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#Fallos Locación de obra: Las profesionales encargadas de la construcción no pueden eximirse de responsabilidad con sustento en que los cimientos mal hechos habían estado a cargo de su cliente

Partes: Brest y Brest S.R.L. c/ Tegovi S.A. y otros s/ ordinario

Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial

Sala / Juzgado / Circunscripción / Nominación: C

Fecha: 10 de noviembre de 2022

Colección: Fallos

Cita: MJ-JU-M-139368-AR|MJJ139368|MJJ139368

Siendo las demandadas las profesionales encargadas de la construcción, ni pueden eximirse de responsabilidad con sustento en que los cimientos mal hechos habían estado a cargo de su cliente.

Sumario:
1.-Es bien dudoso que, siendo las demandadas las profesionales encargadas de la construcción, pudieran ellas eximirse de responsabilidad con sustento en que los cimientos mal hechos habían estado a cargo de su cliente, pues si esos cimientos eran tan defectuosos que la construcción no habría de resistir una tormenta intensa, lo lógico hubiera sido que la obra no se realizara hasta tanto fuera remediado el problema y así debieron haberlo entendido los mismos demandados, desde que todos alegaron ese defecto y pretendieron que, debidamente anoticiada la actora, había sido ella quien había tomado la decisión de continuar la obra.

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2.-La naturaleza de la responsabilidad profesional impide descargar en el neófito las consecuencias de una decisión que él no está en condiciones de adoptar porque, precisamente, carece de los conocimientos técnicos y científicos de aquel a quien acude a esos efectos.

3.-De sostener que, por más defectuoso que hubieran sido los cimientos y por más que su construcción no hubiera estado a cargo de las demandadas sino de la actora, esas circunstancias no podían jurídicamente ser invocadas por las constructoras demandadas para eximirse de responsabilidad, a lo que se agrega que, al hacerlo, ellas mismas advirtieron la necesidad de invocar extremos fácticos que, condicionantes de la eximición que reclamaron, no probaron.

4.-La obra era una unidad, de lo que se deriva que mal podía ser construida sobre cimientos que no servían, extremo que debió ser -y lo fue -, detectado por las demandadas, que no hubieran debido llevarla a cabo si, por razón de esos defectos, la construcción habría de quedar expuesta al riesgo de sufrir un siniestro como el que después se verificó. Trasladado este razonamiento a otros ámbitos, sería tanto como aceptar que un médico puede eximirse de responsabilidad por someter al paciente a un tratamiento incorrecto por el solo hecho de que ese paciente insiste en que ese es su remedio. N.R.: Sumarios elaborados por Ricardo A. Nissen.

Fallo:
En Buenos Aires, a los 10 días del mes de noviembre de dos mil veintidós, reunidos los Señores Jueces de Cámara en la Sala de Acuerdos, fueron traídos para conocer los autos «Brest y Brest SRL c/ Tegovi SA y otros s/ Ordinario» (expediente N° 31164/2010; juzg. nº 16, sec. nº 32), en los que, al practicarse la desinsaculación que ordena el artículo 268 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, resultó que la votación debía tener lugar en el siguiente orden: Julia Villanueva (9) y Eduardo R. Machin (7).

Firman los doctores Julia Villanueva y Eduardo R. Machin por encontrarse vacante la vocalía 8 (conf. art. 109 RJN).

Estudiados los autos, la Cámara plantea la siguiente cuestión a resolver.

¿Es arreglada a derecho la sentencia apelada?

La señora juez Julia Villanueva dice:

I. La sentencia apelada.

La sentencia apelada hizo parcialmente lugar a la demanda promovida por Brest y Brest SRL contra Tegovi SA, contra Richel Serres de France Za Des Grandes Terres y contra Marcelo Patricio Bridi a efectos de obtener la reparación de los daños y perjuicios que la accionante alegó haber sufrido a causa del derrumbe de la estructura para su invernadero que adujo haber adquirido a las codemandadas.

