Se condenó a la asociación y al club demandados por daños sufridos por el actor agredido al salir del estadio al finalizar el partido

Partes: Rojas Juan Carlos c/ Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y otros s/ daños y perjuicios

Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil

Sala/Juzgado: E

Fecha: 21-sep-2012

Cita: MJ-JU-M-75153-AR | MJJ75153 | MJJ75153

Se hizo lugar a la demanda y se condenó, a la Asociación de Fútbol y al club demandados, a indemnizar al actor por los daños que sufrió tras ser agredido por delincuentes mientras se retiraba del estadio al finalizar el partido. Cuadro de rubros indemnizatorios.

Sumario:

1.-Corresponde hacer lugar a la demanda y condenar a los demandados a indemnizar al actor los daños y perjuicios que sufrió al ser atacado por delincuentes que lo golpearon mientras se retiraba de un estadio de fútbol a la finalización de un partido de fútbol, pues de la prueba testimonial surge la existencia del hecho y los demandados no probaron ningún supuesto que exonere su responsabilidad.

2.-Analizados los testimonios obrantes en la causa, queda perfectamente acreditado que el actor concurrió al estadio del club Boca Juniors a presenciar el partido que el equipo local disputaría con Lanús, oportunidad en la cual, al término del mismo, cuando descendía de la tercer bandeja por las escalinatas fue abordado por sujetos inescrupulosos con fines de robo, quienes lo atacaron a golpes de puño, lesionándolo en la boca, y cuando pretendió ser asistido por una ambulancia que estaba en las inmediaciones del estadio, le fue impedido el acceso por la policía por la urgencia que los agentes tenían para despejar las adyacencias y liberar la salida de los simpatizantes del equipo local.

3.-El daño estético no representa un rubro autónomo, ni debe ser valorado dentro de la partida por incapacidad sobreviniente, sino que ha de ser ponderado conjuntamente con el daño moral cuando por sí mismo no ocasiona -como en la especie- una merma en los ingresos del damnificado, máxime ante la levedad de las cicatrices descriptas por aquél en su experticia.

4.-Cuando se reclama una suma por daño moral y otra por daño estético puede producirse un doble resarcimiento por la misma causa; en realidad, la lesión estética provoca intrínsecamente daño a un bien extra patrimonial: la integridad corporal, lesión que siempre, por ende, provocará un agravio de tipo moral y que puede, o no, afectar el aspecto patrimonial del individuo damnificado.

5.-En el caso, habida cuenta que se ha reconocido un importe en concepto de gastos médicos y farmacéuticos y otro por daño moral, y que las cicatrices descriptas no ha afectado las posibilidades laborativas del actor, que sigue prestando servicios en el mismo empleo que antes de sufrir la agresión, la partida de daño estético deberá ser dejada sin efecto.

6.-Más allá de que la sola mención de que no se han aportado elementos documentales para acreditar lo gastado en honorarios médicos y farmacéuticos no reúne los recaudos exigidos por el art. 265  del CPCCN., lo cierto es que tales erogaciones no requieren prueba documental, debiendo ser admitidos siempre que resulten verosímiles en relación con las lesiones provocadas por el evento dañoso y sin que resulte óbice a ello que el damnificado hubiera sido atendido en un nosocomio público.

Fallo:

Buenos Aires, Capital de la República Argentina, a los veintiuno días del mes de septiembre de dos mil doce, reunidos en Acuerdo los Señores Jueces de la Excma. Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, Sala “E”, para conocer en el recurso interpuesto en los autos caratulados: “ROJAS JUAN CARLOS C/ ASOCIACIÓN DEL FÚTBOL ARGENTINO (AFA) Y OTROS S/ DAÑOS Y PERJUICIOS”, respecto de la sentencia corriente a fs. 599, el Tribunal estableció la siguiente cuestión a resolver:

¿Es arreglada a derecho la sentencia apelada?

Practicado el sorteo resultó que la votación debía efectuarse en el siguiente orden: Señores Jueces de Cámara Doctores CALATAYUD. RACIMO. DUPUIS.

