El desinterés por trabajar, contar con personal doméstico e ir al gimnasio, no importan injurias graves a los efectos del divorcio

Voces: DIVORCIO POR CULPA EXCLUSIVA DE UNO DE LOS CÓNYUGES – FAMILIA – DIVORCIO VINCULAR – CAUSALES DE DIVORCIO – CAUSALES SUBJETIVAS – INJURIAS GRAVES

 Partes: D. N. P. D. c/ S. E. J. s/ divorcio

 Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil

 Sala/Juzgado: G

 Fecha: 7-jun-2012

 Cita: MJ-JU-M-73022-AR | MJJ73022 | MJJ73022

 El desintéres de la cónyuge en trabajar, sumado a las circunstancias de contar con personal de servicio doméstico y asistir al gimnasio no importan de por sí una injuria grave, decretándose el divorcio por exclusiva culpa del marido tras haberse probado el maltrato al que sometía a su mujer.

 Sumario:

  1.-Corresponde hacer lugar a la demanda de divorcio incoada por la cónyuge actora por exclusiva culpa del marido demandado, por haberse probado debidamente el maltrato a que la sometió durante el matrimonio, lo que configura la causal de injurias graves normada por los arts. 214 inc. 1° y 202 inc. 4° del CCiv.

 2.-El concepto de la causal contemplada en el art. 202, inc. 4º del CCiv. es toda especie de actos, intencionales o no, ejecutados de palabra, por escrito o por hechos, que constituyan una ofensa para el esposo, ataquen su honor, su reputación o su dignidad, hiriendo sus justas susceptibilidades.

 3.-Las injurias graves abarcan todo hecho positivo o negativo imputable a un cónyuge que ofenda al otro en sus afecciones legítimas, en su dignidad o amor propio, en su honor o decoro, apreciados esos hechos conforme a la educación, posición social y familiar de los esposos, así como a las demás circunstancias.

 4.-Aun prescindiendo de la reproducción de los dichos de los hijos relativos a los malos tratos atribuidos al padre que efectúa la citada profesional -que el cónyuge recurrente cuestionó por afectar el secreto profesional, pero no por su falta de veracidad- se coincide con la sentencia a quo en cuanto a que -sobre la base fundamentalmente de las declaraciones testificales (arts. 386 y 456 del CPCCN.)- se ha acreditado suficientemente la configuración de la causal prevista en el art. 202 inc. 4° del CCiv.

 5.-No se puede acompañar al cónyuge apelante en su pretensión de imputar a su consorte desinterés por trabajar y dedicación exclusiva hacia su persona por el hecho de contar con personal de servicio doméstico, asistir a un gimnasio o a clases de inglés impartidas en el colegio donde concurrían los hijos, ya que estas circunstancias no importan de por sí una injuria grave y responden más bien a los roles parentales -si se quiere tradicionales -que caracterizaban la vida familiar.

 6.-De la lectura del proceso de denuncia por violencia familiar no puede extraerse que hubiera sido instrumentado por la denunciante como estrategia jurídica a fin de sustraerse de las obligaciones matrimoniales; ello es así no solo porque era compatible con la conflictiva familiar existente, sino porque en el presente pleito se probó la existencia de actos injuriosos por parte del marido; por lo demás se debe ser muy cauteloso al tiempo de asignar consecuencias negativas para quien efectúa denuncias por violencia familiar en atención al claro interés público en que sus víctimas las formulen.

 7.-Resulta sumamente difícil, sino imposible, determinar cuál de los cónyuges es el responsable de la frustración del proyecto matrimonial que se concreta en unas causales legales de divorcio cuya demostración solo suele constituir alguno de los síntomas visibles del deterioro matrimonial, el conflicto conyugal no es un problema de uno de los cónyuges y suele ser una reacción a la conducta del otro.

