Causalidad adecuada e informes de especialistas en un fallo meritorio

Autor: Meneghini, Roberto A.

Fecha: 7-mar-2018

Cita: MJ-DOC-12378-AR | MJD12378

Sumario:

Prólogo. II. Hechos. III. Sentencia de primera instancia. IV. Voto del Dr. Calatayud. V. Epílogo.

Doctrina:

Por Roberto A. Meneghini (*)

I. PRÓLOGO

Una vez más, la prestigiosa Sala E de la Cámara Nacional en lo Civil nos brinda la posibilidad de comentar el Acuerdo dictado en autos «I. M. y otros c. G. S. A. Clínica D. y otros» en el que se trata el espinoso tema de la responsabilidad civil médica.

El vocal opinante, Dr. Calatayud, analiza, en profundidad, la relación fáctica, origen del proceso, con la acostumbrada altura científica, lo que permitió, al adherir sus colegas a su voto, concluir con un fallo ajustado a Derecho.

Tal como lo hemos hecho en anteriores trabajos, iteramos nuestra posición respecto de la riqueza extra que toda sentencia de Cámara posee cuando revoca -aunque sea parcialmente- la dictada por el inferior, ya que, para ello, debe aportar fundamentos de mayor fuste a los ya volcados, tendientes a cimentar la modificación que se propone.

En el presente caso, para actuar de tal manera, el Dr. Calatayud, tal como lo ampliaremos, examina la prueba rendida, con especial énfasis en las pericias médicas.

II.HECHOS

La cuestión fáctica que movió la promoción de la demanda se circunscribió a la muerte de la madre de los actores, como consecuencia -al decir en su demanda- de la mala praxis habida.

La responsabilidad se achaca por la incorrecta colocación de una sonda nasoyeyunal que le generó a la occisa un «neumotórax traumático, cuadro febril y semiología respiratoria».

La sonda nasoyeyunal es un tubo flexible de polietileno o silicona que tiene un diámetro externo entre 2,7 a 3,3 milímetros y una longitud entre 160 y 180 centímetros, en cuyo interior posee un conductor o guía de metal que le otorga un grado tal de rigidez que facilita su introducción en la vía digestiva.

Al mismo tiempo es radiopaca, ofreciendo, en consecuencia, resistencia a ser atravesada por los rayos X, posibilitando con ello su visibilidad en la radiografía como una zona blanca.

Dicha práctica médica tiene por objetivo, en la mayoría de los casos, administrar alimentos, en forma directa, al intestino, siendo utilizada, en otras hipótesis, para el suministro de medicamentos.

III. SENTENCIA DE PRIMERA INSTANCIA

El fallo de grado, aparte de hacer lugar a la excepción de prescripción de la acción a favor de uno de los médicos demandados, desestimó la demanda en contra de otra colega y la acogió respecto de dos instituciones y sus profesionales actuantes.

Los fundamentos de la condena de primera instancia -el voto del Dr.Calatayud no alude a los vertidos con respecto a la admisión de la defensa de prescripción a favor de uno de los accionados, ni del rechazo de la acción en contra de otro- se centran en la pericia médica rendida en sede penal, en sincronía con el dictamen del experto designado por el juez inferior.

En el mencionado fallo, los condenados resultaron ser el médico que llevó a cabo la práctica -colocación de la sonda nasoyeyunal-, el nosocomio en el que se llevó a cabo la misma, la institución en la que la fallecida se encontraba internada con antelación y con posterioridad al mencionado acto médico y la psiquiatra que la revisó al regreso a dicha clínica.

Como veremos más adelante, la sentencia de alzada revoca parcialmente la de grado, rechazando la demanda en contra de los dos últimos accionados citados en el párrafo anterior, por los fundamentos a los que haremos referencia.

IV. VOTO DEL DR. CALATAYUD

1.Relación de causalidad adecuada

El vocal opinante en primer término nos lleva, ineludiblemente, a afirmar que, en sus considerandos, realiza un correcto análisis de los hechos, logrando con ello, respecto del elemento «causalidad adecuada», una acertada conclusión.

En tal dirección, con una lectura entrelíneas de los fundamentos de su voto, concluimos en el sentido de que admite, tácitamente, la existencia de un proceso médico previo a la aparición del resultado lesivo habido.

