La criminalización por pérdida de «cobertura». El derecho penal como un derecho penal por excelencia

Autor: Suárez, Paulo I.

Fecha: 21-dic-2017

Cita: MJ-DOC-12344-AR | MJD12344

Sumario:

I. Introducción. II. Criminalización por pérdida de cobertura. Selectividad del sistema penal y vulnerabilidad ante él. III. La comunicación social del estereotipo criminalizante.

Doctrina:

Por Paulo I. Suárez (*)

I. INTRODUCCIÓN

1. Es de público y notorio conocimiento que en los últimos meses se hubo de proceder al procesamiento con prisión preventiva de diversos funcionarios públicos pertenecientes a la gestión presidencial anterior a la que actualmente ejerce el señor presidente de la nación Mauricio Macri.

No es intención del autor referirme al mérito de dichos pronunciamientos judiciales, más aún cuando no siendo parte del expediente, ello resulta imposible, pues se desconocen sus pormenores y pruebas presuntamente existentes en los mismos.

2. Cabe referirnos, sin embargo, a un aspecto central del derecho penal y de la Criminología cual es el relativo a la denominada por Eugenio Raúl Zaffaroni «criminalización por pérdida de cobertura», «selectividad y vulnerabilidad del derecho penal» y a las conceptualizaciones de la criminología crítica respecto del «derecho penal como un derecho penal desigual por excelencia».

3. Pues, sin perjuicio de los resultados definitivos de los procesos penales incoados en contra de diversos funcionarios públicos de la gestión presidencial anterior y empresarios estrechamente vinculados a la misma, no lo sé si llamativamente, pero de hecho han puesto sobre el tapete que los «únicos delincuentes» no son siempre los mismos en palabras de M. Foucault, es decir, las personas pobres e indigentes pertenecientes a los estratos sociales más bajos de la sociedad, sino que posiblemente existen otros que, si bien no encajan con el estereotipo criminalizante, también podrían haber cometido ilícitos penales de mucha mayor gravedad.

Y ello es fundamental pues, por un lado, contribuye a despejar la falsa idea (prejuicio) de que los únicos «delitos» y los únicos «criminales« pertenecen a los estratos sociales más desfavorecidos de la sociedad, y, en segundo lugar, que posiblemente existen muchos otros que no pertenecen a dichos estratos sociales, que no padecen de carencia alguna en lo económico, habitacional, medios de subsistencia, «defectos» de socialización, pero se encuentran imputados por cometer conductas delictivas que tanto o mayor daño social provocan.

II. CRIMINALIZACIÓN POR PÉRDIDA DE COBERTURA.SELECTIVIDAD DEL SISTEMA PENAL Y VULNERABILIDAD ANTE ÉL

Hace muchos años, Edwin H. Sutherland («White Collar CRiminality», 1939) se refirió a un amplio espectro de la criminalidad conocido como «delitos de cuello blanco», los que si bien conformaban una gran cantidad de ilícitos penales con un importante grado de daño social, la posición social de su autor y sus habilidades y contactos para cometerlos lo hacían prácticamente invulnerable al sistema penal.

La experiencia demostró posteriormente que no era tanto la «destreza» en la comisión del ilícito penal, sino más bien su pertenencia a estratos sociales altos y su no-correspondencia al «estereotipo criminalizante», lo que hacía a dichas personas prácticamente invulnerables al sistema penal en su faz de criminalización secundaria.

Se revela de este modo un amplio espectro de la criminalidad vinculado con la delincuencia económica, que genera un daño social gravísimo, y que a su vez permite fundadamente sospechar, por si alguna duda quedara, de la falsedad del denominado estereotipo criminalizante, compuesto de prejuicios de clase social, racista, etario y hasta estético.

Sobre este particular, escribía acertadamente el ex Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Eugenio Raúl Zaffaroni (1) lo siguiente:

«Los hechos más groseros cometidos por personas sin acceso positivo a la comunicación terminan siendo proyectados por esta “como los únicos delitos y las personas seleccionadas como los únicos delincuentes”. Esto último les proporciona una imagen comunicacional negativa, que contribuye a crear un estereotipo en el imaginario colectivo.Por tratarse de personas desvaloradas, es posible asociarles todas las cargas negativas que existen en la sociedad en forma de prejuicio, “lo que termina fijando una imagen pública del delincuente, con componentes clasistas, racistas, etarios, de género y estéticos”. El estereotipo acaba siendo el principal criterio selectivo de criminalización secundaria, por lo cual son observables ciertas regularidades de la población penitenciaria asociadas a desvalores estéticos (personas feas) que el biologismo criminológico consideró como causas del delito» (.)