Tras descartar que la causa de ese derrumbe hubiera sido una tormenta de intensidad anormal, el señor magistrado concluyó que el colapso se había debido a múltiples defectos en el montaje y en la instalación de la obra.

Sostuvo que tanto la actora como las codemandadas habían participado en esas tareas, de lo que derivó que había mediado culpa concurrente y que, por ende, cada una de ellas debía asumir los aludidos daños en un 50%.

A los fines de fundar ese aserto expresó, por un lado, que, contrariamente a lo manifestado por la demandante, el trabajo no había sido contratado con ajuste al sistema «llave en mano», por lo que ella no podía deslindarse de responsabilidad por la mala cimentación de la estructura.

Y, porel otro, tuvo por cierto -con sustento en el informe del ingeniero civil producido en autos- que el invernadero había colapsado, además, por el mal ensamble de las estructuras, tarea cuya supervisión había estado a cargo del señor Marcelo Bridi, quien había sido propuesto por la codemandada Tegovi SA como persona idónea para la dirección de la obra.

De otro lado, desestimó la defensa opuesta por «Richel» por considerar que no había acreditado la existencia de la limitación de responsabilidad invocada, en tanto había desistido de la traducción del contrato de distribución suscripto con Tegovi SA al idioma español.

Impuso las costas en el orden causado.

II. Los recursos.

1. La sentencia fue apelada por la actora y por las codemandadas Tegovi SA y Richel Serres de France Za Des Grandes Terres.

2. La accionante considera irrazonable la conclusión de que existió culpa igualitaria en la producción del daño y sostiene que el magistrado no expresó un solo fundamento destinado a respaldar esa decisión y efectuó, por las razones que expresa, una reseña parcial de la prueba producida.

Además, afirma que el señor juez no fundó su decisión de liberar a los derrotados del pago de las costas y que lo propio hizo con relación a la intensidad y a la proporción de responsabilidad que impuso a cada parte en el resultado dañoso.

De otro lado, tras criticar la sentencia apelada por cuanto omitió ponderar su calidad de consumidora, sostiene que la aplicación de la normativa respectiva hubiera permitido aceptar la configuración de la responsabilidad de los demandados en forma solidaria.

Finalmente, considera que, al haber reconocido sobre la suma de condena únicamente la tasa activa sin capitalizar, la sentencia soslayó el principio de reparación integral toda vez que desconoció el efecto de la desvalorización monetaria, por lo que solicita que se aumente la tasa de interés o bien se establezca algún sistema de capitalización.

3.Tegovi SA se queja de que el sentenciante haya considerado que la tormenta sucedida el día del derrumbe no revistió el carácter de caso fortuito, poniendo de resalto la magnitud y gravedad de ese suceso meteorológico.

De otro lado, critica la conclusión del magistrado acerca de la culpa concurrente, sosteniendo al efecto que esa decisión no se encuentra debidamente respaldada por los hechos que fueron probados en autos.

En tal sentido, considera que el juez omitió ponderar que el ingeniero Michel Testault había concluido que la caída del invernadero guardaba directa relación con la confección de las bases, que habían sido construidas por la actora en dimensiones inferiores a las recomendadas por su parte, de lo que deriva que solo la nombrada es la responsable del siniestro.

4. De su lado, «Richel» también reprocha al magistrado de grado que haya resuelto el caso prescindiendo de la incidencia del fenómeno meteorológico que cataloga como «hecho fortuito» y que haya desatendido la participación de las partes en el evento dañoso.

En tal sentido, tras explayarse sobre el criterio de la «causa adecuada» adoptado en nuestra ley, sostiene que el problema en el ensamble que puede ser atribuido al señor Bridi tuvo una incidencia secundaria y menor en la producción de los daños; de lo que deriva que, más allá del aludido temporal, la principal causa del derrumbe fue el error en las bases y cimientos a cargo de la accionante.

