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Se condenó al guardador de los perros que atacaron a un niño considerándolo autor de homicidio culposo por quebrantar los deberes de cuidado.

shutterstock_145289545Partes: B. M. A. s/ homicidio culposo

Tribunal: Cámara de Apelaciones de Concepción del Uruguay

Sala/Juzgado: Penal

Fecha: 24-feb-2014

Cita: MJ-JU-M-85048-AR | MJJ85048 | MJJ85048

Se condenó al guardador de dos canes que atacaron ferozmente a un niño, provocándole la muerte, considerándolo autor del delito de homicidio culposo, al haber quebrantado los deberes de cuidado a su cargo.

Sumario:

1.-Cabe condenar en calidad de autor del delito de homicidio culposo (art. 84 del CPen) al imputado, en su calidad de guardador y/o cuidador de dos canes, que omitió el cumplimiento de deberes a su cargo, vulnerando lo normado en las Ordenanzas Municipales, encontrándose los animales a su cuidado en la calle sin bozal, collar identificatorio, correa, oportunidad en la que atacaran a un menor de edad, causándole lesiones de magnitud que provocaron su muerte-, resulta objetivamente evidente, que más que crearse, se mantuvo el riesgo, es decir, se conservaron los canes en la casa; que ese riesgo era superior al normal pues se trataba de perros agresivos, según lo relatado por los diversos testigos, y que no se actuó con la debida diligencia; al contrario, se actuó negligentemente, ésto es, con un hacer de menos, consistente en la falta de precaución o desinterés en los hechos que podrían desencadenarse con esta conducta omisiva al mantener los animales sueltos, máxime al considerar que el menor de apenas dos años de edad, no quebrantó ningún rol y tampoco lo hicieron sus padres, pues el infante se desplazó en un breve lapso cuando aquéllos se encontraban abocados a una tarea común y familiar y, previo a ello, habían dejado al pequeño a resguardo en una habitación. Distinta hubiera sido la situación si los perros que habitaban la casa del imputado se hubieren encontrado atados o cercados y el niño hubiera ingresado a su perímetro.

2.-El deber de cuidado desantendido por el incuso consistía en desplegar una conducta personal, determinada por el conocimiento que, como cuidador de canes, debía tener del comportamiento de los animales a su cargo. Ello surge de un proceso lógico que se basa en el principio de derivación o de congruencia entre los hechos constatados, las declaraciones coincidentes de los numerosos testigos e, inclusive, la propia declaración del imputado quien manifestó haber visto en varias ocasiones al menor víctima caminando en la zona (en el caso, se condenó al guardador y/o cuidador de canes como autor del delito de homicidio culposo).

3.-Tener un animal encierra un compromiso serio y de cuidado, vigilancia y contención. No es posible aprovechar los aspectos positivos de un animal y desentenderse de los negativos, como es el caso de los perjuicios provocados por su actuar. La vigilancia debe ser activa, y en la ciudad, tiene que ver justamente con no dejarlo solos, con la posibilidad de salir a la calle o de pasear por donde se le ocurra. Desde el punto de vista del Derecho Penal, que es el que en este momento nos compete, el art. 84 de la Ley de Fondo cubre este tipo de situaciones lesivas cuando son causadas por acciones/omisiones debidas a negligencia, imprudencia o incumplimiento de deberes o reglamentos a cargo de quienes, de alguna manera tienen bajo su dominio dichos animales en el caso, se condenó al guardador y/o cuidador de canes como autor del delito de homicidio culposo).

Fallo:

En la ciudad de Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos, a los veinticuatro días del mes de febrero del año dos mil catorce, se constituyó en el Salón de Audiencias de la Sala Penal de la Excma. Cámara de Apelaciones, el Tribunal compuesto por los Sres. Vocales Dr. Fabián B. LOPEZ MORAS, Marta Cristina BONIFACINO y Alberto Javier SERO, asistido de la Secretaria que autoriza, Dra. Julieta GARCÍA GAMBINO para dictar sentencia en los autos caratulados «B. M. A. s/HOMICIDIO CULPOSO» del libro de Entradas de este Tribunal Nº 0283, Fº 42, L. I -Juzgado de Garantías Nº 1 de ciudad, Legajo Nº 2979/12- seguido contra el imputado: M. A. B. sin sobrenombre o apodo, D.N.I. Nº xxxxxxxx, argentino, de 42 años de edad, soltero, de profesión periodista, con estudios terciarios completos y universitarios incompletos, con domicilio en calle Larroque Nº xx, nacido en ciudad, el 14/01/1972, que ha residido en la ciudad de Bs. As., sin antecedentes penales, hijo de L. A. B., viudo, jubilado, con domicilio en Larroque Nº 92 y de Blanca Leonor Resnisky (f), sin antecedentes penales computables, en orden al delito de HOMICIDIO CULPOSO (art. 84 del Cód. Penal), atribuible prima facie en calidad de autor (art. 45 del Cód. Penal), conforme al auto de elevación a juicio del Sr. Juez de Garantías Nº 1 de esta ciudad y alegato de apertura formalizado por el Ministerio Público Fiscal.

En la audiencia plenaria intervinieron por la Acusación el Sr. Agente Fiscal Dr. Fernando Javier LOMBARDI, el Sr. Defensor Particular Dr. Gustavo Fabián SOPPELSA y su defendido el imputado M. A. B.

Se le imputa a M. A. B., según surge del auto de remisión a juicio, la presunta comisión del siguiente hecho con connotaciones ilícitas: «Haber causado la muerte del menor L. E.R., nacido el 01 de diciembre de 2010, cuando se encontraba en la vía pública en inmediaciones de calles 41 del Oeste Sur y Sarmiento de ciudad, al omitir en su calidad de guardador y/o cuidador de dos canes, uno de ellos raza mestiza, pelaje negro, macho, de talla grande, de unos 25 kgs de peso y 7 años de edad aproximadamente, y otro mestizo tipo «Barbinche», talle media, pelaje marrón claro, hembra de 15 kgs y 4 años de edad aproximadamente, propiedad de María C. P. , el cumplimiento de deberes a su cargo, vulnerando lo normado en las Ordenanzas Municipales Nº 2274 y 5326, encontrándose los animales detallados en la calle sin bozal, collar identificatorio, correa y persona a cargo, oportunidad en la que atacaran ferozmente a la víctima, junto a otro perrro de raza mestiza, cruza con Boxer, de 2 años y 20 kgs aproximadamente, pelaje marrón y blanco tipo atigrado propiedad de J. J. C., causándole por dentelladas y arrastre lesiones múltiples contuso penentrantes y desgarrantes en MMSS, MMII, tronco, cuello, cara y cabeza, con falta de tejido dérmico y muscular desde región suprapúbica, genitales externos y zona antero interna de ambos musculos, determinando el óbito como consecuencia de shock hipovolémico por lesión vascular femoral bilateral, el 27 de julio de 2012 minutos antes de las 11.20 horas, oportunidad en que se anoticiara a la prevención policial.

Durante la deliberación el Tribunal se planteó las siguientes cuestiones a resolver:

PRIMERA CUESTION: ¿Se encuentra probada la materialidad del hecho y la autoría del imputado en el evento por el que fuera intimado?

SEGUNDA CUESTION: En caso afirmativo, ¿deben responder como autor penalmente responsable de tal hecho ilícito?

TERCERA CUESTION: ¿qué pena corresponde aplicar?

CUARTA CUESTION: ¿qué debe resolverse respecto a los efectos secuestrados y las costas de la causa?

A la primera cuestión el Sr. Presidente DR.LOPEZ MORAS manifestó:

1)- Que viene a juicio la presente causa individualizada en el registro del Juzgado de Garantías Nº1 de ciudad bajo el Legajo Nº 2979/12, en cuanto ha sido materia de requerimiento por parte del Organo Acusador contra el señor M. A. B., por la presunta comisión del delito de HOMICIDIO CULPOSO (art. 84 del Código Penal), atribuible prima facie en carácter de Autor (art. 45 C.

Penal), según el punto II) del Resolutorio de Remisión de la Causa a Juicio, (arts.

402, 403, 404 y 405 del CPP), emandado del Sr. Juez de Garantías Nº 1 de ésta ciudad.

En su alegato de apertura el Sr. Fiscal de la causa, relató el hecho que incrimina al Sr. B., refiriendo que el 27 de julio de 2012, aproximadamente a las once y treinta horas, el menor L. E. R., de un año y ocho meses de

edad, resultó muerto en la vía pública, en inmediaciones de calles 41 del Oeste Sur y Sarmiento, en Colonia Perfección, al ser atacado por perros que eran propiedad de María C. P. y se encontraban a cargo del imputado B., quien omitió el cumplimiento de deberes que surgían de las Ordenanzas Nº 2274 y 5326, tratándose de animales que se encontraban en la calle pública, sin bozal, collar identificatorio, sin correa, ni persona a su cargo. Asimismo reseñó el Sr. Fiscal que la conducta descripta violentaba también el texto de las Ordenanzas Municipales Nº 4277, 9119, y de la Ley 10.029. Señaló el Ministerio Público que probaría que el niño murió por dentelladas, lesiones múltiples penetrantes y desgarrantes que los perros que se encontraban al cuidado del Sr. B.le infirieron; que se trataba de animales agresivos para con terceras personas que acertaran a pasar por cercanías de la vivienda ocupada por el imputado; que en el momento en que pasó por allí el niño, los perros se encontraban sueltos y lo atacaron, animales que no contaban con las condiciones de seguridad básicas para la protección de las personas.

La Defensa, por su parte, en su alegato de apertura, cuestionó básicamente lo atinente a la tipicidad del hecho atribuído, expresando por otra parte que a su juicio había existido una falencia o negligencia investigativa sobre los perros, especialmente sobre uno perteneciente a la familia de la víctima, que a su entender, había sido el autor del hecho, es decir un animal de raza dogo, que habitaba la vivienda de la familia R. conjuntamente con otros canes también pertencientes a esta familia.

2)- Que durante el trámite del Juicio al ser llamado a prestar declaración indagatoria, el imputado B. se abstuvo en un primer momento de hacerlo por lo que fue leída por Secretaría la prestó en el ámbito de la Fiscalía, surgiendo en general que en el momento del hecho no se encontraba en el lugar sino en la ciudad; que el suceso le fue comunicado telefónicamente; que de inmediato acudió al sitio enterándose de la muerte del niño, cuyo cuerpo vió tapado por un chaleco policial; que el Fiscal le informó que peritaron a los tres perros, dos que estaban en su casa y uno de su vecino C., y también a los de la familia R.Que esta familia tiene un perro dogo, que siempre se peleaba con el perro negro grande que vivía en su casa; que le llamó la atención la ausencia de mayor cantidad de sangre en los alrededores del cadáver; que a la víctima la conocía pues solía andar por esos lugares habitualmente solo, «sin los perros de la familia R.»; que en tales circunstancias no había visto que el perro negro le hubiera ladrado en alguna

oportunidad; respecto de dicho animal señala que pertenece a C. P. y que antes de ir a vivir a esa casa, fue al sitio para averiguar sobre el carácter de este animal, que al ingresar el perro «le llevó la carga», quedándose quieto el declarante por la experiencia de haber tenido animales grandes; que se trata de un perro «alfa», dominante; que está bien alimentado, y que juega con sus hijos. Alude también a otro perro barbincha, propiedad de la Sra. P. que también vive ahí.

Refiere que nunca había tenido inconvenientes con los perros; que los perros de la familia R., especialmente un dogo y un foxterrier eran agresivos; que inmediatamente después del hecho pudo observar que «Bodoque» (el perro negro) y la perra barbincha tenían sangre alrededor de la boca. Que los perros de la familia R. no estaban atados, señalando sobre la sangre que es sabido que los perros lamen las heridas, manifestando que en su opinión el perro habría lamido a LUCAS. Que cuando recién fue a vivir a esa casa, había allí tres perros, luego quedaron solamente «Bodoque» y la barbincha llamada «OSI». «Bodoque» estaba atado de día con una cadena y se lo soltaba a la noche; que ese día se debe haber soltado. En la Audiencia Oral, agregó luego que estaba de acuerdo con lo anteriormente declarado y leído por Secretaría; que fue él quien lo invitó al Fiscal a que se efectuaran hisopados al perro dogo a quien se le hicieron pericias químicas pero no veterinarias; que C.era el dueño de un tercer perro que en principio figuraba también como atacante.

A renglón seguido prestó declaración testimonial el padre del niño muerto, Sr. B. R., quien relató que se encontraba en su casa con su padre y otros familiares, su tío S. C., su madre y su hermana F.; que eran aproxidamente las once horas, se encontraban carneando dos lechones a un costado de la casa, y también se encontraban allí su pequeño hijo L. y un primo de aproximadamente tres años. Que como estaban faenando los lechones, el patio estaba sucio con sangre, y lo tenían que baldear a cada rato. Que por ello mandó a los chicos a una pieza a ver televisión; que la casa tiene tres piezas, que habiendo pasado unos minutos, no sabe, fue su mamá a mirar los chicos y vio que faltaba su hijo. Que sale afuera a buscarlo, y como no lo encuentra empiezan a hacer lo mismo su tío y su padre. Que él sale en su moto, hacia el este; que su tío C. es el que sale en dirección a la calle 41 y alcanza a ver cuando un perro negro y un barbincha lo estaban mordiendo al pequeño, también estaba en los alrededores una perra boxer y otro perro negro más chico. El perro negro y la barbincha eran de la Sra. P., y eran los que mordían al nene. También vio a la boxer que era el perro de C. Cuando él llegó al lugar, el nene ya estaba muerto, mordido por todos lados; que su tío C. corrió a los perros que se retiraron a la casa alq uilada por B.; que su hijo siempre jugaba adelante de su casa, o se alejaba unos metros en un triciclo que tenía. Que ellos tienen seis perros, un dogo, una perra chica, y otros que son cruzas. Nunca vio que ninguno de ellos que atacara a L. a quien conocía por vivir allí. Que ya éstos perros de P.habían mordido a su hermana F. cuando venía de la escuela, y siempre corrían a la gente que pasaba frente a la casa, a cualquier hora; que se quejaron ante P. y luego ante B., pero los perros siempre continuaban sueltos. Los vecinos tenían continuamente problemas con los mismos, inclusive le mataban gallinas a una señora que vivía cerca. Reconoce a los perros en fotos que se le exhiben, y señala que hay aproximadamente unos cien metros desde su casa hasta donde se encontró el cuerpo, pero que no son en línea recta. Que pasó poco tiempo entre que advirtió la desaparición del chico; que fuera de la casa hay un galpón, que el perro dogo de su casa estaba suelto, igual que los otros perros; relata ante preguntas de la defensa que efectivamente él caza liebres y nutrias pero no animales grandes, a veces llevaba los perros, que él no cazaba ciervos, sí lo hacía su padre en algunas oportunidades, que al ciervo de la foto lo cazó su padre y él no intervino en la caza; agrega ante una pregunta del señor Defensor que a los perros no se los adiestraba para cazar.

