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#Doctrina El Obscurantismo en el Siglo XXI: rápido, light y con conciencia social

Autor: Ciruzzi, M. Susana

Fecha: 31-may-2021

Cita: MJ-DOC-15976-AR | MJD15976

Sumario:

I. Introducción. II. Cancel Culture. III. El Caballo de Troya de la Libertad. IV. Una vuelta de tuerca a la (incorrección política). V. Coda. VI. Bibliografía.

Doctrina:

Por M. Susana Ciruzzi (*)

I. INTRODUCCIÓN

La libertad es siempre libertad para quien piensa diferente – Rosa Luxemburgo.

Quiero despertar el pensamiento crítico e invitarlos a despojarnos de prejuicios varios, convertirnos por unos minutos en vírgenes de ideologías y preconceptos y, con la única herramienta de la filosofía constitucional que cimenta el sistema republicano y democrático, analizar un viejo conocido vestido con ropajes millenials.

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¿Es correcto analizar obras de arte y expresiones culturales diversas (y en ello incluyo desde la pintura, la escritura, la música, el cine, el teatro hasta los dibujos animados) con la ideología o la mirada social de la actualidad y, en honor a la corrección política, censurarlos -en el caso más extremo- o reversionarlos para responder al progresismo bien pensante?

¿Podemos darnos un baño de total ascetismo y desarrollar conductas lo suficientemente neutras como para no herir a absolutamente nadie, ni de palabra ni de acción?

¿La posible ofensa que puede derivarse de la expresión apersonal de nuestras ideas, pensamientos o gustos puede tipificar una conducta legalmente reprochable?

¿Es posible ejercer la libertad propia sin aceptar la libertad de los otros?

Esta es la invitación que les propongo (de)construir en los siguientes párrafos porque «La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos. Con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre» (1).

II. CANCEL CULTURE

Gracias a la libertad de expresión hoy ya es posible decir que un gobernante es un inútil sin que nos pase nada. Al gobernante tampoco. Jaume Perich.

Pepe El Zorrino y Speedy González. Peter Pan. Dumbo. Blancanieves.La ópera Carmen de Bizet y un largo etcétera son las más recientes víctimas sacrificiales en el altar de la corrección política.

Nos dicen que Pepe El Zorrino glorifica la cultura de la violación, mientras que Speedy González perpetúa el estereotipo del mexicano «vago». Dumbo es víctima de bullying, Blancanieves es despertada de su hechizo por un beso mientras estaba dormida y por consiguiente no pudo consentir, mientras que en «Carmen» se glorifica el femicidio.

Sin embargo, Pepe El Zorrino siempre quedaba como un tonto, desairado por la dama animal en cuestión que lo rechazaba sin miramientos. Su actitud era a todas luces patética y no despertaba la mínima empatía en ningún niño. Speedy González era, a mis tiernos ojos infantiles, un héroe, no un estereotipo. Siempre dejaba mal parado al gato «gringo», le robaba el queso y lo compartía con los ratones que tenían hambre. Blancanieves era, para mí inocente mirada, rescatada por el príncipe, no abusada. Cenicienta, por su parte, era claramente maltratada, humillada y violentada por esas tres mujeres que -supuestamente- formaban su «familia», nuevamente un príncipe era quien la rescataba de su calvario.

Picasso era violento con las mujeres; Wagner glorificó al nacionalsocialismo; Arendt fue amante de Heidegger, confeso simpatizante hitleriano. Aristóteles defendía la esclavitud y Santo Tomás de Aquino abogaba por la pena de muerte; y podríamos seguir hasta el infinito hurgando en los vicios privados de personajes públicos.El riesgo de la pendiente resbaladiza que desemboque en una «policía de la moral y las buenas costumbres remixed» y que determine qué debo consumir o cómo debo pensar está ahí nomás a la vuelta de la esquina; y eso se llama fascismo.

Vivir en libertad supone riesgos y molestias individuales, como que otros deseen un tipo de libertad que a mí no me guste o que la sátira exponga el patetismo de determinada ideología, persona o situación (y nunca lo hará de una manera políticamente correcta, porque si no dejaría de ser sátira). Nihil novum sub solé. Los dictadores de antaño prohibieron el «vector» en Matemáticas porque era «subversivo» y censuraron al Pato Donald por estar desnudo de la cintura para abajo; ni hablar del pobre Capitán Piluso y su leal amigo Coquito, arrogarse un grado militar o vestir de marinero era un insulto que difamaba a las Fuerzas Armadas, en especial a la Marina.

Mis ojos y mentalidad de niña, sin embargo, nada de eso veían ni les llamaba la atención. No me preguntaba qué hacía un pato desnudo, más bien me interrogaba qué hacían los chanchitos o el lobo vestidos, porque los animales (conclusión naturalmente lógica) están siempre «desnudos». Piluso y Coquito eran quienes todas las tardes me invitaban a tomar la leche, las jerarquías y uniformes militares no tenían ninguna importancia, significado ni valor para mí. Pero también tenía en claro que todos esos personajes formaban parte de la imaginación y de la ficción, no existían en el mundo real. Dumbo me ayudó a desarrollar empatía, estaba mal que se burlaran de él. Quizás, no sabía que ello podía llamarse bullying pero no tenía duda alguna que hacer llorar a alguien por su apariencia, no era correcto.Ni a mí ni a ninguno de mis congéneres se nos ocurrió meter a una dulce ancianita (o debería decir amable y venerable persona mayor de edad) en el homo, ni intentar destruir una casa soplando ni mucho menos dar una manzana envenenada a alguien que no nos cayera simpático. Tampoco me preguntaba qué hacía Blancanieves conviviendo con siete enanos ni mucho menos sentía que el príncipe había abusado de ella por romper el hechizo con un beso.

Es que uno de los grandes problemas de la cancel culture que abreva indudablemente en la llamada corrección política, no es solo su evidente fascismo sino la consideración del otro (oyente, espectador, lector, etc.) como un ser totalmente idiota que no sabe distinguir el bien del mal, lo correcto de lo incorrecto, la fantasía de la realidad. Es, en simples palabras, una subestimación a la inteligencia. A ello agrego que, además, exige un imposible: no hay forma de quedar bien con todos y con todo. Siempre, no importa la circunstancia de tiempo, modo o lugar, tampoco el interlocutor personal, alguien puede sentirse molesto, herido, enojado, menoscabado por una palabra o por una conducta, incluso, por el silencio. Y ello aun cuando la intención jamás haya sido burlarlo, molestarlo, enojarlo o herirlo. Según esta visión, parecería que una cierta forma de animismo se apodera de las palabras y las dota de una intención que les es totalmente ajena, especialmente cuando se obvia el contexto.

Vayamos desgranando algunos conceptos que nos ayudarán a fundamentar nuestra postura.

Cancel Culture es una forma moderna de ostracismo en la cual una persona es separada o expulsada de los círculos sociales o profesionales (sea online, en los medios de comunicación o en persona). Se dice que estas personas «han sido canceladas». Esta expresión tiene connotaciones mayoritariamente negativas y suele mencionársela en debates acerca de la libertad de expresión.Sugiere el boicot a un individuo a quien se acusa de haber actuado o hablado de una manera cuestionable, objetable, ofensiva o controvertida.

Los orígenes de la cancel culture se remontan a 1983 con la canción «Your love is cancelled» de Nile Rodgers, refiriéndose a una mujer que pretendió aprovecharse de su fama para obtener ciertos beneficios. De allí fue tomada por la comunidad afroamericana y alrededor de 2015 adquirió un uso casi cotidiano en Twitter para referirse a la decisión personal de retirar el apoyo a una persona, algunas veces en serio y otras en broma.

Cancel Culture es un movimiento muy real, poderoso y perverso. Es también una creencia en que uno no puede ser mejor que lo que fue en el peor momento de su vida no importa cuán joven uno haya sido cuando se transgredió y aun cuando fuera un incidente aislado. Se caracteriza por ser punitiva cuando se trata de cuestiones como etnia, género, sexualidad. Las transgresiones deben ser sancionadas, no importa cuánto tiempo haya transcurrido (un ejecutivo de la empresa Boeing fue despedido por haber escrito un artículo criticando a las pilotos femeninas en 1987; el Primer Ministro Canadiense Justin Trudeau tuvo que pedir disculpas públicas por una foto en la que aparecía vistiendo un turbante y ropajes árabes cuando tenía 29 años y en ocasión de una fiesta de disfraces). La intención tampoco importa en estos casos. Se rechaza la evidencia y la libertad académica mientras azuza las reacciones emocionales irrazonables e irracionales por sobre el diálogo respetuoso en el disenso. Es que justamente la cancel culture no disiente, sino que condena.

