Error de diagnóstico del médico que derivó en la agravación severa del cuadro del paciente y en su posterior deceso

Partes: P. H. J. p/ sus sob. men. P. M. E. y P. M. V. c/ Hospital Central y A. N. s/ daños y perjuicios

Tribunal: Cámara de Apelaciones en lo Civil, Comercial, Minas, de Paz y Tributaria de Mendoza

Sala/Juzgado: III

Fecha: 27-dic-2017

Cita: MJ-JU-M-108576-AR | MJJ108576 | MJJ108576

El médico de guardia resulta responsable por el error de diagnóstico que derivó en la agravación severa del cuadro del actor y en su posterior deceso por hemorragia intrahepática, pues no ordenó los estudios complementarios que la urgencia del cuadro requería.

Sumario:

1.-Corresponde responsabilizar al médico demandado por error de diagnóstico, pues la atención profesional brindada al actor en su ingreso por guardia no fue la debida, en tanto resultaba necesario que se requiriese de forma inmediata el estudio complementario adecuado a los fines diagnósticos de la urgencia que el cuadro del actor requería – realización de una ecografía abdominal para el diagnóstico de la hemorragia intrahepática -, ya que se acreditó que si en dicha atención se hubiera realizado el diagnóstico correcto que indicaba la urgencia del cuadro se podría haber evitado la reagravación severa del actor que hizo estériles los esfuerzos médicos realizados a fin de evitar el fatal desenlace.

2.-La conducta adecuada a la urgencia no solo era la realización de exámenes complementarios, sino verificar frente al resultado de estos la conducta a seguir, y en un análisis ex post facto determinaba la necesidad de internar al causante y no mantenerlo en la guardia y menos aún permitirse que este volviese a su casa, puesto que la evolución del Traumatismo hepático y aún frente a los esfuerzos realizados en su reingreso al nosocomio condujeron al fin inexorable y precisamente a causa de aquella carencia de un diagnóstico oportuno y completo que hubiese permitido su tratamiento conforme a su evolución.

3.-La carencia de información sobre el estado en el que habría arribado el causante a la guardia donde fue atendido por el demandado, como las medidas realizadas para estabilizarlo se mantienen como interrogantes y no pueden ser suplidos por una presunción favorable a una correcta atención del médico cuando contaba con los medios para consignar y al menos acompañar todos los elementos de prueba que determinen su correcto accionar en la emergencia.

4.-El error de diagnóstico no es suficiente para engendrar un daño resarcible, porque es una rama del saber en la que predomina la materia opinable y resulta difícil determinar límites entre lo correcto y lo que no lo es para que quede comprometida la responsabilidad de los médicos por los hechos cometidos en el ejercicio de su profesión; así, debe demostrarse la culpa en la atención prestada, la existencia del daño que sobrevino a causa de ese hecho y la relación de causalidad entre el incumplimiento y el daño ocasionado.

5.-A los fines de evaluar la existencia de un error de diagnóstico y por consiguiente la responsabilidad del médico, debe ser realizada con suma prudencia y mesura, debiendo ponderarse correctamente la culpa médica a fin de no consagrar la impunidad, con el consiguiente peligro para los enfermos, pero sin una severidad excesiva que torne prácticamente imposible el ejercicio de la medicina.

6.-En materia de responsabilidad médica, todo lo que el juez afirme necesita fundamento técnico, el cual se encuentra normalmente en la pericial rendida en la causa, por lo que este para apartarse de la misma deberá requerir de fundamentos técnicos y prueba certera que demuestre la insuficiencia, carencia de relevancia científica o no apoyada en el resto de pruebas rendidas en la causa (v.g. H.C., antecedentes, etc.).

