Recibió un trozo de escombro en el ojo cuando una cuadrilla reparaba una vereda. Indemnización a cargo del Gobierno

shutterstock_31758385Partes: Monges Angel c/ Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires s/ daños y perjuicios (acc. tran. c/ les. o muerte)

Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil

Sala/Juzgado: L

Fecha: 30-ago-2013

Cita: MJ-JU-M-81653-AR | MJJ81653 | MJJ81653

Responde el Gobierno de la Ciudad por los daños que sufrió el actor al recibir el impacto de un trozo de baldosa en su ojo, causado por el negligente accionar de una cuadrilla que se encontraba reparando una vereda. 

Sumario:

1.-Corresponde hacer lugar a la demanda y condenar al gobierno local a indemnizar al actor por los daños y perjuicios que sufrió en ocasión en que se encontraba en la vereda conversando con otras personas, una cuadrilla que estaba reparando una vereda, golpeó negligentemente el suelo con una masa, y una trozo de baldosa se incrustó violentamente contra su ojo.

2.-En el caso, las lesiones físicas a las que se vio sometido el actor, si bien no derivaron en una incapacidad de carácter permanente, dado el lugar en que fueron sufridas, permiten considerar que se han originado en la víctima perturbaciones de índole emocional o espiritual que deben ser resarcidas, la determinación del monto indemnizatorio se encuentra librada al prudente arbitrio judicial, con amplias facultades para computar las particularidades de cada caso.

3.-La incapacidad sobreviviente se configura al verificarse una disminución en las aptitudes tanto físicas como psíquicas de la víctima, menoscabando la posibilidad de desarrollo pleno de su vida; estas circunstancias se proyectan sobre su personalidad integral, afectan su patrimonio y constituyen inescindiblemente los presupuestos para determinar la cuantificación del resarcimiento, con sustento jurídico en disposiciones como las contenidas en los arts. 1068 y 1109 del Código Civil.

4.-El daño psíquico se da en una persona que presente luego de producido el hecho, una disfunción, un disturbio de carácter psíquico permanente, de modo que se acredita una modificación definitiva en la personalidad de la víctima, una patología psíquica que se origina en el hecho o que importa un efectivo daño a la integridad personal y no sólo una sintomatología que aparece como una modificación disvaliosa del espíritu, de los sentimientos y que lo haría encuadrable tan sólo en el concepto de daño moral.

5.-El daño moral es una modificación disvaliosa del espíritu en el desenvolvimiento de su capacidad de entender, querer o sentir, que se traduce en un modo de estar la persona diferente al que se hallaba antes del hecho, como consecuencia de éste y anímicamente perjudicial, se trata de un menoscabo a los atributos o presupuestos de la personalidad jurídica, con independencia de su repercusión en la esfera económica.

Fallo:

En Buenos Aires, a los 30 del mes de agosto del año dos mil trece, encontrándose reunidos en Acuerdo los Señores Jueces de la Sala «L»de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil a fin de pronunciarse en el expediente caratulado «Monges, Angel c/ Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires s/daños y perjuicios»de acuerdo al orden del sorteo la Dra. Pérez Pardo dijo:

I.- Contra la sentencia dictada a fs. 819/831, recurre la parte actora por los agravios que exponen a fs. 953/959 los que contesta la citada en garantía a fs. 978/981, la codemandada Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a fs. 983/986 y la codemandada Eduardo Caramian SACICIF y A a fs. 988/989.

II.- En su escrito introductorio, manifiesta el actor que el día 30 de marzo de 2006, aproximadamente entre las 10.15 y las 10.30 horas, se hallaba de pie en la vereda impar de la calle Uruguay a la altura catastral 753, donde se encuentra el Registro Civil, conversando con dos empleados de la referida dependencia del Gobierno porteño, la Sra. Irma Cornijuk y el Sr. Omar Ricardo Musto. Refiere que en tales circunstancias, unos operarios de la empresa demandada, concesionaria y realizadora de la obra de refacción y reparación de la mencionada acera, comenzaron a golpear con masas y martillos la vereda a efectos de producir un bache sobre la superficie.

Señala que la realización de tales trabajos no se encontraba resguardada o protegida con elementos de seguridad suficientes a fin de salvaguardar a los transeúntes.Recuerda que producto del golpeteo desmesurado e imprudente en horas del día y ante el fluido tránsito peatonal, se produjo el desprendimiento de un segmento de baldosa del suelo, el cual hubo de proyectarse en dirección hacia su cara, impactando finalmente contra su ojo derecho, produciéndole serias lesiones.