El Prof. Evan Gerstmann (2) nos aproxima una definición: «Es un enfoque altamente punitivo hacia el desacuerdo o las transgresiones percibidas, basada en una estricta fidelidad a la ideología (usualmente progresiva) que impulsa la furia por sobre el diálogo, los hechos o el respeto por valores como la libertad de expresión o el debido proceso. Rechaza el valor de la diversidad ideológica.Usualmente es empleada por corporaciones poderosas, editores, administradores académicos o por un grupo anónimo de personas en las plataformas sociales. Rechaza las diferencias entre ofensa y daño, desacuerdo y discriminación, entre palabras y actos. Comúnmente reduce cuestiones complejas a un enfoque binario como «racista/antirracista». Desconoce la importancia de la intención de la persona que realiza un comentario o declaración así como el tiempo transcurrido desde la posible transgresión, o la edad de la persona cuando transgredió o inclusive si ese acto o declaración realmente representa el pensamiento actual de su autor».

El arte, cualquiera sea la expresión particular que adopte, es esencialmente transgresor. Su función es incomodar, provocar el pensamiento crítico, interrogamos acerca de sus límites, cuestionar el status quo, compeler a la mirada reflexiva de la propia humanidad. Su función es subvertir aquello que damos por sentado, sea a través de la sátira, la parodia, el humor, el drama o la ironía. No puede ser nunca correcto, simplemente porque su esencia es la incorrección, y está orientado a produ cir una reacción intencionalmente procurada. Es la expresión más elevada de la inteligencia humana, que busca expresar aquello que le preocupa, o que lo deslumbra, o que lo enoja o que lo conmueve a través del lienzo, la literatura, la fotografía, las artes escénicas, el cine o las caricaturas (3).

La cancel culture se nutre en las aguas tempestuosas de la corrección política. Esta última se ha definido como la actitud o conducta orientada a lograr cierta igualdad entre las diversas minorías étnicas, ideológicas y culturales que componen una sociedad multicultural y multiétnica, pero revirtiendo el equilibrio de poder -lo que técnicamente se conoce como «discriminación positiva» (4) – a favor de las autodefinidas minorías oprimidas:negros, mujeres, homosexuales, inmigrantes, etc.

Aquello que surgió como una forma de compensar las vulnerabilidades sociales que obstaculizaban el acceso igualitario al ejercicio de los derechos personales deriva, por imperio de la corrección política, en una hiperbolización conceptual que culmina en una generalización irracional que bastardea los propios fines perseguidos. Desde este enfoque, se deja de evaluar la corrección de la acción y su consecuente repercusión en el concreto ejercicio de los derechos individuales, para incorporar vina presunción subjetiva erga omnes relacionada con la persona y no con la conducta.

Manuel Ballester (5) afirma que «Lo políticamente correcto remite a un modo de actuar y de hablar que se está imponiendo, pero no pacíficamente como si se tratase de una nueva moda, por ejemplo. Por el contrario, se trata de una imposición a base de legislación y que cuenta con un poderoso aparato censor y punitivo. Remite, por una parte, a una cierta visión ‘buenista’ de la sociedad que, por otra parte, se contradice con el modo inquisitorial en que se aplica.

En un sentido muy amplio, podríamos señalar que lo políticamente correcto es un hecho social y lingüístico, un conjunto de comportamientos y actitudes que tienden a minimizar la discriminación de diversos grupos en función de su origen, raza o sexo. Tenemos, por un lado, una caracterización de lo políticamente correcto como un modo de hablar y actuar acorde con una sensibilidad moderna que reacciona frente a todo tipo de discriminación. Y, por otro lado, la consideración de ese mismo fenómeno como dotado de un aparato censor y totalitario».

Umberto Eco (6) ha resumido las tres fases de evolución de esta doctrina: su origen de «izquierda» y socialmente intencionado en los Estados Unidos; su reorientación hacia disquisiciones y ocurrencias terminológicas y su aceptación y manipulación por los neoconservadores y reaccionarios; afirmando que «El término ‘políticamente correcto’ se utiliza hoy en día en un sentido políticamente incorrecto.En otras palabras, un movimiento de reforma lingüística que ha generado usos lingüísticos desviados».

Pero la izquierda norteamericana no inventa ni la expresión ni la realidad a que alude; por el contrario, lo políticamente correcto se forja con anterioridad en el ámbito del marxismo-leninismo para referirse a la línea adecuada donde «lo adecuado o lo correcto» no es otra cosa que las directrices del partido. De modo que la izquierda americana entiende inicialmente «políticamente correcto» como idéntico a «ortodoxia» o recta opinión, donde lo correcto es lo que establece la cúpula del partido (7).

En cualquier caso, el movimiento políticamente correcto se fusiona en Estados Unidos con diversas corrientes que propugnan la abolición de situaciones de injusticia respecto a las mujeres, los negros, los homosexuales. Es, de hecho, la izquierda quien ha vehiculizado esta ideología articulando su difusión de un modo acorde con las tesis de Antonio Gramsci, según el cual el poder de la sociedad reside en la cultura hegemónica, que es aquella que controla el sistema educativo, los medios de comunicación y las instituciones religiosas (8).

En esta línea de pensamiento, la «corrección política» se ha distinguido por intentar una ingente labor de reescritura de textos y lenguaje, así como una reinterpretación del arte en general, que no comulgan con su idea de «respeto» o «empoderamiento» de aquellos explícitamente seleccionados como constituyentes de esta «corrección política».

Entiendo que nada tiene que envidiar este trabajo con la tarea que desarrollaba Winston Smith en el Ministerio de la Verdad (1984, Orwell).

Esta nueva dimensión lingüística del lenguaje «políticamente correcto» se caracteriza por la proliferación de nuevos términos y expresiones:interrupción voluntaria del embarazo (aborto), cesión permanente de niños (adopción), alternativa a la opción sexual mayoritaria (homosexualidad), afroamericano (negro), invidente (ciego), persona con capacidades diferentes o capacidades especiales (persona con discapacidad), etc.

A través del uso falaz y distorsivo del lenguaje la corrección política pretende descalificar al otro como sexista y discriminador; construyendo -a su vez- una Torre de Babel incomprensible que impide aquello que es destino inexorable del idioma: la comunicación.

Así, el lenguaje «políticamente correcto» considera que el uso del genérico masculino para representar tanto a hombres como a mujeres es una expresión de sexismo en el lenguaje. En primer lugar, recordemos que el género gramatical (9) nada tiene que ver con el sexo biológico, ni con identidad de género.

Seguiremos sucintamente en este tema a Emilio Alarcos Llorech (10).

No siempre el género determina diferencias de sexo. Entre los llamados sustantivos epicenos, por un lado, hay femeninos (la hormiga, la liebre, la pulga) y por el otro masculinos (el mosquito, el ruiseñor) aunque dentro de estas especies haya machos o hembras. La criatura, la persona, la víctima son femeninos aunque designan a seres de distinto sexo. El género gramatical tampoco refleja el sexo de persona, bebé, criatura, alguien o gacela.

Hay sustantivos femeninos precedidos de artículos masculinos, en un maravilloso sincretismo lingüístico: el alma, el agua.

Ni dejar mencionar a aquellos sustantivos que su género lingüístico determina un concepto distinto: la cólera/el cólera, el mazo/la maza, el cubo/la cuba, el cerezo/la cereza, el naranjo/la naranja, el manzano/la manzana.

Otro fenómeno lingüístico que la corrección política pretende desconocer es el de los sustantivos colectivos. El nivel de desenfreno intelectual llega hasta el punto de pluralizar aquellos sustantivos que en singular refieren a una colección, multiplicidad o agrupación de sujetos, objetos o animales:juventud, niñez, adolescencia, manada, cardumen.

