¿De quién es la culpa?: Un menor chocó contra una puerta de vidrio en un salón de fiestas y sufrió graves lesiones

puerta de vidrioPartes: C. A. A. y otro c/ Asociación Mutual Personal Obreros y Empleados y otros s/ daños y perjuicios

Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil

Sala/Juzgado: H

Fecha: 5-dic-2019

Cita: MJ-JU-M-122592-AR | MJJ122592 | MJJ122592

Responsabilidad concurrente en un 50% entre el propietario de un salón de fiestas y los padres de un menor que chocó con una puerta de vidrio mientras estaba en un evento en el lugar.

Sumario:

1.-Corresponde fijar en un 50% la responsabilidad del propietario de un salón de fiestas en donde un menor chocó con una puerta de vidrio, ya que, si bien tal puerta -que era visible para los adultos- resultó peligrosa para el menor, lo cierto es que fueron los padres de éste quienes, habiéndola percibido, no pudieron evitar que el niño se lastimara; en otras palabras, no arbitraron los medios que se encontraban a su alcance, para evitar que pudiera embestir contra el cristal.

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2.-El factor de atribución objetivo de responsabilidad atribuida a la propietaria del salón de fiestas en donde un niño chocó con una puerta de vidrio, por ser el guardián de la cosa, se encuentra parcialmente fracturado por la culpa de un tercero, los padres del menor lesionado, quienes no cumplieron con una de sus obligaciones parentales, como es el debido cuidado de su hijo.

Fallo:

En Buenos Aires, a los 5 días del mes de diciembre de 2019, hallándose reunidos los señores Jueces integrantes de la Sala H de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil de la Capital Federal, a los efectos de dictar sentencia en los autos: “C. A. A. y otro c/ Asociación Mutual Personal Obreros y Empleados y otros s/Daños y Perjuicios”, y habiendo acordado seguir en la deliberación y voto el orden de sorteo de estudio, el Dr. Kiper dijo:

Contra la sentencia dictada en primera instancia a fs. 382/390, que hizo lugar parcialmente a la demanda de daños y perjuicios interpuesta por A. A. C. y N. C., en representación de su hijo menor L. G. C., contra la Asociación Mutual Personal Obreros Empleados de Comesi planta Canning, y la rechazó en relación de Ternium Argentina S.A., apelan los actores, la mutual demandada y la Defensora de Menores, quienes por los motivos expresados a fs. 404/406 (demandada), fs. 408/410 (actores) y fs. 437/439 (defensor), persiguen la modificación de lo decidido.

Corrido el traslado los agravios fueron contestados a fs. 429 por los actores y a fs.432/433 por la demandada, encontrándose los autos en condiciones de dictar un pronunciamiento definitivo.

Los actores y la Defensora de Menores cuestionan que se les haya atribuido el 50 % de la responsabilidad en la ocurrencia del hecho.

Entienden que el hecho de que un menor (su hijo, que resultara lesionado) corriera en un cumpleaños infantil, no puede considerarse un hecho fortuito.

Sostienen que el “a quo” hizo una interpretación parcial de las declaraciones de los testigos; y agregan que el accidente pudo haberse evitado, si la puerta de vidrio que embistió el menor se hubiera encontrado debidamente señalizada.

Por su parte, la demandada condenada, reprocha la responsabilidad que le endilga el magistrado de grado en la producción del daño.

Refiere que, se le ha otorgado relevancia a los testigos que declararon en autos, cuando ellos ni siquiera presenciaron el accidente.

Expone también que la puerta que embistiera el menor lesionado era claramente visible, contaba con vidrios repartidos, cortinado del lado de adentro y maceteros a los costados; y que no se pueden tomar otras medidas ante la negligencia de la víctima.