El Señor Juez de Cámara Doctor CALATAYUD dijo:

1.- En la sentencia de fs. 599/613 se condenó a la Asociación Civil Club Atlético Boca Juniors, a la Asociación del Fútbol Argentino y a El Surco Compañía de Seguros S.A. a abonar al actor la suma de $ 60.000, con más intereses a la tasa activa prevista en el plenario “Samudio”  y las costas del juicio, por los daños sufridos en ocasión del partido celebrado el 2-12-07 en cancha del club mencionado.

Contra dicha decisión se alzan la institución deportiva aludida y la aseguradora citada en garantía. Ambas se agravian por la responsabilidad que se les ha endilgado por las partidas indemnizatorias y por la tasa de interés que se condena abonar entre la fecha del hecho y la del pronunciamiento (ver presentaciones de fs. 670/72 y 675/82, respectivamente), cuyos traslados fueron respondidos por el actor a fs. 684/86 y 688/90.

2.- Cuestionan, principalmente, la valoración que efectuara el magistrado del testimonio de las cuatro personas que declararan acerca del hecho en que habría resultado lesionado Rojas al ser atacado por un grupo de personas con fines de robo. El primero -Gabriel David Cabral (fs.255/58)-, que no conoce al actor, manifestó que el día antes indicado, “más o menos al mediodía”, tomaron un colectivo en Constitución para ir a la cancha de Boca Juniors, que fue custodiado por la policía. Al llegar a la cancha se separaron, el demandante se fue con el hermano y otras personas conocidas. Al término del partido -en el que Lanús, el club del cual son simpatizantes, salió campeón-, cuando bajaban por los escalones observó un tumulto en el que “punguistas” pretendían robar a Rojas, “…ya le habían pegado y tratamos de que no le peguen más le habían roto la boca, la cara, le estaban pegando una buena paliza…”. Trataron de que lo atiendan en una ambulancia, pero no lo pudieron hacer porque la policía los estaba apurando para que se fueran. El hermano acercó un automóvil y lo llevaron al hospital Argerich, donde lo atendieron y fueron a hacer la denuncia, tras lo cual el hermano lo acercó a la estación Lanús.Preguntado de viva voz, refiere que el partido terminó empatado 1 a 1, con goles de Palermo y Sand; que las entradas las adquirió en el barrio, pues en cada barrio hay un muchacho al que le dan algunas para repartir; que se instalaron en la tercer bandeja del lado sur, que da al Riachuelo; que la denuncia la efectuó Rojas en la Comisaría 23ª; y que el partido fue un domingo y empezó “a las tres o cuatro y era temprano”. Repreguntado, manifiesta que no recuerda la puerta por la que ingresó al estadio, pero sí que está ubicada sobre la calle Brandsen; que no recurrieron a la enfermería del club, puesto que cuando trataron de llegar a la ambulancia la policía no los dejó acercar al puesto.

El representante de la compañía de seguros pretende restarle valor a este testimonio y sostiene que no obstante que el comienzo del partido fue a las 17 horas, Cabral dice que fueron “más o menos al mediodía”, lo cual, a mi juicio, carece de la relevancia que pretende acordarle habida cuenta que, al tratarse de un encuentro tan importante donde el equipo del que eran simpatizantes podía salir campeón del torneo -como finalmente lo fue-, estos concurren al estadio con un amplio margen de tiempo por la gran cantidad de espectadores que irán y la limitada entrega de entradas que el club local concede al visitante. Por otra parte, en forma mordaz pretende caracterizar a los que iban en el ómnibus como “personajes VIP” porque los acompañó la policía desde la estación Constitución hasta el estadio, cuando es sabido que los días de partido las fuerzas del orden acompañan a los ómnibus en los que viajan los hinchas de los clubes visitantes para evitar que provoquen desmanes en las inmediaciones al estadio.Desde otra perspectiva, es posible que no hayan podido acceder a las ambulancias estacionadas cerca de la cancha, pues también es de público conocimiento que la hinchada visitante sale primero en tanto que los locales deben permanecer dentro del estadio hasta que aquélla se haya retirado a una distancia prudencial, precisamente para evitar los enfrentamientos que lamentablemente son tan comunes en el fútbol argentino. Tampoco surge de la declaración que Cabral haya recibido entradas gratuitas, dado que sólo mencionó que la recibió de un muchacho al que se las habían dado para “repartir”, pero no aseveró que las hubiera recibido de regalo, inferencia que extrajo el apelante sin elemento objetivo alguno que la respalde.