En todas las categorías con valores enfrentados hay un término marcado, definido o exclusivo y otro que es no-marcado, genérico o incluyente: engloba al otro en ciertos contextos. La constatación de que, en el español, además de un masculino genérico, hay un número (el singular), una persona (la tercera), un tiempo (el presente), un modo (el indicativo) y un aspecto (el imperfectivo) igualmente genéricos, debería llevar a «absolver» al género masculino de todo machismo atávico.

La corrección política se propone sustituir términos de la lengua común por denominaciones inéditas, ideadas en sus gabinetes del lenguaje. Nadie ha podido explicar por qué la «e», o el es inclusivo; y no la «i», la «o» o la «u», teniendo en cuenta que »vocal» es además un término femenino. Sin mencionar a las palabras que ya terminan en «e» y que designan la función que se cumple: gerente, presidente, comandante, etc.

Lo políticamente correcto, aunque se proclame democrático e inclusivo, parece confiar más en un cierto despotismo ético o moral (11).

Como bien destaca Ballester (12), la corrección política es una ideología. No es una teoría sobre la realidad, al contrario, desprecia los hechos y la realidad, como todo pensamiento totalitario (13). No es tampoco un programa político que se proponga como un proyecto que concurre junto a otros proyectos para que los ciudadanos elijan; por el contrario, se considera como la única postura válida que es, por tanto, la que ha de imponerse en la sociedad no a través de la violencia, sino mediante la propaganda, la desinformación y la manipulación, impidiendo todo tipo de pluralismo.

Nuevamente Ballester (14) nos interpela:«nos encontramos ante un movimiento totalitario, una ideología que se considera la única postura válida, que trata de imponerse sin argumentación, sin afrontar las razones contrarias a las que, sencillamente, ignora o ante las que reacciona con descalificaciones, y no con argumentos El primer paso para evitar un talante totalitario es identificarlo como tal. Caer en la cuenta de que quien piensa de otro modo no es necesariamente un racista, sexista, fascista, etc.: del otro lado puede haber argumentos, puede haber personas bien intencionadas que piensen así. Y lo racional es enfrentarse a los argumentos mediante análisis, contra argumentar si nos parecen erróneos o incoherentes. Y lo democrático es respetar al adversario».

En este mismo sentido, todo totalitarismo que se precie se concibe a sí mismo como el «BIEN». Tiene una imagen del mundo asentada en un dogma bifronte: verdad y error, buenos y malos. Es una lógica simple y simplista. Es una ideología altamente maniqueísta donde la perenne pregunta acerca de quién es bueno y quién es malo, y que tantas horas de discusión ha llevado a los filósofos morales del pasado, está finalmente resuelta de una vez por todas. Buenos son los débiles, los oprimidos, las minorías, los parias, las mujeres, los homosexuales, los emigrantes, los hijos (respecto de los padres), los alumnos (respecto de los profesores), los trabajadores (respecto de los patrones) (15). Y en un mundo maniqueo, el uso de la fuerza es legítimo solo si son los buenos quienes la emplean. Se categoriza a las personas conforme adscriban o no a la corrección política y se las agrupa conforme la ideologización apriorística y acrítica, lo cual termina in defectiblemente en la creación de un rebaño manso y obediente.

Ballester (16) destaca que «el resentimiento es el motor real de quienes, tras constatar que hay diversidad, juzgan a unos buenos y a otros malos o a unos fuertes (y por lo tanto opresores) y a otros (injustamente) oprimidos.Es importante subrayar que, adoptado este punto de partida, su objetivo no es ayudar a los débiles o suprimir la injusticia. Su meta consiste en debilitar al fuerte generando mala conciencia en los fuertes, por lo que el individuo termina viviendo en permanente estado de culpa: los hombres frente a las mujeres, los ricos frente a los pobres, los maestros frente a los alumnos, los blancos frente al resto de las razas».

El problema en este tipo de ideología que estamos analizando no reside en el argumento, sino en el sujeto que argumenta. Quien critica esta ideología pasa a pertenecer automáticamente al bando de «los malos». Ergo, en aplicación de la teoría del etiquetamiento (17) ([labelling approach), de alguien malo solo puede esperarse una acción mala, por lo que su argumento es descalificado a través de la descalificación de la persona que lo emite.

Este tipo de ideología no era desconocida en la antigüedad. Los griegos lo ejemplificaban claramente con el mito del lecho de Procusto.

Procusto (18) (del griego antiguo npoKpoúcn;r|q Prokroústés o Procrustes, ‘estirador’), también llamado Damastes (‘avasallador’ o ‘controlador’), Polipemón (‘muchos daños’) y Procoptas, era un bandido y posadero del Ática (o según otras versiones a las afueras de Eleusis). Se le consideraba hijo de Poseidón, y en algunas versiones era un gigante. Con su esposa Silea fue padre de Sinis.

Procusto tenía su casa en las colinas, donde ofrecía posada al viajero solitario. Allí lo invitaba a tumbarse en una cama de hierro donde, mientras el viajero dormía, lo amordazaba y ataba a las cuatro esquinas del lecho. Si la víctima era alta y su cuerpo era más largo que la cama, procedía a serrar las partes del cuerpo que sobresalían: los pies y las manos o la cabeza.Si, por el contrario, era de menor longitud que la cama, lo descoyuntaba a martillazos hasta estirarlo (de aquí viene su nombre). Según otras versiones, nadie coincidía jamás con el tamaño de la cama porque Procusto poseía dos, una muy larga y otra demasiado corta, o bien una de longitud ajustable.

Procusto continuó con su reinado de terror hasta que se encontró con el héroe Teseo, quien invirtió el juego, retando a Procusto a comprobar si su propio cuerpo encajaba con el tamaño de la cama. Cuando el posadero se hubo tumbado, Teseo lo amordazó y ató a la cama y, allí, lo torturó para «ajustarlo» como él hacía a los viajeros, cortándole a hachazos los pies y la cabeza. Matar a Procusto fue la última aventura de Teseo en su viaje desde Trecén (su aldea natal del Peloponeso) hasta Atenas.

En general se denomina procústeo a aquello opuesto a lo ergonómico, es decir, que parte de la idea de que es la persona quien debe adaptarse a los objetos y no al revés; y Procusto se ha convertido en un símbolo de conformismo y uniformización. Su nombre ha derivado en variados usos como:

a) Un lecho (o cama) de Procusto es una norma arbitraria para la que se fuerza una conformidad exacta. Se aplica también a aquella falacia pseudocientífica en la que se tratan de deformar los datos de la realidad, para que se adapten a la hipótesis previa.

b) En Medicina y Psiquiatría un Síndrome de Procusto define la intolerancia a la diferencia, cuando alguien quiere que todo se ajuste a lo que dice o piensa.

c) En Matemáticas, el análisis de Procusto es el nombre que se da al proceso de aplicar una transformación euclidiana que conserva la forma a un conjunto de éstas, para eliminar así las diferencias de traslación, rotación y escala entre ellas y llevarlas a un marco de referencia común.De igual forma se extiende su campo de aplicación a un método estadístico que puede emplearse para comparar las formas de objetos, o los resultados de encuestas, entrevistas o paneles.

d) En Informática una cadena procusteana es una cadena de longitud fija en la que se almacena texto de diversa longitud. Si el texto a guardar es demasiado corto, se rellena el resto de la cadena, con blancos o nulos. Si es demasiado largo, se trunca.

La cancel culture de la mano de la corrección política es un mecanismo de control. Bajo el aura buenista (Ballester) se oculta un movimiento totalitario. El defensor de lo políticamente correcto tiene un compromiso con la ideología pero es un desarraigado respecto a la vida real y palpitante; ama a la humanidad pero pisotea impávido al «hombre de carne y hueso».

El gran Pier Paolo Pasolini, durante el Congreso del Partido Radical (1975) lo describió magníficamente: «Cuanto más fanáticamente convencido está un intelectual progresista de la bondad de su contribución a la realización de los derechos civiles, más acepta la función socialdemócrata que el poder le impone aboliendo, a través de la realización falsificada y totalizadora de los derechos civiles, cualquier alteridad auténtica. Así pues, dicho poder se prepara para adoptar a los intelectuales progresistas como sus clérigos» (19).

En definitiva, no se trata de mejorar nada, sino de configurar la realidad de modo que, una vez corregida, sea una exacta réplica de lo que esa ideología sostiene que debe ser.