En la continuidad del debate prestó declaración testimonial el señor L. Antonio R., abuelo del niño muerto, y en dicha oportunidad relató que había regresado de Concepción del Uruguay a su casa ubicada en una zona semirural, y que estaban allí su señora, su cuñado, su nuera, su hijo B. y su hija F., además de un pequeño hijo del testigo y el nieto del mismo, que fuera posteriormente ultimado por los perros.Explicó que en ese momento habían comenzado a carnear dos lechones en un costado de la casa; que serían aproximadamente entre las diez y treinta a once horas, que le pidió a su mujer que prepare unos mates, y que su nuera se fue a hacer un mandado a un almacén que queda en el cruce de las rutas 39 y 14 vieja; que al rato de ello le pregunta a su hijo por su nieto, ya que pensaban que tanto éste como su pequeño hijo se encontraban mirando televisión en un cuarto de la vivienda, que habían pasado unos pocos minutos y en dicha circunstancia no encuentran al pequeño L.; que por tal motivo comienzan a buscarlo con su cuñado de apellido C., que él va hacia el sur, hacia un lugar donde hay un jeep viejo, en la parte posterior de la casa, ya que el niño jugaba usualmente allí; su hijo B. por un camino se fue hacia el este en su moto, y su cuñado en dirección al norte por el camino que es la calle Nº 41. Que enseguida viene su cuñado C. corriendo gritando que los perros habían «cazado» al chico; de inmediato fue al lugar y consecutivamente también apareció su hijo en la moto. Que encontraron al cuerpo a unos cincuenta o sesenta metros desde su casa, prácticamente frente a la casa ocupada por el imputado B. Que en dicha oportunidad vio a tres perros, a uno negro, una barbincha y a un boxer. Que al perro negro y a la perra barbincha ya los conocía porque habían mordido a su hija, y éstos perros estaban en la casa de B.El niño ya estaba muerto, los perros estaban del otro lado del alambre, tenían sangre en la boca el perro negro y la perra barbincha Que en el momento que llego su hijo con la moto la tiró a esta al suelo o se cayó de la misma y entonces él le pidió que no tocara el cuerpo del niño; que su hijo estaba desesperado, que creía que al hecho lo había protagonizado la perra boxer del vecino CIUFFOLLOTTI; que lo sostuvo a su hijo. Que en esos momentos llega su nuera, quien no pasaba nunca por allí por temor a los perros ya que siempre, «le llevaban la serenata»; que su nuera precisamente no venía por ese camino por dichas circunstancias. Que estos perros la habían mordido a su hija F. cuando venía de la escuela Nº 6 de Colonia Perfección, que fue el perro negro el que la mordió en el «cuarto». Que no hizo la denuncia, pero fue a avisarles a los vecinos que tenían este perro dicha circunstancia. El perro vivía siempre en la calle; cuando se fue de allí la señora de P. los perros se encontraban sueltos en la calle, después vino a vivir al lugar C. y luego llegó B., pero ninguna de todas estas personas ataban a los perros, pese a que él les dijo que eran perros bravos. Que el también tenía perros, uno de los cuales tenía atado, que tenía un barbincha, tenía también un cachorro de dogo, mezcla con labrador, pero ninguno atacaba a las personas y tampoco al niño L. Que cuando fue al lugar del hecho lo siguió el perro dogo que es cachorro. A preguntas formuladas por la defensa, señaló que este animal tenía, según el veterinario que lo atendió, «sarna hereditaria»; que éste veterinario le dio antibióticos, que le dijo que era posible que no viviera mucho, y efectivamente murió tiempo después. Que varios vecinos tuvieron problemas con el perro negro que habitaba en lo de B.La defensa por su parte interrogó también al testigo en cuestión manifestando este que no escuchó ruidos cuando desapareció el chico ya que estaban en la «carneada». Que al chico lo encontró en primer lugar su cuñado C. Que efectivamente él caza animales silvestres, pero no adiestra a perros, ni siquiera los lleva para cazar. Que algunas veces lo acompañaba su hijo B., cazaban perdices, liebres, y ciervos. Que el dogo mestizo con labrador tenía aproximadamente unos seis meses de edad. Que en esa oportunidad la policía tomó muestra de la baba, de la saliva de todos sus perros, pero secuestran únicamente a los que habitaban en lo de B., que eran los que habían atacado a su nieto. También a otras preguntas relató que efectivamente algunos días después del hecho quemaron un pastizal que había frente a su casa por la suciedad del terreno. Explica que cuando salieron a buscar al nene no lo encontraron en los alrededores de su casa, donde habitualmente jugaba, por eso se inquietaron; que más que alarmarse se preocuparon. Describe los otros perros que se encontraban en su casa, y agrega que al cachorro de dogo le sacaron una muestra de la boca con un hisopo igual que a todos sus perros, pero no los llevaron a la policía.

Continuando con el debate declaró S. M. C., cuñado del Sr. L. R. y tío del padre del menor. En dicha oportunidad C.señaló que, siendo aproximadamente las diez y media, se encontraban carneando dos lechones con su sobrino B., su hermana que estaba cebando mate, su cuñado y los demás chicos entre los que estaban L.y un hijo de su cuñado de aproximadamente tres años más o menos; que mandaron a los dos chiquitos a que vieran televisión a un cuarto de la casa, los enviaron a ese lugar para que no se ensuciaran dado que en la faena de la carneada siempre hay sangre, barro, etc.

Que vio cuando los niños entraron a la casa, que está a muy corta distancia de donde ellos trabajaban, que ellos siguieron con su quehacer; que pasaron unos pocos minutos y alguien advirtió que L. no estaba en la pieza; que por tal motivo lo salieron a buscar. Su cuñado fue para el lado del galpón donde había un jeep viejo, su sobrino B. se fue por un camino que va hacia el este en su moto, y él se fue por el camino que va hacia el norte, por la calle Nº 41; que cuando estaba llegando a la esquina situada a unos cuarenta metros aproximadamente, vio a unos perros que le pareció que se encontraban tironeando una bolsa, al acercarse vio que era el cuerpo del nene; que advirtió que había un perro negro que estaba «zamarreando» el cuerpito. Que en ese momento vió éso y así se lo dijo a la policía ni bien llegó; que cuando llegó hasta ahí se encontraba el perro negro y otro marroncito claro (el barbincha) que estaba al lado del primero echado y agitado y, un poco más retirada estaba la perra boxer; que al ver ésto salió corriendo para la casa de su cuñado a avisarles lo acontecido con el nene. Que conocía al perro negro porque era muy mordedor; que no pasaban por esa esquina por esos motivos; que también su sobrina F., hija de L. R., fue mordida en el «cuarto» cuando pasaba por ahí con la moto.Que a él mismo le rompió una bombacha cuando pasaba, también en moto, por frente a esa casa. Que este accionar era conocido por todos los vecinos. Ese día relata que estaba vestido con una campera de la empresa EL GUARDIAN; que al momento de ver al chico mordido no vio a otras personas por el lugar, y cuando salió corriendo para avisar a su familia alcanzó a ver que salía por la puerta de su casa otro vecino, que vive más allá de la casa de B. Que al momento en que fue a la casa de su cuñado lo encontró a éste que venía hacia ese lugar pero no le salían las palabras, y cuando regresaba otra vez al sitio donde estaba el cuerpo del nene vio que llegaba B. en la motocicleta.

Al ser interrogado el testigo C. por la defensa, mencionó que la zona semi rural donde se encuentra la casa de su cuñado es un lugar tranquilo, y que el único peligro, si así se podría decir, estaba dado por los perros ubicados en la casa de B., ya que se trataba de animales agresivos. También a preguntas de la defensa mencionó que cuando advirtieron la ausencia del nene se preocuparon, aclara que no se alarmaron, sino que se preocuparon, precisamente porque era una criatura y salieron a buscarlo; que entre que empiezan a buscar y él encuentra el cuerpo habrán pasado aproximadamente, según sus cálculos unos diez minutos; que desde la casa de su cuñado hasta donde estaba el cuerpo no se divisa muy bien, no solamente por la distancia sino porque en ese momento había bastantes yuyos en el lugar; que al principio confundió la ropa desparramada en el piso con bolsas, y al cuerpo que tironeaban los perros con restos de basura o algo por el estilo. A preguntas que le hizo la defensa dijo que no sabía si el padre del niño practicaba la caza de animales silvestres.

También en la audiencia declaró J. A. H., la madre del fallecido L.R., quien relató que momentos antes del h echo salió en dirección a un kiosco en su ciclomotor y dejó al nene mirando televisión; que para llegar al kiosco en cuestión que queda en la intersección de las rutas 39 y 14 vieja, tuvo que hacer un rodeo, dar toda una vuelta por el este, por otra calle en vez de ir por la calle que le queda directa, que pasa frente a lo B., ello a fin de no pasar por ese lugar por temor a los perros que ya en otras oportunidades la habían agredido; que para hacer ese viaje al kiosco tarda unos quince minutos aproximadamente.

Que cuando regresa, su suegra le avisa que el nene estaba muerto; que enseguida va corriendo hacia el lugar y lo encuentra, lo abraza y le cierra los ojos, se queda allí; describe como estaba el cadáver del nene con distintas laceraciones y heridas.

A preguntas de la defensa contesta que en el estado de desesperación en que estaba no se dió cuenta de nada más de lo que ocurría a su alrededor. Preguntada por la Defensa para que diga como estaba vestido el chico ese día, enumera las distintas prendas con qué abrigó al chico, y que efectivamente le había colocado un pañal también; preguntado si su marido cazaba contesta que a veces lo hacía, pero no llevaba los perros a cazar. Responde también que el nene estaba acostumbrado a los perros de su casa y éstos lo conocían. Explica que ella misma sacó la foto de un ciervo muerto, que le exhibe la defensa, con dos nenes sobre el mismo y explica que L. no estaba llorando.

Prosiguiendo con las testimoniales declaró M. A. C., abuela del niño muerto, quien refiere que esa mañana estaban faenando dos lechones que ella tenía conjuntamente con su hermano S.C.; que a las ocho y quince u ocho y veinte horas su hermano golpeó la ventana, se levantó y fue a buscar los lechones; como a las nueve aproximadamente llegó su marido de la ciudad y los ayuda en la faena de los cerdos, su hijo también los ayudaba en dicha tarea. Que en determinado momento advierten que L., su nieto, que se encontraba junto con su hijo menor, de aproximadamente tres años, no estaba en la pieza donde los habían dejado, razón por la cual van su marido, su hermano y su hijo a buscarlo en distintas direcciones, encontrándolo su hermano.