En subsidio, solicita que, en caso de que se asigne algún grado de responsabilidad a Tegovi SA, se rechace la demanda en su contra toda vez que quedó demostrado que no hubo vicio de fabricación ni ninguna participación de su parte en el montaje y en la supervisión de la obra.

III. La solución.

1.Como surge de la reseña que antecede, la actora reclamó en autos la indemnización de los daños y perjuicios que adujo haber sufrido como consecuencia del defectuoso montaje -que imputó a sus contrarias- del invernadero individualizado en el escrito inicial.

El juez admitió parcialmente la acción, lo cual motivó los agravios que recién he sintetizado, que trataré en forma conjunta pues, aunque con signo opuesto, conciernen al mismo asunto.

2. Las contendientes están contestes en la configuración de varios de los hechos que conforman la plataforma fáctica de esta litis.

Así, no es hecho controvertido que ellas efectivamente celebraron el contrato descripto en la demanda, por el cual la accionante adquirió -a través de Tegovi SA- un invernadero fabricado por «Richel».

Tampoco en controversia se encuentra hoy que ambas partes intervinieron en la instalación de dicho invernadero y, mientras la actora se encargó de los cimientos, el señor Marcelo Bridi -designado por las codemandadas- dirigió el montaje de la estructura.

Igualmente fuera de cuestión se halla que, tras una importante tormenta, el invernadero se derrumbó el día 26.04.2008, lo cual produjo a la actora los daños patrimoniales que ella indicó en el escrito inaugural.

En ese marco, la cuestión litigiosa exige determinar cuál de las contendientes debe considerarse responsable del evento y, en su caso, si fue o no correcto endilgarles culpa concurrente del modo en que se hizo en la sentencia apelada.

3.Como se dijo, ambas partes critican esta última solución.

Así, mientras las codemandadas sostienen que el sentenciante soslayó el evento meteorológico y atribuyó al ensamble de la estructura la misma incidencia en el resultado que la que tuvo el defectuoso cimiento, su adversaria se queja de lo contrario.

Dado el modo en que viene trabada la litis, lo primero que hay que considerar es si asiste o no razón a las demandadas en cuanto a que el siniestro se produjo por un caso fortuito, lo cual exige determinar si efectivamente la aludida tormenta puede ser catalogada como tal.

Según mi ver, el solo hecho de que el derrumbe haya acontecido el día del fuerte temporal que azotó la zona en donde se ubicaba el invernadero no basta a estos efectos.

No soslayo que el Servicio Meteorológico Nacional informó que se habían registrado tormentas eléctricas con lluvia y ráfagas de fuerte intensidad, ni que la noticia periodística del diario «El Litoral» (obrante a fs. 96/97 del cuaderno de prueba de la codemandada Tegovi SA) dio cuenta de que se habían dañado producciones hortícolas bajo tendaleros.

Sin embargo, más allá de que la demandante adquirió una estructura de metal que difiere en sus características de las que fueron dañadas -esencialmente de madera y plástico-, la aludida tormenta no fue «imprevisible» en los términos del art.1730 CCyC, ni puede aceptarse -porque no hay elementos- que su intensidad haya sido tal que no pudiera ser soportada por una construcción que, como la que nos ocupa, debe entenderse suficiente para soportar las inclemencias del tiempo, aun así de fuertes.

Esa visión de las cosas se confirma a la luz de otra evidencia, cual es que en autos se demostró que la causa del derrumbe fue otra, esto es, que se produjo con motivo de las deficiencias en la misma estructura y su montaje que señaló el ingeniero civil que refiero más abajo, de lo que se deduce que si esas falencias no hubiesen existido, el colapso tampoco hubiese acontecido, máxime si se tiene presente que en el mismo local existían otras estructuras -de materiales incluso más débiles que el invernadero en cuestión- que no sufrieron daños el día del temporal (ver testimonios obrantes a fs. 106 y 108 del cuaderno de prueba de la actora).

