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La cruda realidad de los sojeros: venden «un dólar», les dan 39 centavos y deben pagar casi 80% de impuestos

Sojeros«¿Y a quién afecta el dólar blue?» fue la pregunta más escuchada en los ámbitos empresariales, periodísticos y políticos durante los últimos días.
Cada vez les resulta más difícil de sostener a los funcionarios K la versión de que, por tratarse de un mercado muy pequeño -que apenas llega a mover diariamente cerca de u$s30 millones-, la cotización del billete paralelo es irrelevante como indicador.
Una prueba de que no resulta tan anodina la influencia del tipo de cambio paralelo ha sido la reacción de la propia Cristina Kirchner, cuando días atrás convocó a una inédita reunión de su equipo económico.
En tanto, los analistas críticos del Gobierno no se cansan de señalar cómo cada escapada del blue supone un baldazo de agua helada sobre la actividad de varios sectores de la economía, tal como ha quedado en evidencia en el mercado inmobiliario.
Sin embargo, poco se habla sobre una de las influencias más nocivas de la brecha cambiaria. Es decir, la forma en que actúa como un desincentivo a la producción sojera, justamente el principal proveedor de dólares y responsable del 30% de los ingresos por exportaciones.
Sucede que, si se lo mide en términos del billete paralelo, los ingresos de los productores han disminuido a sus mínimos niveles históricos.
Tanto que hasta torna irrelevante cualquier suba en el precio de la soja en el mercado internacional. Y, peor aun, hasta hace parecer más favorable la célebre resolución 125 por la cual el país estuvo amargamente dividido en 2008.

Mejor precio, rentabilidad en picada


La cuenta es fácil: por cada dólar que el productor está obligado a vender al Banco Central, éste le da $5,10, que luego de aplicadas las retenciones a las exportaciones, se convierten en $3,30.
Si ese sojero quisiera transformar nuevamente esos pesos que recibe en divisas estadounidenses, debería ir al mercado informal y allí se encontraría con que sólo podría comprar 39 centavos (tomando el valor de $8,50).
En otras palabras, la combinación de presión impositiva y distorsión del mercado cambiario le «comen» al productor un 61% de sus ingresos.
Irónicamente, la pelea de 2008 era por algo mucho menor. Se quería evitar que las retenciones subieran desde el 35% hasta un nivel móvil que eventualmente podría llegar al 45 por ciento.
Pero, lo más preocupante tal vez sea que este año, aun con un precio mayor al de la campaña pasada, los productores se quedarán con menos dinero en el bolsillo. En efecto:
En 2012, la tonelada de soja valía u$s490, el billete verde oficial era de $4,39 y el blue se ubicaba en $4,90.
Es decir, por cada dólar que el productor le vendía al Central, y luego de descontadas las retenciones, le quedaban 58 centavos en términos de blue, es decir 19 centavos más que lo que le queda actualmente.
La conclusión es que, a pesar de que en el mercado internacional está unos u$s15 por encima del nivel de hace un año, el productor obtendrá mucho menos.
En otras palabras, lo que aparentemente es una suba nominal de 6%, se transforma en una caída real cercana al 10%.
El cálculo de la rentabilidad en términos de dólar blue no es antojadizo. Por el contrario, es el único que tiene sentido para los productores, dado que buena parte de sus costos se ajustan por la moneda estadounidense.
«Es una distorsión infinita e insoportable. Nosotros pagamos insumos que aumentaron en dólares, algunos a $8», se queja el presidente de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi.

«Conspiradores» con poco resto


Es en este contexto en el que los analistas rechazan las teorías conspirativas que desde el Gobierno se siembran respecto a la demora de los productores en liquidar las divisas provenientes de sus exportaciones.
«Quienes siguen viendo a los sojeros como empresarios insaciables, capaces de sentarse sobre su producción a la espera de que el Gobierno devalúe, es porque no conocen la realidad del campo», afirma Salvador Di Stefano, uno de los principales consultores con sede en Rosario.
«La realidad es que los productores medios están muy endeudados, ya pagaron alquileres muy altos, sufren una gran presión impositiva y hoy están con grandes problemas. Ni bien cosechen, van a vender todo, porque tienen que afrontar deudas. Y, para colmo, si uno mira el mercado de futuros, los precios tienden a la baja», agrega.
Un consultor y productor rural del sur de la provincia de Buenos Aires, que opina off the record, cree que, contrariando los temores del Gobierno, la mayor parte de la cosecha de la oleaginosa (unos u$s24.000 millones) se liquidará íntegramente entre abril y junio.
«A diferencia de lo que ocurría en 2010 y 2011, cuando había un excedente que los productores volcaban al mercado inmobiliario, este año no vamos a ver una situación así. Hay que tener en cuenta que antes una propiedad tomada como referencia se compraba con el equivalente a 10 camiones cargados de soja y ahora se necesitan 13», grafica el productor.