Seguidamente, prestó declaración Luis Antonio Molina (fs. 255/62), quien manifiesta que hablaron por teléfono con un grupo de seis o siete muchachos que concurren asiduamente para ver a qué hora salían. Se juntaron y el partido era a las “tres de la tarde”, mientras que el testigo se fue en tren, Rojas lo hizo desde el trabajo. También alude al tumulto que se armó al salir de la cancha y en el cual trataban de robarle a aquél, pegándole una trompada que lo dejó medio desmayado, y manaba mucha sangre. Al igual que el anterior dice que trataron de llevarlo a una ambulancia que estaba a media cuadra de la cancha, sobre la calle Brandsen, pero la policía no los dejó pues quería que se retiraran rápidamente. El hermano y otros dos muchachos lo llevaron en auto, un Gol propiedad del primero, cuyo color no recuerda. La entrada la adquirió en la sede del club y el partido lo presenciaron desde la tercer bandeja, habiendo finalizado 1 a 1, con goles de los jugadores antes mencionados.Requerido para que conteste de viva voz si vio el momento en que el actor resultó lesionado, responde que vio el tumulto donde le querían robar y apareció con el “labio roto”.

Es cierto que esta persona refirió que no volvió a ver al actor, no obstante que lo llamó a su casa para concurrir a la audiencia en que debía declarar, así como también que vive en Monte Chingolo, Partido de Lanús, al igual que Rojas, pero dichas particularidades, a mi juicio, no le restan valor probatorio, por cuanto el hecho de que no tengan “diálogo” entre ellos y que pudieren ser vecinos, no autoriza a presumir un testimonio de favor, a poco que se advierta que el relato de las circunstancias que rodearon al suceso es coincidente con el del resto de los testigos. Tampoco tiene la importancia que se pretende dar al hecho de que haya confundido la hora de iniciación del partido si se tiene en cuenta que depone casi dos años después de celebrado, siendo que, por lo demás, puede haber equivocado la hora que concurrió al estadio con la de comienzo de aquél.

También testificó Mario Alberto Núñez (fs. 263/66), que alude que presenció el evento dañoso, cuando estaban bajando de la tercer bandeja a la que se ingresa por la calle Brandsen, siendo “como las tres de la tarde”, le estaban robando al muchacho al que no conocía y cuando pretendieron llevarlo a la ambulancia, vino la policía y “nos sacó”, por lo que vino un Gol y se lo llevó. Le dejó sus datos a la víctima, al que le pegaron una trompada en la boca. Asevera que la entrada la adquirió en la sede del club Lanús, al que concurre generalmente cuando juega de local, pero que en esta oportunidad, como tenía la posibilidad de consagrarse campeón, lo hizo a la cancha de Boca Juniors. Al igual que los anteriores informa que el partido terminó empatado 1 a 1, con goles de Palermo y Sand.Señala que estaba mirando el partido y es cuando ve un tumulto donde le estaban pegando al “pibe” al que querían robar, percibiendo mucha sangre en la boca. El auto que lo retiró era un Gol, de color gris o negro. Afirma que con un amigo siempre salen unos minutos antes que finalice el partido; que había restricciones para el tránsito vehicular por la calle Brandsen, pero que lo subieron en dicha arteria, “el auto pasó por ahí, no estaba cortado el tránsito en esa calle y en ese momento”. Preguntado para que diga si recuerda la hora de iniciación del partido, asegura que no lo recuerda.