Fallo:

En Mendoza, a los veintisiete días del mes de diciembre de dos mil diecisiete, reunidos en la Sala de Acuerdo, los Sres. Jueces de esta Excma. Tercera Cámara de Apelaciones en lo Civil, Comercial, Minas, de Paz y Tributario, trajeron a deliberar para resolver en definitiva los autos Nº 147.332/52.167, caratulados “P.H. J.p/ sus sob. men. P. M. E. y P. M.V. c/ HOSPITAL CENTRAL y A. N. p/ D y P.”, originarios del Segundo Juzgado en lo Civil, Comercial y Minas, (hoy GEJUAS nº 2) de la Primera Circunscripción Judicial, venidos a esta instancia en virtud del recurso de apelación interpuesto a fs. 670 contra la sentencia de fs. 658/69.

Llegados los autos al Tribunal, se ordenó expresar agravios a la apelante, lo que se llevó a cabo a fs. 686/91, quedando los autos en estado de resolver a fs. 724.

Practicado el sorteo de ley, quedó establecido el siguiente orden de estudio: Dres. COLOTTO, MASTRASCUSA y MARQUEZ LAMENÁ.

En cumplimiento de lo dispuesto por los arts. 160 de la Constitución Provincial y 141 del C.P.C., se plantearon las siguientes cuestiones a resolver.

PRIMERA CUESTION:

¿Es justa la sentencia apelada?

SEGUNDA CUESTION

Costas.

SOBRE LA PRIMERA CUESTION EL DR. COLOTTO DIJO:

1º) La sentencia de primera instancia admitió la acción promovida por el demandante, sr. H. J. P. en representación de sus sobrinas M. E. y M. V. P. en contra del Hospital Central y al dr. A.R. N. e imponiéndoles costas.

2°) El decisorio fue apelado por la demandada, la cual luego de relatar los antecedentes del caso, se agravia del error cometido por la juez al considerar que el dr. N. emitió un diagnóstico erróneo y no tomó las medidas necesarias para brindar asistencia médica adecuada. Alega que se desconoce la H.C.de Guardia, en la que surge que el actor fue examinado por N., quien solicitó una Rx , lo dejó en observación para comprobar su evolución y al momento de requerirle una ecografía abdominal, solicitó la presencia de otra médica, quien compartió diagnóstico y medidas adoptadas, destacando que se le indicó que aguardara unas horas para controlar evolución pero que se retiró, y que concurrió luego de 12 horas, es decir que el 16/6/2002 fue atendido en dos oportunidades, examinado y sometido a una radiografía que permite constatar signos vitales t que eran normales, su abdomen con dolor localizado compatible con los golpes, no presentando síntomas de hemorragia intrahepática como taquicardia, baja presión o irritación peritoneal.

El martes 18/6/2002 el paciente vuelve a la Guardia en mal estado general advirtiendo dolor abdominal y hemorragia por ruptura intra hepática silente por lo que es internado e intervenido y pasado a STI en el que se produce en forma espontánea hemorragia intra abdominal con pérdida de 750 cc de sangre, produciéndose un síndrome de coagulación intravascular diseminada.

Dicha atención médica se encuentra radicada en el Libro de Registro de Guardia y fue desconocida por los peritos médico cirujano y clínico y por el juez aún cuando el obrar de N. fue el adecuado.

Que el informe del perito cirujano solo refiere lo consignado en la demanda y no lo que N. consignó en la H.C. en relación a la Rx., que desglosadas las contestaciones de las observaciones de dicho perito un nuevo perito las contesta, pese a que la juez las prescinde otorgando valor a la del perito anterior. Agrega que ambos dictámenes son coincidente en cuanto a la conducta adoptada por N. no fue adecuada, pero desconocen que el proceder médico fue adecuado en cada oportunidad puesto que P.concurrió para ser atendido, fue revisado y descartada la ecografía por el estado general favorable del paciente, a la cual indica que puede ser que sean normales y a las horas el paciente puede presentar hemorragia.

Sigue lo que informa el perito clínico indicando que el procedimiento seguido por N. es el adecuado, puesto que frente a un caso dudoso y encontrándose hemodinámicamente estable y sin otro síntoma, el profesional adoptó una postura expectante para determinar evolución, por lo que no asiste razón a la juez.

