Repensar la familia pluriparental desde el ejercicio de la magistratura. Segunda parte

Autor: Galperin, Gabriel N.

Fecha: 5-sep-2018

Cita: MJ-DOC-13676-AR | MJD13676

 

Sumario:

I. Sistemas normativos comparados. II. Por qué la pluriparentalidad debería ser reconocida. III. Conclusión y propuesta.

Doctrina:

Por Gabriel N. Galperin (*)

I. SISTEMAS NORMATIVOS COMPARADOS

La determinación de la madre y el padre legal del niño fue relativamente sencilla históricamente, la madre biológica era la madre legal y su marido, según la presunción matrimonial, era el padre. Para un niño nacido fuera del matrimonio, solo la filiación materna era presumida, mientras que la paterna surgía del reconocimiento.

Comúnmente, los progenitores legales se involucran en la panoplia completa que implican las responsabilidades parentales, tales como proporcionar apoyo, vivienda, atención médica, educación y el desarrollar una relación afectiva con el niño; influenciando directamente en su desarrollo social, educativo y moral. Otros padres «legales» lo son solo en el nombre; no proporcionan ninguna ayuda financiera o emocional, ni tienen interacción alguna con el NNA. Todavía otras personas, como lo son las madres lesbianas no biológicas o los progenitores socioafectivos, asumen las responsabilidades propias de los roles parentales y disfrutan de muchos beneficios, pero no cuentan con un estatus legal reconocido; y por lo tanto no gozan de protección en sus relaciones con los hijos que han criado, ni aquellos niños sobre las relaciones puedan haber forjado.

Las TRHA han hecho posible que sea posible tener más de dos madres: la madre genética, la madre gestacional, y la madre intencional. De la misma manera, es posible tener dos padres: el donante de esperma y el padre previsto. Así, cuando los heterosexuales y las parejas homosexuales usan las TRHA para tener hijos pueden existir más de dos padres potenciales. La determinación de que individuos deben poseer status legal como progenitores se ha complejizado.

Tanto el avance de éstas, como el aumento continuo de las familias «no tradicionales» desafían el paradigma ortodoxo de doble progenie que ha sido un baluarte del derecho de familia. Dicha tesis basada en la familia nuclear biparental heterosexual se ha desmonopolizado.Sin embargo, aun cuando diferentes tipos de formaciones familiares emergen cotidianamente, los jueces continúan constreñidos por el arquetipo binario, esforzándose sus decisiones en ajustar a las nuevas familias dentro de viejos moldes.

En atención a lo cual, la responsabilidad parental debe ser reexaminada desde el interior del núcleo familiar múltiple y dispar. Se debe repensar y remodelar los roles y responsabilidades parentales. Es necesario desagregar sus muchos aspectos para permitir que todos los adultos relevantes participen en la vida del NNA, manteniendo la continuidad y la estabilidad de los vínculos; y cuando sea apropiado, reconocer que más de dos individuos pueden asumir los muchos papeles y obligaciones que la familia implican, ya que los NNA pueden beneficiarse del reconocimiento legal de todas esas personas, integrantes de sus realidades, como progenitores.

La pluriparentalidad no es meramente académica, con más frecuencia surgen antecedentes en los cuales los tribunales han protegido la relación del NNA con más de dos progenitores. Dichos casos, si bien siguen siendo escasos, en ocasiones refuerzan el paradigma binario, únicamente otorgando limitados derechos a un tercero y no reconocimiento igualitariamente a las partes.

Como realidad fáctica, requiere de un marco legal claro y especifico. Existen diferentes sistemas a nivel global que presentan un escenario normativo positivo a favor, cada uno poseedor de sus propias aristas eficaces, empero es factible el llevar a cabo ciertas observaciones. En resumidas cuentas, en Inglaterra, únicamente las responsabilidades parentales pueden asignarse a más de dos individuos, en función de las intenciones de los titulares primarios de la autoridad parental. Por el contrario, en California y en British Columbia se puede otorgar el estado de progenitor a más de dos individuos.En California este proceso está regulado por los tribunales, que se centran a la hora de fallar en favor del mejor interés del niño, interpretando este estándar desde un enfoque funcional y psicológico; en British Columbia la asignación del estado parental está sujeto a las intenciones de los integrantes del proyecto multiparental, plasmadas mediante un acuerdo de voluntades anterior a la concepción vía TRHA.