III. EL CABALLO DE TROYA (20) DE LA LIBERTAD

La humanidad progresa. Hoy solamente quema mis libros, siglos atrás me hubieran quemado a mí – Sigmund Freud.

Todo esto refleja miedo, falta de imaginación y cerrazón. No hay un verdadero debate sino más bien parece un posicionamiento político en el que algunos se atribuyen la autoridad para decidir qué se puede hacer y qué no.Es un terreno donde hay poca o casi nula libertad.

La libertad de expresión es un derecho fundamental para garantizar la participación activa de las personas en la construcción de una sociedad democrática y respetuosa de los derechos humanos.

Aún cuando la libertad de expresión no es absoluta -como todo derecho constitucional que debe ejercerse conforme las leyes que lo regulan- su condición basal del sistema democrático y republicano obliga, conforme el ordenamiento jurídico internacional, a que las posibles limitaciones sean de mínima injerencia, proporcionadas y justificadas.

Su importancia deriva de la propia Declaración Universal de Derechos Humanos cuando en su artículo 19 reconoce que «todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión», e incluye «el derecho a no ser molestado a causa de sus opiniones; el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión».

La Corte Suprema Norteamericana, en la cual abreva históricamente nuestra jurisprudencia, destaca la importancia de la libertad de expresión como uno de los pilares de todo sistema republicano de gobierno, y destinado a fortalecer la democracia. Así ha afirmado que «Los fundadores de la Nación creyeron que la libertad de pensar como uno quiera y de hablar como uno piensa son medios indispensables para el descubrimiento y la difusión de la verdad política» (Dale, 530 US at 660-6) (21). «La sola diseminación de las ideas en el campus de la Universidad Estatal no puede ser callada en nombre de los ‘usos y costumbres sobre la decencia» (Papish v. Bd. Of Cyrators of the Univ. Of Mo.410-VS-667.670 -1973-) (22). «La expresión pública de las ideas no puede ser prohibida solamente porque las ideas sean ofensivas para algunos oyentes» (Street v New York 394, US 576, 592 -1969-) (23).

Nuestro máximo tribunal ha transitado esta misma senda reafirmando que la libertad de expresión tiene un lugar preeminente en el marco de nuestras libertades constitucionales y esa libertad comprende el derecho de transmitir ideas, hechos y opiniones. La libertad de expresión también abarca la difusión de ideas por las redes sociales, tal es así que nuestra normativa nacional expresamente lo reconoce en el art. 10 Ley 26.032 al afirmar que «La búsqueda, recepción y difusión de información e ideas de toda índole, a través del servicio de internet, se considera comprendida dentro de la garantía constitucional que ampara la libertad de expresión».

Diversos tratados internacionales han destacado la importancia de la libertad de expresión, como el art. 13 de la Convención Americana de Derechos Humanos (Pacto de San José de Costa Rica -PSJCR-), detallando que comprende el derecho de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de todo tipo y sin fronteras. Comprende tanto la expresión artística, escrita, oral, impresa o por cualquier otro medio de comunicación. Los incs. 2 y 5 del mismo artículo establecen los límites a la libertad de expresión, señalando que no podrá existir censura previa sino la imposición de responsabilidad con posterioridad a la expresión.

De acuerdo con los instrumentos interamericanos, la libertad de expresión es la «piedra angular» de las sociedades democráticas, además de ser fundamental para el avance de los objetivos del desarrollo y vina herramienta para el ejercicio de otros derechos humanos (24).

La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha destacado tres funciones principales que cumple la libertad de expresión en los sistemas democráticos:1) es un derecho individual que refleja la virtud de pensar el mundo de una forma propia y comunicarse entre sí; 2) como medio para deliberar de forma abierta y desinhibida sobre temas que sean de interés público; 3) como instrumento para el ejercicio de otros derechos, como la participación política, la libertad religiosa, la cultura, la educación, la igualdad entre otros (25).

El Sistema Interamericano también otorga una protección amplia al tono de las expresiones. En este sentido, las expresiones inofensivas o indiferentes están protegidas al igual que aquellas que «ofenden, chocan, inquietan, resultan ingratas o perturban al Estado, al individuo o a cualquier sector de la población. Por su parte, los Estados deben mantener una posición neutral frente a los contenidos de las expresiones, de forma que no existan exclusiones de personas, grupos, ideas o medios de expresión» (26).

Con relación a las limitaciones permisibles a la libertad de expresión (27), la jurisprudencia de la CIDH ha desarrollado un «test tripartito» fundamentado en el art. 13 PSJCR. Esta prueba exige: 1) que la limitación a imponerse esté definida de forma clara y precisa en una ley formal y material que esté orientada a lograr objetivos imperiosos que estén autorizados por la Convención; 2) que la limitación cumpla con unos requisitos de necesidad e idoneidad para lograr esos objetivos; y 3) que la limitación sea estrictamente proporcional a la finalidad que se persigue.Por último, las responsabilidades que se establezcan con posterioridad a las expresiones siempre deben ser ordenadas por un juez o autoridad jurisdiccional independiente e imparcial, junto con las garantías del debido proceso.

Incluso, en un supuesto muy especial que permite excepcionar la prohibición general de la censura previa, la mayoría de la Corte Suprema entiende que resulta inadmisible una prohibición genérica de expresarse sobre determinado tema y que, en el peor de los casos, podría impedirse la difusión de datos puntuales (28).

Los límites al discurso siempre han existido, lo que resulta nuevo es el papel de los medios sociales y digitales en la amplificación de la transgresión y de las reacciones que suscita. Generalmente, se dice algo tonto u ofensivo o incluso alguien dice algo inocuo pero que un tercero considera estúpido u ofensivo. Y ello se multiplica a través del ciberespacio o, peor aún, queda almacenado en la nube de donde nos seguirá de por vida, amenazante como un fantasma de nuestro pasado dispuesto a irrumpir en el momento menos oportuno.

Así, esta versión siniestra ataca retrospectivamente también. Supongamos un empleador que googlea el nombre del candidato y encuentra que éste dijo algo embarazoso o avergonzante u ofensivo en sus redes sociales unos 10 años atrás. Seguramente este empleador querrá evitarse todo dolor de cabeza y, silenciosamente, desplazará a este candidato por el próximo en la lista.

Es indudable que las personas debemos sentimos avergonzadas cuando decimos algo feo o hiriente. Las sanciones sociales son un mecanismo muy importante para producir el cambio social y deben ser empleadas.El cuestionamiento puntual surge cuando esa palabra horrible, ofensiva o hiriente pasa a definir la identidad online de la persona, y luego su futuro laboral y oportunidades personales, solo porque un algoritmo de Google detecta que ese momento de estupidez tiene mayores accesos que todo el resto de nuestra identidad online.

En el blog «Es Libertad» (29) claramente se expresa «Vivo cansado de un mundo que cada vez más nos anula nuestra libertad de expresión, cansado de gobiernos autoritarios que desprecian e insultan a quien piensa diferente, cansado de gobernantes que se empeñan en que cualquier decisión que toman tiene que ir de la mano con políticas igualitarias, para no excluir a nadie de sus proyectos, vivo cansado de esta tiranía moral impuesta por la corrección política que nos prohíbe hablar de un tema por miedo a que alguien se sienta ofendido. Estoy harto del linchamiento mediático a personas racionales solo porque exponen las mentiras de los lobbies totalitarios, no soporto las etiquetas, epítetos y falacias de grupos extremistas. La cultura del victimismo nos ha llevado a ser una sociedad extremadamente susceptible al pensamiento ajeno; la envidia, el odio y el resentimiento están tomando fuerza en un mundo donde la tolerancia se perdió toda acción tomada ya no desencadena una reacción objetiva en cuanto al hecho, sino un calificativo sobre lo ‘políticamente correcto ‘, que puede generar la aceptación pública o el linchamiento mediático masivo con instrumentos de difusión como las redes sociales, las plataformas digitales y los medios de comunicación tradicionales. Esto gracias a una generación adoctrinada directa o indirectamente por movimientos progresistas, quienes los han convertido en seres extremadamente susceptibles, en el que cualquier pensamiento distinto al de ellos termina siendo hiriente y calificado bajo las etiquetas de la discriminación y el discurso de odio, debido a que se les ha dicho que son víctimas con el solo hecho de haber nacido».

