El desafío de formar abogados

Muchas veces en nuestro primer año de cursada los profesores nos preguntan qué significa pensar como un abogado, qué significa formarse en el ámbito jurídico y legal. ¿Es aprenderse las leyes? ¿Es saber cómo han fallado los jueces? Los procedimientos jurídicos aprendidos que deben aplicarse en el ejercicio profesional, ¿implican una forma distintiva en que los abogados razonan?; ¿existe una forma de razonamiento que sea característica del mundo jurídico?

Se puede argumentar que las habilidades del abogado consisten en la facilidad para lidiar con hechos y pruebas, y la capacidad para comprender el contexto completo de una situación. Aun así, estas cualidades que todo abogado debe tener para ser exitoso en el ejercicio de la profesión, pueden encontrarse en otras disciplinas, como la antropología y la historia.

Por eso, quizás lo más conveniente para analizar el pensamiento jurídico sea posicionarse en la amplitud del derecho, como un sistema que no es cerrado, ya que no todas las tácticas jurídicas están predeterminadas. Aunque haya formas y movimientos que son más frecuentes que otros en el derecho, esto no significa que sean exclusivos del mismo.

En el derecho no hay un modo dominante de razonamiento, no hay un modo único de pensamiento jurídico sino que el mismo se nutre y se expande por muchas disciplinas. El derecho es amplio, diverso y sobre todo cambiante. No va a ser el mismo dentro de un par de décadas, puesto que las normas se modifican, la jurisprudencia varía y las doctrinas evolucionan. Por eso, lo aprendido en el presente en términos técnicos y jurídicos no es una herramienta que sirva para siempre.

Un/a joven que hoy inicia sus estudios de abogacía, debiera ejercer, aproximadamente, hasta 2060. ¿Se están preparando hoy los estudiantes de derecho para constituirse en los abogados que necesitaremos en ese año? Los enormes desarrollos científicos y tecnológicos de que hemos sido testigos y los que vendrán, modificarán a nuestra sociedad y también al derecho, pues van de la mano. Es de presumir entonces, que buena parte de la normativa vigente y que constituye hoy el principal objeto de estudio en las escuelas de Derecho, no subsistirá ya en dicha época.

Entonces, si bien es importante el conocimiento jurídico porque en definitiva es lo que aplicaremos como profesionales, el mayor provecho que podemos obtener de asistir a la facultad de derecho es adquirir la habilidad para pensar, analizar, criticar, construir y reconstruir. En eso radica el razonamiento del abogado, mucho más que en el conocimiento de las leyes, a las cuales con un simple click podemos llegar. Lo importante no es saber el texto de la ley, lo que realmente importa es la capacidad de analizar. No se trata de incorporar conocimientos sobre la formación, ejecución y resolución de casos en el ejercicio de la abogacía; sino de profundizar en tales conceptos alrededor de la discusión de cada caso en particular.

Hoy en día egresan miles de abogados de las facultades de derecho todos los años. Todos saben lo que dicen los códigos, las leyes y los reglamentos. Muchos saben comprender una norma o texto legal. Pero sólo unos cuantos saben pensar como abogados.

Éste panorama implica un enorme desafío para las Facultades de Derecho, que obliga a repensar los objetivos y métodos docentes hasta ahora practicados.