III.- El pronunciamiento de grado hizo lugar parcialmente a la demanda y condenó al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Eduardo Caramian SACICIF y A y a TPC Compañía de Seguros S.A. -en los términos y condiciones de la garantía- a abonarle al Sr. Ángel Antonio Montes la suma de $ 6.000, con más intereses y costas, difiriendo la regulación de honorarios para su oportunidad.

IV. No encontrándose cuestionada las circunstancias del hecho, ni la responsabilidad atribuida a los accionados, trataré los agravios atinentes a las partidas indemnizatorias, aclarando que los jueces no están obligados a analizar todas y cada una de las argumentaciones de las partes, ni tampoco cada medida de prueba; sino solamente aquellas que sean conducentes y posean relevancia para decidir el caso, según la forma en que ha quedado trabada la relación procesal (Fallos: 144:611; 258:304, 262:222, 265:301, 272:225, 274:113, 276:132, 280:3201, 303:2088, 304:819, 305:537, 307:1121, entre otros).

IV.- Se agravia el actor del monto otorgado por incapacidad psíquica, gastos de tratamiento psicológico y del daño moral.

He sostenido reiteradamente que la incapacidad sobreviviente se configura al verificarse una disminución en las aptitudes tanto físicas como psíquicas de la víctima. Esta disminución repercute en la víctima tanto en lo orgánico como en lo funcional, menoscabando la posibilidad de desarrollo pleno de su vida en todos los aspectos de la misma y observándose en el conjunto de actividades de las que se ve privada de ejercer con debida amplitud y libertad.Estas circunstancias se proyectan sobre su personalidad integral, afectan su patrimonio y constituyen inescindiblemente los presupuestos para determinar la cuantificación del resarcimiento, con sustento jurídico en disposiciones como las contenidas en los arts. 1068 y 1109 del Código Civil. Por tanto, es claro que las secuelas tanto físicas como psíquicas y sus correspondientes tratamientos, quedan comprendidos en la indemnización por dicha incapacidad (conf. esta Sala, exptes. n 63.483, 64.787, 65.058, entre otros). Ello se debe a que la capacidad de la víctima es una sola, por lo que su tratamiento debe efectuarse en igual sentido.

El daño psíquico importa un detrimento a la integridad personal, por lo que para que éste sea indemnizado independientemente del moral, debe configurarse como consecuencia del siniestro objeto de autos, por causas que no sean preexistentes al mismo y en forma permanente. Se da en una persona que presente luego de producido el hecho, una disfun-ción, un disturbio de carácter psíquico permanente. En conclusión, se acredita una modificación definitiva en la personalidad de la víctima, una patología psíquica que se origina en el hecho o que importa un efectivo daño a la integridad personal y no sólo una sintomatología que aparece como una modificación disvaliosa del espíritu, de los sentimientos y que lo haría encuadrable tan sólo en el concepto de daño moral. Por tanto, solamente será resarcible el daño psíquico en forma independiente del daño moral, cuando sea consecuencia del accidente, sea coherente con éste y se configure en forma permanente.

Bajo estos lineamientos entiendo que corresponderá analizar el dictamen pericial de autos (fs. 373/376) y las contestaciones a las impugnaciones y pedido de explicaciones ( fs. 397/398, 413 y 421/422) y determinar la relación causal entre los daños por los que se reclama y el hecho motivo de autos.

El perito ha observado vivencias psíquicas leves.Si bien no le resulta posible determinar cuanto corresponde a su personalidad de base y cuanto a formaciones reactivas, le adjudica una incapacidad aproximada del 5%.

Los sentimientos de miedo que ya estaban presentes en el Sr. Monges por su etapa evolutiva, pudieron haber tenido un momento cercano al accidente donde se podrían haber agravado (fs. 421). Todas las situaciones descriptas, se deben más a la etapa evolutiva que atraviesa el Sr. Monges, donde predomina mayor conciencia de finitud y mayores limitaciones psicofísicas.

Si bien a fs. 398 señala que el posible tratamiento psicológico y su forma deberán ser estipulados por el profesional interviniente, a fs. 413 agrega que en caso de realizar una psicoterapia debido a que puede manejarse en distinta áreas de la realidad sería breve debido a su ánimo depresivo, no observando ningún cuadro fóbico en relación al accidente.

Aclara que no estamos frente a una patología grave y en su caso se necesita más una psicoterapia orientadora y contenedora -fs. 421-

Al no haber la experta, determinado plazos, pero si señalado las características del tratamiento, en los términos del art. 165 del CPCCN, considero que la suma otorgada no resulta reducida para afrontar el citado tratamiento.

