No fue culpa de los médicos: La incontinencia anal padecida por una paciente, surgió casi dos años después del parto, por lo que no hay relación directa de la dolencia con el nacimiento del bebé

Partes: A. E. R. c/ E. N.- F. A. A.y otros s/ daños y perjuicios – resp.prof.medicos y aux.

Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil

Sala/Juzgado: K

Fecha: 12-may-2020

Cita: MJ-JU-M-125676-AR | MJJ125676 | MJJ125676

Rechazo de la acción de daños por mala praxis médica luego de un parto, por falta de prueba en relación a la incontinencia sufrida.

Sumario:

1.-Debe confirmarse la sentencia que rechaza la acción de daños y perjuicios deducida contra profesionales médicos por la supuesta negligencia en la atención de la reclamante al nacer su hijo lo que le ocasiono un cuadro de incontinencia anal, pues de la prueba surge que recién un año y once meses después del parto se acredita la existencia de la dolencia por lo que no se encuentra probada una relación directa entre el nacimiento del niño con el perjuicio sufrido.

Fallo:

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a los 12 días del mes de mayo de 2020, hallándose reunidos los Señores Vocales de la Sala K de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil de la Capital Federal, a fin de entender en los recursos de apelación interpuestos por las partes en los autos caratulados: “A., E. R. contra E. N. F. A. A. Y OTROS sobre DAÑOS Y PERJUICIOS -RESP. PROF. MÉDICOS Y AUX.”, habiendo acordado seguir en la deliberación y voto el orden del sorteo de estudio la Dra. Silvia Patricia Bermejo dijo:

I- Vienen los autos a este Tribunal con motivo del recurso de apelación interpuesto por la actora (fs.678), contra la sentencia de primera instancia (fs. 650/668vta.). Oportunamente, se fundó (fs. 751/755vta.) y recibió réplica (fs. 757/764).

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A continuación, se llamó autos para sentencia (fs. 803).

II- Antecedentes del caso La señora R. E. A. reclamó por los daños y perjuicios que le habría ocasionado el evento dañoso ocurrido el día 15 de noviembre de 2001, del cual derivó un cuadro de incontinencia anal.

Relató que fue asistida durante su embarazo por el doctor P., quien le practicó los controles periódicos, sin haberse presentado ninguna complicación. Refirió que, el día 14 de noviembre de 2001, inició el trabajo de parto por lo que fue internada y asistida por los doctores C. R. B. y A. R. F.

El 15 de noviembre, a las 0.30 hs., le realizaron el último monitoreo fetal, luego pasó a la sala de preparto y, a las 6.30 hs., inició el alumbramiento, el cual requirió de la maniobra de Cristeler. Manifestó que se le efectuó una episiotomía y se produjo un desgarro vaginal, clasificado como de grado II.

Mencionó que, según el parte operatorio, se reparó el desgarro y se dejó constancia que no había alcanzado al recto, el cual se encontraba indemne.Comentó que el recién nacido pesó 4,460 kg y nació sin dificultad.

Narró que se le dió de alta el 18 de noviembre de 2001, con indicación de reposo por trombosis venosa de miembro inferior izquierdo y hematoma vulvar. A los cuatro días, concurrió al control con su médico P., quien no encontró alteraciones. Sin embargo, a las 48 hs. comenzó con un intenso dolor vulvar y fue asistida por la doctora P., quien le realizó un procedimiento quirúrgico menor. Fue dada de alta del parto a los 60 días y se reintegró a su actividad laboral en marzo de 2002.

Refirió que sufría, para ese entonces, incontinencia anal para gases. Meses más tarde, se hizo positiva para material fecal, por lo que consultó y le realizaron múltiples estudios que detectaron una afectación funcional de los esfínteres anales interno y externo.

Sostuvo que existió negligencia médica en la atención recibida al nacer su hijo, en tanto alegó que el desgarro producido en la pared vaginal se continuó hasta el recto, comprometiendo el esfínter, sin haberse advertido. Argumentó que en el registro de la historia clínica no se dejó constancia de lo acontecido.

Atribuyó responsabilidad al E. N. -F. A. A.- y a los doctores C. B., A. R. F., B. P. y/o a quien resulte responsable. Solicitó la citación en garantía de “L. E.C. S.A. Seguros Generales”.

