Crimen de la estudiante chilena: procesamiento con prisión preventiva del acusado por el delito de homicidio agravado por odio de género.

shutterstock_146869226Partes: L. A. A. s/ homicidio agravado por ensañamiento –

Tribunal: Juzgado Nacional en lo Criminal de Instrucción

Sala/Juzgado: 13

Fecha: 25-nov-2014

Cita: MJ-JU-M-89863-AR | MJJ89863 | MJJ89863

Crimen de la estudiante chilena: procesamiento con prisión preventiva del acusado por el delito de homicidio agravado por odio de género.

Sumario:

1.-Corresponde disponer el procesamiento con prisión preventiva del encartado por considerarlo prima facie autor penalmente responsable del delito de homicidio agravado por odio de género (art. 80, inc. 4° CPen.), pues debe atenderse al escaso lapso que duró el hecho desde que empezó la persecución de la víctima, dato que descarta por completo que el ataque haya estado precedido por un encuentro o contacto -siquiera mínimo- entre ellos que hubiese alentado a proponer la tesis del femicidio o feminicidio. A su vez debe repararse en la modalidad con la que se cometió el crimen, en punto a la rapidez con la que acuchilló a la víctima y fundamentalmente, respecto de la tipología de las lesiones que le ocasionó. La cuestión de tiempo descarta que hubiera existido la posibilidad de hablar del contexto de violencia de género que exigen las previsiones del art. 80, inc. 11º CPen y, a su vez, la cantidad de heridas sin riesgo de vida y que una haya estado dirigida hacia el rostro -en tanto símbolo de la belleza femenina-, llevan a la persuasión de que las puñaladas fueron realizadas con odio de género.

2.-El homicidio en los términos del art. 80 inc. 4° se trata de una agravante de ‘innegable corte subjetivo’ en clara diferenciación con la índole objetiva que se le puede asignar al homicidio calificado del femicidio o feminicidio que, doctrina especializada ha definido como la muerte de una mujer en un contexto de violencia de género.

3.-Para tener por acreditado el femicidio o femenicidio debe probarse que el homicida y la damnificada, antes de la muerte, debieron haber tenido un encuentro desarrollado en el tiempo -aunque fuera en un lapso corto? para que esa relación enfermiza pudiera haberse materializado (en el caso, se decretó el procesamiento del imputado por infracción al art. 80 inc. 4° del CPen.).

4.-Al dolo homicida en el que abrevan en común las agravantes previstas en los incs. 4° y 11° del art. 80 del CPen., se le adita un requisito subjetivo (motivación) en el homicidio por odio de género, y un requisito objetivo (contexto/medio) en el femicidio o feminicidio (en el caso, se decretó el procesamiento del imputado por infracción al art. 80 inc. 4° del CPen.).

5.-El concepto de ‘violencia de género’ es una noción que, a diferencia de la idea de ‘odio de género’, no repara en la cuestión biológica de la condición orgánica masculina o femenina de hombres y mujeres, sino en el aspecto cultural de la construcción de roles derivada de las estructuras sociales de naturaleza patriarcal, en las que un aprendizaje cultural de signo machista ha consagrado desigualdades sensibles entre una ‘identidad masculina’ y un subordinado conjunto de rasgos inherentes a lo femenino (en el caso, se decretó el procesamiento del imputado por infracción al art. 80 inc. 4° del CPen.).

6.-En el caso de la agravante prevista en el inc. 4º del art. 80 del CPen., el odio es un sentimiento que el homicida viene alimentando en el tiempo con proyección general (hacia el género femenino); por el contrario, en el caso del inciso 11º el contexto de violencia de género -amén de la cuestión cultural latente y común al supuesto del odio-, tiene que ver con la coyuntura de una relación particular que el autor ha entablado, en un medio determinado, con una mujer luego devenida en víctima (en el caso, se decretó el procesamiento del imputado por infracción al art. 80 inc. 4° del CPen.).

7.-Mientras el homicidio por odio de género fue integrado a las agravantes ‘motivacionales’, el femicidio o femenicidio se trató de la flamante incorporación de la agravante rotulada como ‘situacional’ o ‘circunstancial’. El femicidio o feminicidio se ‘trata de un homicidio agravado por la condición del sujeto pasivo y por su comisión en un contexto ambiental determinado (en el caso, se decretó el procesamiento del imputado por infracción al art. 80 inc. 4° del CPen.).

Fallo:

N.R: Se advierte que este fallo no se encuentra firme.

Buenos Aires, 25 de noviembre de 2014.

AUTOS Y VISTOS:

Para resolver en la presente causa nro. 43.587/2014 del Registro de la Secretaría N° 140 y respecto de la situación procesal de L. A. A., titular del DNI XX.XXX.XXX, argentino, nacido el XX/XX/XXXX en X, soltero, hijo de R. C. y de M. M. G., empleado de la empresa “La Montavana”, domiciliado en X.

Y CONSIDERANDO:

A) La formación del sumario:

Las presentes actuaciones tienen su génesis el 15 de julio de 2014, a raíz de la prevención sumarial que efectuara el personal de la Comisaría 10ª de la Policía Federal Argentina (PFA).

B) La imputación:

Se le recibió declaración indagatoria al acusado en torno al hecho que a continuación se transcribe: “Haber provocado la muerte de N. T. S. B. por odio de género en su condición de mujer y mediando violencia de género, mediante el empleo de un elemento punzo cortante, hecho que tuvo lugar el día martes 15 de julio de 2014, alrededor de las 06:00, frente a la puerta de acceso al edificio de departamentos ubicado en la calle Don Bosco XXXX, CABA ?en cuyo departamento de la planta baja “3” vivía la víctima ?, en momentos en que ésta se disponía se disponía a ingresar al inmueble.

En tales circunstancias, el declarante por placer y aprovechándose del estado de indefensión de la víctima, le propinó a S. B. once lesiones de arma blanca en cara, cuello, tórax y miembro superior izquierdo, heridas que aumentaron el sufrimiento de la víctima, causándole padecimientos innecesarios, y que le provocaron una hemorragia interna y externa hasta causarle finalmente su muerte después de que atravesara la puerta de acceso e ingresara al hall de entrada del edificio.Una vez que logró su cometido, el agresor huyó por la calle Don Bosco hacia la calle Treinta y Tres Orientales y por esa arteria llegó a la Avenida Rivadavia en dirección a la Avenida La Plata, en donde luego de intentar parar un taxi, se escapó a pie. Previo al hecho, aproximadamente a las 05:40, el declarante salió de la boca de la Estación de Subte “Castro Barros” (Línea A), desde donde caminó hasta la esquina de Av. Rivadavia y Quintino Bocayuva y luego de esperar unos minutos merodeó por la zona, hasta regresar a la salida de la estación de subte. Allí aguardó a la víctima quien egresó de la estación a las 05:51, y siguió sus pasos hasta el lugar de los hechos. Que para llegar a su domicilio, S. B. cruzó la Avenida Rivadavia y caminó por ella hasta Quintino Bocayuva por la vereda par y finalmente giró en esta última calle hacia Don Bosco” (cfr. fs. 1770/74 y 2384/9).

C) Las pruebas:

En este apartado, serán enumeradas las constancias que hacen y conforman la plataforma fáctica de la que se nutre esta causa.

Es que, ellas resultan el medio de mayor relevancia en la tarea de reconstruir la realidad histórica de lo ocurrido, esto, previo a la ulterior ?aplicación del derecho mediante? resolución del caso. Es decir, primero los hechos, luego el derecho y finalmente, desde la comunión de ambos aspectos, la decisión judicial.

En este sentido, al decir de Clariá Olmedo, “Una correcta aplicación del derecho sustantivo tiene como presupuesto que se acredite a través del proceso el extremo material objetivo y subjetivo de la imputación” (cfr. Derecho Procesal Penal, Editorial Lerner, Córdoba, 1984, t. II, p. 387).

