Culpa in vigilando de la madre por accidente en que menor en bicicleta se interpuso en el espacio entre camión y acoplado

shutterstock_53338096Partes: N. L. I. c/ B. G. M. y otros s/ daños y perjuicios

Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil

Sala/Juzgado: J

Fecha: 11-mar-2014

Cita: MJ-JU-M-85328-AR | MJJ85328 | MJJ85328

Culpa in vigilando de la madre por el accidente ocurrido cuando una menor que circulaba en bicicleta se interpuso en la línea de marcha de un camión, en el espacio entre este y el acoplado, pues incumplió sus deberes propios de la patria potestad.

Sumario:

1.-Corresponde confirmar la sentencia por la cual se rechazó la demanda interpuesta contra el conductor de un camión que atropelló a una menor que se encontraba circulando en bicicleta, con fundamento en que existió culpa ‘in vigilando’ de la madre, pues la niña se encontraba sola en horario nocturno, sin el correspondiente cuidado que debió prestarle el adulto que estaba a su cargo, contribuyendo de esta manera a que acaeciera el hecho dañoso.

2.-En el marco de un accidente de tránsito en el que una menor que circulaba en bicicleta resultó atropellada por un camión, debe tenerse por acreditada la culpa de la víctima en la producción del siniestro cuando, de la lectura y análisis de las pericias, en concordancia con el resto del plexo probatorio producido, cabe concluir que el accidente ocurrió con motivo de la interposición de la menor en la línea de marcha y en el espacio habido entre el camión y el acoplado, máxime si no fue vista por el chofer mientras efectuaba la maniobra de giro del vehículo de gran porte, atento a las dimensiones de la arteria por la que circulaba, lo que marca que la conducta de la menor revistió los caracteres de imprevisibilidad e irresistibilidad propios del caso.

3.-Existe culpa de la víctima cuando la circulación de la menor se hizo violando lo dispuesto por el art. 50 ‘in fine’ de la ley N° 11430, ello como consecuencia de la falta de control y vigilancia de su progenitora, lo que surge reconocido en la causa penal, en la que la accionante reconoce que la niña se hallaba circulando sola con su biciclo a una distancia de 150 metros del hogar, sin la supervisión de un adulto, y que fue anoticiada del accidente por otro de sus hijos menores.

Fallo:

Buenos Aires, a los días del mes de marzo de 2014, reunidas las Señoras Jueces de la Sala “J” de la Excma. Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil de la Capital Federal, a fin de pronunciarse en los autos caratulados: “N., L. I. c/ B., G. M. y otros s/ daños y perjuicios”.

La Dra. Zulema Wilde dijo:

Contra la sentencia de fs. 278/291 se alza la parte actora, quien expresa agravios a fs. 332/340 y fs. 341/342. Corrido el traslado de ley pertinente, el mismo no fue evacuado. Con el consentimiento del auto de fs. 347 quedaron los presentes en estado de resolver.

I. RESPONSABILIDAD.-

I. a) Se agravia la actora por el rechazo de la demanda interpuesta. Funda su queja en que se ha efectuado una errónea valoración de las pruebas rendidas en autos y en causa penal, concluyendo que fue el camión del demandado el que arrolló a la menor con sus ruedas, no existiendo constancias de que haya sido la niña la que se introdujo o se ubicó entre el camión y el acoplado. Hace alusión a las conclusiones de la pericia mecánica de autos y a la accidentológica de sede penal para fundamentar su postura. También remarca el punto referido a que el chofer no vio a la menor en bicicleta y que el mismo circulaba en contramano, así como los efectos derivados de la incontestación de la demanda y una supuesta errónea aplicación de la configuración de la eximente invocada. Solicita la revocación de la sentencia y el consecuente acogimiento de las demanda. (Ver fs. 332/340 y fs. 341/342).