Es verdad que existen ciertas incongruencias en este testimonio, pues asegura que “como a las tres de la tarde” estaban bajando faltando pocos minutos para que termine el partido cuando sucede el episodio en la tercer bandeja, siendo que éste finalizó hacia las 19 horas y, según expresó el propio Rojas, acaeció cuando bajaban las escalinatas. En cuanto a la expresión “cuando vino un gol”, es evidente que se refiere a un automóvil de esa marca y no a un gol de alguno de los equipos que disputaban el partido. Empero, aún prescindiendo de este testimonio por aquellas imprecisiones (arts. 386  y 456  del Código Procesal), lo cierto es que se encuentran los otros elementos de convicción que resultan hábiles para acreditar el hecho aducido y que no presentan las irregularidades apuntadas.

El último testimonio cuestionado es el de María José Aquino (fs. 368/365, en numeración evidentemente equivocada). Concurrió con su hermano y su cuñado al estadio en calidad de hincha visitante, instalándose en la tercer bandeja.Eran las “tres o cinco de la tarde”, un día de sol y mucho calor y después de terminado el partido, cuando iban bajando las escalinatas ve un tumulto en el que le estaban pegando al actor -a quien conoce de vista- en la boca, en el labio, y en uno de los ojos porque parecía que le querían robar. Al acercarse comprobaron que estaba todo ensangrentado, por lo que trataron de ayudarlo y conducirlo a una ambulancia, pero la policía no los dejó pasar, apurándolos para que se retiraran porque saldrían los hinchas de Boca. Siguieron caminando y se acercó un automóvil, del que se bajó el hermano y se lo llevó. Le dio sus datos a Rojas, quien la llamó al teléfono celular para avisarle de la audiencia. A preguntas del letrado de la demandada, no recuerda en qué lugar de las escalinatas sucedió el hecho, si en la segunda o en la primer bandeja; que el automóvil estaba estacionado sobre la calle Brandsen, sin recordar entre qué arterias y tampoco cuántas cuadras caminaron hasta llegar a él. Informa ser socia del club Lanús, habiendo adquirido la entrada en la sede social.Después del incidente vio al actor varias veces de vista cuando su equipo jugaba de local, pero a los agresores sólo de espaldas.

Discrepo con las objeciones que formula la recurrente respecto de esta testigo, no obstante que tampoco ubica la agresión temporalmente en forma correcta y las imprecisiones en cuanto al lugar donde estaba estacionado el automóvil del hermano de Rojas, detalles todos que pueden ser olvidados por el tiempo transcurrido entre la fecha del incidente y la de su declaración, máxime si se tiene en cuenta que sus manifestaciones coinciden con la de las otras personas que depusieron en estos obrados.

En concreto, analizados estos testimonios a la luz de las normas procesales antes aludidas -aun excluyendo el de Núñez-, es mi convicción que queda perfectamente acreditado que Rojas concurrió el 2-12-07 al estadio del club Boca Juniors a presenciar el partido que el equipo local disputaría con Lanús, oportunidad en la cual, al término del mismo, cuando descendía de la tercer bandeja por las escalinatas fue abordado por sujetos inescrupulosos con fines de robo, quienes lo atacaron a golpes de puño, lesionándolo en la boca. Cuando pretendió ser asistido por una ambulancia que estaba en las inmediaciones del estadio, le fue impedido el acceso por la policía por la urgencia que los agentes tenían para despejar las adyacencias y liberar la salida de los simpatizantes del equipo local. Nada obsta a dicha conclusión el hecho del clima festivo que vivían los hinchas de Lanús por la obtención del campeonato que reflejan las publicaciones periodísticas agregadas a estos autos. Tampoco resulta óbice que el demandante no haya precisado el lugar exacto de la agresión, toda vez que efectuó la correspondiente denuncia ante la seccional correspondiente el mismo día de producida (ver fs. 1/2 de la causa que, en fotocopia, se encuentra agregada al presente) y correspondía a la autoridad el impulso y averiguación de los hechos.También se encuentra debidamente demostrado -como dijera- que pretendió ser asistido médicamente en el estadio, lo que le fue impedido. Por último, si bien Rojas acompañó el boleto de ingreso correspondiente (ver el contenido del sobre obrante a fs. 4), ninguno de los demandados desconoció la autenticidad de esa documentación, en los términos del art. 355 inc. 1° del Código Procesal, limitándose a negar que aquél ingresara al estadio con la entrada correspondiente (ver fs. 50 vta. y fs. 82 vta.).

