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Rechazo de demanda al no haberse acreditado la relación causal entre el síndrome de «burn out» padecido y las tareas realizadas

síndrome-del-burn-outPartes: B. F. c/ Nextel Comunications Argentinas S.R.L. s/ despido

Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo

Sala/Juzgado: IX

Fecha: 17-dic-2013

Cita: MJ-JU-M-85390-AR | MJJ85390 | MJJ85390

Rechazo de la demanda por no haberse acreditado que el síndrome de «burn out» que padecía el actor hubiese tenido origen en las tareas desarrolladas por éste.

Sumario:

1.-Cabe confirmar el rechazo de la demanda deducida, pues la existencia de una patología como el síndrome de burn out puede tener su origen en factores de la más diversa índole, sea de carácter endógeno, constitucional o bien exógeno, por lo que frente a esta multiplicidad de factores que, por sí solos o en concurrencia con otros, poseen aptitud para originar una patología como la analizada, era menester acreditar con fundamentación científica adecuada que la misma resultaba objetivamente relacionable con las condiciones laborales bajo las cuales se desempeñó el actor; y no se ha producido prueba idónea a efectos de demostrar ese extremo esencial.

2.-Debe desestimarse el daño moral reclamado, pues no toda desavenencia profesional implica o da origen al acoso moral, cuya característica principal se asienta en la repetición de actitudes, palabras, conductas que, tomadas por separado, pueden parecer anodinas, pero cuya repetición y sistematización las convierte en destructivas.

Fallo:

En la Ciudad de Buenos Aires, el 17-12-13 , para dictar sentencia en los autos «B.F. C/ NEXTEL COMMUNICATIONS ARGENTINA S.R.L S/ DESPIDO» se procede a votar en el siguiente orden:

El Dr. Álvaro Edmundo Balestrini dijo:

I.- Contra la sentencia dictada en primera instancia que en lo sustancial hizo lugar a la demanda incoada, se alza la parte actora a tenor del memorial de fs. 217/225, sin merecer réplica de la contraria.

II.- Anticipo que los agravios tendientes a cuestionar el rechazo de rubro reclamado en concepto de daño psicológico, no tendrán favorable recepción.

Ello así, porque más allá de los reparos que merece la queja con relación al cumplimiento de los recaudos exigidos por el art. 116 de la L.O., considero que los argumentos que plantea el apelante no resultan idóneos a fin de rebatir el fundamento utilizado por el Sr. Juez de grado para desestimar dicho rubro, esto es, que el actor no ha logrado acreditar que los trastornos de índole psíquicos invocados en la causa resultan objetiva o subjetivamente atribuible a la responsabilidad de su ex-empleador.

Así, y a diferencia de lo manifestado por el recurrente, en ninguna parte de la historia clínica remitida por la clínica DHARMA (que obra en el sobre de fs. 161) surge que los profesionales que atendieron al actor hayan determinado, ni en grado de hipótesis, que el trastorno que allí se describe, pueda estar de algún modo vinculado a la actividad laborativa desplegada por aquél, ni aportan fundamento científico alguno que permita relacionar la afección psíquica allí detallada con el trabajo. Adviértase que las citas que consigna el quejoso en el escrito recursivo (pag.17 y 25 de la historia clínica, en las que se hace alusión al trabajo desarrollado como «tensionante» y a la remisión de la CD mediante la cual se lo advierte sobre un eventual abandono de tareas como desencadenante del trauma) no reflejan conclusiones efectuadas por los médicos tratantes sino que las mismas transcriben meras manifestaciones efectuadas por el accionante.

Demás está decir que, atento los términos en los cuales quedó trabada la litis, correspondía al actor acreditar no sólo la existencia del padecimiento sino, además, su relación causal o concausal con las tareas desempeñadas (extremos éstos especialmente negados en el responde -ver fs. 114- ), porque ésa es la carga procesal que le imponía el art. 377 CPCCN.

Y al respecto debo señalar que la existencia de una patología como la que surge de la historia clínica, puede tener su origen en factores de la más diversa índole, sea de carácter endógeno, constitucional o bien exógeno. Frente a esta multiplicidad de factores que, por sí solos o en concurrencia con otros, poseen aptitud para originar una patología como la analizada, era menester acreditar con fundamentación científica adecuada que la misma, resultaba objetivamente relacionable con las condiciones laborales bajo las cuales se desempeñó el actor; y en este sentido coincido con el aquo que no se ha producido prueba idónea a efectos de demostrar ese extremo esencial, lo que sella la suerte del agravio.

Por lo expuesto, corresponde -y así lo voto- confirmar el decisorio en lo que ha sido materia de este agravio.

III.- En cuanto al rechazo del reclamo del resarcimiento por «daño moral» la decisión adoptada en el fallo apelado también debe ser confirmada.En primer lugar, para un mejor análisis de la cuestión, me interesa destacar que no toda desavenencia profesional implica o da origen al acoso moral, cuya característica principal se asienta «en la repetición de actitudes, palabras, conductas que, tomadas por separado, pueden parecer anodinas, pero cuya repetición y sistematización las convierte en destructivas» (Hirigoyen, Marie-France, El acoso moral en el trabajo, traducción de Nuria Pujol Valls, Barcelona-Buenos Aires-México, Paidós Ibérica S.A., año 2001, pag. 30).

Y desde esta perspectiva de enfoque, debo señalar que la acreditación de los extremos que fueran analizados en el considerando anterior, era de fundamental importancia también en este aspecto, porque si bien arriban firmes las conclusiones vertidas por el a quo en relación a las condiciones de trabajo del actor (diversidad y dispersión de tarea, ritmo de trabajo acelerado o muy elevados de estímulos, lugares poco amplios que implicaban una gran exigencia, mayor que la que puede suponerse normal) y aun sosteniendo que las mismas pudieron intervenir en el desarrollo de una afección como la invocada en el escrito de inicio (síndrome de Burn Out), no es menos cierto que las patológicas que surgen de la historia clínica, no sólo son concebibles en el marco de la relación habida con la demandada, sino que también pudieron darse con prescindencia de la actividad desplegada para ésta.

En consecuencia, coincido con el a quo en que en el caso bajo análisis no se ha producido prueba idónea a los fines de acreditar los presupuestos facticos ni jurídicos en razón de los cuales litigara el actor (art. 499 del Código Civil), por lo que propicio confirmar la sentencia de grado también en este aspecto.

IV.- Sugiero imponer las costas de la Alzada en el orden causado, atento la ausencia de réplica (art.68, 2da.parte del C.P.C.C.N.) y regular los honorarios de la representación y patrocinio letrado de la actora, por su intervención en esta Instancia, en el 25% de lo que, en definitiva le corresponda por su actuación en la anterior Instancia (art.14, Ley 21.839).

El Dr. Roberto C. Pompa dijo: Por compartir los fundamentos, me adhiero al voto que antecede.

El Dr. Gregorio Corach: no vota (art. 125 de la L.O.).

A mérito del acuerdo al que se arriba, el Tribunal RESUELVE: I) Confirmar la sentencia dictada en la anterior instancia en lo que fue materia de agravios. II) Costas de la Alzada en el orden causado. III) Regular los honorarios de la representación letrada de la parte actora, por su actuación ante esta alzada, en el 25% de lo que le corresponda por lo actuado en la anterior instancia.

Regístrese, notifíquese y devuélvase.

Roberto C. Pompa

JUEZ DE CAMARA

Álvaro E. Balestrini

JUEZ DE CAMARA

Ante mí

 

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