No hay, por ende, razones para admitir que el fenómeno meteorológico de referencia haya tenido alguna incidencia jurídicamente relevante en el evento: si influyó en los hechos, fue por las deficiencias de la obra, tanto en sus cimientos, como en su montaje, de lo cual se deriva que la tormenta en cuestión no fue ni un «caso fortuito», ni tuvo relación de causalidad -jurídicamente relevante a estos efectos- con el aludido siniestro.

4.Desechado ese primer argumento de la defensa, corresponde ingresar en las quejas vinculadas a la culpa concurrente que a las litigantes fue atribuida en la sentencia.

A mi juicio, el recurso de la actora debe prosperar y, por ende, debe ser rechazado el de sus contrarias.

Vale comenzar por destacar que las demandadas han dejado firme los presupuestos que condujeron al señor magistrado a imputarles responsabilidad.

Ha sido consentido, así, que ellas se encargaron de la dirección de la obra, a cuyo efecto designaron al señor Marcelo Bridi, que fue quien debía ocuparse del montaje respectivo y cuyos servicios fueron solventados por la actora.

También consentido se encuentra que la labor fue incorrectamente efectuada y que, por ende, las nombradas incurrieron en los graves defectos en el referido montaje que el señor juez tuvo por acreditados.

Fue así probado que la estructura estuvo mal ensamblada, pues no se respetaron las especificaciones del manual del fabricante, conclusión a la que el sentenciante arribó tras ponderar el peritaje del ingeniero civil producido a fs.395/97 del expediente labrado con motivo de la diligencia preliminar.

Los agravios de los defendidos no atacan estos aspectos, ni tampoco lo ha hecho el señor Bridi, quien ni siquiera recurrió la condena pronunciada en su contra.

En este contexto, la pretensión de que el derrumbe se produjo por culpa de la accionante carece completamente de asidero.

Es verdad que la construcción de los cimientos quedó a cargo de la actora y que se comprobó que también ellos presentaron graves defectos.

No obstante, esa circunstancia no puede razonablemente conducir a relevar a las demandadas de la responsabilidad total del siniestro.

Al contestar la demanda, el señor Bridi reconoció que había advertido que esos cimientos estaban mal hechos, pero alegó en su defensa que él había hecho saber esa circunstancia a «Tegovi» mediante correo electrónico y que, por medio del señor Luis Brest, la demandante le había dado la orden de continuar la obra.

También ofreció como prueba el testimonio del ingeniero que se había hallado a cargo, pero no acompañó ninguno de esos elementos.

Tampoco se probó la autenticidad del llamado «certificado de satisfacción» (ver fs.547), que contiene una leyenda -no firmada por nadiesegún la cual «el cliente se responsabiliza por la cimentación de base».

A mi juicio, es bien dudoso que, siendo las demandadas las profesionales encargadas de la construcción, pudieran ellas eximirse de responsabilidad con sustento en que los cimientos mal hechos habían estado a cargo de su cliente.

Como es claro, si esos cimientos eran tan defectuosos que la construcción no habría de resistir una tormenta intensa, lo lógico hubiera sido que la obra no se realizara hasta tanto fuera remediado el problema.

Así debieron haberlo entendido los mismos demandados, desde que todos alegaron ese defecto y pretendieron que, debidamente anoticiada la actora, había sido ella quien había tomado la decisión de continuar la obra.

La naturaleza de la responsabilidad profesional impide descargar en el neófito las consecuencias de una decisión que él no está en condiciones de adoptar porque, precisamente, carece de los conocimientos técnicos y científicos de aquel a quien acude a esos efectos.

No obstante, aun cuando se prescindiera de esa realidad, lo cierto es que, como dije, aquí no se probó el presupuesto fáctico sobre el cual las demandadas fundaron su pretensión de que habían sido eximidas de responsabilidad por haber realizado la obra sobre cimientos mal hechos, pues no hay un solo elemento cierto que dé cuenta de los ya referidos extremos invocados por el señor Bridi.