IV.UNA VUELTA DE TUERCA A LA (INCORRECCIÓN POLÍTICA)

Libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír – George Orwell.

Lo peor del Holocausto no es que perdiéramos a seis millones de los nuestros, sino que los récords están hechos para ser superados» (30).

El contexto no es solo relevante, sino que a veces lo es todo: quién lo dice, a quién se dirige y por qué lo cuenta. Su lugar dentro de esa historia. Esta frase en manos de un famoso intelectual y artista norteamericano judío mueve a reflexión en la boca de un reconocido nazi, sería escandalosa como mínimo. Como bien lo afirma Herzog (31) «Incluso en el humor judío más negro se adivina una voluntad obstinada por seguir adelante a pesar de todas las adversidades, en el chiste judío se compensa el horror cotidiano».

Ezgar Keret nos despierta del adormecimiento intelectual: «Mis padres son supervivientes del Holocausto. Ellos me inculcaron que era muy importante no victimizarse. Mi padre, cuando tenía 14, vivió encerrado dos años en un agujero que mis abuelos cavaron en el suelo, en las afueras de un pueblo polaco, para esconderse de los nazis junto a él. Él dividía la vida en momentos fáciles y difíciles, y decía que en estos últimos es cuando más aprendes de ti mismo. No veían las cosas de modo binario, tuvieron amigos que servían en el ejército alemán, por ejemplo, y los veían como a buena gente que luchaba por su país, aunque de modo equivocado. Si respetas tu vida, necesitas explicarla con narrativas complejas, y ser capaz de ver lo luminoso en la oscuridad. Yo no soy practicante pero tengo una hermana ultraortodoxa con once hijos y más de 30 nietos. Ningún ser humano se merece ser clasificado, etiquetado. Mis padres me enseñaron la enorme fuerza del humor y la imaginación, que usaron en las situaciones más difíciles. Un chiste puede ayudarte a sobrevivir en medio de una guerra.Para mí eso es el humor: una herramienta de supervivencia, algo necesario. Nadie debería explicarse permanentemente como víctima, ni los israelíes ni los palestinos, porque aunque hayas sufrido mucho esa narrativa permite luego justificar tus atrocidades» (32).

Desde por lo menos la antigua Grecia, el bufón era un personaje presente en las cortes y ambientes palaciegos. Su misión era entretener a los poderosos, aún a través de groserías, críticas despiadadas y burlas. Muñidos de su ingenio y oficio como únicas armas, los bufones eran capaces de decir en voz alta aquellas cosas que nadie se atrevía, y sobrevivir en el intento.

El humor, como el arte en general, es ficción y está ahí para acicateamos a enfrentar distintas situaciones en un contexto imaginario. Es un espejo que deforma la realidad para que la podamos comprender desde una perspectiva absurda y divertida, porque muchas veces la realidad resulta agobiante y angustiante. Mark Twain decía que el secreto del humor no era la alegría sino el dolor. Freud afirmaba que el humor solo es bueno cuando nos permite construir un relato sorprendente y liberador de nuestros traumas individuales y colectivos; y definía al humor como la manifestación más elevada de los mecanismos de adaptación del individuo. Esta catarsis colectiva es la que se da muy especialmente en el humor negro que necesariamente es cruel (estilo South Park o Los Simpsons). No se trata de hacer burla de hechos trágicos y graves, sino de esa risa liberadora que permite exorcizar el dolor (Carlos Prieto).

Lo importante en el arte es el contexto. El arte en cualquiera de sus expresiones es un pacto tácito entre sus participantes, el artista y el sujeto (oyente, contemplativo, lector, etc.). Darío Adanti dice que el humor (amplío la analogía a todo el arte) es como el sadomasoquismo «ambas partes pactan un rol, ambas partes lo juegan, ambas partes, aunque tú no lo entiendas, obtienen placer de ese juego.Si a ti ese juego no te da placer, no lo juegues, pero no señales a los otros diciendo que están enfermos porque juegan a algo que tú no entiendes o compartes». Esto es algo que solemos olvidar del arte: nadie te obliga a escucharlo, verlo, leerlo y si no te gusta, entonces puedes ignorarlo.

Si no tenemos el contexto, el pacto tácito desaparece y el mensaje se malinterpreta. Por eso, en este sentido, son tan peligrosas las redes sociales.

¿Cómo ponemos límites al arte? ¿Cuál es su medida? ¿Es el buen gusto? ¿Cuál, el tuyo o el mío? ¿Cómo se define el buen gusto y quién lo define? ¿Tenemos los mismos gustos y preferencias que hace 5, 10, 20, 100, 2000 años atrás? ¿Cómo medimos la ofensa? ¿Existe un ofensómetro nacional?

El arte y los artistas están para transportamos a esas zonas prohibidas en las que no hemos estado antes, sacamos de nuestra zona de confort y hacemos reflexionar sobre ello, nos enseña Ricky Gervais.

Hablar de cancel culture es ya expresar un punto de vista, implícitamente negativo. Aunque no se trata de un movimiento -no tiene líderes ni miembros, y aquellos que participan en él lo hacen erráticamente o no comparten una ideología afín-, ciertamente alimenta una muy antigua creencia en la necesidad del «chivo expiatorio» y el sacrificio humano; un giro desde la sociedad gobernada por la culpa a la sociedad regida por la vergüenza; una evolución digital del viejo carnaval y de la ausencia de reglas como una válvula de seguridad que -al abrirla- permite que aflore toda nuestra rabia (33).

Dentro de los mecanismos que sustentan la jerarquía y la insistencia de exclusión está, entonces, el «chivo expiatorio», que literalmente es u n chivo ceremonialmente investido por el sacerdote con «toda la culpa y desaciertos» de la comunidad.Los griegos practicaron un rito similar, usando el sacrificio humano, pharmakos (en griego, cpappxxKÓq), quien era golpeado y exhibido en las calles antes de decretarse su exilio, que era considerado una forma de muerte. Estas «tradiciones» eran al mismo tiempo diversión y atontamiento, una forma para el grupo dominante de etiquetar al otro como el diablo/la maldad y liberarse de la mácula personal y social (34).

En el mundo de los «buenos entendidos» se cancela una cosa no una persona, generalmente estamos hablando de un verbo que denota una acción relacionada con el consumo. Empero, cancel culture logra cosificar a las personas.

El chivo expiatorio moderno cumple la misma función, uniendo bajo un mismo axioma a personas distintas agrupadas bajo el paraguas de la enemistad y critica al supuesto transgresor quien alivia a sus juzgadores del peso de luchar contra sus propios errores. El filósofo canadiense Charles Taylor (35) afirma que en estas situaciones se encuentra ausente la ambivalencia, la dualidad de la víctima sacrificial: la palabra pharmakos deriva de pharmakon que es uno y su opuesto, medicina y veneno, sanador y asesino.

Empero el concepto de culpa se deriva de estándares sociales consensuados, sea religión, ideología, un código o de una ética rudimentaria, sin los cuales ningún grupo de personas podría coexistir. En cambio, el acto de avergonzar traza una clara línea divisoria entre lo bueno y lo malo, entre nosotros y ellos. Tal vez no es una coincidencia que la etimología de la palabra «cancelación» deriva de la palabra latina cancelli, que a su vez se origina en las palabras cancri/cancer, enrejado o cuadrícula, una barrera de líneas que se cruzan y no permiten el paso.

René Girard (36) destaca que el hecho de elegir a la víctima la inviste de un aura de «exterioridad», la víctima subrogante no es percibida como quien realmente es, es decir, un miembro de la comunidad como todos los demás.Para poder justificar la vindicta, no puede haber un reconocimiento del denunciado como un igual, por el contrario, el único pensamiento válido es que «se lo merece».

La historia del mundo (37) está repleta de ejemplos donde la construcción del enemigo se asienta en la nulificación de su esencia humana y en la necesidad de sostener una «ideología» del pensamiento único y acrítico que adormece conciencias. Los Jacobinos de la Revolución francesa (siglo XVIII), los Guardias Rojos de la Revolución Cultural China (mediados del siglo XX), los informantes de la Stasi (1950/1990), pasando por la Inquisición Española (siglos XV a XIX), el juicio a las Brujas de Salem (siglo XVII) son ejemplos relevantes, aun cuando no exactamente idénticos para evidenciar que el uso arcaico de la violencia para afirmar la pureza ideológica ha evolucionado para servir a ideologías actuales. En Francia, la matanza ejecutada con la guillotina fue racionalizada en la búsqueda del bien: «Un Reino del Terror para dar paso a una República de la Virtud», ya que «sin el terror, la virtud es impotente» (Robespierre).

