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No se indemniza al instructor de natación por las lesiones sufridas tras lanzarse de cabeza, pues debería haber conocido la profundidad.

Partes: Cagnones Ariel Gerardo c/ Fundación Hindu Club s/ daños y perjuicios

Tribunal: Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de San Isidro   Sala/Juzgado: Primera

Fecha: 3-jul-2012

Cita: MJ-JU-M-73671-AR | MJJ73671 | MJJ73671

Rechazo de la demanda de daños por las lesiones sufridas por el actor como consecuencia de haberse lanzado de cabeza en el natatorio de la demandada, en ocasión de desempeñarse como instructor de natación.

Sumario:

1.-Cabe confirmar el rechazo del reclamo del resarcimiento por las lesiones sufridas por el actor como consecuencia de haberse lanzado de cabeza en el natatorio de la demandada, en ocasión de desempeñarse como instructor de natación, pues en este caso concreto no se encuentra acreditado que la pileta de natación, conforme la forma en que se sucedieron los hechos y las condiciones personales del reclamante, se haya constituido como un factor de riesgo que genere por sí sola responsabilidad; al contrario, ha sido la conducta del propio accionante la que fue determinante en la producción del accidente.

2.-El actor es profesor de educación física e instructor de natación, desarrollando su labor en la institución demandada, siendo que su profesión permite inferir que se encontraba calificado para realizar dicha actividad, máxime cuando se le había encargado la enseñanza a menores de edad; así, el deber de prudencia y responsabilidad que se le debe exigir es mayor, en función de su especialización y conocimientos, ello de conformidad con lo dispuesto por el art. 902 del CCiv.

3.-La profundidad de la pileta no le debió ser desconocida, máxime cuando la relación contractual fue renovada durante varios años en dicha institución, y si bien no concurría con asiduidad a la piscina grande, conforme sus propios dichos lo había hecho en más de una oportunidad; además, sus colegas, que desarrollaban similares tareas, no ignoraban la forma y profundidad de la pileta.

4.-Más allá de la forma de construcción del natatorio y de su profundidad, el lugar en que el accionante se zambulló contaba con 1,50 mts., lo cual no parece poco caudal si se considera que el actor era una persona calificada y experimentada para las tareas que le fueron asignadas.

 

Fallo:

En la Ciudad de San Isidro, Provincia de Buenos Aires, a los .días de Julio de 2012, se reúnen en Acuerdo los señores Jueces de la Sala Primera de la Cámara Primera de Apelación en lo Civil y Comercial del Departamento Judicial de San Isidro, Dres. Hugo O. H. Llobera y Carlos Enrique Ribera, para dictar sentencia en el juicio: «CAGNONES ARIEL GERARDO C/FUNDACION HINDU CLUB S/ DAÑOS Y PERJUICIOS» y habiéndose oportunamente practicado el sorteo pertinente (arts. 168 de la Constitución de la Provincia de Buenos Aires y 263 del Código Procesal Civil y Comercial), resulta que debe observarse el siguiente orden: Dres.LLobera y Ribera, resolviéndose plantear y votar la siguiente:

CUESTIÓN

¿Es justa la sentencia apelada?

VOTACIÓN

A LA CUESTIÓN PLANTEADA EL DR. LLOBERA, dijo:

I) Los antecedentes

Ariel Gerardo Cagnones persigue el resarcimiento por las lesiones sufridas como consecuencia de haberse lanzado de cabeza en el natatorio de la demandada, en ocasión de desempeñarse como instructor de natación

La demanda es desestimada, por encontrar como único responsable en el accidente a la víctima. Impuso las costas al accionante y reguló los honorarios de los profesionales intervinientes (fs. 503/510).

II) La apelación

El accionante apela la decisión (fs. 514) y expresa agravios (fs. 525/529), los que no fueran contestados por la contraria.

III) Los agravios

La responsabilidad

a) El planteo

El actor sostiene que en la sentencia se esgrime que la piscina no es en si misma una cosa peligrosa; entiende que ello es erróneo, tanto es así que la legislación que regula la habilitación y funcionamiento de los natatorios, impone la presencia de guardavidas con la clara finalidad de prevención y garantía.