El detalle de las probanzas colectadas en la pesquisa es el siguiente: declaración testimonial del Ayudante M. A. de fs. 1/3 y 4/5; declaración testimonial de P. A. L. de fs. 7/8; declaración testimonial de C. A. P. P. de fs. 9/vta; declaración testimonial de M. P.de fs. 10/11; declaración testimonial de P. J. C. R. de fs. 12/vta; acta de allanamiento de fs. 22/23; constancia de fs. 44 y 45; declaración testimonial de A. C. F. de fs. 47/49; constancias de fs. 50/59; informe del Ministerio de Seguridad de fs. 60/61; informe de respuesta de la PFA de fs. 62/72autopsia de la Morgue Judicial de fs. 73/85; informe de Facebook de fs. 88/94; declaración testimonial de S. A. S. D. de fs. 98/101; declaración testimonial de S. P. B. C. de fs. 102/103; declaración testimonial del Sargento G. C. de fs. 107/vta; declaración testimonial del Sargento J. E. L. de fs. 114; informe de la División Dactiloscopía PFA de fs. 128/133; informe de B. X. S.A. de fs. 136/141; declaración testimonial de E. M. P. R. O. de fs. 152/154; declaración testimonial de P. C. D. R. de fs. 155/157; declaración testimonial de S. A. S. D. de fs. 158/159; informe de MoviStar de fs. 160; nota de fs. 165; declaración testimonial de D. C. de fs. 177/178; nota de fs. 209; informe de la División Homicidios PFA de fs. 212/vta; declaración testimonial de Y. E. L. C. de fs. 232/234; declaración testimonial de R. R. P. V. de fs. 235/237; informe del Ministerio de Seguridad de fs. 254/255; constancias de fs. 257/263; informe de la División Requerimientos Judiciales de Imágenes PFA de fs. 272/274; informe pericial de la División Laboratorio Químico PFA de fs. 287/288 y 292/303; informe del BBVA Francés de fs. 312; informe de la Unidad Criminalística Móvil PFA de fs. 313/318; declaración testimonial de C. A. P. P. de fs. 323; copia de contrato de locación de fs. 324/327; declaración testimonial de S. P. B. C. de fs. 329/330; informe de la División Rastros PFA de fs.332; informe del Centro de Monitoreo Urbano de fs. 337; informe de la División Requerimientos Judiciales de Imágenes PFA de fs. 339; informe pericial de la Unidad Médico Forense de Investigación Criminal de fs. 342/344; nota de A. S. S.A. de fs. 347; informe pericial de la División Laboratorio Químico PFA de fs. 350/352; declaración testimonial de S. A. S. D. de fs. 353/354; informe del 911 La Plata de fs. 355/361; vistas fotográficas de fs. 368/389; informe de Facebook de fs. 398/vta; nota de Banelco de fs. 399; informe de Telecom Personal de fs. 401; informe de Nextel de fs. 404; constancia de fs. 417/vta; declaración testimonial del Inspector L. N. de fs. 430/431; declaración testimonial de D. B. de fs. 449/450; declaración testimonial del Sargento J. E. L. de fs. 472/474; nota de B. X. S.A. de fs. 475; declaración testimonial del Agente P. R. A. de fs. 477/vta; nota de P. H. M. y Asoc. de fs. 478; declaración testimonial del Subinspector J. L. P. de fs. 484/vta; informes del Centro de Monitoreo Urbano de fs. 487 y 490; declaración testimonial del Subinspector J. L. P. de fs. 491/vta; declaración testimonial del Sargento J. E. L. de fs. 494/vta; imágenes de fs. 495/498; declaración testimonial del Inspector L. N. de fs. 499/500; imágenes de fs. 501/506; declaración testimonial del Inspector L. N. de fs. 507/vta; declaración testimonial del Subinspector J. L. P. de fs. 509/vta; informes de Metrovías de fs. 514/517 y 523; declaración testimonial del Subinspector J. L. P. de fs. 527/vta, 535/vta, 539/vta; imágenes de fs. 542/548; declaración testimonial del Subinspector J. L. P. de fs. 556/vta; declaración testimonial del Sargento J. E. L. de fs. 557/vta; imágenes de fs. 558/561; informes del Centro de Monitoreo Urbano de fs. 567 y 569; declaración testimonial del Sargento J. E. L.de fs. 570/vta; imágenes de fs. 571/572; declaración testimonial del Cabo 1° S. A. A. de fs. 580/vta; imágenes de fs. 581/583; declaración testimonial del Sargento J. E. L. de fs. 589/vta; imágenes de fs. 590; declaración testimonial del Subinspector J. L. P. de fs. 594/vta y 595/vta; declaración testimonial de P. A. Z. R. de fs. 618/621; declaración testimonial del Inspector L. N. de fs. 624/vta y 631/vta; declaración testimonial de S. A. S. D. de fs. 664/668; declaración testimonial del Subinspector J. L. P. de fs. 669/vta; informe de Nación Servicios S.A. de fs. 673/675; informe del Centro de Monitoreo Urbano de fs. 681; nota del Banco Santander Río de fs. 683; declaración testimonial del Inspector L. N. de fs. 687/vta; declaración testimonial del Subinspector J. L. P. de fs. 690/vta; nota de Nextel de fs. 697; declaración testimonial del Sargento J. E. L. de fs. 704/vta; declaración testimonial de D. B. de fs. 705/vta; declaración testimonial del Subinspector J. L. P. de fs. 706/vta; nota de HSBC de fs. 708/710; declaración testimonial del Sargento J. E. L. de fs. 711/712; imágenes de fs. 713/714; informe de Nación Servicios de fs. 721/785; declaración testimonial del Cabo 1° S. A. A. de fs. 786/788; nota de Metrovías de fs. 794/795; declaración testimonial de R. R. P. V. de fs. 796/798; declaración testimonial de Y. E. L. C. de fs. 800/802; acta de Individualización Criminal de fs. 807/808; declaración testimonial del Subinspector J. L. P. de fs. 809/810; informe de Telefónica de Argentina de fs. 812/821; nota de Telecentro de fs. 825; informe pericial de la División Laboratorio Químico PFA de fs. 836/838; informe de Telefónica de Argentina de fs. 839/840; nota de Telecentro de fs. 841; informe de Claro de fs.863/873; nota de Telecentro de fs. 874; declaración testimonial de S. A. S. D. de fs. 881/883; declaración testimonial de R. R. P. V. de fs. 888/vta; nota de la División Requerimientos Judiciales de Imágenes PFA de fs. 889; informe de la Morgue Judicial de fs. 892/898; nota de BBVA Francés de fs. 899; notas del Cuerpo Médico Forense de fs. 901 y 912; informe hispatológico del CMF de fs. 913/914; examen de alcoholemia de fs. 915/916; declaración testimonial de F. L. G. de fs. 917/vta; informe de Nación Servicios de fs. 918/926; informe de Telefónica de Argentina de fs. 927/928; informe de Nación Servicios de fs. 933/942; informe del Ministerio de Seguridad de fs. 943/944; informe de la División Homicidios PFA de fs. 954/956; informe de Telefónica de Argentina de fs. 957/961; informe de Telecom Argentina de fs. 966/967; informes del Centro de Monitoreo Urbano de fs. 969, 971 y 973; nota de Coto de fs. 975; informe de Facebook de fs. 976/977; informe de la Morgue Judicial de fs. 989/991; informe de Facebook de fs. 996/1068; nota del Banco Nación de fs. 1069; notas del B. P. de fs. 1071 y 1072; declaración testimonial de P. A. B. de fs. 1075/1076; informe de Telecom Personal de fs. 1079/1080; informe de Telecom Argentina de fs. 1081/1082; informes de Claro de fs. 1083/1085, 1086/1089 y 1090; informe de Telefónica de Argentina de fs. 1096/1122; informe de Nación Servicios de fs. 1134/1139; informe de Metrovías de fs. 1153; declaración testimonial del Cabo 1° S. A. A. de fs. 1154/vta; declaración testimonial de M. S. A. de fs. 1156/1157; declaración testimonial de M. A. H. de fs. 1158/1159; informe de Individualización Criminal de fs. 1163/1164; declaración testimonial del Subinspector J. L. P. de fs. 1171/1172; declaración testimonial de M. P. de fs.1178/1181; declaración testimonial del Inspector L. N. de fs. 1184/vta; declaración testimonial del Cabo 1° S. A. A. de fs. 1186/1187; nota de Coto de fs. 1208; declaración testimonial del Subinspector J. L. P. de fs. 1211/vta; informe de Nación Servicios de fs. 1218/1277; declaración testimonial del Inspector L. N. de fs. 1278/vta; constancias de fs. 1282/1286; nota de Coto de fs. 1289; declaración testimonial del Cabo 1° S. A. A. de fs. 1301/vta; declaración testimonial del Inspector L. N. de fs. 1309/vta y 1324; imágenes de fs. 1325; nota del Banco Galicia de fs. 1326, 1327, 1329 y 1330; informe del Banco Santander Río de fs. 1332; imágenes de fs. 1336/1353; declaración testimonial del Inspector L. N. de fs. 1365/vta; declaración testimonial del Sargento J. E. L. de fs. 1366/vta; legajo de Coto de fs. 1367/1398; declaración testimonial del Inspector L. N. de fs. 1399/vta; informe de la División Requerimientos Judiciales de Imágenes PFA de fs. 1426; declaración testimonial del Inspector L. N. de fs. 1446/1448; actas de fs. 1452/1453 y 1454/1455; informe médico legal de fs. 1456; acta de extracción de fs. 1457; declaración testimonial del Subinspector J. L. P. de fs. 1459/1460; actas de fs. 1464/1465 y 1466/1467; declaración testimonial del Subinspector J. L. P. de fs. 1468/vta y 1469/vta; informe de la UBA de fs. 1474/1475; constancias de fs. 1477/1517; declaración testimonial del Subinspector J. L. P. de fs. 1519/vta; informe pericial de la División Laboratorio Químico PFA de fs. 1528/1529; informe de la Morgue Judicial de fs. 1538/1545; informe pericial de la División Laboratorio Químico PFA de fs. 1553; informes del Cuerpo Médico Forense de fs. 1525, 1526 y 1528/1555; informe del Registro Civil del GCBA de fs. 1562/1563; informe pericial de la División Apoyo Tecnológico Judicial PFA de fs.1574/1581; informe de la División Homicidios PFA de fs. 1584/1592; constancia actuarial de fs. 1594; informe pericial de la División Laboratorio Químico PFA de fs. 1603; informe del Cuerpo Médico Forense de fs. 1648; informe de Migraciones de fs. 1649/1652; nota de la Morgue Judicial de fs. 1653; declaración testimonial de T. C. M.r de fs. 1662/vta; declaración testimonial de M. G. de fs. 1663/1664; informes de la División Laboratorio Químico PFA de fs. 1675/vta Y 1695/vta; informe de Nextel de fs. 1697; declaración testimonial de P. O. G. de fs. 1698/vta; informe de Telefónica de Argentina de fs. 1703; declaración testimonial del Subinspector J. L. P. de fs. 1713/1714; acta de detención de fs. 1726; acta de allanamiento de fs. 1727/1728; declaración testimonial de E. E. M. de fs. 1729; declaración testimonial de M. A. C. de fs. 1730; acta de secuestro de fs. 1732/vta; declaración testimonial de N. B. S. de fs. 1733; acta de detención de fs. 1734/vta; informe médico legal de fs. 1744; vistas fotográficas de fs. 1749/1752; informe médico legal de fs. 1766/vta; informe de evaluación psiquiátrica de fs. 1767/vta; informe de SUBE de fs. 1783; informe de la División Prensa PFA de fs. 1784/1785; informe médico de la Morgue Judicial de fs. 1786/1787; informe de la División Laboratorio Químico PFA de fs. 1810/vta; nota de la División Homicidios PFA de fs. 1812; nota de la División Tecnología Aplicada PFA de fs. 1813; nota de la División Homicidios PFA de fs. 4; informes médicos del CMF de fs. 1816/1818 y 1819/1821; informe del CMF de fs. 1822/1823; informes de Telefónica de fs. 1824, 1825/1828 y 1829/1830; informe de Nextel de fs. 1831; informes de Telefónica de fs. 1832/1838, 1839/1840 y 1841; informe de PRISMA de fs.1846/1847; acta de extracción de sangre de la Morgue Judicial de fs. 1848/1849; declaración testimonial de A. A. Z. de fs. 1866/1867; declaración testimonial de P. D. G. de fs. 1868/1870; informe de L. M. de fs. 1871/1896; declaración testimonial de B. R. V. de fs. 1898/1899; constancias de fs. 1900/1905; declaración testimonial de F. G. E. de fs. 1906/vta; declaración testimonial de D. M. C. de fs. 1908/1910; declaración testimonial de C. Y. S. de fs. 1912/1913; informe de la Morgue Judicial de fs. 1914/1922; informe de SUBE de fs. 1923/1932; informe técnico de la División Apoyo Tecnológico Judicial PFA de fs. 1933/1935; informe de Telecom Personal de fs. 1936/1942; informes técnicos de la División Apoyo Tecnológico Judicial PFA de fs. 1943/1950 y 1951/1953; informe de Telecom Personal de fs. 1954; informe de la División Laboratorio Químico PFA de fs. 1956; informe de la División Laboratorio Químico PFA de fs. 1962/vta; informe de la División Laboratorio Químico PFA de fs. 1965/vta; informe de MoviStar Chile de fs. 1969; declaración testimonial del Inspector L. N. de fs. 1979/1981; constancia de sf. 1985/2021; declaración testimonial de A. C. de fs. 2032/vta; declaración testimonial de R. S. F. de fs. 2045/2048; informe de PRISMA de fs. 2056/2057; declaración testimonial de P. A. L. de fs. 2081/vta; declaración testimonial de P. J. C. R. de fs. 2082/vta; informes de PRISMA de fs. 2093 y 2095; informe clínico de fs. 2096; declaración testimonial del Inspector L. N. de fs. 2099/2100; acta de reconstrucción de fs. 2101/vta; nota de División Fotografía Policial PFA de fs. 2104; nota de la Morgue Judicial de fs. 2133; informe radiológico de la Morgue Judicial de fs. 2134; informe médico del CMF de fs. 2135; declaración testimonial de M. I. P. de fs. 2136/2137; declaración testimonial de L. V.S. de fs. 2138/2140; nota de la División Homicidios PFA de fs. 2144; informe de L. M. de fs. 2145/2203; nota de L. M. de fs. 2212; informe de la División Tecnología Aplicada PFA de fs. 2214; informes de Telefónica de fs. 2216/2217 y 2218/2220; informe de Nextel de fs. 2221; informe de Telecom Personal de fs. 2222/2223; vistas fotográficas de fs. 2227/2230; constancia de fs. 2231; informe de Telecom Personal de fs.2246/2248; constancias del Hospital Sirio Libanés de fs. 2250/2258; copias del legajo laboral de L. M. de fs. 2263/2306; constancia de fs. 2307; informe de la División Delitos Tecnológicos de fs. 2309/2322; informe de IMAT de fs. 2324; informe pericial nro. 45228 del CMF de fs. 2325/2333; informe pericial nro. 45227 del CMF de fs. 2334/2344; nota del CMF de fs. 2345; declaración testimonial del Agente K. L. C. de fs. 2356/vta; informe de PRISMA de fs. 2361/2362; así como la documentación y efectos reservados en Secretaría; pruebas que le fueron leídas y exhibidas en su totalidad.

