La fatal caída del muro se produjo por el obrar imprudente de la víctima, rechazándose la indemnización pretendida por sus padres.

shutterstock_34757842Partes: H. S. A. y ots. c/ M. O. y ots. s/ daños y perjuicios

Tribunal: Cámara de Apelaciones en lo Civil, Comercial, Minas, de Paz y Tributaria de Mendoza

Fecha: 7-may-2013

Cita: MJ-JU-M-78619-AR | MJJ78619 | MJJ78619

Tras acreditar que la caída del muro que resultó fatal para el hijo de los actores no se produjo por un vicio intrínseco, sino por el obrar imprudente de la víctima, que trepó y caminó por el borde superior del mismo a fin de observar a sus amigos, se rechaza el reclamo.

Sumario:

1.-Corresponde confirmar el rechazo de la demanda, pues ha quedado certeramente acreditado que la caída del muro que resultó fatal para el hijo de los actores no se produjo por un vicio intrínseco, sino por el obrar imprudente de la víctima, que trepó y caminó por el borde superior del mismo, a fin de observar a sus amigos, no siendo la oportunidad del accidente la primera en la que el menor se encontraba en dicho lugar, lo que acentúa la imprudencia de la víctima.

2.-La víctima debe probar que la cosa riesgosa o dañosa actuó como elemento activo en el desencadenamiento del accidente, porque no es encuadrable la pretensión jurídica por esta vía cuando la cosa ha cumplido un rol meramente pasivo, permaneciendo inerte, sin entidad propia para ocasionar el perjuicio a la salud o a la integridad física de la persona.

3.-Para que se configure la responsabilidad por el riesgo o vicio de la cosa, basta acreditar la intervención activa de una cosa, la existencia de daños y la relación de causalidad entre el riesgo o vicio de la cosa interviniente y los daños producidos, no obstante, es presupuesto ineludible de aplicación de la responsabilidad por riesgo o vicio, la existencia de una cosa a la que puedan atribuírsele tales características y la prueba de la relación causal del riesgo o vicio con los daños alegados por el accionante.

4.-Las cosas inertes, que en sí mismas no revisten ninguna especial peligrosidad y parecen completamente inofensivas, pueden resultar idóneas para generar un riesgo y provocar perjuicios, por ello se entiende que más que atenerse in genere a la intrínseca naturaleza -peligrosa o inofensiva- de las cosas, lo que corresponde tener en cuenta es si, de acuerdo a las circunstancias concretas del caso, puede considerarse a la cosa en cuestión como causante del daño, pues lo esencial y decisivo es la incidencia causal de la misma en el resultado nocivo, al margen de su condición o no de cosa peligrosa , concluyendo que todas las cosas pueden ser peligrosas en determinadas circunstancias, pero no todas son igualmente peligrosas en cualquier circunstancia.

Fallo:

En Mendoza, a los siete días del mes de mayo de dos mil trece, reunidas en la Sala de Acuerdo las doctoras Marina Isuani y Silvina Miquel, trajeron a deliberar para resolver en definitiva los autos N° 115.617/44.089, caratulados “H., S. A. y ots. c/ M., O. y ots. p/ D. y P.”, originarios del Cuarto Juzgado en lo Civil, Comercial y Minas de la Primera Circunscripción, venidos a esta instancia en virtud del recurso de apelación interpuesto a fs. 535 por el actor, contra la sentencia de fs. 511/518.

Llegados los autos al Tribunal, a fs. 545/552 funda su recurso la actora apelante y a fs. 556/557, 563/565, 569 y 580, contestan los traslados conferidos, el demandado M., el Municipio accionado, Fiscalía de Estado y José Antonio Viera, respectivamente.

Practicado el sorteo de ley, queda establecido el siguiente orden de estudio: Dras. Isuani y Miquel.

En cumplimiento de lo dispuesto por los arts. 160 de la Constitución Provincial y 141 del C.P.C., se plantean las siguientes cuestiones a resolver.

Primera cuestión: ¿Es justa la sentencia apelada?

Segunda cuestión: costas.

Sobre la primera cuestión la Dra. Marina Isuani dijo:

I.- Vienen estos autos a la alzada, en virtud del recurso de apelación interpuesto por los actores, en relación a la sentencia que rechazó la demanda interpuesta por S. A. H. y M. A. C. contra O. M., E. D. S. y Municipalidad de la Capital, impuso costas y reguló honorarios. Para resolver de tal modo, el Sr. Juez a quo consideró acreditada la culpa de la víctima en la producción del accidente, al ocurrir la muerte del hijo de los actores cuando trepó a una pared que cayó sobre él, produciéndole lesiones fatales, la que si bien resultaba antirreglamentaria, constituía una cosa inerte que se movilizó por el obrar de la víctima.

II.- En su libelo recursivo de fs. 545/552, la actora pide la declaración de nulidad de la sentencia en crisis.Luego de meritar que la demanda ha sido entablada por los padres de C. G. H., quien falleciera con motivo del derrumbe de una pared construida clandestinamente y sin respetar las normas de construcción vigente, al concurrir con unos amigos a un sauna sito en calle San Juan, a fin de festejar su cumpleaños, sostiene que ha quedado acreditado que la pared, de dos metros de altura, era de ladrillos huecos de hormigón con junta trabada, pegados con mortero cementicio, apoyada directamente sobre el piso y paredes, sin vigas ni columnas, no construido conforme a las normas de construcción vigentes en la Ciudad de Mendoza, conforme pericia de ingeniero civil de fs. 277.

Considera también probado que la iluminación del lugar era de escasa a nula, por cuanto el reflejo de una de las habitaciones iluminaba las restantes, no existían carteles indicadores de peligro o de no apoyarse y ninguna de las personas que allí trabajaba advirtió del peligro que significaba la existencia de los muros divisorios. Refiere que ha sido acreditado que la municipalidad accionada conocía pormenorizadamente el estado edilicio del inmueble y nunca hizo nada al respecto y que la muerte del hijo de los actores se produjo por la caída del mentado muro clandestino.

Atribuye al juzgador el hecho de basarse en su propia voluntad, alejándose de las pruebas rendidas, para rechazar la acción intentada, y un inadecuado juzgamiento en derecho, ya que al demandar reprocharon responsabilidad del propietario o guardián de la cosa riesgosa o viciosa, por lo que el tribunal, frente a la presunción legal de responsabilidad objetivo, debió analizar si los vicios detectados podían producir los daños reclamados o si la muerte de la víctima tuvo como causa tales vicios.

Plantea como primer agravio que el juzgador invoca la posibilidad de que los comensales que se encontraban en el cumpleaños de C.hubiesen bebido alcohol, continuando luego con la descripción de su comportamiento “eufórico” o reprochándole burlonamente que jugaba “al trapecista”, olvidando que en el examen médico que se le realizara en el Hospital Central de fs. 294, se consignó que no presentaba antecedentes de alcoholismo, drogadicción y tabaquismo. Concluye en que la ingesta de alcohol de C. fue normal, reconociendo que la versión inserta en la demanda es distinta a la descripta por un testigo, pero negando que la causa adecuada del infortunio fuera el comportamiento de C., sino los vicios en la construcción del muro, que a la postre se derrumbó.

En segundo término, se agravia del yerro que atribuye al Juez a quo, en cuanto sostiene a fs. 516, tercer considerando, que el muro o tabique no construido conforme las normas edilicias vigentes, no fue la causa adecuada del infortunio (art. 906 del C.C.), dado que la cosa inerte no se desmoronó por un defecto propio, sino por la acción inopinada de la víctima (art. 1111 del C.C.). Atribuye al juzgador, nuevamente, el fundarse en una construcción mental fundada sólo en su imaginación. Alega que es impropio hablar de cosa inerte, siendo que el vicio de construcción tuvo una participación activa en el evento, dado que el daño ha sido causado por el vicio constructivo de la pared y, prueba de ello, es que se desmoronó. Merita que es al demandado a quien correspondía acreditar que la pared, por sí sola, nunca se caería o que la presunción legal de responsabilidad se vio interrumpida por el comportamiento de la víctima. Refiere que se acreditó que la pared tenía serios vicios de construcción, por lo que no resulta antojadizo pensar que se derrumba justamente por ese motivo; afirmar otra cosa, como lo hace el juzgador, es pura arbitrariedad.

Concluye en que, si la pared hubiese sido construida como la reglamentación exige, con columnas, vigas y demás medidas de seguridad, la presencia de C.en su límite superior en nada hubiese afectado su estabilidad, por lo que no se hubiese caído.

Al formular el tercer agravio, reitera los argumentos vertidos en el segundo, en relación a la calidad de cosa riesgosa de la pared y a la afirmación del a quo, de considerar que el actor jugó “al trapecista”.

Se agravia en cuarto término el actor del yerro en que habría incurrido el juez a quo, en cuanto al interrogante que plantea a fs. 516, relacionado con que, si C. no se hubiese trepado y caminado por encima de él, el muro habría colapsado por sí sólo, respondiéndose negativamente, cuando debe responderse con un rotundo sí.

Se agravia, en quinto lugar, del rechazo de la responsabilidad del municipio accionado, dada la falta de habilitación de la obra como de la autorización de la actividad que se desarrollaba en el inmueble afirmando que, por el contrario, dentro de sus posibilidades procuró desbaratarla. Indica que surge de los expedientes venidos AEV que el obrar municipal estaba relacionado con el ejercicio ilegal de la prostitución en el inmueble, pero no con las condiciones de seguridad que el inmueble tenía y que el municipio conocía, aludiendo a la actuación de fs. 3 del Expte. Municipal 6439. Destaca la testimonial de fs. 261.

Al plantear el sexto agravio, reitera las cuestiones ya expuestas, atinentes a la carga de la prueba en cabeza de los demandados, en relación a la ruptura del nexo causal entre el daño y la cosa viciosa.

III.- A fs. 556/557, 563/565, 569 y 580, contestan los recursos interpuestos en su contra, los apelados, solicitando su rechazo por las razones que esgrimen, que doy por reproducidas.

IV.- Tratamiento del recurso de apelación

Meritaré conjuntamente los cinco primeros agravios, referidos al comportamiento del hijo de los actores, al que el Sr. Juez de grado le atribuye la responsabilidad en la producción del accidente.Desarrollando cinco agravios independientes, el apelante disiente con las consecuencias y causalidad que el magistrado imputa al hijo de los accionantes, en cuanto alude a que posiblemente hubiese ingerido alcohol, se encontrare en estado de euforia, jugando al trapecista, descartando que el accidente fatal de marras se hubiese producido por el vicio o riesgo de la cosa.

No advierto que las afirmaciones efectuadas por el juzgador de la instancia precedente, justifiquen su tratamiento independiente, ya que no resultan determinantes, cada una considerada separadamente como elemento que permita atribuir totalmente, o excluir del mismo modo, la responsabilidad atribuida a C., en el accidente que lamentablemente terminara con su vida.

Los agravios desarrollados en los primeros cinco puntos del recurso constituyen un conjunto de elementos de hecho, a los que el juzgador de grado le atribuye la calidad de causa exclusiva del evento dañoso de marras.

Desde ya adelanto que, en mi opinión, la conclusión a la que se arriba en la sentencia en crisis luce acertada, por lo que la decisión debe ser confirmada.

Las afirmaciones efectuadas por el juzgador, en apoyo de la posición que sustenta su fallo, lejos de responder a su imaginación o arbitrariedad, encuentran debida apoyatura en los elementos probatorios incorporados al proceso.

Se encuentra fuera de discusión que el caso cae bajo la órbita de la responsabilidad objetiva delineada por el art. 1113 , impuesta al propietario o guardián de las cosas, por los daños provocados con las mismas. Los demandantes atribuyen a la pared en virtud de cuyo derrumbe resultara dañado fatalmente el hijo de los actores, la calidad de cosa riesgosa, por no encontrarse construida según las normas correspondientes, dentro de las previsiones del segundo párrafo, segunda parte, del mentado artículo.

Este Tribunal, en anterior integración con criterio que comparto ampliamente, ha adherido a la tesis que predica que “el art. 1113 del C.C. consagra una presunción que favorece a la víctima frente al dueño o guardián de la cosa que intervino activamente en la producción del daño.Según la doctrina, esa presunción nace, por regla, cuando la víctima logra acreditar el perjuicio sufrido y la intervención activa de la cosa que lo produjo o el cont acto con la misma (Trigo Represas – López Mesa, cit., Tomo I, pág. 895)”. Se decidió que, cuando la cosa ostenta el carácter de inerte, “a la víctima le incumbe acreditar el daño y también la posición o el comportamiento anormal o extraordinario de la cosa o su vicio, para lograr que juegue en su favor la presunción de mención. La doctrina especializada contempla específicamente en esa dirección que, tratándose de cosas inertes, o sea inanimadas o inmóviles, que no tienen peligrosidad intrínseca “per se”, la probabilidad de incidencia causal es, por lo general, menor, por lo que los extremos de alegación y prueba del riesgo o del vicio se potencian en cabeza del demandante” (Pizarro, .) (26-12-12, autos n° 22.386/43.882, “Cuello, María Eva c/ Municipalidad de Rivadavia p/ D. y P.” ).

Para que se configure la responsabilidad por el riesgo o vicio de la cosa, basta acreditar la intervención activa de una cosa, la existencia de daños y la relación de causalidad entre el riesgo o vicio de la cosa interviniente y los daños producidos. No obstante, es presupuesto ineludible de aplicación de la responsabilidad por riesgo o vicio, la existencia de una cosa a la que puedan atribuírsele tales características y la prueba de la relación causal del riesgo o vicio con los daños alegados por el accionante.La doctrina sostiene que las cosas inertes, que en sí mismas no revisten ninguna especial peligrosidad y parecen completamente inofensivas, pueden resultar idóneas para generar un riesgo y provocar perjuicios (p.e., una silla con un clavo salido). Por ello se entiende que más que atenerse in genere a la intrínseca naturaleza -peligrosa o inofensiva – de las cosas, lo que corresponde tener en cuenta es si, de acuerdo a las circunstancias concretas del caso, puede considerarse a la cosa en cuestión como causante del daño, pues lo esencial y decisivo es la incidencia causal de la misma en el resultado nocivo, al margen de su condición o no de “cosa peligrosa”, concluyendo que todas las cosas pueden ser peligrosas en determinadas circunstancias, pero no todas son igualmente peligrosas en cualquier circunstancia (Trigo Represas, Félix A. y López Mesa, Marcelo, “Tratado de la Responsabilidad Civil”, Edit. La Ley, Tomo I, Buenos Aires, 2.004, pág. 793/796). La víctima debe probar que la cosa riesgosa o dañosa actuó como elemento activo en el desencadenamiento del accidente, porque no es encuadrable la pretensión jurídica por esta vía cuando la cosa ha cumplido un rol meramente pasivo, permaneciendo inerte, sin entidad propia para ocasionar el perjuicio a la salud o a la integridad física de la persona.

En la línea argumental que vengo desarrollando, considero necesario destacar dos cuestiones que justifican la confirmación del fallo en crisis; la primera, atinente a la condición de riesgosa de la pared de marras. La pericia de ingeniero civil rendida en autos, única prueba destinada a acreditar tal aspecto, concretamente indica que el muro divisorio que ocasionó el siniestro tiene una altura aproximada de 2 mts., construida con bloques de hormigón de 10 cm de espesor, 20 cm.de altura y 40 cm de largo, colocados con junta trabada y pegados con mortero cementicio, apoyada directamente sobre el piso y paredes, no construido con vigas ni columnas para su enmarcado, por lo que concluye en que no ha sido construido de acuerdo a las normas de construcción vigentes dentro de la ciudad de Mendoza. Ahora bien, no ha sido acreditado que tales falencias constructivas determinaran, per se, la potencialidad de derrumbe, sin la intervención activa de comportamientos externos, como algún cataclismo climático o natural o, la intervención del obrar humano. Nada de ello le es preguntado al experto, como lo destaca el propio profesional al responder a las observaciones formuladas a la pericia.

La potencialidad dañosa resultaba aparentemente ser la razón de derrumbamiento del muro, conforme los hechos que expone la actora al demandar, en el que ni siquiera se menciona que C. haya trepado a la pared. Del texto del escrito inicial resultaría que la pared se derrumbó, por un vicio intrínseco, sin intervención de ningún agente externo, mientras C. se había quedado esperando en el lugar. En tales condiciones, la prueba de la provocación del daño por el riesgo o vicio de la cosa resultaba indispensable para dar visos de procedencia a la acción interpuesta.

La potencialidad de derrumbe ínsita en el muro, presupuesto en el que se sustenta la demanda de autos, constituye una cuestión de carácter eminentemente técnica, ajeno al obrar del juez, que debió ser suficientemente probado por los accionantes.

Ahora bien, como bien se afirma en la sentencia en crisis, ha quedado certeramente acreditado que la caída del muro que resultó fatal para el hijo de los actores, no se produjo por un vicio intrínseco, sino por el obrar imprudente de la víctima, que trepó y caminó por el borde superior del mismo, a fin de observar a sus amigos mientras se encontraban con tres alternadoras que prestaban servicios en la casa de masajes a la que habían concurrido a fin de festejar el cumpleaños de C.Del expediente penal surge que las mencionadas mujeres, al advertir que C. intentaba saltar para mirar en las habitaciones, le advertían que cesara en su conducta.

En relación a la ingesta de alcohol, sin indicar su grado, al que el juzgador no le atribuye obrar causal pero que, sin duda, ayuda a delinear el cuadro de situación en el que el hecho de marras se produjo, no obedece a sus fantasías sino que surge probada con las declaraciones testimoniales rendidas a fs. 261 y 263.

Estos testimonios, sumados al prestado a fs. 264, de los amigos de C. aportan una minuciosa descripción del modo en que se produjo la caída del muro. Cabe destacar que surge de la prueba rendida que el prostíbulo al que concurren C. y sus tres amigos, estaba constituido por una habitación dividida con tabiques de las características descriptas supra, es decir, con muros divisorios que no llegaban al techo del inmueble. Al arribar a la casa de masajes en la que se produjo el luctuoso hecho, C., sus tres amigos ingresaron a las habitaciones divididas con tabiques con las únicas tres mujeres que prestaban servicios en el lugar, mientras C. se quedó esperando, fuera de los recintos, siendo éste el momento en que se trepó al muro a fin de mirar a sus amigos en la situación descripta. Los hechos descriptos surgen del acta de fs. 1 de la causa penal y de las declaraciones testimoniales prestadas por las tres alternadoras a fs. 8/10 del mismo proceso n° 24606/06/03, venido al Tribunal AEV y que tengo a la vista.

Resulta por demás esclarecedor el testimonio rendido por uno de los amigos de C., E., quien presta declaración a fs.261, en tanto relata que el lugar era precario, que el hijo de los actores se sube a una de los laterales de la división de pieza en pieza, camina hasta la salida de la puerta, por arriba de la pared, se para, les hacía caras y, como no había techo, lo mira a él y a los demás, juguetea, hasta sentarse en la pared mirando hacia la cama donde estaba otro de los amigos, siendo ese el momento en el que la pared, se cae. En similar sentido declaran P. a fs. 263 y S. a fs.264.

Merito que la imprudencia de C. surge acentuada por cuanto sus amigos refieren que ya habían concurrido al mismo lugar, en una o dos oportunidades. En cuanto a la luz tenue, no advierto que ello constituya un atenuante de responsabilidad de la propia víctima, en tanto la naturaleza del lugar torna esperable tal tipo de iluminación, lo que determina que los clientes debieran proceder con suma prudencia.