 8.-Las causales de divorcio constituyen el antecedente necesario de la sentencia, pero suelen quedar en la penumbra todas las concausas que contribuyeron a dicho resultado, de allí que se ha llegado a sostener que no hay una causalidad adecuada entre el hecho del autor y el daño, pues intervienen distintos factores ya sean propios de los cónyuges o del entorno familiar o social, a lo que se ha agregado que no se trata de eliminar la responsabilidad individual, sino de que en la interacción íntima conyugal existe la dificultad o imposibilidad de determinar cuál es la real responsabilidad que cupo a cada uno de los esposos en el desencadenamiento de los hechos por los cuales se ha declarado el divorcio o la separación personal.

 9.-El divorcio o la separación personal deben ser enfocados desde la perspectiva del futuro que aguarda a los cónyuges, sobre todo cuando, habiendo hijos, deben continuar asumiendo los deberes y derechos frente a ellos; desde esta óptica, el divorcio, antes que servir para que los cónyuges, mirando hacia su pasado, traten de atribuirse las causas del fracaso de su unión, debe constituirse en el remedio para evitar que una convivencia imposible perdure cuando esta no es testimonio de unidad familiar.

  Fallo:

 En la Ciudad de Buenos Aires, Capital de la República Argentina, a los 7 días de Junio de Dos Mil Doce, reunidos en Acuerdo los Señores Jueces de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, para conocer en el recurso de apelación interpuesto en los autos caratulados: «D. N., P. D. c/ S., E. J. s/ DIVORCIO», respecto de la sentencia de fs. 435/442, el Tribunal estableció la siguiente cuestión a resolver:

 ¿ES JUSTA LA SENTENCIA APELADA?

 Practicado el sorteo resultó que la votación debía realizarse en el siguiente orden: Señores Jueces de Cámara Doctores CARLOS CARRANZA CASARES – BEATRIZ AREÁN – CARLOS ALFREDO BELLUCCI.-

 A la cuestión planteada el Señor Juez de Cámara Doctor Carranza Casares dijo:

 I.- La sentencia de fs. 435/442 hizo lugar a la demanda incoada por la actora y rechazó la reconvención interpuesta por el demandado, decretando el divorcio vincular de los cónyuges P. D. D. N. y E. J. S. por culpa exclusiva de este último, por estar incurso en la causal de injurias graves, conforme lo normado por los arts. 214 inc. 1° y 202 inc. 4° del Código Civil, con costas al vencido.

 II.- Este último apeló el fallo y presentó su memorial a fs. 458/473, cuyo traslado fue respondido a fs. 475/476; cuestiona la valoración de las pruebas testifical, documental e informativa efectuada por el pronunciamiento y reclama el rechazo de la demanda y la admisión de la reconvención.

 El Sr. Fiscal General dictaminó a fs. 481/482.

 III.- Ante todo, y una vez más, he de recordar que, como lo han señalado reiteradamente los fallos judiciales, resulta sumamente difícil, sino imposible, determinar cuál de los cónyuges es el responsable de la frustración del proyecto matrimonial que se concreta en unas causales legales de divorcio cuya demostración solo suele constituir alguno de los síntomas visibles del deterioro matrimonial.El conflicto conyugal no es un problema de uno de los cónyuges y suele ser una reacción a la conducta del otro. Esta naturaleza circular de la interacción hace extremadamente difícil establecer quién es el responsable del fracaso matrimonial. Las causales de divorcio constituyen el antecedente necesario de la sentencia, pero suelen quedar en la penumbra todas las concausas que contribuyeron a dicho resultado. De allí que se ha llegado a sostener que no hay una causalidad adecuada entre el hecho del autor y el daño, pues intervienen distintos factores ya sean propios de los cónyuges o del entorno familiar o social, a lo que se ha agregado que no se trata de eliminar la responsabilidad individual, sino de que en la interacción íntima conyugal existe la dificultad o imposibilidad de determinar cuál es la real responsabilidad que cupo a cada uno de los esposos en el desencadenamiento de los hechos por los cuales se ha declarado el divorcio o la separación personal (cf. Grosman, Cecilia, «La responsabilidad de los cónyuges entre sí y respecto de los hijos», en Ghersi, Carlos (coord), Los nuevos daños. Soluciones modernas de reparación, Ed. Hammurabi, 1995, p. 406).