Los codemandados brindaron su versión de los hechos y, sustanciado el proceso, se dictó sentencia (fs. 751/755vta.).

III- La sentencia

En el fallo se rechazó la excepción de prescripción incoada por el E. N.(F. A. A.) y la demanda entablada por la señora E. R. A. contra el E. N. (F. A. A.), los señores C. R. B., A. R. F. y B. P.8o, extensible a la aseguradora “L.E. C. S.A. de Seguros Generales”. Asimismo, reguló los honorarios de los profesionales intervinientes (fs.650/668vta.).

IV- Los agravios En lo atinente a lo resuelto, sostiene la actora, por apoderada, que la evidencia en la que se erige la sentencia es el dictamen de la especialista en tocoginecología, en el cual la perito sólo analizó el obrar médico en el parto y no en cuanto al tratamiento posterior por el desgarro sufrido o por no haber detectado debidamente su grado o sus consecuencias. Afirma que la sentencia tampoco cuestiona la veracidad de la historia clínica. Objeta que se haya concluido que, como no se mencionó en ese instrumento que el desgarro se extendía al recto, no existió tal lesión, si bien se plasmó con el examen de manometría rectal y ecografía endo-anal.

Aduce que hubo negligencia médica en tanto no se percataron que el desgarro producido en la pared vaginal continuó hasta el recto, lo que le provoca el padecimiento por el que reclama.

Por ello, requiere que se revoque la sentencia de grado y se haga lugar a la pretensión. Hace reserva del caso federal.

V-Suficiencia del recurso Habré de analizar, en primer término, las alegaciones vertidas por los demandados al contestar los agravios de la actora, en cuanto a la solicitud de deserción por insuficiencia de ese embate (fs. 757/764).

Conforme lo dispone el artículo 265 del Código Procesal Civil y Comercial, la impugnación debe contener una crítica concreta y razonada de las partes del fallo que se consideren equivocadas. Así, con una amplitud de criterio facilitadora de la vía revisora, se aprecia que el ataque controvertido es hábil, respetando su desarrollo las consignas establecidas en esa norma del Código ritual, por lo que deviene admisible su tratamiento (art. 265, cit.).

VI- Ley aplicable Al igual que lo decidido en primera instancia y que no fue debatido por las partes, la contienda se analizará desde la perspectiva del Código Civil anterior, por ser la ley aplicable al momento de sucederse el evento por el cual se reclama (arts.3, CC; 7, CCCN).

VII- Prueba solicitada en la Alzada La actora procura, como medida para mejor proveer, la designación de un perito médico especialista en proctología, a fin de realizar un nuevo informe sobre los puntos, oportunamente indicados al incoar la acción, identificados del número 13 al 24 (fs. 751/755 vta., esp. fs. 751/752, primer agravio y punto IV a fs. 755vta.).

Objeta que se haya dictado la sentencia sin producir la pericia por un médico legista, como esa parte indicó al accionar, en tanto la considera esencial. Precisa que, además de haberlo requerido en la demanda, lo reiteró en la audiencia de apertura a prueba y a fs. 424 y 431, ocasiones en las cuales se le proveyó que se tendría presente para su oportunidad.

Cierto es que al incoar la acción se postuló la designación de un médico legista y se individualizaron los puntos de pericia (fs. 17/28, esp. fs. 25vta./26). Luego, la letrada de la actora peticionó la apertura a prueba (v. fs. 230), se convocó a la audiencia que da cuenta el acta de fs. 296 y vta. y se proveyó la misma en otro pronunciamiento (fs. 297/298vta.). En éste se designó a un perito con especialidad obstétrica -acorde postularon los codemandados (v. fs. 63/74vta, 75//76vta., 81/92, 93/95)-, quien aceptó el cargo (fs. 311), retiró el expediente para fotocopiar previa autorización y convocó a la actora a una primera entrevista (fs. 312). Como ésta no pudo tomar conocimiento de la fecha informada para ese encuentro, la apoderada requirió la fijación de una nueva (fs. 323), lo que se hizo saber a la perito (fs. 327), ésta la dispuso (fs. 328) y, finalmente, adjuntó el dictamen (fs. 396/402). Todo este devenir refleja que la actora aceptó su realización, aun sabiendo de la especialidad del experto.