Para un mejor entendimiento del problema, cabe recordar que, conforme el diccionario de la Real Academia Española, se entiende como «proceso» al ‘conjunto de las fases sucesivas de un fenómeno natural o de una operación artificial’.

Es importante destacar que esta cuestión del «proceso médico» se da asiduamente en temas en que se debate la responsabilidad civil médica.

Ante tal situación, el Juez, con la ayuda de las pericias médicas, pero sin perjuicio de otros elementos probatorios secundarios, deberá desentrañar cuál de la faz habida en tal proceso médico previo, fue la causal adecuada del perjuicio cuya reparación se persigue.

Tal deber del sentenciante coincide con el concepto de causa adecuada, al que siempre acudimos, consistente en entenderla como la porción de la realidad que el ordenamiento jurídico aprehende por considerarlo con potencial suficiente para generar el daño, conforme el curso normal y ordinario de las cosas.

El presente caso no escapa a lo sostenido en el parágrafo anterior, toda vez que a la muerte de la paciente se anticiparon varios actos médicos componentes del proceso del que hablamos.

Cabe aclarar también, por la frecuencia en que se presenta, que los procesos médicos se componen tanto por actos por omisión o por comisión, en diferentes tiempos y / o lugares y en los que pueden participar desemejantes profesionales, sin un jefe común, conformando, en consecuencia, un grupo médico.

Ello es lo ocurrido en la relación fáctica origen del juicio cuyo Acuerdo de Cámara estamos comentando.

Y para desentrañar la conducta acerca de acuál de los profesionales intervinientes debe achacársele la causalidad adecuada, el Juez deberá formular un concienzudo estudio de lo acontecido.

Así, el Vocal opinante, conforme surge de las pericias médicas rendidas, tanto en sede penal como en la civil, en orden a los hechos, a la occisa, en fecha 22 de junio de 2002, en el sanatorio Güemes, se le coloca una sonda nasogástrica, otorgándosele el alta tres días después.

Ante la extracción de dicha sonda por parte de la paciente, es reingresada en el mencionado nosocomio y se la recolocaron, pero ya presentaba un cuadro febril con trastornos respiratorios, que se malinterpretó como una neumonía aspirativa.

Prosiguen los expertos refiriendo que, por vía de interpretación de la historia clínica, se pudo aseverar que medió una falsa vía al no ingresar la sonda al esófago -por donde se intentaba trasladar el alimento-, sino a la vía aérea.

En orden a lo expuesto, los peritos concluyeron en el sentido de que no se tomaron los recaudos correspondientes resumiendo que existió un neumotórax como consecuencia del ingreso de la sonda a la vía aérea, en lugar del esófago.

Con tal síntesis expositiva, la sentencia de grado consideró, tal como ya lo anticipamos, la existencia de accionar causal adecuado, tanto por parte del profesional que le colocó la sonda, como la psiquiatra que recibió a la paciente en el instituto en que se encontraba internada.

En cambio, en Alzada, se mantiene la posición referida acerca del nexo causal, pero solo en la persona del médico actuante en la colocación de la sonda, deslindándola respecto de la psiquiatra.

Para ello, maguer referir la pericia practicada en sede civil que la radiografía denotaba que la sonda «se encontraba en una posición no correcta para cumplir su función, con ingreso en hemitórax derecho», no cabía atribuírsele responsabilidad civil a la persona de la referida psiquiatra.

El Código velezano no legislaba expresamente acerca de la relación causal como elemento integrante de la responsabilidad civil;en cambio, el nuevo Código Civil y Comercial lo hace, explícitamente, en su art. 1726 que ordena la reparación de «…las consecuencias dañosas que tienen nexo adecuado de causalidad con el hecho productor del daño».

2. Informes de especialistas

El fundamento exculpatorio respecto de la psiquiatra que recibió a la occisa en la clínica en la que, previo a la colocación de la sonda yuyenal, se encontraba internada, estribó, al decir del Dr. Calatayud, en que el Departamento de Salud Mental del Hospital de Clínicas manifestó que «un médico psiquiatra de guardia tiene conocimientos radiográficos básicos, siendo que la evaluación de las radiografías pertenece a la especialidad del diagnóstico por imágenes».