Indica que la patología de P. tuvo una evolución que no pudo ser apreciada en la consulta del 16/6/2002, por lo que N.lo dejó en observación durante unas horas pero que el paciente se retiró voluntariamente y por sus propios medios con la indicación de volver en caso de manifestar malestar alguno.

Se agravia porque la juez declaró acreditada la culpa del demandado y la relación de causalidad aún cuando no existan pruebas que respalden, sobre todo cuando los hechos se presentaron en forma abrupta y comenzó a manifestarse el 17/6/2002.

Refiere que la falta de éxito de la prestación del servicio no necesariamente la obligación de resarcir, como tampoco el error de diagnóstico, por sí solo, basta para generar responsabilidad si no existe culpa o negligencia, y que de las pruebas ofrecidas no surge acreditado que la muerte de P. sea a consecuencia de la atención médica brindada por los médicos del Hospital como tampoco que se haya privado de chance de sobrevida, sino que se debió a un factor de reacción biológica y no una deficiente atención médica. Que muchas lesiones dan hemorragias en dos tiempos y que la conducta adecuada no es seguir con estudios complementarios sino por el examen clínico del paciente y este no presentaba sangrado activo, lo que explica la mejoría que indica su hermano pero producida la ruptura de la cápsula la hemorragia se hace manifiesta y es fácil el diagnóstico.Agrega que la lesión inicial presenta extrema gravedad aunque por los mecanismos indicados aparentaba un mejor estado de salud. Un desgarro hepático o estallido hepático suele requerir de varias cirugías porque son frecuentes los resangrados y no es atribuible a una mala técnica.

Dice que el análisis de las pericias no lo hizo mediante un análisis lógico y de sentido común, considerándolas una prueba irrefutable aún cuando fueron impugnadas. Reitera que no ha existido error de diagnóstico que haya derivado en la muerte.

Indica que existe una valoración parcial de la prueba, que el actor sufrió daños severos como consecuencia de las lesiones sufridas en riña acaecida en la vida pública pero que no surge que el desenlace fatal sea a consecuencia de la atención médica brindada por N.

Respecto del Hospital Central, este brindó la asistencia médica al actor por medio de su cuerpo médico en todas las oportunidades que concurrió. El servicio lo prestó en condiciones que el paciente no sufrió daños por deficiencia en la prestación prometida sino por la patología de base presentada y cuyas secuelas se desencadenaron en días posteriores a la primera atención.

Que la juez no atribuye valor alguno al Libro de guardia, el funcionamiento de la misma y que se trata de un servicio donde se atiende urgencias, no dejándose constancia de las decisiones médicas adoptadas.

Cuestiona la valoración de la prueba, la que afirma es arbitraria, meritando los informes periciales en forma parcial y no contrastarlos con la H.C. ni con el testimonio del dr.Valent como también la conclusión a la que arriba puesto que se acreditó cómo se hizo el diagnóstico, se precisó qué exámenes se practicaron, sus resultados se informaron y las indicaciones que se le dieron al paciente (permanecer en Guardia para evaluar el cuadro al cabo de unas horas, la ingesta de Novalgina y concurrir nuevamente si había dolores).

Por último indica que los montos resultan exagerados debiendo reducirse a pautas razonables.

3º) A fs. 694/8 es contestado el traslado conferido por la parte actora, el que en mérito a las razones de hecho y derecho, solicita la confirmación del fallo apelado.

Luego del dictamen del sr. Fiscal de Cámara, quedan los presentes en estado de resolver.

4°) El eje de discusión se encuentra en si el demandado habría cometido un error de diagnóstico que compromete la responsabilidad profesional del dr. N. por cuanto el arribo al mismo no fue de la manera en la que un buen médico debería haber llegado munido de la correspondiente información requerida para llegar al mismo (en el caso la ecografía abdominal).

Para ello es necesario considerar que el error de diagnóstico no es suficiente para engendrar un daño resarcible, porque es una rama del saber en la que predomina la materia opinable y resulta difícil determinar límites entre lo correcto y lo que no lo es para que quede comprometida la responsabilidad de los médicos por los hechos cometidos en el ejercicio de su profesión; así, debe demostrarse la culpa en la atención prestada, la existencia del daño que sobrevino a causa de ese hecho y la relación de causalidad entre el incumplimiento y el daño ocasionado.