I. b) En primer lugar, como el hecho en cuestión fue producto de la colisión de dos rodados en movimiento rige la doctrina legal que pone en juego las presunciones de causalidad y responsabiliza a cada dueño o guardián por los daños sufridos por el otro (art.1113, párrafo 2° “in fine” C.Civil) con fundamento objetivo en el riesgo; para eximirse cada uno de los responsables debe invocar y probar la culpa del otro, la de un tercero por la que no deba responder o el caso fortuito ajeno a la cosa que fracture la relación causal.-

Producida la sanción de la ley 17.711, que incorpora en su artículo 1.113 del Código Civil la responsabilidad por el riesgo creado, sin desplazar el sistema de la culpa, sentado en el artículo 1.067 del aludido cuerpo legal, se establece que en los daños con las cosas, el dueño o guardián para eximirse de responsabilidad o disminuir la que se le atribuye, deberá demostrar culpa de la víctima, la de un tercero por la que no deba responder, el caso fortuito ajeno a la cosa que rompa la relación de causalidad adecuada o que la hubo en menor grado de la que se imputa.-

En consecuencia, los elementos aportados al presente y la prueba rendida, deben analizarse con detenimiento a fin de establecer si pueden servir de eximente parcial o total de responsabilidad.

Por ello, es dable destacar que la convicción del juzgador debe formarse tendiendo a un grado sumo de probabilidad acerca del modo de producirse el evento, aunque no se tenga certeza absoluta, porque admitida la existencia del siniestro y ante versiones contrapuestas, debe realizarse un proceso de selección que forzosamente conduzca a tener como realmente sucedidas algunas circunstancias en que se apoyan dichas manifestaciones.-

Asimismo los jueces no se encuentran obligados a seguir a las partes en todos los planteamientos, ni evaluar la totalidad de los elementos probatorios agregados al expediente sino que sólo deben hacer mérito de aquéllos que crean conducentes y de la articulaciones que juzguen valederas para la resolución de la litis.-

Sostiene Fassi que “la carga de la prueba no supone ningún derecho del adversario sino un imperativo del propio litigante, es una circunstancia de riesgo, que consiste en que quien no prueba los hechos que debe probar, pierde el pleitosi de ella depende la suerte de la litis” (sic. Código Procesal Civil y Comercial de la Nación Comentado Tomo II página 163).-

“En el proceso dispositivo civil, sin perjuicio de que el juez debe obtener, dentro de lo posible, la verdad en su mayor pureza, se impone la necesidad de una solución para los supuestos dudosos.tanto las partes al desplegar su actividad, cuanto el juez al momento de dictar sentencia, tienen que tener una regla que a este último le permita determinar a quien condena o absuelve, ya que no es posible absolver la instancia.no se trata sólo de reglas para el juez, sino también de reglas o normas para que las partes produzcan las pruebas de sus hechos, al impulso de su interés en demostrar la verdad de sus respectivas posiciones” (sic. Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, Anotado, Concordado y Comentado, Enrique Falcón Tomo III, Pag.145 Ed. Abeledo-Perrot).-

En primer lugar, cabe remarcar que a fs. 22 de la causa penal obrante en fotocopias consta la declaración testimonial del demandado, en la que expresa que el conductor del camión no vio a la menor antes de arrollarla con las ruedas del acoplado.

A fs. 83 vta. de la misma causa consta la inspección mecánica efectuada sobre los rodados, en la que se consigna que la bicicleta “presentaba aplastamiento de la rueda trasera, juntamente con su horquilla, guardabarros trasero y elementos correspondientes al freno trasero.” A fs. 85 consta un croquis del lugar del hecho y a fs. 87/88 obran fotografías que dan cuenta de los daños en la bicicleta.

A fs. 112/114 vta. de la causa represiva consta la pericia accidentológica, con sus respectivos croquis (fs. 115/117), en la que se establecieron las siguientes conclusiones:

– ” . momentos previos al accidente el ciudadano B. G. M., conduciendo camión Mercedes Benz . con acoplado . circulaba por la calle Irigoyen con sentido cardinal Suroeste a Noreste (plano a escala fs.85) a un metro con veinte centímetros (1,20 mts.) aproximadamente del extremo izquierdo de dicha calle (placa fotográfica nro. 6 de fs. 12), cuando al llegar a la intersección con la calle Dardo Rocha, en circunstancias en que se hallaba realizando una maniobra de giro hacia su derecha con intenciones de continuar su desplazamiento por la última calle mencionada con sentido hacia el cuadrante cardinal Sureste, toma contacto con el sector terminal del larguero izquierdo de la lanza, en cual se constataron signos de limpieza (pericia mecánica de fs. 83 vta., placa fotográfica nro. 8 de fs. 14) sobre la bicicleta y la menor, cayendo el biciclo sobre su lateral izquierdo (placa fotográfica nro. 10 de fs. 16), quedando el mismo junto a la víctima debajo del acoplado, el cual mantiene contacto con la rueda interna del par de duales izquierdas del primer eje (placa nro. 8 y nro. 9 de fs. 14 y fs. 15) sobre la menor y la rueda trasera de la bicicleta, generándose un esfuerzo de compresión que provoca la deformación de la mencionada rueda del biciclo, distinguiéndose en la imagen digital ubicada en la parte inferior del lado izquierdo de la hoja foliada con el nro. 88, sobre la banda de rodamiento del neumático, el arco dejado por la rueda trasera de la bicicleta al ser aplastada por el mencionado neumático del acoplado, sufriendo la deformación plástica que se observa a través de la imagen digital ubicada en sector inferior derecho de la hoja foliada con el nro. 87.

Si observamos detenidamente esta última imagen captada con una cámara digital, que expone a la bicicleta vista desde su plano posterior, pueden denotarse que las deformaciones que presenta en la parte terminal de su lateral derecho, son producidas por el aplastamiento ocasionado por el paso de la rueda interna del par de duales izquierdas del primer eje del acoplado sobre la bicicleta, cuando esta se encontraba ya caída, quedando sobre la banda de rodamiento del neumático del acoplado la impronta de la rueda trasera del biciclo.Si observamos las restantes imágenes digitales que nos documentan la bicicleta, podemos ver que la misma no presenta otras deformaciones materiales sobre su cuadro que indiquen un impacto recibido en posición normal de desplazamiento. Si observamos la placa fotográfica nro. 5 de fs. 11 y plano a escala de fs. 85, se puede apreciar que la bicicleta no supera el extremo derecho o borde de la calzada de arena de la calle Dardo Rocha, lo que indica que el contacto ocurre sobre la calle Irigoyen, cercano a la posición adoptada por el biciclo, lo que determina que la menor al momento de producirse el hecho se encontraba sobre la calzada de esta última calle; no siendo posible determinar con principios y bases debido a la ausencia de indicios de huellas de rodadura de la bicicleta, si la misma llega al contacto proveniente del sector parqueado de la vereda (margen izquierdo), donde se observa mediante la placa fotográfica nro. 6 de fs. 12 que la misma presenta una pendiente hacia la calzada; o queda expuesta al contacto ejerciendo un movimiento previo en forma paralela al lateral izquierdo del acoplado del camión; situación que impide asignar un rol participativo de los rodados.” (Ver fs. 113/114 de causa penal).

Por su parte, a fs. 180/195 de autos consta la pericia mecánica de oficio en la que se dictaminó, de acuerdo a los croquis secuenciales acompañados a fs. 187/190, lo siguiente:

-“Croquis 3: ilustra en tres secuencias, las posiciones que adoptaría camión y acoplado al girar con radio mínimo. También ilustra las posiciones de la ciclista y bicicleta mientras doblaba el camión con acoplado, según las evidencias repasadas a continuación en cada secuencia: Su secuencia 1 ilustra la posición que debió adoptar la ciclista para limpiar la parte trasera izquierda de la lanza del acoplado según documentó el examen de visu mecánico policial a fs. 83 vta. de causa penal y fotografía 8 a fs. 14 también de causa penal.La vista lateral (1a) de la secuencia 1 muestra que los hombros de la ciclista coinciden con dicha zona de la lanza que quedó limpia, evidenciando allí sucedió el primer contacto documentado entre ciclista y camión con acoplado. La secuencia 2 muestra las ruedas delanteras izquierdas del acoplado pisando la rueda tr asera de la bicicleta, según evidencian las marcas en el neumático del acoplado ilustrada en la fotografía a fs. 88 de causa penal, deformaciones en la bicicleta según fotografías a fs. 87/88 de causa penal, y daños descriptos en el examen de visu mecánico policial de la bicicleta a fs. 83 vta. de causa penal. En la trayectoria del camión doblando entre la secuencia (1) hasta la (2), la lanza del acoplado tuvo un movimiento combinado de traslación y rotación: se trasladó lateralmente 19 cm. hacia la izquierda, avanzó 126 cm., y rotó 4°. Ello empujaría a la ciclista hacia su izquierda, haciéndola caer a la calzada en la posición mostrada en la secuencia (2).” (Ver fs. 185/186 de autos).

-“La bicicleta debió girar respecto de la secuencia anterior, al rozar entre el poco espacio entre la calzada y el piso del acoplado según muestra la fotografía 10 a fs. 16 de causa penal.” (Ver fs. 186 de autos).

-“La ciclista debió llegar a dicha posición por sus medios, ya que el camión con acoplado no pudo avanzar perpendicularmente a su normal sentido de avance, para ubicar a la ciclista en la posición cercana a la del contacto inicial. Este perito no encuentra evidencias para determinar si la ciclista llegó desde la calle, o desde la vereda a la posición 1 de los croquis 3 y 4.” (Ver fs. 192 de autos).

-“El croquis 1 ilustra que la posición de detención final del acoplado fue en su mano contraria, lo que indica que el camión previamente invadió su mano contraria.” (Ver fs. 192 de autos).

Dicha pericia fue objeto de observación a fs.211/213 por la parte demandada, lo que mereció la contestación del experto a fs. 240/245 ratificando su dictamen anterior.

Debe decirse que el valor probatorio de un peritaje se mide por su apoyo gnoseológico y científico, es decir, por la seriedad, prolijidad y exhaustividad del camino seguido por el experto para arribar a sus conclusiones. Dado que el juez es entonces un sujeto cognoscente de segundo grado -conoce a través del perito y con el auxilio técnico que éste le brinda-, la estimación de la fuerza de convicción del dictamen se subordina a un análisis crítico de las razones y fundamentos que han conducido al experto a la formulación de sus juicios.

De la lectura y análisis de las pericias, en concordancia con el resto del plexo probatorio citado (tanto en autos como en sede penal), cabe concluir que el accidente ocurrió con motivo de la interposición de la menor en la línea de marcha y en el espacio habido entre el camión y el acoplado, ya que resulta de imposible concreción en el plano fáctico el arrollamiento posterior sin que previamente la ciclista se hubiera ubicado delante de la lanza donde se produjera el contacto inicial (ver fs. 114 de causa penal y fs.192 de autos). De no ser así, el contacto inicial se habría producido con la punta del acoplado y no con la lanza, y el arrollamiento no se hubiera producido con las ruedas duales delanteras (más precisamente con la delantera izquierda interna), lo que marca claramente la culpa de la víctima en la producción del siniestro.

Asimismo, ha quedado reconocido por el demandado en sede penal que la menor no fue vista por el chofer mientras efectuaba la maniobra de giro del camión, vehículo de gran porte, atento a las dimensiones de la arteria por la que circulaba, lo que marca que la conducta de la menor revistió los caracteres de imprevisibilidad e irresistibilidad propios del caso.

Tal como lo remarcara la “a quo”, la circulación de la menor se hizo violando lo dispuesto por el art. 50 “in fine” de la Ley N° 11.430, ello como consecuencia de la falta de control y vigilancia de su progenitora, lo que surge reconocido en la declaración de fs. 96/96 vta. de causa penal, en la que la accionante reconoce que la niña se hallaba circulando sola con su biciclo a una distancia de 150 metros del hogar, sin la supervisión de un adulto, y que fue anoticiada del accidente por otro de sus hijos menores.

En ese sentido, cabe remarcar que la patria potestad abarca relaciones jurídicas fundamentadas en el reconocimiento de la autoridad paterna y materna sobre los hijos menores. Pero este complejo de relaciones entre padres e hijos que surgen de la filiación buscan satisfacer la necesaria asistencia, protección y representación jurídica de los hijos menores.De modo tal que esta autoridad de los padres sobre hijos va encaminada a cuidar de ellos, no sólo en su persona sino también en sus bienes.

Como un anverso y reverso, el indispensable control sobre la conducta de los hijos lleva a la consecuente responsabilidad por los actos que aquellos realicen.