En suma, propicio el rechazo de las críticas formuladas con relación a la responsabilidad imputada, debiendo en consecuencia proceder al examen de las relativas a las partidas indemnizatorias.

3.- El perito médico designado en autos describió cicatrices que presenta el demandante a la altura del labio superior que, a su criterio, tomando cada una por separado y por el método de capacidad restante, arroja una discapacidad estética del 42% (ver fs. 374/76).

Más allá del cuestionamiento efectuado por la aseguradora a fs. 389/97 y por el club demandado a fs. 395, asiste razón a la primera cuando en el escrito de expresión de agravios sostiene que este ítem no se trata de una partida independiente de la masa resarcitoria. Así lo tiene decidido esta Sala, cuando sostiene que el daño estético no representa un rubro autónomo, ni debe ser valorado dentro de la partida por incapacidad sobreviniente, sino que ha de ser ponderado conjuntamente con el daño moral cuando por sí mismo no ocasiona -como en la especie- una merma en los ingresos del damnificado (ver mis votos en causas 149.423 del 3-8-94 y 273.320 del 30-9-99, entre muchas otros), máxime ante la levedad de las cicatrices descriptas por aquél en su experticia.

Es que, al respecto, ha decidido que cuando se reclama una suma por daño moral y otra por este concepto puede producirse un doble resarcimiento por la misma causa (conf.mis votos en causas 89.040 del 18-3-92 y 117.931 del 26-10-92). En realidad, la lesión estética provoca intrínsecamente daño a un bien extra patrimonial: la integridad corporal, lesión que siempre, por ende, provocará un agravio de tipo moral y que puede, o no, afectar el aspecto patrimonial del individuo damnificado. Si lo provoca, se estará en presencia de un daño patrimonial indirecto, habida cuenta que -además de la afección extra patrimonial- indirectamente se traduce en perjuicios de aquel tipo que pueden revestir el carácter de daño emergentes (como los gastos en la curación de las lesiones), como de lucro cesantes (pérdida de la fuente de trabajo o su disminución) (conf. Kemelmajer de Carlucci en Belluscio, Código Civil y leyes complementarias comentado, anotado y concordado, t. 5 pág. 222; Zannoni, El daño en la responsabilidad civil, 2a. ed., 1987, nº 45 en págs. 160/164 y sus citas de referencia; CNCiv. Sala “G”, voto del Dr. Greco, en E.D. 172-82; esta Sala, causas 81.847 del 18-2-91, 53.570 del 21-11-89 y 29.837 del 31-8-87, entre otras).

En tales condiciones, habida cuenta que se ha reconocido un importe en concepto de gastos médicos y farmacéuticos y otro por daño moral -cuya importancia económica valoraré más adelante- y que las cicatrices descriptas no ha afectado las posibilidades laborativas del actor, que sigue prestando servicios en el mismo empleo que antes de sufrir la agresión, es mi convicción que esta partida deberá ser dejada sin efecto.

4.- Más allá de que la sola mención de que no se han aportado elementos documentales para acreditar lo gastado en honorarios médicos y farmacéuticos no reúne los recaudos exigidos por el art.265  del Código Procesal, lo cierto es que es criterio de la Sala que tales erogaciones no requieren prueba documental, debiendo ser admitidos siempre que resulten verosímiles en relación con las lesiones provocadas por el evento dañoso (conf. mi votos en causas 157.723 del 1-3-96 y 204.192 del 23-12-96; voto del Dr.Mirás en causa 69.534 del 13-7-90; votos del Dr. Dupuis en causas 44.825 del 2-5-89 y 138.134 del 3-2-95, entre muchas otras) y sin que resulte óbice a ello que el damnificado hubiera sido atendido en un nosocomio público.