A ello cabe aclarar que la legitimada activa requirió se designe un médico legista, con especialidad en proctología, cuando el dictamen de la médica obstetra ya se había producido y adjuntado (fs.424), y lo reiteró al oponerse a la clausura de ese período (fs. 431).

Como puede concluirse, en primer lugar, la petición realizada de un experto en proctología -tanto a fs. 424, como a fs. 431 y en esta ocasión- es extemporánea, pues la oportunidad era al articular la acción (conf. arts. 330, 333, CPCC). Además, esta prueba ya se produjo con la participación de una experta en ginecología, por lo que pretender su repetición parcial -pues sería de sólo de algunos de los puntos indicados-, con otra especialidad, es una forma de lograr un nuevo dictamen, antes no propuesto.

En definitiva, no puede pretenderse que de oficio se realice una nueva prueba, para subsanar una omisión en la que se incurrió. Quien tiene la carga de probar los extremos de su demanda es el actor (art. 377, C.P.C.C.) y las facultades ordenatorias e instructorias del juez no están conferidas para suplir la orfandad probatoria de las partes (doct. SCBA, Ac 42645, sent. del 12-9-1989, publicada en “La Ley” 1989-E, 347 y en “Acuerdos y Sentencias” 1989-III-334).

En suma, no corresponde receptar lo requerido en cuanto a la producción de la prueba en esta instancia.

VIII- La responsabilidad VIII-1- Al igual que lo mencionado en la sentencia de primera instancia, “.la responsabilidad profesional es aquélla en la que incurre el que ejerce una profesión al faltar a los deberes especiales que ésta le impone y requiere, por lo tanto, para su configuración, los mismos elementos comunes a cualquier responsabilidad civil. Ello quiere decir que cuando el profesional omite las diligencias correspondientes a la naturaleza de su prestación ya sea por impericia, imprudencia o negligencia, falta a su obligación y se coloca en la posición del deudor culpable (art. 512, Código Civil; . causa Ac. 88.406, sent. del 10-V-2006; v. también C. 98.267, sent. del 23-IV-2008; C. 100.216, sent. del 13-V-2009; C. 94.854, sent. del 28-X- 2009; C.103.717, sent. del 3- III-2010; entre otras).” (SCBA, del voto del señor Juez doctor Genoud en “Langoni, Adriana Marcela contra Hospital Italiano. Daños y perjuicios”, causa C. 112.820, sent. del 17-XII-2014).

La responsabilidad médica se halla sometida a los mismos principios de la responsabilidad en general. Son sus normas generales: 1) El incumplimiento objetivo, que consiste en la infracción al deber mediante la inobservancia de la palabra empeñada en un contrato o a través de la violación del deber amplio de no dañar; 2) El daño entendido como la lesión a un derecho subje tivo del incumplimiento jurídicamente atribuible; 3) La relación de causalidad suficiente entre aquél y el detrimento, de tal manera que pueda predicarse que el hecho es causa (fuente) del mismo y 4) Un factor de atribución, es decir, la razón suficiente para asignar el deber de reparar al sujeto sindicado como deudor, el que podrá ser objetivo o subjetivo (conf. “Conclusiones V Jornadas Nacionales de Derecho Civil”, Rosario, 1971, citadas por Atilio Aníbal Alterini- Oscar José Ameal- Roberto M. López Cabana, en “Derecho de Obligaciones Civiles y Comerciales”, pág. 159, Buenos Aires, 2006).

Asimismo, en este supuesto, el factor de atribución será subjetivo, debiendo probar, quien alega, la culpa del profesional (arts. 3, 512, CC; 7, CCCN).

“La prueba de la culpa del médico se traduce en la violación del deber de seguridad, que `como obligación tácita se halla comprendida en el contrato asistencial, y cuya omisión genera la responsabilidad directa de la entidad contratante, además de la que concierne directa y personalmente al profesional´ (Bustamante Alsina, “Responsabilidad Civil de los médicos en ejercicio de su profesión”, L.L. 1976-C-p. 63, cit. en voto del doctor de Lázzari en Ac. 87.884, sent. del 14-XII-2005. En similar sentido C. 98.767, sent. del 21-V-2008; C. 101.294, sent. del 15-IV-2009; C. 105.772, sent.del 9-VI-2010)” (SCBA, del voto del señor Juez doctor Genoud en “Langoni”, ya cit.).