Si bien el niño, desde que nace hasta que cumple una determinada edad en la que adquiere capacidad jurídica para realizar ciertos actos, queda sujeto a la autoridad de la patria potestad en sus contenidos personales y patrimoniales, ello no implica reconocer los límites de esa autoridad paterna, más allá que el específico fin para el cual ha sido concedida.

Si bien el grado de capacidad de los menores no es igual para discernir las consecuencias de sus actos conforme su edad, distinguiéndose para ello como lo hace la norma del artículo 921 del C.C., circunstancia que posibilita aceptar como real la menor conciencia de realidad del riesgo corrido y de la seguridad propia. No cabe duda que es atribuible a la madre de la niña por estar a cargo de ella en ese momento, la falta de previsión y de debida atención en el accidente de autos. Si varias condiciones anteriores, concomitantes o posteriores al hecho asumen el carácter de causa, ha de denominárselas concausa.

“Soler llama concausa a la condición que concurre a la producción del resultado con preponderancia sobre la acción del sujeto.” (Soler, S. Derecho Penal. Tomo I, págs. 106.107, citado por Compagnucci de Caso, Rubén H. Responsabilidad Civil y relación de causalidad. Ed. Astrea, 1984, Capítulo III, págs. 55-56).

Se refleja lo dicho en el hecho de que la niña se encontrara sola andando en bicicleta por la calle en horario nocturno, sin el correspondiente cuidado que debió prestarle el adulto que estaba a su cargo, contribuyendo de esta manera a que acaeciera el hecho dañoso.Esta culpa “in vigilando” de la madre de la menor se proyecta como eximente de responsabilidad frente a la parte demandada autora del daño, por tratarse de un tercero ajeno por quien no hay obligación de responder (Art. 1113 C.C., art. 184 C. Com. y véase en igual sentido lo resuelto por esta Sala en los exptes. N° 24.281/94, 65.373/97, 109.235/97; y CNEspCivCom, Sala V, “Neroni, José c/ Lucena, Manuel V. y otro s/ sumario”, 5/12/86).

Es así que los argumentos vertidos por la apelante no alcanzan a conmover los fundamentos brindados por la primer sentenciante en el fallo en recurso.-

Por lo que la conclusión a la que arribara la jueza de la anterior instancia, resulta adecuada a derecho y a las constancias de autos, proponiendo se desestime la queja planteada en este aspecto y se confirme el fallo recurrido sobre el particular.

En consecuencia, doy mi voto para que:

I. Se confirme la sentencia recurrida en todo lo que decide y ha sido materia de apelación y de agravios.

II. Sin costas en esta instancia, en atención a la ausencia de controversia.

Las Dras. Marta del Rosario Mattera y Beatriz A.Verón adhieren al voto precedente.-

Con lo que terminó el acto, firmando las Señoras Vocales por ante mí que doy fe.-

Buenos Aires, marzo de 2014.-

Y VISTOS: Lo deliberado y conclusiones establecidas en el Acuerdo precedentemente transcripto el Tribunal RESUELVE:

I. Confirmar la sentencia recurrida en todo lo que decide y ha sido materia de apelación y de agravios.

II. Sin costas en esta instancia, en atención a la ausencia de controversia.

III. Para conocer los honorarios regulados en la sentencia a fs. 290/291, apelados a fs. 294 por altos, y a fs. 294 por bajos.

En atención al monto comprometido, naturaleza del proceso, calidad, eficacia y extensión del trabajo realizado, cantidad de etapas cumplidas, resultado obtenido, y de conformidad con lo dispuesto por los arts. 1, 6, 7, 8, 9, 10, 19, 38 y conc. de la ley 21.839, y por resultar ajustados a derecho, confírmense los honorarios regulados a los letrados intervinientes, así como los de los peritos y demás profesionales actuantes en autos, con excepción de los regulados a la mediadora Dra. C. M. B., los que, por resultar elevados, se reducen a la suma de $ 9.800 (conf. ar. 1° inc. g) del Anexo III del Decreto 1457/11 reglamentario de la Ley 26.589).

Regístrese, notifíquese por cedula por Secretaria y comuníquese a la Dirección de Comunicación Pública de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (Acordada N° 15/13 art. 4° ) y oportunamente devuélvase.-

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