5.- La licenciada Nudel, perito psicóloga designada de oficio por el juzgado, después de describir las técnicas psicodiagnósticas que empleara para evaluar a Rojas, concluyó que presentaba un cuadro de estrés postraumático que autoriza a estimar su discapacidad psíquica, de acuerdo al Baremo Nacional de la ART por la patología depresiva Grado III en el 20%, más un 5% por la dificultad que ostenta para realizar tareas habituales, aunque considerando que un 7% de los aspectos depresivos responde a la personalidad de base del afectado, por lo que queda un remanente de incapacidad total del 18%, de tipo parcial y permanente que se deriva del hecho traumático materia de este litigio. Aconseja un tratamiento de 18 meses de duración a razón de dos sesiones semanales y un costo aproximado de $ 100 cada una, terapia que podría mejorar el estado psíquico del damnificado en un 8%, lo que llevaría a disminuir la referida incapacidad al 10% (ver fs. 342/50).

Si bien tal dictamen fue observado a fs. 368 y 371/72, que mereció la respuesta de la experta de fs.379/83 donde ratifica sus conclusiones, lo concreto es que esta Sala tiene decidido que, si bien el perito es un auxiliar de la justicia y su misión consiste en contribuir a formar la convicción del juzgador, razón por la cual el dictamen no tiene, en principio, efecto vinculante para él (art. 477  del Cód. Procesal; CNCiv. esta Sala, en E.D. 89-495 y sus citas), la circunstancia de que el dictamen no obligue al juez -salvo en los casos en que así lo exige la ley-, no importa que éste pueda apartarse arbitrariamente de la opinión fundada del perito idóneo, en tanto la desestimación de sus conclusiones ha de ser razonable y fundada (conf. fallo citado y votos del Dr. Mirás en causas 34.389 del 9-2-88 y 188.579 del 26-3-96 y, en el mismo sentido, CNCiv. Sala “D” en E.D. 6-300; Colombo, Código Procesal Civil y Comercial de la Nación. Anotado y comentado, 4a. ed., t. I pág.717 y nota 551).

En forma congruente, ha adherido a la doctrina según la cual aun cuando las normas procesales no acuerdan al dictamen pericial el carácter de prueba legal, cuando el informe comporta -como en el caso- la apreciación específica en el campo del saber del perito -conocimiento éste ajeno al hombre de derecho-, para desvirtuarlo es imprescindible contar con elementos de juicio que permitan concluir fehacientemente en el error o el inadecuado uso que el experto hubiese hecho de sus conocimientos técnicos o científicos, de los que por su profesión o título habilitante ha de suponérselo dotado (conf., entre muchas otras, causas 21.064 del 15-8-86, 11.800 del 14-10-85, 32.091 del 18-12-87, 131.829 del 29-7-93 y 169.102 del 6-6-95).

Por consiguiente, para que las observaciones que pudiesen formular las partes puedan tener favorable acogida, es menester aportar al expediente probanzas de similar o mayor rigor técnico o científico que desmerezcan las conclusiones alcanzadas en el peritaje (conf. arts. 386 y 477 del Cód. Procesal; Palacio, Derecho Procesal Civil, t. IV pág. 720; CNCiv. Sala “C” en L.L. 1992-A-425; Sala “H” en L.L. 1997-E-1009 n° 39.780-S), pruebas que no fueron incorporadas al expediente, de manera que sólo cabe compartir el criterio de la perito.

Ahora bien, para graduar la cuantía de este perjuicio debe atenderse a la naturaleza de las lesiones sufridas, así como también a la edad del damnificado, su estado civil y demás condiciones personales, cómo habrán aquéllas de influir negativamente en sus posibilidades de vida futura e, igualmente, la específica disminución de sus aptitudes laborales (conf. Kemelmajer de Carlucci en Belluscio, Código Civil y leyes complementarias comentado, anotado y concordado, t. 5 pág. 220 y citas de la nota 87; Llambías, Tratado de Derecho Civil – Obligaciones, t. IV-A pág. 120; CNCiv. Sala “F” en E.D. 105-452; íd., en E.D.102-330), no sin dejar de advertir que los porcentajes que calculan los diferentes baremos representan una mera pauta para el juzgador y no lo vinculan (ver mi voto en causa 585.542 del 23-2-12).