Alegan que la condición de inerte de la pileta no impide roturlarla como viciosa o riesgosa por su peligrosidad, por el uso indebido y por la potenciación de los riesgos que se derivan de la inadecuada vigilancia o elección de los medios para evitar su utilización.Dicen que la forma atípica de la pileta y la falta de señalización de la profundidad en forma adecuada, la tornan en una cosa peligrosa.

Objeta asimismo, la responsabilidad que se reatribuye al actor; afirma que es erróneo considerar que un profesor de educación física debe necesariamente tener conocimientos sobre la construcción de natatorios. Alega que colisionó contra el fondo por las características especiales de la pileta y su mala señalización. Cuestiona la interpretación que se efectuara sobre los testigos y la inspección ocular

b) El análisis

i. El carácter vicioso de la cosas

De conformidad con lo dispuesto por el art. 1113 del Código Civil en los supuestos de daños causados con las cosas, el dueño o guardián para eximirse de responsabilidad, deberá demostrar que de su parte no hubo culpa; pero cuando el daño hubiera sido causado por el riesgo o vicio de la cosa, sólo se eximirá total o parcialmente de responsabilidad acreditando la culpa de la víctima o la de un tercero por quien no deba responder.

Es el juez quien debe evaluar en cada caso concreto si la cosa, por cualquier circunstancia, genera o no un riesgo y aplicar una u otra normativa, que como se señaló, requieren la acreditación de distintos supuestos para exonerarse de responsabilidad.

Una cosa puede ser riesgosa o viciosa cuando presenta un defecto de fabricación, de funcionamiento, de conservación o de información, que la tornan no apta para la función que debe cumplir de acuerdo con su naturaleza. Sin embargo, desde el punto de vista de la responsabilidad civil que surge del art. 1113 Cód.Civil, el vicio de la cosa sólo tiene repercusión en tanto y en cuanto tenga virtualidad suficiente para convertirse en una fuente potencial de riesgos para terceros.

Existen cosas que por su propia naturaleza o funcionamiento son riesgosas en si mismas; también existen otras que por su sencillez o su estado inerte carecen naturalmente de esa virtualidad, pero en conjunción con otras o en determinadas circunstancias resultan aptas para producir daños al intervenir en forma activa en la producción del resultado (CN Civ., Sala L, junio de 1995; en E.D. 169-279; CN. Civ., Sala F 8/9/98, en D.J. 1999- 2 pág. 1000; S.C.B.A. Ac. n° 44.069 del 17/12/91, Ac. n° 82.047 del 11/6/03; esta Sala I, causas nº 98.881, 107.842, entre otras). La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha resuelto que cuando la víctima ha sufrido daños que imputa al riesgo o vicio de la cosa, a ella incumbe demostrar la existencia del riesgo o vicio y la relación de causalidad entre uno y otro y el perjuicio; esto es, el damnificado debe probar que la cosa jugó un papel causal, acreditando cuando se trata de cosas inertes, la posición o el comportamiento anormal de la cosa o su vicio («O`Mill, Allan Edgar c/ Neuquén Provincia del s/ Cobro de Australes» del 19/11/1991; public. en FALLOS 314-1507).

Éste ha sido el razonamiento seguido por el sentenciador, al cual adhiero plenamente.

Se ha caracterizado al riesgo como la contingencia o probabilidad de ocasionar un daño a terceros, el fundamento para calificarlo radica en la incorporación al medio social de un elemento dotado de peligrosidad, debe existir un factor objetivo de atribución: el haber creado el riesgo del cual se sigue el daño. Al agente se le imputa haber potenciado con su conducta el peligro de dañosidad ínsito en el obrar humano (Goldenberg, Isidoro, «El riego creado en los accidentes de tránsito», en Rev.Derecho de Daños, Accidentes de Tránsito II, Santa fe 1998, pag. 270; causa n° 92.050, «Lopez, Eva L. Y otros c/ Supermercados Mayoristas Yaguar S. A s/ Daños y perjuicios»).

En este caso concreto, no encuentro acreditada que la pileta de natación, conforme la forma en que se sucedieron los hechos y las condiciones personales del reclamante, se haya constituido como un factor de riesgo que genere por sí sola responsabilidad; al contrario, en mi parecer, ha sido la conducta del propio accionante, la que fue determinante en la producción del accidente.

El actor es profesor de educación física e instructor de natación, desarrollando su labor en la institución demandada; en el ejercicio de tal actividad, es que sufrió el accidente. Su profesión, me permite inferir, que se encontraba calificado para realizar dicha actividad, máxime cuando se le había encargado la enseñanza a menores de edad.