Parto, como expresé, de sostener que, por más defectuoso que hubieran sido los cimientos y por más que su construcción no hubiera estado a cargo de las demandadas sino de la actora, esas circunstancias no podían jurídicamente ser invocadas por las demandadas para eximirse de responsabilidad, a lo que se agrega que, al hacerlo, ellas mismas advirtieron la necesidad de invocar extremos fácticos que, condicionantes de la eximición que reclamaron, no probaron.

La obra era una unidad, de lo que se deriva que mal podía ser construida sobre cimientos que no servían, extremo que debió ser -y lo fue, según versiónde las propias defendidas- detectado por las demandadas, que no hubieran debido llevarla a cabo si, por razón de esos defectos, la construcción habría de quedar expuesta al riesgo de sufrir un siniestro como el que después se verificó.

Trasladado este razonamiento a otros ámbitos, sería tanto como aceptar que un médico puede eximirse de responsabilidad por someter al paciente a un tratamiento incorrecto por el solo hecho de que ese paciente insiste en que ese es su remedio.

En fin: más allá de que, como dije, hubiera sido en verdad dudoso que las demandadas se pudieran eximir de responsabilidad con sustento en que había sido su adversaria quien tuvo a cargo la construcción de marras, lo cierto es que, de todos modos, no se probó que, debidamente anoticiada de los defectos respectivos, haya sido la demandante quien insistió en continuar la obra en esas condiciones, lo cual me exime de la necesidad de abundar demasiado en las reglas que rigen este tipo de responsabilidad.

5. A esa conclusión arribo, con mayor razón, a la luz del resultado del peritaje del ingeniero civil José Varvasino producido en el marco de la ya referida diligencia preliminar (ver fs. 395/97).

Según mi ver, ese es el peritaje que debe ser atendido para resolver la causa, toda vez que el que fue realizado por el ingeniero mecánico señor Espósito a fs.929/30, carece de especificaciones técnicas y fue producido por quien tampoco estuvo en el lugar de los hechos y que, en cambio, sólo describió fotografías y atribuyó el derrumbamiento a un tornado que tuvo por cierto en función de los «recortes de diario» a los que allí se hizo referencia.

Los vicios constructivos que presentó la obra fueron claramente descriptos, en cambio, por el perito Varvasino, según peritaje que no fue impugnado por ninguna de las partes, por lo que tampoco existen razones que puedan justificar que la causa fuera resuelta prescindiendo de sus conclusiones.

Ese experto expuso allí que no se había efectuado un replanteo de los cimientos acorde «.con la implantación de una estructura del tipo industrializada que [exigía] una tolerancia mínima que aquí no había sido cumplida.».

Esa deficiencia, expresó el experto, derivó en una mecánica que no hubiera debido implementarse -estiramiento con malacate en la estructura para permitir el acoplamiento de las piezas-, y en la adopción de arbitrios que, como el de generar nuevos agujeros aparte de los que se hallaban industrializados en las piezas, provocó la ruptura de los que estaban en los bordes, lo cual condujo al perito a detectar tres vicios constructivos derivados por «encadenamiento consecuente entre sí».

Puso de resalto, asimismo, que no se había materializado la instalación de las piezas superiores de la viga de estabilidad, que hubieran aportado mayor rigidez estructural al sistema constructivo.

En ese marco, no parece demasiado relevante mencionar todos y cada uno de los tantos defectos que el mencionado profesional tuvo por ciertos, dado que, reitero, las partes consintieron ese peritaje y la responsabilidad de las demandadas por esos vicios se encuentra aceptada.

