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Si el distanciamiento del cónyuge respondía a cuestiones laborales, no se configura abandono del hogar.

Partes: S., A. J c/ D. C., E. s/ divorcio 

Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil 

Sala/Juzgado:

Fecha: 22-feb-2012 

Cita: MJ-JU-M-71597-AR | MJJ71597 | MJJ71597 

Para que se configure la causal de abandono del hogar, debe existir un alejamiento que opera por la decisión privada y arbitraria de uno de los cónyuges, con el propósito de sustraerse del cumplimiento de todas o de algunas de las obligaciones emergentes del vínculo matrimonial; no quedando configurado el supuesto en autos, pues hubo un distanciamiento material del esposo por razones laborales.

Sumario:

1.-Corresponde confirmar la sentencia de primera instancia, la cual rechazó la demanda e hizo lugar parcialmente a la reconvención perpetrada por la cónyuge, decretándose consecuentemente el divorcio vincular por culpa exclusiva del esposo, por haber incurrido en la causal de injurias graves prevista en el art. 202, inc. 4º del Código Civil.

 2.-Se considera injuria a toda especie de actos intencionales o no, ejecutados de palabra, por escrito o mediante actitudes que constituyan una ofensa para el cónyuge o ataquen su honor, su reputación o su dignidad hiriendo sus justas susceptibilidades. La injuria en materia de separación no supone necesariamente la intención de dañar, pues la imputabilidad puede derivar tanto de una actitud dolosa como culposa, no es preciso pues el animus injuriandi ; las injurias además deben ser graves, revisten tal característica, aquéllas que por su intensidad y trascendencia hacen imposible al cónyuge ofendido el mantenimiento de la convivencia, será el juez quien aprecie esta situación, tomando en consideración la educación, posición social y demás circunstancias de hecho que puedan presentarse, es decir, la gravedad se califica en función de circunstancias subjetivas.

 3.-Luego de apreciar la prueba producida en el expediente, de conformidad con las reglas de la sana crítica, se llegó a la conclusión de que sólo la demandada logró acreditar la conducta injuriosa que atribuyó a su cónyuge, en tanto de la prueba testimonial que examina surgen que la actitud del demandado resulta contraria a la consideración, respeto y afecto inherentes al matrimonio, por lo que se admite la causal de injurias graves alegada por la demandada.

 4.-No puede prosperar el agravio de la demandada, en cuanto acusa de abandono del hogar a su marido, pues la causal invocada -prevista en el inc. 5° del art. 202 del CCiv.-, consiste en el alejamiento que se opera por la decisión privada y arbitraria de uno de los cónyuges, con el propósito de sustraerse del cumplimiento de todas o de algunas de las obligaciones emergentes del vínculo matrimonial; lo cual no queda configurado si sólo hubo un distanciamiento material del esposo por razones laborales, siendo en el caso de autos la separación consensual, es decir presume el mutuo consentimiento.

 Fallo:

 En Buenos Aires, a los 22 días del mes de febrero del año dos mil doce, hallándose reunidos los señores jueces de la Sala «M» de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, Dres. Elisa M. Diaz de Vivar, Mabel De los Santos y Fernando Posse Saguier, a fin de pronunciarse en los autos «S. A. J. c/D. C. E. N. s/divorcio», el Dra. Diaz de Vivar dijo:

 I.- La sentencia dictada por la Dra. Patricia Zabotinsky, rechazó la demanda e hizo lugar parcialmente a la reconvención decretando el divorcio de los cónyuges por culpa del marido al estar incurso en la causal de injurias graves.

 Apeló y expresó agravios quejándose en los términos del escrito presentado a fs. 387 y sgtes.

 

II.- Las partes se casaron en 1985 siendo el marido viudo con tres hijas y la mujer, soltera siete años mayor que él. Se conocieron siendo él subcomisario y ella una abogada que formalizó una denuncia ante la comisaría en la que él se desempeñaba.

 El actor invocó conflictos y peleas con la hija L. (hoy fallecida), por lo cual decidieron vivir en forma independiente, pero a raíz de planteos y discusiones con cambio de cerradura mediante, debió pernoctar en el domicilio de las hijas.

