El espíritu aleccionador. El mobbing fraudulento

Autor: Pinacchio, Ángela C. M.

Fecha: 29-nov-2012

Cita: MJ-DOC-6085-AR | MJD6085

Sumario:

I. Introducción. II. El espíritu aleccionador. III. A modo de conclusión.

Doctrina:

Por Ángela C. M. Pinacchio (*)

«Espíritu sin nombre, indefinible esencia,

yo vivo con la vida,

sin formas de la idea…» (1)

I. INTRODUCCIÓN

Nos adentramos a una temática que nos insta a reflexionar sobre los valores y su papel en los contextos actuales. ¿Qué entender por mobbing fraudulento? Es, en principio, un despliegue de artilugios que simulan una conducta de mobbing inexistente y que se ejecuta por uno o varios trabajadores contra los intereses de la organización.

En principio, con relación a la figura genérica de mobbing, cabe señalar al menos tres dificultades: la cantidad significativa de definiciones sobre el tema, la confusión con otras patologías laborales y la complejidad de ubicar el fenómeno en el tipo específico de mobbing.

La OIT, a través de Violence at Work (1998) reconoció el flagelo del acoso laboral y originó que poco a poco se le empezara a dar mayor entidad a este problema que existe en todo el mundo. El organismo lo ha definido como cualquier incidente en el cual una persona es aislada o maltratada en circunstancias relacionadas con su trabajo. Estos comportamientos pueden ser originados por jefes, compañeros de trabajo y en cualquier nivel de la organización.

Luego, contamos como antecedente al Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud, organizado por la OMS, que data del 3 de octubre de 2002 y constituye el primer estudio exhaustivo del problema de la violencia a escala mundial. A través de él, se describen la magnitud y el impacto de la violencia en el mundo entero, se examinan los principales factores de riesgo que la causan, se describen las diferentes modalidades de intervención y las respuestas de política que se han puesto en práctica, con un resumen de lo que se sabe acerca de su eficacia, y se formulan algunas recomendaciones para la adopción de medidas en los planos local, nacional e internacional.

Es decir, existen diferentes fenómenos entre sí unidos bajo el denominador común de la violencia que caracteriza el vínculo entre las personas.Ortega y Gasset diría que es imposible para el hombre construir su vida, sin conocer las necesidades históricas de su época. Por lo pronto, vivimos en un mundo altamente competitivo y violento.

II. EL ESPÍRITU ALECCIONADOR

Los valores, según M. Sheller, se encarnan en bienes y en acciones; por ello su captación es posible. Podemos intuirlos emocionalmente a través del amor. Más aún, en determinadas épocas históricas, existe ceguera para determinados tipos de valor.

De esta forma, Gustavo Adolfo Bécquer nos habla del espíritu sin nombre, indefinible esencia, como encarnado en los bienes culturales:

«En el laúd soy nota,

perfume en la violeta,

fugaz llama en las tumbas,

y en las ruinas hiedra» (2).

Me pregunto, entonces, qué son los valores y qué papel juegan ellos en la compleja estructura jurídica al ser entendida como: conducta, valor y norma jurídica.

De entender al fenómeno jurídico como una estructura contenedora de engranajes o ruedas que cumplen un propósito para el todo, es ineludible pensar en un sistema.

Los valores en el fenómeno jurídico permiten articular el brazo, así como el codo une el brazo y el antebrazo.

Se identifican como funciones de las articulaciones, las de unir dos componentes, facilitar el movimiento y permitir cierta flexibilidad al cuerpo. De esta forma, digo que los valores permiten unir la norma y la conducta dentro del cuerpo social.

Podemos intuir que los valores permiten el movimiento hacia un sentido u orientación final.

Así es como el espíritu sin nombre, de indefinible esencia, «une el mundo de la forma al mundo de la idea […] desconocida esencia de que es vaso el poeta» (3). Cómo podría no abarcar este espíritu la creación entera, viajar por los siglos informando sobre la idea; que intuimos que existe más su nombre y su forma nos es aún desconocida.

En la persona existen dos momentos donde identificamos la reflexión, como instancia de replanteo valorativo.El primero coincide con la representación mental de los distintos cursos de acción, donde la libertad metafísica se gesta y la libertad de pensamiento aflora. La segunda oportunidad es cuando al consumarse la acción, el hombre vuelve virtualmente hacia atrás en el tiempo, sobre el curso de los acontecimientos hasta su consecuente (presente).

La orientación hace que podamos identificar en el sistema jurídico, su mayor o menor proximidad a la vida y las condiciones para que ella se geste. Así como el agua permite alimentar la esperanza de vida en el hombre.

Visto desde lo social, el amor es único como valor incondicional, que nos permite abrigar la esperanza de poder articular norma y conducta. Si el resto de los valores se orientan y se alimentan de amor, el cuerpo social se mantendrá vivo. Atento a ello, entiendo que el orden público es una construcción que se justifica en la ausencia de amor desinteresado.

Las más severas críticas a la posmodernidad insisten en que existe una inversión de valores, en los tiempos que corren. Podemos ubicar en el concepto de «ceguera axiológica» que diera M. Sheller un encuadramiento cuasi perfecto a esas severas críticas. Partiendo de esta premisa, entiendo que el mayor aporte que pudiera dar la teoría jurídica -en los tiempos actuales-, correspondería ser en el terreno de los límites y la transgresión.

