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Autorizan a un preso a cambiar de sexo

«Es el único tratamiento posible para su desorden de género». Con esa frase, un juez federal autorizó a un preso para que sea operado y pueda cambiar de sexo.

Michelle Kosilek nació bajo el nombre Robert Kosilek y cumple cadena perpetua por el asesinato de su esposa y pide desde hace doce años a la Justicia que le conceda el derecho de ser operada.

El juez federal de Massachusetts, Estados Unidos, Mark Wolf ordenó a las autoridades penitenciarias de su Estado que tomen «inmediatamente todas las medidas necesarias» para que Kosilek pueda operarse y cambiar de sexo «tan rápido como sea posible».

Según medios de Estados Unidos, esta es la primera vez que un juez autoriza una cirugía semejante.

El magistrado dijo que esta operación es «el único tratamiento apropiado» para la «necesidad médica imperativa» de Kosilek, respondiendo a los derechos constitucionales del detenido, en virtud de la 8° Enmienda sobre la protección frente a las «puniciones crueles e inhabituales».

En una sentencia de casi 130 páginas, el juez falló contra las autoridades penitenciarias del Estado que se habían opuesto previamente a la cirugía alegando que Kosilek, una vez operada, corría el riesgo de convertirse en un objetivo para el resto de presos. Un «pretexto», según el juez, cuyos «pretendidos riesgos pueden ser manejados» por las autoridades penitenciarias. Es que una de las cuestiones que trae aparejado el pedido de cambio de sexo es en qué cárcel debe cumplir su condena Kosilek: ¿de hombres o mujeres?

«El tribunal no decide en este momento dónde debe ser encarcelado Kosilek tras la operación», añade el fallo, dejando esta cuestión a los responsables de la prisión.

El juez basó su sentencia en la recomendación que le hicieron los médicos del Departamento de Correccionales.

Kosilek que tiene 60 años decidió cambiar de sexo en 1990 luego de estrangular a su mujer Cheryl en Mansfield, en el estacionamiento de un shopping en el condado de Bristol, Massachusetts.

Durante el juicio en su contra, visitó siempre ropa de mujer. Bajo las normas actuales y a pesar de estar en una cárcel de hombres, todos deben referirse a ella como Michelle ya que ese es el nombre con el que se identifica.

El juez no indicó dónde ni quién debe llevar adelante la cirugía de reasignación sexual. Dependiendo del grado de estética al que se llegue, la operación puede costar entre 7 mil y 50 mil dólares.

El año pasado, la Justicia de Nueva Inglaterra y la de Wisconsin habían ordenado el tratamiento con hormonas para dos presos, pero nunca nadie había llegado tan lejos.

Tras presentar varias e infructuosas demandas, Kosilek inició un nuevo juicio señalando que el tratamiento hormonal, la depilación definitiva y la psicoterapia que había recibido no eran suficientes y subrayó su severa ansiedad y depresión por estar en el cuerpo equivocado. Sus abogados recordaron que trató de castrarse e intentó suicidarse dos veces en la cárcel hasta que los médicos la escucharon.

«La gente en la cárcel que tiene problemas de corazón, caderas o rodillas se operan», dijo Kosilek desde la prisión de Norfolk donde cumple la condena». Y agregó: Mi necesidades médicas no son más ni menos importantes que las de la persona que está en la celda de al lado».

El juez Wolf cargó contra las autoridades penitenciarias y dijo que trataron a Kosilek con «indiferencia» y que nunca repararon en la «intensa angustia mental» que atravesaba. »Los presos han conseguido hace tiempo el derecho a recibir trato humano, incluido el derecho a un cuidado adecuado acorde a sus graves necesidades médicas», señaló.

El Departamento de Correccionales dijo que analiza si apaleará la sentencia. Uno de los puntos más discutidos es si el Estado debe pagar por esa cirugía. Para el juez, sí.

Fuente: AFP y The New York Times

http://www.clarin.com

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