 En 1993 le dieron el pase a Comodoro Rivadavia y ella no se trasladó por lo cual invocó esta negativa como el primer abandono de la cónyuge. En una visita que efectuó lo acusó de tener una amante lo cual fue una injuria más. En fin siguió narrando otras situaciones (que no son las que enumera en la expresión de agravios) que culminaron en el reclamo de ella de alimentos en 1996 y una separación personal de más de 15 años (ap.X de fs. 392 y sgtes.).

 La lectura detenida de las declaraciones de los testigos de cargo conduce a avalar que no ha quedado probada la causal invocada. Si bien Simone (fs.243) era uno de los amigos que lo acompañaban a retirar sus cosas cuando se producía alguna de las separaciones, lo cierto es que la conducta del marido referida por la testigo Radaelli quien acompañó a la cónyuge a Aeroparque comprobando que S. viajaba con una mujer y cómo increpó al marido y a su acompañante dan cuenta de quién daba lugar a tales situaciones no era precisamente ella.

 

Otros han referido que la relación con las hijas no era fácil, pero entendían que las circunstancias no ayudaban. Se trataba de tres niñas que habían perdido a su madre y Díaz Casenave, profesional que ejercía la abogacía, soltera, se casó con el viudo -que conocía todo esto- por lo cual deducen que quizá no supo o no pudo afrontar el manejo del grupo (Di Virgilio, repr. 7ª, fs. 246).

 

III.- Se considera injuria a toda especie de actos intencionales o no, ejecutados de palabra, por escrito o mediante actitudes que constituyan una ofensa para el cónyuge o ataquen su honor, su reputación o su dignidad hiriendo sus justas susceptibilidades.

 

La injuria en materia de separación no supone necesariamente la intención de dañar, pues la imputabilidad puede derivar tanto de una actitud dolosa como culposa, no es preciso pues el «animus injuriandi» (contra: Lafaille, Héctor, Curso de Derecho Civil, compilado por Frutos y Argüello, pág. 139 y sgtes., ed. Biblioteca Jurídica Argentina, Buenos Aires 1930).

 Los autores están contestes en que no resulta necesario que el acto se ejecute a sabiendas y con intención de dañar, sino que basta que sea voluntariamente obrado, con discernimiento, intención y libertad como para poder imputar las consecuencias dañosas al autor a título de culpa, que importen errores de conducta de los que se tiene o se debe tener el convencimiento de su incompatibilidad con los deberes matrimoniales, porque implican objetivamente una afrenta o humillación para el otro esposo.

 Las injurias además deben ser graves.Revisten tal característica, aquéllas que por su intensidad y trascendencia hacen imposible al cónyuge ofendido el mantenimiento de la convivencia. Para apreciar esta situación, será el juez el encargado de tomar en consideración la educación, posición social y demás circunstancias de hecho que puedan presentarse. Es decir, la gravedad se califica en función de circunstancias subjetivas (conf. Zannoni, Eduardo, Derecho de Familia, T.2, pág. 86, n° 552/553, Ed. Astrea, 1981; Mazzinghi Jorge, Derecho de Familia, t. III, págs.77 y sgtes.; Abeledo Perrot, 1981).

 La pluralidad de hechos injuriosos no resulta un requisito esencial para que se configure la causal, ya que uno solo de particular gravedad puede ser suficiente para motivar la separación, como así también la reiteración de ofensas que aisladamente resultarían ser leves se pueden tornar en graves, cuando hacen imposible la vida en común (conf. Belluscio, Augusto César, Derecho de Familia» Tomo III, 228 y sgtes., n° 736, Depalma, 1981).

 La injuria como causal de divorcio es residual, por lo que su conceptualización es imprecisa. Se alude así, al atentado a la dignidad del cónyuge, al menosprecio mediante palabras, gestos, vías de hecho, omisión de conductas debidas, ultraje al honor y reputación del otro, trato desconsiderado, actitudes impropias, problemas de carácter por la violencia o lo irascible, el provocar frecuentes discusiones y escenas enojosas sin motivos serios, los incumplimientos al deber de asistencia tanto material como moral; en fin, los incidentes que quiebran la armonía familiar.