Que ella no concurrió al lugar del hecho para no ver lo ocurrido. Que efectivamente ya habían tenido problemas con los perros que vivían en la casa de P., habitada por B. Que muchos vecinos, luego de ocurrido el hecho con su nieto, le contaron que ellos también habían tenido problemas con esos perros. Que en su casa tienen diversos animales además de perros; que sus perros nunca atacaron a L. A preguntas de la defensa explicó que a veces su marido y su hijo cazan ciervos, pero que no lo hacen con los perros; que no utilizaban los perros para cazar; que al perro de B. le temían ya que no pasaban por el lugar sin tener problemas con el mismo; que nunca pensó que el nene se alejaría hasta ese lugar. Agregó que en la esquina de la casa donde vivía B. su hija F.fue mordida por uno de estos animales.- Durante su testimonial el funcionario policial Subinspector Walter Nicolás DELERSE manifestó que había recibido en forma telefónica una comunicación donde se le informaba del percance que habría tenido un nene en la zona semi rural de la

ciudad, que esto ocurrió aproximadamente a las once y treinta horas; que de inmediato llegaron al lugar y vieron a una señora joven abrazando una criatura que evidentemente estaba fallecida; que tanto ella como un señor que se encontraba allí, y que era su padre, se encontraban en un estado de profundo shock, diciéndole a él que un perro negro habría matado al chico. Que luego habló con un tío del padre del nene porque -repite- los padres no podían hablar por el estado de shock en que se encontraban. El tío (C.) les relató que fue él quien encontró, lo que al principio le pareció que eran perros tironeando lo que aparentaba ser un trapo, una bolsa o basura, que luego se dio cuenta que se trataba del cuerpito del nene de nombre L. y que fue a avisar inmediatamente a su cuñado y a sus padres; que luego llegaron ellos (la policía ), que fueron llamados por un vecino; luego llegó la ambulancia y recogieron el cadáver; que esperaron al Fiscal, se hizo un acta de inspección ocular, un croquis referencial del lugar del hecho, agregando que los perros que presuntamente habían sido los autores del hecho vivían en una casa ubicada en una esquina de la intersección de las calles, que esta estaba muy cerca de donde se encontraba el cadáver del nene; que en ese momento, aparte de las personas nombradas, no había otras; que luego llegaron al sitio el imputado B. y su señora. El perro aparentemente pertenecía a una señora que había vivido en esa casa tiempo antes. Que con autorización del señor B.se hizo el hisopado de dos perros de él y también de otro perro boxer de un vecino; que estos tres animales quedaron a resguardo en la sección canina de la policía. Que la casa del nene quedaría a unos cien o ciento cincuenta metros – no recuerda bien- hacia el sur; que en el trayecto entre la esquina y el lugar donde encontraron el cuerpo del nene, hallaron una zapatillita y ropas; que en la casa del nene también se le hizo hisopado a todos los perros del señor R., y que estos animales quedaron al cuidado del mismo. Que los albañiles que trabajaban en una obra en los alrededores le comentaron que el perro negro los había querido morder cuando pasaban por allí en sus motos. El Oficial DELERSE reconoció las actas por haber sido labradas en la ocasión y explicó que al perro barbincha claro se le notaba la sangre en los pelos de la boca más fácilmente que al negro, precisamente por el color del pelaje. A preguntas de la defensa, relata que quien le indicó sobre el perro negro como atacante fue el padre del chico, que le pedía que lo matara, que también estaba allí el más claro (amarillo-marroncito) y al boxer al que vio después en lo de testigo CIUFFOLLOTTI. Que los perros de R. estaban en la casa de este ubicada a unos cien o ciento cincuenta metros, y que

solamente había uno atado. Que los perros de B. estaban todos sueltos sin atar. Que la calle es una simple traza -la calle 41- marcada por las huellas de cada una de las cubiertas de los autos, que en el medio, entre las dos huellas, hay yuyos y pastizales altos. Que desde donde estaba el cuerpo del chico no se ve la casa de R., ya que hay mucho pasto y la edificación está a unos veinte metros hacia adentro de la calle.Manifiesta el Oficial DELERSE que no recuerda si encontraron en esa oportunidad restos de un pañal entre las ropas colectadas.

Continuando con la audiencia de debate declaró testimonialmente el Agente señor Cristhian CHARREUN, fotógrafo de la policía y Perito de la Policía Federal. Relató que su trabajo consistió en tomar diversas fotografías del lugar del hecho, de las prendas que encontró desgarradas en el lugar, que confeccionó también un croquis referencial del lugar del hecho e hizo un relevamiento planimétrico de la zona; que también procedió a efectuar el hisopado en las bocas de los perros, tanto de B., como del vecino C., así como de los perros de la familia R. Que todo ello quedó plasmado en las respectivas actas que había acompañado a la Fiscalía; que todos esos trabajos los hizo al mediodía, y a la tarde volvió al lugar, y recorrió nuevamente toda la zona para cerciorarse que no quedara nada sin ver. Explicó que el camino -es decir la calle 41- tiene una leve curva desde donde estaba el cuerpo hasta la casa del señor R. A preguntas de la defensa dice que efectivamente en el lugar había pequeños trozos de pañales manchados y también manchas de sangre. Señaló específicamente, al ser nuevamente preguntado por la defensa, que conoce los pañales porque tiene una textura especial, distinta de otras prendas y que además los conoce porque él tiene también un nene de su edad, y utiliza, usa, esos pañales. Que la sangre al haber caído sobre la tierra es absorbida y es un tanto complicado para verla, no obstante fue fotografiada. En la intersección de las calles, casi frente a la casa, había una zapatilla, y desde allí hasta donde estaba el cuerpo de la víctima había ropa desparramada, trozos de pañales, manchas de sangre, etc.Manifestó el testigo, a preguntas de la defensa, que las prendas fueron fotografiadas donde se encontraron, y que después él tuvo que darlas vuelta para fotografiar el daño que tenían en la parte posterior, ésto es, mordeduras y desgarros. Que a su juicio, por lo visto en el lugar, el ataque de los perros comenzó donde encontró la zapatilla, y finalizó en el lugar donde fue encontrado el cadáver, por la sucesión semisecuencial de las ropas. Señaló que desconocía si la cadena a la que se refirió el señor defensor se utilizaba o no para atar el perro negro.

Prestó declaración en la audiencia de debate la Sra. Bioquímica de Criminalística de Policía de Entre Ríos, Dra. María Silvina TALEB relatando que examinó y analizó las prendas de un niño remitidas, e individualizándolas respectivamente, explicando que se analizó todo, advirtiendo que dichas prendas presentaban cortes característicos producidos por elementos punzantes, seguidos de desgarros. Que encontró en dichas prendas sangre de grupo A, RH positivo que coincidían con el grupo sanguíneo del niño fallecido. También analizó los tubos conteniendo sangre pertenecientes a la víctima que son de grupo A RH positivo y que coinciden con los hallados en las ropas, detalló los rastros de sangre de los hisopos, señaló que los números 3-5-7 y 8 presentaban sangre de origen humano, los números 4 y 6 había rastros de pelos con sangre, sin determinar origen, los hisopos 9-10 no tenían vestigios de sangre, y los 10, 11, 13 y 14 tenían manchas de sangre origen no humano, reconoció los documentos que le fueron exhibidos a tal efecto, provenientes de Criminalística de la Provincia.

A su turno, el veterinario Fernando MULLER, veterinario de la policía de la Provincia de Entre Ríos, describió a los tres perros evaluados, explic ando que en ese momento no presentaban mayor alteración, que se trataba de un perro negro, una perra barbincha y una perra tipo boxer. Explicó el Dr.MULLER que cuando los perros son grandes pueden llegar a matar a un ternero chico, dando el ejemplo de los perros cimarrones. Explicó que los perros son territoriales y que si alguien invade el área en donde se encuentran pueden perfectamente atacar. Que las lesiones que ve en el cuerpo del niño son parecidas, similares, producidas por mordidas de perro en otros animales. Relata que observó a los tres perros, que reconoce por las fotografías, no notando nada fisiológicamente anormal en ellos.

Explicó que cuando un perro tiene sarna se encuentra molesto y por eso puede enflaquecer; que cualquier perro puede ser agresivo, y puede serlo también un perro de raza dogo, éso depende del perro; la raza del dogo puede ser potencialmente peligrosa, y que en todos los casos esto tiene que ver con dos cosas: la territorialidad y la irracionalidad de los perros; si entra un extraño a su ámbito lo atacan, sea en la ciudad o en espacios abiertos, e inclusive pueden atacar a sus dueños en algunas ocasiones.

Declaró luego el Dr. Adrián Raúl SIEMENS, Médico Forense de la jurisdicción, quien describió las lesiones y mordeduras observadas en el cadáver del chico. Que éstas heridas se compadecían con las producidas por mordidas de perros, y que había observado también una «marcada pérdida» de tejido en algunas

zonas del cuerpo, especialmente en la zona del hemi-abdomen inferior, parte interna de ambos muslos y zona genital. Que en dicha zona le fue arrancado y devorado el paquete vascular femoral a la víctima.Que examinó el cadáver poco después de ocurrido el hech, pues este no presentaba rigidez; que el menor murió a raíz de las mordeduras y consecuente shock hipovolémico, no por otra causa.

Que había laceraciones por arrastre y por los colmillos en el cuerpo, que los animales muerden y tiran del mismo, trasladándolo unos metros hasta el lugar donde fue encontrado; que la coloración morada en el cráneo es de origen traumático, por golpes de los colmillos de los perros cuando aún estaba el niño con vida, y además contra las piedras que había en suelo del lugar; explica que algunas son vitales, no las mordidas en la espalda y que a nivel del cuello hubo lesiones por mordidas pero que tampoco éstas fueron vitales. Que la muerte se produjo por el shock hipovolémico que sufrió; que la sobrevida pudo alcanzar, en este caso, como máximo dos minutos, aunque considera que el niño no perdió toda la sangre que tenía en su cuerpo, al arrancársele el paquete vascular; que ésto generó una hemorragia que provocó el shock. Asimismo el Dr. SIEMENS señaló que el paquete vascular y el tejido de esa zona del hemi-abdomen inferior, efectivamente se lo podrían haber devorado los animales, conjuntamente con la sangre que en ese momento manaba de esa parte del cuerpo.Que no sabe si fueron uno o más animales ya que no pudo determinarse la profundidad de los colmillos, y que además había algunas heridas lacerantes, desgarros y contusiones provenientes de golpes contra el piso, observando él personalmente que esa calle era de tierra asentada, y que había piedras diseminadas por el lugar; que el testigo recorrió todo ese terreno, fue hasta el lugar donde vivía la familia R., lo hizo por ambas márgenes de la calle, buscó algún lugar de pelea, en donde estaba el cuerpo encontró manchas de sangre en la tierra y en los pastos, pero no de tejido muscular por lo que piensa que los perros se lo comieron.

Declaró también en la audiencia oral, el señor S. Dario ZAMPIERI, quien explicó que como vecino había tenido percances con los perros que se encontraban en la casa del señor B.; que estos animales andaban siempre sueltos en la calle, salían y se peleaban con los perros de su propia casa, ello a pesar que él tiene su terreno alambrado. Que varias veces habló con la señora P. y con el marido por ese tema, ya que se trataba de animales que eran agresivos en todo horario. Que a raíz de ello sus perros en una ocasión resultaron lastimados y tuvo que ir al veterinario. Que los P. o los que habitaban esa

casa no les prestaban atención a los perros. Cree que la familia P. tuvo problemas de matrimonio, se separaron y se fueron de la casa en cuestión, quedando los perros sueltos. Que unos meses antes de la tragedia fue a la ciudad a hablar con la señora P. para advertirle que hiciera algo con los perros, porque los mismos podían ocasionar problemas con personas, ya que se estaba comenzando a edificar en toda esa zona semirural.Que el perro más malo era uno grande, era el promotor de todas las agresiones, una especie de líder, no recordando el color del mismo, ese perro siempre estuvo allí. No sabe cuándo vino el señor B. a vivir a la casa, pero los perros siempre estuvieron allí. A preguntas formuladas por la defensa, explica que no formuló reclamos a B., pero sí a la señora P. Que él está en esa zona desde el año 1993, y que el que estaba a veces con la manada de los perros de B. era la perra boxer de CIUFFOLLOTI. Que tiene conocimiento que la familia R. también tenía perros, y que pudo advertir que el perro dogo blanco efectivamente tenía problemas en la piel (sarna). Que en la zona, las casas están ubicadas en terrenos grandes, y que las familias generalmente tienen perros y algunos se ven sueltos. No sabe si la familia R. cazaba animales silvestres. En la zona es habitual escuchar ladridos de perros.

También declaró en la causa Manuel Ramón BAN BREDAM, conocido de la familia R. y vecino de la zona, el cual explicó que no estaba en el sitio cuando ocurrió el hecho; que va a la casa de los R. bastante a menudo, ya que su mujer es amiga de la mujer de R.; que cuando ha ido por la calle que pasa por el frente de la casa ocupada por el Sr. B. lo han corrido los perros, una barbincha marrón y uno negro, estos perros están actualmente en la casa de la esquina; que a su mujer en una oportunidad la agarraron del pantalón, por lo cual se acostumbraron a pasar por otro lado, o sea por otra calle, para llegar a la casa de R.cuando tenían que ir a visitarlos.

Declaró a continuación el testigo Cristian Maximiliano PERROUCHOUD quien narró que trabajaba como albañil, más o menos a un cuadra hacia el este de donde ocurrió el hecho, y en ese lugar semi campestre era normal escuchar ruidos, entre los que nombra chanchos, perros, etc. Que ese día escuchó fuertes gritos que decían ¡fuera! ¡fuera!, espantado a los perros; que al escuchar esto se subió a una tarima, pero desde allí no veía nada; que le pareció que pasaba algo raro; escuchó como que había personas que gritaban y lloraban; se aproximó al lugar y allí vio que un hombre se agarraba la cabeza, que había otro con ropa de seguridad, se enteró luego quiénes eran; que pudo ver en ese momento las ropas y al chiquito

que estaba tirado en el suelo, muerto, y aparentemente comido por los perros en algunas partes. Que los perros se habían apartado unos metros, y también vio cuando llegaba el señor Fiscal; que el señor que tenía la campera de seguridad dijo que había visto cuando los perros tenían el cuerpo del chiquito. Relata al respecto que en una oportunidad, iba para su trabajo, pasó con la moto por allí y lo atacó un perro negro que casi le muerde la pierna, por esas circunstancias no pasó más por ese lugar. Que esos animales siempre estaban en la esquina. Todos decían que «siempre le salían a los que iban a caballo». En el momento que llegó al lugar el perro negro estaba ahí, que lo habían echado unos metros hacia la casa, luego vino una señora, supuestamente la dueña que lo ató, a continuación le hicieron un hisopado, tenía como sangre en los costados de la boca. También escuchó que el perro ese tenía la manía de atacar a la gente.

En la continuacón del Debate declaró el testigo Lucas Javier KOZUL, vecino de la zona y amigo de B.R., quien manifestó que cuando ocurrió el hecho no estaba en el lugar, le avisaron del mismo y asi se enteró de la muerte del chiquito L. Recuerda que en la esquina de la casa ocupada por B. había siempre un perro negro y una perra de color marrón clarito; que él ya había tenido problemas con estos animales, y también sus hermanos menores, puesto que no se podía pasar en moto o a caballo por el lugar, ya que los perros salían a torear y a morderlos; que por tal circunstancia tenían que dar toda la vuelta por otro lado para ir de visita a la casa de R. A preguntas de la Defensa, manifestó el señor KOZUL que de vez en cuando los R. cazaban algunos animales como liebres, ciervos, etc.

