionamiento del producto que lo hace impropio para su destino normal, tornándose potencialmente dañoso no obstante su uso o consumo adecuado. De modo que entrarían en juego todas las cuestiones a las que genéricamente se denominan “responsabilidad por productos”.

En el caso, ni siquiera se sabe si el producto utilizado en la fumigación fue fabricado por Monsanto. La prueba colectada, por el contrario, pone bien a las claras la existencia de múltiples factores que, más allá de las bondades del producto aplicado, pudieron incidir en la muerte de las abejas. Tales factores adicionales, en ausencia de mejor prueba concreta, sólo autorizan a conjeturar.

Propongo entonces que se confirme este aspecto del fallo.

Como contrapartida, Monsanto se queja de que se hayan impuesto las costas por su orden, a pesar del rechazo de la demanda promovida en su contra. El actor aportó material que revela la polémica que existe en torno a la actividad de la apelante, así como su eventual nocividad a la salud y al ambiente. También es cierto que otros estudios afirman lo contrario. Esto excede el marco del presente juicio, pero sí me es útil para decidir que el actor pudo creerse razonablemente con derecho a demandar como lo hizo.

Entiendo que esta decisión también debe ser confirmada.

Resta examinar los agravios del actor en cuanto a los daños reclamados.En cuanto al daño material, se agravia de que se hayan fijado valores históricos, que no guardan relación con los costos actuales de un colmenar y del núcleo de crías. Este agravio no puede prosperar ya que, por un lado, se trata de lo reclamado en el escrito de demanda y probado en autos. El apelante efectúa conjeturas sobre los valores actuales, que no encuentran respaldo en las constancias de la causa. Por otro lado, no está admitida la indexación y, por último, la tasa activa de interés procura compensar el deterioro del valor de la moneda.

En cuanto al lucro cesante, se queja del rechazo del rubro por parte del a quo.

Considero que le asiste razón, máxime al haberse acreditado que se encuentra registrado como productor apícola, así como la muerte de las abejas. Entiendo que existe un beneficio económico futuro que posiblemente se hubiese alcanzado de no haber mediado el suceso poco valioso. Es evidente la frustración efectiva de ingresos válidamente esperados atribuible a la conducta de la accionada. Para ser admitido, el lucro cesante requiere prueba adecuada, la que si no llega a ser cabal e incuestionable, debe alcanzar al menos, determinados límites que habiliten al magistrado a acudir a las facultades que el artículo 165 del CPCCN le confiere (arts. 519 , 1068 , 1069 y conc. del Código Civil).

Claro que, a diferencia de lo argumentado, no puedo admitir el resarcimiento de 12 años de cosecha, que es el tiempo que lleva este juicio, sino que debe medirse el daño en función de un tiempo razonable, que es el que le hubiera demandado al actor reponer las abejas perdidas.

El testigo Berterame, única prueba tendiente a demostrarlos valores reclamados, cuya declaración obra a fs. 1009/1010, informó que una colmena vale entre $ 450 y $500, que produce entre 40 y 45 kgs. de miel.Además, explicó que se les saca la cera, propóleo, jalea real, cuyos productos poseen valor comercial, el kilo de cera vale $ 13, el gramo de jalea $ 10, y el propóleo entre $ 7 y $ 8.

Por este rubro se reclamó en el escrito de demanda la suma de $ 33.200. El actor explicó que por año normal cada colmena produce 80 kg de miel, y que a la fecha del daño el precio era de $5,20 por Kg. Sin embargo, el testigo antes citado indicó que se producía la mitad de kilogramos de miel por año. Teniendo en cuenta estos datos, y en ejercicio de las facultades que me otorga el art. 165 del CPCCN, que debo ejercer con prudencia, sugiero fijar la compensación del lucro cesante en la suma de $20.000.

Por todo lo expuesto, voto para que se modifique la sentencia apelada, se agregue a la condena la cantidad de $20.000 en concepto de lucro cesante, y para que se la confirme en todo lo demás que decide. Las costas de esta instancia se imponen a la codemandada Las Petuñas SA, excepto en lo que respecta a la apelación de Monsanto SA y del actor por la eximición de esta última, las que se imponen en el orden causado.

La Dra. Abreut de Begher dijo:

Adhiero a las consideraciones expuestas por el Dr. Kiper en su voto, proponiendo la solución allí indicada.

El Dr. José Benito Fajre dijo:

Adhiero a las consideraciones expuestas por el Dr. Kiper en su voto, proponiendo la solución allí indicada.

Con lo que se dio por finalizado el acto, firmando los señores Jueces por ante mí de lo que doy fe.-

Fdo.:

José Benito Fajre.

Liliana E. Abreut de Begher.