Antes de ingresar en el tratamiento de los agravios resaltaré que, en cuanto al encuadre jurídico que habrá de regir esta litis, atendiendo a la fecha en que tuvo lugar el accidente, resulta de aplicación lo establecido en la normativa contenida en el Código Civil, hoy derogado, por aplicación de lo dispuesto en el art. 7 del Código Civil y Comercial de la Nación, actualmente vigente, sin perjuicio de señalar, claro está, que a idéntica solución se arribaría aplicando las normas pertinentes de este último cuerpo legal.

Para un mejor análisis del hecho, creo conveniente hacer una breve síntesis de las posiciones asumidas por las partes en el expediente bajo estudio.

En su escrito inicial, A. A. C. y N. C., relataron que el día 28 de julio de 2010, su hijo L. G. C., concurrió al salón de fiestas de la mutual demandada en ocasión del festejo del cumpleaños de su primo.Asistió primero en horas de la tarde, y retornó luego aproximadamente a las 20.30 hs. (junto con sus padres y hermanos) pues a esa hora comenzaba la segunda parte del festejo, a la que estaban invitados los familiares y amigos de los padres del celebrante.

Agregaron que “.una vez que descienden del auto, L. se adelanta, corriendo y embiste accidentalmente, con la región frontal, la puerta de ingreso al salón, de vidrio en su totalidad y sin signos que permitan advertir su presencia.” Detallaron que el menor fue socorrido por los presentes, y asistido luego por personal médico del Hospital General de Agudos de Ezeiza.

La mutual encartada, al contestar la demanda reconoció la ocurrencia del hecho, pero expuso que el mismo se desencadenó por la exclusiva culpa de la víctima.

Explicó que el salón donde se produjeran los acontecimientos es de su propiedad, y es utilizado por los asociados de la mutual, a quienes se les presta las instalaciones, sin mediar un contrato escrito.

Añadió que ese día el salón se había otorgado a D. C., quien debía hacerse cargo de las normas impuestas para su utilización.

Describió la abertura que fuera impactada como “.una puerta de aluminio, de dos hojas, donde se ve claramente la división del vidrio de arriba y del vidrio de abajo, midiendo cada hoja 0,80 de ancho por 2.00 mts de alto con una división en el medio, a la altura de 1.00 mts, [.] y teniendo cada puerta cortinas de tela.” Antes de examinar los agravios, quiero recordar que a mi entender es correcto el encuadre jurídico otorgado al caso por la anterior sentenciante, dentro de la responsabilidad extracontractual (artículo 1113 segundo párrafo, 2da parte, del Código Civil) (conf.Sala M, CNCivil, 30/8/01, en autos “Curani c/ Jobbs S.A.”; Sala C, CNCivil, 25/9/2007, en autos “Ledesma c/ Espeche”; y Sala E, CNCivil, 21/2/01, JA-2001-III-1999).

Esta importante norma -señala la doctrina- contiene una inversión de la carga de la prueba que beneficia a la parte actora y que lleva a presumir la responsabilidad del dueño de la cosa con la que se causó el daño. Sea que se considere que el mismo se ha producido por el vicio o por el riesgo de la cosa, la situación en este aspecto no varía, pues la presunción sólo quedará sin efecto si media un factor interruptivo de la relación causal, lo que no ocurrirá más que cuando el imputado demuestre que medió culpa de la víctima o de un tercero por quien no debe responder.

En consecuencia, el actor únicamente tiene que acreditar la existencia del evento y de una relación de causalidad entre el riesgo o vicio de la cosa, por un lado, y el daño, por el otro (Conf. Llambías, Jorge, “Código Civil Anotado”, Tomo II-B, pág. 472).

Asimismo, se ha dicho que el riesgo o vicio de la cosa no se presumen, como tampoco se presume que ella fuera apta para repotenciar, recrear o aumentar la posibilidad de daño. Así, si la víctima ha sufrido daños que imputa al riesgo o vicio de la cosa, debe demostrar la existencia de ese riesgo o vicio y la relación de causalidad entre uno u otro y el perjuicio (Conf. CSJN, 19-11-91, LL 1992-D-228).