Asimismo y dado que la perito no pudo determinar el grado de incapacidad que le generó el accidente en forma concluyente, al no poder señalar cuanto corresponde a la personalidad de base, contrariamente a lo sostenido en los agravios por la accionante, corresponde analizar la totalidad de la pericia en su conjunto y establecer la indemnización por el daño psicológico de conformidad con lo dispuesto por el art.165 del CPCCN.

En virtud de ello, propongo al acuerdo elevar la partida por incapacidad psicológica a la suma de pesos siete mil ($ 7.000) y confirmar la establecida por gastos de tratamiento psicológico

En cuanto a las críticas vertidas sobre el monto resarcitorio del daño moral, cabe señalar que se conceptualiza al mismo como todo menoscabo o lesión a intereses no patrimoniales provocados por el evento dañoso. Comprende los padecimientos y angustias que lesionan las afecciones legítimas de la víctima. Es un daño no patrimonial, es decir, todo perjuicio que no puede comprenderse como daño patrimonial por tener por objeto un interés puramente no patrimonial. También se lo ha definido como una modificación disvaliosa del espíritu en el desenvolvimiento de su capacidad de entender, querer o sentir, que se traduce en un modo de estar la persona diferente al que se hallaba antes del hecho, como consecuencia de éste y anímicamente perjudicial. Se trata de un menoscabo a los atributos o presupuestos de la personalidad jurídica, con independencia de su repercusión en la esfera económica.

En el caso, las lesiones físicas a las que se vio sometido el actor si bien no derivaron en una incapacidad de carácter permanente, dado el lugar en que fueron sufridas, permiten considerar que se han originado en la víctima perturbaciones de índole emocional o espiritual que deben ser resarcidas. La determinación del monto indemnizatorio se encuentra librada al prudente arbitrio judicial, con amplias facultades para computar las particularidades de cada caso. Para ello tendré en cuenta, además de las circunstancias personales del actor, las consideraciones efectuadas por el perito médico en relación al hecho de autos.

El perito médico concluye que el actor pudo haber sufrido traumatismo ocular que le produjo úlcera de córnea y leucoma posterior, aunque no perdió agudeza visual, lo que tiene origen en otras causas (fs.333/336). El leucoma reconoce origen traumático, se trata de una disminución de la transparencia de la cornea por la cicatriz producida por un cuerpo extraño. El leucoma paracentral se presenta en el ojo derecho (fs. 388).

En virtud de las circunstancias particulares, en la actualidad posee 70 años, casado tiene dos hijos, trabajó durante 35 años en el Registro Civil, y las lesiones padecidas, me permito concluir en uso de las facultades que confiere el art. 165 del Código Procesal, que las sumas fijadas en la instancia de grado resultan exiguas, por lo que propongo al acuerdo su elevación a la de pesos veinte mil ($20.000).

VI.- En suma, si mi voto fuera compartido, propongo se modifique la sentencia de fs. 819/831, elevando las partidas para resarcir el daño psicológico a la suma de pesos siete mil ($7.000) y el daño moral a la de pesos veinte mil ($ 20.000). Con las costas de alzada a cargo de la parte demandada y citada en garantía que resultaron vencidas (art. 68 del Código Procesal).-

Por razones análogas a las expuestas por la Dra. Pérez Pardo, la Dra. Flah vota en el mismo sentido.

El Dr. Liberman no firma por encontrarse recusado a fs.946.

Con lo que terminó el acto. Firmado: Marcela Pérez Pardo y Lily R. Flah. Es copia fiel del original que obra en el Libro de Acuerdos de esta sala.

Jorge A. Cebeiro – Secretario de Cámara

Buenos Aires, 30 de agosto de 2013.

Y VISTOS: lo deliberado y conclusiones establecidas en el Acuerdo precedentemente transcripto el tribunal decide: modificar la sentencia de fs. 819/831, elevando las partidas para resarcir el daño psicológico a la suma de pesos siete mil ($7.000) y el daño moral a la de pesos veinte mil ($ 20.000). Con las costas de alzada a cargo de la parte demandada y citada en garantía.

El Dr. Liberman no firma por encontrarse recusado a fs.946.

Se deja constancia que la publicación de la presente sentencia está sometida a lo dispuesto por el art. 164, 2° párrafo, del Código Procesal y art.64 del Reglamento para la Justicia Nacional.

Regístrese, notifíquese y devuélvase.

Marcela Perez Pardo

Lily R. Flah – (P.A.S)

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: