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Un transeúnte que circula por una autopista configura una imprevisibilidad que convierte al accidente en una circunstancia imposible de evitar.

Souto Fabio Alberto c/ Currao Ezequiel Alejandro

Voces: AUTOPISTAS – RELACIÓN DE CAUSALIDAD – CULPA DE LA VÍCTIMA – INFRACCIONES DE TRÁNSITO – DAÑOS Y PERJUICIOS – ACCIDENTE DE TRÁNSITO – PEATÓN

Partes: Souto Fabio Alberto c/ Currao Ezequiel Alejandro s/ daños y perjuicios

Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil

Sala/Juzgado: B

Fecha: 13-nov-2012

Cita: MJ-JU-M-77842-AR | MJJ77842 | MJJ77842

La existencia de un transeúnte que circula por una autopista, es decir, un lugar vedado al tránsito peatonal, configura un accionar de una imprevisibilidad tal que convierte al accidente en una circunstancia imposible de evitar.

 

Sumario:

1.-Corresponde confirmar la sentencia de grado que tuvo por acreditada la culpa de la víctima como causa del evento dañoso, en tanto resulta indudable que la presencia del actor -quien circulaba a pie por una zona de autopista-, en infracción a la normativa y en un obrar extremadamente imprudente, resultó determinante en la ocurrencia del hecho, por lo que en autos se ha producido la ruptura total del nexo causal.

2.- Corresponde tener por acreditada la responsabilidad del accionante en el siniestro vial de autos, pues circulaba por un lugar prohibido, peligroso, en condiciones climáticas adversas e incurriendo en una infracción a la ley de tránsito que, por su gravedad, conlleva la pérdida de la presunción a su favor que regularmente lo ampararía en su calidad de peatón -art. 64(ref:LEG851,64) ley 24449-.

3.-Resulta harto temerario el accionar del actor en tanto no puede desconocer el enorme peligro que implicaba circular a pie por una zona de autopista, y, por lo tanto, exclusiva para el tránsito automotor, resultando su conducta absolutamente desaprensiva, más aún considerando las condiciones climáticas imperantes el día del evento, dado que había llovido y la calzada se encontraba resbaladiza, resultando su obrar determinante en la ocurrencia del hecho, por lo que en autos se ha producido la ruptura total del nexo causal.

Fallo:

Buenos Aires, Capital de la República Argentina, a los 13 días del mes de Noviembre de dos mil doce, reunidos en Acuerdo los Señores Jueces de la Excma. Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, Sala B, para conocer en los recursos interpuestos en los autos caratulados «Souto, Fabio Alberto c/ Currao, Ezequiel Alejandro s/daños y perjuicios» respecto de la sentencia de fs. 400/404 el Tribunal estableció la siguiente cuestión a resolver:

¿Es ajustada a derecho la sentencia apelada?

Practicado el sorteo resultó que la votación debía efectuarse en el siguiente orden Señores Jueces Doctores: MAURICIO LUIS MIZRAHI.- CLAUDIO RAMOS FEIJOO.- OMAR LUIS DIAZ SOLIMINE.-

A la cuestión planteada el Dr. Mizrahi, dijo:

I. Antecedentes

La sentencia de primera instancia, obrante a fs. 400/404, rechazó la demanda promovida por Fabio Alberto Souto contra Ezequiel Alejandro Currao y Paraná Seguros S.A., con costas.

Destácase que la presente litis tuvo su origen en la demanda que luce agregada a fs. 27/36. En esa oportunidad, el accionante relató que con fecha 12 de octubre de 2007 estaba subiendo a pie por la bajada «Jujuy» de la autopista «25 de mayo» cuando un vehículo Fiat Uno dominio UGN-392 lo embistió. Tal evento, precisamente, fue el que le habría provocado los diversos daños y perjuicios que reclama en estos actuados.

II. Los agravios

Contra el referido pronunciamiento se alzó únicamente la parte actora, que expresó sus agravios a fs. 441/451; pieza que mereció la réplica de los encartados a fs. 454/461.

El actor se agravió que el sentenciante de grado haya tenido por acreditada la culpa de la víctima como causa del evento dañoso. Así, sostiene que el mero hecho de transitar de forma antirreglamentaria por la subida a la autopista no es suficiente para configurar el eximente establecido en el art. 1113, 2do. Párrafo , del Código Civil.

III. Cuestiones a dilucidar. Límites en su análisis

El thema decidendum de esta Alzada quedó circunscripto a determinar:a) la atribución de responsabilidad por los hechos acaecidos; y b) en su caso, la procedencia y cuantía de los diversos rubros indemnizatorios que fueran materia de agravio.

Antes de ingresar a la cuestión de fondo, es menester efectuar una advertencia preliminar: en el estudio y análisis de los agravios he de seguir el rumbo de la Corte Federal y de la buena doctrina interpretativa. En efecto, claro está que los jueces no están obligados a analizar todas y cada una de las argumentaciones de las partes, sino tan sólo aquéllas que sean conducentes y posean relevancia para decidir el caso (ver CSJN, «Fallos»: 258:304; 262:222; 265:301; 272:225; Fassi Yañez, «Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, Comentado, Anotado y Concordado», T? I, pág. 825; Fenocchieto Arazi. «Código Procesal Civil y Comercial de la Nación. Comentado y Anotado», T 1, pág. 620). Asimismo, en sentido análogo, tampoco es obligación del juzgador ponderar todas las pruebas agregadas, sino únicamente las que estime apropiadas para resolver el conflicto (art. 386, in fine , del ritual; CSJN, «Fallos»: 274:113; 280:3201; 144:611).

Es en este marco, pues, que ahondaremos en la cuestión de fondo del caso sub examine.

IV. La atribución de responsabilidad

Para comenzar, diré que no resulta objeto de debate que el 12 de octubre de 2007 (entre las 17hs. y las 18hs. aproximadamente) el automotor Fiat Uno dominio UGN-392 del demandado Ezequiel Alejandro Currao protagonizó un choque del que resultó víctima Fabio Alberto Souto.En efecto, dicha circunstancia se encuentra reconocida por las partes en sus presentaciones iniciales.

En ese sentido, resulta pertinente dilucidar en el caso que nos ocupa si, conforme a las pruebas rendidas en autos, los encartados han logrado demostrar la culpa de la víctima en la producción del acontecimiento de marras -tal como ha decidido el a quo— o si, por el contrario, debe el conductor (y dueño) del Fiat Uno responder por las consecuencias dañosas del accidente relatado en el escrito inaugural.

Para ello, resulta trascendental analizar las constancias de la investigación penal nro. 71.583 caratulada «Currao, Ezequiel Alejandro s/lesiones culposas», que fuera anejada a las presentes actuaciones. Allí luce agregada la declaración del subinspector Sebastián Ojeda, quien fuera el primer uniformado en acercarse al lugar de los hechos. De su exposición se desprende que, según información recabada de los propios protagonistas, al momento del evento dañoso el actor se encontraba subiendo por la bajada de la autopista 25 de Mayo que desemboca en la avenida Jujuy a los fines de abordar un vehículo que se hallaba detenido sobre la banquina de la referida vía. En su diligencia, el oficial de policía verificó asimismo las condiciones de la calzada (señalando que la misma posee dos carriles con un mismo sentido de circulación y una capa asfáltica en buen estado de uso y conservación) y las climáticas (haciendo notar que el asfalto se encontraba húmedo y resbaladizo debido a las precipitaciones pluviales ocurridas durante el día).Por último, destacó que al final de la mencionada bajada existían dos carteles señalizadores: uno, que informaba que estaba «prohibido circular a pie»; y el otro, que indicaba que la dirección ascendente era «contramano» (ver fs. 320).

También obra en las referidas actuaciones represivas la declaración brindada por el accionante, en la que éste ratifica que se hallaba ascendiendo a pie por la mencionada bajada para automóviles cuando fue embestido por el Fiat Uno señalado (ver fs.358/358vta.).

Así las cosas, corresponde analizar en la especie si la conducta del demandante tuvo la incidencia causal suficiente como para configurar el supuesto normado en el art. 1111 del Código Civil, tal como ha señalado el juez de grado.

Al respecto, no me cabe ninguna duda que el accionar del actor, desde una perspectiva objetiva, puede ser calificado no sólo como imprudente, sino harto temerario. Es que no puede el pretensor desconocer el enorme peligro que implicaba circular a pie por una zona de autopista, y, por lo tanto, exclusiva para el tránsito automotor. No se trata, como pretende argumentar en sus agravios, de una mera infracción a la normativa que regula el tránsito; sino que nos encontramos ante una conducta absolutamente desaprensiva: el Sr. Souto se exponía al enorme riesgo de transitar por un lugar en el cual los conductores no esperaban encontrarse con un peatón -pues tal circunstancia se halla expresamente prohibida— y, además -como se desprende de las constancias de las actuaciones— recorría un sendero tan estrecho que hacía que su cuerpo se encontrara a escasos centímetros del tránsito vehicular. En efecto, tal como se comprueba con las fotografías anejadas a la experticia mecánica, el lugar por el cual caminaba el accionante no constituye ni siquiera una banquina, sino que se trata del mínimo espacio existente entre la línea blanca que delimita la calzada y el guardarrail, con lo que el peligro de verse dañado por los vehículos que por allí circulaban era evidente; no sólo por la posibilidad de ser embestido, sino también por la probabilidad de perder el equilibrio al caminar tan cerca de los autos en movimiento. Repárese que no existía defensa alguna entre la humanidad del Sr.Souto y los automotores, los que -conforme señaló el experto— contaban con un ancho total para el paso de tan sólo 4,70m., es decir, apenas suficiente para la circulación de dos rodados uno junto al otro.

Más arrojada e imprudente al extremo es todavía la decisión del actor de caminar por esa zona si se repara en las condiciones climáticas imperantes el día del evento, dado que, como lo señalé, había llovido y la calzada se encontraba resbaladiza.

Será entonces la propia versión que nos brinda el reclamante la que lleva a tener por acreditada su responsabilidad en el siniestro vial de autos, pues circulaba por un lugar: a) prohibido, b) peligroso, c) en condiciones climáticas adversas y d) incurriendo en una infracción a la ley de tránsito que, por su gravedad, conlleva la pérdida de la presunción a su favor que regularmente lo ampararía en su calidad de peatón (conf art. 64 ley 24.449).

En cuanto a la situación emergencial que el accionante describe para exculpar su accionar, cabe señalar -como ya lo hiciera el sentenciante de grado— que existen contradicciones en el relato de los hechos que ha efectuado el Sr. Souto en las distintas instancias investigativas. Primeramente, relató que se dirigía a abordar un vehículo que lo estaba esperando sobre la autopista (ver fs. 325 vta.). Después, cambió su declaración y adujo que subía a pie a la autopista para aguardar el auxilio mecánico para su vehículo, el que había dejado aparcado en la banquina de la vía concesionada mientras «bajaba» a telefonear a la grúa.

Al respecto, y para el caso de que se hubiera acreditado una situación de emergencia (lo que no se hizo) existen previsiones específicas; esto es, sistemas de comunicación que permiten a los conductores que se hallen en tales circunstancias requerir auxilio mecánico (art.21 ley 24.449). Además, tampoco se trata de un supuesto en que el vehículo detenido hubiera protagonizado algún accidente, pues es sólo en esa circunstancia excepcional que se habilita a un conductor a detener su rodado en la banquina de una autopista (conf. art. 48 inc. i) de la ley 24.449). Ello dicho sin perjuicio de destacar que tales eventos nunca podrían constituir una razón para desechar sin más la incidencia causal que el obrar del actor tuvo en el hecho que aquí se analiza.

Acreditada entonces la culpa grave del reclamante queda, en el segundo tramo de nuestro estudio, resolver -como ya lo anticipé- si ese obrar ha interrumpido totalmente el nexo de causalidad, como ha sentenciado el juez de grado o si, de manera diferente, cabe atribuirle al encartado algún grado de responsa bilidad por el accidente. En otros términos, corresponde dilucidar si el emplazado, obrando diligentemente y con prudencia, y en cumplimiento de las normas de tránsito, pudo de algún modo evitar la colisión.