Así las cosas, habida cuenta la importancia de las secuelas, de las que sólo cabe considerar las directamente relacionadas con el hecho de autos descartando las derivadas de la personalidad de base del damnificado; su edad a la época del suceso (40 años); su condición de soltero en pareja con una mujer con la que tuvieron un hijo menor de edad; que es empleado de la firma Mantelectric I.C.I.S.A., donde percibía al mes de agosto de 2007 un salario de aproximadamente $ 1.600 mensuales; que su concubina trabajaba medio turno en tareas de limpieza en una empresa; y condición socio-económica del grupo conviviente que resulta del incidente sobre beneficio de litigar sin gastos, la suma reconocida por este concepto me parece algo elevada, de modo que propicio se la reduzca a la de $ 15.000, más equitativa y adecuada a las particularidades que he destacado.

En cuanto al tratamiento aconsejado, habida cuenta la duración estimada por la experta y el costo que esta Sala reconoce en este tipo de terapias prolongadas, estimo justo proponer se disminuya el monto admitido a la suma de $ 5.460 (art. 165  del Código Procesal).

6.- Esta Sala entiende por daño moral cualquier lesión a los sentimientos o afecciones legítimas de una persona, o cuando se le ocasionan perjuicios que se traducen en padecimientos físicos o, en fin, cuando de una manera u otra se han perturbado la tranquilidad y el ritmo normal de vida del damnificado (conf. CNCiv. Sala “D” en E.D. 61-779; íd., en E.D. 69-377; Sala “F” en E.D. 42-311; íd., en E.D. 53-350; Sala “G” en E.D.100-300; esta Sala, causas 502 del 26-12-83 y 66.984 del 30-5-90).

Y, para fijar su cuantía, ha decidido que deben ponderarse diversos factores, entre los que merecen ser citados, la gravedad de la culpa del autor del hecho, la existencia y cuantía de los perjuicios materiales, las condiciones personales de aquél y las de la víctima, etc., factores todos que quedan librados al prudente arbitrio judicial (conf. CNCiv. Sala “B” en E.D. 57-455; Sala “D” en E.D. 43-740; esta Sala, causas 19.073 del 13-3-86 y 124.140 del 16-11-94).

En tales condiciones, habida cuenta la angustia y sufrimientos que seguramente ha padecido el demandante a raíz de la injusta agresión de un grupo de malvivientes que al propinarle golpes de puño lo lesionaron, importancia de las secuelas cicatrizales ya descriptas, condiciones personales destacadas, en este aspecto el importe fijado de ninguna manera resulta elevado sino equitativo y adecuado a las circunstancias del caso.

7.- Finalmente, en materia de intereses, si bien con fecha 20 de abril de 2009 el Tribunal en pleno dejó sin efecto la doctrina fijada en los fallos “Vázquez Claudia Angélica c/ Bilbao Walter y otros s/ daños y perjuicios”  del 2-8-93 y “Alaniz Ramona Evelia y otro c/ Transportes 123 S.A.C.I. interno 200 s/ daños y perjuicios”  del 23-3-04 -que ratificó el anterior-, estableciendo como doctrina legal obligatoria la tasa activa cartera general (préstamos) nominal anual vencida a treinta días del Banco de la Nación Argentina, la que debe computarse desde el inicio de la mora hasta el cumplimiento de la sentencia, salvo que su aplicación en el período transcurrido hasta el dictado de dicha sentencia implique una alteración del significado económico del capital de condena que configure un enriquecimiento indebido (ver autos “Samudio de Martínez Ladislaa c/ Transportes Doscientos Setenta S.A.s/ daños y perjuicios”), lo cierto es que esta Sala lo ha interpretado de manera distinta a la que lo hiciera el a quo.