 Las enseñanzas de la doctrina y jurisprudencia de nuestros tribunales es tan múltiple como innumerable, por lo que cabe concluir en que es imposible lograr una fórmula única abarcativa de todos los supuestos.Por este motivo, como lo que es injurioso para uno, puede no serlo en otro caso para otra persona -por aquella razón de las circunstancias socioculturales de los protagonistas-, es mi convicción que en el caso la enumeración de la demanda sólo ha proporcionado al juzgador un tipo de conductas o perfil de lo que para ese cónyuge en particular implica la ofensa a su dignidad, sin sujetarse estrictamente a los hechos y circunstancias que se describen en el inicio. Por ello, considero que no era indispensable o excluyente especificar en la demanda con detalle y precisión todos y cada uno de los hechos comprometidos en la causal que invocaba, sino que ha bastado que se citen algunos ejemplos como guía direccional de la conducta imputada. Sin embargo, no pueden obviarse los de cierta gravedad o fisonomía especial.

 La enumeración de las causales de divorcio es taxativa -enseña el Dr. Belluscio-, en cuanto marca los géneros de hechos que lo pueden configurar, pero tales hechos son dúctiles y abarcan infinidad de especies cuya valoración está subordinada al criterio judicial, «lo que ocurre de manera muy especial en las injurias graves» (conf. Belluscio, A., op. cit, III, pág. 198, n° 721 y fallo de esta sala, mi voto en L.n° 449794).

 En cuanto al abandono, esta causal invocada que prevé el inc. 5° del art. 202 del Código Civil, se puede decir que es el alejamiento que se opera por la decisión privada y arbitraria de uno de los cónyuges, con el propósito de sustraerse del cumplimiento de todas o de algunas de las obligaciones emergentes del vínculo matrimonial. Considero que el traslado dispuesto del Comisario a Comodoro Rivadavia, con una mujer que ejercía la abogacía en Buenos Aires, donde también quedaban las hijas, carece del elemento intencional. Sólo hubo un distanciamiento material del esposo por razones laborales.El episodio de la visita de ella para la fecha de su cumpleaños al marido distante es demostrativa de que la separación era consensual, es decir presume el mutuo consentimiento, asimilable a la producida por decisión de uno, pero consentida expresa o tácitamente por el otro (Fanzolato, Eduardo, en Bueres Highton, Código Civil…, T. 1, pág. 930, Hammurabi, 1995).

 IV.- Teniendo en cuenta los antecedentes referidos es que propondré a mis distinguidos colegas, de conformidad con el dictamen del señor Fiscal, confirmar la sentencia de grado en cuanto resulte decretar el divorcio por culpa del marido por haber incurrido en la causal de injurias graves, con costas al vencido (arts. 68 y conc. Del Código Procesal).-

 Los Dres. Mabel De los Santos y Fernando Posse Saguier adhieren por análogas consideraciones al voto precedente. Con lo que terminó el acto, firmando los señores jueces por ante mi que doy fe. Fdo: Elisa M. Diaz de Vivar, Mabel De los Santos y Fernando Posse Saguier. Ante mi, María Laura Viani (Secretaria). Lo transcripto es copia fiel de su original que obra en el libro de la Sala. Conste.

 MARIA LAURA VIANI

 Buenos Aires, febrero 22 de 2.012.

 Y Visto:

 Lo deliberado y conclusiones establecidas en el Acuerdo precedente, el Tribunal Resuelve: 1) Confirmar la sentencia de primera instancia, decretando el divorcio por culpa del marido por haber incurrido en la causal de injurias graves; 2) Imponer las costas de Alzada al vencido (art. 68 del CPCCN).

 Hágase saber que la publicación de la presente se encuentra supeditada a la previa sustitución por iniciales de los nombres de las partes y los profesionales intervinientes (conf. art. 164 , segundo párrafo del CPCCN y art. 64, inc. b) del Reglamento para la Justicia Nacional).

 Regístrese, notifíquese y devuélvase.-

 ELISA M. DIAZ de VIVAR – MABEL DE LOS SANTOS – FERNANDO POSSE SAGUIER

 

 

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