»(…) La selección criminalizante secundaria conforme a estereotipo condiciona todo el funcionamiento de las agencias del sistema penal, en forma tal que este es casi inoperante para cualquier otra selección, por lo cual (a) “es impotente frente a los delitos del poder económico (llamados de cuello blanco)” (…). La comunicación social proyecta una imagen particular del resultado más notorio de la criminalización secundaria -la prisionización-, dando lugar a que en el imaginario público las prisiones se hallen pobladas por autores de hechos graves, como homicidios, violaciones, etc.(los llamados delitos naturales), cuando en realidad la gran mayoría de los prisionizados lo son por delitos groseros cometidos con fin lucrativo (delitos burdos contra la propiedad y tráfico minorista de tóxicos, es decir, óperas toscas de la criminalidad). La inevitable selectividad operativa de la criminalización secundaria y su preferente orientación burocrática “(sobre personas sin poder y por hechos burdos y hasta insignificantes)”, provoca una distribución selectiva en forma de epidemia, que alcanza solo a quienes tienen bajas defensas frente al poder punitivo y devienen más vulnerables a la criminalización secundaria, porque (a) sus personales características encuadran en los estereotipos criminales; (b) su entrenamiento solo les permite producir obras ilícitas toscas y, por ende, de fácil detección; y (c) porque el etiquetamiento produce la asunción del rol correspondiente al estereotipo, con lo que su comportamiento termina correspondiendo al mismo (la profecía que se autorrealiza). En definitiva, las agencias acaban seleccionando a quienes transitan por los espacios públicos con divisa de delincuentes, ofreciéndose a la criminalización -mediante sus obras toscas- como inagotable material de esta. En la sociedad tiene lugar un entrenamiento diferencial, conforme al grupo de pertenencia, que desarrolla habilidades distintas según la extracción y posición social (clase, profesión, nacionalidad, origen étnico, lugar de residencia, escolaridad, etc.). Cuando una persona comete un delito, utiliza los recursos que le proporciona el entrenamiento al que ha sido sometida. Cuando estos recursos son elementales o primitivos, el delito no puede menos que ser grosero (obra tosca). “El estereotipo criminal se compone de caracteres que corresponden a personas en posición social desventajosa -y por lo tanto, con entrenamiento primitivo-, cuyos eventuales delitos, por lo general, solo pueden ser obras toscas, lo que no hace más que reforzar los prejuicios racistas y clasistas, en la medida en que la comunicación oculta el resto de los ilícitos que son cometidos por otras personas en forma menos grosera o muy sofisticada, y muestra las obras toscas como los únicos delitos.Esto provoca la impresión pública de que la delincuencia es solo la de los sectores subalternos de la sociedad”. Si bien no cabe duda. (a) El poder punitivo criminaliza seleccionando, por regla general, a las personas que encuadran en los estereotipos criminales y que por ello son vulnerables, por ser solo capaces de obras ilícitas toscas y por asumirlas como roles demandados según los valores negativos -o contravalores- asociados al estereotipo (criminalización conforme a estereotipo), (b) Con mucha menor frecuencia criminaliza a las personas que, sin encuadrar en el estereotipo, hayan actuado con bruteza tan singular o patológica que se han vuelto vulnerables (autores de homicidios intrafamiliares, de robos neuróticos, etc.) (criminalización por comportamiento grotesco o trágico), (c) “Muy excepcionalmente, criminaliza a alguien que, hallándose en una posición que lo hace prácticamente invulnerable al poder punitivo, lleva la peor parte en una pugna de poder hegemónico y sufre por ello una caída en la vulnerabilidad (criminalización por retiro de cobertura)”. 8. El sistema penal opera, pues, en forma de filtro y termina seleccionando a estas personas. Cada una de ellas tiene un estado de vulnerabilidad al poder punitivo que depende de su correspondencia con un estereotipo criminal: es alto o bajo en relación directa con el grado de la misma. Pero nadie es alcanzado por el poder punitivo por ese estado, sino por la situación de vulnerabilidad, que es la concreta posición de riesgo criminalizante en que la persona se coloca. Por lo general, dado que la selección dominante responde a estereotipos, la persona que encuadra en alguno de ellos debe realizar un esfuerzo muy pequeño para colocarse en una posición de riesgo criminalizante (y a veces debe realizar el esfuerzo para evitarlo), porque se halla en un estado de vulnerabilidad siempre alto. Por el contrario, quien no da en un estereotipo debe realizar un considerable esfuerzo para colocarse en esa situación, porque parte de un estado de vulnerabilidad relativamente bajo.De allí que, en estos casos poco frecuentes, sea adecuado referirse a una criminalización por comportamiento grotesco o trágico. “Los rarísimos casos de retiro de cobertura sirven para alimentar la ilusión de irrestricta movilidad social vertical (que ninguna sociedad garantiza), porque configuran la contracara del mito de que cualquiera puede ascender hasta la cúspide social desde la base misma de la pirámide (selfmade man)”».

III. LA COMUNICACIÓN SOCIAL DEL ESTEREOTIPO CRIMINALIZANTE

Los eventos referidos, ya sea por una supuesta «criminalización por pérdida de cobertura» o bien por la pugna de un poder político, han dejado a las claras que los únicos «delitos» y los «únicos delincuentes» no son los que habitualmente se atribuye a los sectores subalternos de la sociedad, ello no sin dejar de destacar -como ha hecho el autor en otras oportunidades- la importancia fundamental que reviste el proceso de criminalización primaria en la selección de los bienes jurídicos penalmente tutelados por la legislación penal (criminalización primaria).

Criminalización primaria que se efectúa siempre en el marco de un proceso de interacción social donde grupos de poder poseen el poder de definición de lo que debe ser considerado «criminal».

Lo que, fundamentalmente muestra y revela claramente que dicha idea es falsa, que un estereotipo criminal que se compone de caracteres que corresponden a personas en posición social desventajosa no hace más que reforzar los prejuicios racistas y clasistas, en la medida en que la comunicación oculta el resto de los ilícitos que son cometidos por otras personas en forma muy sofisticada, provocando la impresión pública de que la delincuencia es solo la de los sectores subalternos de la sociedad.

Lo expuesto contribuye a romper con dicho prejuicio, revelando a las claras que dicha imagen social del «delincuente» es falsa, que ya sea por «pérdida de cobertura» o por cuestiones de puja política, existen delincuentes de camisa y corbata, que ocupan cargos públicos, que cobran su sueldo de los aportes y contribuciones de los ciudadanos, pero que, sin embargo, si no fuera or razones políticas, permanecerían al amparo de la impunidad.

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(1) ZAFFARONI, E. R.; ALAGIA, A., y SLOKAR, A.: Derecho Penal. Parte General. Buenos Aires, Ediar, s. a.

(*) Abogado, UBA. Especialización en derecho penal y criminología, UBA.