Autorizan la supresión del apellido paterno

BULLYINGPartes: F. A. G. s/ información sumaria

Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil

Sala/Juzgado: B

Fecha: 11-ago-2014

Cita: MJ-JU-M-87927-AR | MJJ87927 | MJJ87927

Se autoriza la supresión del apellido paterno solicitado por el actor, pues, deviene justo autorizarlo a plasmar en su documentación su verdadera identidad.

Sumario:
1.-Procede autorizar la supresión del apellido paterno solicitada por el hijo, considerando que conoció a su padre biológico recién a los 4 años de edad, cuando fue reconocido legalmente y comenzó un vínculo con él, que perduró únicamente por algunos meses de forma continua, y algunos meses más de modo esporádico; sin haberse hecho cargo luego el progenitor de ninguna de las obligaciones que implica la paternidad, máxime si el demandado se allanó a la pretensión reconociendo la inexistencia de relación con su hijo.

2.-El nombre de las personas es su medio de identificación dentro de la sociedad, y se compone del prenombre o nombre de pila, que es el elemento característicamente individual de la designación, y del apellido, que consiste en la designación común de los miembros de una misma familia o estirpe y que cada individuo lleva en razón de pertenecer al grupo al que corresponde ese apelativo. Es un atributo de la personalidad y a la vez una institución de policía civil, ya que tiende tanto a proteger derechos individuales cuanto los que la sociedad tiene en orden a la identificación de las personas.

3.-Uno de los caracteres del nombre de las personas físicas es su inmutabilidad; por ello, después de asentados en la partida de nacimiento el nombre y el apellido no podrán ser cambiados o modificados, sin embargo, esta limitación no es absoluta, dado que se admite el cambio o modificación mediante resolución judicial cuando existan justos motivos, que deben ser apreciados según las circunstancias de cada caso. Motiva el reclamo del actor, el poder transmitir el apellido a sus futuros descendientes, pues es la denominación que quiere elegir como identificatoria de su prole, pretensión ésta que es absolutamente legítima y justificada.

4.-No se trata de que el accionante pretenda borrar su historia, sino que su proyecto de descendencia lo motivan a resignificar la historia familiar, pues, el actor pretende reivindicar para sí el apellido que identifica a su madre y que es el que tuvo en sus primeros años de vida y ostenta también actualmente, pues lo ha seguido utilizando desde el reconocimiento paterno, y dicha progenitora ha constituido su único lazo familiar constante y permanente; en una palabra, su familia.

Fallo:

Buenos Aires, 11 de agosto de 2014. (sb)

VISTOS Y CONSIDERANDO:

I. A fs. 104/106 el Sr. Juez de primera instancia rechazó la acción impetrada por G. H. F. A. dirigida a suspender su apellido paterno. Contra dicha decisión interpuso recurso de apelación el accionante a f. 108, agregando el memorial con sus agravios a f. 110/114. El recurrente centra sus quejas en el error en el que habría incurrido el a quo a la hora de valorar la prueba pericial psicológica, la que -según dice– abona sobradamente la existencia de los «justos motivos» que la ley exige para el cambio de nombre. A fs. 118/119 dictamina el Sr. Fiscal de Cámara, propiciando -con base en el dictamen del idóneo psicólogo y la prueba testimonial del expediente– se revoque la sentencia de grado y se haga lugar a la petición del demandante.

II. Las actuaciones tienen su origen en la demanda de fs. 6/11, en la que G. F. A. solicitó se suprima de su apellido compuesto aquél correspondiente a la familia paterna; esto es, «F.». Relató que nació de la unión en aparente matrimonio de su madre, R. E. B. A., con L. A. F.; quien sin embargo no lo reconoció al momento de su nacimiento (tal como acredita con la partida original glosada a f. 4). Agrega que conoció a su padre biológico recién a los 4 años de edad, cuando fue reconocido legalmente y comenzó un vínculo con él, que perduró únicamente por 16 meses de forma continua, y algunos meses más de modo esporádico; sin haberse hecho cargo luego el progenitor «de ninguna de las obligaciones que implican la paternidad» (ver f. 7).