En efecto, considera que aceptar que la tasa activa mencionada se devengue desde el momento mismo de producido el evento dañoso y hasta el del efectivo pago, arrojaría un resultado objetivamente injusto y representaría lisa y llanamente un enriquecimiento indebido en favor del acreedor y en detrimento del deudor que la Justicia no puede convalidar. Es que, sin lugar a dudas, se estaría computando dos veces la misma cosa: la desvalorización monetaria operada entre el hecho y la sentencia, dado que en esta se contemplaron valores a la época de su dictado; en tanto la referida tasa capta, en cierta medida y entre otros elementos, la depreciación de la moneda (ver fallos de esta Sala -aunque referidos a la tasa pasiva promedio- en causas 146.971 del 16-6-94, 144.844 del 27-6-94 y 148.184 del 2-8-94, 463.934 del 1-11-06 y 492.251 del 19-11-07, entre muchas otras; Borda, Tratado de Derecho Civil – Obligaciones, 8a. ed., t. I pág. 338 n° 493; Casiello, Los intereses y la deuda de valor [Doctrinas encontradas y una saludable evolución de la jurisprudencia], en L.L.151-864, en especial, pág. 873 cap. V; Durañona y Vedia y Quintana Terán, La depreciación de la moneda y los intereses, en J.A. 1970-7-332, en especial, cap. V).

Y aceptó en tales circunstancias una tasa del 6% anual desde la fecha del hecho y hasta la del pronunciamiento (ver, además, Vázquez Ferreyra, La tasa aplicable en los juicios de responsabilidad civil, en L.L. del 10-6-09, pág. 7), por lo que en tal sentido deberá modificárselo.

8.- En definitiva, voto para que se modifique la sentencia de fs.599/613, reduciéndose las partidas en concepto de daño psíquico y tratamiento psicoterapéutico, se deje sin efecto el daño estético y se rectifique la tasa de interés, confirmándosela en lo demás que decide y fue materia de agravio expreso. Las costas de Alzada, habrán de imponerse a los demandados y la citada en garantía toda vez que al haber cuestionado el aspecto central del proceso -la responsabilidad- han resultado ser la parte sustancialmente vencida, toda vez que la entidad económica de las partidas indemnizatorias resulta ser una cuestión sujeta a la prueba y diferida a la consideración del juez de la causa (conf. Orgaz, El daño resarcible [Actos ilícitos], 3a. ed., pág. 158, n° 48 y fallos citados en nota 117; CNCiv. esta Sala, causas 305.369 del 25-10-2000 y 312.050 del 15-5-01, entre muchas otras; ver, en el mismo sentido, CNCiv. Sala “I”, en J.A. 2003-IV-248).

Los Señores Jueces de Cámara Doctores Racimo y Dupuis por análogas razones a las expuestas por el Dr. Calatayud, votaron en el mismo sentido. Con lo que terminó el acto.

FERNANDO M. RACIMO.

JUAN CARLOS G. DUPUIS.

MARIO P. CALATAYUD.

Este Acuerdo obra en las páginas Nº a Nº del Libro de Acuerdos de la Sala “E” de la Excma. Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil.

Buenos Aires, septiembre veintiuno de 2012.-

Y VISTOS:

En atención a lo que resulta de la votación de que instruye el acuerdo que antecede, se modifica la sentencia de fs. 599/613, dejándose sin efecto la partida por daño estético, reduciéndose el daño psíquico y el tratamiento psicoterapéutico a las sumas de QUINCE MIL PESOS (son $ 15.000.-) y de CINCO MIL CUATROCIENTOS SESENTA PESOS (son $ 5.460.-), respectivamente, y la tasa de interés a devengarse entre la fecha del hecho y la del citado pronunciamiento que habrá de ser la del 6% anual; confirmándosela en lo demás que decide y fue materia de agravio expreso. Costas de Alzada a los demandados y la aseguradora citada en garantía, difiriéndose la regulación de los honorarios y el tratamiento de los recursos por honorarios (art. 279  del Código Procesal) para cuando obre en autos liquidación definitiva aprobada. Not. y dev.-

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