El informe de dicho departamento, en función de la foja que se menciona se encuentra glosado en autos nos lleva a concluir que se rindió en primera instancia, persuadiéndonos, al mismo tiempo, de que fue prueba ofertada por la representación legal de la psiquiatra demandada.

Cabe resaltar la importancia, tanto para la parte accionante como para la accionada, de ofrecer y producir dictámenes de expertos, aseverando las posiciones sustentadas por una o por otra de ellas.

La jerarquía científica de sus emisores, en no pocas ocasiones, lleva, ora al juez, ora al perito, al convencimiento, vía aporte de fundamentos científicos de valía, a admitir lo afirmado por quien la ofrece.

En tal «target», la jurisprudencia, en fallo dictado por la Sala 3 Cámara Contencioso Administrativa de la ciudad de Buenos Aires, autos «C. A. S. c. Hospital Bernardino Rivadavia», obrante en elDial.com AA6F62, sostuvo lo siguiente: «Cobrarán suficiente verosimilitud los dichos de la Academia Nacional de Medicina que a través del informe volcado por sus facultativos argumentó que era probable tal lesión.Al respecto, cabe recordar que se ha dicho que este tipo de «informe de especialistas» constituye un medio de prueba consistente en dictámenes confeccionados por profesionales en la rama de la medicina objeto de discusión en el proceso quienes -en forma personal, o colegiada a través de sociedades científicas o cátedras universitarias-, analizando en profundidad la totalidad de los elementos relacionados con el acto médico origen de demanda, arriban a la conclusión acerca del proceder del profesional actuante en el sentido de si se ajustó o no a la «lex artis». Tales informes poseen un doble factor de influencia, toda vez que se ejerce sobre el perito oficial actuante y sobre el ju ez. Con relación al juez del proceso, para el caso de discrepancia entre ambos dictámenes -pericial y del especialista- (en el caso se involucran opiniones de terceros como el consultor), podrá, o más bien deberá, escoger por el que le brinde, acudiendo a la sana crítica, mayor convicción por el peso de la argumentación vertida acerca de la realidad de lo acontecido (conf. MENEGHINI, Roberto A.: «Un fallo merecedor de todo elogio», en elDial.com – DCF8C, elDial.com – DCF8C, 14/11/2008). «En consecuencia, si bien es cierto que el nervio facial se vio comprometido, cabe destacar que no fue objeto de sección o resección tal como lo explicó el perito designado de oficio y que, a la luz del informe de la Academia Nacional de Medicina, era una lesión esperable por lo que debe descartarse la mala praxis de los facultativos en este sentido». (Del voto de los jueces de la Sala 2 en unanimidad).

V. EPÍLOGO

A guisa de conclusión, entendemos que el Acuerdo dictado con el voto del Dr.Calatayud se ajusta, «in totum», a derecho toda vez que formuló un análisis concienzudo y profundo de los antecedentes fácticos habidos.

Además, en función que el cotejo de tal relación de los hechos con la prueba rendida -especialmente las pericias médicas rendidas en sede criminal y civil- produce resultado coincidente, se arriba al convencimiento pleno de la existencia de los cuatro elementos que conforman el microsistema de la responsabilidad civil médica.

Con ello, el fallo, con el posicionamiento que toma respecto del tema tan espinoso de la mala praxis médica, vuelca elementos ciertos que lo tornan meritorio de tenerlo como antecedente para futuros casos.

Realmente constituye todo un buen gusto vernos frente a sentencia de esta jerarquía a las que, con este comentario, solo pretendemos aportar un grano de arena jurídico, intentando despertar el interés del lector en estos temas apasionantes del Derecho.

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(*) Abogado, Facultad Católica de Derecho del Rosario, UCA. Posgrado de Derecho de Seguros y Accidentes de Tránsito, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales del Rosario, UCA. Posgrado de Especialización para la Magistratura, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales del Rosario, UCA. Posgrado de Responsabilidad Médica, Centro de Especialización Jurídica Juris. Ha asistido a cursos, seminarios, jornadas, congresos y conferencias. Ha dictado cursos. Expositor de ponencias. Autor de artículos sobre temas de su especialidad.