«La comedia ilumina la oscuridad, y la oscuridad no puede vivir donde hay luz, por eso es importante hablar de cosas que son tabú, porque de otro modo permanecen en la oscuridad y se vuelven peligrosas» (38).

En vez de volcamos a la introspección y examinar nuestro comportamiento, nos sometemos al castigo avergonzante e imaginamos que así expiamos tanto nuestros pecados como la necesidad de hacer algo al respecto. De esta experiencia emergemos «limpios», o al menos eso nos permitimos pensar.

Es importante no censurar la discusión porque como bien dice Pearlstein «siento fuertemente que para poder salir adelante de estos acontecimientos horribles, todo el mundo debe conocer el dolor de los demás».

Apelar a la cancel culture para calmar conciencias y hacer como que defendemos derechos de los vulnerables, es en definitiva prohibir recurrir a la revisión y discusión de los acontecimientos históricos que toda sociedad civilizada debe emprender y alentar. Es discriminar para no ser discriminado.No toda crítica, no todo comentario, no toda expresión viene envuelta en sutilezas, gentilezas, exquisiteces y elegancia; y eso es parte de la libertad.

Cancel Culture pretende establecer un nuevo conjunto de actitudes morales y de compromisos políticos para debilitar las normas de la libertad de expresión y de la aceptación de las diferencias a favor de la uniformidad/conformidad ideológica.

El arte en general sirve, frente a hechos atroces, como llamada de atención al público. La tensión entre libertad y honor, entre ética y estética, entre banalización o abordaje crítico está presente de manera constante. Pero justamente el objetivo es garantizar la práctica de la polifonía social y de la libertad de expresión. El límite ético no parece ser qué se aborda sino cómo se aborda.

Uno simplemente puede retirar su atención de aquella persona con la cual no se acuerda o cuyo discurso nos resulta ofensivo.

La conversación debe ser sobre la base del respeto y la libertad, no de la censura. Con empatía. Abrir el debate público cultural, social, político que las ideologías fascistas (aún con ropajes de corrección política) han pretendido y aun pretenden clausurar.

V. CODA

Si no creemos en la libertad de expresión de aquellos que despreciamos, no creemos en ella en absoluto – Noam Chomsky.

La aceptación es una calle de doble mano. Reconocer que vivimos en un mundo variopinto donde cada uno puede tener gustos, preferencias, deseos y pensamientos no solo distintos sino diametralmente opuestos, incluso que puedan colisionar entre sí o que puedan molestar a otros es parte del ejercicio de la libertad.El criterio constitucional para armonizar el ejercicio de los derechos es la vulneración de ese amplio ámbito de señorío personal que impida que otro ejerza esa misma libertad; y la consiguiente responsabilidad de quien, de conducta o palabra, pueda ocasionar un daño a los legítimos intereses de un tercero.

El problema claro que surge con la cancel culture (y la corrección política que la cobija) es que justamente pretende controlar la cultura en sus variadas expresiones a través de la imposición de un pensamiento único, que divide el mundo entre buenos (los propios) y malos (quienes no piensan igual), creando un lumpenaje de la inteligencia: ¿es que alguien en su sano juicio puede pensar que la interpelación »en caso de dudas consulte a su médico» impedirá que una persona consulte a su médica porque solo se usó el sustantivo de género masculino?

En vez de cancel culture y corrección política propongo aprender de la historia y de nuestra cultura usando el pensamiento crítico.

Ballester (39) nos recuerda que decir «pensamiento único» es como decir «hierro de madera», es un imposible, porque «el pensamiento único de lo políticamente correcto es sinónimo de ausencia de pensamiento». Enfatiza que el pensamiento afronta la diversidad de opiniones y argumentaciones y las sopesa (de hecho, el término mismo «pensar» parece tener su origen ahí, en el «sopesar» distintos planteamientos, para ver cuál «pesa» más). Un pensamiento único no es pensamiento, es una creencia.Y la fe en la ideología vive hipnotizada, idiotizada por un autismo ajeno al mundo real al que pretende convertir en un paraíso corrigiendo lo que está mal, suprimiendo a los malos, a los otros, porque no hay que olvidar que, desde este planteo de simplismo maniqueo, «el infierno son los otros», los que no profesan mi misma creencia, los que no cacarean los mismos dogmas del pensamiento políticamente correcto, los que no están comprometidos con sus causas.

Quizás debamos educar más a la sociedad para que se dé cuenta de que si algo de lo que ve, escucha o lee no le gusta, puede dejar de hacerlo inmediatamente, sin mayor prejuicio, porque si vamos demonizando todo aquello que no le gusta a alguien, acabaremos cayendo en la falsa sensación de libertad que es la autocensura, donde intentaremos no molestar al vecino y entraremos en la espiral del silencio para no perturbar a nadie.

El arte permite que mantengamos nuestra dignidad recuperando nuestra esencia humana, esa que las catástrofes naturales, políticas, históricas, personales nos pretenden arrebatar. A través del arte se logra un acto de rebeldía fundamental: la supervivencia al horror de la realidad.

En definitiva, el arte, en todas y cada una de sus expresiones, con mayor o menor crueldad, ironía, sarcasmo o sátira permite ejercitar la memoria sin dolor, evitar el olvido y asegurarse de que la historia no vuelva a repetirse.

Siempre han existido expresiones o comentarios que no deben decirse públicamente en una sociedad educada, pero su contenido va mudando con el paso de los años. El balance demográfico también cambia, y aquellos grupos que antiguamente carecían de voz y de participación en el diseño de la agenda nacional, están recuperando la palabra (40). Lenta y dolorosamente estamos tratando de construir una sociedad donde cada vez más personas puedan expresar sus pareceres, incluso sobre la forma en que otros los describen o ven.Lo importante es ampliar el espectro, no reducirlo y -muy especialmente- tener conciencia de que el precio a pagar por una sociedad donde todos gocemos de libertad es aceptar cierta incomodidad o molestia.

Nuevamente los griegos acuden en nuestra ayuda, para poder explicar una realidad que nos supera y perturba. «De alguna manera, lo políticamente correcto puede considerarse como el arrullo de las sirenas que seducían a los marineros que acompañaban a Ulises en sus desventuras. Las sirenas los seducían, los conducían hacia ellas y provocaban que se olvidaran de sí mismos y acabasen naufragando. Quien oía a las sirenas seguía el camino de todos y ya no sabía quién era, ni de dónde venía, ni a dónde iba. Perder el rumbo de la propia existencia, ceder la fuente del sentido ante una ideología es t ambién soltar el timón de la propia vida. La solución, ya lo vio Ulises, consiste en estar bien arraigado, en hallar personas en las que confiar. Por eso Ulises pudo oír el canto de las sirenas y no sucumbir: porque supo ver la fuerza del hombre que está bien anclado a la realidad del mundo y de los otros. Así triunfó y ese triunfo supone lucidez, humildad, confianza mutua y ascesis en el consumo de la información en el interior de un grupo dado. ¿Seremos capaces de esas virtudes?» (41).

VI. BIBLIOGRAFÍA.

– BAKHTIN, Mikhail (1981): The Dialogic Imagination: Four Essays. Ed. Michael Holquist. Trans. Caryl Emerson and Michael Holquist. Austin and London: University of Texas Press, 1981. ISBN 0-292-71527-7.

– BOUVIER, Gwen: «Racist call-outs and cancel cultura on Twitter: The Limitations of the platform’s ability to define issues of social justice». Discourse, Context & Media. Elsevier BV.38:100431. Doi:10.1016/j.dcm.2020.100431.

– BURKART, Mara: «La Revista HUMOR frente a los límites éticos de la representación humorística». En Diálogos de la Comunicación N° 78. Enero- Julio 2009.Revista Académica de la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social.