Entre los economistas también hay visiones que van en este sentido.


Ricardo Delgado, de la consultora Analytica, califica como «escasas» las posibilidades de que una medida gremial convocada por los dirigentes rurales pueda afectar el flujo de dólares de cara al segundo trimestre del año.
«El aumento de los costos obliga a los productores a vender para financiar los gastos e insumos de la campaña. Muchos, además, están endeudados y deben utilizar la cosecha para abonar deudas y arrendamientos», argumenta.
Y afirma que «es apenas una cuestión de tiempo para que las 48 millones de toneladas previstas se liquiden en el mercado; pocos productores cuentan con espalda financiera para esperar más allá del tercer trimestre».
Lo cierto es que los funcionarios K, a quienes este verano se les hizo interminable, están esperando ansiosos que llegue ese momento.
Pero, mientras tanto, el hecho de que la liquidación de divisas del primer trimestre haya sido un 15% menor a la registrada en el mismo período de 2012 alimenta las versiones conspirativas y los rumores sobre medidas que cambien la operatoria del comercio agrícola.
Si bien nadie sabe con exactitud cuánta soja hay en los silobolsas, desde filas oficiales se alienta la versión de que el monto retenido equivale a u$s4.000 millones, aunque hay economistas que estiman que esa cifra podría ser la mitad. De todas formas, una porción importante de esa producción ya está vendida.
Los productores han negado que se pretenda presionar al Gobierno para una devaluación del tipo de cambio oficial y afirman que simplemente la cosecha se demoró.
De todas formas, se supo que un ala del kirchnerismo opina que un dólar oficial a «apenas» $5 resulta muy poco atractivo para un exportador y que es necesario acelerar el ritmo devaluatorio del tipo de cambio.
Es decir, se oscila entre el castigo y el incentivo.

Mal diagnóstico, peor pronóstico


Los productores, en tanto, tratan de difundir su situación real para que no se imponga la imagen de especuladores que amenaza con posarse sobre ellos.
En un encuentro de la Mesa de Enlace de las diversas entidades rurales, llevado a cabo en la localidad cordobesa de Río Cuarto, hubo una demostración elocuente del estado de ánimo preponderante hoy día.
Un estudio presentado por David Miazzo, economista de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de la Argentina, concluye que, una vez calculados los impuestos nacionales y provinciales, la rentabilidad que le queda al productor es de un margen minúsculo.
El experto señaló que los tributos se quedan con 79% de la renta. «Y a eso hay que sumarle casi 21% que se apropia el dueño de la tierra; en definitiva, al productor sólo le queda 0,2% en algunas zonas», según plantea.
En línea con este análisis, Buzzi, de la Federación Agraria, sostiene que la pérdida de competitividad de los productores ha sufrido tal deterioro que ya es peor que en el final del régimen de la convertibilidad.
«Volvimos a los ’90. Lo de hoy no tiene nada que ver con un programa productivo. No tiene nada que ver con el modelo virtuoso que pusieron en marcha Remes Lenicov y Lavagna, con un dólar competitivo», es su contundente diagnóstico.
A esta altura, muchos se preguntan si las cosas podrían llegar empeorar para los productores. Y la respuesta es que sí, ya que siempre hay margen para que esto suceda.
Para empezar, Buzzi dejó trascender el temor de la actividad a una mayor presión impositiva, algo no del todo descartable dada la complicada situación financiera de los gobiernos provinciales.
También está flotando en el ambiente la amenaza velada de un cambio en la operatoria del comercio exterior de granos, incluyendo la versión de una completa estatización, al estilo del célebre IAPI que funcionó durante la primera época del peronismo y que monopolizaba la compra de la producción.
Pero, más tangible y cercana, está todavía la posibilidad de que haya una caída en el precio internacional.
Al menos, eso es lo que prevén varios expertos de los mercados de materias primas, como Dominic Schnider, analista del banco suizo UBS, quien cree que es probable un descenso del 20% en la cotización. Hablando en plata, esto significaría una reducción de unos 100 dólares.
«Vamos a tener un aumento de la producción muy grande en Argentina y Brasil y eso ejerce una enorme presión sobre los precios. El crecimiento de la demanda no es de tal fuerza como para asegurar que el valor se mantenga», afirma el experto.
Su pronóstico es que los precios bajos durarán al menos todo el primer semestre de 2014.
En definitiva, el negocio del yuyito ya no es lo que era, pese a que acapara todas las miradas y se ve como «el ideal», desde la lejanía de la urbe porteña.
Más bien, ahora invita a pensar dos veces antes de intentar probar suerte con el «ángel de la guarda del modelo».

Fuente: Infobae

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