Para establecer la causa de un daño es necesario hacer un juicio de probabilidad determinando que el efecto dañoso es el que debía resultar normalmente de la acción u omisión antijurídica, según el orden natural y ordinario de las cosas.

Así se ha afirmado que:”. el error de diagnóstico, por sí solo, no basta para generar responsabilidad si no existe culpa o negligencia del galeno”. (Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil y Comercial Federal, sala II – Rodenas, Fernando R. y otro c. Estado nacional y otros).

Por su parte autores como Mosset Iturraspe y Lorenzetti (en “Contratos médicos”, p. 138, Ed. La Rocca, Buenos Aires) consideran que un buen concepto auxiliar para establecer la existencia del error “es el de la existencia de una duda razonable”, entendiendo que “. no hay error cuando hay un deficiente conocimiento de la enfermedad teniendo posibilidad de obtenerlo o un imperfecto conocimiento de esos medios científicos”.

La jurisprudencia nos enseña que a los fines de evaluar la existencia de un error de diagnóstico y por consiguiente la responsabilidad del médico, debe ser realizada con suma prudencia y mesura, debiendo ponderarse correctamente la culpa médica a fin de no consagrar la impunidad, con el consiguiente peligro para los enfermos, pero sin una seve ridad excesiva que torne prácticamente imposible el ejercicio de la medicina .”.

Ahora bien como se había dicho no todo error de diagnóstico o de tratamiento no genera responsabilidad. Por consiguiente es posible considerar al error de diagnóstico excusable en tanto y en cuanto existan síntomas complejos o dudosos que puede presentar el paciente durante la atención llevada a cabo por el médico al que se le tacha de mala praxis.

En consecuencia debe responderse a los siguientes interrogantes ¿Depende de “hallazgos clínicos” la posibilidad de detectar a tiempo una determinada enfermedad?, si ello es así ¿Qué secuelas -puede afirmarse- fueron producto del error de diagnóstico?¿Se hubieran evitado -de quedar probado su existencia- con un diagnóstico cierto en el momento de la primer consulta médica?.

Obviamente tampoco podemos dejar de lado que dentro del marco contractual médico-paciente, existe la obligación del médico de efectuar todos los estudios e investigaciones disponibles y que el estado del avance de la ciencia médica lo autoriza, en tanto y en cuanto sean los adecuados, para arribar con certeza al diagnóstico de la dolencia y necesidades del paciente, puesto que sobre la base de dicho diagnóstico es que el profesional médico determinará el tratamiento más adecuado a seguir.

Es por ello que la doctrina determina que deben extremarse los recaudos para llegar a formular un diagnóstico certero, sustentado este no solo en un examen clínico sino además apoyar este en las demás pruebas que ofrece la medicina, siendo además necesaria su realización en tiempo oportuno (Mosset Iturraspe en “Responsabilidad Civil del Médico”, p. 128/130, Ed. Astrea; Lorenzetti Ricardo en “Responsabilidad Civil del Médico” pág. 182/184, Ed. Rubinzal-Culzoni).

5º) Sentada las base sobre las cuales gira el agravio entiendo que debe analizarse el material probatorio para determinar si la conducta del médico demandado fue adecuada a las circunstancias de modo, tiempo y lugar y en su caso a las manifestaciones clínicas que evidenciaba el occiso sr. P.

Debo hacer hincapié en que para la apreciación de la conducta del galeno aquí demandado, resulta menester y así lo hizo la juez a quo, munirse de las pericias médicas rendidas presupuesto probatorio indispensable para la determinación.