Mientras la justicia social es aplicable en la administración y distribución con equidad de los recursos; los valores de cooperación y solidaridad corren en fuerzas que pujan en sentidos ascendentes, descendentes y horizontales. En estos sentidos puede darse la acción de mobbing o psicoterror.

El sentido horizontal es entre compañeros de trabajo, así como en orientación ascendente es de abajo -empleados- a empleadores. También, recordamos el recorrido descendente de arriba hacia abajo.

De esta forma, los valores son como el espíritu sin forma, sin nombre y de indefinible esencia, que podemos intuirlos emocionalmente y se encarnan en bienes como en acciones humanas.Dentro de las relaciones laborales, se encuentran presentes los valores de solidaridad y cooperación que se hallan encarnados. Podemos identificar a uno como al otro, por su sentido aleccionador.

La primera fuente de la que detectamos su sentido aleccionador es en la historia, pues toda ley es producto de una construcción de hechos históricos. La segunda fuente de conocimiento de dichos valores -solidaridad y cooperación-, en el ámbito de las relaciones laborales, es en la realidad; de allí que se privilegie lo fáctico en la aplicación de la norma laboral -de carácter protectorio de las condiciones laborales- en casos puntuales.

Verbigracia, la solidaridad enseña que en el aglutinamiento de las fuerzas se encuentra la conquista de mejores condiciones laborales, sea en la mesa de negociación colectiva, en la firma de convenios colectivos y en la eficacia de la huelga -en este sentido, encontramos su pujanza en el espacio horizontal-. Así como identificaríamos el valor cooperación en la participación en las ganancias de la empresa con control en la producción -en un sentido de pujanza ascendente-.

Es usual que identifiquemos más -en espacios horizontales- los valores de solidaridad y cooperación en las fuerzas colectivas; en menor grado, en sentido ascendente y como en una suerte de apreciación peyorativa o prejuicio, se vislumbra en menor grado su sentido descendente. Es decir, los valores de solidaridad y cooperación corren como fuerzas que pujan con mayor o menor intensidad según los espacios que encuentre.

El cambio de frecuencia de estas fuerzas invierte la polaridad del valor de positivo a negativo. Cuando los valores de solidaridad y cooperación no corren con tanta pujanza en ámbitos donde naturalmente los identificamos como propios -en este caso, en el ambiente de trabajo-.

Sin la explicación susodicha, no podríamos imaginar la existencia del derecho colectivo del trabajo.Por cuanto, mientras que el sentido aleccionador de la solidaridad es en la suma al obtener la fuerza de incrementar cuantitativamente; la cooperación enseña sobre la ventaja del desempeño en equipo, para obtener un resultado eficiente y eficaz del trabajo.

Entiendo que en el mobbing laboral es explícito un cambio de frecuencia de los valores de solidaridad y cooperación -de mayor a menor fuerza, de positivos a negativos-. Las causas podrían ser varias y habría que indagar en la realidad para entender el fenómeno.

III. A MODO DE CONCLUSIÓN

Recordamos que en 2007 se dictó la Resolución 5/07 por el Ministerio de Trabajo de la Nación, a través de la cual, se creó la Oficina de Asesoramiento sobre Violencia Laboral que funcionará en el ámbito de la Comisión Tripartita de Igualdad de Trato y Oportunidades. Esta oficina tendría competencia, en función a la normativa citada, para recibir denuncias sobre mobbing.

Con relación al tema, un valor -claramente- invertido es la lealtad que debe el trabajador o trabajadores a la empresa, pues, el sentido aleccionador de este valor enseña continuar con aquello, en virtud de lo cual, uno se ha comprometido.

En definitiva, ser leal es no traicionar en aras de un provecho particular o contrario a la organización o comunidad a la que pertenece.

En cualquier caso de mobbing, incluyendo el fraude de mobbing, es un proceder sin ética contra el próximo; es decir, que puede ser únicamente propiciado en un ambiente donde se hallan subvertidos los valores de solidaridad y cooperación propios de las relaciones laborales.

Podemos para este o en otros casos, identificar qué tipo de valor es el afectado, conforme el sentido aleccionador del valor, en contraste con los hechos del fenómeno en estudio. Puede que identifiquemos no uno, sino varios valores invertidos.

El tema que trato en este artículo es identificado, usualmente, como factor de reducción del rendimiento económico de la empresa.Sin embargo, he querido apreciar al mobbing como un fenómeno donde se encuen tran invertidos los valores de solidaridad y cooperación en el mundo del trabajo.

Podemos extraer el sentido aleccionador de los valores en la historia. Lo cual resulta de rescatar las fuentes historiográficas y, de esta forma, poder identificarlo y comprenderlo.

En fin de cuentas, ese espíritu aleccionador se encuentra presente en la cultura y nosotros podemos entender en ello gracias a la «conciencia histórica», de la cual, mucho dijo Ortega y Gasset en sus obras.

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(1) Bécquer, Gustavo A.: Rima V.

(2) O. cit.

(3) O. cit.

(*) Abogada. Doctoranda en Derecho, Universidad Argentina John F. Kennedy. Investigadora en el proyecto académico: El desarrollo del derecho internacional público argentino a través de revistas jurídicas porteñas (1870-1950), UAJFK. Docente en la Universidad de la Marina Mercante y en la UAJFK. Miembro del comité editor del Equipo Federal del Trabajo. Participa en congresos y jornadas como asistente, ponente o moderadora. Galardonada por su actividad académica.

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