No afecta esta conclusión la naturaleza “inerte” de la cosa que se encuentra en juego.

Se ha dicho que las cosas inertes, o sea, objetos que por su naturaleza están destinados a permanecer quietos, pueden tener normalmente un peligro estático. Una escalera que es en principio inactiva, puede excepcionalmente tener un peligro en suspenso si los escalones fuesen resbalosos o se hallaren en mal estado de conservación.Lo mismo puede decirse de la calzada o vereda (Conf. Bustamante Alsina, Jorge, Daño causado con la cosa o por la cosa, LL 1989-A-508, pag. 316), o en el caso una puerta de vidrio.

Ahora bien, para establecer si una cosa es riesgosa es necesario averiguar, frente al caso concreto, las características de aquella que ha intervenido en el evento dañoso, para saber si ofrecía un riesgo especial, intrínseco, normal y extraordinario, tal como se analizan las características de una conducta acorde con el art. 512 del Código Civil, para saber si ha sido o no culpable. No debe olvidarse que, el riesgo de la cosa nunca es la causa exclusiva del daño, pues éste siempre resulta de una agravación o deformación del riesgo que encierra la cosa: manipuleos o uso erróneo, falta de adopción de medidas de seguridad, deficiencias en la conservación o custodia, es decir, de actos que desencadenan la potencialidad dañosa (conf. Zavala de González, Matilde, “Responsabilidad por riesgo”, 2° Ed., págs.56 y sigs.).

La magistrada de primera instancia hizo lugar parcialmente a la demanda por considerar que la puerta de ingreso del salón era una cosa riesgosa, y que se encontraba reconocido el hecho invocado.

Por otra parte, juzgó que la actitud del menor de arremeter contra la puerta, debe ser merituada como un hecho inevitable, teniendo una incidencia causal del 50% en la producción del daño.

Como dije, ambas partes están en desacuerdo con la decisión.

Entonces, lo realmente relevante en este caso es determinar, por un lado, si la puerta de ingreso, en las condiciones en las que se encontraba instalada resultaba riesgosa, para ameritar la aplicación del mencionado artículo 1113 del antiguo ordenamiento civil; y por otra parte, si la actitud del menor al embestirla puede considerarse interruptiva del nexo causal entre el potencial riesgo de la abertura y los daños que sufriera la víctima (sea que se juzgue como caso fortuito o por entender que existió responsabilidad parental en el cuidado del menor).

Si bien no está discutida la ocurrencia del accidente, la prueba respecto de las circunstancias que lo rodearon es prácticamente nula.

Los testigos que declararon no presenciaron el hecho, y expusieron únicamente en relación a lo que otros presentes al momento del hecho les refirieron.

A fs. 80/82, se encuentran agregadas las fotografías de la puerta en cuestión, la que se ajusta a la descripción dada por la demandada.

Es cierto que dicha imagen fue tomada de día, y los hechos ocurrieron por la noche, por lo que poco aportan respecto de la visibilidad al momento del accidente.Aunque da una pauta de las características de la entrada involucrada en el hecho.

Más allá de que su presencia pueda resultar ostensible para un adulto, resulta evidente que la puerta no se encuentra señalizada, lo que pudo afectar la posibilidad del menor -cuya línea de visión es más baja- de distinguirla.

Entiendo que el hecho de no haber producido prueba alguna respecto de que por su ubicación, iluminación, y otras circunstancias, la puerta no resultaba riesgosa, juega un papel preponderante en la solución, y permite, como ya referí, la aplicación de la doctrina emanada del art. 1113 del Cód.

Civil, en cuanto a la responsabilidad.

A igual resultado se arribaría con el régimen de responsabilidad contractual, dado que el dueño del lugar asume una obligación de seguridad hacia los participantes (conf. Sala F, CNCivil, 20/7/2006, Lexis N° 1/70038047-1; Sala G, CNCivil, 18/6/2010, en autos Aguilar c/Despelote Kids).

Ahora bien, también corresponde indagar respecto del hecho del menor, y si la presencia e intervención diligente de sus progenitores hubiera modificado en alguna medida la producción del evento dañoso.

El relato efectuado por ellos, es la prueba más cabal de esto.

Como ya expliqué en su escrito inicial, los padres de la víctima contaron que “.una vez que descienden del auto, L.se adelanta, corriendo y embiste accidentalmente, con la región frontal, la puerta de ingreso al salón.” Creo que fue un hecho que podía preverse actuando con la debida diligencia y cuidado, y no imposible de predecir (conf.art.264, 512, 902, 1113,1114 y cc C.Civil), tal como ellos lo señalan en sus agravios.

La puerta del salón, que era visible para los adultos, resultó peligrosa para el menor, pero fueron los padres de éste quienes, habiéndola percibido, no pudieron evitar que el niño se lastimara; en otras palabras, no arbitraron los medios que se encontraban a su alcance, para evitar que pudiera embestir contra el cristal.

Estos hechos remarcados son demostrativos que el factor de atribución objetivo de responsabilidad atribuida a la demandada, por ser el guardián de la cosa, se encuentra parcialmente fracturado por la culpa de un tercero, los padres del menor lesionado, quienes no cumplieron con una de sus obligaciones parentales, como es el debido cuidado de su hijo (art.264, 1114 C.Civil; sobre el tema de la culpa in vigilando; ver Vázquez Ferreyra en Highton Bueres, Código Civil y normas complementarias. Análisis doctrinario y jurisprudencial, Hammurabi, Buenos Aires, 1999, T 3 A, pág.518y sgtes.; Llambías, Código Civil Anotado, Abeledo Perrot, Buenos Aires, 1979, reimpresión, T II B, comentario art.1113, pág.454 y sgtes.; Matilde Zavala de González, Personas, casos y cosas en el derecho de daños, Hammurabi, Buenos Aires, 1991, pág.85 y sgtes.; Zannoni, Derecho de familia, 1989, Astrea, 2da.ed., T 2, pág.653; Nora LLoveras, en Highton Bueres, Código Civil y normas complementarias. Análisis doctrinario y jurisprudencial, Hammurabi, Buenos Aires, 1999, T 3 A, pág.448).

Las razones expuestas hacen que la atribución de responsabilidad de un 50% en cabeza de la demandada sea adecuada, por lo que deberá responder por las consecuencias dañosas en esa proporción (conf. art.1113 pár.2do.segunda parte Código Civil), tal como lo dispuso la magistrada de primera instancia.

Por todos estos argumentos, entiendo que deberá confirmarse la sentencia apelada, con costas de alzada, en el orden causado (art. 68 del Cód. Procesal), lo que dejo así propuesto al Acuerdo.

El Dr. Fajre y la Dra. Abreut de Begher, por las consideraciones expuestas por el Dr. Kiper, adhieren al voto que antecede. Con lo que se dio por terminado el acto firmando los señores Jueces por ante mí, que doy fe.

FDO. José Benito Fajre, Liliana E. Abreut de Begher y Claudio M. Kiper.

Buenos Aires, 5 de diciembre de 2019.

Y VISTO, lo deliberado y conclusiones establecidas en el acuerdo transcripto precedentemente por unanimidad de votos, el Tribunal decide: Por todos estos argumentos, entiendo que deberá confirmarse la sentencia apelada, con costas de alzada, en el orden causado (art. 68 del Cód. Procesal), lo que dejo así propuesto al Acuerdo.

Regístrese, comuníquese a la Dirección de Comunicación Pública, dependiente de la CSJN (conf. Ac. 15/13), notifíquese y, oportunamente, archívese.

José Benito Fajre

Liliana E. Abreut de Begher

Claudio M. Kiper