Es que en materia de responsabilidad médica, todo lo que el juez afirme necesita fundamento técnico, el cual se encuentra normalmente en la pericial rendida en la causa (3° C.C., 34185 – Mancera Claudia Marisa c/ Vilapriño Duprat, Juan José y ots. p/ D. y P.- 08/08/2012), por lo que este para apartarse de la misma deberá requerir de fundamentos técnicos y prueba certera que demuestre la insuficiencia, carencia de relevancia científica o no apoyada en el resto de pruebas rendidas en la causa (v.g. H.C., antecedentes, etc.), lo que en autos en este estadio se valuará.

Así indica el apelante que la a quo desconoce las constancias de la H.C.de Guardia en donde se indica que al examinado por el dr. A. N. se le solicitó la realización de una Rx, dejándolo en observación.

Contrariamente a la opinión del apelante se advierte que la juez si valoró y a mi entender correctamente las escasas anotaciones que fueron consignadas en el Libro de Guardia, por el cual y frente a la instrucción preventiva realizada se constató la atención del sr. P. el día 16-06-02 por el dr. N. con constancia en el margen de la hoja que consigna Rx en abdomen, sin constancias de haber quedado internado, la cual y luego en su análisis del material probatorio indica y coincido en que la referida “ficha de guardia” si bien contiene la referida nota marginal en el libro correspondiente, no surge acreditado: 1º) la realización de la correspondiente radiografía, 2º) menos aún su acompañamiento o el del informe que corresponde dar con esta respecto del resultado del estudio indicado, 3º) tampoco que dicho informe haya sido asentado en protocolo alguno (v.g. ficha de guardia), para que al menos se consignase las conclusiones que arrima dicha radiografía, apuntándose qué y en ello también se avala, la falta de agregación de dicha “ficha de guardia” que torna incontestada la afirmación del dr. N. cuando indicó que había estabilizado al sr.P., ya que la carencia de información sobre el estado en el que habría arribado el causante como las medidas realizadas para estabilizarlo se mantienen como interrogantes y no pueden ser suplidos por una presunción favorable a una correcta atención del médico cuando contaba con los medios para consignar y al menos acompañar todos los elementos de prueba que determinen su correcto accionar en la emergencia.

Por lo demás también se advierte que aquel diagnóstico erró-neo por parte del médico demandado se encuentra sustentado en la justificación que de ello se hace de las pericias rendidas en estos autos, de los cuales y conforme al principio de la sana crítica racional la sentenciante se funda.

En este aspecto destaco que y si bien se pretende relativizar en los agravios el valor de las pericias y en especial la rendida por el médico cirujano, lo cierto y aún cuando a éste se le hubiese desglosado las contestaciones a sus observaciones, por el principio de adquisición procesal sus conclusiones se encuentran definitivamente adquiridas para este proceso (3° C.C.- 19/08/16 – nº 51.557, “González Juan Antonio C/ Dirección Provincial De Vialidad P/ D Y P”, entre otras) y la juez pudo hacer uso de ellas, evaluando la pertinencia de las mismas y si la entidad de la observación alcanza para soslayar las referidas conclusiones, las que como se advierte y máxime cuando obra coincidencia de la experticia con las arrimadas por el médico clínico son descartadas, a mi entender con buen criterio.

Vanos son los intentos para infraponderar las pericias, cuando estas se asientan sobre los elementos de prueba traídos al proceso y que arrojan las conclusiones sobre las cuales se asentó la sentenciante para llegar a determinar la existencia de errónea praxis médica.

Coincido con la jurisprudencia mayoritaria que afirma que “el juez no puede hacer mérito de conocimiento técnico sobre la materia del dictamen del perito; ello así, podrá desecharlo por carencia de fundamentación, por la fuerza de convicción de otras pruebas que concurran en la especie o por otras causas, pero no oponiendo consideraciones propias de la ciencia, arte o técnica del perito, pues tal conducta puede resultar “peligrosa” (Voto adherente del Dr. Mirás, CNCiv. sala E, 31/5/1996, DJ 1996-2-434); consecuentemente, “cuando el peritaje aparece fundado en principios técnicos y no existe otra prueba que lo desvirtúe, la sana crítica aconseja aceptar el dictamen, pues el perito actúa como auxiliar de la justicia y contribuye con su saber, ciencia y conciencia a esclarecer aquellos puntos que requieren conocimientos especiales” (CNCiv. sala D, 20/6/1990, JA, 1990-IV-129; sala F, 24/8/1982, ED, 102-329) (Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Mendoza, sala I – Sechter, David c.Municipalidad de la Capital de la ciudad de Mendoza – 25/10/2004 – LLGran Cuyo 2005 (junio) , 552).