– CHARLESWORTH, J.J.: »What Cancel Culture Conceals». En https://artreview.com/what-cancel-culture-conceals/

– CLARK, Meredith: »Drag Them: A brief etumology of so-called cancel cultura». Research Article. SagePub October 16 2020. En https://iournals.sagepub.com/doi/full/10.1177/205704732Q961582 Compton Todd M.: «Wounded by Tooth thaí Drew Blood»: The Beginnings of Satire in Rome («Herido por el diente que hizo sangre»: los comienzos de la sátira en Roma), en Victim of the Muses: Poet as Scapegoat, Warrior and Hero in Greco-Roman and Indo-European Myth and History (Víctima de las musas: el poeta como chivo expiatorio, guerrero y héroe en el mito y en la historia grecorromanos e indoeuropeos), 2006.

– HUTCHEON, Linda: A Theory of Parody: The Teachings of Twentieth-Century Art Forms’ (1985). New York: Methuen. ISBN 0-252-06938-2.

– NORRIS Pippa. «Closed Minds? Is a Cancel Culture Stiffing Academic Freedom and Intellectual Debate in Political Science?». SSRN Electronic Journal. Elsevier BV. Doi:10.2139/ssrn.3671026.

– ROSE, Margaret (1993): Parody: Ancient, Modern and Post-Modern. Cambridge: Cambridge University Press. ISBN 0-521-41860-7.

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(1) De CERVANTES SAAVEDRA, Miguel: Don Quijote de la Mancha. Edición del Instituto Cervantes. Dirigida por Francisco Rico. Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, 1997-2021.

(2) GERTSMANN, Evan: «What is Cancel Culture?». En Forbes. Mar 22,2021. https://www.forbes.com/sites/evengerstmann/2021/03/22/what- is-cancel-culture/?sh=72aal930bd55

(3) Subversivo: El término subversión denomina aquello que se propone o que es capaz de subvertir un orden establecido, bien sea de índole política, social o moral. Sinónimos: escandaloso, incendiario. Sátira: La sátira es un género literario que expresa indignación hacia alguien o algo, con propósito moralizador, lúdico o meramente burlesco. Se puede escribir en prosa, verso o alternando ambas formas. Se inspira en la poesía yámbica griega y se desarrolló sobre todo en la literatura latina.Estrictamente la sátira es un género literario, pero también es un recurso que encontramos en las artes gráficas y escénicas. En la sátira los vicios individuales o colectivos, las locuras, los abusos o las deficiencias se ponen de manifiesto por medio de la ridiculización, la farsa, la ironía y otros métodos; ideados todos ellos para lograr una mejora de la sociedad. Aunque originalmente la sátira se utilizó para la diversión, su pretensión real no es el humor en sí mismo, sino un ataque a una realidad que desaprueba el autor, usando para este cometido el arma de la inteligencia. Sus orígenes se remontan a Grecia, siendo uno de sus destacados autores Aristófanes, quien en la comedia «Las Nubes» se burlaba de los sofistas, y presentaba una figura muy cuestionada de Sócrates. Otra forma de expresión eran los sermones morales o diatribas, en las cuales se criticaban los vicios humanos en general o más específicamente morales o sociales. En Roma se termina por darle un impulso en desarrollo y popularidad, «satira» en latín significa una especie de macedonia u olla podrida de diversos elementos, por lo que es fácil acoger contenidos y formas satíricas en otros géneros. En cuanto a género literario codificado, debe atribuirse su invención a Lucilio, de cuya obra sólo quedan algunos fragmentos de variable extensión, y apareció en el II siglo a.c. entre los latinos. Ironía: del griego eiptoveía ‘eiróneía’: disimulo o ignorancia fingida, es una forma literaria mediante la cual se da a entender algo muy distinto, o incluso lo contrario de lo que se dice o escribe.En griego, este sustantivo es un deverbativo de eípmveúonai «hacerse el ignorante», que a su vez procede de EÍpcnv «eiron» = «disimulado, que disimula». El sentido actual de la palabra «ironía» depende de su evolución semántica a través del latín medieval, especialmente del sentido que tenía como término retórico y como término filosófico en la obra de Platón. La ironía es la primera de las fórmulas utilizadas por Sócrates en su método dialéctico. Sarcasmo: es una burla mordaz con la que se pretende dar a entender lo contrario o manifestar desagrado. El término también se refiere a la figura retórica que consiste en emplear esta especie de ironía. El sarcasmo es una crítica indirecta, pero la mayoría de las veces es expuesta de forma evidente. Ha sido proverbialmente descrito como «La forma más baja de humor pero la más alta expresión de ingenio», frase que se atribuye a Oscar Wilde, aunque realmente se desconoce su procedencia. El término ‘sarcasmo’ proviene del latín ‘sarcasmus’ y este a su vez del término griego ‘aapKaa|¿ó;’ (‘sarkasmós’). Es una sustantivación del verbo ‘aapKÓ^eiv’ (‘sarkázein’, ‘morder los labios’), derivado del sustantivo crápE (sarks, ‘carne’). El significado literal sería ‘mordedura de labios’. Parodia: del griego napá, ‘en contra de, al lado de’, y rpSij, ‘oda’ es una obra satírica que caracteriza o interpreta humorísticamente otra obra de arte, un autor o un tema, mediante la emulación o alusión irónica. Modernamente, la parodia no implica necesariamente la burla del texto parodiado. En el sentido de en contra del canto, la parodia se refiere a imitaciones burlonas de la forma de cantar o recitar, mientras en el real sentido de al lado del canto implica repetición con diferencia, sin necesariamente burla. Las parodias habrían surgido en la antigua literatura griega, con poemas que imitaban de forma irrespetuosa los contenidos o las formas de otros poemas.Los romanos también desarrollaban parodias como imitaciones de estilo humorístico, al igual que la literatura francesa neoclásica. La parodia existe en todos los géneros, incluyendo la literatura, la música, el cine y la televisión y más recientemente, en las redes sociales, especialmente en Twitter. Un acontecimiento político, social o cultural puede ser asimismo parodiado. La parodia es la recreación de un personaje o un hecho, empleando recursos irónicos para emitir una opinión generalmente transgresora sobre la persona o el acontecimiento parodiado. Se trata de una imitación burlesca que caricaturiza a una persona, una obra de arte o una cierta temática. Como obra satírica, la parodia aparece en diversos géneros artísticos y medios. La industria cinematográfica, la televisión, la música y la literatura suelen realizar parodias de hechos políticos o de otras obras. Por lo general se apela a la ironía y a la exageración para transmitir un mensaje burlesco y para divertir a los espectadores, lectores u oyentes.

(4) El origen de la discriminación positiva se remonta históricamente a 1954, en el caso «Brown vs Board of Education», cuando la Corte Suprema norteamericana afirmó que las leyes estatales que establecían escuelas separadas para estudiantes de raza negra y blanca negaban la igualdad de oportunidades educativas. Como resultado de esta sentencia, la segregación racial pasó a ser considerada como una violación de la Cláusula sobre Protección igualitaria de la Decimocuarta Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos. 347 U.S. 483 (1954). Se impuso, en consecuencia, la necesidad de garantizar cupos, en el ingreso a la universidad, para personas »de color» (la corrección política los denominaría hoy »afroamericanos»). Situación similar puede observarse en el denominado «cupo femenino» para la conformación de las listas de candidatos en los partidos políticos.

(5) BALLESTER, Manuel: «Lo políticamene corecto o el acoso a la libertad». FAES, Abril/Junio 2012,171.

(6) ECO, Umberto: «A passo di gambero.Guerre calde e populismo mediático» (2017). Recopilación de artículos.

(7) PERRY, R.: A Short History of the Term Politically Corred». En Aufderheide (Ed.). Beyond PC: Towards a Politics of Understanding. Greywolf Press, 1992.

(8) BALLESTER, Manue l. Op.cit.

(9) Se llama género a una característica gramatical de los sustantivos, artículos, adjetivos, participios y pronombres que los clasifica en dos grupos: masculino y femenino. Carecen degenerólos adverbios y los verbos (salvo los participios) y cierto número de partículas tienen género neutro.

(10) ALARCOS LLORECH, Emiliio: «Gramática de la Lengua Española». Ed. Espasa-Calpe, 1994.

(11) MARTÍNEZ, José A.: «El lenguaje (políticamente) correcto». Lección inaugural del Curso 2006/2007 de la Universidad de Oviedo.