A f. 23 se presentó L. A. F., y se allanó a la pretensión del actor de suprimir el apellido paterno, reconociendo la inexistencia de relación con su hijo. A su vez, a fs. 79/81 declaran los testigos ofrecidos por el peticionante; entre ellos, A. N.L., quien manifestó ser amiga de la madre del pretensor y conocerlo en consecuencia desde que nació. Esta persona informó que al Sr. F. «nunca le interesó si G. vivía o no, si comía o no»; que «G. una vez lo buscó a su papá.conversaron y quedaron en verse pero nunca más apareció» (ver f. 79). En idéntico sentido declaró la Sra. M., vecina del accionante desde que éste contaba con apenas meses de vida, quien sostuvo que había visto al Sr. F. sólo unas cuantas veces en la casa de R. A. Finalmente, a f. 80 depone el testigo P., quien fuera compañero de secundaria del peticionante, y aseveró que nunca vio ni conoció al padre de su amigo, enterándose de su existencia a raíz de mencionarle G. la necesidad de una autorización de salida del país de su progenitor.

A fs. 82/87 se encuentra glosada la experticia psicológica, en la que el idóneo concluye que «el Sr. F. A. ha pasado por experiencias de privación emocional.de origen antiguo y puede ser el resultado de una necesidad de cercanía.los sucesos que promueven el presente estudio han tenido para la subjetividad del Sr. F. A. suficiente entidad para agravar rasgos de su personalidad de base y evidenciar un estado de perturbación encuadrable en la figura del daño psíquico»; y agregó que el abandono sufrido por el actor es compatible con el concepto psicológico de trauma.

III. De modo preliminar, cabe señalar que el nombre de las personas es su medio de identificación dentro de la sociedad, y se compone del prenombre o nombre de pila –que es el elemento característicamente individual de la designación– y del apellido –que consiste en la designación común de los miembros de una misma familia o estirpe y que cada individuo lleva en razón de pertenecer al grupo al que corresponde ese apelativo– (conf. Rivera, Julio César, «Nombre de las personas naturales», en Belluscio – Zannoni, «Código Civil Comentado», T° 1, pág.359). El nombre constituye un atributo de la personalidad y a la vez una institución de policía civil, ya que tiende tanto a proteger derechos individuales cuanto los que la sociedad tiene en orden a la identificación de las personas (conf. Rivera, ob. cit., pág. 386).

En virtud de ello, se ha sostenido que uno de los caracteres del nombre de las personas físicas es su inmutabilidad; y es en tal sentido que el art. 15 de la ley 18.248 dispone que después de asentados en la partida de nacimiento el nombre y el apellido no podrán ser cambiados o modificados. Sin embargo, esta limitación no es absoluta, dado que el mismo precepto admite el cambio o modificación mediante resolución judicial cuando existieran justos motivos. He aquí el verdadero quid del caso, pues debemos establecer si se dan en el particular aquéllos «justos motivos», que -bien se ha dicho– deben ser apreciados según las circunstancias de cada caso, y ponderando los valores en juego protegidos por la mencionada regla general, frente a las motivaciones que fundan la pretensión de conmoverlo (ver, esta Sala, «Puppo Valeria s/ información sumaria», 17/04/2007, R 473.008).

Es que frente al orden y seguridad que inspira el principio de la inmutabilidad del nombre, pueden hallarse otros no menos atendibles que, aun cuando respondan a intereses particulares, puedan merecer la tutela del orden jurídico, siempre que no se conmueva la esencialidad de dicha regla, considerada fundamental en la materia (conf. CNCiv, sala F, L.L. 1987-E-184).-

IV. El decisum en crisis ha hecho hincapié en que el apellido del padre del actor «carece de toda connotación más allá de la que erradamente le atribuye el peticionario» dado que «son las características de la personalidad del Sr. F. A. las que le han dado una trascendencia a este hecho que carece de conexión con la realidad y obedece a interpretar ciertas circunstancias del mundo que lo rodea de modo equivocado» (ver f. 105vta); pretendiendo ocultar, modificar o torcer la realidad (ver f.106).