Claudio M.Kiper.-

Buenos Aires, de marzo de 2016.-

Y VISTO, lo deliberado y conclusiones establecidas en el acuerdo transcripto precedentemente, por unanimidad, el Tribunal decide:

I.- Modificar parcialmente la sentencia apelada, agregándosele a la condena la cantidad de $20.000 en concepto de lucro cesante; debiendo confirmarse el fallo en todo lo demás que decide y fue materia de agravios. Las costas de esta instancia se imponen a la codemandada Las Petuñas SA, excepto en lo que respecta a la apelación de Monsanto SA y del actor por la eximición de esta última, las que se imponen en el orden causado.

II.- En atención a lo dispuesto por el artículo 279 del Código Procesal, corresponde dejar sin efecto las regulaciones efectuadas en la instancia de grado y establecer los honorarios de los profesionales intervinientes adecuándolos a este nuevo pronunciamiento.

En lo que se refiere a la base regulatoria, este Tribunal considera que, de conformidad con lo establecido por el art. 19 de la ley 21.839, debe considerarse como monto del proceso a los fines arancelarios al capital de condena con más los intereses reclamados y reconocidos en la sentencia (autos “Prevención Aseguradora de Riesgos del Trabajo SA c/Medina Juan José y otros s/cobro de sumas de dinero” del 27/09/11).

Sentado lo anterior se tendrá en cuenta el objeto de las presentes actuaciones y el interés económicamente comprometido resultante del capital de condena y sus intereses, naturaleza del proceso y su re sultado, etapas procesales cumplidas, y el mérito de la labor profesional apreciada por su calidad, eficacia y extensión, considerando además lo dispuesto por los artículos 1, 6, 7, 9, 10, 19, 33, 37, 38 y concs. de la ley 21.839 -t.o. ley 24.432-.

En consecuencia, regúlase en conjunto el honorario de los Dres. Fernando Juan Galazzi y Donato Notarfrancesco, letrados apoderados de la actora en la primera y segunda etapa del proceso, en la suma de ($.).

Los de los Dres. Marcelo Fabián Hamui y Sebastián A.Selaya, letrados apoderados del codemandado Monsanto SACI, en la suma de ($.), en conjunto, por sus actuaciones en las tres etapas del proceso.

Los de los Dres. Jorge Ricardo Dames, Patricia Claudia Figoni y Andrea Silvina Vaca, letrados apoderados de los demandados de Diego, en la suma de ($.), en conjunto, por sus actuaciones en la primera y segunda etapa del proceso.

Los del Dr. Fabio Sergio Ciurca, letrado apoderado de la demandada Las Petunias Semillas S.A., en la suma de ($.), por su actuación en la primera y segunda etapa del proceso.

Los del Dr. Agustín Matías Acuña, letrado apoderado de la citada en garantía La Meridional Compañía Argentina de Seguros S.A., en la suma de ($.).

III.- En cuanto a los honorarios de los peritos, se tendrá en consideración el monto del proceso conforme lo decidido precedentemente, la entidad de las cuestiones sometidas a los dictámenes de los expertos, mérito, calidad y extensión de las tareas, incidencia en la decisión final del litigio y proporcionalidad que deben guardar sus honorarios con los estipendios regulados a favor de los profesionales que actuaron durante toda la tramitación de la causa (art. 478 del CPCC).

Por lo antes expuesto se regulan los honorarios de las peritos: bióloga Viviana B. Cousté e ingeniera agrónoma Amalia Hermitte, en la suma de ($.) para cada uno de ellos.

IV.- Respecto a los honorarios de la mediadora, esta Sala entiende que a los fines de establecer sus honorarios corresponde aplicar la escala arancelaria vigente al momento de la regulación (cfr. autos “Brascon, Martha Grizet Clementina c. Almafuerte S.A. s/ds. y ps.”, del 25/10/2013).

En consecuencia, ponderando el monto del proceso y lo dispuesto por el Dec. 2536/2015, Anexo I, Art. 2°, Item f), se fija el honorario de la Dra. Cecilia Elsa Marcos, en la suma de ($.).

V.- Por su actuación en la etapa recursiva que culminó con el dictado de la presente sentencia definitiva, regúlase el honorario del Dr. Fernando Juan Galazzi en la suma de ($.). Los del Dr. Marcelo Fabián Hamui en la suma de ($.). Los de la Dra. Gisele Boüllon, en la suma de ($.). (art. 14 del Arancel).

Regístrese, comuníquese a la Dirección de Comunicación Pública dependiente de la CSJN (conf. Ac. 15/13), notifíquese y oportunamente, devuélvase.-

Fdo.:

José Benito Fajre.

Liliana E. Abreut de Begher.

Claudio M. Kiper.-