En consecuencia aquellas conclusiones a las que arribaron los peritos y frente a los cuales no ha existido material probatorio sustentable, científicamente comprobable y con valor irrefutable, no pueden desmerecer la labor pericial sobre la cual se asienta la referida conclusión de la a quo. Por consiguiente no solo se juzga adquirido para el proceso sino también resulta a la vez concluyentes que ambos dictámenes periciales resultan coincidentes en sus conclusiones, es decir que la conducta adoptada por el Dr. A. N. el día 16-06-02 en que el Sr. O. P. se presenta en el Servicio de Guardia del Hospital Central, derivado del Centro de Salud de Ugarteche, no fue la adecuada en el caso.

En efecto como se indica en el informe pericial rendido por el Dr. Gustavo Elgueta (médico cirujano) (fs. 314/6), quien teniendo presente la instrumental agregada a fs. 8 (informe de la Jefatura de Servicio de Guardia del Hospital Central), la que textualmente indica que: “Siendo las 21.20hs. aprox., del día 16 de Junio de 2002, se registra atención por el Dr. A. N. del paciente O. P. con diagnóstico de: ‘Traumatismo cerrado abdomen’ 12 horas de evolución. NO registra internación por lo tanto NO se realizó Historia Clínica, se desconoce evolución ulterior”.

Frente a ello el experto indicó que la atención profesional brindada al actor en su ingreso no fue la debida y que resultaba necesario que se requiriese de forma inmediata el estudio complementario de diagnóstico adecuado a los fines diagnósticos de la urgencia que el cuadro del actor requería o sea la realización de una ecografía abdominal para el diagnóstico objetivo lesional, reiterando seguidamente frente al interrogante c fs. 314 vta., que la atención prodigada en el Hospital Central debía dividirse en dos tiempos (incluyendo la posterior del 18/06/2002) pero que la del 16/06 no fue ni correspondiente ni adecuada y que (fs.315 “d”) si en dicha atención se hubiera realizado el diagnóstico correcto que indicaba la urgencia del cuadro se podría haber evitado la reagravación severa del actor del 18/06/02 que hizo estériles los esfuerzos médicos realizados a fin de evitar el fatal desenlace.

Indica a los puntos de pericia requeridos por la citada a fs. 315 2) que el causante nunca pudo acusar una semiología normal (en su primera atención) con un trauma abdominal de 12 horas de evolución y que la imperiosa necesidad del diagnóstico cierto e inmediato, el estudio y tratamiento ad-hoc adecuado a la gravedad difiere totalmente de una factibilidad de atención por consultorio externo, lo que evidencia la improcedencia de la atención en guardia, la necesidad de su internación inmediata (fs. 315 vta. ptos. 6 y 10) y la realización de estudios complementarios a los fines de llegar a un correcto diagnóstico, el que se efectivizó aunque tardíamente en su segunda atención.

Dice a fs. 315 3 que de los informes de la H.C. y del informe necrópsico que existió una “hemorragia en dos tiempos” pero no fue diagnosticada correctamente en su primera atención (16/06/02).

Reitera frente al cuestionario del dr. N.,la necesidad de investigar la causa del dolor abdominal mediante estudios de diagnósticos Rx directa de abdomen, ecografía abdominal de traumatismo abdominal con 12 hs. de evolución y derivado del Centro de Salud, para determinar fehacientemente si había o no sangrado o lesión de órganos intraabdominales, clarificando que el tratamiento dado por el médico demandado fue insuficiente, indicándose el óbito del actor (causante) no tendría una consecuencia directa de la atención brindada inicialmente si se hubiera quedado en observación, si se hubiese realizado los estudios complementarios de diagnósticos y la posterior evaluación de la magnitud de la lesión sufrida por el actor y su evolución posterior.