Sobre la cuestión, y en una visión más moderna de los accidentes automovilísticos, se ha esgrimido que los conductores de los rodados deben conducir no sólo «dirigidamente» -esto es, siguiendo las reglas y las señales de la circulación- sino también «defensivamente»; vale decir, contando con el posible proceder antirreglamentario del resto de los usuarios de la vía pública.

Acerca de la mentada construcción, que acepto en principio, diré de ella que no es dable su aplicación de manera absoluta -ciega y mecánicamente- sino que debe tener sus adecuados límites de razonabilidad. Así, en el caso de las autopistas, el art. 46 b) de la ley 24.449 es terminante al establecer que la circulación de peatones está prohibida. Ello conlleva a que, al merituar la conducta del emplazado, tengamos en cuenta la absoluta imprevisibilidad que significa que un peatón aparezca subiendo por la bajada de la autopista, lo que deviene inconcebible.La jurisprudencia ha dicho que la existencia de un transeúnte que circula por un lugar vedado al tránsito peatonal configura un accionar de una imprevisibilidad tal que convierte el accidente en una circunstancia irresistible, es decir, imposible de evitar (conf. CNCiv, Sala F, 12/11/2003, «Gauna, María L. c. Castro, Carlos A. y otro» , LA LEY 2004-D, 1028; íd., Sala A, 19/05/2008, «Araujo, Angel Ramón c. Alonso, Gustavo César y otros» La Ley Online; AR/JUR/4391/2008; íd., Sala K, 03/09/2010, «Cáceres, Pedro Leonardo y otros c. Autopistas del Sol S.A.» AR/JUR/69088/2010).

Es cierto que nadie puede desligarse totalmente del proceder de los demás y de los errores o equivocaciones ajenas; no obstante, ha de entenderse que tal meritación se efectúa cuando la conducta en cuestión presenta en cierta medida la característica de previsible, es decir con rasgos de habitualidad, pero no comprende a aquellas situaciones súbitas e inesperadas, de manifiesta imprudencia, como es el caso de autos (conf. CApel. de Comodoro Rivadavia, sala B, «B., C. E. c. K., R. M» del 26/10/2007, La Ley Online). Este aserto se refuerza cuando la circulación es en autopistas, dado que -como ha sostenido esta Sala—, los conductores depositan mayor confianza sobre ellas; vale decir, parten de la inexistencia de obstáculos en virtud de la obra de ingeniería vial que representan (conf. esta Sala, 23-12-2009, Expte. Libre 536.817 «Manago, Antonio c/ Autopistas de Sol s/ daños y perjuicios»).

Habida cuenta lo analizado precedentemente, es indudable que la presencia del actor en el lugar del accidente, en infracción a la normativa, y en un obrar en extremo imprudente, resultó determinante en la ocurrencia del hecho. Por ello, coincido con el anterior sentenciador en juzgar que fue su accionar -esto es, su culpa grave— el que constituyó el factor decisivo en la ocurrencia del evento (art. 1111 del Código Civil); por lo que en autos se ha producido la ruptura total del nexo causal.Así las cosas, propondré al Acuerdo confirmar la sentencia de grado en todas sus partes, con costas

II. Conclusión

A tenor de las consideraciones fácticas y jurídicas desplegadas a lo largo del presente, propongo al Acuerdo confirmar la sentencia de grado en todas sus partes. Las costas de ambas instancias se imponen a la vencida (art. 68, 1era. parte , del CPCCN).

Los Dres. Ramos Feijóo y Díaz Solimine, por análogas razones a las aducidas por el Dr. Mizrahi, votaron en el mismo sentido a la cuestión propuesta.

Con lo que terminó el acto:

MAURICIO LUIS MIZRAHI.-

CLAUDIO RAMOS FEIJOO -.

OMAR LUIS DIAZ SOLIMINE -.