También en la audiencia oral declaró el señor Gabriel Eduardo BASGALL, vecino y amigo de la familia R., quien dijo que vive unos metros al sur de ésta familia, que siempre pasa por la calle Nº41 para ir a su trabajo en el campo; que cuando llegó de trabajar ese día se enteró de la muerte del nene; que el cuerpo fue encontrado a unos doscientos metros de la casa de R., en dirección al norte, que en esa esquina hay una casa, que allí hay un perro negro y una perra marrón con los que tuvo algunos incidentes cuando ha pasado a caballo, ya que salían a morderlo y a morder al caballo; que una vez que estaba quebrado, pasó a pie y el perro marrón le mordió una mano; que la mordedura le hizo sangrar dicha extremidad, pese a lo cual no hizo la denuncia; que también se enteró que esos perros mataban gallinas en una casa de enfrente a la casa de B., a una vecina de la zona de la cual no sabe cuál es su apellido.

Declaró también en la audiencia oral el Dr.Carlos SCHIAVO, Juez de Faltas de la Municipalidad local, quien señaló que tiene conocimiento de que actualmente se encuentra vigente la Ordenanza Nº2274, en el sentido de que no pueden dejarse en libertad en la calle perros sin bozal ni collar; que en cambio no conoce la Ordenanza aprobada y promulgada por el Consejo Deliberante de la Municipalidad, que adhiere a la Ley Provincial 10.029 sobre tenencia responsable de pe rros potencialmente peligrosos. Relata que desde que se encuentra a cargo del Juzgado de Faltas no ha atendido denuncias relativas a perros, que sí tiene conocimiento de que han existido algunos ataques de perros en la ciudad debido a lo que sale en la prensa local. Explica que si esos ataques se realizan en la vía pública, está la disposición que prevee una sanción para ello; que la normativa que actualmente se encuentra vigente, la Ordenanza 2274, regula las medidas de seguridad necesarias para tener este tipo de animales, es decir, controlar a los perros con bozal y collar. A preguntas efectuadas, señaló que si un perro no se encuentra atado, o sea que no se encuentre con correa o bozal, la situación de ataque y lesiones a personas serían perfectamente sancionables. Que el Juzgado de Faltas interviene en dichas situaciones a través de la Fiscalía Administrativa de Asuntos Municipales, y cuando un Agente actúa, labra un acta de infracción y entonces actúa el Juzgado de Faltas.

En el Debate declaró la señora Mónica MILETICH, Concejal del Municipio local, la cual afirmó ser quien presentó el proyecto que luego diera lugar a la promulgación, en mayo de 2012, de la Ordenanza Nº 9119. Aclaró que la misma aún no se encuentra reglamentada. Que esta ordenanza importó la adhesión total a la Ley Provincial Nº10.029, relativa a la tenencia responsable de perros potencialmente peligrosos, que se encuentra actualmente en vigencia de la Provincia de Entre Ríos; explicó que las ordenanzas son reglas de convivencia en la sociedad.Que no hay en la ciudad un registro de mordeduras de perros, al menos en la policía municipal. Que ella trabajó en esa oficina, y puede decir que en su época sí había un registro de esos hechos, que cuando ocurrían se entregaba una copia al denunciante, y la otra la llevaba el personal que actuaba para hacer la constatación del caso, luego volvía con una respuesta, a raíz de lo cual se producía el seguimiento del perro por un plazo de diez días. Al momento, cree que el centro antirrábico sólo informa a la víctima que tienen que ir a un centro médico y luego a la Municipalidad. Si veían algún signo en el animal, que tenía rabia o estaba enfermo, actuaban los médicos. Que en este momento entiende que la Ordenanza

Nº 9119 no se aplica porque no está legislada. Explicó también que hay normativas vigentes relativas a la tenencia de perros que no se cumplen dentro de la Municipalidad, por ejemplo, no se puede dejar perros sueltos o pasearlos sin correa, pero la gente sale igual de esa manera; que la Ley Nº10.029 reglamenta, en algunos casos, ciertas situaciones relativas al tipo de perro de que se trate, cuándo es potencialmente peligroso. La ley contiene algunas normas que son directamente operativas y otras que son programáticas; las programáticas serían la creación de un registro, y son las que el municipio debería reglamentar. Sin embargo, pero por ejemplo, hay otros artículos, como el art. 7 inciso b) de circulación de animales que ha sido también tomada por la ordenanza local, que no requiere ninguna reglamentación, y que por lo tanto debería ser informada la población en tal sentido.

Declaró asimismo el Dr. Mauro VAZON, ex Juez de Faltas, explicando que cuando estuvo a cargo del Juzgado, no ingresaron denuncias sobre perros, y que no conoce tampoco el contenido de las ordenanzas sobre dichos animales.

Durante la Audiencia Oral declaró J. J. C., vecino del Sr.B., a quien conoce como tal. Que también conoce a la señora P., pues le prestó su casa en el año 2007 por el término de dos meses. Respecto al hecho, menciona que esa mañana estaba trabajando en su casa con broza, trasladándola de un lado a otro con su carretilla. Que en dicha circunstancia vio venir una persona con una campera azul, caminando normalmente, que llega casi hasta la altura de su casa, sobre la calle, y después se vuelve. Que él sigue trabajando en lo que estaba, y luego de un tiempo que no puede precisar, escucha el ruido como de una pelea de perros. Que sale a la calle a ver qué pasaba y su perra boxer se le escapa hacia ese lugar; que de inmediato va tras la perra, la llama, y el animal vuelve con él, viendo en la esquina de la casa de B., a unos treinta metros, que un hombre se agarraba la cabeza con las manos y gritaba; que al acercarse ve el cuerpo del chiquito, llamó luego a la policía, explicando que el hombre que se tomaba la cabeza con las manos tenía una campera del mismo color que la observada anteriormente; que en esa ocasión el padre del niño muerto lo increpó violentamente, en el sentido que los perros le habían matado el nene; que él estaba shokeado, y también los familiares del niño estaban sumamente alterados; que el perro negro de B. se fue del sitio corrido por la policía, para la parte de atrás de la casa; que sabe que en lo de R.había perros, porque una vez pasó por allí en la moto y los mismos le salieron, pero no pasó nada porque la

gente de la casa los llamó. A preguntas efectuadas, relató que el hombre que vestía la campera estaba también con una «gran crisis de nervios», y es quien le pidió que llame a la policía.

Que en Audiencia de Debate Oral declaró la señora Mirta Graciela REYES, señaló que al imputado B. lo conoce desde chico; que del hecho se enteró después de ocurrido, ya que estaba en la ciudad en ese momento; que el fondo de su casa en Colonia Perfección da con el fondo de la casa de la Sra.

P., ahora ocupada por B., y que efectivamente había varios perros en la casa de éste; que tuvo problemas con esos perros, ya que le llevaban las gallinas, por lo cual tuvo que deshacerse de todas sus aves; que ZAMPIERI, el otro vecino, le comentó que esos perros venían desde lo de P. – B. y le peleaban a su propio perro que estaba en su casa. Que en una oportunidad que caminaba por el lugar, los perros en cuestión la corrieron, que nunca más pasó por allí

3)- Durante su alegato de clausura, el Sr. FISCAL describió detalladamente los hechos, expresó que las pruebas existentes le daban la certeza necesaria para imputar los mismos al encartado, a título de Homicidio Culposo, en base a lo normado por las Ordenanzas Municipales citadas en la exposición de su teoría del caso y, básicamente, en lo establecido por el art. 84 del Código Penal, señalándo que se trataba de un delito culposo de comisión por omisión.

Citó el Sr. FISCAL doctrina atinente y asimismo jurisprudencia afín al caso.Destacó cuáles eran las evidencias claves que objetivamente mostraban la autoría de los perros que habitaban la casa del imputado, referenció las distintas declaraciones de los numerosos testigos, y puso de relieve sus concordancias; agregó que el propio imputado, luego del hecho, había admitido que vio sangre en la boca de los perros que vivían en su casa; detalló el Sr. FISCAL las diversas operaciones técnico-legales llevadas a cabo con los perros de la Sra.

P. (que viven en la casa habitada por B.), con los perros de la familia R. y con el can del señor C.; explicó las razones por las cuales se encontraron evidencias de sangre en la saliva de éstos animales, y ADN del chico muerto en la perra barbincha ubicada en la casa de B. Aludió a las Ordenanzas Municipales y a la Ley Provincial de Tenencia Responsable de Perros Potencialmente Peligrosos; explicó que dicha Ley estaba vigente, y que las normas «operativas» de la Ordenanza Nº 9119, que adhiere a la misma, también resultaban operativas, ya que dicha Ordenanza fue promulgada en fecha 06/03/2012; que también la Ordenanza Nº 2274 alude a la prohibición de dejar sueltos a los perros

en la calle; que dado el conocimiento que el imputado tenía en forma particular sobre la agresividad de sus perros, como así también de la presencia del niño en los alrededores de la zona, debió tomar las precauciones mínimas necesarias para evitar algún tipo de daño, pese a lo cual no lo hizo. Que se trata de una actitud negligente, reprobada por el art. 84 del Código Penal. Finalmente, el Sr.Fiscal señaló, como agravantes, el importante daño causado (la muerte de un niño por la desidia de una persona), el sufrimiento infringido a los padres y familiares, inclusive el de la propia víctima al ser atacada, sumado a que se trató de una situación perfectamente evitable; que por otra parte, como atenuantes, el imputado es una persona joven, sin antecedentes penales, que trabaja normalmente en su profesión, por estas consideraciones y las pautas de los arts. 40 y 41 del Código Penal, solicitó se condene al imputado a la pena de tres años de prisión en forma suspensiva.

Por su parte, en su alegato final, la Defensa reiteró su exposición inicial aludiendo a que, contrariamente a lo sostenido por el Sr. FISCAL, a su juicio había existido una seria negiglencia investigativa por parte de éste que impedía pronunciarse en contra de su pupilo. Señaló, desde el punto de vista normativo, que las Ordenanzas Municipales citadas por el Ministerio Público no resultaban aplicables al caso, así como tampoco lo era la Doctrina Penal por él citada; que los animales de su representado no entraban en la categoría de «Potencialmente Peligrosos» según la Ley Provincial Nº 10.029 ya que no se trataba de los animales mencionados en el Anexo I, y tampoco había existido denuncia previa en relación a su supuesta agresividad. Que de tal manera, el hecho resultaba atípico, ya que entendía que no cubría esta situación la norma del art. 84 del Código Penal, que en todo caso, su representado había cuidado y alimentado normalmente a los animales. Lo cual fue relatado y comprobado, en cuanto a su estado de sanidad, por el Sr. Veterinario Policial MULLER en audiencia oral.Que en cambio, la Defensa, tenía motivos suficientes para creer que el niño había sido muerto por el perro Dogo de la familia R., en el ámbito de su domicilio, ya que se trata de una raza potencialmente peligrosa, enmarcada en el Anexo I de la Ley 10029; que suma a estos indicios la falta de una mayor cantidad de manchas de sangre en el lugar donde se h alló el cuerpo, la falta de secuestro de los restos del pañal utilizado por el niño, y la quema realizada por la familia R. de un sector aledaño a su terreno días después del hecho. Postuló que por diversas razones, por verguenza, falso decoro o culpabilidad, la familia del niño fallecido había ocultado ésto. Lo declarado

por el testigo que la Defensa aportara, el Sr. C., era un testimonio a través del cual se podía apreciar que el señor C. había caminado por esos lugares antes que apareciera el cadáver, afirmando el señor Defensor, que a su juicio, ésta persona se había encargado de trasladar el cadáver del niño, ocultándolo contra su propio cuerpo y tapándolo con la campera que usaba, para luego depositarlo enfrente de la casa de su defendido, razones que en definitiva alejaban la culpabilidad de este, en virtud de todo lo cual solicitaba su Absolución.

4)- Así las cosas, recreadas que fueran las audiencias producidas por las partes, escuchados sus alegatos e incorporados y reconocidos los objetos y documentos traídos a la Audiencia, corresponde ahora en primer lugar, responder que efectivamente la materialidad del hecho se encuentra en autos debidamente acreditada con la verificación de la muerte del niño L. E. R.en fecha 27 de julio de 2012, aproximadamente a las 11:30 horas, como consecuencia de un shock hipovolémico producido por lesión vascular femoral bilateral según el Informe del señor Médico Forense, lesión debida a un ataque de perros que le ocasionaron numerosas heridas por dentelladas, conforme se destaca en el Informe Autópsico rubricado por el Dr. Siemens. Se agregó al respecto en el Legajo Nro.

2979/12, el Acta de Defunción de L. E- R.

En relación a la responsabilidad penal del encartado, adelantando su criterio al respecto, el Tribunal considera que las evidencias probatorias aportadas a la causa resultan suficientes y adecuadas para atribuir dicha carga al imputado en autos.

Ello es así pues las probanzas colectadas a lo largo de la IPP, expuestas y confrontadas por las partes en la Audiencia Oral, al ser examinadas en su conjunto, tanto de manera integral como individualmente, concurren de forma razonable y concordante, en el sentido de demostrar la verosimilitud de los hechos explicados por el Sr. Fiscal actuante; verosimilitud que el Fiscal ha referido «como certeza» pero, vale aclarar, esta certeza en materia judicial es, al decir de Clariá Olmedo: «La verdad que solo puede percibirse subjetivamente en cuanto firme creencia de estar en posesión de ella; y ésto es lo que se llama «estado de certeza» (Clariá Olmedo- Derecho Procesal Penal -Tomo I pág. 446).