Dable es agregar a lo dicho que en la apreciación de la prueba de la mala praxis médica habrá de privar un criterio estricto y gobernado por las reglas generales que establecen los arts. 512 y 902 del código de fondo (SCBA, C 92810, sent. del 27-4- 2011, voto de la mayoría; C 106780, sent. del 26-2-2013). Ello, cabe aclarar, en tanto, como se referenció, la normativa aplicable es el Código anterior.

VIII-2- Resulta esencial, a los fines de dirimir los agravios traídos, observar la evidencia producida en el expediente. El daño por el cual se reclama es el padecimiento de la actora por la incontinencia de materia fecal y gases, lo que atribuye a una mala praxis médica por la atención recibida al nacer su hijo.

De los hechos alegados en la demanda, no se encuentra controvertido que la actora ingresó el día 14 de noviembre del año 2001 al H. A. C., por haber comenzado con el trabajo de parto. A las 00.30 hs., del día 15 de noviembre, se le hizo un monitoreo fetal y todo estaba en condiciones. A las 4.30 hs., de ese mismo día, ingresó a la Sala de partos y a las 5.30 hs. nació su hijo -si bien, en la Historia Clínica se refiere que fue a las 6.15 hs.-. Asimismo, existe consenso en que se retiró con el alta el día 18 de noviembre.

En tanto el peso del bebé era de 4,460 kg, la actora expuso que se le efectuó una episiotomía, pese a lo cual tuvo un desgarro vaginal clasificado como de grado II, dejándose constancia en la Historia Clínica que no había alcanzado al recto y que éste se encontraba indemne. De igual modo, se anotó que ese desgarro se reparó con una reconstrucción parcial.La actora cuestiona esta afirmación, pues alega que hubo una negligencia médica, al no advertirse que la extensión del desgarro era mayor y que persistió la lesión del esfinter bajo e inferior del recto, con la consecuencia de la incontinencia anal que padece (fs. 17/28).

El dictamen médico reprodujo lo sucedido en base a las constancias de la Historia Clínica. Precisó que la expulsión del bebe comenzo a las ì 6:15 hs. del diaì 15 de noviembre de 2001 (fs. 396/402, esp. fs. 398, respuesta al punto 2), que se practicó una episiotomiaì (fs. 396/402, esp. fs. 398, respuesta al punto 5), sin constar en qué cuadrante se realizó, aunque informó que fue en hora 7-8 vulvo perineal (fs. 396/402, esp. fs. 398 vta., punto 6), producienì dose asimismo un desgarro vaginal de grado II que no comprometió al recto (fs. 396/402, esp. fs. 398 vta y 399, respuesta a los puntos 7 y 10), el cual fue resuelto mediante la sutura con catgut cromado II segunì tecì nica (fs. 396/402, esp. fs. 398 vta., respuesta al punto 9; arts. 386, 477, CPCC).

También puntualizó que no se ejecutó la maniobra de Cristeler, la cual consiste en presionar en el fondo uterino, para ayudar a expulsar al feto (fs. 396/402, esp. fs. 398, respuesta a los puntos 3 y 4).

Detalló la profesional cómo se clasifican los desgarros o laceraciones de vagina.

Determinó que las de primer grado afectan la horquilla, la piel perineal y la mucosa vaginal, pero no la aponeurosis ni el músculo subyacente. Aclaró que la de segundo grado “.compromete ademasì de la piel y mucosas, la aponeurosis y los musculos del cuerpo perineal, pero no el esfinì ter rectal”, como fue la sufrida por la actora (fs.

396/402, esp. fs. 398 vta., respuesta al punto 8, también explicado a fs.400 vta., respuesta al punto 5 y 6). Luego describió que la de tercer grado se extiende a través de la piel, mucosa y cuerpo perineal y afectan el esfínter anal y la de cuarto grado se extiende a través de la mucosa rectal para exponer a la luz el recto. Concretó que la etiología es el parto y su tratamiento es la sutura por planos (fs. 396/402, esp. fs. 398 vta., respuesta al punto 8).