En cambio sí halló conducente destacar, en síntesis, que quedó evidenciado en ese peritaje que el manual que el propio fabricante había diseñado a fin de garantizar la estabilidad de la construcción fue gravemente contradicho, de lo cual derivó, siguiendo las reglas de la sana crítica, que el derrumbe de la estructura tuvo relación de causalidad adecuada con esos defectos, generandoen las demandadas una responsabilidad de la cual no podrían ellas relevarse con el sustento que invocaron.

Por tales razones, he de proponer a mi distinguido colega modificar la sentencia apelada e imponer sobre las nombradas la obligación de soportar la totalidad de la indemnización reclamada.

6. Así las cosas, paso a ocuparme de los agravios articulados por «Richel» a título personal.

En lo sustancial, ella ha requerido que, en caso de que Tegovi SA fuera condenada, se excluyera la responsabilidad de su parte por cuanto no habían existido vicios de fabricación ni ninguna participación suya en el montaje de la obra.

El planteo es improcedente.

Así lo concluyo a la luz del hecho de que, admitido que «Richel» es la fabricante del invernadero y siendo que no ha sido cuestionado que resulta aplicable al caso la ley de defensa del consumidor, forzoso es concluir que, sin perjuicio del derecho de repetición que pudiere asistir en el plano interno, los sujetos que intervinieron en la cadena que condujo a la prestación son solidariamente responsables frente a terceros (art. 40 ley 24.240).

7. Finalmente, el agravio de la accionante vinculado con su pretensión de actualizar la suma de condena al «valor de reposición» del invernadero en cuestión, tampoco puede prosperar.

Ello así, pues la Sala se encuentra inhibida de entender en ese aspecto, por no haber sido articulado al inicio de la acción ni, por ende, haber sido sometido a consideración del juez de primera instancia (art. 277 Código Procesal).

Por las mismas razones, tampoco es posible modificar la tasa de interés fijada en la sentencia apelada pues, más allá que el magistrado de grado aplicó la que pacíficamente utiliza el fuero, lo cierto es que fue la misma accionante quien solicitó esa tasa al demandar (ver fs. 8), lo cual exige manetenerla a fin de no vulnerar el aludido principio de congruencia.

IV. La conclusión.

Por lo expuesto, propongo al Acuerdo:a) hacer lugar parcialmente al recurso interpuesto por la actora y, en consecuencia, modificar la sentencia apelada en los términos que resultan de las consideraciones que anteceden; b) rechazar las apelaciones deducidas por las demandadas; c) imponer las costas a estas últimas por haber resultado sustancialmente vencidas (art. 68 del código procesal).

Por análogas razones, el Señor Juez de Cámara, doctor Eduardo R. Machin, adhiere al voto anterior.

Con lo que termina este Acuerdo, que firman ante mí los Señores Jueces de Cámara doctores

EDUARDO R. MACHIN

JULIA VILLANUEVA

RAFAEL F. BRUNO

SECRETARIO DE CÁMARA

Buenos Aires, 10 de noviembre de 2022.

Y VISTOS:

Por los fundamentos del acuerdo que antecede se resuelve: a) hacer lugar parcialmente al recurso interpuesto por la actora y, en consecuencia, modificar la sentencia apelada en los términos que resultan de las consideraciones que anteceden; b) rechazar las apelaciones deducidas por las demandadas; c) imponer las costas a estas últimas por haber resultado sustancialmente vencidas (art. 68 del código procesal).

Notifíquese por Secretaría.

Cúmplase con la comunicación ordenada por el art. 4° de la Acordada de la Excma. Corte Suprema de Justicia de la Nación 15/13, del 21.5.2013.

Firman los suscriptos por encontrarse vacante la vocalía n° 8 (conf. art. 109 RJN).

EDUARDO R. MACHIN

JULIA VILLANUEVA

RAFAEL F. BRUNO

SECRETARIO DE CÁMARA

En la misma fecha se registró la presente en el protocolo de sentencias del sistema informático Lex 100. Conste.

RAFAEL F. BRUNO SECRETARIO DE CÁMARA

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