Bajo este panorama, la reflexión más apresurada invita a optar por una norma que incluya la participación jurisdiccional, bajo la premisa de permitir a más tribunales repensar nuevos planes de crianza. Sin embargo, dicho esfuerzo puede desacreditar al mismo tiempo otros modelos familiares basados en diferentes acuerdos sexuales no menos valiosos; sumado a que el establecimiento legal del status de progenitor librado a la discrecionalidad judicial encasilla a los individuos inmersos en la trama de un proyecto pluriparental en la ambigüedad del no poder avanzar con él mismo al verse imposibilitados de predecir cómo serán reconocidos y regulados. En definitiva, la imprecisión de la multiparentalidad jurisdiccional como fuente filial se refleja en la diversidad de resultados factibles del permitir a los jueces individualmente el interpretar el estándar del mejor interés del niño.

El caso de California es un claro ejemplo de lo anterior. En esta jurisdicción mediante la Sección 7612 (c) del California Family Code se permite que los tribunales reconozcan los modelos multiparentales si se comprueba que el establecimiento del estado de padres a solo dos personas resultaría perjudicial para el niño. La discusión parlamentaria previa a la sanción de esta legislación argumentaba:«La mayoría de los niños tienen dos padres, pero en raros casos, los niños pueden tener más de dos (.) Es la intención de la Legislatura que este proyecto de ley solo se aplique en el caso raro en que un niño realmente tiene más de dos padres» (1). Así, las cortes no reconocen simplemente a las familias multiparentales, también regulan sus dinámicas, monopolizando la decisión de conferir el estado parental o no. Las desventajas en esta forma de regulación se tornan más evidentes. En primer lugar, como la regulación de las familias multiparentales pivotea en la aplicación e interpretación que hagan los tribunales del término «perjudicial» en la Sección 7612 (c) del Código Familiar de California, es posible que dicha interpretación sea muy estricta y estrecha, llevando a que la asignación de estado de familia multiparental se torne prácticamente imposible. En segundo lugar, si bien parece que el estado multiparental está disponible, puede que sea solo posible si los adultos encajan en el ideal de un patrón «heteronormativo» de parentalidad. En este sentido, se otorgará dicho estado solo si ya comparten las responsabilidades por igual, viven en la misma casa, etc. Las relaciones futuras, o las relaciones no heteronormativas, podrían no encajar dentro del patrón de familias multiparentales (2).

Inglaterra es otro sistema donde el reconocimiento de la multiparentalidad está disponible, aunque con un margen mucho más acotado: solo se permite la asignación de la responsabilidad parental a más de dos personas simultáneamente, en contrario al completo status de progenitor; y solo para el supuesto de aquellos niños nacidos mediante TRHA. El reconocimiento de lo que es posible denominar como multiparentalidad atenuada incompleta solo ocurre cuando todos los padres están de acuerdo sobre el estado y responsabilidad parental que detentara cada uno, con anterioridad -o no- a la concepción.Caso contrario, el establecimiento de la familia multiparental estará supeditado a lo que estipulen los tribunales atento los casos que lleguen a su escrutinio, donde como máximo construirán un modelo jerárquico dentro de una estrategia de custodia (3).

Claramente, se coloca al titular del estado de progenitor en una posición de superioridad en relación al resto por varias razones. En primer lugar, la responsabilidad parental es menos permanente que la parentalidad, tiene fecha de vencimiento, cuando el niño alcanza la mayoría de edad; se produce un resultado similar si el niño muere, es adoptado o llevada a cabo una orden de privación parental. En contraste, el status de progenitor perfecto llega a su fin solo por adopción o por disposición judicial en contrario. Sin tal intervención, el vínculo familiar siempre existirá. En segundo lugar, la etiqueta parental social es posiblemente diferente. La parentalidad es un estado que solo los progenitores primarios disfrutan, mientras que los que lo son de forma imperfecta solo comparten las responsabilidades. Como tal, aunque ambos poseedores del derecho a la crianza, el valor social asociado a cada uno es diferente: la identidad es más exclusiva y codiciada (4).

El último ejemplo normativo traído a colación que reconoce la multiparentalidad es British Columbia, donde la inscripción se basa en los acuerdos parentales inter partes. Ante la existencia de un acuerdo consignado por escrito previamente a la concepción del niño mediante TRHA, se reconoce la parentalidad de todas las partes involucradas en el mismo. De este modo, la relación multiparental da inicio previamente al constituirse, sin que exista ningún requisito de apego psicológico, o cuidado parental real. La concesión del estado parental se basa puramente en las intenciones de los padres.En síntesis, la parentalidad plena, es posible para quienes firmaron un acuerdo antes de la concepción del niño, y esta se llevó a cabo exclusivamente a través de TRHA (5).

La desventaja principal se halla en los requisitos -acuerdo por escrito, antes de la concepción y a través de TRHA-, son demasiado estrictos para abarcar todas las instancias en las que puede producirse la multiparentización. No todos los acuerdos de parentalidad compartida están escritos, ni todos estos son arreglos ejecutados a través de TRHA. Por ende, no llega a abarcar a aquellos casos de multiparentalidad socioafectiva; en los cuales solo podrá optarse excluyentemente por la asignación de los derechos y obligaciones pro pios de la autoridad parental a través de la acción de tutela o guarda. Notablemente, el valor de este estado es discutible, ya que el alcance de las responsabilidades parentales podría estar limitado por los progenitores primarios o el tribunal, cabiéndole iguales críticas a las desarrolladas para el supuesto del Reino Unido.

II. POR QUÉ LA PLURIPARENTALIDAD DEBERÍA SER RECONOCIDA

Continuando con cómo los miedos políticos se materializan en ideas, se analizarán y refutarán los argumentos que se oponen a la pluriparentalidad. Los mismos se dividen en tres categorías: representantes de una pesada carga para la administración; dañinos a la idea de la familia como institución; y peligrosos para el interés superior del niño.

La primera categoría sugiere que el reconocimiento de cualquier progenitor adicional, más allá de la concepción tradicional de dos, induce un mayor stress administrativo. Este «stress» puede describirse como la mayor carga a la que se verá expuesto el sistema judicial a la hora de resolver conflictos relacionados con la custodia, la comunicación y el apoyo financiero.

A priori, parece sospechoso que dicho stress impuesto por los integrantes de una familia plural, sea más agotador que aquel al que ya se ven expuestas las autoridades públicas cuando trabajan en una disputa biparental.Incluso más, aun cuando las disputas multiparentales sean más complejas, lo que no está demostrado empíricamente, este hecho en sí no justifica su no reconocimiento. No puede alegarse el grado de dificultad en la resolución de conflictos para justificar el trato diferencial entre familias «tradicionales» y aquellas multiparentales. De hecho, las familias multiparentales posiblemente requieran menos intervención estatal, ya que ellas pueden auto reforzarse más fácilmente en la división de las responsabilidades parentales, haciendo menos probable dado el mayor número de individuos responsables que el estado sea necesario (6).

La segunda categoría sostiene que el reconocimiento a la multiparentalidad socava el entendimiento de la familia «tradicional» como institución. El miedo es que dicho tipo de familia pierda su status social y su preponderancia legal. De este modo encontramos opiniones que dicen: «lo que sin duda el legislador estimo innecesario, por ser una cuestión de simple sentido común y que se desprende de la naturaleza del ser humano, puesto que este es concebido por la unión de dos gametos, uno proveniente de la mujer, y el otro de un varón, o sea, únicamente de dos personas y no más de dos» (7).

De todas formas, no existe razón para creer que la supervivencia de la familia tradicional depende del no reconocimiento de la multiparental, al igual como no fue dependiente del reconocimiento de las familias uniparentales u homoparentales en su oportunidad a través del desarrollo de la noción de voluntad procreacional en el CCivCom (8).

Incluso más, ya no puede sostenerse ningún valor en propugnar la existencia de la familia «tradicional» por sí misma. La CIDH ha sido clara en ese sentido al considerar que «la determinación del interés superior del niño, en casos de cuidado y custodia de menores de edad se debe hacer a partir de la evaluación de los comportamientos parentales específicos y su impacto negativo en el bienestar y desarrollo del niño según el caso, los daños o riesgos reales y probados, y no especulativos o imaginarios.Por tanto, no pueden ser admisibles las especulaciones, presunciones, estereotipos o consideraciones generalizadas sobre características personales de los padres o preferencias culturales respecto a ciertos conceptos tradicionales de la familia» (9); y «La Corte constata que en la Convención Americana no se encuentra determinado un concepto cerrado de familia, ni mucho menos se protege solo un modelo “tradicional” de la misma. Al respecto, el Tribunal reitera que el concepto de vida familiar no está reducido únicamente al matrimonio y debe abarcar otros lazos familiares de hecho donde las partes tienen vida en común por fuera del matrimonio» (10).

Adicionalmente, argüir que el reconocimiento de la multiparentalidad tiene como efecto alentar las relaciones poligámicas no tiene base y resulta del todo ignorante de la naturaleza de la pluriparentalidad (11). Dichas estructuras, de diversa naturaleza, generalmente ni siquiera están compuestas por individuos inmersos en una relación romántica (12).

El tercer argumento se enfoca en el interés superior del niño. En la mayoría de los casos de reconocimiento pluriparental, dicho interés cobró un rol determinante en pos del acogimiento de la acción. Resulta importante primero definir un estándar para este denominado interés superior considerando que, en principio, es muy difícil extraer una definición clara e uniforme que pueda ser aplicada a varias situaciones; empero surge de la Observación General N.° 14 Comité de los Derechos del Niño que «el interés superior del niño es un concepto triple: a. Un derecho sustantivo: el derecho del niño a que su interés superior sea una consideración primordial que se evalúe y tenga en cuenta al sopesar distintos intereses para tomar una decisión sobre una cuestión debatida, y la garantía de que ese derecho se pondrá en práctica siempre que se tenga que adoptar una decisión que afecte a un niño, a un grupo de niños concreto o genérico o a los niños en general. (…). b. Un principio jurídico interpretativo fundamental:si una disposición jurídica admite más de una interpretación, se elegirá la interpretación que satisfaga de manera más efectiva el interés superior del niño. Los derechos consagrados en la Convención y sus Protocolos facultativos establecen el marco interpretativo. c. Una norma de procedimiento: siempre que se tenga que tomar una decisión que afecte a un niño en concreto, a un grupo de niños concreto o a los niños en general, el proceso de adopción de decisiones deberá incluir una estimación de las posibles repercusiones (positivas o negativas) de la decisión en el niño o los niños interesados. La evaluación y determinación del interés superior del niño requieren garantías procesales. Además, la justificación de las decisiones debe dejar patente que se ha tenido en cuenta explícitamente ese derecho. En este sentido, los Estados partes deberán explicar cómo se ha respetado este derecho en la decisión, es decir, qué se ha considerado que atendía al interés superior del niño, en qué criterios se ha basado la decisión y cómo se han ponderado los intereses del niño frente a otras consideraciones, ya se trate de cuestiones normativas generales o de casos concretos».

Con el panorama mejor delimitado, se ha llegado a argumentar que «tampoco nos parece el hecho de tener tres padres sea compatible con el denominado interés superior del niño, (…), por el contrario, al tener tres padres y tres apellidos se verá expuesto a las miradas de terceros, con la posible invasión de su intimidad» (13), pero al contrario sin tal reconocimiento la unidad familiar es vulnerable ya que quedan muchos cabos sueltos, como los derivados de la responsabilidad parental, los derechos sucesorios y de la seguridad social. En este sentido, el no reconocimiento aparentemente trabaja contrariamente al interés superior del niño, preservando la idea de la familia heteronormativa.Yendo al extremo, incluso su no reconocimiento podría derivar en el niño institucionalizado, lo cual dudosamente sea en su mejor interés (14).

Considerando todo lo anterior, que mejor que sumarle la propia voz del niño para reforzar la idea del porque las pluriparentalidades deberían obtener legitimación: «Yo solo quiero a mis dos mamás reconocidas como mis mamás. La mayoría de mis amigos no tienen que pensar en estas cosas -ellos ya dan por sentado quienes son sus padres. Yo solo quiero a mi familia reconocida de la misma manera que cualquier otra, no tratada distinto porque mis dos padres son mujeres. (…) Ayudaría si el gobierno y la ley reconocieran que tengo dos mamas. Ayudaría a la gente a entender. Haría mi vida más fácil. Quiero que mi familia sea aceptada e incluida, así como las familias de los demás» (15).

Las sociedades democráticas deben esforzarse por asegurar que el mejor interés del niño no se convierta en una herramienta para conformar a todas las familias dentro del ideal de ¨perfecta¨ o «tradicional», es su deber el de proveer igual protección a los diferenciados estilos de vida (16).

III. CONCLUSIÓN Y PROPUESTA

El análisis crítico de la legislación comparada no es en vano, tiene como objeto sugerir un lineamiento jurídico novedoso que reconozca el estado filial múltiple y sea capaz, al mismo tiempo, de satisfacer las necesidades de todo el espectro de familias multiparentales; de los párrafos precedentes se deduce que solo aquel enfoque basado en la intención y la autonomía es lo suficientemente elástico con vistas a cumplir tal objetivo, siempre y cuando no se lo limite al contexto de las TRHA.Esta heterogeneidad característica de las familias multiparentales, obliga a proyectar una norma abierta y flexible, entendiéndola como la única herramienta eficiente para la protección de la dignidad y autonomía de los miembros de la familia; y consecuentemente del interés superior del niño.

Se descarta todo encuadre centrado en el estado civil y / o en datos genéticos / biológicos para la asignación del estado parental dado que nunca estará sincronizado con las diversas realidades sociales actuales y avances médicos. Considerando la gran cantidad de niños que nacen fuera del matrimonio, junto al hecho de que no todas las parejas pueden (o quieren) casarse, confiar únicamente en la presunción matrimonial parece poco práctico y discriminativo. Además, las TRHA ilustran que el hecho de la existencia de una conexión genética o biológica entre un individuo y un niño no es suficiente o necesario para la determinación de la parentalidad y sus responsabilidades. Esto no significa restarle importancia a la genética y la biología, per o en el contexto de la multiparentalidad no deberían ser criterios primarios. Los elementos funcionales y psicológicos menos aún pueden instaurarse como pilares para la determinación filial ya que proporcionan menos estabilidad y predictibilidad para los progenitores y niños; dicha parentalidad funcional y psicológica solo se puede establecer después del nacimiento y después de un período de tiempo significativo. Por otra parte, bajo esta perspectiva la relación con un progenitor legalmente potencial no reconocido puede verse perjudicada por quienes si detentan dicho estado, socavando así su posición a los ojos de los tribunales de antemano y comprometiendo el mejor interés del niño.

Contrastando estas reflexiones con la legislación local, de forma tal de adecuarla al enfoque basado en la intención y la autonomía, debe notoriamente modificarse el tercer párrafo del art. 558 en tanto determina lo siguiente: «Ninguna persona puede tener más de dos vínculos filiales, cualquiera sea la naturaleza de la filiación»; como así también el art.562 , en tanto sugiere idéntica limitación al referir lo siguiente: «. los nacidos por las técnicas de reproducción humana asistida son hijos de quien dio a luz y del hombre o de la mujer que también ha prestado su consentimiento previo, informado y libre». La norma por proyectarse debe expresamente referir a la multiparentalidad clara, concisa y de forma tal que no quepan interpretaciones excluyentes, cerradas y discriminatorias. En atención a lo cual, el art. 558, en su párr. 3.° , en su nueva redacción establecería lo siguiente: «las personas pueden tener más de dos vínculos filiales, cualquiera sea la naturaleza de la filiación, ante la existencia de acuerdo de voluntades por parte de todos los miembros de la familia»; mientras que el art. 562 evitaría insinuar la regla del doble vínculo: «. los nacidos por las técnicas de reproducción humana asistida son hijos de quienes han prestado su consentimiento previo, informado y libre». Dichas modificaciones, nada más y nada menos que en dos artículos cimiento de nuestro régimen filial actual, son suficientes para cumplir con el objetivo planteado, sin que exista necesidad de modificar los capítulos posteriores referidos a las reglas generales relativas a la filiación por TRHA, determinación de la maternidad, de la filiación matrimonial y extramatrimonial.

Como se remarcó, el enfoque basado en la intención captura la diversidad de relaciones características de las estructuras multiparentales (17), tanto aquellas diagramadas previa y posteriormente al nacimiento, sin limitar el número de integrantes, ni encajar dentro de un marco heteronormativo.Al autorreconocerse y regularse, sin que haya imposición administrativa ni judicial, la autonomía familiar no se ve infringida; y menos aún su privacidad, ya que la familia no se convierte en una suerte de debate público (18). Ahondando más, provee mayor seguridad y predictibilidad ya que los integrantes de la estructura familiar pueden confiar en que sus intenciones serán respetadas y recompensadas con aval legal (19). Lo opuesto quebranta la dignidad de los miembros de la familia, en tanto la estructura familiar se ve condenada al no ser verificada por la ley, resultando en ser percibida socialmente como ilegitima, discriminándola en todo sentido.

Parece razonable sugerir que mientras tanto exista acuerdo entre los miembros de la familia en relación al status parental, la intervención estatal debiera ser mínima; limitándose a su mero reconocimiento, sin inmiscuirse en su regulación, en tanto dicha intervención bajo este escenario extrañamente promueva en mejor medida el interés superior del niño. A la pregunta del cómo identificar dichas intenciones no puede dársele una respuesta taxativa, en tanto seria contraria al carácter permeable del instituto, debiendo considerarse tanto: un contrato escrito; un contrato implícito; o incluso el uso de otros métodos deductivos como podría ser la mera presencia de los involucrados ante el oficial del registro civil en ocasión de llevarse a cabo el reconocimiento.

La trama gira ciento ochenta grados al existir desacuerdo sobre los estatus parentales. Bajo estas circunstancias, el mejor interés del niño puede estar en riesgo, tornando tanto necesaria como justificada la intervención y regulación por parte del Estado. En este sentido, dicha intervención no es propia a las familias multiparentales. En efecto, siempre que existan puntos de desencuentro, será la jurisdicción la que intervenga para proteger el mejor interés del niño, sin importar que se trate de una familia estructurada «tradicionalmente» o no.

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(1) De los considerandos, se extrae lo siguiente:«This bill would authorize a court to find that more than 2 persons with a claim to parentage, as specified, are parents if the court finds that recognizing only 2 parents would be detrimental to the child. The bill would direct the court, in making this determination, to consider all relevant factors, including, but not limited to, the harm of removing the child from a stable placement with a parent who has fulfilled the child’s physical needs and the child’s psychological needs for care and affection, and who has assumed that role for a substantial period of time. (…) This bill would provide that a child may have a parent and child relationship with more than 2 parents. The bill would require any reference to 2 parents to be interpreted to apply to all of a child’s parents where a child is found to have more than 2 parents, as specified». La Sección 1 establece lo siguiente: «a. Most children have two parents, but in rare cases, children have more than two people who are that child’s parent in every way. Separating a child from a parent has a devastating psychological and emotional impact on the child, and courts must have the power to protect children from this harm. (…) c. This bill does not change any of the requirements for establishing a claim to parentage under the Uniform Parentage Act. It only clarifies that where more than two people have claims to parentage, the court may, if it would otherwise be detrimental to the child, recognize that the child has more than two parents. (d) It is the intent of the Legislature that this bill will only apply in the rare case where a child truly has more than two parents, and a finding that a child has more than two parents is necessary to protect the child from the detriment of being separated from one of his or her parents». La sección 7612 del Código de Familia queda redactada de forma que exprese lo siguiente: «c.In an appropriate action, a court may find that more than two persons with a claim to parentage under this division are parents if the court finds that recognizing only two parents would be detrimental to the child. In determining detriment to the child, the court shall consider all relevant factors, including, but not limited to, the harm of removing the child from a stable placement with a parent who has fulfilled the child’s physical needs and the child’s psychological needs for care and affection, and who has assumed that role for a substantial period of time. A finding of detriment to the child does not require a finding of unfitness of any of the parents or persons with a claim to parentage». Senate Bill -274 Family law: parentage: child custody and support. (2013-2014). Disponible en: https://leginfo.legislature.ca.gov/faces/billNavClient.xhtml?bill_id=201320140SB274 (3 de agosto de 2018).

(2) HAIM, Abraham, op. cit.

(3) Children Act, 2, 4ZA, «Acquisition of parental responsibility by second female parent: (1) Where a child has a parent by virtue of section 43 of the Human Fertilisation and Embryology Act 2008 and is not a person to whom section 1 (3) of the Family Law Reform Act 1987 applies, that parent shall acquire parental responsibility for the child if- (a)she becomes registered as a parent of the child under any of the enactments specified in subsection (2); (b)she and the child’s mother make an agreement providing for her to have parental responsibility for the child; or (c)the court, on her application, orders that she shall have parental responsibility for the child. (…) (3) The Secretary of State may by order amend subsection (2) so as to add further enactments to the list in that subsection. (4) An agreement under subsection (1) (b) is also a “parental responsibility agreement”, and section 4 (2) applies in relation to such an agreement as it applies in relation to parental responsibility agreements under section 4. (5) A person who has acquired parental responsibility under subsection (1) shall cease to have that responsibility only if the court so orders.(6) The court may make an order under subsection (5) on the application- (a) of any person who has parental responsibility for the child; or (b)with the leave of the court, of the child himself, subject, in the case of parental responsibility acquired under subsection (1) (c), to section 12 (4)». Disponible en el siguiente enlace web: https://www.legislation.gov.uk/ukpga/1989/41/section/4ZA.

(4) HAIM, Abraham, op. cit.

(5) FINDLAY, Barbara, y SULEMAN, Zara: «The family law act: everything you always wanted to know», en Baby Steps: Assisted Reproductive Technology and the B.C. Family Law Act, Continuing Legal Education Society of British Columbia, British Columbia, 2013, en: http://www.barbarafindlay.com/uploads/9/9/6/7/9967848/baby_steps.pdf.

(6) KINSEY, Ann E.: «A Modern King Solomon’s Dilemma: why State Legislatures Should Give Courts the Discretion to Find that a Child Has More than Two Legal Parents», 51 San Diego L. Rev., 295, 330, 2014, en HAIM, Abraham, op. cit.

(7) SAMBRIZZI, Eduardo A.: «La inscripción de tres padres para un hijo. Una resolución contra legem», La Ley, 26/5/2015, 1, La Ley, 2015-C, 881, AR/DOC/1566/2015.

(8) El CCivCom reconoce y da un marco de protección integral a las diver sas formas familiares que coexisten en nuestra sociedad, respetando los proyectos autorreferenciales de vida que han adoptado los individuos. Conforme se fueron suscitando en el tiempo los avances de la ciencia en materia de reproducción asistida, se produjo el quiebre en el binomio procreación / filiación. No siendo ajeno al avance científico, conjuntamente con la necesidad de reconocer la diversidad de formas familiares, el derecho al acceso a ellas, y como lo ha señalado la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la posibilidad de procrear que es parte del derecho a fundar una familia, el CCivCom incorpora, como tercera fuente de filiación, aquella derivada del uso de las TRHA.

(9) Corte IDH, caso «Atala Riffo y niñas vs. Chile», op. cit., acápite 109.

(10) Corte IDH, caso «Atala Riffo y niñas vs. Chile», op.cit., acápite 142.

(11) KINSEY, Ann E.: op. cit.

(12) VACCARO, Annemarie: «Toward Inclusivity in Family Narratives: Counter-Stories from Queer Multi-Parent Families», 6(4) J. GLBT Fam. Stud., 425, 429-32 (2010); en HAIM, Abraham, op. cit.

(13) SAMBRIZZI, Eduardo A.: op. cit.

(14) KINSEY, Ann E.: op. cit.

(15) Corte de Apelaciones de Ontario, caso «A. A. v. B. B», op. cit.

(16) HAIM, Abraham: op. cit.

(17) YEHEZKEL, Margalit; LEVY, Orrie, y LOIKE, John: «The New Frontier of Advanced Reproductive Technology: Reevaluating Modern Legal Parenthood», 37 Harvard Journal of Law and Gender 107 (2014), en https://ssrn.com/abstract=2290702.

(18) TRIGER, Zvi: «Introducing the Political Family: A New Road Map for Critical Family Law», Theoretical Inquiries in Law 13.1 (2012). Disponible en el siguiente enlace web: http://eial.tau.ac.il/index.php/til/article/view/160/137.

(19) KINSEY, Ann E.: op. cit.

(*) Abogado, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Derecho. Auxiliar Letrado, Defensoría Civil de General San Martín -Área de Audiencias-, Ministerio Público de la Provincia de Buenos Aires.