 Aun cuando lo expresado no impide que desde el punto de vista jurídico puede decretarse el divorcio por culpa de uno solo de los cónyuges respecto del cual se hubiera acreditado que incurrió en una de las causales legalmente previstas, estimo que lo fundamental, de acuerdo con el desarrollo que las modernas ciencias sociales han realizado coadyuvando al progreso del derecho a través de la observación, es evitar que los vínculos familiares se desquicien por el mismo proceso de divorcio, por las imputaciones recíprocas que allí se hacen los cónyuges. El divorcio o la separación personal deben ser más bien enfocados desde la perspectiva del futuro que aguarda a los cónyuges, sobre todo cuando, habiendo hijos, deben continuar asumiendo los deberes y derechos frente a ellos.Desde esta óptica, el divorcio, antes que servir para que los cónyuges, mirando hacia su pasado, traten de atribuirse las causas del fracaso de su unión, debe constituirse en el remedio para evitar que una convivencia imposible perdure cuando esta no es testimonio de unidad familiar (Bossert, Gustavo y Zannoni, Eduardo, Manual de Derecho de Familia, Ed. Astrea, 2004, p. 332; C.N.Civ., esta sala, L. 480.999, del 27/11/07).

 A la luz de lo expuesto, he de interpretar los agravios del recurrente quien aduce no haber sido él quien incurrió en injurias graves, sino su consorte reconvenida.

 El concepto de esta causal contemplada actualmente en el art. 202, inc. 4º del Código Civil, ha sido objeto, desde antaño, de una nutrida elaboración jurisprudencial y doctrinal que, como en otras ocasiones, corresponde traer a colación. En este sentido merece destacarse, por su amplia aceptación, la caracterización dada por el juez Barraquero como toda especie de actos, intencionales o no, ejecutados de palabra, por escrito o por hechos, que constituyan una ofensa para el esposo, ataquen su honor, su reputación o su dignidad, hiriendo sus justas susceptibilidades (cf. C.Civil 1ª de la Capital Federal, del 6/8/45, Jurisprudencia Argentina 1945-IV, 68; La Ley, t. 39, p. 748).

 Abarca todo hecho positivo o negativo imputable a un cónyuge que ofenda al otro en sus afecciones legítimas, en su dignidad o amor propio, en su honor o decoro, apreciados esos hechos conforme a la educación, posición social y familiar de los esposos, así como a las demás circunstancias (cf. Spota, Alberto G, Tratado de Derecho Civil. Derecho de Familia, Ediciones Depalma, Buenos Aires, 1968, v. II, p. 661; ver también Busso, Eduardo B., Código Civil Anotado, Ediar, 1945, t. II, p. 206; Borda, Guillermo, Tratado de Derecho Civil. Familia, Ed. Abeledo Perrot, Buenos Aires, 1989, t. I, p. 387; Belluscio, Augusto, Derecho de familia, Ed. Depalma, Buenos Aires, 1981, t. III, p. 228 y ss.; Perrino, Jorge Oscar, Derecho de Familia, Ed. Lexis Nexis, Buenos Aires, 2006, t. II, p.1055).