Este aspecto es el que la actora critica, pues interpreta que aun cuando en la Historia Clínica se afirmara que el desgarro fue de nivel II, ella entiende que fue de un orden mayor. Empero, anticipo, no hay ningún elemento del expediente que avale esa conclusión a los fines de relacionar esta atención médica con la dolencia que padece.

En la Historia Clínica, tal como refiere la experta, no surge que luego del parto padeciera incontinencia de gases -el primero de los síntomas que relató la actora que comenzó a sufrir-, durante su internación en el puerperio inmediato (fs. 396/402, esp. fs. 399, respuesta al punto 11), ni tampoco incontinencia fecal (fs. 396/402, esp. fs. 400vta., respuesta al punto 7).

La perito señaló que tampoco se lee en la Historia Clínica el motivo de la visita a la doctora P. con posterioridad, luego del alta (fs. 396/402, esp. fs. 400 vta., respuesta al punto 8), lo cual tampoco se puntualizó en la demanda (fs. 17/28, esp. fs. 18 vta., segundo párrafo), aunque habría sido para reparar una dehiscencia de la episiotomía, según detalló la experticia (fs. 396/402, esp. fs. 401vta).

Añadió que: “La actora refiere que la incontinencia para gases y materia fecal comenzó luego del nacimiento de su hijo, pero no hay referencia de estos síntomas durante su internación ni tampoco en los controles posteriores. A menudo estas pacientes tienen antecedentes de: trabajo de parto prolongado, desproporción cefalopélvica, alto peso al nacer, uso de forceps, desgarro perineal.La actora presentó el bebé mayor de 4 Kg y desgarro perineal. Durante el parto vaginal puede ocurrir un daño mecánico o neurológico del esfínter anal. Algunas mujeres pueden sufrir ambos tipos de daños. Y las lesiones ocultas del esfínter son comunes y se presentan en un tercio de la primíparas. En el caso de autos el hecho de haber padecido un hematoma vulvar y deshiencia de la herida también son causas que conspiran contra la cicatrización adecuada. Generando un exceso de formación de tejido cicatrizal, el cual hace que el esfínter anal tenga menor actividad.” (fs. 396/402, esp. fs. 401 vta./402).

En las conclusiones, refirió que es usual que pueda ocurrir un desgarro perineal de segundo grado, a pesar de realizarse la episiotomía, cuando se trata de un bebe mayor a 4 kilos, como es en este caso. Precisó que “Ambas entidades forman parte de la práctica habitual de la obstetricia y no son prevenibles, pero si sospechables, si hubiera habido algún signo objetivo como trabajo de parto prolongado o aplicación de forceps que no los hubo. Por lo cual esta perito debe mencionar que se actuó de acuerdo a las normas y procedimientos médicos establecidos por protocolo y el padecimiento de la paciente forma parte de la complicación inherente a la práctica habitual, dada que la episiotomía estaba indicada dado el alto peso del bebé.” (fs. 396/402, esp. fs. 402).

En síntesis, contrariamente a lo sostenido por la parte reclamante, el obrar medico fue correcto (arts. 3, 512, 902, CC; 7, CCCN; 330, 356 inc. ì 1, 386, 477, CPCC).

Sin embargo, la actora argumenta que hubiera podido ocurrir que se haya provocado un desgarro mayor que el referido en la Historia Clínica y que los profesionales en la sala de partos no lo hubieran percibido.En este sentido, la misma experta adunó que hay un porcentaje de partos de primíparas, sin evidencia de desgarros que comprometen el esfínter anal y que ahora se diagnostica a través de la ecografía endoanal (fs. 396/402, esp. fs. 400vta., respuesta al punto 9).

En tal caso, el error médico hubiera estado en la falta de un diagnóstico adecuado que hubiera reparado el daño ocasionado el nacer el niño. Sin embargo, existen otros elementos en el expediente que me llevan a desplazar esta posibilidad.

Como se transcribió de la Historia Clínica, en el período posterior al alumbramiento y cuando la señora estaba internada no padeció de pérdida de gases o de materia fecal. Así, pudo egresar del hospital el día 18 de noviembre, sin ninguna anotación sobre este punto. Las dos consultas que efectuó luego a la doctora P. se refirieron a una dehiscencia de la herida y, según la actora, a los 60 días se le dio el alta del parto sin ninguna observación (fs. 17/28).