Insuficiente fue el informe del dr. Matus (por la Facultad de Ciencias Médicas) fs.338 y no por sus cualidades científicas ampliamente reconocidas sino por la carencia de datos suficientes aportados para emitir una opinión fundada, aunque sin duda aporta lo que la ciencia médica aconseja, es decir el desarrollo de una buena Historia Clínica que incluya el interrogatorio con datos de tipo de lesión que ocasionaron síntomas y las características de dichos síntomas , los que coordinados con los hallazgos físicos permiten el correcto diagnóstico presuntivo del paciente, lo que justifica la referencia del perito Elgueta de munirse de elementos de juicio que permitan un correcto diagnóstico al margen de una buena H.C. la que aquí evidentemente (hoja de atención de guardia) es absolutamente improbable de comparar.

Por su parte el perito médico clínico, Dr. Alberto Pronce, luego de coincidir con el diagnóstico de traumatismo cerrado de abdomen de 12 hs. de evolución indica que una correcta evaluación clínica y frente a este tipo de traumas el examen abdominal no es confiable en alrededor del 50% de contusiones abdominales, informando las tasas de errores de diagnóstico, las de complicaciones y que los signos de complicación en ciertas oportunidades pueden aparecer tardíamente lo que conlleva a mayor morbilidad (que fue lo ocurrido). Indica por ello la necesidad de disponer de elementos objetivos para definir si existe o no complicación lo que sirve para no retardar una intervención recurriéndose a exámenes de laboratorios y otros exámenes complementarios que ayuden a definir la condición intraabdominal, manifestando además que la radiografía simple tiene bajo rendimiento para mostrar signos que indiquen laparotomía, siendo su rendimiento en un 15% del estimado, estableciendo que otras medidas tales como el lavado peritoneal diagnóstico, que es rápido y sencillo de realizar o la TAC permite ver el reto peritoneo y lesiones de vísceras masivas a tratamiento conservadores de lesiones hepáticas o ecografías de urgencia, lo que concluye que los exámenes indicados no son excluyentes sino complementarios a los fines de lograr un correcto diagnóstico.

Porsu parte en la declaración del dr. Valent coincidente con la pericia de fs. 446/9 indica que ante traumatismos cerrados de abdomen, puede el médico encontrarse con un amplio espectro clínico, desde casos en que hay presencia de signos inequívocos y claros de compromiso abdominal grave que indican sin demora una cirugía de urgencia, hasta casos en los cuales el paciente aparece como asintomático (conf. fs. 446/9), agregando que de haberse tenido el diagnóstico certero de hematoma intrahepático (que de hecho nunca se obtuvo en la primer atención realizada el 16/06/2002) el paciente hubiese pasado a cirugía y no permanecido en emergencia .

La cuestión está y la prueba lo indica que las conclusiones arribadas por la juez a quo son coincidentes con el valor que esta les ha dado a este material probatorio y esencialmente a las conclusiones brindadas por las experticias, es decir la necesidad de realizar exámenes complementarios a la evaluación clínica y no frente a un evolución de 12 hs. del dolor abdominal que acusaba el extinto sr. P. sólo adoptar una conducta expectante o de observación.La conducta adecuada a la urgencia no solo era la realización de dichos exámenes, sino verificar frente al resultado de estos la conducta a seguir, de la cual y en un análisis ex post facto determinaba la necesidad de internar al causante y no mantenerlo en la guardia y menos aún permitirse que este volviese a su casa, puesto que la evolución del Traumatismo hepático y aún frente a los esfuerzos realizados en su reingreso al nosocomio (18/06/02) condujeron al fin inexorable y precisamente a causa de aquella carencia de un diagnóstico oportuno y completo que hubiese permitido su tratamiento conforme a su evolución.