Ahora bien, nuestro ordenamiento jurídico se asienta sobre el principio de supremacía constitucional, que coloca a la Constitución Nacional en la cima de la pirámide normativa y obliga a adecuar y subordinar las restantes fuentes del ordenamiento a sus lineamientos dogmáticos. A luz de la última reforma constitucional, en la cúspide de la mencionada pirámide normativa se encuentra, en efecto, el bloque de constitucionalidad federal compuesto por la Constitución Nacional y los tratados con jerarquía constitucional, entre los que se encuentran numerosos instrumentos que tutelan el derecho a la identidad y protegen la familia (arts. 11 y 17, Convención Americana sobre Derechos Humanos, y artículos V y VI, Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre). Son estos derechos fundamentales reconocidos en las señaladas convenciones los que deben sin hesitación guiar nuestra interpretación del alcance de los «justos motivos» señalados en la ley.

En la resolución en recurso, el a quo interpreta la identidad de un modo tal que gravita fundamentalmente en la identidad biológica. Un criterio semejante, a pesar de que en ocasiones ha tenido recepción jurisprudencial, ha sido puesto en crisis por insoslayables esfuerzos doctrinarios, jurisprudenciales y legislativos orientados a no limitar la identidad sólo a esta matriz, de manera de poder insertar de lleno el aspecto cultural y psicosocial; pues en la más moderna lectura de la conformación de la identidad se reconoce que no basta ser progenitor para ser padre, ni prole para ser hijo.

En efecto, padre y progenitor no son sinónimos, porque aquél contiene una carga sociocultural y jurídica de la que carece éste. En que padre es aquél que «cumple una función como representante de una ley ordenadora de las relaciones familiares; y es precisamente asumiendo esa ley sociológica que el padre es el promotor de vínculos donde rige el afecto, permitiendo el equilibrado crecimiento del hijo; el promotor que habilita el acceso de éste a la cultura y da cauce a la normalidad psíquica.Por eso, bien se ha dicho que la paternidad anuda un vínculo predominantemente social y cultural, y se asienta en razones de profunda comunicación intelectual y moral, de continuidad personal y de responsabilidad asistencial» (ver Mizrahi, Mauricio Luis, «Legitimados para impugnar la paternidad matrimonial», en Revista de Derecho de Familia Lexis Nexos, Marzo/Abril de 2007, pág. 126).

En el sentido indicado, se debe tener en cuenta la importancia que revisten las palabras y que su correcto empleo resulta fundamental si nuestra aspiración real reside en poner fin a la rémora que significa la sumisión axiomática a la llamada verdad biológica (ver Mizrahi, op. cit., pág. 125). Es que cuando no existe una voluntad orientada al reconocimiento y establecimiento del vínculo-como en el caso de las técnicas de reproducción asistida- el dato genético pasa a ser mera información sobre el origen de las personas. En los casos en que, por el contrario, además de la condición de progenitores biológicos existe también una historia, un relato, es innegable que éste forma parte de la identidad de las persona tiene derecho a conocer, pues constituye su biografía, que debe ser reconocida por el derecho (ver Kemelmajer de Carlucci, Aída – Herrera, Marisa – Lamm, Eleonora, «Filiación derivada de la reproducción humana asistida. Derecho a conocer los orígenes, a la información y al vínculo jurídico», LL 09/10/2012).

En el particular, es precisamente esa historia personal, que el presentante conoce y expone ante nosotros, el motivo central que impulsa su petición. Al respecto, no hemos de coincidir con las apreciaciones del juez de grado. Es que no se trata de que el accionante pretenda «borrar» su historia, sino que -como expresara al profesional psicólogo- su pareja y proyecto de descendencia lo motivan a resignificar esa historia familiar.No puede obviarse que el actor pretende reivindicar para sí el apellido que identifica a su madre y que es el que tuvo en sus primeros años de vida y ostenta también actualmente, pues lo ha seguido utilizando desde el reconocimiento paterno, formando entonces un apellido compuesto; el de «F. A.». Es que dicha progenitora ha constituido su único lazo familiar constante y permanente; en una palabra, su familia. También es central señalar que motiva su reclamo el poder transmitir el apellido «A.» a sus futuros descendientes, pues es la denominación que quiere elegir como identificatoria de su prole. Pretensión ésta que estimamos absolutamente legítima y justificada.