(12) BALLESTER, Manuel, op.cit.

(13) ARENDT, Haima: «Los orígenes del totalitarismo». Vol 3. Taurus. 1966.

(14) BALLESTER, Manuel, op.cit.

(15) LAPLED, André: «La Ley del más débil o genealogía de lo políticamente correcto». Editorial Tres Fronteras, 2009.

(16) BALLESTER Manuel. Op.cit.

(17) BECKER, Howard: Outsiders: Studies in the Sociology of Deviance (1963). Según Becker, para comprender el crimen debe atenderse especialmente a la «reacción social», po r una parte, y al proceso de definición o selección de determinadas conductas y personas – etiquetadas como »desviadas»- por la otra.

El delito o el infractor tienen para esta tendencia naturaleza social y definicional. Integran una realidad social que se construye. Por lo tanto, no interesan tanto las «causas» de la desviación cuanto los procesos de criminalización a través de los cuales, ciertos grupos sociales que tienen poder para ello, definen como delito y como delincuente a determinadas conductas y determinadas personas. Cuando este proceso de etiquetamiento se realiza con éxito, se construye un delincuente.

De esta forma, se analizan mucho más los procesos de definición social del delincuente que el desviado en sí mismo.

Son las instancias estatales, institucionales o sociales de «control» las que crean el delito y el delincuente.Pero esas instancias de control son altamente selectivas, discriminatorias y poseen una altísima capacidad de atribuir significados simbólicos que visibilizan y exponen a los desviados a continuos procesos de re-victimización.

La «reacción social», no solamente es injusta, sino que resulta irracional, va precedida de intenciones reales que se enmascaran detrás de la verbalización de grandes valores y, no solamente no previene el delito ni reinserta al desviado, sino que crea al delincuente, potencia los conflictos, genera y legitima estereotipos y afirma al infractor en su status criminal.

La pena es la culminación de una cadena de símbolos y prácticas de degradación que estigmatiza al ofensor con un status irreversible, al punto que éste redefine su personalidad de acuerdo al nuevo rol disvaslioso asignado: el delincuente, que se asume como tal. Becker también se ocupa de desenmascarar un sujeto social de entera vigencia: el empresario moral; una persona que, arrogándose la representación del conjunto, sobre todo si se trata en ese caso de una víctima de un delito o un miembro de una corporación, promueve iniciativas generalmente punitivas en materia criminal, hasta lograr sancionar nuevos códigos y nuevas leyes. Afirma que el éxito de cada cruzada moral trae consigo un emprendedor «profesional» y un nuevo grupo de «extraños», y una nueva responsabilidad de un organismo de aplicación respecto de estos «otros».

En definitiva, la teoría del etiquetamiento sustituye el paradigma etiológico por el paradigma del control. El control es asimétrico e irracional; puede ser formal, cuando lo llevan a cabo agencias estatales (poder judicial, policía, códigos penales) o informal, cuando es la sociedad la que genera esos mecanismos, a través de actores tales como la prensa, los empresarios morales, el rumor, la escuela, etcétera.

(18) SMITH, W., ed. (1867): «Procrustes». A Dictionary of Greek and Román Biography and Mythology. Boston: Little, Brown & Co. iii.540. OCLC 68763679.

(19) AARON, R.: «El Opio de los Intelectuales», traducción de Enrique Alonso. Ed- Siglo XX.Buenos Aires, 1979.

(20) El caballo de Troya fue un engaño con forma de enorme caballo de madera que se menciona en la historia de la guerra de Troya y que según este relato fue usado por los aqueos como una estrategia para introducirse en la ciudad fortificada de Troya. En consideración a lo anterior, la expresión «caballo de Troya» se ha vuelto popular, vista como una paremia que identifica la utilización de estratagema o engaño en contra de su adversario, a través de la entrada disimulada en un medio para obtener un beneficio o cumplir un objetivo.

(21) «The founders of the Nation believed that freedom to think as you will and to speak as you think are means indispensable to the discovery and spread ofpolitical truth » (Dale, 530 US at 660-6).

(22) «The mere dissemination of ideas on a State University Campus may not be shut off in the ñame of ‘conventions of decency»’. (Papish v. Bd. Of Cyrators of the Univ. Of Mo. 410-VS-667.670 -1973-).

(23) «The public expression of ideas may not be prohibited merely because the ideas are themselves offensive to some of the hearers. » (Street v New York 394, US 576, 592 -1969-).

(24) CNCIV, Sala C, Expediente N° 55265/2013. «Incidente N° 2. Actor: O.R.J.C. Demandado: A.E.M. s/ art. 250 C.P.C. – incidente familia». 6/4/2021.

(25) CNCIV, Sala C, Expediente N° 55265/2013. «Incidente N° 2. Actor: O.R.J.C. Demandado: A.E.M. s/ art. 250 C.P.C. – incidente familia». 6/4/2021.

(26) CNCIV, Sala C, Expediente N° 55265/2013. «Incidente N° 2. Actor: O.R.J.C. Demandado: A.E.M. s/ art. 250 C.P.C. – incidente familia». 6/4/2021.

(27) MOLINA QUIROGA, Eduardo. «La Corte Suprema revoca urna cautelar contra um buscador y resalta la preeminencia de la libertad de expresión». La Ley 25/3/2020, 7, AR/DOC/4090/2019).

(28) CSJN. «S., V. d M., D.A.». Fallos:342:975.

(29) https://studentsforlibertv.org/eslibertad/blog/correccion-politica-vs-libertad-de-expresion/

(30) ALIEN, Woody: «Deconstructing Hairy». Film, 1997.

(31) HERZOG, Rudolph: «Heil Hitler. El Cerdo está Muerto». Capitán Swing 2014.

(32) MISHAN, Ligaya: «The Long and Tortured History of Cancel Culture». New York Times, Dec 3, 2020. En https://www.nytimes.com/2020/12/03/t-magazine/cancel-culture-history.html

(33) https://www.lavanguardia.com/cultura/20201225/6148016/hav-humor-sobre-holocausto.html

(34) WILKERSON, Isabel: «Caste: The Origins of Our Discontents». Oprah’s Book Club Pick. New York Times. 2020.

(35) TAYLOR, Charles: «A Secular Age». Harvard University Press. 2007

(36) GIRARD, René: «Violence and the Sacred». Patrick Books, 1979.

(37) VOLTAIRE afirmaba que la «historia de la humanidad no es más que una historia de crímenes».

(38) SILVERMAN, Sarah, sobreviviente del Holocausto. Entrevistada para la película «The Last Laugh», de Feme Pearlstein y Robert Edwards. Tribeca 2016.

(38) BALLESTER, Manuel. Op.cit.

(40) KLEIN, Ezra: «A Different Way of Thinking About Cancel Culture». The New York Times. April 18,2021. https://www.nytimes.com/2021/04/18/opmion/cancel-culture-social-media.html7campaign id02&emc=edit th 20210419

(41) VOLKOFF, V.: «Petite histoire de la désinformation. Du cheval de Troie á Internet». Eds. Du Rocher, 1999.

(*) Abogada (UBA). Especialista en Derecho Penal (UBA). Especialista en Bioética (FLACSO). Magíster en Bioética (FLACSO). Doctora de la Universidad de Buenos Aires, Área Derecho Penal. Posdoctora de la Universidad de Buenos Aires. Jefe Departamento Sumarios, Dirección Asociada de Asuntos Jurídicos, Hospital de Pediatría SAMIC Prof. Dr. Juan P. Garrahan. Miembro del Comité de Ética, Hospital de Pediatría SAMIC Prof. Dr. Juan P. Garrahan. Miembro Comité de Ética Sociedad Argentina de Investigación Clínica. Secretaria de la Subcomisión de Derechos del Niño, Sociedad Argentina de Pediatría. Miembro, Vocal Suplente, del Comité Nacional de Cuidados Paliativos, Sociedad Argentina de Pediatría. Profesora Posgrado y Doctorado, Facultad de Derecho y Facultad de Medicina, UBA. Fellow American Academy of Forensic Sciences. Miembro Consejo Asesor LALCEC, Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer. Miembro del Working Group »Ethics in COVID19», The Competence NetWork Public Health on COVID19, Alemania.

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