Coincido entonces con la juez de grado que sindica el fallecimiento del paciente en una consecuencia mediata de la falta de atenciones debidas el día en que el concurrió a la guardia del hospital; resultado que pudo ser previsto por el profesional empleando la debida atención y conocimiento. No puede entonces justificarse sobre la dudosa evolución, sobre la aparente carencia de sintomatología, sobre la validez de una conducta expectante, cuando el dolor, las horas de evolución y su derivación anterior aconsejaban al menos la realización de exámenes complementarios que no se realizaron. En la urgencia del tratamiento, en la necesidad indiscutible de su internación en el hospital y no dejarse por unas horas en la guardia y menos aún frente al despacho a su casa indicarle que vuelva si se siente mal, sin haber obtenido un diagnóstico certero compromete la actitud profesional del médico y del nosocomio en el cual presta su servicio.Las razones que en este estadio funda la apelante y que no fueron satisfechas frente a ambas pericias que indican lo contrario terminan por desestimar la entidad de dicho recurso, puesto que se estaría frente a una situación excepcional que aún si lo fuese, no relevaría al médico de haber requerido los correspondientes exámenes complementarios que como se viene reiterando se constituyen en la piedra angular para haber llegado a un diagnóstico certero, del que se careció en su primera oportunidad y que cuando reingresa el actor, resultaban tardía frente a la evolución del trauma hepático que llevo al sr. P. a su muerte.

El juez como se dijo merita los hechos en base a las prueba aportadas, puesto que no puede sindicarse como un especialista en las ciencias médicas, puesto que por eso se vale precisamente de los auxiliares del proceso que dictaminan conforme a su especialidad. En el caso no hay razones para apartarse de tales conclusiones, no existe prueba de mérito que pueda indicarnos una solución contraria a la brindada por la a quo.

El agravio debe ser rechazado.

6º) En lo demás el agravio resulta improponible por cuanto carece de los fundamentos técnicos necesarios como para posibilitar el estudio del mismo. Se argumenta que los montos resultan exagerados y no se indica el motivo por el cual se considera dicha desproporción y menos aún indica una pauta que la misma entiende como razonable a los fines de demostrar la desproporción del monto otorgado. Por otra parte no aclara de qué monto se trata, si el daño patrimonial o el moral, no pudiendo en este estadio manejarse a tientas, el agravio debe tener la entidad necesaria y fundada, clarificando lo irrazonable o injusto de la resolución, lo que evidentemente el agravio no contiene.

Este agravio también debe ser rechazado.

Atento al resultado dictado en los presentes

Voto en esta cuestión por la afirmativa.

A la misma cuestión, por sus fundamentos, los Dres.MASTRASCUSA y MARQUEZ LAMENÁ, adhieren al voto que antecede.

SOBRE LA SEGUNDA CUESTION EL DR. COLOTTO DIJO:

Las costas de esta instancia deben serle impuestas a la parte apelante (arts. 35, 36 del C.P.C.),

Así voto

A la misma cuestión, por sus fundamentos, los Dres. MASTRASCUSA y MARQUEZ LAMENÁ, adhieren al voto que antecede.

Con lo que terminó el acto, procediéndose a dictar la sentencia que a continuación se inserta:

SENTENCIA:

Mendoza, 27 de diciembre de 2017

Y VISTOS:

El acuerdo que antecede, el Tribunal

RESUELVE:

1°) Rechazar el recurso de apelación de la parte demandada a fs. 670 en contra de la sentencia dictada a fs. 658/695 de fecha 28 de junio de 2016, la que por consiguiente se confirma en todas sus partes.

2°) Imponer las costas de Alzada a la parte demandada.

3°) Regular los honorarios profesionales en alzada a los dres. Edgardo Cirrincione y A. Valentina Tarqui en la suma de ($.) y ($.), respectivamente (art. 15 ley 3641).

REGISTRESE. NOTIFIQUESE. BAJEN.

Gustavo Colotto

Graciela Mastrascusa

Sebastián Márquez LaMena

Alejandra Iacobucci – Secretaria de Cámara