D) El descargo del acusado:

Al ser escuchado a tenor de lo normado en el artículo 294 del Código Procesal Penal de la Nación (CPPN) el imputado L. A. A. hizo uso del derecho a negarse a declarar (ver fs. 1770/1774 y 2384/9).

E) La valoración de la prueba:

Llegado el momento de evaluar las probanzas colectadas ?que seguidamente serán citadas referenciadas oportuna y puntualmente? entiendo que se han acumulado en el legajo elementos de juicio suficientes como para endilgar prima facie los hechos ventilados en la presente al acusado L. A. A.

Es que, la inteligencia de la completa lista de probanzas reunidas, me permite definir su situación según los dictados del artículo 306 CPPN, resultando que, a mi entender, el proceso está en condiciones de desenvolverse, con mayor amplitud y confrontación, en la etapa del debate oral y así ser resuelto en forma definitiva (cfr.CNCC, Sala VI, causa 24.138 del 16?04?04; en este antecedente se hizo hincapié en el carácter provisorio del auto de procesamiento).

En este sentido, Jorge A. Clariá Olmedo explica en su obra que el procesamiento “Es una declaración del instructor acerca de la probable culpabilidad del imputado en un concreto hecho delictuoso, por lo cual puede ser llevado a juicio” (cfr. ob. cit., t. II, p. 611).

Ahora bien, conforme surge del legajo, el día 15 de julio de 2014, alrededor de las 07:10, P. A. L. y P. J. C. R. [moradores del 1° piso “6” de Don Bosco XXXX, Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA)] bajaron al hall del edificio y encontraron el cuerpo de una mujer tendido en el suelo por lo que solicitaron intervención al servicio de emergencias 911 (ver fs. 7/8 y 12/vta).

En efecto, se presentó una ambulancia del SAME (interno 28) a cargo del Dr. J. N. quien, aproximadamente a las 07:35, comprobó el fallecimiento de la joven hallada en el lugar.

Y, seguidamente, se hizo presente personal de la Comisaría 10ª PFA, que a su vez requirió la colaboración de agentes de la Unidad Criminalística Móvil PFA y de la Unidad Médico Forense de Investigación Criminal PFA, quienes entre las 08:55 y las 09:00 arribaron al lugar del hecho y constataron el deceso de la víctima por muerte violenta con una data post mortem de entre una y tres horas (ver fs. 1/3, 4/5, 314/8 y 342/4).

Luego, se procedió a trasladar el cuerpo de quien fue identificada como N. T. S. B. a la Morgue Judicial, en donde se le realizó la correspondiente autopsia.

Así, en primer lugar, cabe señalar que el fallecimiento de S. B.se encuentra fehacientemente acreditado mediante el certificado de defunción expedido por el Registro del Estado Civil y Capacidad de las Personas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires

(GCBA), que da cuenta de su deceso ocurrido el 15/07/2014 en el palier de ingreso de Don Bosco XXXX, CABA (ver fs. 1562).

Y, en este orden, la materialidad del hecho investigado ?la muerte violenta sufrida por la víctima?, se encuentra respaldada con el examen anatómi co realizado por el médico forense interviniente, doctor G., quien dio cuenta de que su defunción se produjo por once lesiones por arma blanca en cara, cuello, tórax y miembro superior izquierdo, con hemorragia interna y externa (ver fs. 73/85).

En esta inteligencia, no puede pasarse por alto que los mecanismos de producción de las puñaladas descriptas indican que la violenta muerte de S. B. resulta compatible con una hipótesis homicida, en tanto las lesiones presentadas en el antebrazo izquierdo y en la mano derecha de la víctima son compatibles con las observadas por reacción defensiva (ver fs. 82).

Además, corresponde señalar que la escena del crimen con la presencia de manchas de sangre en la escalinata, la vereda y la pared del frente, así como los dichos de la vecina L. en cuanto que alrededor de las 06:00 había escuchado un grito de una persona del sexo femenino proveniente de la entrada del edificio, resultan congruentes con la presencia de otra persona en el lugar de los hechos que ejecutó fatalmente a S. B.

Ahora bien, cabe destacar que a lo largo de la investigación se ha trazado la fundada hipótesis de que el autor del homicidio es aquél sujeto que aparece íntegramente vestido de negro ?campera, pantalón largo y zapatos tipo borceguí, gorro de lana y mochila?, que fue captado por las diferentes cámaras de seguridad instaladas de las inmediaciones del lugar del hecho, y cuyos videos fueron oportunamente difundidos a los medios de comunicación por orden expresa del tribunal (ver fs.1678/83, punto IV).

En particular, según esas filmaciones, el masculino aparece siguiendo a la víctima desde que egresó de la boca de la estación de subte A Castro Barros ?sobre avenida Rivadavia? hasta que dobló en Quintino Bocayuva hacia Don Bosco, y una vez que había logrado su cometido homicida, emprendió su fuga por la calle Don Bosco hacia 33 Orientales y por esa arteria hasta la avenida Rivadavia, donde luego de intentar parar un taxi, se escapó a pie en dirección hacia avenida La Plata.

Dicho lo expuesto, en cuanto a la responsabilidad que le cupo al indagado A. en este suceso, tal cual ya lo anuncié, de las constancias obrantes en el sumario puede colegirse el grado de probabilidad requerido para el dictado del temperamento incriminante acogido en el artículo 306 CPPN.

En primer lugar, cabe mencionar que la principal prueba de cargo que pesa contra A. es el resultado positivo de la prueba de ADN realizada por la División Laboratorio Químico PFA.

Puntualmente, el perfil genético de la muestra de sangre extraída al acusado A. coincide con una probabilidad mayor que 99,9999999999% con el perfil masculino obtenido de las muestras de sangre relevadas en la escena del crimen, identificadas con los números 1, 2, 3 y 4 en el informe pericial nº 9430/14 (ver fs. 1848/9 y 1962/vta).

Al respecto, cabe aclarar que tales muestras del peritaje 9430/2014, corresponden a manchas de color pardo rojizas ubicadas:

1) en la pared de la calle Don Bosco 4125 a 0.95 metros del piso de la vereda; 2) en la pared de Don Bosco XXXX a 0.90 metros del piso de la vereda; 3) en el piso de la entrada del edificio de Don Bosco XXXX; y 4) en la vereda de la intersección de las calle Don Bosco y 33 Orientales (ver fs. 300, 301 y 834/vta).

Amén de dicha categórica prueba, no puede soslayarse que las probanzas aunadas al legajo han logrado corroborar otros datos precisos que confirman la presencia de A.en el teatro del crimen.

En concreto, se determinó que A. era empleado de “L.

M.” y que desde junio del año en curso prestaba servicios de limpieza en el Sanatorio Dr. J. M., ubicado a pocas cuadras del lugar del hecho, y que, justamente, empezaba su jornada laboral a las 06:00 cuando, como veremos, el suceso bajo pesquisa se desarrolló minutos antes de esa hora (ver fs. 1866/7 y mapa de fs. 2390).

En este sentido, de la información brindada por Nación Servicios S.A. en relación a la tarjeta SUBE a nombre del acusado, se desprende que el día 15/07/2014, a las 04:19 se tomó un colectivo de la Línea 148, a las 08:35 un colectivo de la Línea 57, a las 11:55 transitó por la línea D de Metrovías, la línea A a las 12:27, y a las 12:47 nuevamente utilizó los servicios de la línea 148 (ver fs. 1923/32).

Previo a continuar con el análisis de estos datos, vale citar el testimonio de su compañera L. V. S. ?sobre el que volveré en ulteriores párrafos? quien recordó que A. se manejaba con una tarjeta SUBE y que le había comentado que se tomaba “el 148” para llegar a Constitución (ver fs. 2138/40).

Entonces, teniendo en cuenta que la línea 148 tiene recorrido entre San Francisco Solano y Constitución ?en uno de sus ramales?, ponderando la hora en que inició el primer traslado y, considerando que al mediodía registró viajes en líneas de subterráneos porteños, hasta aquí puede conjeturarse que ese día A. salió de su domicilio ?ubicado en aquella localidad bonaerense?hacia Constitución para luego hacer algún trasbordo o combinación que le permitiera acercarse a su lugar de trabajo.

Aquí, de los movimientos registrados en la SUBE durante otros días (30/07/2014 y 12/08/2014) también puede verse que alrededor de las 04:30 el usuario realizó viajes en la línea 148 y luego entre las 05:30 y las 06:00 tomó la línea A de subte, seguramente hacia el Sanatorio M. que se emplaza a pocos metros de la avenida Rivadavia por donde circula tal línea de transporte subterráneo.

Por ello, sin perjuicio de que, por motivos desconocidos, en jornadas ?como la del día 15/07/2014? no se registren movimientos desde Constitución hacia la zona del barrio de Caballito ?donde se sitúa el “M.”?, todo indica que no era inhabitual que A. haya utilizado la línea A de subte.