En tal sentido resulta entonces oportuno destacar que L. A. R., B. R., S. C., JESICA H., y ALEJANDRA C. fueron contestes en que esa mañana se estaba llevando a cabo en su vivienda ubicada en una zona calificada como urbana, pero con grandes espacios verdes, prácticamente

semirural, una «carneada» de dos cerdos. En dichas circunstancias, encontrándose el grupo familiar dedicado a la tarea en cuestión (menos JESICA HACK que había concurrido a un almacén en su moto), sin que nadie lo hubiera advertido, el pequeño L. E. R. se aleja de la pieza en la que había sido dejado junto a su tío SEBASTIAN de tres años de edad.La explicación al respecto de los testigos es razonable. Se llevó a ambos niños a mirar televisión porque este tipo de trabajo de faena arroja mucha suciedad en el entorno, sangre, restos de cerdo, agua, barro, etc. También es razonable suponer que hallándose estas personas inmersas en el trabajo mencionado, a un costado de la casa, la partida del pequeño haya pasado desapercibida. No obstante ello, pasados unos minutos, la medida de los tiempos es, como se sabe, en estos casos bastante relativa y no precisa. En tal sentido debe tenerse en cuenta que las especulaciones de la Defensa sobre una exactitud rigurosa de los tiempos es algo realmente ilusorio. Como se sabe la percepción horaria puede establecerse a través de variables biológicas y psicológicas, y la relación de lo percibido por cada persona puede no concordar con el tiempo objetivo que marca el reloj. Esto depende mucho de las circunstancias especiales en que el tiempo es medido. Tratándose de un evento realmente trágico como el acontecido, no es posible entonces requerir más precisiones que las brindadas razonablemente por los testigos del macabro suceso. Como lo señalara acertadamente J. L. BORGES en su relato al describir una situación también dramática: «No sé cuanto duró; hay hechos que no se sujetan a la común medida del tiempo.» (El Encuentro; El Informe de Brodie). En tal sentido fue explícita la abuela del niño muerto, la Sra. ALEJANDRA C., ante una pregunta de la Defensa al responder que: en esos momentos no se encontraba mirando el reloj. Lo cierto del caso es que cuando se advierte la ausencia del niño en la habitación, sus familiares lógicamente se «preocupan». Manifestaron los mismos ante preguntas de la defensa, que en realidad no se alarmaron porque el niño solía ir a jugar a los alrededores de la casa, cerca de un galpón, en un jeep abandonado, o salía a veces unos metros hacia el camino vecinal a jugar con su triciclo.No obstante ello, tratándose, como se puede ver en las fotografías agregadas, de una zona agreste, comenzaron a buscarlo distribuyendo la dirección de la búsqueda en diversas direcciones, según detallaron en sus declaraciones en la Audiencia Oral.

Quien localizó finalmente al niño -recientemente muerto- fue su tío S. C., luego de recorrer unos 100 metros por la calle Pública Nº 41, en dirección al norte desde donde se encontraba la casa de su cuñado. Pudo

constatarse que efectivamente desde la casa de la familia R., hasta el lugar donde fue hallado el cuerpo no se ve en forma directa, pues la vivienda se encuentra ubicada a varios metros (aproximadamente 20 mts.) de la calle antes mencionada.

Inclusive desde la salida de esa vivienda al lugar existe una pequeña pero manifiesta curva que se nota en una fotografía agregada al Legajo, y también impedía una visión directa la existencia de yuyos y de pastizales que, según se referenció, existían a la izquierda en el sentido sur-norte de la mencionada calle Nº41. Relató el señor C. que cuando llegó al lugar, al principio creyó que los perros se encontraban «tironeando» de una bolsa o basura, pero al acercarse vio que se trataba del cuerpo del niño, quien a su juicio ya estaba muerto. Que conmocionado por esta visión volvió corriendo sobre sus pasos a avisar lo acontecido a su cuñado. Explicó claramente el testigo en cuestión que vio que el perro negro era el que en ese momento mordía el cuerpo y tironeaba del mismo, y que a su lado se encontraba echada una perra tipo barbincha que se mostraba agitada y jadeante. Todo ésto fue descripto por el señor C. en la Audiencia Oral con las singulares especificaciones que puede evocar una persona normal al encontrarse de improviso con un terrible espectáculo como el descripto por el testigo. El estado de angustia que el mismo le produjo fue también destacado en la Audiencia Oral por el testigo C.y por el albañil PERROUCHOUD, quienes vieron a C. desesperado tomándose la cabeza con ambas manos, advirtiendo ambos la natural aflicción que esta situación le había provocado. Lo mismo puede referirse con relación al resto de la familia cuando fue llegando al lugar; el padre del niño se cayó de la moto, según relatan los testigos; la madre inclusive llegó a arrojar piedras en dirección a los perros y a romper un macetón ubicado en la galería de la casa habitada por B. El vecino C. alude a su propio estado de shock, no sabiendo cómo iba a reaccionar R., quien en principio le echaba la culpa a su perra que también había circulado por los alrededores de los lugares donde apareció el chico muerto; que dado ese estado de conmoción el testigo se alejó del lugar.

Debe destacarse que el testigo S. C. fue examinado libremente en la Audiencia Oral tanto por la Fiscalía como por la Defensa, y su relato, dado el particular contexto y situación vividos, resulta a juicio del Tribunal creíble y coherente. Además coinciden de manera natural sus dichos con lo relatado no sólo por la familia R., sino por otros testigos, C., PERROUCHOUD y varios vecinos más, en lo que hace a la manifiesta agresividad de

los perros de ese lugar, ajustándose asimismo todo ello con datos objetivos colectados durante la investigación, es decir, tipo de lesiones que presentaba la criatura, origen de las mismas en cuanto a su producción, huellas del ataque, etc.

Lo agregado a último momento en su declaración por el testigo C.en cuanto vio caminar por el lugar a quien le pareció luego era el señor C., dado el color de la campera, hecho ocurrido algunos momentos antes que éste encontrara el cadaver del niño, no es un punto que se encuentre debidamente acreditado en forma precisa o clara, y la propia Defensa que aportó a este testigo, teniendo la posibilidad de hacerlo, no confrontó sus dichos en tal sentido con los del señor C., ni con ninguno de los otros miembros de la familia R. para aclarar el supuesto paseo del Señor C., percibido únicamente por el señor C. que se encontraba realizando trabajos en su casa, por lo que el poder convictivo de tal exposición resulta ciertamente controvertido.

Por otra parte ha podido comprobarse que la presencia de los perros agresivos en la esquina cercana a la casa habitada por el señor B., era una situación que los vecinos conocían, y que algunos de ellos habían inclusive sufrido en carne propia o en sus ropas. Para ello basta remitirse a los dichos de un albañil que circunstancialmente trabajó en la zona, el señor PERROUCHOUD, en los dichos del Sr. KOZUL, del Sr. BASGALL, del Sr. BRAM BREDAN y de la Sra. REYES, del Sr.

L. R., de JESICA H., de B. R., de ALEJANDRA C., y de S. C. Todas estas personas fueron coincidentes en el sentido de señalar que cuando pasaban frente a la casa ocupada por el señor B., los perros que allí habitaban, y que habían pertenecido a la Sra. P. (quien a raíz de ésta situación se encuentra con el dictado de una Probation) corrían y mordían o trataban de morder a los transeúntes que pasaban por la calle Pública Nº 41, casi esquina Sarmiento en Colonia Perfección. Algunas personas resultaron efectivamente mordidas, más allá de que, según lo manifestaron en la Audiencia Oral, no se trasladaron a la ciudad a denunciar estos incidentes.Todo ello pudo ser apreciado en la Audiencia Oral, refiriendo algunos de estos testigos, en su particular vocabulario, que los perros les «habían llevado la serenata» o que, como por ejemplo a F. R., el perro negro la había mordido en el «cuarto», es decir en una pierna, cuando pasaba para asistir a la Escuela Nº 6.

En lo que hace al argumento defensista de que no hay negligencia del encartado, porque el mismo cuidaba a los perros, los alimentaba y mantenía atado al perro negro con la cadena asegurada a un alambre en su casa, soltándolo

únicamente de noche, considera el Tribunal, en primer lugar que más allá del cuidado alimenticio de los animales, que aquí no se discute, lo que sí interesa es el «cuidado del guardador» en el sentido que los perros no se constituyan en una «fuente de peligro» para terceras personas y, si nos atenemos a lo coincidentemente señalado por los testigos, los animales en cuestión eran agresivos y estaban sueltos. En segundo lugar, precisamente sobre ésto último puede observarse en las fotografías agregadas al Legajo en el Informe Nº 653/12 relativas al perro negro, folio policial Nº 31, y en la Nº 8 folio 83, que la cadena asegurada a un alambre donde según el imputado ataba al animal todos los días, se encuentra ubicada en un sector límite entre una galería y el césped del frente. Normalmente un perro sujeto de ésta manera todo el día, camina por dicho sector, de un extremo al otro y con el tiempo va dejando una huella, una especie de sendero donde los pastos dejan de crecer. Sin embargo, si se observan las fotos aludidas, se podrá ver que al menos allí el pasto crece con vigor, normalmente (aún siendo en ese momento invierno), lo que aleja la verosimilitud de la afirmación (obviamente defensiva) del encartado y le otorga credibilidad a los dichos de los testigos que indicaban lo contrario.

Coincidentemente con los relatos de los testigos antes mencionados, el Sr. C.advirtió que el perro negro (mestizo de policía) y la barbinche (de pelaje marrón claro) estaban tironeando y mordiendo algo que en principio le pareció que era una bolsa y que al acercarse vio que era el cuerpo de L. R.; vio también en el lugar, pero más alejada a la perra boxer del vecino C. Es de destacar que en todos estos animales, las muestras tomadas en los hisopos debidamente identificados arrojaron vestigios de sangre humana, según el Informe de la Dirección Química Forense y Toxicología de Criminalística de la Policía de la Provincia. Ello fue suficientemente explicado en la Audiencia Oral por la Dra. TALEB.

Inclusive en la muestra de uno de los canes (la perra barbinche), se constató por parte del Servicio de Genética Forense del Superior Tribunal de Justicia, un patrón genético compatible con el patrón genético obtenido de la víctima, lo cual es más que elocuente y hace a la verosimilitud de lo señalado en tal sentido por el Señor Fiscal.

En lo que hace al hallazgo de índices de sangre humana tanto en la perra boxer del señor C., como también en el dogo del señor L. R., ambos testigos han explicado que por diversas razones estos animales llegaron al ámbito donde se había llevado a cabo el ataque de los perros al niño. El señor

C. explicó que cuando escuchó los gritos y ladridos, su perra se escapó y se fue corriendo, llegando antes que él al sitio debiendo llamarla para que regresara a su casa, lo cual fue obedecido por el animal. El señor R. explicó que el dogo, que era un cachorro de aproximadamente 6 meses de edad, lo siguió desde su casa cuando él fue al lugar del hecho.En tales circunstancias es razonable deducir que los perros en cuestión se hayan contaminado con los restos de sangre que se encontraban en los pastos, al olfatearlos y lamerlos, algo común en estos animales, actitud que puede apreciarse en una de las fotos aportadas por la defensa técnica (la Nro. 2), debiendo distinguirse que una cosa es lamer la sangre que hubiera quedado en el lugar, en los pastos, etc. como usualmente lo hacen éstos animales, según inclusive lo reconociera el propio imputado, y otra diferente es que presenten sangre alrededor de la boca (como en el caso de la perra barbinche y del perro negro), lo cual supone que evidentemente en este caso hicieron «algo más» que lamer algunas gotas de sangre que se encontraban en el lugar.

El señor C. explicó que su perra no era un animal agresivo, y que comúnmente habitaba en la misma casa en el interior con él y con su señora.

El señor R. explicó que el cachorro de Dogo tampoco era agresivo, era un cruza con Labrador y que conocía a su nieto ya que vivían en la misma casa. Al respecto, en lo que hace a la afirmación de la Defensa en el sentido que el niño habría sido muerto por los perros de la familia R., considera el Tribunal que tal hipótesis resulta totalmente infundada. Cabe tener en cuenta a esos fines varias circunstancias. En esos momentos la familia R. se encontraba practicando una costumbre habitual en la zona rural: la de carnear cerdos. En tal ocasión los que allí participan se dedican a la tarea de manufacturación de diversos chacinados. Como es también común en dichas ocasiones, alrededor de la escena se concentran los perros y otros animales domésticos a fines de recibir alguna sobra de carne o vísceras que generalmente se caen o les son arrojadas.Naturalmente todos los animales se encuentran expectantes a estas actividades y difícilmente se alejen del entorno.

Coincidentemente con ésto, debe apuntarse que luego del hallazgo del cuerpo del niño, a todos los perros de la familia R. se les efectuó el correspondiente hisopado.

Algunos arrojaron vestigios de sangre animal pero no humana, y el único que acompañó al señor R. en las circunstancias ya descriptas fue el cachorro de Dogo, de quien sí se obtuvieron evidencias de sangre humana en su saliva. Esto ya fue explicado en párrafos anteriores, pero, si como señalara la Defensa técnica, el ataque se hubiera producido por parte de los perros de la familia R., deberían

también éstos haber presentado vestigios de sangre humana en los hisopados, y evidentemente, no la tuvieron. Por otra parte, si el dogo hubiera sido el perro que atacó y mató a la criatura, dado su color blanco tendría que haber tenido visibles manchas de sangre en sus fauces dado el notorio laceramiento producido en el cuerpo del niño. Sin embargo, tal como puede apreciarse en las fotos tomadas en ese momento y agregadas al Legajo, no las tenía. Tampoco ninguno de los testigos que se encontraban allí vieron que las tuviera. En cambio, sí mencionaron algunos de ellos que observaron principalmente en la boca de la perra barbinche y algo menos, por falta de contraste, manchas de sangre en el perro negro. Si el dogo hubiera matado al chico, evidentemente las manchas de sangre se notarían más fácilmente por el contraste de colores, y sin embargo nadie las notó, razones por las cuales la hipótesis defensiva a juicio del Tribunal resulta plenamente descartable. Cabe agregar al respecto que el testigo R.mencionó en relación a este perro que se trataba de un cachorro de aproximadamente seis meses, que se encontraba afectado de «sarna hereditaria», según le dijo el veterinario que lo atendió. De acuerdo a la bibliografía veterinaria, la comúnmente llamada «sarna hereditaria» es la sarna «dermodéctica», o sarna roja canina, que se da generalmente en animales jóvenes; produce esta enfermedad una insuficiencia inmunológica, en muchos casos se transmite de generación a generación, y por eso se la llama sarna hereditaria. Evidentemente la enfermedad existe, y de acuerdo al veterinario que declarara en la Audiencia Oral (MULLER), por las complicaciones que acarrea la misma, puede llegar a ser mortal en algunos casos. Efectivamente, en este caso el Sr. R. relató que el cachorro de dogo murió unos meses después del hecho. Cabe también agregar que estas circunstancias fácticas traídas por la Defensa como hipótesis final de su alegato, (aunque conviene dejarlo en claro, no al principio de su apertura en la teoría del caso) que ante el relato del Sr. R. sobre la enfermedad del perro, y su atención con un veterinario de la ciudad, el Señor Fiscal señaló que si la Defensa dudaba de esta situación, podría llamarse al profesional que lo tratara a la Audiencia Oral para confirmar o no los dichos del testigo, a lo que la Defensa técnica se opuso terminantemente, siendo que después basó gran parte de su alegato en el supuesto ataque del perro Dogo, descartando la enfermedad aludida, y refiriendo que su deterioro físico se debía a un supuesto castigo a que había sido sometido por haber sido el autor de la muerte del chico.

No obstante ello puede apreciarse la realidad de aquella afección, cuyas manifestaciones en la piel (alopecia) es decir zonas sin pelos, resultan advertibles

al menos en tres de las fotografías agregadas al Legajo, precisamente en una de ellas aportada por el Sr. B.(la Nº1), y otras dos que fueron tomadas por el fotógrafo policial (informe fotográfico Nº 727/12), las dos últimas fotografías de dicho documento, con todo lo cual el enfoque defensivo no resulta razonable.

Por último, en lo que hace a la presunta agresividad del perro de R., ello según la Defensa, se habría incrementado por una supuesta «instrucción cinegética» de la familia R. a dicho animal. Cabe recordar al respecto, que los testigos que declararon, si bien señalaron que estas personas en algunas oportunidades cazaban algunos animales silvestres, inclusive ciervos de la zona, nunca llevaban los perros a tales fines. Ello resulta lógico y como se puede leer en m aterial de la especie, para quienes cazan ciervos la estrategia de dicha actividad consiste en mantenerse ocultos y en silencio con la mayor inmovilidad posible. Se ha visto en numerosas causas penales seguidas en la jurisdicción a cazadores sin licencia, que en la mayoría de los casos se utilizan rifles de precisión con miras telescópicas a tales fines, y generalmente se cazan a estos animales de noche, encandilándolos con poderosos reflectores. Llevar perros para este tipo de cacerías no resulta útil ni apropiado, pues asustan a estos animales, es decir a los ciervos, que notan su presencia a larga distancia y lógicamente huyen. Generalmente se utilizan dogos para la caza de jabalíes, animales éstos que se hallan mayormente en la provincia de La Pampa, algunas zonas de la Provincia de Buenos Aires, Santiago del Estero y, también, aunque con muy menor asiduidad, en la zona del Parque del Palmar de nuestra Provincia. Tampoco resulta común ni lógico que se utilice a un dogo para cazar liebres.En la zona, como se sabe, los campos se encuentran muy parcelados, limitados por alambrados, lo que unido a la velocidad de las liebres, imposible de igualar por un perro dogo, hacen que dicha cacería resulte utópica, inclusive al dificultarse enormemente el desplazamiento de este tipo de perros de gran porte.

De igual manera resultaría inusual que se tratara de cazar perdices con dogos, con todo lo cual la sola afirmación de la Defensa que este animal se utilizaba para cazar en la zona, no aparece fundada ni razonablemente aceptable.

En lo que hace a lo mencionado por la Defensa en relación a «perros potencialmente peligrosos», si bien el dogo está señalado como una de esas razas, en el anexo de la Ordenanza Nº9119 que adhiere a la Ley Provincial Nº 10.029, sobre Tenencia Responsable de Perros Potencialmente Peligrosos, la Ordenanza en cuestión, no vigente para la propia Defensa (quien no obstante ello alude a este tipo de animales), es dable destacar al respecto que, como lo enseña un

especialista en Conductismo Animal, el Dr. Ricardo BRUNO, el 30% del comportamiento de un animal depende de la genética y un 70% de la crianza. Por ello, el art. 3º inc. B) de la Ley Nº 10.029 considera que también «son perros peligrosos» aquéllos que han evidenciado ante una denuncia antecedentes de «agresión» a personas, otros animales o bienes, «cualquiera sea su raza». Este es el principio general y, más allá de que no hubiera denuncia previa contra los perros que atacaran al niño, su agresividad para con quienes pasaban frente a su casa o «su territorio», era objetivamente indudable, no obstante lo cual podían comportarse normalmente con sus dueños o cuidadores en el ámbito hogareño.

No hay que confundir entonces, perros «potencialmente peligrosos» con perros «agresivos», ya que los primeros pueden efectivamente no ser agresivos, y los que no entran en aquella calificación de perros potencialmente peligrosos, a su vez pueden serlo.

Al referirse a la agresión canina el médico veterinario Dr.BRUNO antes mencionado, señala que se trata de aquella conducta que lleva, desde la perspectiva del observador, hacia el daño o destrucción de algún objetivo o blanco.

Clasifica por lo menos nueve tipos de agresiones caninas: predatoria, entre machos, por miedo, territorial, etc. Al referirse a ésta última expresa que es una conducta normal en el perro, pero que muchas veces el animal se excede en la misma, es el caso del perro que intenta agredir a las visitas, carteros, etc .

Señala específicamente el especialista en su trabajo «Comportamiento Animal» que: «esta conducta agresiva aparece a los 8-9 meses de edad, pudiendo ocurrir tanto en machos como en hembras y racialmente no tiene incidencia importante; obviamente es mayor en razas de tamaño grande». Destaca también el Dr. BRUNO el peligro que para los niños suponen este tipo de animales agresivos, dominantes, con todo lo cual se quiere significar que por una parte no se encuentra probado que el cachorro de dogo (cruza con Labrador) fuera agresivo, y menos aún que fuera el que hubiera matado al niño como lo postulara la Defensa técnica y sí, que quienes atacaron y ultimaron al menor fueron los dos animales identificados como un perro negro mestizo y la perra barbinche de color marrón claro cuya agresividad era manifiesta, y conservaban ambos rastros de sangre humana, e inclusive uno de ellos ADN del menor y que, además, fueron vistos mordiendo el cuerpo del niño, en la ocasión descripta por el testigo C.

En otro sentido debe señalarse que no se coincide con la Defensa en cuanto a que no existieran restos del pañal utilizado por el niño ni, además, que

esta hipotética carencia resultara demostrativa que la muerte ocurrió en la vivienda de la familia R. En tal sentido, ante preguntas referidas a dicho ítem, la madre del menor, la Sra. H., le explicó al señor Defensor cuáles eran las ropas con las que había vestido al niño esa mañana, entre las cuales estaba el pañal.Los escasos restos de esta prenda (que para un niño de un año y medio no es muy amplia) fueron vistas cerca de donde se encontraba el cuerpo del niño por el Señor Perito de la Policía Federal, Sr. CHARREUN, que así lo confirmó en la Audiencia Oral ante las precisiones requeridas por la Defensa. En tal sentido, el mencionado profesional explicó puntualmente que: a) había visto pequeños trozos de esa prenda; b) que reconoció la misma puesto que dicha indumentaria tiene una «textura» especial y, c) porque además estaba acostumbrado a ver ese tipo de pañales, ya que tiene un hijo de la edad del niño muerto quien usa ese tipo de pañal descartable.

No surge de ninguna parte y tampoco lo mencionó la Defensa, que el perito CHARREUN tuviera algún tipo de interés especial en la causa para declarar de esta manera, por lo que más allá de la correcta fundamentación de sus testimonios en tal sentido, y que esos pequeños trozos de pañal no hubieran sido colectados, las declaraciones coincidentes de la Sra. H. y del SR. CHARREUN hablan a las claras de la existencia del mismo, no habiendo explicado eficazmente la Defensa en su hipótesis sobre el tema el sentido que la no colección de los pequeños trozos de pañal fueran un hecho indicativo que la muerte del niño fue producida por los perros de la familia R. en la vivienda de éstos.

Tampoco se coincide con la Defensa en cuanto a que la ropa del menor fue sembrada, «regada», en la zona como si se tratara de preparar una determinada escena. La ropa del niño, con claros rastros de desgarros, según se puede observar en las fotografías expuestas en la audiencia, debidamente peritadas por técnicos, fue evidentemente rota y arrancada por los dientes de los animales que atacaron al infante, y tironearon de su cuerpo hasta dejarlo desnudo solamente con una zapatillita calzada, alcanzando inclusive a devorar parte del tronco, como lo señalara especialmente el Dr.Médico Forense al referirse al hemi-abdomen inferior, genitales y región antero interna de ambos muslos, razón por la cual, tal como lo explicara el Dr. SIEMENS en la Audiencia Oral, en dichas oportunidades los animales ingirieron, juntamente con el tejido muscular, gran parte de la sangre de los paquetes vasculares allí ubicados. A pesar de ello, como lo describiera el Forense en el Acta de Levantamiento de Cadáver, se constataron manchas de sangre en los pastos de alrededor, y también en las fotografías tomadas puede

advertirse la existencia de las manchas de sangre sobre la tierra. Parte de esta sangre que no fue ingerida, cayó sobre la tierra y fue absorbida por la misma, según se registra en las vistas fotográficas exhibidas en audiencia.

Por todo ello tampoco resulta verosímil ni creíble la postulación defensiva en el sentido que el cuerpo del menor, completamente lacerado y ensangrentado fuera trasladado, hasta el lugar donde se lo encontró por su tío el señor C.

No obstante lo expuesto, si hipotéticamente el Sr. S. C. hubiera transportado el cadáver que, como vimos, se encontraba notoriamente lastimado y desgarrado, durante el trayecto de unos cien metros, ocultándolo bajo la propia campera que en ese momento vestía, como lo describió gráficamente en la Audiencia Oral la Defensa, indudablemente hubieran quedado en dicha prenda evidentes rastros (manchas) de sangre, lo cual puede deducirse de la simple observación del cadaver del niño. No obstante ello ninguno de los testigos presenciales que estuvieron en ese lugar y momento hicieron alusión alguna a dicha circunstancia (CIFFULOTTI, PERROUCHOUD, el Oficial DELERSE, etc), sin que tampoco les fueran preguntados estos extremos, importantes para su teoría por el señor Defensor, en oportunidad de que declararan tales personas, no obstante sostener después dicha extrema suposición.De igual manera, la quema de los matorrales aledaños a la zona adyacente a la calle 41, en el sector cercano a la vivienda de la familia R., ocurrida unos días después del hecho, no resulta indicativa de la responsabilidad de un ataque de los perros de esta familia al niño.

En primer término conviene recordar que esa franja de terreno fue meticulosamente inspeccionada por el Perito CHARREUN en ocasión del hallazgo del cuerpo y luego, más tarde ese mismo día, vuelta a reexaminar, según lo explicó al respecto en la Audiencia Oral el especialista, sin que advirtiera ningún rastro o huella extraña por dicho sector. Por su parte, el propio abuelo del niño relató que efectivamente él había prendido fuego unos días después en ese lugar por lo sucio que estaba, lo que es algo común en la zona y, por último, si se hubiera tenido algo que ocultar, evidentemente se hubiera quemado el sitio mucho antes y no unos días después, con lo cual esta suposición no tiene tampoco la debida razonabilidad ni sustento fáctico.

Además, en otro sentido, resulta inconcebible que si el niño hubiere sido atacado por el perro dogo de la familia R., los otros cinco o seis animales que también residían en la vivienda de esta familia, no hubieran intervenido, ya que los

perros en esos casos actúan en jauría. Sin embargo, como ya refiriéramos, a ninguno de estos últimos se le detectó en los correspondientes hisopados de los que todos participaron restos de sangre humana, lo cual indica su total desvinculación con la postura de la Defensa. Por otra parte, ante un grave acontecimiento de esta naturaleza, lo más probable en su caso -como se señaló en la Audiencia Oral- hubiera sido que alguien de la familia matara inmediatamente al perro que hubiera atacado al niño, como según los testigos, pedía a la policía desesperadamente B. R.sobre el cuerpo de su hijo recién muerto al localizar al perro negro o a la perra boxer del Sr. CIUFOLOTTI. Debe tenerse en cuenta en este aspecto que no se trata, como se sabe, de un homicidio doloso; se trata de un homicidio culposo, por lo que más allá de lo muy lamentable del suceso, en esas circunstancias de hondo dolor que naturalmente provocara el hecho resulta muy difícil concebir que inmediatamente de producido el mismo se hubiera tramado, entre al menos seis personas, una especial confabulación, a fin de ponerse de acuerdo para actuar de manera tal que se tergiversara el hecho y se adjudicara el mismo a los perros de un vecino, vecino con el cual no tenían ningún tipo de problema. Todos estos motivos dejan la extemporánea e inadecuada versión de la Defensa sin mayor sustento lógico ni fáctico.

Cabe agregar que en lo que hace a este alegato en relación al cual la Defensa censuró duramente al Sr. Fiscal, acusándolo de una supuesta «negligencia o ingenuidad», ya que no examinó como (a su juicio) debería de haberlo hecho al perro dogo de la familia R., es decir su estado fisiológico, de sanidad, funcional, etc.

Ello a través de una revisión veterinaria, además de otras circunstancias investigativas que a su entender, resultaban incorrectas, no recolección de restos del pañal, etc. No obstante ello, debe el Tribunal recordar en tal aspecto, que a pesar de su pretendida excusa en el sentido que se hizo cargo de la Defensa cuando ya la causa se encontraba avanzada, lo cierto es que sin perjuicio del principio de la unidad funcional defensiva (art.127 CPP), -a partir de la cual se infiere que el imputado tuvo en todo momento la posibilidad de controlar debidamente todos los actos investigativos llevados a cabo por la Fiscalía y su predecesor y en su caso, solicitar la producción de evidencias probatorias de descargo- inclusive el actual Defensor pudo requerir la producción de las que le interesara hasta el momento previo a la remisión a Juicio de la causa pero, advertimos, que nada de ello ocurrió, e incluso cuando ulteriormente surgió en el Debate la posibilidad de averiguar sobre la existencia de la enfermedad del perro

dogo (sarna) a través del Veterinario que lo había asistido, la Defensa se negó de manera concluyente a que el mismo fuera llamado, por lo que más allá de las críticas efectuadas, inclusive al mismo Sistema Procesal Penal actualmente vigente en la Provincia, resulta aplicable a estas circunstancias lo señalado por el Excmo.

S.T.J.E.R. cuando «in re», «BERNASCONI J. D. s/ROBO SIMPLE -RECURSO DE CASACION», dijo: «.el planteo de la Defensa desconoce el cambio de paradigma que aparejó en el territorio provincial la implementación de un nuevo sistema procesal Penal (ley 9754) plenamente acusatorio, adversarial y desformalizado, compuesto por una instancia inicial -no sacramentada-; una etapa intermedia y que tiene como eje central el Debate, público, oral, continuo y contradictorio, en donde cada parte procesal tiene -como contracara de sus facultades- la carga de aprovechar las mismas oportunamente.Cabe recordar que la Ley no impone normas generales para acreditar algunos hechos delictuosos ni determina abstractamente el valor de las pruebas, sino que deja al Juzgador en libertad para admitir todo elemento que estime útil al esclarecimiento de la verdad y para apreciarlo conforme a las reglas de la lógica de la psicología y de la experiencia común.»

5)- Por último, en lo que hace a la faz normativa que, cabe recordar, fue la enarbolada inicialmente por la Defensa para exponer su teoría del caso, considera el Tribunal que más allá de resultar opinable si las normas «operativas» de la Ordenanza Nº 9119 del Municipio Local, que adhiere a la Ley Provincial Nº 10029 actualmente vigente sobre «Tenencia Responsable de Perros Potencialmente Peligrosos», resultan o no aplicables al caso, lo cierto en cambio es que sí resulta aplicable, y se encuentra plenamente vigente como lo confirmara el Sr. Juez de Faltas Local y la Concejal interpelada en la Audiencia Oral, la Ordenanza Nº 2274 que prohíbe en su art. 1º dejar en libertad en las calles a, «.perros sin collar y bozal.».-

Pero más allá de la teleología de dicha norma, que evidentemente apunta a la seguridad de los transeúntes, tenemos también reglas vigentes en nuestro Código Civil, que en sus arts. 1124 a 1131, regulan lo relativo a la responsabilidad de daños causados por animales. En tal aspecto, ya el Superior Tribunal de Justicia de la Provincia, Sala Civil, en la causa Nº 5475 «PAEZ y OTRO C/ZATTI» del 26/06/09, se expidió confirmando una Sentencia Condenatoria de Primera Instancia, y expresando respecto de lo que nos interesa que: «Tener un animal encierra un compromiso serio y de cuidado, vigilancia y contención. No es

posible aprovechar los aspectos positivos de un animal y desentenderse de los negativos, como es el caso de los perjuicios provocados por su actuar.La vigilancia debe ser activa, y en la ciudad, tiene que ver justamente con no dejarlo solos, con la posibilidad de salir a la calle o de pasear por donde se le ocurra».

Desde el punto de vista del Derecho Penal, que es el que en este momento nos compete, el art. 84 de la Ley de Fondo cubre este tipo de situaciones lesivas cuando son causadas por acciones/omisiones debidas a negligencia, imprudencia «o» incumplimiento de deberes o reglamentos a cargo de quienes, de alguna manera tienen bajo su dominio dichos animales.

El art. 84 del Código Penal, al establecer el Homicidio Culposo dispone una pena al que «causare» la muerte de una persona «por.». Es decir, establece una razón, una causa, (negligencia, imprudencia, etc.) a raíz de la cual se produce el resultado disvalioso.

Desde el punto de vista de la teoría de la Imputación Objetiva, más allá de la grave censura respecto a la eventual racionalidad del Dr. GUNTHER JAKOBS, que en un confidencial comentario el Dr. ZAFFARONI le habría revelado al Sr.

Defensor, según éste lo comunicara al Tribunal en la Audiencia Oral, no obstante dicha advertencia, considera el Tribunal que se trata aquél de un enfoque jurídico apropiado al caso, siendo además una Doctrina ampliamente aceptada para este tipo de situaciones culposas que lamentablemente acontecen a diario. En tal sentido se establece que para que la atribución resulte válida se deben dar algunas condiciones mínimas:1) que la omisión del imputado cree un riesgo o peligro; 2) que ese riesgo sea jurídicamente desaprobado y, 3) que el mencionado peligro se concrete en un resultado típico («la muerte por.»).

En la especie el hecho de tener perros genera un riesgo común (previsto por la Ordenanza Municipal, en el caso la Nº 2274), pero ese riesgo se verifica y aumenta más allá de lo normal o permitido si se trata de animales agresivos que no tienen sujeción o no se encuentran convenientemente contenidos, cuando teniendo potencialidad suficiente para lesionar no se toman los recaudos lógicos y naturales necesarios para que dichos animales no lleguen a producir esos daños.

En el caso resulta objetivamente evidente, que más que crearse, se mantuvo el riesgo, es decir, se conservaron los canes en la casa; que ese riesgo era superior al normal pues se trataba de perros agresivos, según lo relatado por los diversos testigos, y que no se actuó con la debida diligencia; al contrario, se actuó negligentemente, ésto es, con un hacer de menos, consistente en la falta de

precaución o desinterés en los hechos que podrían desencadenarse con esta conducta omisiva al mantener los animales sueltos.

El deber de cuidado era en el caso una conducta personal y propia del imputado, y estaba determinada por el conocimiento que, como cuidador, debía tener del comportamiento de los animales a su cargo. Ello surge de un proceso lógico que se basa en el principio de «derivación» o de congruencia entre los hechos constatados, las declaraciones coincidentes de los numerosos testigos e, inclusive, la propia declaración indagatoria del imputado, quien relató que cuando fue a vivir a esa casa, «.teniendo él hijos chicos fue a ese lugar para ver el carácter del animal; que al ingresar el perro le llevó la carga, quedándose quieto el dicente por la experiencia de haber tenido animales grandes». Que luego, ante este actuar el perro se tranquilizó. Paralelamente a ello, agregó también el encartado que había visto al niño (L.R.) que caminaba por la zona diariamente y sin la compañía de nadie. Ello así, desde el punto de vista de la Teoría de la Imputación Objetiva, podemos entonces delimitar en qué circunstancias la lesión a un bien jurídico (en el caso, la vida humana) puede penalmente serle adjudicada a una determinada persona, o cuando, en su caso, este suceso puede ser producto de la casualidad o de factores que resultan ajenos a aquélla. Como hemos visto en esta coyuntura, al personal y cabal conocimiento de los extremos extrínsecos e intrínsecos, señalados por el propio imputado (existencia de perros agresivos, existencia de un niño de muy corta edad en la zona, acometimiento de ese perro hacia su propia persona, experiencia personal para tratarlo, falta (lógica) de experiencia del infante, etc), surge de manera clara la configuración de un nexo objetivo entre su omisión (de cuidado) y el resultado letal, corroborándose de tal manera la responsabilidad penal del mismo en lo que hace a la lesió n del bien jurídico supra señalado. El propio JAKOBS lo señala en su obra «La Imputación Objetiva en el Derecho Penal», al mencionar que: «La imputación objetiva del comportamiento, es imputación vinculada a la sociedad concreta» (aut.cit. Opus cit. Pág. 18). En este marco referencial tenemos entonces que observar que «el guardián» de perros, a partir de su rol como tal, de acuerdo a las expectativas sociales comunes, debe ser competente para cumplir con los standards de seguridad mínimos y suficientes, y no suponer que todas las personas tomarán especiales precauciones en determinados sentidos, o no (en el caso) no pasarán por las cercanías del lugar donde se encuentran los animales. El hecho que se produce como consecuencia de la inacción del guardián le resulta objetivamente imputable, y se constituye

entonces en una omisión jurídica penalmente relevante toda vez que el imputado no controló debidamente una «fuente de peligro», ubicada en la esfera de su ámbito personal.Ello, por cuanto, es sabido que la vida en sociedad apareja diariamente diversos tipos de riesgos, por lo que se torna indispensable que quienes en ella viven -los ciudadanos- traten de la mejor manera posible de evitar que esas «fuentes de peligro» que se encuentran de alguna manera a ellos vinculadas, puedan resultar operativas. Señala JAKOBS que especialmente el principio en que se basa el deber de garante está dado por la confianza que las personas en general depositan en otras determinadas personas, al conjeturar que se encuentra obligadas a comportarse de una determinada manera en lo que hace a la factibilidad de prevenir o regular situaciones eventualmente peligrosas (el conductor de vehículos, de aeronaves, personal de seguridad que maneja armas de fuego, etc). En el caso, la tenencia de perros que se sabe son agresivos, resulta también una obvia «fuente de peligro».

La víctima, un niño de aproximadamente dos años, no quebrantó ningún rol y tampoco lo hicieron sus padres, pues el infante se desplazó en un breve lapso cuando aquéllos se encontraban abocados a una tarea común y familiar y, previo a ello, habían dejado al pequeño a resguardo en una habitación. Distinta hubiera sido la situación si los perros que habitaban la casa del imputado se hubieren encontrado atados o cercados y el niño hubiera ingresado al perímetro de los mismos. Dice al respecto RICARDO C. NUÑEZ, citado durante la Audiencia Oral por la Defensa técnica que: «Tampoco tiene eficacia en el orden penal, la llamada concurrencia de culpas». Esta se presenta cada vez que el resultado delictivo se debe a la consecuencia de actos culposos del autor y de la víctima. La concurrencia de culpas así entendida no modifica en absoluto la imputación penal culposa, porque ésta es personal y solo exige que el autor haya obrado con culpa» (aut. cit, Derecho Penal Argentina, Tomo .II pág.91).

En las circunstancias acontecidas debe recordarse que el imputado, en uso de sus facultades mentales normales, accedió voluntariamente a la tenencia o guarda de los canes, y no puede la Defensa invocar como una especie de excusa o causal de inculpabilidad que el niño cruzara frente a su domicilio por una calle pública. Tampoco, lo reiteramos, se trata de un hecho imprevisible o inevitable.

Como lo explica JORGE A. SANDRO en su trabajo El Hecho Penal (art. 18 C.N.):

Naturaleza vs Imputación: «Inevitable es lo que el individuo física o cognitivamente no puede impedir que suceda, y evitable es lo asequible al dominio o control del

actuante. La acción/omisión es evitable si el individuo tiene la alternativa práctica o instrumental de decidir por «sí» o por «no» frente a la situación y, en este caso, la decisión da lugar a un hecho; la acción/omisión inevitable en cambio, no se imputa (es naturaleza)» (Revista La Ley, Suplem. Extraord. Proc. Penal año 2010, pág.

1/5). En las circunstancias referidas, como se ha visto, la acción/omisión era plenamente evitable; de ahí la culpabilidad que se imputa.

Debemos agregar que en estos delitos llamados de «comisión por omisión», si bien algunos autores requieren que se supere el riesgo socialmente permitido también, fundamental y objetivamente, debemos observar todo lo que hace a la evitabilidad de la lesión a partir de la posición de garante.Garante es en este caso la persona que asumió natural y espontáneamente la guarda o custodia de un elemento riesgoso ubicado en el ámbito de su dominio (en la especie perros en determinada condición de abandono y evidentemente agresivos, según lo señalado por los testigos del caso). Dice al respecto ENRIQUE GIMBERNAT ORDEIG refiriéndose al garante que, «. el que mediante un hacer positivo crea un peligro de lesión a un bien jurídico, responde de esa lesión, igual que si la hubiera causado mediante una acción positiva, si posteriormente omite evitar el resultado típico en el que va a desembocar la cadena causal puesta en marcha por aquel precedente» (aut, cit. «La Omisión Impropia en la Dogmática Penal Alemana» pág. 236).

Considera el Tribunal que se trata en la especie de la alusión a un precepto legal positivo (homicidio culposo) donde la omisión se establece como una forma de causación del resultado; nos referimos a un determinado comportamiento, a la ausencia, al vacío de la acción esperada, donde el garante a raíz de su posición como tal, tiene el deber de actuar. Explica al respecto ENRIQUE BACIGALUPO: «Autor de un delito impropio de omisión solamente puede serlo quien es garante frente al ordenamiento jurídico de la producción del resultado». (aut.cit.

«Delitos Impropios por Omisión» pag. 111 y sgtes.).

Por último, debe el Tribunal reiterar que la referencia normativa que requiere dicha omisión, está dada básicamente por lo dispuesto por el art.84 del Código Penal, ya que este tipo penal abierto se integra con la infracción al deber de cuidado que surge, no simplemente del incumplimiento de lo estatuído en la Ordenanza Municipal Nº 2274 -vigente-, en lo que hace a la prohibición de mantener perros sueltos en la vía pública, sino más precisamente con la negligencia, con el defecto de acción del imputado que obró sin considerar una eventualidad previsible, generadora de la consecuencia lesiva que se le atribuye

dada la conexión de antijuricidad entre la anormatividad y el resultado final.

Ello así, en base a lo anteriormente expuesto y merituado, la primera cuestión planteada debe tener respuesta afirmativa.-

Así voto.

Los Sres. Vocales, Dres. BONIFACINO y SERO, coinciden con los argumentos y fundamentos del Sr. Vocal preopinante, adhieren a su voto y se expiden en igual sentido.

A la SEGUNDA CUESTION planteada, dijo el Sr. Vocal, Dr. LOPEZ MORAS, que tal como hiciera referencia al tratar la primera cuestión, el hecho de la muerte del niño LUCAS EMANUEL R. debe de serle imputado a MARTIN ALEJANDRO B. a título de HOMICIDIO CULPOSO (art. 84 del Código Penal).

Así voto.

Los Sres. Vocales, Dres. BONIFACINO y SERO, coinciden con los argumentos y fundamentos del Sr. Vocal preopinante, adhieren a su voto y se expiden en igual sentido.

En relación a la TERCERA CUESTION, dijo el Sr. Vocal, Dr. LOPEZ MORAS que:

Comprobada que ha sido la afectación al bien jurídico vida, a los fines de la imposición de la pena corresponde determinar el grado de afectación a ese bien jurídicamente protegido, dado que «ilícito y culpabilidad son conceptos graduables, y el paso decisivo de la determinación de la pena es definir su gravedad» (C.Nac.Casación Penal, sala 4ª, 8/9/2004, «Damen, Diego J. s/recurso de casación», causa 4417, del voto en disidencia del Dr.Hornos), así como las circunstancias particulares del hecho y su autor.

«El ilícito culpable no sólo constituye el presupuesto de la punibilidad de la conducta sino también la base para la graduación de su gravedad. Si bien la problemática que plantea la graduación del ilícito es diferente de la de su preexistencia, ésto no debe lleva a afirmar que se trata de conceptos distintos de los de la teoría del delito. Sólo se modifica la perspectiva. Mientras que para la imputación interesa si ciertas categorías dogmáticas se encuentran presentes, para la determinación de la pena importa cuál es su intensidad. Como consecuencia, el procedimiento de análisis no consistirá ya en la subsunción de una situación de hecho en una de dichas categorías, sino en establecer relaciones acerca de la

mayor o menor gravedad de ese hecho» (se citó: Ziffer, Patricia, «Código Penal y normas complementarias. Análisis doctrinario y jurisprudencia», t. II, dirigido por los Dres. David Baigún y Eugenio R. Zaffaroni, Ed. Hammurabi, Buenos Aires, 2002, p. 67, comentario a los arts. 40 y 41) (Sup. Trib. Just. Tierra del Fuego, 13/2/2009, «De la Fuente, Marcelo S. y otros).

En el presente caso deben tenerse en cuenta las pautas mencionadas por la ley penal (Art.41 del Código de Fondo) y entre ellas la naturaleza de la omisión (infracción de deber), o sea la manera o modo en que se ha omitido el deber de actuar por quien ostentaba la posición de garante respecto a las fuentes de riesgos cuyo cuidado y custodia le incumbían (animales bajo su guarda o tenencia). Surge como agravante la intensidad o grado de negligencia evidenciado al omitir atar a los dos animales guardianes o adoptar otras medidas asegurativas respecto a los mismos, siendo conocedor-por su convivencia con ellos- de su agresividad hacia terceros, teniendo en especial consideración las horas matutinas del día en que se produjo y apreciando su conocimiento del mayor tránsito de personas y rodados, la circunstancia de retirarse del domicilio con su familia dejando a estas fuentes de riesgos fuera de su contención o de la esfera de su dominio, y sin prever -pese a su previsibilidad- la latente amenaza o injerencia sobre la esfera jurídica de terceros.En efecto, en el caso particular requiere ser valorada la iniciativa del enjuiciado de retirarse ocasionalmente de la vivienda sin adoptar los elementales deberes que le competían como guardador o tenedor de los animales -atento que la residencia en dicho domicilio fue configurada con su asentimiento de tener a dichos animales ajenos bajo su control-, para contener y evitar los riesgos de lesión a terceras personas, y que estaba en sus manos haber podido controlar impidiendo se origine el resultado lesivo, mediante el atado de los mismos u otro modo de prevención domiciliaria que impidiera que salieran a la vía pública.

Que también debe atenderse a la extensión del daño y peligro causados, pues además del resultado típico letal causado a esta víctima -cuya indefensión por su tan corta edad le impedió repeler la acción agresiva de los animales-, deben considerarse aquellas consecuencias mediatas al hecho que debieron ser previsibles para el autor, cual es el estado de aflicción, angustia y desazón en que se viera inmerso el grupo familiar conviviente y la vecindad, ante la sorpresa del ataque irreversible de los animales y la frustración de la expectativa social de comportamiento activo de su tenedor o guardador.

Que a estos agravantes se suman otras circunstancias de caracter subjetivo, su edad (cuarenta y dos años), su educación (terciaria y universitaria incompleta) y su situación social y su nivel cultural (de profesión periodista y docente en el Colegio Justo José de Urquiza), circunstancias que ciertamente le exigían actuar, por su situación de madurez y de conocimiento y compromiso de las normativas relativas a la convivencia social, con un mayor detenimiento y previsión, o sea con una mayor conciencia del deber de conducirse conforme a derecho.

Pero se erigen como atenuantes los antecedentes y condiciones personales y familiares del enjuiciado:la no existencia de antecedentes penales que indiquen hubiere tenido una mala conducta precedente, su calidad de padre de familia y el riesgo asumido y compartido de permitir la convivencia de animales de estas características con su descendencia menor, y su calidad de vecino al minimizar las consecuencias del actuar de esas fuentes de riesgo ante la falta de antecedentes respecto al pequeño, ya que era común que este niño de corta edad transitara solo por esa calle y estuviera en contacto con animales, situaciones que han disminuído el ámbito de libertad del enjuiciado y que deben computarse ciertamente para formular el reproche de culpabilidad mediante la graduación justa de la pena a imponer.

Todas estas circunstancias valoradas in totum hacen que se torne innecesaria e inadecuada la aplicación de una pena privativa de libertad e imponen la aplicación de una sanción más prometedora en sus efectos como lo es la ejecución condicional de la condena.

Vale traer a colación lo sostenido por la Sala I de la Cámara Nacional de Casación Penal, in re: «Dance Mayuri, Ricardo A. s/rec. de casación», de fecha 02/04/2006, cuyos fundamentos comparto en plenitud: .»la condena de ejecución condicional encuentra sustento en la teoría de la prevención especial, por el efecto contraproducente que ocasiona la ejecución de penas cortas privativas de libertad.

Como la imposición de una pena breve pone de manifiesto escaso contenido de injusto y de culpabilidad por el hecho, debe ceder la función retributiva ante razones de utilidad social que aconsejan prescindir de una ejecución que sería perjudicial»-Roxin, «El desarrollo de la política criminal desde el Proyecto Alternativo», en la reforma del derecho penal, p. 95: ídem, «Culpabilidad y prevención en derecho penal», p. 71; Luzón Peña, «Medición de la pena y sustitutivos penales», p.69-. Además, «un período de encierro de poca duración no

garantiza el éxito de ningún programa de resocialización, y por el contrario permite que la estadía en prisión gravite negativamente sobre el condenado, como consecuencia del denominado proceso de «prisionalización», efecto del contagio carcelario -Hood-Sparks, «Problemas clave en criminología», p. 218 y ss.; Göppinger, Criminología, p. 334 y ss.-. Por el contrario, «.una condena de ejecución condicional cumple la finalidad de servir como advertencia, que además de operar disuasivamente en el futuro inmediato, cumple una función de prevención especial positiva pues conlleva un llamado para que el condenado oriente su comportamiento hacia el respeto al sistema normativo -De Benedetti, «Código Penal y normas complementarias. Análisis doctrinario y jurisprudencia», D.

Baigún-Eugenio R. Zaffaroni (dirs)-M.A.Terragni (coord.), t. I, p. 374-(conf.

Esteban Righi, opus cit., pág. 231/vta.).

Por su parte Hans-Heinrich Jescheck, Tratado de Derecho Penal, Parte General, Ed. Comares, Granada, cuarta edic., 1.993, pág. 758/759, sostiene que «la suspensión condicional.,.conjuga el juicio de desvalor expresado en el pronunciamiento penal y la llamada a la propia voluntad del reo, fortalecida por la amenaza de ejecutar la pena, para que se reinserte socialmente. Mediante las reglas de conducta y la ayuda para el período de prueba, le proporciona un auxilio eficaz para comportarse debidamente durante dicho período y evitar simultáneamente los daños que el cumplimiento de la pena privativa de libertad pudiera aparejar. Gracias a las tareas orientadas a reparar el injusto cometido, aquella suspensión puede compensar el favor consistente en no ejecutar la pena privativa de libertad» (confr. dicha Sala, «Lamuniere, Andrés Daniel s/recurso de casación», causa Nº 6299, Reg. Nº 8543, rta. el 23 de febrero del año 2.006)» (Suplemento La Ley, 30 de Octubre de 2.006, pág.46/49).

Definido que ha sido el modo de ejecución de la pena, corresponde la determinación de su duración, y en consideración a que en el caso particular, por las valoraciones expuestas precedentemente, se vislumbra un contenido de culpabilidad menor al hacer positivo del Homicidio Culposo, que prevé una pena de prisión que oscila entre un mínimo de seis meses y un máximo de cinco años, estimo justo y razonable graduar la pena a imponer a B. en UN AÑO Y TRES MESES DE EJECUCION CONDICIONAL, ello de conformidad a las preceptivas de los Arts. 40, 41, 45 y 84 del Código Penal, imponiéndole durante el plazo de dos años el cumplimiento de la siguiente regla de conducta, de conformidad a la preceptiva del Art. 27 bis del Código Penal: 1) Fijar domicilio, que no podrá variar sin

autorización de este Tribunal, debiéndose labrar por Secretaría acta compromisoria de estilo.

Así voto.

Los Sres. Vocales, Dres. BONIFACINO y SERO, coinciden con los argumentos y fundamentos del Sr. Vocal preopinante, adhieren a su voto y se expiden en igual sentido.

A la CUARTA CUESTION planteada, el Sr. Vocal, Dr. LOPEZ MORAS dijo:

En relación a los efectos secuestrados, existiendo en trámite un beneficio de Suspensión de Juicio a Prueba en favor de la coimputada P., dueña de los canes, actualmente secuestrados, beneficio que fuera otorgado en la etapa de la Investigación Penal Preparatoria, no corresponde por el momento expedirse sobre su destino definitivo, al igual que respecto de las prendas secuestradas.

En relación a las costas del proceso corresponde se declaren a cargo del condenado, M. A. B., de conformidad a las preceptivas de los Arts.

584 y 585 del C.P.P.E.R., debiendo reponer el sellado de ley.-

Así voto.

Los Sres. Vocales Dres. BONIFACINO y SERO coinciden con los argumentos y fundamentos del Sr.Vocal preopinante, adhieren a su voto y se expiden en igual sentido.

Con lo que este Tribunal de Juicio acuerda por unanimidad los términos de la siguiente S E N T E N C I A:

Concepción del Uruguay, 24 de febrero de 2014.

Por los fundamentos que anteceden y por unanimidad, SE RESUELVE:

I) CONSIDERAR que MARTIN ALEJANDRO B. sin sobrenombre o apodo, cuyos demás datos de identidad personal constan en acta, como autor materialmente responsable del delito de delito de HOMICIDIO CULPOSO (art. 84 del Código Penal) CONDENANDOSELO a la PENA de UN AÑO Y TRES MESES Prisión cuya Ejecución se deja en Suspenso.- II) IMPONER al condenado MARTIN ALEJANDRO B., por el término de DOS AÑOS el cumplimiento de las reglas de conducta que seguidamente se enuncia, para lo cual se labrará acta compromisoria de estilo (Art. 27 bis del Código Penal): 1º) Fijar residencia que no podrá modificar sin autorización del Tribunal.- III) DECLARAR las costas de la causa a cargo del condenado -arts. 583 y 548 de la Ley Nº 9.754-, debiendo reponer el sellado de ley.- IV) CUMPLIMENTESE la norma contenida en el art. 73 inc. e) del C.P.P.E.R., notificando a las víctimas de autos.- V) DISPONER de los efectos secuestrados en la forma prevista al tratar la cuestión respectiva.- VI) DAR inmediata lectura-notificación de la parte dispositiva de la presente sentencia, difiriéndose su íntegra lectura en audiencia que se fija para el día 6 de marzo de 2014 a las 07.30 horas.- VII) Notifíquese, regístrese, déjese copia y, en estado archívese.

Firmado: Dres. Fabián LOPEZ MORAS- Marta Cristina BONIFACINO -Alberto Javier SERO- Vocales. Ante mí: Dra. Julieta García Gambino -Responsable OGA. ES COPIA FIEL. DOY FE.

 

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