El deber de prudencia y responsabilidad, que se le debe exigir es mayor, en función de su especialización y conocimientos, ello de conformidad con lo dispuesto por el art. 902 del Código Civil.

La profundidad de la pileta, entiendo que no le debió ser desconocida, máxime cuando la relación contractual fue renovada durante varios años en dicha institución. Si bien no concurría con asiduidad a la piscina grande, lo cierto es que conforme sus propios dichos, lo había hecho en más de una oportunidad.

Sus colegas, que desarrollaban similares tareas, no ignoraban la forma y profundidad de la pileta. En efecto, la testigo Andrea Keegan, profesora de natación en dicha institución, concurría a la piscina grande, en alguna oportunidad, al igual que lo hacia el accionante; sin embargo, tenía pleno conocimiento del natatorio. Manifestó la testigo, que veía a la gente con el agua hasta la cintura (fs. 148); además observaba si sus alumnas hacían pie, si sabían nadar y cual era el nivel del grupo (resp.10), conducta que, evidentemente, el accionante no observó.

La testigo Laura Georgina Garrote, también instructora de natación, a pesar de concurrir en forma eventual a la pileta grande, dio cuenta de la forma de la pileta y la profundidad que tenía en los extremos (fs. 145/146).

Ambos testigos no fueron objetados en los términos el art 456 del CPCC, por lo que no encuentro motivo justificado para apartarme de sus dichos.

Mas allá de la forma de construcción del natatorio y de su profundidad, lo cierto es que el lugar en que el accionante se zambulló contaba con 1,50 mts. (fs. 420/425), lo cual no parece poco caudal, si se considera que el actor era una persona calificada y experimentada para las tareas que le fueron asignadas.

En cuanto a la falta de señalización de la profundidad, no ha sido acreditada; la circunstancia alegada por el actor, ha quedado en el mero plano de las alegaciones, carga que en mi parecer incumbía al accionante (art 375 del CPCC). Si bien es cierto que tanto el acta de inspección ocular (fs. 256, de fecha 1 de junio de 2005) y lo que surge la pericia efectuada por perito ingeniero (fs. 420/425 de febrero de 2008), han sido efectuadas mucho tiempo después de sucedido el accidente (febrero de 2000), ambas son contestes acerca de la existencia de señales demarcatorias de profundidad. Es de destacar que la pericia no fue objetada en la instancia de origen por las partes, por lo que no corresponde en esta etapa, cuestionar, su alcance o fundamento, cuando fue consentida y no existe elemento alguno que permita inferir lo contrario (art. 375, 384 , 474 del CPCC). Los testigos no han podido precisar si al tiempo del hecho aquellas existían.

Toda reclamación indemnizatoria para prosperar, cualquiera sea el supuesto del cual se trate, requiere la acreditación de los siguientes presupuestos:a) existencia y acreditación de un daño causado; b) antijuridicidad de ese daño producido por una acción u omisión ilícita; c) existencia de un factor de atribución de responsabilidad; y d) un nexo causal adecuado entre el acto u omisión antijurídica y el daño causado.

En virtud del análisis efectuado, entiendo que ha sido la víctima quien con su propia impericia y negligencia provocó el accidente, interrumpiendo el nexo causal entre el hecho y el daño, por lo que corresponde desestimar la demanda.

c) La propuesta al Acuerdo

En virtud de lo analizado y lo dispuesto por el art 1113 del Código Civil propongo al Acuerdo la confirmación de lo decidido en la instancia de origen.

IV. Las costas de la Alzada

Atento la solución esbozada, propongo que las costas se impongan al recurrente vencido (art. 68 del C.P.C.C.).

Por todo lo expuesto, voto por la AFIRMATIVA.

Por los mismos fundamentos, el Dr. RIBERA votó también por la AFIRMATIVA.

Con lo que terminó el Acuerdo dictándose la siguiente:

SENTENCIA

Por lo expuesto en el Acuerdo que antecede, se confirma la sentencia dictada en todo cuanto ha sido materia de agravios

Las costas de esta Alzada se imponen al recurrente vencido

Regístrese, notifíquese y devuélvase.

Carlos Enrique Ribera

Juez

Hugo O.H. Llobera

Juez

Miguel L. Alvarez

Secretario

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