Sobre el particular, no puede pasarse por alto que, coincidentemente, el agresor de S. B. fue captado por las cámaras de Metrovías cuando a las 05:40:32 salía del andén sur de la estación de subte Castro Barros de la línea A, por lo que había viajado en una formación con cabecera en Plaza de Mayo y que, luego de pasar por la estación avenida La Plata, pararía en la estación Acoyte, la cual, como ya fue dicho, es la más cercana al Sanatorio M. (ver mapa de fs. 2390).

Y, en este contexto, nuevamente vale traer a colación el testimonio de S. quien aseguró que A., cuando viajaba al lugar en que prestaba servicios laborales, siempre se bajaba antes del transporte público “porque que le gustaba caminar un poco antes de entrar al trabajo” (ver fs. 2138/40).

Entonces, como teoría puede sostenerse que si A.frecuentaba la línea A y siempre se bajaba antes de la parada correspondiente para “caminar” previo a ingresar al trabajo, en lugar de descender de la unidad en la estación Acoyte, por caso, bien podría hacerlo en la estación Castro Barros como de hecho ocurrió con el sujeto masculino filmado por las cámaras de vigilancia que luego aparece siguiendo los pasos de S. B.

Por lo expuesto, la encuesta ha corroborado que el día del hecho investigado A. denunció un supuesto accidente in itinere en las inmediaciones del centro médico ?contemporáneo al momento en que se le dio muerte a S. B.?, y también ha constatado que el inculpado fue atendido por una herida cortante en la mano.

En primer orden, A. Z. ?jefa de personal de “L. M.”? declaró que el día martes 15/07/2014 el empleado A. denunció telefónicamente que, alrededor de las 05:50, mientras se dirigía a su trabajo fue asaltado en las calles Yerbal y Rojas, sufriendo cortes en el dedo índice derecho y varios cortes en la mano derecha.

Y que a raíz del llamado, una empleada realizó la denuncia correspondiente a la ART (Asociart S.A.), bajo un número determinado de siniestro con el que se confeccionó la denuncia en el sistema y se asignó telefónicamente el Hospital Sirio Libanés para cumplir con la atención médica, lo que se le avisó por teléfono al empleado (ver fs. 1866/7).

En efecto, la empresa empleadora aportó copias de todas las constancias obrantes en el legajo laboral de A. y de las planillas de partes diarios de asistencia del personal perteneciente al Sanatorio M. (ver fs. 1871/96, 2145/203 y 2263/307).

De dicha documental puede colegirse que se encuentra ratificado lo dicho por Z. en cuanto al siniestro denunciado por A., mientras que en la planilla de asistencia correspondiente al 15/07/2014 el acusado no figura presente sino que se lee “ART”.

Al respecto, también depuso F. G.E., jefe de prestaciones de siniestros de Asociart ART, oportunidad en la que acompañó las correspondientes constancias e hizo saber que A. fue atendido el 15/07/2014, a las 09:11, en el Hospital Sirio Libanés de esta ciudad, a raíz de una denuncia telefónica realizada por B. V. de la empresa “L. M.”, por un accidente in itinere ocurrido ese día en las calles Yerbal y Rojas (ver fs. 1900/6).

Finalmente, se incorporaron en autos las constancias médicas del Hospital Sirio Libanés que dan cuenta de que el 15/07/2014, a las 09:11, A. ingresó al nosocomio con una herida cortante en el segundo dedo de la mano derecha, por lo que se le realizó sutura (cfr. fs. 2250/58).

De esta manera, la acreditación de tales circunstancias resulta de suma trascendencia ya que en la escena del crimen se encontraron manchas de sangre pertenecientes a un perfil genético masculino que, como se concluyó, es coincidente al de A.

Para el caso, en pos de la recreación que se viene practicando, debe señalarse que el presunto agresor que se exhibe en los videos aparece emprendiendo su huida con una prenda de tela alrededor de la mano derecha, lo que confirma que había sufrido alguna lesión a raíz del ataque emprendido contra la víctima.

A más, cabe indicar que aquellos vestigios hemáticos pericialmente atribuidos a A. fueron levantados en el trayecto de fuga que muestran las filmaciones obtenidas, esto es, sobre la pared de la calle Don Bosco 4125 y en la vereda de la intersección de las calle Don Bosco y 33 Orientales, por lo que, a esta altura, ciertamente puedo adelantar que, al menos en los términ os admitidos en esta instancia preliminar del proceso, no quedan dudas de que este “presunto agresor” registrado por las cámaras es el mencionado en el epígrafe.

Ahora, cabe focalizarse en los testimonios de quienes mantenían relación laboral directa con A. en el Sanatorio J. M.y que el fatídico día lo vieron ingresar a su puesto de trabajo en muy particulares circunstancias que comprometen aún más su situación procesal.

En primer lugar, B. R. V. recordó que el 15/07/2014 A., como todo los días, debía ingresar a trabajar a las 06:00, pero que lo hizo entre las 06:30 y las 07:30, presentándose con un corte en la mano derecha, envuelta con un trapo blanco ?probablemente una remera? que estaba muy ensangrentado.

Acá, es importante destacar que V. señaló que le “impresionó verlo porque tenía sangre desparramada en el cuello”, lo que, dijo, le pareció raro porque sólo aparentaba tener un corte en la mano derecha.

Que, entre 07:00 y 07:30 la testigo acompañó a A. a la guardia de ese nosocomio para hacerlo atender. De ello se hizo cargo un enfermero quien le colocó un “líquido” en la herida ?que estaba entre el dedo pulgar y el dedo índice?, la cubrió con una venda y le dijo que debían llamar a la ART.

Que luego de ello, la testigo llamó por teléfono a la ART para avisar que había intentado a asaltar a su compañero en su trayecto al trabajo ?según la versión dada por el propio A.? a raíz de lo cual estaba herido.

Finalmente, en cuanto a la vestimenta que lucía A., la testigo no rememoró ese día en particular aunque hizo saber que él siempre vestía de oscuro, solía usar un gorro de lana de color negro y una mochila negra (ver 1898/9).

Por su lado, la testigo S. relató que el día martes 15 de julio llegó a trabajar cerca de las 06:30 y que a los diez o quince minutos apareció su compañero A. acompañado por V.

Observó que A. tenía una gasa en el dedo índice de una de las manos, otra gasa en la palma de la otra mano y también llevaba en la mano una remera blanca llena de sangre.Al respecto, agregó que el acusado llegó a decirle que habían querido robarle y que se había sacado la remera blanca porque se le manchó toda de sangre, lo que llamó la atención a la testigo ya que L. no usaba ese color de prenda.

Asimismo, manifestó la testigo que cuando V. estaba llamando por teléfono a la ART notó que tenía la cara con manchas de sangre, incluso indicó que parecía como que se había limpiado la sangre de las manos en el rostro y que también “tenía salpicaduras de sangre en el cuello” que le llamaron la atención por lo que lo mandó a lavarse.

Por último, S. recordó que ese día A. estaba vestido con mochila, campera, remera, pantalón, borceguíes y gorro de lana, todos de color negro (ver fs. 2138/40).

Tales testimonios claramente refuerzan la tesis que se viene tejiendo contra el inculpado ya que son indicios claros y contundentes de que A. estuvo de la escena del crimen.

Es que, según lo expuesto por V. y S., fundamentalmente puede concluirse que el 15/07/2014 A. estaba vestido tal cual revelan los videos del “homicida”, y que pasadas las 06:00 se presentó en el trabajo con un corte en la mano, cuya hemorragia contuvo al envolvérsela con una remera blanca, tal como exhiben las filmaciones en cuanto a que el agresor emprende su huida con una prenda de tela de ese color alrededor de la mano derecha.

Además, no puede soslayarse que la sangre en el cuello tipo salpicadura que presentaba A. ?que tanto llamó la atención a V. y S. ya que no se correspondía con los cortes que A. presentaba en las extremidades superiores?, a todas luces puede ser conteste con la irrigación de sangre por las puñaladas infligidas en el cuerpo de S. B. y, puntualmente, por la herida mortal descripta por el médico forense, doctor G.(lesión n° 2), ya que al momento del corte y por el vaso dañado, pudo haber salido sangre en forma de chorro.

En este sentido, vale destacar que tal conjetura cobra más fuerza si se considera que al tiempo que el perito tanatólogo concluyó que la víctima y el victimario probablemente estaban enfrentados y de pie al momento de la agresión, S. B. y A. presentan estaturas parejas (respectivamente 1.60 y 1.65 metros) Por otro lado, no pueden pasarse por alto las lesiones de mediana data evidenciadas por A. al momento de su aprehensión (cfr. fs. 1744).

En el caso, vale decir que, cuanto menos la lesión identificada como n° 5 por la médica forense requerida oportunamente, doctora I. ?cicatriz lineal rosada a nivel de base dedo índice derecho, de mediana data que impresiona corresponder a lesión cortante suturada? (ver fs. 1816/8), parece guardar relación con la herida cortante suturada el 15/07/2014 en el Hospital Sirio Libanés, que, tal como concluyó el doctor G., podría haberse provocado por deslizamiento al momento de provocar las lesiones por arma blanca a la víctima así como por el mecanismo de defensa que ella habría esgrimido frente a la agresión asesina.

Resta decir que, según las pericias psicológicas y psiquiátricas incorporadas al legajo, no surgen dudas de que las facultades mentales de A. encuadran dentro de los parámetros mentales y que es verosímil que al momento del hecho haya poseído autonomía psíquica suficiente como para comprender la criminalidad del acto y/o dirigir sus acciones (ver fs. 2325/45).

Ahora bien, aún a la espera de que la diligencia encomendada a la Unidad Criminalística Móvil de Alta Complejidad y a la División Ingeniería Vial Forense PFA (ver fs. 2058/60) pueda dar arrojar mayor precisión sobre las circunstancias de tiempo del hecho investigado, las imágenes que entregan los distintos videos incorporados al sumario ?editados en los tramos de interés por la división Apoyo Tecnológico PFA?permiten recrear la siguiente situación:

A. egresó por el molinete de la estación de subte Castro Barros -andén sur? de la línea A (video 02; 05:40:32) y dobló hacia su derecha para subir a la calle por la escalera fija que tiene dirección oeste. Ya en la superficie caminó por avenida Rivadavia en ese sentido, por la vereda izquierda (par) según la dirección del tránsito, hasta que llegó a la esquina con Quintino Bocayuva (video 05; 05:43:28) y cruzó la Av. Rivadavia hacia Gascón.