Recién a casi dos años del nacimiento del bebé, con fecha 14 de octubre de 2003, se le practicoì una ecografiaì endorrectal que reveló anormalidades en el nivel medio y bajo del recto (fs. 9) y, el 21 de octubre de 2003, una manometriaì anorrectal con resultado revelador de esa condición. Expresa la experta que “El estudio es compatible con importante afectacionì funcional de ambos esfinì teres anales (interno y externo), comportamiento disinerì gico del canal anal durante el esfuerzo evacuatorio y leve alteracionì de la sensorialidad rectal” (fs. 396/402, esp. fs. 399 y vta., respuesta al punt o 16).

Ha quedado acreditado que la actora padece la anomalía referida.El punto reside en si existe una relación de causalidad entre ese daño y el obrar médico en la atención por el parto, a los fines de atribuir la responsabilidad a los médicos demandados, como pretende la legitimada activa.

Ha informado la experta que uno de los factores que puede provocar incontinencia de gases o de materia fecal es el parto (fs. 396/402, esp. fs. 399vta., respuesta al punto 18), aunque también se han señalado otras razones, como son el prolapso rectal, el estreñimiento, el ACV, el sexo anal, el DBT mellitus, la lesión del nervio pudendo, las lesiones de la médula espinal, la esclerosis múltiple, las lesiones del lóbulo frontal, las lesiones bilaterales del putamen, la enfermedad de Crohn perianal y la colitis ulcerosa (fs. 396/402, esp. fs. 401, respuesta al punto 12). Incluso, podría ser idiopática que es la que aparece sin causa aparente (fs. 396/402, esp. fs.

401, respuesta al punto 11). En síntesis, puede tener otras fuentes distintas a la alegada en el caso y, en estos obrados, no se ha definido cuál es la que provoca la dolencia de la reclamante. Es por ello que habrá que acudir a las restantes constancias del expediente para definir si se puede revelar el origen.

La primera evidencia sobre la existencia de la dolencia es el estudio realizado el 14 de octubre del año 2003 (fs. 9) y el siguiente, el 21 de octubre del mismo año (fs. 7).

También consta otro informe emitido por “Gastroenterología Diagnóstica y terapéutica (Gedyt)”, de fecha 18 de junio de 2010, cuando estas actuaciones ya se habían iniciado (fs. 389/395).

Por consiguiente, el primer hecho que da cuenta de este padecimiento data de octubre del año 2003, en tanto el parto fue en noviembre del año 2001, es decir, a casi dos años del nacimiento del hijo de la accionante.Como se menciona en el dictamen de la perito psicóloga, de la entrevista que tuvo con la actora, se indicó que “Al referir su entrada 48 hs. después de haber sido dada de alta; al quirófano; se nota mucha movilización emocional, con llanto, enojo, angustia. Refiere haberse sentido violentada al ser llevada nuevamente y sin preparación previa al quirófano. Tanto que no volvió a los controles con el médico, por casi un año.” (fs. 368/379, esp. fs. 372). Cabe precisar que interpreto que esta intervención es la realizada por la doctora P. por el desgarro identificado en la Historia Clínica.

También explica sobre la disfunción rectal y perineal que “Son síntomas agregados, que aparecieron posterior a los hechos de autos con incontinencia de gases y materia fecal, vivenciados por la peritada como una situación muy humillante; que le ha hecho modificar sus hábitos en todos los niveles de la vida: ya sea en el ámbito social, en el ámbito íntimo sexual, en el ámbito personal, en el ámbito de las costumbres higiénicas íntimas, etc.” (fs. 368/379, esp. fs. 372).

La importante incidencia en la vida social que produce esta dolencia, lo que la experta en psicología describe referido por la actora y que no puede más que compartirse, lleva a cuestionar que se haya originado en el parto, pues si así hubiera sido, hubiera existido alguna evidencia que descubra su comienzo con proximidad al mismo, pero ello no consta (art. 377, CPCC). Nada se dice en la Historia Clínica antes del alta por el alumbramiento, tampoco aparece ninguna consulta con el obstetra o con otro especialista con cercanía a ese evento. Recién un año y once meses desde el parto se acredita su existencia, por lo que no encuentro probada una relación directa entre el nacimiento del niño con el perjuicio o que se hubiera podido manifestar esa consecuencia luego de un período que justificara una consulta a casi dos años (arts.377, 386, CPCC).