Es copia fiel del Acuerdo que obra en la Pág. n? a n? del Libro de Acuerdos de esta Sala B de la Excma. Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil.

Buenos Aires, 13 de Noviembre de 2012.-

Y VISTOS: Por lo que resulta de la votación que instruye el Acuerdo que antecede, se resuelve: confirmar la sentencia de grado en todas sus partes. Las costas de ambas instancias se imponen a la vencida (art. 68, 1era. parte, del CPCCN).

En atención al rechazo de la demanda que resulta de la sentencia de primera instancia de fs. 400/404, confirmada por este Tribunal, la base regulatoria se halla configurada por el monto reclamado en el escrito de inicio con más sus intereses (conf. Plenario «Multiflex S.A. c/ Consorcio Bartolomé Mitre 2257 s/ sumario» del 30/9/75, E.D. 64-250; id., C.N.Civ., esta Sala, R n° 18.557/00 del 20.09.10; id. id., H n° 38.971/08 del 22.06.11; id. id., H n° 62.872/08 del 05.07.11; id. id., LH n° 103.462/08 del 31.10.11; id.id., H n° 18.149/07 del 06.03.12, entre otros).

En su mérito, teniendo en cuenta el monto del proceso; labor desarrollada, apreciada por su importancia, extensión y calidad; etapas cumplidas; resultado obtenido; que a efectos de meritar las experticias confeccionadas se aplicará el criterio de la debida proporción que los emolumentos de los peritos deben guardar con los de los demás profesionales que llevaron la causa (conf. C.S.J.N., fallos: 236-127, 239-123, 242-519, 253-96, 261-223, 282-361; C.Nac.Civ., esta Sala, H. nº 44.972/99, in re: «Alvarez c/Sayago s/Daños y perjuicios», del 20.03.02; id. id., H. n? 363.134, in re: «Patri c/ Los Constituyentes s/ Daños y Perjuicios», del 23.06.04; id. id., H. n? 5.810/05, in re: «Morandini c/ TUM S.A. s/ Daños y Perjuicios, del 28.12.07; id. id., H. n? 42.689/05, in re: «Godoy c/ Kañevsky s/ Ordinario» del 06.03.08; id. id., H n? 40.649/02 in re: «Mazzeo c/ Romero s/ Daños y perjuicios», del 09.06.10; id. id., H n° 76.041/05 in re: «Paolucci c/ De Elizalde s/ Daños y Perjuicios» del 07.12.11, entre otros), así como la incidencia que las mismas han tenido en el resultado del pleito; recursos de apelación interpuestos por bajos a fs. 405, fs. 411 y fs. 413, y por altos de fs. 405; lo preceptuado por el art. 478 del Código Procesal y lo dispuesto en los arts. 6, 7, 9, 19, 33, 37, 38, 49 y cctes. de la ley n? 21.839 con las reformas introducidas por la ley n? 24.432, se modifican las regulaciones de fs. 403 vta./404, fijándose en PESOS VEINTISEIS MIL ($ 26.000) los honorarios del letrado apoderado de la parte actora Dr. Simón Gregorio Laner; en PESOS SEIS MIL ($ 6.000) los de la perito médico Dra.María del Pilar Castro y en PESOS OCHO MIL ($ 8.000) los del perito ingeniero Eduardo Ernesto Clavet; confirmándose, en cambio, las regulaciones practicadas a favor de la perito psicóloga Lic. María Renée Alessia y del mediador Dr. Mario Rodolfo Lescano.

Por su labor en la Alzada se fijan en ($.) los honorarios del Dr. Laner (conf. arts. 14 , 49 y cctes. del arancel), los que deberán abonarse en el mismo plazo que el fijado en la instancia de grado.

Se difiere el tratamiento del recurso de apelación interpuesto por altos a fs. 405 respecto de los honorarios establecidos a favor de la Dra. Patricia Pilar Venegas – letrada apoderada de la parte demandada y citada en garantía – así como la regulación correspondiente a la tarea en la Alzada, hasta tanto se fijen los emolumentos del coapoderado – de la misma parte – Dr. Joaquín Fernández Venegas.

Notifíquese y devuélvase.

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