Por lo expuesto, comparto con el juzgador de grado que la prueba permite tener por acreditado que la causa del derrumbe de la pared no fue su construcción en las condiciones apuntadas, sino el actuar de modo impropio por parte de C., al subirse a un muro destinado a dividir una habitación, cosa inerte, haciendo uso del mismo de modo inadecuado a su naturaleza.

Concluyo en que el riesgo o vicio de la cosa, susceptibles per se – insisto -, de provocar el hecho efectivamente ocurrido en el caso de autos: su caída y la posibilidad de que sucediera su consecuencia inmediata de aplastamiento de cualquier persona o cosa que se encontrare próximo a ese objeto, no ha sido probada. Los elementos probatorios incorporados al proceso permiten tener por acreditado que el derrumbe del muro, cosa inerte, resultó consecuencia del obrar de la víctima, que trepó a una pared no destinada naturalmente a tal uso, caminó por su borde superior, lo que desvirtúa que el daño se hubiese producido por su vicio, meramente.No se ha probado que, de no haber escalado la víctima por el objeto, el mismo igualmente se hubiese derrumbado. Advierto que, más allá de los defectos constructivos de la pared, la causa del evento radicó en la imprudencia de C., al subirse y caminar por su parte superior, que exime totalmente a los demandados de autos, ya que resulta ser la condición adecuada del resultado, a tenor de la disposición del art.1111 del C.C.

Como acertadamente lo destaca el juzgador de grado, no ha sido acreditado que la cosa jugara un rol activo, de tal modo de poder concluirse en que el hecho se produjo por el riesgo de la cosa en movimiento, que cae sobre el hijo de los actores. Sí ha sido probado que la cosa inerte se derrumbó por el obrar inadecuado e imprevisible de la víctima, que contra toda razonabilidad y prudencia se subió a un muro de dos metros y caminó por él, configurándose la eximente prevista por el art. 1111 del C.C. Concluyo, en consecuencia, en que la sentencia no adolece del error apuntado por el recurrente.

La cuestión a la que arribo en el presente considerando torna inoficioso dictar pronunciamiento sobre las demás cuestiones planteadas.

Por lo expuesto, propicio la confirmatoria del fallo en recurso.

Así voto

La doctora Silvina Miquel adhiere, por sus fundamentos, al v oto que antecede.

A la segunda cuestión, la Dra. Isuani dijo:

Las costas deben imponerse a la apelante vencida (art. 36, inc. I , del C.P.C.).

Así voto.

La doctora Silvina Miquel adhiere, por sus fundamentos, al voto que antecede.

Con lo que se dio por concluido el presente acuerdo dictándose sentencia, la que en su parte resolutiva dice así:

SENTENCIA.

Mendoza, 7 de mayo de 2.013.

Y VISTOS: lo que resulta del acuerdo precedente, el Tribunal RESUELVE:

I.- Rechazar el recurso de apelación interpuesto a fs. 535 contra la sentencia de fs. 511/518, con la aclaración de que no adolece de nulidad.

II.- Imponer las costas a la apelante vencida (arts. 35 y 36 del C.P.C.).

III.- Regular los honorarios profesionales de los Dres. Walter Aporta, Luis H. Cuervo, Fernando Alfaro, Carlos Egües, Nicolás Giordano, Pedro García Espetxe y Hugo H. Ferrero en las sumas respectivas de PESOS . ($.), PESOS . ($.), PESOS . ($.), PESOS . ($.), PESOS . ($.), PESOS . ($.) y PESOS . ($.) (Arts. 13, 15 y 31 L.A.).

NOTIFÍQUESE Y BAJEN.

Marina Isuani. Juez de Cámara.

Silvina Miquel. Juez de Cámara.

Se deja constancia que la presente resolución es firmada por dos Magistrados, atento a encontrarse vacante el tercer lugar al momento del sorteo de la causa. (art. 88 inc. III C.P.C., ley 3.800)

Marcelo Olivera. Secretario.

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