Esto sugiere, concretamente por la diferencia de tiempo entre estas secuencias y las que posteriormente lo muestran detrás de la damnificada, que el acusado estuvo merodeando la zona por algo más de diez minutos hasta que alcanzó a ver a S. B. cuando salía de la boca del subte (estación Castro Barros ?andén sur? de la línea A) a las 05:52:50 aproximadamente (video 06).

En concreto, sobre este merodeo, si se tiene en cuenta que A. cruzó la avenida Rivadavia hacia Gascón a las 05:43:28 y que no volvió a ser captado por las cámaras ubicadas a lo largo de dicha avenida sino hasta aproximadamente nueve minutos (a las 05:52:52) cuando apareció cruzando Rivadavia desde la mano de Medrano a la de Castro Barros ?esto es de la vereda impar hacia la par?, se presume que habría dado la vuelta caminando por Gascón hasta la primera intersección ?Lezica? y por ésta por la avenida Medrano hasta salir nuevamente a la avenida Rivadavia, cuando, de acuerdo al Mapa Interactivo de Buenos Aires que el GCBA ofrece en Internet, este recorrido a pie lleva aproximadamente 10 minutos (ver mapas agregados a fs. 2391/2).

Aquí también incluso puede inferirse que A.cruzaba Rivadavia de Medrano a Castro Barros y tenía decidido tomar nuevamente el subte para dirigirse a su trabajo, por cierto ubicado muy cerca de la estación Acoyte de la misma línea A (video 07; 05:52:40/55). Sin embargo, al acercarse a la boca del subte observó desde atrás -a una distancia entre 20 y 25 metros? la silueta de la víctima, que respondía a un patrón cuyo denominador común podría identificarse con que era joven, de cabellos largos y de contextura delgada. Tal cual el caso de C. Y. S. (ver fs. 1912/3 y 2228) y por cierto conteste con lo que deja ver el tatuaje que tiene el imputado en uno de sus brazos (ver fs. 2395). Entonces, tales condiciones pueden haber sido las que motivaron al imputado a emprender la persecución de S. B. en dirección a la calle Quintino Bocayuva y cometer su propósito homicida.

Repárese en que la diferencia de tiempo entre que ella salió a la avenida Rivadavia y que él subió a la vereda tras cruzar en diagonal dicha avenida, se compadece con los 39 segundos que se pueden ver en las primeras imágenes del seguimiento del acusado a la damnificada desde la cámara del Banco HSBC ?avenida Rivadavia 3973? (videos 08 y 09).

A partir de allí, el acusado empezó a acortar distancia en relación a la víctima. Nótese que en la avenida Rivadavia al 4020 (panadería “L. S.”, videos 12 y 13) iba aproximadamente 30 segundos detrás, luego a la altura catastral XXXX existía una diferencia de 21 segundos y al llegar a la esquina de Bocayuva (“B. P.”, avenida Rivadavia XXXX, video 16) la diferencia entre ella y él se redujo a 18 segundos.

En dicha esquina, la víctima cruzó Bocayuva por la senda peatonal y caminó hacia la calle Don Bosco ?en cuya intersección se ubicaba su domicilio? hasta que fue perdida de vista por las cámaras a las 05:55:08 (video 17). A.realizó el mismo trayecto y cuando terminó de cruzar esa bocacalle ya se ubicaba aproximadamente 15 segundos detrás de N., siendo perdido de vista por la cámara a las 05:55:18 (video 17).

Luego, A. siguió los pasos de N. hasta la puerta del edificio de Don Bosco XXXX, en donde, según una de las dos hipótesis que más adelante desarrollaré, la sentenció mortalmente.

Una vez logrado su cometido, caminó por esa misma vereda de Don Bosco, hasta llegar a la esquina de 33 Orientales a las 05:57:18, hora que fue captada por la cámara del M6 PFA (instalada en avenida Rivadavia y 33 Orientales, video 19); y luego llegó a la avenida Rivadavia en donde luego de intentar parar un taxi, se escapó a pie en dirección a la avenida La Plata.

También A. fue registrado por la cámara de seguridad de la calle Don Bosco XXXX/XX ( “L. A.”, video 18) cuando salía de la escena del crimen hacia la calle 33 Orientales. Al respecto, vale aclarar que la imagen muestra que pasó alrededor de las 06:00 aunque cabe recordar que dicho horario no está sincronizado con las restantes cámaras de vigencia (ver fs. 1979/81).

Entonces, a partir de la verificada sincronización horaria entre la cámara del B. P. de avenida Rivadavia XXXX y la mencionada cámara del M6 PFA (ver fs. 1979/81 y 2144), puede aseverarse que transcurrieron 2 minutos y 11 segundos desde que el victimario fue registrado por última siguiendo a la víctima (a las 05:55:18) hasta que, luego de cometer el hecho, tomó 33 Orientales en dirección a la avenida Rivadavia (a las 05:57:29).

En este ínterin, corresponde observar que aproximadamente 120 metros separan al B. P. del lugar de los hechos y otro tanto desde este edificio hasta la esquina de Don Bosco y 33 Orientales (ver mapas de fs. 2393/4).

De este modo, siendo que en ese lapso de 02:11 minutos A.debió recorrer alrededor de 250 metros, cabe concluir que el hecho en sí, es decir, el ataque mortal, se habría desarrollado en cuestión de segundos, hipótesis que encuentra cabida en lo afirmado por el médico forense G. quien dijo que las lesiones que presentaba la víctima eran contemporáneas y vitales y que, estimativamente, pudieron ser aplicadas en menos de un minuto.

En efecto, todo lleva a afirmar que A. la “acuchilló” repetidamente hasta darle la última estocada, la ya mencionada lesión n° 2, para lo cual utilizó un arma blanca del tipo punzocortante con un solo filo que, momentos antes de atacarla, habría sacado de entre sus ropas o de la mochila que cargaba.

Y, respecto al arma vulnerante, no puede descartarse que A. haya utilizado una navaja que ?según dijo L. S.? tendría como llavero, o un instrumental médico tipo bisturí al que pudo tener fácil acceso por su condición laboral. De hecho, el informe médico de la facultativa I. revela que las lesiones presentadas por el acusado en cara externa del brazo derecha y antebrazo derecho fueron autoprovocadas con un bisturí que tenía en su poder (cfr. fs. 1816/18 y 2138/40).

Asimismo, cumplida la mejor aproximación posible -hasta aquí? respecto del contexto que rodeó preliminar y ulteriormente el ataque a mano armada a S. B., en lo inmediato, munido del resultado que entregó la reconstrucción del hecho practicada días atrás (ver fs. 2099/101), postularé dos supuestos distintos en relación a dónde exactamente se precipitó y se concretó la agresión homicida, por cierto con la solución final de elegir la más robusta desde el punto de vista convictivo.

Primera hipótesis: la víctima fue atacada de modo sorpresivo, ya que no había advertido que era seguida por su atacante, desde la salida de la estación Castro Barros.El violento ataque se produjo en la puerta de entrada de su domicilio, ubicado en la calle Don Bosco XXXX, CABA, en el momento en que ya había colocado la llave en la cerradura. En el lugar indicado recibió la mayor cantidad de puntazos, se infiere que la víctima tenía apoyada su espalda contra el marco de la puerta intentando esquivar el ataque, consistente en 11 puñaladas, recibiendo por último, la de mayor gravedad en el lado izquierdo del cuello. Con las pocas fuerzas que le quedaban logró girar la llave para abrir la puerta, sacarla e ingresar al interior del hall del edificio, seguramente con alguna parte del cuerpo ?cadera o espalda? empujó la puerta para cerrarla y asegurarse de que su atacante no pudiera seguir acuchillándola.

Cabe señalar que la cerradura, es del tipo computarizada, el orificio de entrada es muy pequeño y requiere una maniobra cuidadosa para introducir la llave y girarla hacia la derecha para lograr la apertura de la puerta, que por no contar con el típico brazo de cierre automático exige que una vez abierta, deba ser empujada para completar el recorrido. Frente a estas características de la cerradura de ingreso, es prácticamente imposible que una persona gravemente herida pueda introducir la llave y buscarla en el supuesto caso en que se hubiera caído como consecuencia del apuñalamiento. Estas circunstancias confirman que la víctima cuando llegó a la puerta de su domicilio tenía tiempo para introducir la llave pero no para abrirla, porque fue atacada sorpresivamente.

Esta conclusión está fundada en las siguientes pruebas: a) No se han encontrado manchas de sangre de A. en el interior del hall de entrada del edificio, por lo tanto se descarta que el ataque haya comenzado en la puerta y se haya completado puertas adentro. b) Las pocas gotas de sangre encontradas en los escalones de la puerta de entrada del edificio, donde fue atacada S.B., pertenecen a la víctima, no obstante la cantidad de puntazos recibidos, lo que supone que la propia ropa actuó como esponja absorbente del sangrado. c) No se han encontrado rastros dactilares, ni sangre en la manija de la puerta que puedan indicar que el victimario cerró la puerta cuando emprendió la fuga. d) La gran cantidad de sangre encontrada debajo del cuerpo de S. B., indica que las heridas más sangrantes y mortales fueron producidas por el atacante al darle los últimos puntazos en la puerta de entrada.

Segunda hipótesis: se repite el modo sorpresivo de la agresión porque nunca visualizó al acusado sino hasta que la atacó en la puerta de entrada de su domicilio, ubicado en la calle Don Bosco XXXX CABA, aunque con la diferencia de que en este supuesto no sólo había colocado la llave en la cerradura sino que además había abierto la puerta de entrada al edificio. En esas circunstancias, comenzó el ataque de A., es decir con la puerta entreabierta. Fue allí donde recibió la mayor cantidad de puntazos ?11?. Aquí también se colige que la S. B. tenía apoyada parte de su cuerpo en el marco y en la puerta intentando evadirse de su agresor sin poder ingresar totalmente al interior del edificio y recibiendo por último la herida mortal en el costado izquierdo de su cuello. Se infiere que el atacante ya había ingresado al interior del hall cuando le dio el puntazo fatal por la gran cantidad de sangre que se encontró alrededor de su cabeza.

Esta hipótesis estaría descartada por las siguientes pruebas: a) Las llaves del ingreso al edificio se encontraron en las manos de la víctima cuando se desplomó en el lugar donde cayó muerta, por lo que se puede concluir que quien abrió, sacó la llave de la cerradura y cerró la puerta fue la víctima. b) No se encontraron rastros de sangre en el interior del edificio de A. c) El supuesto caso en que el atacante hubiese dado muerte a S. B. con el único -y último?puntazo idóneo a ese fin en el interior del edificio, implicaría que tuvo que cerrar la puerta con alguna de sus manos para luego huir del lugar. Sin embargo, no se encontraron rastros ni dactilares ni hemáticos, a pesar de que su extremidad derecha la tenía lastimada como consecuencia del ataque, conforme ha quedado acreditado por los testimonios de sus compañeros de trabajo.

Por lo expuesto considero que la primera de las hipótesis descriptas se ajusta a las constancias y pruebas colectadas en el sumario, por lo que corresponde establecer como probable que el ataque se produjo en las escalinatas del acceso al edificio donde vivía la víctima.

Entonces, a fin de cuentas, todo indica que el cúmulo de pruebas descripto está lejos de ser una suma de casualidades en perjuicio del encausado, en adverso, tal cuadro de situación ?insistoconfirma su responsabilidad criminal en el suceso bajo examen.

En tal inteligencia, y como se adelantara, se ha demostrado a lo largo de la investigación la materialidad de un hecho delictivo, como también la responsabilidad que “prima facie” cupo al aquí imputado en su perpetración.

Por lo demás, no existe probanza alguna que autorice al suscripto a restar valor a los testimonios brindados por la prevención, y los testigos, o sostener la existencia de algún móvil concreto que los llevara a confabular gratuitamente en contra del causante (cfr.CNCC, Sala V, causa 24.051 del 15?04?04).

De ahí que, bajo la perspectiva de lo estatuido en el artículo 241 CPPN, dichos testimonios se revelan absolutamente verosímiles, máxime cuando se encuentra acabadamente respaldado por la información ofrecida a la instrucción.

Consecuentemente los elementos de prueba supra y someramente valorados, junto a los restantes que han sido detallados en el presente resolutorio, me permiten adoptar en la especie el temperamento vinculante reglado por el artículo 306 CPPN, por lo que he de decretar el auto de procesamiento del prevenido de conformidad con lo establecido en dicho dispositivo procesal.

No resulta ocioso destacar lo que nos enseña la doctrina al momento de referir que “[.] se trata de la valoración de elementos probatorios suficientes para producir probabilidad, aún no definitivos no confrontados, pero que sirvan para orientar el proceso hacia la acusación [.]” (cfr. Claría Olmedo, ob. cit., p. 612).

Finalmente, no ha de perderse de vista que esta etapa instructoria tiene por objeto, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 193 CPPN, la comprobación del hecho delictuoso, el establecimiento de las circunstancias que lo califiquen jurídicamente, la individualización de los partícipes y la verificación de las condiciones personales del imputado.

Así las cosas, y en el orden del pensamiento que se viene desarrollando, las circunstancias analizadas dan cuenta de un cuadro de elementos que sí permiten la incriminación provisional y la prosecución de la causa con miras a que, en el debate, con la inmediación que lo caracteriza, se evalúen las circunstancias de mérito que permitan una decisión definitiva.

F) La calificación legal:

Aquí, cabe aludir al encuadre legal que merece el hecho en pesquisa, no obstante dejar sentado que lo relevante en esta etapa instructoria son los hechos y no el derecho (cfr.CNCC, Sala I, causa 26.093 del 28?07?05 y, Sala VII, causa 22.301 del 26?09?03 y; CNCP, Sala I , causa 4496 del 24?03?03).

Entonces, si bien el devenir del proceso podrá aclarar el alcance jurídico de lo que ocurrió el pasado 15?07?14, ello deberá ocurrir en la etapa en que priman los supuestos propios del debate, ya que será en la eventual próxima etapa donde la cuestión se discutirá con la amplitud correspondiente (cfr. CNCC, Sala VI, causa 38.929 del 15?03?10).

Con esta prevención, tengo para mí que las pruebas valoradas hasta el momento muestran de aplicación la figura del homicidio por odio de género [art. 80, inc. 4º del Código Penal (CP)] pues se ha acreditado que A. actuó con un claro sentimiento de animadversión ?concretizado en el odio? hacia el género femenino.

Aclaro que las características del hecho inicialmente me llevaron a indagar al acusado por varias hipótesis jurídicas, todas emparentadas a distintas figuras agravadas del homicidio (ensañamiento, alevosía, placer u odio de género y femicidio; art. 80, incs. 2º, 4º y 11º CP), no sólo con la idea de tener un amplio espectro a la hora de resolver su situación procesal sino también ?pensando, por ejemplo, en el respeto del principio de congruencia? para asegurarle a los acusadores y a la propia defensa, la posibilidad de acordar o discutir mi hipótesis en este particular aspecto “técnico”, o plantear otras subsunciones legales.

Entonces, en lo que sigue, me concentraré en explicar por qué el homicidio de S. B. fue perpetrado por odio al género femenino y no por otras motivaciones u otras circunstancias, para lo cual será muy importante traer nuevamente al análisis todas las pruebas ponderadas al convencerme de la responsabilidad de A.en el hecho.

Convengamos en que analizar un homicidio a la luz de las agravantes contempladas en el artículo 80 CP, es un ejercicio jurisdiccional que ya trae saldado todo aquello que en términos de padecimientos implica per se la muerte de cualquier ser humano. Es decir, el abordaje de las figuras calificadas supone invariablemente hacer inspección sobre un plus jurídico que no siempre suena bien – lógicamente? al oído del lego, quien mayormente se encuentra desfamiliarizado con las exigencias normativas que los magistrados debemos respetar cuando de asignar un valor jurídico a un hecho humano se trata.

Por esto, cuando respecto del ensañamiento se diga que no hubo en A. una ultra intención de hacer sufrir a su víctima en demasía, no se querrá decir que S. B. no sufrió en su muerte sino que se querrá decir que la motivación del acusado para matarla no fue hacerla sufrir. También por esto, cuando respecto de la alevosía se diga que la damnificada tuvo posibilidades de defenderse ante la agresión homicida de A., no se querrá plantear que la víctima debió realizar un esfuerzo defensivo mayor sino que se querrá decir que el autor del hecho no tuvo en cuenta para llevar a cabo su plan criminal si ella estaba absolutamente impedida de reaccionar o de repeler la agresión ni si había posibilidades de ser sorprendido por terceras personas.

Hechas estas aclaraciones, descarto el ensañamiento porque la dinámica del hecho muestra claro que amén de lo que implica dar muerte a una persona, no se observa que el delincuente haya prolongado deliberadamente los padecimientos de S. B. satisfaciendo con ello una tendencia sádica.

Para afirmar la existencia de la agravante no es suficiente el hecho de que se haya inferido un número considerable de heridas ?11? como medio de ejecución del homicidio. El exceso cruel debe estar representado subjetivamente como un fin específico y autónomo (cfr. Soler, Derecho Penal Argentino, Tipográfica Editora Argentina, Buenos Aires, 1992, t. III, pp.29/30).

En este sentido, se destaca lo fugaz y lo concreto del ataque perpetrado por A., fundamentalmente porque las heridas previas a la que en último término concretó el asesinato, no fueron inferidas en un largo tiempo sugerente en su caso de esa vocación de hacerla padecer más de la cuenta.

Recuérdese que según se ha dicho previamente, A. acometió contra S. B. en un lapso que no superó el minuto, a lo que debe agregarse que según explicó el doctor G. (ver fs. 1868/70), los diez puntazos preliminares al último que calificó de fatal, no impresionan con un gesto dirigido a generar un sufrimiento mayor del básico de cualquier homicidio sino más bien afines a la motivación de odio de género sobre lo que volveré más abajo. Lo mismo corresponde decir de lo que invita a entender su inmediata retirada del lugar de los hechos, en punto a que todo indica que no se detuvo a ver cómo precisamente, sufría su víctima.

En apoyo a esta postura, la doctrina apunta que para verificar el concurso de este supuesto se exige que el homicida haya querido el innecesario y prolongado sufrimiento de la víctima, así como que la agresión mortal no se haya tratado de un “arrebato de pasión” (cfr. D’Alessio y Divito, Código Penal, Buenos Aires, 2009, La Ley, t. II, pp. 10/1) o de odio, móvil que me permito agregar para poner esta noción en línea con la calificación legal que según lo anunciado finalmente será escogida.

Tampoco la actualidad probatoria del proceso permite sostener una imputación por alevosía, pues no hay evidencias de que S. B. haya estado en una situación total de indefensión que le haya impedido resistir el ataque de A.

Véase que las lesiones advertidas en la mano del imputado ?contemporáneas al hecho investigado según se informó desde el Cuerpo Médico Forense, ver fs. 1816/18?muestran de alguna manera que la damnificada tuvo la posibilidad de forcejear con su agresor.

Además, el lugar del ataque, recordemos: el umbral exterior del edificio en el que vivía la víctima, tampoco tenía las condiciones objetivas apropiadas que autoricen a predicar que estaba absolutamente indefensa. Por caso, por oposición, un pequeño cuarto, un callejón sin salida o incluso un ascensor, sí son ámbito que podrían admitir pensar en un escenario de indefensión plena.

Asimismo, incluso todo su despliegue antes y después del hecho, primero siguiéndola a corta distancia durante casi tres cuadras y luego huyendo del lugar limpiándose los rastros del hecho sin reparos respecto de la gente que se cruzaba en su camino, pone en duda que su subjetividad hubiese estado preocupada porque la ejecución del homicidio corriera algún riesgo o sobre todo, hubiera estado detenida en asegurar “su posterior impunidad” (cfr. Golstein, Homicido Proditorio, Buenos Aires, 1982, Pensamiento Jurídico Editora, pp. 43 y ss. y, Baigún y Zaffaroni, Derecho Penal, Buenos Aires, 2007, Hammurabi, t. 3, p. 179; ambas obras citadas en CNCC, Sala VI, causa 29.907/13 del 06?09?13).

En esta misma línea, no debe perderse de vista que gran parte del iter criminis se desarrolló bajo la atenta mirada de las distintas cámaras ubicadas en la zona y eso implicaba que existían altas probabilidades de que fuera descubierto en cualquier tramo de ese delictual recorrido. De hecho, las imágenes capturadas por esas cámaras revelan que A., más allá del acercamiento que iba logrando mientras la perseguía, mantuvo en términos relativos el ritmo de su andar desde que comenzó a seguir a S. B. a la salida del subte hasta que se fue del lugar del crimen por Don Bosco, doblando primero en 33 Orientales y finalmente en avenida Rivadavia.

En definitiva, en tanto no se ha acreditado que el acusado “haya obrado sobre seguro y sin riesgo”, confirmo que no agravaré el hecho por alevosía (cfr.CNCC, Sala VI, causa 995/12 del 09?08?12).

Por otra parte, cuanto se dirá al momento de fundamentar por qué el homicidio de S. B. se agrava por odio al género femenino desplaza de alguna manera la hipótesis del homicidio motivado en el placer, pues, por definición, el primer supuesto del artículo 80, inciso 4º CP, se puede decir acreditado sólo cuando se carece de un “motivo externo consciente” vinculado con la víctima y ajeno a “un estímulo propio” del autor (CNCC, Sala IV, causa 30.210 del 22?09?06).

El motor del hecho se limita al sentimiento de placer que procura satisfacer el homicida, es decir, sin que exista “otra motivación o causa que lo lleve a cometer el hecho” (cfr. D’Alessio y Divito, ob. cit., p 15). Francesco Carrara catalogaba este tipo agravado de crimen como “homicidio por sed de sangre” dando la idea de que el autor cuando mata lo hace solamente animado por matar, pues no tiene “nada que ganar con su delito y que nada lo impulse a él con vehemencia” (cfr. Programa de Derecho Criminal, Temis, Bogotá, 1957, v. I/3, pp. 254/7, parágs. 1198/9).

En este caso concreto, como se argumentará con mayor detalle seguidamente, esa motivación luce agotada en el objetivo de matar a S. B. por su pertenencia al género femenino.

Ahora bien, la cuestión más ardua de definir en este capítulo jurídico de la decisión estriba en diferenciar con claridad las figuras del homicidio agravado por el odio al género (art. 80, inc. 4º CP) y el femicidio o femenicidio (art. 80, inc. 11º CP), en tanto no sólo, sobre todo, están íntimamente emparentadas pues ambas versan sobre el asesinato de una mujer sino que además, comparten la misma fuente creadora (ley 26.791, publicada en B.O. del 14?12?12), aunque, en rigor, en el debate parlamentario la voz del miembro preopinante en la Cámara Baja en el nacimiento de la norma ya dejaba en claro que estos dos supuestos tienen dos tipificaciones diferentes, el primero por “razones de género” y el segundo si “mediare violencia de género” (cfr. el discurso del diputado Albrieu, en “Antecedentes parlamentarios de la ley 26.791”, Buenos Aires, 2012, La Ley, v. 2012?11, p. 34, parág. 6).

La primera distinción que se puede hacer se desprende de la ubicación sistemática que se le ha dado a cada una de estos nuevos supuestos de aumento punitivo. En este sentido, cuadra recordar que desde siempre el esquema del artículo 80 CP ha clasificado sus agravantes por diversas razones: por los vínculos entre los protagonistas del hecho, por las causas o motivos que pudo haber tenido el autor, por los medios que utilizó en su cometido, por el modo en el que llevó adelante el crimen o por su condición especial o la de la víctima (cfr. Núñez, Derecho Penal, Bibliográfica Argentina, Buenos Aires, 1961, t. III, p. 29; D’Alessio y Divito, ob. cit., p. 8 y; Levene (h), El delito de homicidio, Ediciones Depalma, Buenos Aires, 1970, p. 159).

Entonces, bajo este diseño normativo, se observa que mientras el homicidio por odio de género fue integrado a las agravantes “motivacionales” (cfr. Bloch, “Estudio crítico del tipo penal de femicidio en el Código Penal argentino” en Revista de Derecho Penal y Procesal Penal, Abeledo?Perrot, Buenos Aires, 2014, v. 2014?10, p. 2000), el femicidio o femenicidio se trató de la flamante incorporación de la agravante que me animo a rotular como “situacional” o “circunstancial” como también ha sido denominada (cfr. Tazza, “El homicidio agravado por odio de género y femicidio”, en http://penaldosmdq.blogspot.com.ar/2014/04/elhomicidio?agravado; aquí el autor aclara que el femicidio o feminicidio se “trata de un homicidio agravado por la condición del sujeto pasivo y por su comisión en un contexto ambiental determinado”, la itálica de la transcripción me pertenece).

Esto a su vez, implica considerar que el homicidio por odio de género se trata de una agravante de “innegable corte subjetivo” (cfr. Arocena y Cesano, El delito de femicidio, Editorial IB de F, Montevideo – Buenos Aires, 2013, p. 77) en clara diferenciación con la índole objetiva que se le puede asignar al homicidio calificado del femicidio o feminicidio, fundamentalmente de tener en cuenta que este último supuesto es, como lo ha sabido definir la doctrina especializada, la muerte de una mujer “en un contexto de violencia de género” (cfr. Boumpadre, Violencia de género, Femicidio y Derecho Penal, Alveroni Ediciones, Córdoba, 2013, pp. 176/7; ver también, “Antecedentes parlamentarios de la ley 26.791”, cit., p. 37, parág. 22, intervención de la diputada Ferrari).

En suma, al dolo homicida en el que abrevan en común ambas agravantes, se le adita un requisito subjetivo (motivación) en el homicidio por odio de género, y un requisito objetivo (contexto/medio) en el femicidio o feminicidio.

Otro evidente distingo entre ambas agravantes es el que puntualizan agudamente los mencionados Arocena y Cesano, cuando explican que “el concepto de ‘violencia de género” es una noción que, a diferencia de la idea de ‘odio de género’, no repara en la cuestión biológica de la condición orgánica masculina o femenina de hombres y mujeres, sino en el aspecto cultural de la construcción de roles derivada de las estructuras sociales de naturaleza patriarcal, en las que un aprendizaje cultural de signo machista ha consagrado desigualdades sensibles entre una ‘identidad masculina’ y un subordinado conjunto de rasgos inherentes a ‘lo femenino'” (cfr. ob. cit., p.89, la itálica de la transcripción es del original).

A mi entender, con todas estas diferencias junto a las particulares características con las que ha sido reconstruido el homicidio de S. B., es posible generar un concepto integral que resuma, para este caso en particular, por qué A. la mató por odio al género y consecuentemente, no cometió un femicidio o feminicidio.

Tengo para mí que la situación contextual que anima la tipificación del femicidio o feminicidio obliga a considerar que entre víctima y victimario debe haber existido un vínculo cuanto menos ocasional con anterioridad al hecho. Pensando incluso en la versión del femicidio o feminicidio “no íntimo”, es decir, cuando el homicidio fue cometido por un hombre con quien la damnificada no tenía una relación íntima, familiar o de convivencia (cfr. Buompadre, ob. cit., p.

132; ver también el voto del camarista Filozof en CNCC, Sala VI, causa 29.907/13 del 06?09?13, antecedente ya citado), el contacto coyuntural entre víctima y victimario debió haberse extendido por un lapso de tiempo de cierta consideración, justamente, para dar lugar a que la agresión homicida, en consonancia con la hipótesis del artículo 80, inciso 11º del CP, pudiera precipitarse en “un contexto de violencia de género”.

Más todavía, si se acuerda que la violencia de género “es la expresión de un sistema de dominación por el que se perpetúa la desigualdad entre mujeres y hombres, como estrategia de control sobre ellas” (cfr. Buompadre, “Es necesario acreditar en el proceso…” en Temas Fundamentales de dogmática penal y política criminal, Editorial Contexto, Resistencia, Chaco, 2013, p. 477, donde cita a Laurenzano, Género, violencia y derecho, Edición Tirant de Blanch, Valencia, 2008, pp.344 y ss.), y si a esto le añadimos que en esa particular construcción vincular el hombre tiene un sentimiento de propiedad sobre la mujer, no parece errado concluir que para tener por acreditado el femicidio o femenicidio debe probarse que el homicida y la damnificada, antes de la muerte, debieron haber tenido un encuentro desarrollado en el tiempo -aunque, repito, más fuera en un lapso corto? para que esa relación enfermiza pudiera haberse materializado.

De hecho, si en el homicidio por odio de género (crímenes de odio o su conocida expresión en inglés hate crimes) se verificara una relación previa entre el asesino y la asesinada, el saber penal especializado plantea que sería “difícil probar que la motivación del crimen sea efectivamente el odio…’y no algún otro componente de la relación'”, como, por caso, el contexto de violencia de género tipificado en el inciso 11º del artículo 80 CP (cfr.

Patsilí Toledo, Femicidio/feminicidio, Ediciones Didot, Buenos Aires, 2014, pp. 181/2).

Para agregar algo más, pienso que en el caso de la agravante del inciso 4º el odio es un sentimiento que el homicida viene alimentando en el tiempo con proyección general (hacia el género femenino), por el contrario, en el caso del inciso 11º el contexto de violencia de género -amén de la cuestión cultural latente y común al supuesto del odio? tiene que ver con la coyuntura de una relación particular que el autor ha entablado, en un medio determinado, con una mujer luego devenida en víctima.

Dicho todo esto, como adelanté, me inclino por la agravante del odio por género. En efecto, en principio corresponde tener en cuenta el poco tiempo que duró el hecho desde que empezó la persecución a la salida de la estación de subte Castro Barros hasta que A. se retiró a pié por Don Bosco y 33 Orientales, puesto que todo transcurrió en tan sólo 5 minutos aproximadamente.Este dato descarta por completo que el ataque haya estado precedido por un encuentro o contacto -siquiera mínimo? entre ellos que, en su caso y conforme lo expuesto más arriba, hubiese alentado a proponer la tesis del femicidio o feminicidio.

También cabe detenerse en la modalidad con la que se cometió el crimen, en punto a la rapidez con la que A. “acuchilló” a S.

B. y fundamentalmente, respecto de la tipología de las lesiones que le ocasionó. La cuestión de tiempo -como ya se dijo, menos de un minuto? descarta que hubiera existido la posibilidad de hablar del contexto de violencia de género que exigen las previsiones del artículo 80, inciso 11º CP. Por su parte, la cantidad de heridas sin riesgo de vida ?10? y el hecho de que una haya estado dirigida puntualmente al rostro ?en tanto símbolo de la belleza femenina?, persuaden sobre que las puñaladas evidentemente, fueron realizadas con odio de género como vengo sosteniendo. En este sentido, no parece un dato menor que la figura femenina que tiene tatuada el imputado tenga suturada, precisamente, una parte del rostro (ver fs.

2135, fotografías tomadas por el Servicio de Fotografía de la Morgue Judicial; en particular fs. 2395).

Además, no se puede perder de vista que más allá de las alternativas que vayan experimentando los otros hechos delictivos por los que A. ha sido identificado en los últimos días, lo concreto es que en el expediente se ha documentado la versión de otras cinco mujeres además de S. B., que denunciaron haber sido atacadas bajo distintas modalidades por el nombrado, antes y después del homicidio en pesquisa (ver fs.1908/10, 1912/3, 2029/32, 2040/9 y 2136/7).

Al respecto, las distintas peculiaridades físicas que se han podido observar entre ellas -unas morochas y otras rubias, de distintas contexturas y cuyas edades oscilan entre los 16 y 27 años?, sumadas a que dicen haber sufrido agresiones de diversos tipo e intensidad -la mayoría abusos sexuales, otros, hechos de lesiones y alguno que ha dejado una importante huella corporal como el caso de P. (ver fs. 2136/7)?, permiten sostener de algún modo acreditado que su motivación para matar a S. B. no ha sido otra que su aversión odiosa al género femenino.

Al par, cumple considerar nuevamente el particular tatuaje que presenta A. en el brazo izquierdo (ver fs. 2135, fotografías tomadas por el Servicio de Fotografía de la Morgue Judicial; en particular fs. 2395). Y digo particular porque en él se ve el dibujo de una mujer con los clásicos “cuernitos” del diablo, lo que a mi parecer puede estar decididamente vinculado a su “demonización” de la figura de mujer, por cierto conteste con el designo odioso que lo motivó a asesinar a S. B.

Acerca de esto último en particular, no puede obviarse que existe una suerte de consideración extendida sobre que la demonización procura, bajo diversas técnicas, identificar a distintos sujetos políticos, étnicos, culturales, religiosos y por supuesto de género, con rasgos malos y nocivos, como modo de justificar la discriminación o la violencia que finalmente se ejerce respecto de ellos.

Sobre este aspecto, no se puede pasar por alto la información pericial psicológica y psiquiátrica rendida en el sumario (ver fs. 2326 y 2339), respecto de la fría, conflictiva y violenta relación de A. ?cuando chico? con su madre, pues admite ubicar en ese particular escenario familiar el posible origen de su odio al género femenino.Sobre el punto, no es descabellado visualizar una suerte de rechazo de la propia madre hacia A., puntualmente porque parece haberse desentendido de la crianza de su hijo cuando decidió que debía vivir con su padre en la etapa previa a su adolescencia (ver fs. 2326), rechazo o comportamiento abandónico que evidentemente también pudo haber contribuido a construir ese perfil con decidido anclaje en el odio al género femenino.

De hecho, en este contexto, tampoco parece errado sostener que las heridas que se autoinfligió en este momento tan particular y duro de su vida (ver fs. 2396), declamando en su propio cuerpo su amor hacia su padre, significara, a su vez, su evidente “contrarechazo” a la figura materna, ciertamente con la consecuente trascendencia que ello traía implicado en relación a su sentimiento de odio al género femenino.

Incluso esos mismos peritajes ratifican con contundencia lo expuesto hasta aquí, porque los psicólogos y psiquiatras -oficiales y de parte? intervinientes, de manera unánime, han ratificado de modo científico todas mis impresiones y convicciones acerca de qué fue lo que motorizó al acusado a matar a S. B. En concreto, destacaron los expertos que en A. “[l]o femenino aparece devaluado teñido con carga ambivalente”, que ha tenido “[v]ivencias de desafectivización asociado a lo femenino” y que “[p]resenta elementos paranoides asociado[s] a [lo] femenino” (ver fs. 2330/1 y 2340).

G) La prisión preventiva:

A. se encuentra indagado por un delito cuya escala penal no permite que permanezca en libertad durante el proceso conforme la interpretación tradicional que se hace de las normas que rigen la excarcelación (arts. 316, 317 inc. 1° y 310 a contrario sensu, CPPN).

En este sentido, entonces, el encarcelamiento preventivo encuentra sustento en la gravedad de la imputación formulada, concretamente en punto a la pena que eventualmente le pudiere llegar a corresponder.

En efecto, las características del hecho aquí investigado, en cuanto a la violencia demostrada por su autor y sobre todo el móvil que lo llevó a matar a S.B., permite sostener una expectativa cierta del dictado de una condena de efectivo cumplimiento, con lo cual, en miras de esa prognosis, puedo presumir que, de no permanecer en detención durante la sustanciación del proceso, podría adoptar un comportamiento elusivo hacia la jurisdicción, burlando el accionar de la justicia de modo de podría impedir a fin de cuentas la realización del derecho material (art. 319 CPPN).

Así, se advierte fundadamente de la posibilidad de que el procesado, en caso de recuperar la libertad, procure eludir la acción de la justicia, precisamente para no tener que responder a esa eventual sentencia condenatoria de efectivo cumplimiento (cfr. CNCP, Sala II, causa 6.614 del 30?05?06 y CNCC, Sala VII, causa 31.212 del 16?02?07; ambos con cita de los informes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos 12/96, parág. 86 y 2/97, parág. 2).

Al respecto, cabe recordar que la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia Nacional ha definido que es potestad legislativa regular el régimen excarcelatorio; y que la restricción de la libertad en los casos previstos por esa norma ?art. 317, inc. 1° CPPN? “se funda en ambos casos en la posibilidad de que el imputado eluda la acción de la justicia en las primeras etapas de investigación” (Fallos: 321: 3630).

De esta forma se configura al menos uno de los denominados por la doctrina peligros procesales que autorizan la privación de libertad durante el proceso: la fuga, que por cierto corresponde conjurar con el dictado de una medida coercitiva como el encarcelamiento preventivo del inculpado (cfr. Maier, Derecho Procesal Penal, Editores Del Puerto, Buenos Aires, 2004, t. I, pp. 514/6 y; Hassemer, Crítica al Derecho Penal de hoy, Ad Hoc, Buenos Aires, 1995, pp. 5/23; cfr. también CNCC, Sala I, causa 25.039 del 06?12?04).

Incluso, teniendo en cuenta el grado de verosimilitud advertido sobre los graves cargos que se le reprochan a A., cabe señalar que el tiempo que éste lleva detenido no luce desproporcionado en función de las reglas que rigen la materia, por caso, en relación concreta a los plazos procesales que se mencionan en el artículo 207 CPPN (cfr. CNCC, Sala I, causa 26.307 del 09?06?05).

En suma, la mencionada razonabilidad del tiempo de encierro en función de la pena en expectativa -homicidio?, sumado al avanzado estado de la investigación, entre otros, son datos objetivos suficientes para fundar el encarcelamiento preventivo (CNCP, Sala II -mayoría?, causa 1.516/13 del 02?10?13).

H) El embargo:

El artículo 518 del código de forma establece que se debe ordenar el embargo suficiente de bienes del imputado, a fin de garantizar la eventual pena pecuniaria, la indemnización y las costas.

Habrá de hacerse una ponderación estimativa del monto emergente del perjuicio ocasionado por el delito señalado, teniendo en cuenta las circunstancias del hecho y modalidad criminal, y el “valor vida”, esto es la indemnización civil que podría corresponder a cualquiera que puede tener derecho a un resarcimiento por el daño emergente del atentado contra la vida, amén de aditarle las costas del proceso, las que a su vez incluyen el pago de la tasa de justicia, los honorarios de los abogados y peritos y los demás gastos que se hubieren originado por la tramitación de la causa ?art. 533 ibidem? (cfr. D’Albora, Código Procesal Penal de la Nación, LexisNexis/Abeledo?Perrot, Buenos Aires, 2002, p. 1086; aquí, con cita en la jurisprudencia de la CNPE, el autor destaca que la cuantificación del embargo debe comprender el detrimento generado por el delito y el pago de honorarios profesionales y otros costos que insuma la sustanciación del sumario).

En efecto, lleva dicho la jurisprudencia que para determinar el monto del embargo corresponde tener en cuenta:”la tasa de justicia, los honorarios de los profesionales, las pericias realizadas, las indemnizaciones a los peritos -en su caso?, indicando los recursos que insumió la investigación” (CNCP, Sala II, causa 1.990/13 del 15?11?13) y que “la finalidad del embargo es evitar la disposición de ciertos bienes del imputado hasta el arribo a una sentencia definitiva y su dictado supone necesariamente la existencia de un proceso en trámite” (CNCP, Sala II, causa 160/13 del 11?03?13).

En el caso particular, corresponde calcular $60,67 por la tasa de justicia, otros $60.000 por los honorarios que podrían regularse respecto de los abogados -querellantes y defensor? que intervienen en el sumario y, otros $30.000 en eventual retribución de los peritos que han participado o podrían participar en los estudios realizados o a realizar en autos.

Claro que el cálculo es comprensivo de $400.000 en concepto del resarcimiento pertinente por los posibles reclamos por daños y perjuicios de los familiares de la víctima, considerando en este último ítem -sobre todo? no sólo que quitarle la vida a una persona es el mayor daño que se le puede ocasionar a ella y a su círculo íntimo (cfr. CNCiv, Sala L, causa “Budellli” del 18?02?09) sino también la proyección de vida que tenía S. B. si se repara en por su edad y en su firme vocación de estudio. Cabe recordar que tenía solamente 21 años y había decidido venir a nuestro país desde la hermana República de Chile para profundizar su educación universitaria.

En suma, considero apropiado ?al menos por ahoradisponer un embargo de cuatrocientos noventa mil sesenta con 67/100 pesos ($490.060,67).

I) La parte dispositiva:

Por todo lo expuesto, en aplicación de lo prescripto en los artículos 306, 307, 312 y 518 CPPN, corresponde y así; RESUELVO:

1) DISPONER EL PROCESAMIENTO CON PRISIÓN PREVENTIVA respecto de L. A. A.de las condiciones personales ya consignadas, en la presente causa n° 43.587/2014 del registro de la Secretaría N° 140, por considerarlo prima facie autor penalmente responsable del delito de homicidio agravado por odio de género (art. 80, inc. 4° CP; arts. 306 y 312 CPPN).

2) CONVERTIR EN PRISIÓN PREVENTIVA la actual detención que vienen cumpliendo L. A. A. (art. 312, inc. 2? CPPN).

3) MANDAR TRABAR EMBARGO sobre los bienes y/o el dinero de A. hasta cubrir la suma de $490.060,67 (cuatrocientos noventa mil sesenta con 67/100 pesos), debiéndose labrar los respectivos mandamientos que serán diligenciados por el Oficial de Justicia en turno con el Tribunal (art. 518 del CPPN).

4) Notifíquese a L. A. A. ?detenido en el Centro Penitenciario Federal 1 de Ezeiza del Servicio Penitenciario Federalmediante cédula urgente, a través de la Ujiería Penitenciaria de la Cámara Criminal (Acordada 55/07) a diligenciar en la fecha de su recepción; a la defensa y a la querella mediante cédulas electrónicas, a la Fiscal por nota.

5) Divúlguese por intermedio través del Centro de Información Judicial dependiente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, para lo cual se remitirá copia ?en soportes papel e informático? del decisorio a la Directora del sector, doctora María Bourdin.

6) Tómese razón y oportunamente, firme que sea, comuníquese y sigan los autos según su estado.

LUIS ALBERTO ZELAYA

JUEZ DE INSTRUCCIÓN

Ante mí:

JUAN SCHABAS MADUEÑO

SECRETARIO

En la misma fecha se cumplió con lo ordenado. Conste.

JUAN SCHABAS MADUEÑO

SECRETARIO

En siendo las se libraron cédulas electrónicas al Dr. B. y a la querella. Conste.

JUAN SCHABAS MADUEÑO

SECRETARIO

En notifiqué a la Sra. Fiscal (32), y firmó. Doy fe.

JUAN SCHABAS MADUEÑO

SECRETARIO

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