Es un hecho notorio de la naturaleza humana que de tener una persona esta suerte de minusvalía que afecta en forma constante su vida diaria, si estuviera motivada en el parto, la consulta y tratamiento hubiera sido próxima a éste y no a casi dos años (arts. 377, 386, CPCC). Incluso, en la demanda la actora relató que la incontinencia comenzó a ocurrir tiempo después, si bien no precisó cuándo.

La regla consagrada en el art. 377 del Código Procesal Civil y Comercial, impone a cada parte la carga de probar las circunstancias de hecho invocadas como sustento de su pretensión, defensa o excepción, a través del aporte de los elementos de convicción que justifiquen la legitimidad de su reclamo (SCBA, L 95453, sent. del 18-II-2009, entre otros).

Por consiguiente, en vista al tiempo transcurrido entre el parto y la primera evidencia de la existencia de esa dolencia, que es el estudio citado, luego de casi dos años, no encuentro probado el nexo causal entre la atención médica en el parto y la incontinencia fecal y de gases. No existen elementos que permitan inferir que ese obrar médico haya producido un daño, ya sea por causar el deterioro físico que origina este reclamo o por no haberse percatado que ello sucediera y, de tal manera, hubiera podido ser resuelto. En suma, por los fundamentos vertidos, aprecio que la sentencia debiera ser confirmada (arts. 3, 512, 902, CC; 7, CCCN; 330, 356 inc. 1, 377, 477, CPCC).

IX- Por las consideraciones expuestas, en caso de resultar compartido este voto por mis colegas de Sala, postulo no hacer lugar al recurso y confirmar el fallo apelado, con costas de la Alzada a la actora vencida (art. 68, CPCC). Firme la presente, vuelvan los autos para el tratamiento de los recursos pendientes.

El Dr. Álvarez y el Dr. Ameal por las consideraciones y razones aducidas por la Dra. Bermejo, votan en igual sentido a la cuestión propuesta. SILVIA P. BERMEJOOSVALDO O. ALVAREZ-OSCAR J. AMEAL-JULIO M. A.RAMOS VARDE (SEC.).

Buenos Aires, 12 de mayo de 2020.- Y visto lo deliberado y conclusiones establecidas en el Acuerdo trascripto precedentemente, el Tribunal por unanimidad decide no hacer lugar al recurso y confirmar el fallo apelado, con costas de la Alzada a la actora vencida (art. 68, CPCC).

Firme la presente, vuelvan los autos para el tratamiento de los recursos pendientes.

En virtud que el “Protocolo y pautas para la tramitación de causas judiciales durante la feria extraordinaria”, aprobado por Acordada n° 14/2020 de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, habilita el dictado de oficio de sentencias interlocutorias y definitivas y su posterior notificación electrónica durante la vigencia de la feria extraordinaria dispuesta por Acordada n° 6/2020 -y prorrogada por las Acordadas n° 8/2020, 10/2020, 13/2020 y 14/2020-, en sentido similar a las Resoluciones del Tribunal de Superintendencia de esta Cámara Nacional Civil (n° 393/2020 y 454/2020, entre otras, dictadas por estrictas razones sanitarias), se suscribe la presente, con expresa indicación que ésta no implica la reanudación de los plazos procesales, lo cual, a todo evento, deberá ser pedido expresamente y de forma fundada (conf. punto IV, “3” del citado protocolo).

Regístrese de conformidad con lo establecido con el art. 1° de la ley 26.856, art.

1 de su Decreto Reglamentario 894/2013 y arts. 1, 2 y Anexo de la Acordada 24/13 de la CSJN.

La difusión de la presente sentencia se encuentra sometida a lo dispuesto por el art. 164, segundo párrafo del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación y art. 64 del Reglamento para la Justicia Nacional. En caso de su publicación, quien la efectúe, asumirá la responsabilidad por la difusión de su contenido.

Notifíquese por Secretaría, cúmplase con la comunicación pública dispuesta en las Acordadas CSJN 15/2013 y 24/2013 y, oportunamente, devuélvase.

SILVIA P. BERMEJO

OSVALDO O. ALVAREZ

OSCAR J. AMEAL

JULIO M. A. RAMOS VARDE

(SEC.).