 La amplitud que encierra ese concepto ha conducido a sostener que, más allá de la innegable tipicidad de las distintas causales de separación personal y divorcio, se está en presencia de una suerte de causal residual, por cuanto todas las demás, en un intento de síntesis, podrían encerrarse en la genérica calificación de injurias (cf. Busso, ob. y lug. cit.; Zannoni, Eduardo A., Derecho Civil. Derecho de Familia, Ed. Astrea, Buenos Aires, 1993, t. II, p. 84; Lagomarsino, Uriarte, Separación personal y divorcio vincular, Ed. Universidad, Buenos Aires, 1991, p. 173; Sambrizzi, Eduardo A., Separación personal y divorcio, Ed. Abeledo Perrot, Buenos Aires, 1999, t, I, p. 188; Mizrahi, Mauricio Luis, Familia, matrimonio y divorcio, Ed. Astrea, Buenos Aires, 2006, p. 317; Mazzinghi, Jorge A., Tratado de Derecho de Familia, Ed. La Ley, Buenos Aires, 2006, t. III, p. 72; Solari, Néstor E., «Hechos que constituyen injurias graves entre cónyuges», en La Ley, 2008-A, p. 438, comentario a la sentencia de esta sala L.486.072, del 27/11/07, con voto de la Dra. Areán).

 En definitiva, comprende toda seria vulneración de los deberes matrimoniales, toda falta grave de fidelidad al compromiso asumido por los consortes. Este deber de fidelidad en sentido genérico -comprensivo de todos los deberes conyugales- se corresponde, entonces, con la igualmente genérica causal de injurias.

 Ahora bien, a pesar del esfuerzo argumental del recurrente coincido con la sentencia en cuanto a que se ha acreditado suficientemente que ha incurrido en la aludida causal.

 La testigo de fs. 291/292, que conoce a ambas partes desde el año 1994, dio cuenta de «una relación de sometimiento por parte de Patricia» y de la manera descalificatoria en la que Ernesto se dirigía a ella, «inclusive lo que yo observaba era un maltrato de los hijos hacia la madre que era lo que ellos veían y de esa manera la trataban mal». La declarante de fs.288/290, madre de un compañero de uno de los hijos del matrimonio, a su vez narró que la cónyuge tenía «miedo» y «pánico».

 Quien dio testimonio a fs. 240/242, con trato con las partes desde hacía diez o doce años atrás, narró que la relación en el matrimonio era mala «la he visto muchas veces llorando, una vez presencié insultos en una cena que habíamos ido un grupo de gente», «a la salida medio como que la arrebata, se escuchan algunos insultos y nosotros estábamos a un costado viendo a ver qué pasaba». «El último episodio que vi fue que Patricia estaba golpeada, venía ella de la clínica, pasó por mi negocio, tenía un golpe en la cara, es ahí cuando ella decide divorciarse».

 La profesora particular de los niños también dijo que la relación era mala y que la mucama le había contado que «el señor la trataba muy mal a la señora, que ella lloraba siempre, que sufría».

 A estas manifestaciones indicativas de injurias graves, se le añaden las declaraciones de la psicopedagoga que atendió a los hijos durante varios años, quien expresó a fs. 228/231 que no había podido conocer al padre porque, «habiéndolo citado para entrevistas nunca podía por falta de tiempo», «que no concurrió nunca» y que «solo había podido contar con la mamá en el crecimiento y desarrollo de estos chicos» y narró que un día la había visto a ella «con un ojo y un brazo como un golpe» y ella le había dicho «ya sabe como es mi marido».

 Aun prescindiendo de la reproducción de los dichos de los hijos relativos a los malos tratos atribuidos al padre que efectúa la citada profesional -que el cónyuge recurrente cuestionó por afectar el secreto profesional, pero no por su falta de veracidad- coincido con la sentencia en cuanto a que -sobre la base fundamentalmente de las declaraciones testificales (arts.386 y 456 del Código Procesal)- se ha acreditado suficientemente la configuración de la causal prevista en el art. 202 inc. 4° del Código Civil.

 Por el contrario, no puedo acompañar al cónyuge apelante en su pretensión de imputar a su consorte desinterés por trabajar y dedicación exclusiva hacia su persona por el hecho de contar con personal de servicio doméstico, asistir a un gimnasio o a clases de inglés impartidas en el colegio donde concurrían los hijos, ya que estas circunstancias no importan de por sí una injuria grave y responden más bien a los roles parentales -si se quiere tradicionales -que caracterizaban la vida familiar.