A mayor abundamiento, podría decirse que el proyecto de reforma del Código Civil y Comercial de 2012, en su art. 64, se ha hecho eco de la posibilidad de las personas de elegir el apellido de cualquiera de los progenitores como apellido de los hijos, en sintonía asimismo con los parámetros de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la Mujer que integra el mentado bloque de constitucionalidad federal.

Recuérdese, a su vez, que a la luz del art. 19 de la Constitución Nacional, todas las personas poseen un ámbito de libertad individual para adoptar libremente las decisiones fundamentales de su vida, sin interferencia alguna por parte del Estado o de los particulares, en tanto dichas decisiones no violen derechos de terceros. Allí se plasma el principio de autonomía personal que valora la elección de los planes de vida y veda interferencias basadas en ideales de perfección humana (Nino, Carlos Santiago, «Fundamentos de Derecho Constitucional», ps. 331/332, Ed. Astrea, Bs.As., 1992). En palabras de nuestro Máximo Tribunal, la norma refleja «la prerrogativa según la cual pueden disponer de sus actos, de su obrar, de su propio cuerpo, de su propia vida, de cuanto les es propio [.] esta facultad de obrar válidamente libre de impedimentos conlleva la de reaccionar u oponerse a todo propósito, posibilidad o tentativa por enervar los límites de esa prerrogativa [.] La estructura sustancial de la norma constitucional está dada por el hombre, que despliega su vida en acciones a través de las cuales se expresa su obrar con libertad. De este modo, vida y libertad forman la infraestructura sobre la que se fundamenta la prerrogativa constitucional que consagra el art. 19, CN» (CSJN, in re Bahamondez, Fallos 316:479, voto de los Dres. Fayt y Barra, citado por la mayoría in re Albarracini Nieves, 01-06-2012, Fallos 335:799).

En función de los principios reseñados, no resultaría constitucionalmente aceptable que una resolución judicial privilegie fines estatales de mera conveniencia -la inmutabilidad relativa del nombre- que no pueden sino ceder ante derechos fundamentales como los que se acaban de explicitar. Así las cosas, deviene justo autorizar al actor plasmar en su documentación su verdadera identidad, que está constituida más allá de la mera realidad genética o cromosómica. Como bien se ha dicho «la identidad está configurada por un conjunto de eslabones que se unen para permitir la proyección social de la persona. La identidad, se despliega en el tiempo; se forja en el pasado, pero, traspasando el presente existencial, se proyecta al futuro.» (Fernandez Sessarego, Carlos, «Derecho a la Identidad Personal», Editorial Astrea, Buenos Aires, 1992, p. 15 y ss).

VI. En mérito a lo reseñado precedentemente, de conformidad con el dictamen del Sr. Fiscal de Cámara, SE RESUELVE: 1) Declarar procedente el recurso de apelación interpuesto y, en consecuencia, revocar la resolución de fs. 104/106; autorizando el pedido de supresión del apellido paterno, debiendo realizarse en la instancia de grado los trámites a tal fin. Regístrese. Notifíquese al Sr. Fiscal de Cámara en su despacho y encomiéndese al juez de grado la notificación de la presente juntamente con la del auto que se dicte en los términos del art. 135, inc. 7° del Código Procesal. Sin perjuicio de ello, publíquese (Ac. 24/2013).

  1. Buen dia, precisaria saber como se realiza el pedido de eliminacion del apellido paterno, muchas gracias.

  2. Carla florencia barreto 13 enero 2017 at 12:53 AM

    Hola quisiera saber si esto se puede aplicar en menores. Quiero ponerle a mi hijo de tres años mi apellido. Dado a q hice lo imposible para q su papá sea responsable pero no lo logré. Estoy separada hace casi tres años
    Y lo unico q recuerdo de las veces q se lo llevo es q mi hijo viene sin comer. Su papá se droga y mas de una vez lo hizo delante suyo. Ademas de q se quiso suicidar delante nuestro. No creo q sea una relacion sana para el. Es algo q me inquieta por q se que no va a cambiar. Por esos motivos,y por que mi hijo se niega a verlo quisiera q sacarle su apellido y ponerle el mio. Y que eñ no tenga nada que reclamar,puesto a que lo obliga varias veces a irse con el. Espero sepan entenderme.

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