 Tampoco permite tener por acreditada una conducta injuriosa la afirmación de un amigo de la infancia del demandado, en cuanto que «notaba un poco de indiferencia a lo mejor por parte de ella, pero no sé el motivo» (fs. 285), evidentemente imprecisa y conjetural.

 Por otra parte aun cuando la testigo de fs. 275/276, que trabajó en el servicio doméstico, afirmó que había terminado siendo niñera, haciendo la limpieza, los mandados, cocinar»; la de fs. 273/274, que también se desempeñó en esos menesteres, sostuvo que era la actora quien cocinaba. Además, el vicerrector del colegio expresó a fs. 235/237 «yo siempre vi, hablé y mantuve trato con la señora» y que era ella la que siempre estaba presente (y otro tanto narró la testigo de fs. 288/290). El médico que atendía a los niños dijo a fs. 233/234 que la única que se ocupaba de los problemas de salud de aquellos era la madre.

 Y quien trabajó como maestra particular de los hijos durante cerca de diez años manifestó, a fs.238/239, que la demandante era «una madre muy dedicada, casi demasiado dedicada, porque permanentemente vivía al servicio de los hijos, los ayudaba en la tareas, los traía, los llevaba, les cocinaba los platos preferidos, era una atención excesiva».

 Tampoco encuentro demostrada la infidelidad endilgada a la actora, pues sin perjuicio del criterio con el que cuadra examinar la cuestión tratándose de hechos posteriores a la promoción de este juicio de divorcio -que lleva seis años de trámite-, lo cierto es que la sola declaración del encargado del edificio, que se halla enemistado con la demandante, sobre un supuesto vínculo con quien ni se identifica ni se describe (fs. 267/269) no parece suficiente como para justificar el progreso de la reconvención . Máxime cuando no se advierte qué relación tendría el relato del testigo con el hecho nuevo planteado a fs. 124/131 -y no probado- respecto del cual se había invocado la existencia de la infidelidad.

 Asimismo, coincido con la sentencia en cuanto a que de la lectura del proceso de denuncia por violencia familiar no puede extraerse que hubiera sido instrumentado por la denunciante como estrategia jurídica a fin de sustraerse de las obligaciones matrimoniales; ello es así no solo porque era compatible con la conflictiva familiar existente (cf. informe psicológico agregado a fs. 131/132 de esos autos), sino porque en el presente pleito se probó la existencia de actos injuriosos por parte del marido. Por lo demás se debe ser muy cauteloso al tiempo de asignar consecuencias negativas para quien efectúa denuncias por violencia familiar en atención al claro interés público en que sus víctimas las formulen.

 IV.- En su mérito, después de examinar los argumentos y pruebas conducentes, propongo al acuerdo confirmar la sentencia apelada con costas al vencido (art. 68 del Código Procesal).

 Los Señores Jueces de Cámara Doctores Beatriz Areán y Carlos Alfredo Bellucci votaron en el mismo sentido por razones análogas a las expresadas en su voto por el Doctor Carranza Casares. Con lo que terminó el acto.

 Buenos Aires, de junio de 2012.-

 Y VISTOS:

 Por lo que resulta de la votación de que instruye el acuerdo que antecede, de conformidad con lo dictaminado por el Sr. Fiscal General, SE RESUELVE: I.- Confirmar la sentencia apelada, con costas. II.- Los honorarios se regularán una vez establecidos los de la instancia anterior. Se deja constancia de que la publicación de esta sentencia se encuentra sujeta a lo establecido por el art. 164, segundo párrafo , del Código Procesal. Notifíquese -al citado magistrado en su despacho- y devuélvase.

 

CARLOS CARRANZA CASARES.

 

BEATRIZ AREÁN.

 

CARLOS ALFREDO BELLUCCI.

 

ES COPIA.-

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